Los nombres de los personajes así como todo lo relacionado con Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling.


My: ¡Hola! La verdad que me ha causado una enorme sospresa leer que eres de Brasil, y bueno, ya estoy actualizando y espero disfrutes este capítulo.

oursillysong: ¡Hola! Muchas gracias por seguir leyendo la historia y por tus palabras. ¡Saludos!


25.- No hay mal que por bien no venga (Parte 2)

El coche de los Potter frenó de un patinazo frente al colegio donde estudiaba Albus. Harry apenas apagó el motor, cuando Ginny ya había salido y había entrado como una flecha, ignorando al cuidador. Harry se apresuró a ir tras ella, seguido de Ron.

—¡Ginny, tranquilízate! —le pidió Harry, tratando de alcanzar a la pelirroja.

—¡No me digas que me tranquilice, Harry! —gritó Ginny, con la voz crispada.

Al final se detuvo frente al edificio correspondiente a la dirección. No sabía dónde quedaba la enfermería y lo más lógico era que le informaran ahí.

Una mujer de unos treinta años estaba en la recepción. Los tres se acercaron a ella rápidamente.

—Buenos d…

—Vengo a ver a mi hijo, Albus Potter. Está en la enfermería —le cortó Ginny bruscamente a la desconcertada recepcionista.

—P-pase. Al fondo a la izquierda —indicó la recepcionista, un poco temerosa. Harry le dio una mirada de disculpa antes de ir nuevamente tras su esposa. La verdad era que él también estaba preocupado por su hijo, pero tenía que tranquilizarse y pensar con calma.

Ron no había dicho nada en todo el camino; esperaba que no le hubiera sucedido nada a Albus y se imaginó cómo se sentiría si algo le llegara a pasar a Rose. Desechó la idea de su cabeza mientras seguía a su hermana y cuñado.

Los tres se detuvieron frente a la puerta entreabierta.

—...dolerá un poco, pero pasará pronto —escucharon la voz de una mujer desde dentro, seguido de un sollozo proveniente de Albus.

—Quiero a mi mamá —clamó el pequeño. Harry miró a su esposa y le tomó la mano antes de entrar.

Una joven vestida de blanco estaba de espaldas a ellos.

—Disculpe —dijo Harry con la voz ronca. La enfermera se apartó rápidamente, dejando al niño al descubierto. El niño estaba sentado en una camilla con la cabeza gacha.

—¡Albus! —exclamaron Ginny y Harry al mismo tiempo. La enfermera se hizo a un lado y ambos padres del niño lo abrazaron inmediatamente.

—¡Auch! Me duele mami —se quejó el niño.

—Lo siento, Albus —se disculpó Ginny, aflojando el abrazo. Los ojos de la pelirroja y de Harry estaban brillantes.

—¿Quién te hizo esto, Al? —preguntó Harry. Estaba furioso, y Ginny lo sabía; ella también lo estaba.

—Albus no le ha querido decir a nadie —terció la enfermera, mirando a Albus con ternura. Ron lo miraba desde la puerta, observando el estado de su sobrino.

Tenía el pantalón subido hasta las rodillas. En la rodilla derecha tenía un gran raspón recién limpiado. La camisa la tenía sucia y arrugada. Ron se sintió mucho peor al ver el rostro del pequeño. Uno de sus ojos era rodeado por una gran mancha marrón verdosa. El labio lo tenía roto e hinchado, y su cabello estaba todo revuelto.

—Albus, dinos quien te hizo esto —pidió Harry, tratando de sonar calmado.

—No —negó el niño sacudiendo la cabeza, miraba sus manos que estaban un poco sucias y donde también tenía unas pequeñas heridas —. Si digo quiénes fueron, me pegarán de nuevo.

—Cariño, nadie te hará daño —prometió Ginny, con voz quebrada. ¿Cómo era posible que le hicieran algo así a un niño de cinco años? ¿A un niño como Albus?

—¡Pero ellos...!—comenzó a protestar el niño alzando la vista hacia su madre.

—No te harán daño, lo prometo. Lo juro, pero dinos quién fue —pidió Harry nuevamente.

—¿No me volverán a pegar? —preguntó el niño, mirando a su padre.

—Nunca —aseguró Harry, tragando el nudo que se le había formado en la garganta al ver el miedo en los ojos de su pequeño hijo de cinco años.

—Fue... fueron... —dudó el niño. Entonces miró a Ron, éste le dedicó una sonrisa de completa confianza y el niño asintió — Carl Thompson, Ryan Grey, Daniel Adams, Tim Halley y Connor Butler.

—¿Te pegaron todos ellos? —interrogó Harry, indignado y furioso. Cinco niños contra uno.

—¡Oh, cielo! —se lamentó Ginny, acariciando con ternura y amor los cabellos de su hijo.

—¿A qué hora sucedió eso? —preguntó Ron a la enfermera.

—En el receso. Un niño lo encontró llorando detrás de los baños —informó la enfermera, mientras sacaba unas cuantas tiritas de un botiquín.

—¿Qué estabas haciendo ahí, Albus? —le preguntó Ginny con voz calmada.

—Había ido al baño cuando ellos me golpearon, y me escondí detrás porque no quería que me pegaran de nuevo —explicó el niño mirando suplicante a su madre —. Quiero irme a casa.

—En un momento, cariño —dijo Ginny. Le dio un beso en la frente al niño.

—Voy a ponerte estas tiritas, Albus —le dijo la enfermera esbozando una sonrisa. Luego se dirigió a Harry y Ginny —. Tal vez deberían llevarlo al pediatra.

—Lo llevaremos inmediatamente después de salir de aquí —aseguró Harry, con el semblante serio.

—¿Sabe dónde queda la oficina de la directora? —preguntó Ginny a la enfermera.

—En el segundo piso —informó la mujer.

—Enseguida volvemos, cariño —dijo Ginny, dándole un beso en la frente de nuevo. Harry alborotó cariñosamente el cabello de su hijo menor y salió junto con su esposa.

—¿Cómo te sientes campeón? —le preguntó Ron, sentándose junto a él.

—Me duele mi ojo y el labio —dijo el niño, pasando un dedo por su labio inferior.

—Veras que el dolor se quitará después —le aseguró Ron, sonriendo.

Albus lo miró unos segundos y después agachó la mirada mirando sus manos. La enfermera salió dejando solos a tío y sobrino.

—¡Hey! ¿Qué sucede? —interrogó Ron, obligando al niño a mirarlo.

—¡Soy un perdedor! —exclamó el niño entre decepcionado y enfadado.

—¡No digas eso, Al! —Le reprochó Ron colocándose frente al pequeño —Eres un campeón.

—No, no lo soy —negó el niño sacudiendo la cabeza —. ¡No pude defenderme!

—Eso no quiere decir que seas un perdedor. Eran cinco, aunque quisieras no hubieras podido con ellos —le explicó Ron, tratando de animar al pequeño ojiverde —. Y estoy seguro de que tú no les hubieras hecho nada, ¿y sabes por qué?

—No —negó el niño sacudiendo la cabeza.

—Porque eres el niño más bueno de este mundo —le dijo Ron, sonriendo sinceramente —. Y el más dulce y más sincero de todos. Y tú nunca le harías daño a nadie.

—Te quiero, tío Ron —dijo el niño, dándole un abrazo al pelirrojo.

—Yo también te quiero, Albus —dijo Ron, dándole un beso en la frente. Porque Albus mas que su sobrino, era otro hijo para él.

Harry caminaba de un lado para el otro en la oficina de la directora del colegio. Ginny estaba sentada en una de las sillas, con la frente recargada en una mano. Ninguno decía nada, los dos estaban sumidos en sus pensamientos. Sintiéndose mal por el estado de su hijo, por lo que había pasado.

—¿Señores Potter? —una mujer de unos treinta años acababa de entrar, junto con otra mujer de unos cincuenta que les miraba con firmeza —Soy la profesora de Albus.

—Sí, nos hemos visto antes —recordó Ginny, alzando la mirada.

—Yo soy la directora del colegio —se presentó la otra mujer, pasando a sentarse tras el escritorio. La profesora se quedó de pie a un lado de ella —. Y primero que nada, lamentamos lo sucedido hoy.

—Nosotros también —coincidió Harry fríamente, mirando a la directora —. Mi hijo de cinco años fue golpeado por cinco de sus compañeros, ¿podría explicarme cómo pudo haber sucedido eso?

—Le repito, señor Potter, que lo lamentamos. Y estamos en un colegio donde hay una gran cantidad de niños. Nos es imposible vigilarlos a todos —se excusó la directora, manteniendo su postura firme.

—Estamos al tanto de los nombres de los niños responsables. Se tomaran cartas en el asunto —aseguró la profesora, mirando a Harry y a Ginny.

—Eso esperamos —dijo Harry, posando sus manos sobre los hombros de Ginny.

—Los niños recibirán una sanción y sus padres serán citados —anunció la directora al momento que Ginny saltaba en su asiento.

—¡No sólo merecen una sanción! ¡Deben ser expulsados! —demandó la pelirroja, enojada.

—Señora Potter, la decisión la tomo yo —repuso fríamente la directora, poniéndose en pie.

—¿Me está diciendo que después de lo que hicieron esos niños, solo los sancionará y ya? —inquirió Ginny, indignada e incrédula.

—Son niños, ¿qué quiere que haga? —gruñó la mujer enfadada.

—¡Niños que golpearon a mi hijo! —gritó Harry ,pasándose una mano por el cabello desesperadamente.

—Le ruego que se tranquilice, señor Potter. Yo también creo que los niños deben ser expulsados del colegio —coincidió la maestra.

—A usted nadie le pidió su opinión —cortó la directora tajantemente —. Haga el favor de salir de mi oficina.

La profesora dio una mirada fulminante a la mujer y salió de la oficina, haciendo un gesto de disculpa a Harry y Ginny.

—En vista de que usted no va a expulsar a esos niños, me llevo a mi hijo del colegio —decretó Ginny, con voz calmada.

—No es necesario llegar a eso...

—Ya ha escuchado a mi esposa —cortó Harry fríamente —. Buenos días.

Los Potter salieron de la oficina sin decir nada más. Caminaron hasta la enfermería donde aún estaban Ron y Albus.

—¿Ya podemos irnos, mami? —quiso saber el pequeño, alzando la vista hacia ellos.

—Sí, cielo. Es hora de irnos —sonrió Ginny, caminando hacia su hijo.

—¿Qué pasó? —preguntó Ron a Harry en voz baja.

—Lo cambiaremos de colegio —anunció Harry mientras contemplaba a su pequeño.

—¿Ya no vendré aquí? —preguntó Albus, que había escuchado las palabras de su padre.

—No —confirmó Harry, logrando que el niño sonriera —. Ahora, vámonos.

Harry cargó a su hijo y le dio un beso. Los cuatro salieron de la enfermería. Agradecieron a la enfermera, que en ese momento regresaba por el pasillo y después se marcharon de ahí.

Ginny se dejó caer en el sofá junto a su hijo. El niño trató de cerrar los ojos, pero no pudo. El ojo había pasado de un color marrón verdoso a un color morado.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó Ginny, examinándole el rostro.

—¿Dónde está papá? —preguntó el pequeño ojiverde, ignorando la pregunta de su madre.

—Fue por James a casa del tío George —respondió Ginny, con una media sonrisa.

—Me duele la rodilla —contestó Albus levantándose el pantalón hasta la rodilla.

—¿Ellos también te hicieron eso? —cuestionó Ginny, frunciendo el entrecejo evidentemente molesta.

—Me lo hice cuando me empujaron al piso —respondió Albus, encogiéndose de hombros.

—¿Por qué te pegaron? —inquirió Ginny, mirando fijamente a su hijo.

—Siempre... siempre me han molestado —confesó Albus bajando la mirada.

—¿Por qué no nos habías dicho nada? —Ginny tenía un nudo en la garganta, imaginándose lo que su hijo había pasado en silencio.

—Porque tenía miedo —reveló Albus, levantando la mirada hacia su madre. Ginny lo abrazó y lo besó.

—Albus, siempre que necesites algo, papá y yo estaremos ahí. No dudes en hablar con nosotros. Te amamos y no nos gusta que sufras —dijo Ginny aún sin soltar a su hijo.

—¿Estás enojada, mami? —Albus se separó de su madre para mirarla a los ojos.

—No, cariño. No podría enojarme contigo —sonrió Ginny.

La puerta de la casa se abrió y segundos después James y Harry entraron a la sala.

—¡Vaya, Al! ¡Sí que te pegaron duro! —silbó el niño de siete años, mirando el ojo de su hermano pequeño.

—James —dijo Ginny a modo de advertencia.

—Sólo digo la verdad —se defendió el niño alzando las manos —. Pareces un oso panda.

—¡Ca...cállate! —chilló Albus, temblando un poco.

Harry, Ginny y James miraron a Albus con los ojos abiertos. Era la primera vez que Albus le decía eso a alguien.

—De acuerdo, osito —rió James.

Después todos se quedaron estáticos. Albus se había lanzado hacia James con tal fuerza que los dos habían caído al piso. Ahora los dos rodaban por la alfombra.

—¡James! ¡Albus! —gritaron Ginny y Harry apresurándose para apartarlos.

—¡Paren! —ordenó Harry agarrando a James por la cintura y levantándolo.

Ambos niños se calmaron, pero Albus tenía lágrimas en los ojos. El labio le había vuelto a sangrar.

—Iré por el botiquín —dijo Ginny dejando sentado a Albus en el sillón.

—James, tú y yo tenemos que hablar —James miró a su padre, luego a Albus y nuevamente a Harry —. A mi despacho.

Harry y James caminaron hacia el despachó del azabache. James entró con la cabeza baja. Harry le indicó que se sentará en la silla.

—James, lo que acabas de decir y hacer no estuvo bien —reprendió Harry usando un tono de voz tranquilo y suave.

—¡Albus me empujó! —replicó el niño alzando la vista.

—Pero tú lo provocaste —remarcó Harry, arrodillándose frente a James —. Sabes que Albus no haría eso.

—¡Sí, Albus no haría esto! ¡Albus no haría aquello! —ironizó James con amargura, evitando la mirada de su padre.

—James, ¿qué es lo que te molesta? —quiso saber Harry, tratando de encontrar la mirada de su hijo.

—Nada —bufó el niño cruzándose de brazos.

—Es obvio que nada es algo —dijo Harry, tratando de aligerar el ambiente —. ¿No confías en mí?

El pequeño siguió rehuyendo la mirada de su padre. Harry suspiró y palmeó la rodilla de su hijo.

—Prefieren a Albus —susurró por fin James Sirius —. A él nunca lo regañan, le cumplen todo...

—Mírame —ordenó Harry al niño. James siguió eludiendo la mirada. Harry tomó la cara de su hijo con ambas manos y obligó a mirarlo —. Ni tu madre ni yo preferimos a Albus. Los dos son importantes para nosotros y los amamos de igual forma. Y si nunca regañamos a Albus es porque él nunca hace travesuras. Y el que tú las hagas es parte de ti —añadió al ver que el niño iba a protestar —. ¿Te imaginas como sería nuestras vidas si un James travieso?

—Aburrido —sonrió el niño.

—Sí. Sería aburrido —afirmó Harry, devolviendo la sonrisa —. No tienes por qué dudar de nuestro amor, James... es como si yo dijera que quieres más a tus tíos Fred y George.

—¡Eso nunca, papá! —dijo el niño mientras, se lanzaba a los brazos de su padre.

—Ahora qué tal si vamos con Al —propuso Harry levantándose.

—Sí. ¿Puedo hacerles una broma a los niños que lo golpearon? —preguntó James inocentemente.

—Me temo que no, Jasi —rió Harry ante la expresión de su hijo —. ¡Oh, lo olvidé! ¿A quién no le gusta que le digan Jasi?

—¡Papá! —Exclamó el niño riendo —Jasi suena de niña.

—Eso dile al tío Charlie, que fue quien te lo puso —repuso Harry, sonriendo ante el recuerdo.

—¿Y por qué Jasi? —James se levantó de la silla.

—Ja por James y Si, por Sirius, así que Jasi —explicó Harry.

La puerta del despacho se abrió de golpe y Ginny entró en él. Tenía la cara pálida y una expresión de preocupación y miedo en el rostro.

—Albus no está —murmuró con la voz temblándole.

—¿Qué? —farfullaron Harry y James al mismo tiempo.

—Albus no está —repitió la pelirroja, pasándose desesperadamente una mano por el cabello —. Lo he buscado por la casa y no está.

—Cálmate, Ginny —Harry se acercó a ella y la sujetó por los hombros —. ¿Estás segura de que no está en ningún lado?

—No. Lo-lo deje en la sala y...y...y cuando volví no estaba —contó Ginny, comenzando a llorar.

—Ha de estar en su cuarto —dijo Harry tratando de no pensar lo peor.

—No. Ya revise ahí y no había nadie. ¡No está, Harry, no está! —dijo Ginny desesperada.

De repente, James salió de la habitación como un rayo.

—¡James...James! —le llamaron ambos padres ,saliendo detrás de él. Lo escucharon en la cocina.

—¿Qué...?

—Albus se esconde en una de estas alacenas —dijo el pequeño abriéndolas de par en par. No había nadie ahí. James salió de la cocina —. ¡Albus! ¡Albus! ¿Dónde estás? —gritó mientras subía corriendo las escaleras.

Nadie contestó. Harry y Ginny se miraron preocupados. James volvió a bajar las escaleras y pasó por un lado de su padre hacia la puerta de la entrada. Harry y Ginny lo siguieron.

—¡Me gusta esta casa, papá! —dijo el pequeño rubio sonriendo.

—Es muy bonita —coincidió Astoria, con ojos soñadores.

Draco Malfoy miró dubitativo a su esposa e hijo. Echó una ojeada a la casa y volvió a mirar a su esposa.

—¿Estás segura? —preguntó, con las manos en los bolsillos de su fino pantalón.

—Completamente —aseveró ella, sonriendo. Draco se giró para ver al vendedor de bienes raíces.

—Nos quedaremos con ésta —informó al hombre semi-calvo.

—¡Perfecto! —alabó el hombre con voz cantarina. Buscó entre sus bolsillos — Oh, he olvidado el bolígrafo.

—No se preocupe, tengo uno en el auto...

—¡Voy por ella, papá! —se ofreció el niño mientras echaba a correr.

Rápidamente el pequeño llegó hasta el lujoso auto negro de su padre y abrió la puerta con un poco de dificultad. Abrió la guantera y sacó el bolígrafo y la cerró de nuevo. Salió del auto y caminó por la acera.

De pronto sintió como era golpeado por algo, o más bien por alguien, y cayó al suelo.

—¡Auch! —se quejaron dos voces al mismo tiempo.

El rubio se sentó y miró hacia la persona que había provocado la colisión.

—¿Estás bien? —preguntó Scorpius, levantándose.

—Sí, ¿y tú? —el otro niño se sentó. Scorpius le tendió la mano y lo ayudó a ponerse en pie.

—¿Qué te pasó? —indagó el rubio señalando, el rostro del segundo.

—Me pegaron —contestó Albus, tímidamente.

—¿Quién?

—Otros niños del colegio —respondió el azabache, un poco avergonzado.

—Tontos —murmuró Scorpius frunciendo ligeramente el entrecejo, pero luego se relajó y sonrió a Albus —. Soy Scorpius.

—Albus —dijo el ojiverde, mostrando una sonrisa vacilante.

—¡Scorp! ¿Por qué tardas tanto? —Draco Malfoy se asomó por la puerta y al ver a su hijo en compañía de otro pequeño caminó hacia ellos. El niño se le hacía muy familiar.

—Papá, él es Albus...

—Potter —interrumpió Draco, asombrado —. ¿Eres hijo de Harry Potter, verdad?

—Sí —asintió Albus, moviendo la cabeza hacia arriba y hacia abajo.

—¿Cómo es que...?

—¡Albus! —el gritó de James se escuchó a unos cuantos metros de ellos. Albus se giró para ver a su hermano mayor correr hacia él.

—¡James! —exclamó Albus, asustado.

James llegó hasta él y para sorpresa de Albus lo abrazó.

—Menos mal que estás bien, Al —dijo James, sonriendo aliviado —. Pero te espera una bronca con papá y mamá.

—Lo sé —dijo el ojiverde, separándose de su hermano.

—Venían detrás de mí —contestó James a la pregunta no formulada de su hermano menor.

—¡Albus! —la voz de Ginny llegó detrás de ellos y antes de que Albus pudiera decir algo, el pequeño estaba envuelto en los brazos de su madre.

—Aquí estás —jadeó Harry llegando hasta ellos. Miró a su hijo aliviado y después notó la presencia de los Malfoy —. Malfoy.

—Potter —murmuró el ojigris, mirando al azabache. Albus por fin logró liberarse de los brazos de su madre.

—¿En qué estabas pensando, Al? —Dijo Ginny firmemente —No has dado un buen susto.

—Lo siento —se disculpó el pequeño, con la vista clavada en el suelo.

—Albus y yo somos amigos —comentó Scorpius de repente.

Albus levantó la vista hacia él y sonrió radiantemente.

—¿Viven por aquí? —preguntó James.

—Viviremos —respondió Draco, cabeceando hacia la casa.

—Nosotros vivimos dando la vuelta, en la sexta casa —contestó Ginny.

—Tal vez... Scorpius podría ir... —dijo Draco un poco incómodo.

—O Albus... podría venir... cuando terminen de mudarse —dijo Harry de la misma forma que el rubio.

—¿Podría ir mañana? —pidió Scorpius, a su padre.

—Yo... eh... —dudó Draco.

—Por nosotros no hay ningún problema —se apresuró a decir Ginny notando la mirada esperanzadora de ambos niños.

—¿A las dos está bien? —preguntó Draco.

—Sí. Está bien —confirmó Harry asintiendo.

—Hasta mañana, Al —se despidió Scorpius con una sonrisa.

—Hasta mañana, Scorpius —respondió Albus también sonriendo...

—¡Hey! ¡Reacciona! —George chasqueó los dedos frente a su gemelo — ¡Fred!

Fred saltó del asiento y tiró al piso unos cuantos papeles al piso.

—¿Por qué me has gritado? —preguntó Fred, mientras levantaba las hojas.

—Porque no me hacías caso —replicó el segundo gemelo —. He estado hablándote por diez minutos y tú ni en cuenta. ¡Baja de la luna!

—Lo siento —se disculpó el pelirrojo, dejándose caer pesadamente en su silla.

—¿Qué pasa, Fred? Has estado muy distraído —observó George, dejando los papeles de lado y concentrándose en mirar a su hermano.

—Es... Aggg... —Fred se pasó las manos desesperadamente por el rostro y el cabello.

—¿Es por Luna? —tanteó George, aunque estaba seguro de que era así.

—Creo... creo que tal vez... —Fred suspiró y miró a su gemelo a los ojos —...es hora de rendirme.

—¿Qué? —Farfulló George abriendo los ojos como platos —¿Estás loco?

—No. Pero...

—¡No hay peros! —le interrumpió el otro pelirrojo levantándose — Fred la amas, y estoy seguro que ella también. Y estás muy cerca de que te perdone.

—Lo sé... pero... hay algo que debo decirte —confesó Fred, endureciendo su rostro.

—¿Qué sucedió? —indagó George, preocupándose.

—¿Recuerdas que el domingo me fui temprano de la casa de nuestros padres? —George asintió con la cabeza. Fred carraspeó antes de continuar —Esa noche Luna saldría a cenar con Erik y fui a su apartamento para esperarla.

—¿La estuviste esperando?

—Me quedé en el auto, a unos cuantos metros de la entrada del edificio —aclaró Fred a su gemelo —. Entonces alrededor de las once llegaron ellos y estuvieron platicando afuera del edificio por unos minutos y luego... y luego...

—¿Y luego qué? —apuró George ansioso por saber.

—Ellos... se besaron —lo último lo susurró.

—¡Espera! ¿Escuché bien? —dijo George sacudiendo la cabeza. Fred sólo se limitó a asentir con un movimiento de la cabeza — ¿Pero, estás seguro?

—Sí. Él se acercó y la besó —relató el ojimiel, tallándose los ojos.

—¿Y ella qué hizo? —quiso saber el otro ojimiel.

—Nada. Se quedó inmóvil —respondió Fred, despeinando su cabello —. Luego como que le respondió el beso, pero después lo apartó. Ella dijo algo y él asintió.

—¿Y qué fue lo que dijo?

—Georgie, estaba a unos metros. Me era imposible escuchar —dijo frustrado el pelirrojo.

—Bueno, hay que ponernos manos a la obra —George sacó su teléfono celular y comenzó a marcar un número.

—¿A quién le llamas? —quiso saber Fred.

—Ya lo sabrás —dijo George con una maliciosa sonrisa —. Soy George, ¿puedes venir a Sortilegios?... Aquí te esperamos.

—¿A quién esperaremos? —preguntó Fred a su gemelo.

—Ya lo sabrás... —repitió George — Recuerda la frase, Freddie...

—¿Qué frase? —inquirió Fred confuso.

—"Un boxeador no pierde una pelea por caerse... si no por no levantarse jamás" —recitó George, con diplomacia.

—¡Ah, ya! La frase... —balbuceó Fred, aún confuso — Pero yo no soy boxeador.

—Ni yo —dijo el gemelo. Después ambos se echaron a reír...


¡Hola, hola!

Sí, lo sé, he tardado demasiado, mucho, y no vengo con excusas, aunque sí pidiendo disculpas por tardar tanto; el caso es que estuve unos días ocupada trabajando, luego estuve cetrada en otras cosas, en fin, pero el capítulo ya está.

Ahora, veamos, ¿soy cruel por hacer que lastimen al pequeño Albus? Sí, me da cosita escribir eso, ¡pero apareció Scorpius Malfoy! Y lo tendremos en la historia de ahora en adelante, apuesto a que se dan ideas ya.

Ahora, ¿qué planea George para ayudar a Fred? ¿Luna tendrá algo con Erik? ¿Fred va a rendirse? ¿Y qué hay de Ron y Hermione? Lo veremos en la tercera parte de este capítulo.

Hoy fui a una feria de empleos que hubo en la ciudad donde vivo y un chico me dijo que mi collar de las Reliquias de la Muerte era hermoso :P, sólo quería compartir algo con ustedes jeje.

¡Nos vemos en el siguiente capítulo!

LunitaEmo-Granger

PD: Pueden seguirme en Twitter: arroba LunitaEmoG, si quieren.