Hola~ Aquí me presento con un nuevo capítulo, siento haber tardado tanto... No tengo excusa, en realidad no estaba inspirada... Lo siento otra vez D:

CAPÍTULO 24.

Días después de lo ocurrido Kagami iba a clase como cada mañana, no tenía ni la menor motivación para seguir andando, pero debía hacerlo si no quería que su padre le regañase y le gritase, y le hiciese ver lo humillante que podía llegar a ser el pelirrojo. Kagami lo sabía, sabía que él no era alguien especial, sabía que había hecho el ridículo muchas veces y sobretodo delante de Aomine, de quien no supo nada desde esa vez que discutieron porque seguramente... A él ya no le importaba Kagami, o eso se dio a entender el tigre.

Con semblante un poco triste se decidió a entrar al infierno, donde sus compañeros se meterían con él otra vez... Y otra vez... Y otra vez... Dejándolo cada día más destrozado, más débil, más pequeño...

Kagami ya no tenía autoestima alguna, toda la seguridad que tenía en él mismo se había perdido por completo poco a poco, desde que murió su madre hace ya un mes había sido el peor mes de su vida. ¿Cuánto le quedaba por sufrir? Seguramente mucho, porque tendría que irse a Estados Unidos con su padre,y esta vez no era un sueño, era más que real, no vería a ninguno de sus compañeros nunca más aunque ahí, en Estados Unidos, podría visitar la tumba de su madre, ¿eso le haría feliz o haría que empeorase más? Quien sabe... Solo era cuestión de comprobarlo.

Esta vez aligeró su paso y caminó por los pasillos del instituto hacia su respectiva clase. ¿Kagami seguía cortándose? Y tanto que sí, era lo único que hacía que se sintiera "lleno" por unos segundos en su vida, aquel dolor, ver la sangre recorrer su muñeca mientras goteaba al suelo... Eso le hacía ver que era humano, y que aún seguía vivo, pero para él el mundo había dejado de tener luz, la única luz en la cual confiaba, en Aomine Daiki, se había ido para siempre, y nadie podía rellenar aquel vacío que el chico peliazul había dejado y ahora... Realmente le daba igual todo.

Llegó a la puerta de su clase donde sus compañeros esperaban a que el profesor viniese para abrir el aula, vio a unos cuantos metros a los chicos que le insultaron ayer y otros días atrás y agachó un poco la mirada. Recordó que dos de ellos se habían disculpado hace unos días, y que no habían vuelto a decirle nada más desde entonces, pero aún así Kagami seguía temiendo que comenzasen los insultos de nuevo. Entonces, de reojo vio como aquellos tres cuchicheaban algo entre ellos mientras le miraban, la chica que iba con ellos comenzó a reírse un poco, Kagami no le dio mucha importancia y buscó a Kuroko con la mirada, ¿dónde estaría aquel peliceleste? Frunció el ceño y le vio llegar por el pasillo del instituto con un libro entre sus manos, al menos Kuroko era su compañero y sabía que podía confiar en él siempre que quisiera...

-Buenos días Kagami-kun -saludó Kuroko alzando su cabeza para mirar al alto pelirrojo-. ¿Qué tal lo llevas?

-Como siempre... -echó un leve suspiro, nadie de sus compañeros sabía que Kagami se iba a Estados Unidos en menos de un mes, pero tampoco tenía oportunidad de decirlo, y aún... No sabía nada de Aomine-. ¿Y tú?

-Igual -respondió Tetsuya con su tono impasible de siempre, hasta que vieron llegar al profesor y se metieron dentro de clase.

Kagami se sentó en su pupitre y puso la barbilla encima de la mesa, no sentía emoción alguna de dar clase ni de hacer nada en realidad, tan solo quería dormir y dormir para no tener que afrontar el día a día de su vida. Himuro había sido el único que había estado apoyándole todo estos días junto a Alex, le había estado hablando para hacerle olvidar sus problemas y le había llevado al centro comercial el fin de semana para dar una vuelta por ahí, donde por la tarde compraron entradas en las taquillas del cine para ver alguna película. Kagami apreciaba mucho a Himuro, le quería mucho como buen amigo y "hermano" que era, pero jamás sentiría lo mismo que sentía por Aomine, ese sentimiento jamás desaparecería y dolía demasiado no poder estar al lado de la persona a la que más amas. Pero Kagami debía aguantarse, de repente toda su vida se ha ido en picado... ¿Por qué ha tenido que pasar esto? Se preguntaba una y otra vez.

Al llegar el recreo todos los alumnos salieron de clase lo más deprisa que pudieron, en cuanto a Kuroko, este se quedó esperando a que su compañero recogiese las cosas. A Kuroko le hubiese gustado hacer algo por ayudar Kagami pero lo veía como una tarea imposible; Tetsuya había llamado a Aomine hace unos cuantos días, ¿pero este le haría caso en venir? ¿O se quedaría en casa? Kuroko ya sabía lo que estaba pasando entre aquellos dos, la especie de relación que mantenían o que habían mantenido, aún así no dijo nada porque era un asunto que no le convenía y que no le importaba, si ellos se querían nada debía importar más y nadie debía decirles lo que hacer o lo que no, pues ya eran mayores para decidir sus propios asuntos. Kuroko entonces recordó la conversación que había mantenido con Aomine por teléfono.

-¿Hmm? ¿Tetsu? -respondió la voz perezosa de Aomine-. ¿Qué es lo que quieres a estas horas?

-Aomine-kun, es sobre Kagami-kun, está teniendo serios problemas en el instituto.

-¿Serios problemas? -el moreno se incorporó y frunció el ceño, su voz se había vuelto más grave-. ¿A qué te refieres, Tetsu?

-Se están metiendo con él, le insultan y le hacen daño... Me duele ver a Kagami-kun de esa manera, en realidad no se lo merece -la voz de Kuroko parecía seria.

Aomine tardó un poco en contestar.

-¿Y qué quieres que haga yo entonces? -preguntó-. Kagami y yo estamos enfadados... Bueno, él está enfadado conmigo.

-Aún así... Creí que harías algo... -murmuró Kuroko-. Creí que protegerías a Kagami-kun, o eso hacías ver... ¿A caso te da igual que se metan con él y le critiquen? Al parecer una chica de mi clase hizo una foto de vosotros dos en el día de Halloween, Kagami-kun iba vestido de sirvienta, ¿no es así? Desde ahí se meten con él... No sé por qué, no lo veo tan malo, seguramente había gente que iba peor, pero justamente deben meterse con Kagami-kun... No lo entiendo.

-Ya veo -contestó simplemente el peliazul-. Tetsu, sé que puedo confiar en ti y por eso te lo diré, Kagami y yo nos queremos.

-¿Eh? -Kuroko se sorprendió un poco y Aomine resopló al otro lado del teléfono.

-No es tan complicado de entender -gruñó-. Yo le gusto y él me gusta, no me preguntes como surgió pero es así, ¿vale? Resulta que todo nos comenzó a ir bien porque nos habíamos confesado y tal, pero llegó una amiga de Satsuki que lo jodió todo -chasqueó la lengua-. Ella me besó y Kagami lo vio creyéndose que le estaba engañando por ella, a partir de ahí no hemos vuelto a hablar, además llegó el padre de Kagami, llamé a Alex y la situación parece ser complicada con él ahí... ¿Tetsu? ¿Estás ahí?

-Pienso que eres un cobarde, Aomine-kun, si de verdad quieres a Kagami-kun debería darte igual si él se ha enfadado contigo o no, deberías ir a su casa y decirle lo que sientes, deberías decirle que lo otro fue un error... Él está sufriendo mucho, y más ahora con estos tipos insultándole, yo soy débil y no puedo hacer nada por él, pero créeme que si tuviese tu cuerpo les hubiera metido una buena paliza por haberle hecho sentir mal a Kagami-kun, y además... Uno de ellos se metió con la muerte de su madre -Kuroko parecía estar liberándose, pero no alzó la voz en ningún momento-. ¿Qué más da si está su padre en casa? A Kagami-kun le alegraría saber que tu te preocupas por él, sé de alguna manera lo mucho que Kagami-kun te aprecia y te quiere, y lo que haces de quedarte en casa no es bonito, Aomine-kun; tal vez Kagami-kun sea también un idiota por no ir a tu casa, pero es que él no puede, ¿entiendes? Él está mal y por eso no puede hacer nada, no puede ni defenderse contra esos tipos que le insultan, no puede irse corriendo tampoco, él se siente débil, se siente pequeño, ¿lo entiendes Aomine-kun? Tú eres la única solución para Kagami-kun, y me siento un poco decepcionado contigo, no creí que eso te diera igual.

Aomine se quedó sin palabras ante el discurso de Kuroko, era raro verle hablar tanto, y si Tetsu hablaba tanto es que se preocupaba mucho por algo o por alguien, en este caso de Kagami. Entonces escuchó que el peliazul había cortado la llamada, Aomine no pudo responderle aunque tampoco sabía como, el peliceleste le había dejado completamente sorprendido.

Tetsu volvió en si y vio que Kagami había recogido todo poniéndose la mochila sobre la espalda.

-¿Vamos? -le preguntó el pelirrojo.

Kuroko asintió levemente y salieron del aula, caminando por los pasillos algunas personas comenzaron a pararse y a señalar a Kagami mientras comenzaban a reír, ¿qué demonios estaba pasando? Otros le tiraron bolas de papel en la cabeza, y otros le empezaron a decir insultos. Kagami no entendía nada, mucha gente pasaba del asunto y siguieron caminando normal, pero los que estaban riéndose e insultándole... ¿Por qué? Kuroko tampoco sabía muy bien que era todo aquello, miró a Kagami preguntándole con la mirada que es lo que estaba pasando pero Kagami parecía estar asustado ante todas aquellas personas que se estaban riendo de él sin ningún motivo aparente, se paró en seco y apretó los puños. ¿Esto era un sueño?

El pelirrojo comenzó a llorar delante de todos, seguía sin lograr entender por qué se burlaban de él, pero que tanta gente comenzase a hacer eso le dolía y le hacía sentir mal, ¿qué había hecho Kagami para que ocurriese esto? Kuroko iba a decir algo, pero entonces vio a Hyuuga aparecer por el pasillo dirigiéndose hacia ellos.

-Vámonos, Kuroko -el chico de gafas cogió a Kuroko del brazo-. No vaya a ser que empiecen a reírse de ti también.

-¿Eh? ¿Qué estás diciendo, Hyuuga-kun? ¿Qué significa esto?

El pelinegro estiró del brazo de Kuroko para llevárselo de ahí y dejar a Kagami solo, muchas de las personas que se habían reído de él se habían ido y ahora tan solo quedaban dos o tres. Kagami observó con la boca entreabierta como Hyuuga y Kuroko marchaban, el de gafas ni siquiera le había dirigido una mirada al tigre.

-¿Qué demonios significa esto, Hyuuga-kun? ¿Por qué me has apartado del lado de Kagami-kun? -preguntó Kuroko de nuevo, habían llegado a la azotea donde estaban los demás.

-No podemos estar al lado de Kagami, tú tampoco, Kuroko -dijo Riko, algo apenada.

-¿Qué? -Kuroko no entendía nada y miró a todos exigiendo una explicación-. ¿Y por qué no?

-Nos han amenazado con que le dirían al director que cerrasen nuestro club de baloncesto.

-Sabéis que eso es imposible, el director no lo va a cerrar así como así, hemos ganado muchos partidos y hasta la Winter Cup, ¿crees que eso no le beneficia al instituto? -Kuroko mantenía el ceño fruncido.

-Nos han dicho que se seguimos al lado de Kagami también comenzarán a burlarse de nosotros -dijo Izuki-. Y no solo eso, harán todo lo posible para que nuestros partidos salgan mal y...

-Eso no tiene sentido, ¿quién os ha amenazado? ¿Por qué les hacéis caso? Somos más y podemos defendernos, o es que... ¿O es que Kagami-kun ya no os importa? -el peliceleste mantenía los puños cerrados.

-Bueno... Kagami dijo que se iba a ir del equipo -Riko miró a Kuroko y luego apartó la vista algo incómoda-. Nosotros no queremos perder fama tampoco.

-Nos han dicho también que si continuamos siendo amigos de Kagami le harán cosas peores a él, no solo en clase, si no fuera del instituto también -habló Teppei entonces-. Es por eso que entre todos hemos decidido que es mejor dejar de hablarle a Kagami por el momento, no queremos que le pase nada, ya tiene suficientes problemas como para tener más...

Kuroko no podía creer las palabras de sus compañeros, sus argumentos no tenían sentido alguno, ¿y por qué querrían alejar a Kagami de sus amigos? ¿Quién demonios les amenazó de esa forma? Las únicas personas que visualizaba Kuroko eran Iro y sus compañeros, ¿pero por qué? ¿Y por qué el Seirin se dejaba convencer tan fácilmente?

-Kuroko, a nosotros también nos sienta mal separarnos de Kagami, pero entiéndelo... Es por su bien y por el bien del equipo...

-¿Estás diciendo que te importa más tu equipo de baloncesto que Kagami-kun? -preguntó Kuroko con seriedad mirando a Riko-. Me has decepcionado, tanto tú, como Aomine y como vosotros... No creí... No creí que fuerais capaces de hacer esto cuando sabéis perfectamente lo mal que lo está pasando Kagami-kun, sea quien sea quien os haya dicho esas tonterías yo no me lo voy a creer, las amenazas que os han dicho no tienen ningún sentido, yo voy a seguir siendo amigo de Kagami-kun os guste o no y si eso significa que me echáis del club pues me iré.

-Yo estoy con Kuroko -dijo Shinji poniéndose al lado de Tetsuya, Mitobe también-. Él siempre ha estado con nosotros y este es el momento cuando nosotros debemos estar con él, y Mitobe opina lo mismo.

Kuroko sonrió levemente al ver que no estaba solo, miró a Riko y a los demás y dio media vuelta para irse de ahí en busca de Kagami, quien seguramente estaba más destrozado de lo que estaba, ¿aunque eso se podía?

Efectivamente Kagami se fue al cuarto de baño; primero empiezan a reírse de él por los pasillos, después Hyuuga se lleva a Kuroko... ¿Por qué Hyuuga había hecho eso? ¿Es qué acaso el Seirin ya no quería saber nada más de él? Kagami deseó llorar y cortarse, cuando iba a meterse en uno de los cubículos del baño Kuroko, Mitobre Y Shinji entraron.

-Sabía que estarías aquí, Kagami-kun.

-Kuroko... Chicos... -Kagami agachó la mirada frunciendo el ceño-. ¿Por qué Hyuuga se ha comportado de esa manera? -quiso saber Kagami.

-Verás... Se ve que alguien nos amenazó y... Han decidido que no te hablarían -explicó Shinji-. Alguien nos dijo que destrozarían todos nuestros partidos y entrenamientos, y que si seguíamos juntándonos contigo te harían cosas peores, y Riko y los demás decidieron no juntarse contigo de momento...

-Pero nosotros no te vamos a dejar, Kagami-kun -sonrió levemente Kuroko-. Estaremos apoyándote en lo que haga falta.

-¿Quién... Quién os amenazó? -preguntó Kagami, secándose unas lágrimas que salían de sus ojos, lo que Shinji le acababa de decir le había hecho daño, nunca creyó que sus compañeros le fuesen a abandonar... Pero al fin y al cabo no todo el mundo es como te esperas.

-Creo que fue un chico de tu clase... ¿Iro tal vez? -se preguntó Shinji.

Kagami apretó los puños y comenzó a temblar levemente, Kuroko en realidad se esperaba que había sido él, ¿pero por qué? ¿Por qué esos chicos comenzaron a meterse con Kagami tan de repente? Aquí había algo que no cuadraba.

Los hombros de Kagami convulsionaron levemente, lloró de nuevo sin poder aguantarse, todo esto estaba siendo más duro que antes, sus amigos -menos tres de ellos- le habían abandonado por completo por una amenaza, su padre había vuelto y se tenían que volver a Estados Unidos, Aomine no aparecía, se metían con él a saber por qué... Realmente todo le estaba yendo fatal a Kagami, ¿cómo podría sobrellevar este día a día? Le era difícil por no decir imposible.

Shinji, Mitobe y Kuroko se acercaron a Kagami y le dieron un abrazo amistoso, haciéndole ver que ellos estarían allí con él y que no le dejarían solo.

-Tranquilo, Kagami-kun... -murmuró Kuroko.

-Es que... Es que no lo entiendo -balbuceó Kagami-. No... No he hecho nada para que me pase esto...

Kagami tampoco le había dicho a nadie lo de sus cortes y tampoco tenía intención de hacerlo, eso era una cosa suya y de nadie más. En estos días se había atravesado la piel muchas veces con las tijeras y aunque las heridas comenzasen a cicatrizar Kagami las seguía abriendo una y otra vez, si algún día Kagami dejaba de cortarse las cicatrices tardarían mucho tiempo en desaparecer, unas eran más hondas que las otras, pero cada una de esas heridas mostraba lo mal que Kagami lo estaba pasando día a día. Había adelgazado, pues su alimentación no es que fuese muy sana que digamos y a su padre tampoco le importaba mucho, mientras que a Alex y a Himuro sí, e intentaban ayudarle cuanto podían, Kagami, por complacerles, les hacía caso.

Kagami se separó suavemente de sus compañeros y se secó las lágrimas con la manga de su camisa, escuchando como el timbre comenzaba a sonar nuevamente, lo cual significaba que el descanso había acabado. Miró a Kuroko, él también era una genial persona y tenía suerte de contar con él siempre que quisiera, de Riko y de los demás ya no sabía que pensar... Le habían decepcionado en el momento más difícil de su vida, pero no importaba, Kagami sabía que muchas personas no le quería.

-Gracias... Chicos, siento que me hayais visto así...

-Kagami, sabes que siempre puedes contar con nosotros -sonrió Shinji-. Mitobe también dice lo mismo, ¿verdad?

El pelinegro asintió ligeramente con una sonrisa.

-Ahora creo que deberíamos irnos, no creo que sea buena idea llegar tarde a clase.

Salieron del baño para comenzar a caminar hacia sus respectivas clases, Kuroko y Kagami, quienes iban a una clase diferente se despidieron de Shinji y Mitobe. El pelirrojo temía que comenzasen a reírse nuevamente de él por los pasillos, pero no pasó, y Taiga y Tetsuya llegaron a clase tranquilamente, aunque ahí estaban Iro y sus compañeros, Kagami les miró con algo de desconfianza pero estos pasaron de él directamente. Ese maldito Iro solo quería joderle la vida por lo que parecía, ¿no? ¿Qué demonios le había hecho Kagami para que el tipo ese se comportase así con él? Taiga no lo entendía y eso le daba mucha rabia además de impotencia de no poder hacer absolutamente nada, si hubiese estado en un mejor estado le habría dado una buena hostia bien metida en la cara de payaso que tenía, y a ver si se atrevía a volver a hacerle algo más, pero no, ahora era distinto, Kagami no podía hacer nada por lo débil e inútil que se sentía, odiaba sentirse así, pero no podía hacer nada para cambiarlo, y ahora... Bueno, para él la vida no tenía tanto sentido como antes, en poco menos de un mes se iría a Estados Unidos con su padre, con su maldito padre que lo único que ha hecho es venir a molestar, podría haberse quedado en casa tranquilamente y dejar a Taiga en paz.

Pronto las clases acabarían y Kagami no se había ido al baño a cortarse en todo el día, no porque no quisiera, sino porque Kuroko estaba todo el rato encima de él intentando animarle de cualquier manera. Entonces, por fin, la campana de que la última clase acababa sonó. Kuroko y Kagami recogieron sus cosas y no dudaron en irse los primeros de su clase; fuera, el cielo del atardecer era de un precioso color anaranjado, con algunas blanquecinas nubes que tapaban el cielo haciéndolo más hermoso, los alumnos salían del instituto, unos riendo, otros hablando, otros en grupo... Y Kagami iba con su compañero Kuroko, el único quien no le ha fallado en todo aquel tiempo. Cuando cruzaron la salida del instituto una mano grande se posó en el hombro de Taiga sorprendiéndole un poco, pues dio un pequeño brinco que casi no se notó, y entonces esa mano le hizo girar hacia atrás, haciendo que Kagami viese a esa persona cara a cara. El pelirrojo abrió los ojos y se quedó sorprendido, petrificado, como si no supiera que hacer, entonces Kuroko también se giró haciendo una leve mueca de sorpresa.

-Aomine-kun -dijo Kuroko a modo de saludo, frunciendo el ceño-. ¿Qué haces aquí?

-¿Heeeh? ¿Cómo que qué hago? -alzó una ceja el moreno-. Me dijiste que alguien se metía con Kagami, ¿no es cierto? -Aomine giró su rostro hacia el pelirrojo, quien aún seguía sorprendido-. ¿Quién es ese que se mete contigo?

Kuroko no creyó que Aomine vendría en serio, pero al final dejó su orgullo de lado y decidió venir a proteger a Kagami. Tetsuya suspiró aliviado por dentro, tener a Aomine cerca era bueno, ya que Kagami parecía estar mucho mejor si estaba al lado de aquel moreno idiota y cabezota. Kagami por fin pareció recuperarse, pero su cara no era de felicidad, sino una mezcla de tristeza y enfado.

-¿Y a ti qué te importa? -le preguntó entonces Kagami con el ceño fruncido, sabía que si hacía esto Aomine podía enfadarse e irse en cualquier momento, Taiga no quería eso, pero igualmente... No lo sabía, actuaba por impulso, pues recordó lo que había pasado aquel día y... Y le dolía.

Aomine se quedó observando a Kagami, hacía tiempo que le veía y realmente se sentía mal por no haberle hecho ningún tipo de visita, su rostro estaba mucho más deteriorado que antes y parecía estar más delgado que antes. Lo tuvo que haber pasado muy mal, pensó Daiki.

-Me preocupo por ti, sé que empezarás con el rollo de: No has venido en todo este tiempo a verme, no sé qué, no sé cuantos; vale, lo admito, he sido un idiota, pero en el fondo me preocupaba por ti, solo que no tenía el valor de ir a verte -hablaba el moreno, con cierta seriedad-. Y espero que me perdones, porque yo aún te sigo queriendo, y sé que tú también.

Kagami se sonrojó un poco y agachó la cabeza posando la vista en el suelo.

-Pero dejemos esta conversación para más tarde -miró hacia la puerta del instituto-. ¿Quién es el hijo de puta ese, Tetsu?

Kuroko se sentía feliz por dentro al ver que Aomine había vuelto, entonces este le preguntó sobre Iro, y el peliceleste se puso a su lado mirando a la gente salir del instituto, entonces Kuroko lo reconoció enseguida. Iba con sus dos amigos y aquella chica, Tetsuya señaló hacia delante.

-Esos, el grupo de tres chicos y una chica, todos ellos se meten con Kagami, pero el que más es el del medio, Iro.

-Bien... -Aomine sonrió de medio lado con malicia, no tendrían que haberse metido con Kagami nunca.

Aomine comenzó a acercarse a ellos cuando estos salieron de la puerta del instituto, entonces Daiki, sin ningún tipo de cuidado cogió por el hombro a Iro con brusquedad, lo giró, y le dio un fuerte puñetazo en la cara que lo tiró de culo al suelo. Los otros se asustaron un poco e Iro no entendía ni una mierda de lo que estaba pasando.

-¿¡Qué demonios te pasa!? ¿¡Acaso te conozco de algo para que me pegues!? -gritó el cabecilla tocándose la mejilla, le dolía.

-Yo te conozco a ti, hijo de puta -gruñó Aomine-. ¿Te gusta hacerle daño a los demás? A mí también, pero a puñetazos -se crujió los dedos y miró a los otros dos chicos, los cuales se asustaron y se fueron corriendo junto a su amiga, y entonces solo quedó Iro, a quien Aomine alzó cogiéndole del cuello de la camisa y zarandeándole un poco-. ¿Por qué te metes con Kagami Taiga? ¿Eh? ¿Quién demonios te crees para hacer eso?

-Para, Aomine, por favor -la voz de Kagami interrumpió al peliazul, quien soltó a Iro con brusquedad y este se fue corriendo de ahí asustado. Aomine chasqueó la lengua con molestia al verle irse de ahí.

-Maldito cobarde de mierda... -murmuró Aomine entornando los ojos-. Tan chulito que se cree pero en realidad es una maldita basura -entonces se giró hacia Kagami, un grupo de personas también estaban ahí viendo las escena de todo lo que había ocurrido, Aomine les echó una mirada fulminante y los alumnos decidieron seguir por sus respectivos caminos-. Vámonos a otro sitio, Kagami, aquí hay demasiada gente.

Cogió de la muñeca del pelirrojo sin esperar ninguna respuesta a cambio y se lo llevó de ahí dejando a Kuroko plantado en frente de la puerta de entrada del instituto, aunque a este no le importó mucho, pues Kuroko estaba bastante feliz de ver que Aomine había venido, también esperaba que Iro no se volviese a meter con Kagami.

Los dos chicos llegaron a una calle más tranquila donde apenas transitaba la gente, y ahí desaceleraron su paso, Aomine también soltó la muñeca de Kagami.

-¿Por qué demonios no te defiendes, idiota? -le preguntó Aomine sin mirarle, a unos paso más adelantado-. Podrías perfectamente reventarle la cara y ya no volvería a meterse contigo -chasqueó nuevamente la lengua-. Realmente no entiendo porque se meten contigo cuando tu ni siquiera les has hecho nada.

Kagami agachó la cabeza un poco, era raro volver a hablar con Aomine de esa forma después de tanto tiempo, le había echado mucho de menos y el tiempo sin él se había pasado largo, duro y aburrido, pero por fin había vuelto con él, con Kagami, después de tantas semanas.

-Que sepas que te he llamado varias veces estos días, pero tenías el móvil apagado -añadió Aomine.

-Me lo ha quitado mi padre -respondió Kagami con una voz desganada-. Bueno, por si no lo sabías mi padre ha venido para "cuidarme", y... -iba a decirle que se iba a Estados Unidos en un mes, pero alzó la vista para observarle y simplemente no pudo, no quería despedirse de Aomine-. Y las cosas en casa no van muy bien, que digamos...

-Lo he notado -Aomine paró en seco para girar y observar a Kagami-. Estás más delgado y más deteriorado, Kagami.

Kagami no dijo nada, no pudo mantener la vista con Aomine por lo que giró sus ojos para mirar a otro lado.

-Kagami -le llamó Aomine, caminando hacia él, entonces se plantó delante de Taiga y puso una mano sobre la parte trasera de su cabeza, comenzando a acariciar su pelo con suavidad. Kagami le miró con sorpresa, hacia tanto tiempo que no sentía la mano de Aomine acariciarle... Jamás podría quitarse aquel sentimiento tan grande de amor que sentía por él-. Me enfadé contigo porque tu te enfadaste conmigo sin ninguna razón, ni siquiera me dejaste explicarme aquel día -la voz de Aomine, en cambio, era seria-. Me dije que eras un maldito idiota sin remedio, pensé en visitarte pero además de que ya sabía que tu padre estaba en casa porque Alex me lo dijo y no quería tener problemas con él, también quería que reconocieras el error que hiciste, porque ya sabes que a mí eso de pedir perdón... Como que no -sonrió de medio lado-. Pero después Kuroko me llamó y me dijo que estabas teniendo problemas en el instituto, dudé en si ir o no, y finalmente aquí me tienes; bueno, la cosa principal es que la tipa esa con la que me viste besarme NO ME GUSTA, y además SE HA IDO hace... Yo que sé, ni me importa, fue ella quien me besó, ¿lo entiendes ahora, Kagami? Te dije que te quería a ti y solo a ti, y que eso lo tuvieses bien metido en tu maldita cabeza de hormiga -le golpeó la cabeza sin daño con el dedo índice-. Y creo que este discurso es el más largo que he hecho en mi vida... -suspiró-. Lo que hay que hacer y decir para que me perdones... No lo haría por nadie más, Kagami, ni siquiera por Momoi que es mi mejor amiga.

Taiga estaba perplejo y sin palabras en la boca, mirando a Aomine mientras pestañeaba, pero su cuerpo estaba totalmente inmóvil. Todo lo que había pasado con Aomine, lo de que él no viniese a visitarle, ni llamarle ni nada de eso había sido por culpa de Kagami... Eso es lo que le daba a entender Aomine, que si ese día hubiese dejado que Aomine se explicase tal vez todo esto no hubiese ocurrido, y Kagami habría estado mejor y no habría llegado al punto de cortarse, ni tampoco se sentiría como una sucia basura al que tan solo han usado, todo por culpa de Kagami...

El pelirrojo ya no se sorprendía, después de todo sabía que la vida solo iba en contra de él, y que todo lo que pasaba era para fastidiarle aún más, ya tenía bastante asumido que los errores, los fallos, las quejas, los insultos, era por culpa de su existencia, si Taiga no hubiese nacido nada de esto hubiese pasado, su padre no tendría que preocuparse por nada, y su madre, bueno... Habría muerto igual, o tal vez no.

Se cogió una de sus muñecas, rozando con la manga de su camisa las heridas medio abiertas de estas, que no sangraban, pero dolían. No podía mostrarle eso a Aomine, tal vez él se enfadaría y volvería a irse otra vez, Kagami no quería que eso pasase, lo único que deseaba y que deseó durante todo aquel tiempo era reunirse con Aomine nuevamente, y por fin, al menos, un deseo se había cumplido. Aún seguía sin saber que responder, y se sintió mal de no poder hacerlo pues simplemente se había quedado sin palabras, aún se seguía sintiendo extraño al lado de Aomine, quien a pesar de todo, le había dicho que le seguía queriendo, y Kagami también le quería a él. "Si supiese cuanto...", pensó el pelirrojo.

-¿Quieres que vayamos a tomar algo? -preguntó Aomine, cambiando el tema de conversación, no parecía molesto ni enfadado, sabía que Kagami aún debía asumir unas cuantas cosas y le daría todo el tiempo que hiciese falta-. Cerca hay un bar, por cierto, ¿qué hay de Rinnosuke?

Aomine se sentía hablador aquel día, él también había echado de menos a Kagami. Pero, entre las sombras, escondido en uno de los callejones había una persona espiando al tigre y a la pantera con un rostro serio, amargo, lleno de ira, pero a la vez hizo una leve sonrisa, vaya... Al tigre le esperaban muchas cosas, pensó aquella persona escondida, con cara de pocos amigos. Cuando Kagami y Aomine comenzaron a avanzar, aquella persona decidió salir del callejón para seguirles un poco más.

-Taiga... -murmuró-. Con que has vuelto a reunirte con ese imbécil, creo que esto no quedará de esta manera, no sabes lo que me está costando hacer que solo dependas de mí, con lo mucho que te quiere tu hermanito y tu pasas de mí de esta forma... Lo siento Taiga, pero pronto de despedirás de Aomine, otra vez, y claro -rió un poco, siguiéndoles a unos cuantos metros de distancia-. Pronto nos iremos a Estados Unidos, es genial...