Capítulo 26. Cooan contra Saila.

La alterada muchacha al fin se dirigió con paso firme hacia el cuarto de Tom y cuando se plantó ante la puerta. Tomó aire tratando de serenar su rostro y enjugarse las lágrimas. Repasó su aspecto utilizando un espejito de mano y una vez estuvo segura de presentar una mejor apariencia se armó de valor y llamó.

-¿Quién es? - Preguntó el chico desde el interior. -

- Soy yo Tom, ábreme la puerta - repuso la voz de la chica. -

Trabajosamente él se acercó girando las ruedas de su silla y abrió el pestillo. Ella dudó unos instantes y por fin abrió, encontró a su compañero mirando a través de la ventana.

-¿Qué quieres? - Le preguntó con desapasionamiento sin girarse para verla. -

- Venía a invitarte al cine - sonrió ella -, hoy dan una película interesante.

- Mira, no tengo ganas de salir. Prefiero estar sólo - repuso secamente él. -

- Pero, no creo que sea bueno que te quedes aquí metido sin hacer nada.- Rebatió la muchacha con preocupación. -

El chico si que se giró ahora para enfrentar su dura mirada a la atónita de su interlocutora y le replicó con brusquedad mal contenida.

- Connie, si no te importa, te agradecería que no te metieses en mi vida, sé cuidarme sólo.

- Pero Tom, yo te quiero - se atrevió a musitarle su compañera. -

- No, tú me tienes compasión y yo no deseo eso. Lo que necesito de verdad es que me dejes tranquilo, sin estar encima de mí. – Rebatió él, dejándola helada y sentenciando con aún más firmeza. - Lo mejor será que dejemos de vernos Connie, porque ya no siento lo mismo por ti.

- Pero yo - balbuceó ella con lágrimas en los ojos, incapaz de creer lo que escuchaba. -

- Ahora déjame sólo, por favor.- Le pidió él con más suavidad pero idéntico tono rotundo.-

El muchacho volvió a girar su silla para darle la espalda y se quedó mirando por la ventana sin decir nada más.

-Yo…Yo…

La impactada chica quiso decir algo pero las palabras no le salían, las lágrimas le caían por la cara y no lo resistió. Ante los dos parecía haberse levantado una barrera infranqueable. Hasta el mismo Tom deseaba que le dejase en paz. ¿Acaso podía haberse dado cuenta de que su situación se debía a la falta de decisión de ella? No, que Cooan supiera, él no tenía idea de su verdadera identidad. Pero eso lo hacía aún más difícil, ahora que le quería de veras él la rechazaba. Aquello era mucho más de lo que podía volver a soportar, salió corriendo de la habitación. De una forma u otra se repetía la historia que tuvo con Rubeus. Pero su compañero también estaba desolado y tenía los ojos llenos de lágrimas. No quería ser amado por lástima, pese a sus sentimientos por Connie, o precisamente por ellos, no deseaba que la chica de la que estaba enamorado siguiera con él únicamente por compasión. De modo que fue capaz de recitar todo aquello que había estado preparando mentalmente y aguantó con dignidad hasta que ella se fue. Después no pudo evitar llorar.

-Lo siento- sollozaba él.- ¡Ojalá no tuviera que ser así!...

Entre tanto Saila había llegado a la universidad y tomó la apariencia de Cooan. Siguiendo el camino de ésta se dirigió hacia el cuarto de Tom. La verdadera entró en su propio cuarto llorando. Beruche estaba tratando de olvidarse del problema. Esforzándose en estudiar sin conseguirlo. Entonces la vio entrar como un torrente y precipitarse en la cama. Sin perder un momento abrazó a su hermana pequeña sospechando que sus peores temores se hubieran confirmado y lista a seguir la sugerencia de Melanie.

- ¡Perdóname tú tenías razón! - le confesó Cooan entre el llanto. - He sido una estúpida y le he hecho sufrir, me ha dicho que no quiere verme, pero entonces. ¿Qué haré yo?, no le tengo lástima, le quiero. ¿Cómo podré probárselo? ¿Cómo podría demostrároslo a todos? - Se lamentaba desesperada. -

Su interlocutora se sintió muy mal por ella, pero no sólo por la situación que la pobre chica atravesaba. La había juzgado mal y su hermana evidentemente sentía algo por Tom, y no podía resumirse solamente en lástima o culpa. Cuando de verdad se había enamorado de él la mala suerte quiso ponerles en esta situación. Pero desgraciadamente el muchacho nunca lo creería. Si ni siquiera la propia Beruche había creído a su hermana que ya tenía roto el corazón en demasiadas ocasiones.

- Haz simplemente lo que te ha pedido - le susurró tratando de consolarla de la forma más dulce que pudo. - No estés atosigándole, debes aclararlo con él, pero ten paciencia, dale tiempo. No te desanimes. Ya lo verás, conseguirás que te crea como yo lo hago ahora.

- Si, tienes razón, debo volver para hablar con él, no podemos terminar así. Sé que esta vez es diferente a las otras. Hablaré con él más calmada. Gracias Bertie.

- Suerte y cuando lo hayáis aclarado todo Roy y yo os esperaremos en la biblioteca. Juntos lo superaremos. - Le animó ésta enjugándole las lágrimas y añadió cuando Cooan se disponía a salir. - Sé que todo se arreglará.-

-Gracias. –Sonrió la aludida añadiendo.- Perdona las cosas tan horribles que te dije…

-Eran ciertas. Por eso ahora valoro tanto el amor.- Repuso Bertie.- Y creo que los dos os queréis y que superaréis esta situación.

Su hermana asintió esperanzada saliendo del cuarto y Beruche se quedó allí deseándole de corazón buena fortuna.

-Ten fe en ti, y tenla en él.- Musitó al verla ir.-

Aunque no podía entretenerse mucho, recordó efectivamente que ella había quedado con Roy en la biblioteca. Tras el incidente con su hermana la muchacha le llamó. Tras serenarse un poco le contó lo sucedido y el chico le propuso aquel plan. Es más, era una cita para los cuatro. Ojalá que esos dos pudieran reunirse con ellos una vez lo aclarasen todo. A su vez su hermana pequeña se enjugaba las lágrimas y sonreía. Corría hacia el cuarto de Tom, deseosa de poder arreglar las cosas. No estaba dispuesta a dejarlo de ese modo y se hallaba convencida de que el chico llegará a darse cuenta de que en verdad, y más allá de cualquier otro sentimiento, ella le quería. Un momento después, el muchacho oyó de nuevo como llamaban a la puerta.

-¿Quién es? - Quiso saber, molesto por una nueva intromisión. -

- Soy yo, cariño - escuchó la voz edulcorada de Cooan. - Ábreme la puerta, tengo que decirte algo.

-¡Ya te he dicho que te vayas! - le replicó el interpelado con malos modos. -

Sin embargo la puerta se abrió y la muchacha entró, parecía muy risueña. Tom se sorprendió y tampoco le hizo mucha gracia esa expresión en la cara de ella.

- No lo entiendo - le reprochó él con gesto incrédulo. - ¿Es que no te he dije claramente antes que me dejaras sólo? ¿A qué estás jugando?

- No debes enfadarte - sonrió Cooan - yo sólo venía para animarte un poco. Si he dicho o hecho algo que te haya molestado te pido perdón. Lo siento, pero ahora te compensaré.- Afirmó poniéndose de rodillas y acariciando las piernas del chico. Aunque para asombro de éste subió con las manos hasta otros lugares menos decorosos. -

-¿Pero, qué haces? - Le preguntó el muchacho sorprendido y muy desconcertado. Connie nunca se había comportado de esa forma. - Tú no sueles actuar así. ¿Qué te pasa? - Le insistió tratando de zafarse de aquello, que lejos de agradarle le resultaba muy violento. – Te lo pido por favor, no sigas con esto.

- Tom, hay muchas cosas que no sabes de mí - sonrió ella maliciosamente para sentenciar - y ya es hora de que las averigües.

- Ya sé, eso de tu antigua vida - contestó él sin poder disimular su asombro. - ¿Qué más hay que deba saber?

-¿No te gustaría verme como era antes?,- le propuso ella sentándose a horcajadas sobre sus rodillas. -Mira.- Se levantó y un resplandor escarlata la envolvió. –

Tom se tapó los ojos, anonadado. Al volver a mirar descubrió a la muchacha vestida de una forma muy extraña, con un traje morado a rayas más oscuras y una falda a juego, semejante a un tutú. Sobre su frente llevaba una especie de joya engastada de color violeta y grabado en la misma el dibujo de una media luna negra con las puntas hacia abajo. El chico no acertaba a articular palabra.

-Pero… ¿Qué significa esto? - Pudo decir finalmente sin poder dejar de mirarla boquiabierto. -

– Así era yo en mi verdadera apariencia. ¿Qué te parece? ¿No me encuentras más atractiva? - Le inquirió la muchacha con un meloso susurro. -

- Tú no te portas así - respondió Tom que pese a la sorpresa sentía algo extraño en ella. - ¿De verdad, estás bien? Oye, no quise ser brusco contigo antes, si es por eso...perdóname…

Pero su contertulia no le permitió continuar tapándole la boca con una mano en tanto esbozaba una malévola sonrisa.

- Me encuentro mejor que nunca - le dijo ella dándole un beso.-

El chico no sabía ya que pensar. ¿Esa era la muchacha buena y dulce de la que se había enamorado? No podía ser. Justo entonces llamaron a la puerta y a él se le estremeció todo el cuerpo al escuchar la voz de Cooan teñida de preocupación.

- Por favor Tom, ábreme, tenemos que hablar.- Tocó otra vez a la puerta añadiendo. - ¡Lo siento mucho!, no debí atosigarte tanto. Necesitamos tiempo…ahora lo sé.

Él se quedó mirando a aquella mujer que tenía delante, era igual que Connie, tenía su misma voz, pero algo en su mirada le decía que no era ella, que la auténtica estaba ahí fuera.

-¿Quién eres tú? - Le inquirió Tom entre el miedo y el asombro. -

Viéndose descubierta la falsa Cooan le dedicó una burlesca mirada y se relamió.

- Es una pena pero vas a morir sin saberlo - rio ésta alargando sus uñas como si de largas cuchillas se trataran. - ¡Muere maldito!- chilló tratando de apuñalar a su víctima que le sujetó las muñecas y gritó. -

-¡Socorro, Connie, ayúdame por favor! - gritó desesperadamente él en tanto forcejeaba para evitar que esa mujer le clavase las uñas en su pecho. -

La sorprendida chica escuchó los gritos del interior y trató de abrir pero estaba cerrado. No había tiempo para miramientos y de una patada saltó ese débil cerrojo abriendo la puerta y encontrándose cara a cara con su doble. Se quedó perpleja. Tom tenía un largo arañazo en el pecho del que manaba sangre pero por lo demás se encontraba a salvo. La diablesa se apartó de él encarándose contra la propia Cooan.

-¿Quién eres tú? – Inquirió la auténtica, entre atónita y enfurecida -¿Por qué te haces pasar por mí y cómo te has vestido así?

-¿Qué te ocurre Cooan Ayakashi del clan Black Moon?- sonrió su maligna doble. - ¿Te asusta enfrentarte a tu mitad mala? - Le inquirió sarcásticamente y mientras hablaba recobró su uniforme demoniaco y su rostro pasó a ser el de la diablesa Saila, de pelo y ojos rojos, sentenciando con sádico placer. - Ahora os mataré a los dos juntos. Justiciera, ¡ha llegado tu hora!

-¿Qué es lo que ha dicho? - Intervino el sorprendido chico. - ¡Que tú!

- Si Tom. - Admitió serenamente la aludida agregando con determinación y furia - y esta vez no dejaré que sufras más por mi culpa. ¡Corazón puro del fuego, dame el poder! - Invocó y se transformó. Ante el asombro de su compañero tras un espectáculo de luces más que notable reapareció con su atuendo de justiciera y le espetó a la diablesa - ¡Ahora voy a destruirte monstruo miserable!

- ¡Pobre estúpida! - se burló Saila lanzando un rayo contra su adversaria que la impulsó dentro del cuarto. - Primero te mataré a ti, y luego acabaré con tu amorcito - aseveró girándose hacia Tom enseñando sus colmillos y añadiendo hacia su enemiga con voz fingidamente melosa. - Pero si me dices donde está la piedra a él no le sucederá nada.

-¿Qué piedra?- Quiso saber el anonadado muchacho sin comprender en absoluto de que iba aquello. -

-¡Lo único que te daré es una pedrada en medio de tu maldita cabeza!– Espetó la furiosa Cooan. -

La justiciera se había puesto en pie en tanto replicaba esto, preparando su contraataque, pero la diablesa fue más rápida dándose la vuelta hacia ella y aullando al lanzar una bola de fuego contra su rival...

-¡Entonces muereeee!...

Afortunadamente la muchacha lo pudo esquivar y contraatacar con sus rayos, el suyo chocó contra otro de la diablesa y durante unos largos instantes se aguantaron. Pero el de la súcubos era más poderoso y acabó rechazando al de la justiciera, que fue lanzada nuevamente contra la pared, quedando malherida por la descarga y el impacto.

- ¡Ja, ja, ja, ja! - Reía Saila acercándose lentamente hacia su enemiga que a duras penas trataba de ponerse en pie. Regocijándose de la precaria situación de su inminente víctima, la diablesa espetó. -¡Despídete de la vida! - Iba a rematarla cuando algo tiró de una de sus piernas con fuerza y la hizo caer. - ¿Qué?

Era Tom que había reunido energías para ayudar a Cooan. Trabajosamente se había aproximado aprovechando que su adversaria estaba absorta en ella e hizo acopio de todas sus fuerzas para hacerla perder el equilibrio. Pero la furiosa diablesa no tardó en levantarse y le golpeó tirándole de la silla.

- Te mataré ahora mismo por osar interrumpirme, ¡maldito impedido!

- No, ¡no lo harás! ¡Porque vas a morir tú antes! - Pudo decir la justiciera que se había recuperado lo suficiente logrando materializar su arco de fuego.- ¡Saeta flamígera ataca!

De éste disparó una flecha que atravesó el cuello de la súcubos haciéndola estallar entre horribles chillidos. Cooan se lanzó hacia el chico para protegerle de la explosión y cuando ésta pasó se derrumbó agotada. Él se arrastró como pudo hasta ella y la abrazó

-Connie. ¿Estás bien? Por favor ¡responde! – Le pedía visiblemente inquietado. –

La chica tardó unos agónicos segundos en abrir los ojos. Él suspiró aliviado abrazándola con más fuerza, finalmente ella correspondió aferrándole entre sus brazos también.

-¡Gracias a Dios! – Pudo decir él con patente emoción y alivio. – Creía que esa explosión te habría…

Ella no le dejó proseguir, le tapó los labios con un beso. Finalmente al separarse la muchacha pudo responder, también afectada por sus sentimientos de alivio, culpa e incluso por el amor que le profesaba.

- No dejaré que te hagan daño jamás. ¡Moriría por ti! Y esta vez no sería un sacrificio inútil.

- No… no digas eso, jamás digas eso. – Le pidió él realmente impactado. –

La muchacha le miró ahora con lágrimas en los ojos y solo pudo añadir.

- ¡Oh Tom!, perdóname, has estado a punto de morir como la otra vez y de nuevo por mi culpa. ¡Nunca más volveré a ponerte en peligro!

- No, estoy vivo gracias a ti - le respondió él tratando de consolarla y entonces intuyó haciéndoselo saber a la muchacha. - Como la otra vez ¿verdad? Fuiste tú la que acabó con ese demonio para salvarme.

- Si yo no hubiese temido revelar mi identidad esto no habría ocurrido, tú estás paralítico por mi culpa. Puedo comprender que me odies. - Se lamentó la atormentada muchacha rompiendo a llorar. – Y que no quieras verme más…

Él, perplejo, tardó en reaccionar. Eran demasiadas cosas. ¡Esa pobre chica se imaginaba todo aquello! Debió de haber pasado un tremendo infierno de culpabilidad y desasosiego. Y la mirada de sus ojos no mentía. Eso no era compasión…

- No Connie - respondió al fin él con la voz dulce, acariciando la mejilla de ella mientras le quitaba el antifaz. – Jamás podría odiarte. Eso habría ocurrido igualmente. Fui yo el que se empeñó en luchar contra un enemigo que me superaba en fuerza. Pero por ti me enfrentaría a una legión entera de demonios. Lo volvería a hacer, tanto si hubiera sabido lo que iba a sucederme como si no.

- Tú me has salvado la vida Tom, yo te quiero, desde antes de que esto ocurriera. ¡Por favor créeme! - Le suplicó la emocionada Cooan.-

- Ahora lo sé, y lamento haber dudado de ti. Y también de mí.- Reconoció él y ambos se abrazaron con más fuerza. – Pero tienes que contarme tantas cosas. Yo podría ayudarte. – Se ofreció el muchacho. -

- No Tommy – negó ella con inquietud, agregando. - No quiero que vuelvas a estar en peligro por causa mía. Nunca permitiré que te suceda algo así otra vez. Ahora sé que daría mi vida por ti, y esta vez no sería un error…- Suspiró ella repitiendo aquello. –

- ¿A qué te refieres? - Le preguntó el chico con gesto sorprendido. –

Cooan suspiró, como si se armase de valor para decir algo que le fuese a resultar muy difícil…

- Verás Tom. Tú sabes cómo era yo en mi antigua vida, pero no sabes por qué todo cambió.

- Si, nos lo contasteis. – Repuso él creyendo estar al tanto. – Cuando las guerreras os ayudaron.

- Quisiera decírtelo todo. – Declaró ella que, tras colocar la silla de ruedas y ayudarle a sentarse, se puso de rodillas a su lado y le contó ante la atenta mirada del chico. – Cuando formaba parte del clan de la Luna Negra estaba enamorada de mi jefe Rubeus. Yo creía que él compartía mis mismos sentimientos. Nunca me dijo lo contrario. Siempre era muy galante y encantador conmigo. Y eso me llevó a creer que él me amaba también. Pensando en eso y en que el éxito de nuestra misión le haría feliz, le prometí matar yo misma a Chibiusa, la hija de la Guerrera Luna del Futuro. ¡La pobre niña había huido al pasado para buscar ayuda! Nosotros vinimos para impedirlo y destruir las defensas de la futura Cristal Tokio.

- Si, eso lo sé – le insistió Tom asintiendo. –

Aunque Cooan movió la cabeza para negarle aquella suposición y le desveló entonces con gesto consternado.

-Lo que no sabes es que, cuando me enfrenté a Rei estuve a punto de acabar con ella, con su amigo Yuuichirou y con la niña. Por suerte Tuxedo Kamen lo impidió. Me distrajo lo suficiente como para que Guerrera Marte me atacase dejándome malherida. Entonces apareció Rubeus.

-Y te ayudó a luchar – supuso él. –

Pero para su sorpresa ella se lo negó nuevamente dejando que las lágrimas le cayeran por la cara.

-Eso creía cuando le vi aparecer. Pero él se limitó a mirarme con desdén y a decir que le había fallado y que jamás volvería a verme. Yo le supliqué, le pedí que luchase a mi lado. Que estaba dispuesta a sacrificar mi vida en la batalla. Cuando se negó dije que no podía creer que después de habernos amado tantos años…

Aquí la chica no pudo continuar, sollozaba en tanto él se inclinaba para abrazarla y le decía con tono amable.

-Tranquila Connie. No es necesario que sigas… No te hagas más daño, eso está pasado.

Entonces ella movió la cabeza y prosiguió.

-No, tengo que acabar de una vez con esto. Todavía lo guardo dentro de mí y quiero que tú lo sepas, Tom. Necesito que comprendas lo que yo siento por ti…

El muchacho asintió mirándolo entre preocupado y lleno de simpatía. Y ella remachó con pesar.

-Me dijo que él jamás me había amado ni un solo instante durante toda su vida. Hizo aparecer una bomba y me la dio. Entonces me di cuenta, quería que yo muriese para acabar con las guerreras y la niña. ¡Me rompió el corazón! Y no por desear que yo me sacrificara. De haberme amado lo hubiera hecho sin dudarlo. Habría dado mi vida por cumplir con mi misión y sobre todo por su amor. Lo que de verdad me hundió es que yo no significaba nada para él, ¡nada!, solo era un instrumento.

-¡Malnacido miserable! – Espetó el chico entre indignado, furioso y lleno de compasión por su interlocutora para preguntar - ¿Cómo se puede ser capaz de hacer algo así de cruel?

-Gracias a Rei, y a las demás, que me quitaron esa bomba y la arrojaron lejos antes de que explotara, me salvé. Pero yo estaba destrozada. Lo había perdido todo, mi amor, mi casa, mi futuro. Me volví loca y ataqué a las chicas. Las culpaba de mi desgracia y solo deseaba que alguna de ellas me matase para dejar de sufrir. Pero entonces, Rei… se interpuso entre un golpe que Makoto iba a darme. ¡Lo recibió en mi lugar! Quedó encima de mí protegiéndome y con una voz muy dulce y compasiva me dijo que no lo había perdido todo aún. Y cuándo me serené, la escuché, y además vi su pierna. La que yo le había quemado durante la lucha. Cuando ella se interpuso entre uno de mis ataques y Yuuichirou. Pero ella me sonrió y añadió que me tenía a mí misma y que podría reparar todo el mal que había hecho. ¡Entonces lloré Tom! Lloré arrepentida y deseando creer que sus palabras fuesen verdad. Quería otra oportunidad y quizás, algún día, encontrar a un hombre que de veras me quisiera y al que pudiese amar con todo mi corazón. Alguien a quién le importase de veras por quién era yo. Fue cuando Guerrero Luna me purificó con el poder de su Cristal de Plata. En ese mismo instante mi vida comenzó de nuevo. Y después te conocí a ti…

Su contertulio la observaba atónito y también emocionado. No pudo replicar a esas palabras, solamente abrazarla y al cabo de unos segundos responder.

-¡Oh, Connie!, lo siento mucho. No podía imaginar que hubieras pasado por algo así.

-¡No quiero perderte! Por favor, ¡a ti no! Te quiero y no podría soportarlo otra vez – sollozó ella. –

- No me perderás. Nunca me perderás. - Pudo decir él también con lágrimas. – Te lo juro.

Cooan le abrazaba con fuerza, parecía no querer soltarle, temiendo quizás perderlo de veras si lo hacía. Entonces le oyó cantar, había recuperado esa voz tan hermosa que él tenía, y le cantaba aquel tema del concierto al que asistieron, esa que ya habían escuchado los dos antes.

"Estarás conmigo y serás mi amor…

Entre los campos de cebada"…

Y la muchacha lloró nuevamente, pero esta vez de felicidad. Tras unos minutos así, abrazados, ella al fin se levantó y el chico le dijo con voz cariñosa y suave.

-Nunca te dejaré Cooan Malinde. ¡Mi Connie! Pero debes prometerme algo. – Y ante la atenta mirada de la ahora sonriente chica, él le pidió. – No te arriesgarás inútilmente y tendrás siempre mucho cuidado…

Ella asintió, le mesó la barbilla y le susurró con afecto.

-Te lo prometo, no lo haré, pero tú también debes prometerme que me guardaras el secreto, no estoy sola en esto.

Él tan sólo asintió con la cabeza y eso fue bastante para que la joven sonriera, dándole un largo beso en los labios. Después ambos (ella ya con su identidad normal) se dirigieron a la enfermería. Afortunadamente las heridas no eran tan graves como podían parecer a primera vista. Aunque ante las preguntas de la sorprendida enfermera confesaron haber sufrido un accidente sin querer entrar en más detalles. Por suerte esa mujer que les atendió no era demasiado curiosa y la menor gravedad de las lesiones contribuyó a zanjar el tema. Una vez curados y vendados comieron algo para reponer fuerzas y se dirigieron a la puerta de la biblioteca. Allí les esperaban Roy y Beruche.

- Llegáis tarde.- Indicó Roy sorprendido señalando el reloj cuando les observó aparecer. - ¿Por qué os habéis entretenido tanto? ¿Y qué os ha pasado? - Preguntó atónito observando las heridas y vendajes que ambos lucían. -

- Un accidente - repuso Cooan sin darle importancia - no ha pasado nada.

- Si, supongo que habrá sido un accidente bastante molesto. – Afirmó su interlocutor que no se creía en absoluto esa versión, preguntando con sorna. - ¿Tenía cuernos y rabo ese accidente?

La interpelada asintió reconociéndolo con una ligera sonrisa y Beruche se la devolvió de forma cómplice mirando luego a Roy. Éste pareció comprenderlo bien puesto que no insistió en el asunto. A fin de cuentas a ellos les había sucedido lo mismo.

- Perdonad el retraso. Era algo que no podía esperar. Teníamos mucho de qué hablar.

-Es cierto. Existían algunos malos entendidos. - Afirmó Cooan.-Pero ya los hemos aclarado.

-Sí, yo voy a poner todo mi empeño en mejorar con mi rehabilitación y seguiré estudiando.- Remachó el moreno muchacho.-

-Eso es amigo.- Asintió Roy con una gran sonrisa a la par que guiñaba un ojo.- ¡Ese es mi Paleto de Kansas!

Bertie sonrió a su vez, le alegraba ver que tanto su hermana como Tom habían logrado disipar esos nubarrones. Melanie tenía razón. Fue entonces cuando recordó…

-Por cierto hermanita. Me encontré con tu jefa de animadoras…

-¡Es verdad!- Exclamó ésta llevándose una mano a la frente en tanto declaraba.- ¡Teníamos ensayo.-

-Por eso no te inquietes. – La calmó Bertie.- Me dijo que estabas excusada.

-Me alegro porque de todos modos no iba a ir.- Replicó la muchacha esbozando una sonrisa para añadir.- Tengo mejores planes.

-Y yo también - Añadió Tom con una sonrisa para remachar. - Y lo siento mucho chicos, Connie y yo no vamos a estudiar hoy.

-¿Y eso?- se sorprendió Roy agregando divertido. - Realmente me sorprendéis, estáis muy vagos últimamente.

- Es que nos vamos al cine - le explicó su amigo. - Ella me va a invitar a ver una película muy interesante.

- Eso está muy bien - terció Bertie con aprobación y visible alegría. - ¡Que os divirtáis!

- Gracias - le sonrió su hermana - ¿Nos vamos?,- le preguntó afectuosamente a Tom que asintió con patente entusiasmo. -

-Ya nos veremos chicos. - Afirmó éste dejándose empujar su silla por Cooan. -

-¡Eh cubito! - dijo Roy en tanto sus amigos se alejaban - ¿Por qué no nos vamos con ellos?

- Nada de eso - negó ella moviendo un dedo afirmando divertida. -Tú tienes que estudiar y mucho porque vas muy retrasado.

- Esto no es justo - protestó él. - Ellos se van y tú les dices "que os divirtáis",- hizo una imitación de la propia Beruche con tanta gracia y ligera sorna que la hizo reír y añadió. - Te lo pido yo y me dices que tengo que estudiar.

- Vamos vago ¡a estudiar! – se reafirmó Bertie agarrando a Roy de una oreja y arrastrándolo hacia la biblioteca, además de explicarle ahora más seria. - Además, Tom y Cooan necesitan estar solos.

- Vale, vale - admitió el muchacho soltándose con suavidad y replicando más serio también - tienes razón. Necesitan un poco de tiempo para poner en orden sus sentimientos, pero he querido disimular un poco delante de ellos. Lo cierto es…- sentenció él ahora más reflexivamente – que la mirada de Tommy ha cambiado. Y también la de tu hermana. Se les ve felices juntos. Y me alegro.

-¿Y si te has dado cuenta de eso por qué siempre tienes que actuar como un payaso? - se rio Bertie con fingida reprobación para afirmar ahora con un cariz más afectuoso. - ¡Eres un gran chico! Y tienes razón. Yo también estoy muy feliz por ellos. ¡Bueno! - Suspiró ahora con aparente resignación declarando despreocupadamente -, creo que por esta vez podremos pasar de los estudios y tomar algo.

- Oye, que era broma, cubito - sonrió él de forma solícita, proponiéndole. - Podemos estudiar si de verdad quieres.

Aunque ahora fue Beruche la que le tomó del brazo animándole con tono divertido.

- ¡Vamos anda!, antes de que me arrepienta.

Él se dejó llevar y sin que su compañera le viese hizo la uve con los dedos. Tom y Cooan lo pasaron muy bien aquella noche. El chico le prometió solemnemente tratar de rehabilitarse y ella le aseguró que no le dejaría sólo. Por fin había surgido el verdadero amor entre ellos. Y esta vez no lo confundirían con otro tipo de sentimientos o emociones. Roy y Bertie no se equivocaban. Su amigo se sentía ahora más feliz y con fuerzas para enfrentarse al reto que tenía por delante, con Connie a su lado se veía con deseos de mejorar. Ella a su vez se prometió luchar por él y por todos los que estuvieran en apuros por culpa de los sectarios.

-Lo conseguiremos. - Le sonreía ella tras salir del cine en tanto retornaban sin prisa a la universidad. –

-Me esforzaré mucho para merecer tu amor. – Le dijo él. –

-Tú eres un chico maravilloso. – Replicó ella afirmando a su vez. – Soy yo la que debo merecerte.

-Sin embargo me costó mucho que te fijases en mí. – Comentó el muchacho ahora con una sonrisa divertida que escondía no obstante un ligero acento de reproche. –

-Fue por mi desengaño con Rubeus. Eso me hizo ser muy cauta, tenía miedo de volver a equivocarme - le confesó la chica bajando un poco la mirada nuevamente sin querer recordarle tampoco al chico que en un primer momento se había fijado en Roy. – Aquello me hizo mucho daño.

-Cada vez que pienso en lo que me has contado. Y en cómo te trató. ¡Menudo idiota! No saber valorar lo que tenía. – Declaró Tom sentenciando. - ¿Cómo puede haber alguien capaz de no quererte?

La chica le sonrió agradecida. Se agachó para darle un largo beso y en cuanto él lo encajó pudo confesarle a su vez.

-También yo tuve un desengaño. El verano pasado. Estaba enamorado de una chica desde hacía años, pero para ella solo era un amigo, nada más.

-¡Vaya una tonta!- Pudo responder Cooan a su vez. Y visiblemente curiosa quiso saber. -¿Cómo era?

-Pues, se parecía mucho a una muchacha que conozco. Morena, de pelo rizado y ojos azules muy oscuros y bonitos, pero no tan hermosos como los violetas de la mujer a la que quiero. – Declaró él añadiendo con tono reflexivo. -¿Sabes? Quizás estaba escrito que debía ser así. Que tú y yo debíamos conocernos. Y ahora doy gracias a Dios por ello.

-Y yo también.- Sonrió la chica.-

-¿Y sabes una cosa?- Le confió Tom.- A mis padres les has caído muy bien. No dejan de alabarte. En cuanto tengamos unos días de vacaciones desearían invitarte a casa.

-¡A, a mí!- Se sorprendió a la joven llevándose una mano al pecho.- No sé si yo…

-Mi madre sobre todo. Me ha pedido que te lo diga.- Afirmó el chico ahora con más entusiasmo para referir a la atónita Cooan.- Me comentó, hijo dile a Constante que sería un placer para nosotros que pasara unos días aquí. – Y mirándola con patente cariño el muchacho agregó.- Y recuerda que prometí enseñarte los campos de oro…como dice nuestra canción. Todos los terrenos con esas mieses que se extienden hasta donde la vista puede abarcar. Es un paisaje realmente hermoso.

-Sí, deseo verlos a tu lado.- Afirmó ella con emoción.-

Su compañera le abrazó con cariño y volvieron a besarse. Al final y tras varias horas de conversación, planes y deseos para el futuro, le acompañó hasta la puerta de su cuarto y allí se despidieron hasta el día siguiente. Mientras tanto en la sede de la secta, un enfurecido Gran Sabio llamó a otra de las diablesas.

-¡Iama! - gritó con voz imperiosa - comparece ante mi presencia, ¡rápido! - La succubus apareció al instante ante su superior y le saludó inclinando la cabeza.-

- A tus órdenes señor. ¿Qué deseas que yo haga?

- Tus compañeras han fracasado y han sido aniquiladas por las justicieras, no debes repetir sus errores. Ve, acaba con ellas y recupera la piedra Yalmutud que nos falta para completar el pentáculo de la invocación.

- Como tú ordenes, señor. Ya tengo fijado mi blanco.- En la bola del Gran Sabio apareció la Dama del Trueno, en tanto la succubus le explicaba a su jefe. - Estoy segura de que la esfera Yalmutud está en su poder. Antes de matarla la haré hablar para que me diga donde la esconde, será fácil.

- Eso es lo que dijeron tus compañeras antes de ser destruidas. No menosprecies el poder de las justicieras o puedes correr la misma suerte que ellas.- Le rebatió el Sabio con desconfianza. -

- Descuide señor. Esta vez será distinto - le aseguró ella desapareciendo tras hacerle una inclinación con la cabeza. -

Por su parte Petz y Karaberasu estaban en su apartamento y charlaban sobre sus otras hermanas. Cooan les había telefoneado para contarles lo sucedido. Tom había prometido a su vez no descubrir a Roy sus identidades. Su hermana también les había advertido que las diablesas podrían ir tras ellas.

-Al fin lo han aclarado todo entre ellos. – Afirmó Karaberasu con alivio.- Una cosa menos de la que preocuparnos.

-Por lo menos en ese aspecto las cosas parece que se solucionan. Pero esto otro es más serio. Deberíamos esconder bien esta piedra.- Meditó Petz en voz alta señalando al sofá, bajo el cual estaba escondida esa esfera Yalmutud - , aquí podrían robárnosla fácilmente.

- Si, sería lo mejor,- convino su contertulia- pero, ¿dónde?

- Podemos enterrarla en algún lugar de las afueras de la ciudad.- Propuso su hermana mayor. -

- La detectarían sin ningún problema,- rebatió su interlocutora – no, eso no podemos hacerlo.

- Pues no sé que otra cosa se nos puede ocurrir.- Replicó Petz desconcertada. -

- Déjame eso a mí - se sonrió su hermana. - Se me está ocurriendo una idea.

- Debes tener cuidado, podrían estarnos vigilando...

- No debes preocuparte por eso. Mira, esto es lo que haremos - Karaberasu le susurró a Petz su plan al oído.-

Ésta se sonrió también, como idea no era mala aunque tenía sus riesgos y así se lo manifestó con cierta preocupación a su hermana menor.

- Me parece bien, pero ten mucho cuidado ¿vale? Y avísame si te ves en peligro.

- Descuida lo tendré.- Aseguró la muchacha que se hizo con una sábana y con algo envuelto bajo ella de forma redonda. Así salió a la calle. – Hasta luego y no vengas a no ser que te llame…

- Bien, bien - se dijo Iama escondida en un tejadillo de la zona al ver salir a Karaberasu de la casa. - Ven hacia mí, pequeña necia. Pronto caerás en mi trampa.

La muchacha vio que su piedra parpadeaba iluminándose con cada vez mayor brillo. Intuyó con claridad que algún demonio estaba cerca. Dispuesta entonces a pasar a la segunda etapa de su plan apretó el paso y se metió en un callejón desierto, Iama la siguió. Petz que se había quedado con la piedra auténtica, la guardó dentro de un armario de doble fondo. Decidió que debía hacer caso a su hermana y esperar a que Karaberasu la avisara a través de un comunicador de la presencia del enemigo. Mientras tanto, deseó que el plan tuviera éxito o de lo contrario y en caso de que tuviese algún problema y la avisara acudiría rápida en su ayuda.

Días antes en Japón las noticias del terrible suceso acaecido a Tom habían dejado heladas a las chicas. Rei se paseaba nerviosa e impotente en el santuario ante las caras de desolación del resto, después de su conversación con Cooan y de la que mantuvo con sus compañeras. Ahora lo recordaban con indignación. Tenían a Usagi allí y habían trazado un plan para ver qué les decía…

-¡Pobre muchacho! – Suspiró entonces Minako con el asentimiento de Artemis que estaba en su regazo.-

-¡Malditos sean esos demonios! - Espetó Makoto con tono entre frustrado y furioso.-

-A juzgar por lo que Petz y Kalie nos han contado ha sido terrible para todos. A parte de Tom, Cooan está sufriendo mucho. Lo mismo que Bertie y Roy. - Declaró Minako con pesar al resumirles brevemente lo que sus amigas le escribieron. -

-Si. Le consulté a mi madre sobre ese particular. Por desgracia coincide con el diagnóstico que le han hecho allí. Es una parálisis permanente.- Pudo decir Ami llena de tristeza.- Nada se puede hacer.

Rei intervino entonces apretando los puños para exclamar, llena de rabia a su vez.

-¡Maldita sea!, no soporto esto ni un minuto más. ¿Cuándo vamos a poder ir a ayudarles? Ahora ese chico está indefenso ante cualquier ataque.

Nadie respondió a esa cuestión. Usagi por su parte bajaba la cabeza visiblemente consternada. Miraba a la gata Luna que también lucía un gesto pesaroso. Aunque Marte, tras unos instantes, se volvió hacia su amiga y con expresión suplicante le dijo ante las miradas atentas y expectantes del resto.

-Usa-chan. ¡Onegay! Aunque no puedas hacer nada por sanarle… al menos deberíamos ir a socorrerles. Necesitan nuestro apoyo. Por lo menos el moral.

Las otras compartían ese mismo sentimiento aunque ninguna añadió nada.

-¡Te lo suplico! - Insistió Rei llegando a ponerse de rodillas.- Ten compasión por lo menos de ese chico. De nuestras amigas.

-Por favor, no me hagas esto. Levántate del suelo.- Le pidió una atónita y consternada Usagi.-

-Usagi-chan, ¡onegay! - terció Makoto adoptando idéntica postura que la sacerdotisa.- Un viaje aunque sea corto. Para comprobar que están bien.

-¡Onegay!- Agregó Minako imitando a sus amigas.- Al menos deja ir a alguna de nosotras.

La interpelada, con evidente conmoción, miraba con la boca abierta a todas. Luego dirigió la vista hacia Ami, la única que no había hecho eso. Quizás al ser más cerebral que el resto analizaba las cosas de forma más objetiva. Sin embargo eso duró poco. Mercurio se arrodilló de igual manera para remachar con gesto suplicante.

-¡Onegay! Usa-chan…son nuestras queridas amigas y están en peligro.

-Chicas. Creedme, por favor. - Pudo apenas balbucir realmente emocionada en tanto se arrodillaba también enfrentando su desolada mirada a la de Rei y luego a la de las demás.- No depende de mí. Os aseguro que si así fuera…

Y no pudo proseguir, al menos hasta enjugarse algunas lágrimas. Ninguna se atrevió a hablar. Así, tras otro embarazoso momento de silencio, la interpelada se levantó despacio y miró a sus compañeras para musitar.

-Pronto. Muy pronto…pero todavía no…Lo siento.

Ninguna respondió aunque Usagi sabía perfectamente lo que pensaban tras esos semblantes en los que podía leer el ruego y hasta el reproche. ¿Por qué?... ¿hasta cuándo tendrían que actuar así? Siendo honesta ni ella misma sabía la respuesta. Dependía de aquellos extraños sueños que tenía. Lo mismo que le sucedía a Mamoru que en esos momentos se encontraba reunido con ciertas personas importantes para el devenir de los futuros acontecimientos. Lo único que podían hacer pues, era tener paciencia y esperar. ¡Ojalá que cuando pudieran intervenir no fuese demasiado tarde! De momento sus amigas, las cuatro hermanas y esos dos muchachos deberían salir adelante por sí solos. Y ahora era el turno de Karaberasu para intentar salir airosa de la prueba que le avecinaba.