*Tengo una petición para el trío de locas de FF. Si están leyendo esto, quisiera que cumplieran lo de grabarse mientras leen el capítulo si es posible. Vamos, me lo deben desde hace mucho xD.

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DISCLAIMER: Las PPG, los RRB pertenecen a Craig McCracken. De mi autoría solo está la trama como ciertos personajes que salen en este fic.

ADVERTENCIA: UA, OoC, Lime y leves situaciones violentas.

AVISO:Esto es una especie de Epílogo/Prólogo. Es exactamente la actualización número 26, y es exactamente la mitad de la historia. Como siempre, seguiré subiendo los demás capítulos por aquí ya que aún no ha acabado el fanfic. De ahora en adelante se mostrará un ritmo diferente (y por ritmo me refiero a un conflicto nuevo a desarrollar), pero el hecho de que Bombón y Bellota estén muertas no quiere decir que ya no saldrán (recuerden que la pareja principal es de Brick x Bombón) así que tranquilos, todo saldrá bien... en lo que cabe.

RECOMENDACIONES:Es importante que lean mis notas de autor al final del capítulo, requiero de la participación de los lectores.

Sin más por el momento, disfruten de la lectura y perdonen si hay errores.

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Peligrosa Tentación

-XXV-

In albis
(En blanco)

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La muerte fue mi castigo…

Y recompensa al mismo tiempo.

La muerte era hermosa y terrible, era tranquilizadora y tempestuosa. Había sido mi final y comienzo, la muerte lo fue todo para mí en aquellos instantes que dejé de vivir.

Pareciera que todo había sido un simple sueño y la hora de dormir llegó cuando veía por última vez sus orbes carmesí… Poco a poco cerré mis parpados, mi cuerpo se hizo ajeno y pesaba. Pero todo el dolor que alguna vez llegué a sentir ya no existía, ya no estaba. Desapareció en un instante mientras dejaba que la oscuridad me consumiera por completo.

Caía, caía en un profundo abismo. No estaba consiente pero tampoco inconsciente. Solo veía las tinieblas envolverme. De repente todo estuvo confuso por un largo momento. No eran mis ojos los que veían la destrucción, no era mi cuerpo el que se movía por las cenizas y los cadáveres. No eran mis sentidos los que presenciaban el dolor, la agonía, la sangre.

No era yo… era él.

Brick. Darzahel. Ambos.

Era él quien se movía con maestría entre los bultos de muertos y yo podía ver lo que hacía.

¿Cómo podía? ¿Cómo era posible? Yo estaba muerta.

Lo sabía porque me vi. Vi mi cuerpo en los suelos, desangrándose por la herida de bala. Vi mi palidez, mi aspecto lamentable y sucio. Lo vi… me vi.

¿Pero cómo?

Estaba asustada, hacía frío de repente una horrible sensación se apoderó de mi ser. Y entonces lo comprendí, yo ya no estaba en mi cuerpo, eso estaba claro, pero yo… mi alma… mi alma estaba dentro de él.

Por eso pude ver todo desde sus ojos, porque estaba en él.

Sin embargo, algo empezó a cubrir todo. Ya no observaba el caos en el pueblo, ya solo veía oscuridad nuevamente. Y todo pareció perder sentido, no pude saber nada más desde ese momento.

Entonces volví a despertar. Esta vez en otro lugar porque ya había claridad, podía reconocer que era una habitación elegante, acogedora. Me levanté lentamente, y me di cuenta de que podía moverme. Rápidamente extendía mis brazos, mis manos…

Eran mis manos, mis dedos… Sentí entonces mi rostro, lo palpé consecutivamente identificando mis facciones.

Mis mejillas, orejas, nariz, labios.

Apresuradamente me puse de pie, y me dirigí hasta el espejo que se encontraba en la alcoba.

Era yo. Esta vez sí era yo, era mi cuerpo, mi figura, mi aspecto…

Era Bombón.

¿Pero… cómo, por qué? Vi mi cadáver a través de Brick. ¿Por qué ahora estaba viéndome en un espejo, curada, sin rasguños o heridas? Extendí mi mano y toqué mi reflejo. Estaba confundida, asustada.

Giré mi cabeza a todas direcciones para visualizar la habitación. Era cálida, acogedora y cómoda. Olí entonces el reconocido olor de leños quemándose el cual provenía fuera de la alcoba. Sin dudarlo, salí por la puerta de caoba para dar con un pasillo desolado, todo estaba iluminado levemente por velas pero había una luz al final del pasillo que era tan fuerte, demasiado incandescente.

Mis pies se quedaron petrificados por lo que pareció unos cuantos segundos. Mi respiración se hizo más pesada y mi pulso se aceleró.

Mi pulso, tenía pulso… ¿Era éste real?

Di un paso al frente, luego otro y otro. Conforme iba caminando con cautela sentí como el tiempo parecía una mentira. Todo me parecía falso de repente, pues ¿en dónde estaba?, ¿qué estaba pasando?, ¿era una ilusión, era parte de mi castigo, ya estaba en el infierno?

Cada vez me acercaba y con cada avanzar logré vislumbrar una chimenea de fondo, de modo que de ahí salía el olor a leño quemándose y me encontraba en lo que parecía ser una cabaña. Una pequeña choza con muebles finamente tallados de madera.

Llegué hasta la pequeña sala, me detuve por unos momentos para acostumbrarme a ese lugar. Luego me acerqué a una de las ventanas para descubrir lo que sucedía, pero mayor fue mi sorpresa cuando al asomarme no pude ver nada. Todo estaba oscuro ahí afuera, solo el negro formaba parte del "paisaje".

Una extraña sensación invadió mis sentidos. Me precipité a la puerta principal y cuando acerqué mi mano al pomo me detuve en seco, ¿quería realmente abrir esa puerta? Bajé mi mano con brusquedad, arrepintiéndome en el último instante, ¿por qué tenía miedo de salir?, ¿es qué este lugar era más seguro que afuera de repente?

¿Dónde estaba? ¿Qué era todo esto?

Retrocedí temerosa de la salida. Un horrible pensamiento se cruzó por mi cabeza, ¿y si algo estaba ahí afuera esperándome?, ¿qué pasaría entonces conmigo?

Luego, otro pensamiento se interpuso entre mis preocupaciones. La pregunta principal no era ninguna de las que había hecho anteriormente, mi duda más trascendental era; ¿Realmente importaba mucho lo que me fuera a pasar? Ya estaba muerta… ¿no?

¿Entonces por qué seguía con miedo?

Mis ensoñaciones fueron abruptamente interrumpidas por golpes. Tocaban a la puerta, pero no de una forma común ya que aquellos golpes eran de arrebato, como si quisieran tumbar la entrada para así ingresar a la fuerza. Esto logró alterarme y lo primero que hice fue regresarme por el extenso pasillo. De repente, la cabaña dejaba de ser una simple cabaña. Era una casa grande, el largo pasillo me conducía hacía al final donde estaba la habitación en la que desperté, pero a los lados se encontraban más puertas…

¿¡Qué era todo esto?! Me preguntaba mentalmente. Los golpes se hicieron más violentos y lo único que se me ocurrió hacer en esos momentos fue correr. Solo quería llegar al cuarto en dónde presentí que estaría a salvo.

Cuando llegué cerré la puerta detrás de mí. Mi respiración era agitada ahora, me sentía nerviosa, tan alterada y tan…

Viva.

Pero eso era imposible. Yo he muerto, he sido asesinada… Asesinada junto con mi pequeño bebé no nato.

¿Verdad?

Todo se volvió silencioso. Las velas que hacía momentos estaban encendidas se habían apagado. Retrocedí hasta llegar al poste frontal de la cama y fue así que instintivamente toqué mi vientre.

No lo sentía. No podía sentir a mi bebé. Aunque aún no hubiera llegado a notarse, yo sentía la presencia de una vida crecer en mi interior, y ahora, ahora no estaba más.

Mi cara se transformó entonces en un gesto dolido. Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos y mi garganta sintió el nudo de sufrimiento. Solté un suspiro que había retenido. Mis sollozos ahogados eran el único ruido del sosegado cuarto.

Mi amado bebé, mi pequeño hijo…

Poco a poco la fuerza en mis piernas disminuyó y fui cayendo estando aún recargada en el poste. Posicioné mis manos a los lados de mi cabeza y sujeté con fuerza mis cabellos. Comenzaba a dolerme la pérdida, entonces descubrí que el infierno no era un lugar, ni nada de eso… el infierno era el saber de la ausencia de mi hijo, de lo que amaba.

Pensé entonces en Brick. ¿Dónde estaba él?, ¿me había abandonado?, ¿estaba en verdad sola en donde quiera que estaba?

Quise sacar mi llanto, pero un ruido ajeno me lo impidió. Mis sentidos se volvieron a poner alerta. Es cierto, quizá no estaba sola, porque lo que sea que haya golpeado con fuerza la puerta, quizá ya se encontraba dentro. Pero no podía hacerme daño, por alguna razón sentí esta alcoba como un refugio. Me sentía de repente protegida.

Pero la alerta que aun sentía estaba palpable y esta vez el sonido volvió a presenciarse. Aquello causó que me girara a ver una de las esquinas de la habitación, todo estaba en penumbras pero apenas pude notar una silueta que estaba recargada en una silla.

Mi corazón se detuvo.

Un balbuceo se oyó, un leve quejido como lloriqueo se hizo notar.

Era el balbuceo de un bebé.

Un… bebé.

Las luces de todas las velas se volvieron a encender. Revelando a la figura que yacía en la silla. Mis ojos no podían creer lo que veían.

—Dar…—no terminé de decir su nombre. Mi garganta estaba seca, mi voz no salía. Estaba anonadada de verle ahí, sentado con su porte mientras en sus brazos sostenía a un… un bebé.

Su mirada estaba fija en el pequeño bulto que estaba envuelto por una cobija. Su expresión era glacial y sus facciones seguían siendo tan perfectas.

Al igual que él, mi vista se posó en lo que cargaba. Lentamente fui avanzando hacía el, hacía ellos. Mi duda era enorme, pero no me detuve hasta que quedé exactamente frente al imponente demonio pelirrojo.

Lo vi por unos segundos, él parecía ignorarme pues su atención estaba dirigida al pequeño bebé que movía sus pequeños brazos. Me sentí desfallecer cuando posé mi atención en esa criaturita.

¡Era mi bebé, era mi hijo!

Me sentí incapaz de formular palabra alguna, solo veía a mi hijo, vi sus ojos escarlata, tan parecidos como los de su padre. Sus pequeñas manos sujetaron entonces el dedo índice de Darzahel. Luego lo miré a él y descubrí que estaba entretenido por la forma en la que jugaba con su hijo… nuestro hijo.

El pequeño parecía satisfecho con sostener la garra de su padre y Darzahel ladeó su cabeza pero no cambió su semblante inexpresivo.

Me rendí, no pude sostener más mi peso y caí de rodillas frente a ellos.

—Darzahel—susurré su nombre—… Brick.

¿Esto era real?, ¿No era una bella crueldad por ser una simple ilusión?

— ¿Es… nuestro bebé? —me aventuré en cuestionarle. Luego por fin desvió su mirad hacía a mí. Sus ojos rojos me evaluaron y me dedicó una sonrisa ladina. Su gesto casi me derretía por completo, y él al descubrirlo alzó su barbilla con superioridad, con la pose adecuada para un rey. —, ¿es nuestro hijo?

No me contestó, pero se puso de pie y sin siquiera decirlo me ordenó que yo hiciera lo mismo. Obedecí de inmediato y extendió al pequeño bulto para que yo lo tomara.

Lo hice sin pensarlo. Y cuando lo tuve entre mis brazos sentí que todo estaba tan claro. Era él, mi bebé, producto de mi relación con Brick, con mi adorado demonio.

Las lágrimas comenzaron a caer nuevamente, pero esta vez no eran de dolor. Me sentía completa pues cargaba la otra parte de mi ser.

—Un varón…—pronunció Brick con su ronca y gutural voz.

Solté un suspiro y no pude evitar sonreír.

Me aferré al niño que me observaba con curiosidad, luego me dedicó una visible sonrisa que hizo que mi corazón doliera. Pasé mi mano por su carita y me detuve cuando agarré sus manitas. El sujetó con una fuerza notable, incluso más firme que la de un bebé promedio, mi dedo índice. Tal como lo había hecho con el de su padre.

Soltó así una dulce risita que suavizó mis sentidos.

—Mi adorado hijo…—susurré con la voz entrecortada—. Mi dulce y bello amor…

Deposité un beso en su mano que todavía agarraba mi dedo, luego otro en su frente. Poco a poco se fue quedando dormido, su agarre se hizo flojo, hasta que comprobé que el sueño lo había vencido.

Lo arrullé por un rato más. Sabía que Darzahel no estaba viendo, podía sentir el peso de esos orbes color sangre sobre mí.

— ¿Esto es real? —pregunté cuando acosté a mi hijo en la enorme cama. Vi cómo Darzahel se acercaba a mí, y no dudé en sentir un delicioso escalofrío cuando me sujetó de la barbilla.

—Tan real como el hecho de que estés muerta.

Su fría afirmación hizo que volviera a la realidad. Era verdad después de todo.

—Nuestro hijo entonces también está…

—No—me interrumpió, yo me sorprendí y quedé más confundida de lo que ya estaba—. Su caso es diferente. Él no es mortal completamente.

— ¿Le has salvado? —pregunté con esperanza, sin embargo, su cruel sonrisa apagó mis ilusiones.

—No puedo absorber por completo sus esencias—su confesión me dejó atónita—, el pacto no se ha completado aún.

Abrí mis ojos sorprendida. ¿Era cierto, cómo era posible?

— ¿Qué…?—no acabé mi pregunta pues no tenía idea de cómo continuar.

Su expresión se endureció. De repente un miedo mortal me inundó y mi cuerpo quedó helado. Su reacción me indicaba que no debía preguntar ni tenía que saber el porqué del fallo en el pacto. Comprendí así que se trataba de un asunto delicado, que algo no había salido bien y no le convenía que yo lo supiera.

Me callé por unos segundos. Pero no me quedé así por mucho tiempo ya que aún tenía cosas por saber.

— ¿Dónde estamos?

Caminó hacía la silla y se volvió a sentar. Galantemente recargó su barbilla en el dorso de su mano.

—No estás en el infierno, si eso es lo que crees—me acerqué a él, luego de cuidar de que mi hijo estuviera cómodo—. Estás atrapada en otra dimensión.

— ¿Otra… dimensión? —repetí con duda. El asintió.

—Estás en mí, Bombón— ¿entonces seguía dentro de él?, ¿no resultó ser un sueño extraño? —. Estás en mi mente, y todo este lugar es producto de mis pensamientos.

—Entonces… ¿yo no existo, soy producto de tu imaginación? —el negó con paciencia.

—Estás atrapada. Tu esencia está retenida en mí ser, pero ese cuerpo tuyo sí que es falso. Te lo he dado yo, te di forma porque tu cuerpo original está destrozado. Te brindé una imagen para que pudiera representarte y pudieras moverte a costa de tu voluntad—extendió su mano e hizo una señal con sus dedos, de repente mi cuerpo comenzó a moverse sin que yo lo quisiera y me acerqué más a Darzahel, luego me senté en su regazo y solté un quejido. Un sonrojo se hizo presente en mis mejillas cuando su mano se posicionó en mi espalda y me acercó a él. Mi rostro y el suyo estaban demasiado cerca—. Pero soy yo quien tiene más poder en ti del que tú misma te tienes. Si yo deseo que hagas algo, lo harás sin replicar. Te controlo, te domino.

Rozó peligrosamente sus labios con los míos. Cerré mis ojos degustando de aquella sensación momentánea e incitadora.

—He creado este mundo para ti. Porque estarás encerrada en mí hasta que pueda devorarme tu alma por completo—con su dedo hizo un recorrido de la curvatura de mi cuello hasta el nacimiento de mis pechos. Mi corazón comenzó a palpitar con furia—. Tú y ese niño están encerrados. Pero a diferencia de ti, ese híbrido posee su propio cuerpo, porque él nunca nació en tu mundo y nunca hubo una "base" que destruir. Por lo tanto fue más fácil para él adoptar esa forma por su cuenta. Yo no lo protegí, él mismo se formó aquí. Es un ser poderoso… a pesar de que sea solamente una cría.

Comenzaba a comprender un poco más. Era verdad, el cuerpo era el que moría… el alma seguía existiendo. Era por esa razón que mi bebé no estaba muerto, eso era imposible ya que nunca nació, sin embargo su alma seguía existiendo, como la mía, y Brick nos retenía en él.

Nos conservaba.

—Pero, ¿cómo es que tú estás aquí presente? —su presencia era como la que siempre sentí cuando estaba con vida. ¿Él estaba y no estaba aquí al mismo tiempo?

—En estos precisos momentos realmente estoy ausente, en trance. Mi figura se encuentra en mis aposentos, sin ser perturbado si quiera. Es por eso que puedo presentarme ante ti aquí adentro.

Sus labios me tentaban de sobremanera. Escuchaba con claridad todo lo que me decía, pero anhelaba besarle. Sentía una enorme necesidad por tocarle, pues no sabía cuánto tiempo había pasado desde el desastre en el pueblo.

Sin embargo, había miles de preguntas más que quería hacerle. Era todo tan inverosímil. No podía creer que me encontraba frente a él y con el bebé que creí haber perdido para siempre.

—Darzahel…—susurré con cautela, su expresión mantenía un semblante serio—. Gracias.

No se mostró sorprendido ni confundido. Pero supe que lo había incomodado pues desvió con lentitud su rostro para fijar su mirada al frente, a la cama donde estaba un pequeño.

Supe que comprendía el porqué de mi agradecimiento. Me había otorgado un lugar, realmente no se había olvidado de mí, pues aquí estaba él. Así que no dudé en aferrarme a ese potente demonio, lo abracé con fuerza y oculté mi rostro en su pecho. Sollocé unos segundos, me encontraba de cierta manera aliviada, feliz.

Si, estaba feliz. No podía pedir más.

Luego de un rato, levanté mi cabeza para buscar sus labios. Me atreví a besarle lentamente, con recato. En un principio no obtuve respuesta, pero yo seguí pegada a sus labios, tentándolos con suavidad. Después de unos fugaces segundos, sentí como su mano se posaba en mi nuca para profundizar el beso que comenzaba a corresponder.

Su lengua pasó por mis labios y se introdujo sin pedir permiso. Fue poseyendo la cavidad de mi boca con tal maestría que emití un débil pero audible gemido. La sangre en mis mejillas comenzó a expandirse hasta otros lugares, me provocaba esa inconfundible y tan reconocida sensación en el vientre. Comenzaba a sentirme desesperada, necesitada por tener más.

No dudé pues en llevar mis manos hacía su rostro. Era perfecto, deseé que este momento no terminara nunca.

Su mano libre comenzó a dirigirse a mi espalda, llegando hasta los cordones del ligero vestido blanco que llevaba. No tardó en desatarlos, jalando con facilidad el cordón para aflojar el sencillo corsé.

Se separó de mí para ahora posar sus besos en mi cuello. Provocó que soltara así unos suspiros, su tacto me era embriagador, cada vez más pedía que sus caricias llegaran a lugares prohibidos que yo esperaba que tocara. Su experta lengua hizo un recorrido del cuello a mi oído izquierdo, jugueteo un poco con el lóbulo de mi oreja para después susurrar con provocación y lujuria.

—Así como mancillé tu antiguo cuerpo, me encargaré de manchar el nuevo. Porque siempre me has pertenecido, y siempre gozaré de tu corrompido ser—dicho eso, llevó su mano hasta mi entrepierna y me acarició por sobre las faldas del vestido. El gemido en respuesta fue más alto que los anteriores—. Eres mi posesión, Bombón. El más importante de todos porque me has de dar toda la fuerza que necesito, me diste a tu hijo, el cual me hará invencible.

Levantó el vestido, dejando expuestas mis piernas. Luego se encargó de remover la prenda interior para acariciar directamente. No tardó mucho en introducir dos de sus dedos, por lo que grité de placer. Los movía con pericia mientras que su otra mano bajaba mi escote. Entonces con su boca se dedicó a lamer las partes más sensibles de mis pechos. Mi mente estuvo en blanco, no podía con ese placer tan prohibido.

Iba a estallar en un tumulto de emociones. Solo mi demonio de mirada carmesí podía causarlo. Mi amado Darzahel… mi amado Brick.

Era mi cruel soberano de las tinieblas, mi perverso señor, el dueño de mi corazón.

Y yo, Bombón, volvía a ser su sierva… su querida posesión.

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Allí, donde la desesperación era palpable y la agonía era la especialidad de aquel lugar, se encontraba una criatura que observaba todo. Miraba con aburrimiento hacía el exterior, se mantenía de brazos cruzados a la vez que trataba de distraerse en los lúgubres tonos de ese mundo.

La quinta dimensión era enorme. Los habitantes de ese infierno eran parte de la alta nobleza, eran algo parecido a la aristocracia de los mortales pero los demonios del Berphestos eran característicos por su inusual belleza. Ciertamente eran criaturas malvadas, despreciables que gozaban de la decadencia y hábitos inmorales. Pero eran la contraparte de sus mayores enemigos; los ángeles.

Muchos eran poderosos, temibles, respetados y sobresalientes. Pero pocos conseguían ser parte de la corte real demoníaca. Pocos eran los preferidos de la corona y más escasos eran los que duraban en esa posición.

La civilización en ese mundo no era tan diferente al terrenal. Existían ciertos poderes políticos y ciertas leyes que mantenían un balance necesario. El rey formaba parte principal de la estructura, luego le seguían los familiares o descendientes de sangre pura, porque su linaje era directo del mismísimo primer ángel caído; Satanás, el primero en revelarse, el primero en obtener el título del príncipe oscuro.

Siglos y siglos pasaban y aún se le seguía venerando. Pronto su nombre se convirtió en otro título para quienes asumieran el poder de los infiernos. Era por esta razón que algunos mortales seguían creyendo que el actual rey infernal seguía siendo aquella primera representación del mal supremo. Y como se sabía del actual regidor, Darzahel, al ser familiar de aquel personaje importante, asumiría el título como varios apodos. Por poner un ejemplo, "El diablo" por mencionar el más conocido entre los mortales, era como vil mente aún solían llamarle los humanos. Todo porque eran ignorantes de saber cómo estaba compuesto la dimensión de los subsuelos.

Y es que había desde duques hasta condes, capitanes de legiones demoníacas hasta consejeros, y todos eran de los varios puestos existentes en ese lugar.

Como esa criatura que todavía miraba por la ventana con expresión monótona… ella especialmente era parte de los favoritos de la corte real pues había servido fielmente al antiguo rey. Y ahora se encontraba esperando impacientemente en aquella habitación elegante, ataviada de detalles y con muebles finos. En el techo había una especia de pintura barroca y las esquinas poseían el fiel estilo de una arquitectura gótica.

Todo el castillo era así. Tan digno de la realeza infernal.

Pero ella no se entretenía con eso. Ya que siglos habían pasado para que memorizara todos los rincones de ese palacio. Exactamente, 986 años, pues eran los que poseía aquel súcubo.

Cada vez se irritaba más. No soportaba estar así, esperando a que se dignaran a atenderla siendo que era la favorita de la corte, por no decir que incluso lo fue de los tres hermanos…

Fhyria, como súcubo, fue amante de muchos demonios importantes, en los que destacan Cruxus y sus tres hijos.

Y justo ahora se encontraba en los aposentos del hermano de en medio. Esperando a que éste llegara.

Las puertas se abrieron, y por consiguiente la mujer de cabellera plateada se giró a ver de quien se trataba, pero su decepción se notó cuando vio al siervo, Ghollium.

— ¿¡Qué crees que estás haciendo aquí?! —preguntó alarmado aquel horrendo demonio mientras se acercaba a la mujer que lo observaba con fastidio.

—Espero, por supuesto. Me cansé de que el príncipe no tuviera tiempo de atenderme, así que estoy dispuesta a verle hoy—contestó Fhyria con simpleza. Pero el deforme demonio no se mostraba de igual manera.

— ¡Sucia ramera! Sabes perfectamente que no puedes entrar así sin más y menos sin el permiso del amo—exclamó con enfado, en cambio el súcubo lo ignoró acostándose en la enorme cama de la habitación.

—Letherian debería tener consideración de mí. Al parecer ya ha olvidado las incontables ocasiones de placer que le brindé. Es por ello que decidí venir por mi cuenta… para recordárselas.

Fhyria sonrió con coquetería a la vez que enredaba en su dedo índice uno de los blancos mechones de cabello. Luego se acomodó sugerentemente, de forma que Ghollium tuvo que girarse para no sentirse tentado de aquella demonio.

— ¿Sigues aferrándote a él, aún después de saber que ya te remplazó?

Fhyria frunció el ceño. Su platinada mirada se tornó de repente oscura. Sus ahora ojos negros mostraban la furia que ese comentario le había provocado.

— ¿Reemplazarme? No me hagas reír —dijo gravemente, a la vez que sonreía con sarcasmo—, ¿qué te hace pensarlo, lo dices por esa inútil humana? Todos saben que se terminará aburriendo de ella y la desechará como siempre hace.

—Ah, y sin embargo, no lo ha hecho. Han pasado seis años y ella sigue compartiendo el lecho con el joven príncipe. Debo comentar que incluso a mí me sorprende, siendo que es usual en él que a las mortales las olvidé.

—Seis años no son nada, son un pestañear para nosotros…—comentó con burla—Además, no es que pueda deshacerse de ella todavía. Por lo que sé, el pacto que hicieron no se ha cumplido del todo. Así que a mi querido Letherían no le queda de otra más que soportarla.

— ¿Esas son las palabras que constantemente te repites para hacerte sentir bien contigo misma? Das pena, Fhyria—luego de esto, Ghollium rio a carcajada limpia. En cambio, ella solo lo fulminó con la mirada que se hacía cada vez más oscura.

— ¡Calla asqueroso desperdicio! No deberías hablarme de esa manera. Nadie, absolutamente nadie puede reemplazarme, ¿o es qué ya te has olvidado de lo que sucedió con Merethis? Aquella estúpida reina incompetente no logró satisfacer a Cruxus.

—Oh, pero, ¿no fue ella la que engendró a tres de sus hijos?, ¿los mismos con los que te has llegado a acostar incontables veces en el pasado para que te tomen en cuenta? Solo eres útil con tu cuerpo y talentos en la cama. Por eso Cruxus no veía en ti a una reina. Te falta la inteligencia para alcanzar ese puesto, incluso alcanzarla a ella.

—Merethis era una traidora, como su hijo Hereoth lo fue. ¿Y aún con eso te atreves a defenderla e insultarme de esa manera?

—No defiendo a la antigua reina, pero tampoco me abstengo de decirte lo que eres y te falta ser.

—Ghollium, sabes que no me costaría para nada el matarte. Pero por respeto a nuestro rey y príncipe, no lo haré. Si has terminado de quitarme el tiempo, retírate, que pronto llegará Letherian y como lo has dicho, no le apetece encontrar a alguien indeseado, en especial a un adefesio como tú en sus aposentos.

El pequeño demonio la miró divertido. Sonrió con suficiencia y le dedicó un gesto de superioridad.

—No creo que tampoco le apetezca encontrar a una simple puta acostada en su cama. Y para tu saber, él mismo me ha ordenado venir para tomar un presente que le tiene preparado y que le dará a esa muchacha. Como sabrás, la consiente tanto, muchos pensarían que la está preparando para hacerla su compañera…

Fhyria torció sus labios en una mueca de enojo.

— ¡¿Su compañera!? ¿¡De dónde sacas semejante idiotez?! ¡Es Letherían, el demonio más perverso de los cinco infiernos! Él no tiene tiempo para pensar en eso. Como sabrás él compite por el trono. Primero tendría que matar a Darzahel para ocuparse de conseguir a una reina, pero como es, dudo que quiera tal unión. Además de que Darzahel tampoco se ha ocupado de buscar una.

Ghollium la miró inexpresivo.

Por supuesto que Darzahel aún no estaba interesado, era demasiado joven a comparación de otros demonios que le llevaban milenios. El rey solo tenía siete siglos, era una edad muy temprana para que se uniera a una demonio, pero también lo era para que fuera rey… y aun así había resultado ser todo un prodigio.

—Ya veo, como tampoco tienes éxito con nuestro líder, tu segunda opción es su hermano. Por eso esperas que Letherian venza a Darzahel, o bien esperas que nuestro señor te haga caso, cualquiera de las dos opciones no te interesa demasiado porque tu deseo es ser reina y no importa de quien.

—Darzahel es un gran partido—dijo descaradamente a la vez que sentaba en la orilla de la cama—. Es poderoso, sanguinario, tiene el porte de un soberano infernal, es descendiente directo del primer revelado… sin contar su encanto, su atractivo y su excelente habilidad como amante. Definitivamente es mejor que su padre en todos los aspectos. Difícilmente podría ser igualado, y mucho menos superado.

—Y sin embargo, él también cuenta con otro entretenimiento…

—Sí, entretenimiento. Uno barato. Una mujer que todavía es más inferior a mí. Una despreciable humana a la que mantiene encerrada en lo más recóndito de su mente—soltó con recelo—. A diferencia de Letherian, quien le dio cuerpo y figura a la suya, Darzahel mantiene a esa chiquilla en una dimensión diferente. Otro mundo en el que ninguno de nosotros puede acceder más que él.

— ¿Cómo es que sabes tanto? —cuestionó el demonio, impresionado de que esa mujer supiera de eso.

—Porque lo he visto. He sido testigo de cómo Darzahel se ausenta y entra en un trance profundo, como en un sueño. Es cuando sé que está con esa zorrita.

—Oh, ¿celosa de una mortal? No, espera, son dos de las que estás celosa. Ellas tienen lo que tú no.

—No les durará mucho el gusto. No puede haber más de un hijo para el trono, tarde o temprano Letherian o Darzahel terminarán por enfrentarse, y solo uno quedará. Yo me aseguraré de estar con el más fuerte. ¿Una asquerosa mortal como compañera? Mis majestades son demasiado para ellas. Y cuando menos se lo esperen serán olvidadas en el segundo infierno, o peor aún, el tercero…

Inanís, el tercer infierno, conocido como La Nada, aquel que se perdiera en esa dimensión jamás regresaría, jamás encontraría una salida. Muchos eran lanzados ahí como castigo y varias almas que se perdieron a causa de querer escapar, encontraron su fin en ese sitio.

Ghollium se quedó en silencio. Decidió ignorar a Fhyria y recogió la caja que contenía el obsequio. Nada tenía que ver con esa mujer, no quería tener problemas así que no quiso retrasarse más.

—Deberías desistir e irte, Fhyria—dijo con calma al mismo tiempo que se dirigía a la puerta para salir de la habitación—. Si te encuentran aquí, no te gustará. Ya sea porque enfrentarás la ira del amo o porque lo verás con aquella mortal que tanto detestas… quizá sean ambas.

Y antes de que el súcubo volviera a replicar, Ghollium ya se había marchado con el pequeño cofre negro.

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—Amo Letherian.

El llamado de aquella criatura me provocó pudor. No pude evitar agarrar un cojín, que era lo más cercano para cubrir mi desnudez. Sabía que mi acción provocaba su enfado, pero seguía sin acostumbrarme del todo. Era ridículo, y aún así solía conservar mis modos a pesar del tiempo que había pasado.

Por eso, rápidamente cubrí mi pecho y por acto reflejo cerré las piernas, causando que él frunciera su ceño. Se separó de mí, mirándome con severidad.

—Adelante—respondió mi demonio con voz gutural, sin quitarme su mirada de encima. Quise seguir con mi insistencia de cerrar las piernas, pero él no me lo permitió ya que posicionó una de sus rodillas para evitarlo. Lo miré con un leve sonrojo—. Te gusta desobedecerme, linda…

Un escalofrío recorrió mi espina dorsal. No me gustaba hacerlo enojar, pues cuando lo hacía me castigaba.

—Amo, aquí está lo que me pidió…—sabía que aquel demonio de nombre ghollium no podía mirar a los ojos a sus señores. Tampoco le estaba permitido mirarme directamente, mucho menos podía atreverse a levantar su vista y verme tan expuesta. A pesar de que para él era algo normal, Letherian prohibió que ese y otros sirvientes me observaran.

Letherian era tan posesivo.

—Déjalo y lárgate—fue lo único que ordenó. Seguía sin quitar sus verdes ojos de los míos. Por lo que yo solo mantenía mi vista desviada de la suya. Me empezaba a poner nerviosa.

Ghollium hizo caso del mandato, y cuando menos lo imaginé ya no había nadie en aquella estancia.

Estábamos en una especie de oficina personal. Era muy extensa, había demasiados libros antiguos en las repisas y un escritorio se encontraba al final. Todo parecía elegante, hasta el amplio sillón en el que ahora mismo nos encontrábamos era lujoso.

— ¿Por qué te detienes? —Me preguntó con seriedad— Sabes que tienes prohibido contenerte.

No respondí. Seguía cabizbaja a lo que él me sujetó con firmeza del mentón para encararlo.

—Si yo te pido que pares, lo harás. Pero no di tal orden…—rozó con su dedo pulgar mi labio inferior, aquel toque volvía a provocarme de mil formas inimaginables—, gemías tan dulcemente hace unos momentos. Gozabas del placer que te brindaba mi lengua, pero decidiste negarme el acceso a tu hermosa intimidad por eso que llamas "vergüenza"… ¿es que te avergüenza el hecho de que te controle y otros lo sepan?

Negué rápidamente mientras lo miraba fijamente. Entonces aferró su agarre y con sus garras presionó mis mejillas, provocándome un quejido. Si presionaba más fuerte temía que me enterrara una de sus largas uñas en mi piel.

—Entonces no quiero que vuelva a suceder—luego se detuvo y me dedicó una sonrisa ladina—. Si quisiera que los siervos te vieran, haría que todos estuvieran presentes desde el principio para que observaran con detalle cómo te hago mía… pero ni siquiera tienen permitido fijar sus ojos en ti, apenas y acepto que te escuchen para que agonicen de la envidia porque soy yo el que te vuelve loca de regodeo.

Se acercó hasta a mí para quedar a mi altura, luego besó mis hombros desnudos y lamió con su pecaminosa lengua el recorrido de mi cuello hasta mi oído izquierdo.

—Me pertences, Bellota. Eres mi esclava y yo soy tu dueño—me susurró a la vez que besaba el lóbulo de mi oreja. Luego sopló seductoramente, eso me hizo soltar un suspiro y el rió roncamente complacido—. Desde que llegaste a mi hogar, muchos han querido poseerte. Pero eres la concubina del príncipe infernal. Tu deber es complacerme en todo, lo sabes, ¿verdad, preciosa?

—Si… mi señor—luego me besó en un arrebato. Era apasionado y lascivo en toda la palabra. Siempre conseguía perderme, inducirme más y más a la decadencia. Me provocaba para que olvidara todo mi comportamiento decente. Sentía como mis valores se apagaban, ya no era tan difícil hacerme ceder. Al principio era temerosa, le tenía miedo.

Pero ahora más que miedo sentía deseo. Quería que volviera a poseerme, a pesar de que eran incontables las veces que lo había hecho desde que me brindó forma.

Al morir, mi alma fue absorbida por él y caí en un profundo abismo. Durante días o largos lapsos de tiempo, nunca estuve segura, pareciera que me quedaría atrapada en la oscuridad. Estuve en un largo sueño cuando mi amado Butch, como a veces me gustaba decirle, me asesinó y después despertó.

Cuando abrí mis ojos me encontré con el demonio pelinegro. Para entonces ya estaba en su lugar de origen, en el infierno.

Entonces creí que mi castigo sería horrendo a partir de ese momento. Pero me sorprendí cuando descubrí que eso no sería así. He sido la amante del príncipe desde entonces. Ha corrompido mi nuevo cuerpo una y otra vez cada que le entraba en gana.

Mi aspecto no era tan diferente. Pareciera que aún poseía mis rasgos humanos. Mi cabellera corta y azabache, mis ojos verdes esmeralda… y las facciones de mi rostro y cuerpo parecían ser los mismos. Pero sabía que todo era distinto.

Mi cuerpo de carne y hueso murió aquel día. Fue magullado y cortado, fue desangrado y violado. Esta nueva figura era más sana, se veía en buenas condiciones a pesar de que en algunas ocasiones a mi demonio le gustase maltratarlo un poco en los castigos o en los juegos perversos a los que me inducía.

Sin embargo, sanaba rápido. Era increíble como un rasguño podía borrarse en segundos, pero eso no quería decir que no me doliera…

Era la muñeca de esa criatura y mi retorcida mente estaba agradecida con eso. Estaba bajo la influencia de ese poderoso ser ya que todos mis pensamientos eran para él y solo para él. Controlada como un títere, él hacia conmigo lo que deseaba y yo se lo permitía porque no tenía otra opción.

Le gustaba mantenerme a su lado. En ocasiones me sentaba en sus piernas importándole un bledo si estaba frente a un montón de demonios, seguidores que eran parte de las legiones que controlaba. Luego acariciaba descaradamente mis piernas o mi cabello, mientras hablaba con los demás de lo que parecía ser asuntos de estado.

Era peculiar como algunas cosas podrían parecerse a las actividades humanas. Me recordaba cuando padre decía un discurso frente a los aristócratas que lo visitaban por negocios.

En el Berphestos manejaban esos negocios de forma similar, pero los asuntos eran diferentes. Había un orden político y Butch manejaba a sus legiones con maestría. Aunque no comprendiera del todo las leyes, tenía en cuenta que existía una sociedad ahí. Había familias, rangos y reglas. Era como en el mundo de los humanos, solo que esto era parecía ser más serio.

Butch era un príncipe y se comportaba como tal. Se sentaba en su lugar correspondiente y atendía los problemas que le involucraban. En ocasiones me pedía acompañarle, y como un perrito faldero le seguía.

¿Tan bajo había caído?

Sí. Y mucho. No dejaba de reprochármelo a mí misma.

¿Pero qué podía hacer?

Nada. Estaba muerta. Era una prisionera.

Constantemente era sometida a los caprichos de la criatura que ahora jugaba perversamente con mi cuerpo. Me encontraba en estos precisos momentos siguiendo sus órdenes y reaccionando antes sus caricias.

¿Cuánto es el tiempo que realmente había pasado ya? No lo sabía, pareciera que son siglos eternos y a la vez horas desde que llegué a esta condición.

Seguía haciéndome las mismas preguntas cada vez que podía y no estaba siendo controlada por mi demonio.

¿Qué pasó con el pueblo? ¿Qué paso con mi padre? ¿Qué pasó con mis hermanas, estarán muertas como lo estoy ahora?, ¿estarán pasando por lo mismo que yo, complaciendo a sus demonios?, ¿o acaso solo seré yo la que sufre y goza de la desafortunada carga que llevo ahora?, ¿Ian seguirá con vida, o también está muerto?

A pesar de que siempre pensaba en todo ello, solo una vez me atrevía a cuestionar a Butch, a Letherian. Pero nunca obtuve respuesta, solo se limitaba a observarme fríamente y se quedaba en silencio.

"¿Por qué no me contestas?" fue lo que pregunté la primera vez y a causa de eso obtuve una fuerte bofetada.

"Nadie se atreve a exigirme más de lo que yo les doy. Si consigues de mí el silencio, es porque será lo único que tendrás." Con esas crueles y severas palabras se había dirigido a mí una vez que caí al suelo por el golpe. Después de eso se retiró de la habitación y me dejó sola mucho tiempo.

Cuando regresó conmigo me poseyó salvajemente, sin decirme ni una palabra. Temía volver a enfrentar la oscura mirada de sus ojos si volvía a preguntar, por lo que esa vez me quedé callada y me quedé con la duda carcomiéndome desde entonces.

Hoy en día sigo igual. Sin saber mucho de lo que fue de mi familia. Y solo obedezco órdenes.

Me sentía sucia, en otras circunstancias hubiera sentido asco de mí por dejar que me pisoteara de ese modo. Incluso mi vestimenta era la de una mujer sin decoro y portaba unas cadenas en mis tobillos que se hacían visibles cada vez que me alejaba de los lugares que solo se me tenían permitidos estar y vagar.

Más allá de los límites se encontraba las afueras de su palacio. Yo no había salido nunca de sus pasillos y solo miraba al exterior. El paisaje había sido abrumador, todo era tétrico y a la vez magistral. Era una ciudad al rededor del castillo, y ahí sus habitantes realizaban tareas que para los humanos solían resultar similares.

Por lo poco que sabía, al norte, repasando los límites del territorio de Letherian, se encontraba la capital. Ahí vivía su hermano Darzahel, el falso humano Brick. Jamás en toda mi estadía lo había vuelto a ver desde la masacre del pueblo, pero a veces deseaba que mi hermana Bombón estuviera bien a pesar de nuestra condición.

¿Estaría con cadenas como lo estaba yo?

Por otra parte me preocupaba mi hermana menor a la que no volví a ver desde su secuestro. Boomer, se la llevó, y la mataría seguramente pero poco había escuchado oír del otro demonio. Era inusual, pues escuchaba hablar bastante del hermano mayor de Butch…

Pero ni una sola palabra del menor.

Recuerdo entonces que en una ocasión que me encontraba sola, le pregunté al siervo más fiel de la corona, a Ghollium. A veces pasa por el palacio de Letherian para servirlo, pero su lugar está más en la capital.

Sin embargo, esa vez lo encontré solo y mi impulso a cuestionarle fue muy grande.

¿Dónde estaba el tercer príncipe, por qué no se escuchaba de él? Saber de él me haría saber al mismo tiempo de Burbuja, o eso quería creer. Pero la reacción del pequeño ser me desconcertó por completo, su titubeo hizo que pudiera detectar su nerviosismo. Todo el tiempo mantuvo su mirada en los suelos porque, como dije antes, tenía prohibido mirarme a la cara.

Lo siguiente que me respondió fue inentendible, en otra lengua, en su lengua demoníaca. Pero aún recuerdo algunas palabras que fueron dichas con un deje de desprecio…

"Bahamet erenthe"

"Yrthem"

Luego se rio y me pasó de largo. Contestó de una manera en la que no tuviera problemas, pues deduje que tenían prohibido hablar de lo que sea que yo no debía saber, y por ello contestó con burla en otro idioma sabiendo que yo no lo comprendería.

Quizá solo me había insultado, o realmente me había dicho algo útil pero lo que sea que fuese yo no podía ignorarlo. Quería descubrir lo que significaba, pero preguntarle a Letherian sería peligroso, me maltrataría y despreciaría si me atrevía a preguntar algo que no debía, como aquello.

Tenía que ser inteligente.

Tenía que aprender a "vivir" en este mundo.

Porque…

¿Qué secretos eran los que debía descubrir ahora?

.

.

.


1ero de febrero de 1724.

.

La noche era inquietante. Entre toda la inmensa oscuridad reinaba el silencio que ahora moraba en medio del bosque, justo donde estaba la tienda que habíamos montado horas antes. El sonido de las hojas moverse a causa de la fresca brisa era lo único que se presenciaba, ni siquiera el ruido de los insectos o incluso el de las respiraciones de los animales que se encontraban alrededor se escuchaban. Todo era calma, una calma que me provocaba inestabilidad y hacía que me mantuviera alerta en todo momento.

Se había convertido en una costumbre. Siempre procuraba hacer vigilancias nocturnas aun si el sueño se estuviera apoderando de mí, y es que era más la necesidad de asegurarme de que todos estuviéramos seguros, pues sucedía que estábamos en constante peligro cada vez que viajábamos.

Todos dormían plácidamente, algunos se habían quedado en sus lugares esparcidos por todo el pequeño campamento, alrededor de una fogata en la que aún salía una estela leve de humo, señal de que no hacía mucho tiempo de que ésta se hubiera apagado.

Hacía un poco de frío, todavía sería otro mes de invierno pero ya estaba en los últimos días helados. Con suerte llegaríamos a la aldea en dos días, y pasaríamos ahí la primavera como ya acostumbrábamos hacer. Era importante que nos levantáramos temprano en la mañana si queríamos regresar cuanto antes.

Miré cautelosamente a mis compañeros. Curiosamente no había ronquidos de ninguno por lo que asumí que no estaban en un sueño tan profundo. Al igual que yo, ellos procuraban estar pendientes de cualquier movimiento que causara problemas, no por nada merecían ser llamados cazadores.

Cazadores de bestias, de seres malévolos, de demonios.

Era increíble cómo es que todo había ocurrido. Seguía haciendo demasiadas preguntas, pero poco a poco conseguía acercarme a los secretos que estas personas ocultaban.

Seis años habían pasado. Seis de los cuales aprendí muchas cosas de las que nunca me imaginé que llegaría a saber. Por eso era que ahora mantenía mi mente despejada, necesitaba ser audaz, más inteligente, más fuerte para acabar con las alimañas que solían perseguirnos. Se me había concebido una segunda oportunidad en cuanto logré escapar con vida de aquel pueblo, y ahora estaba en constante entrenamiento para no volver a cometer los mismos errores.

El recuerdo de aquel fatídico día aún me perseguía. Lo llevaba a todas partes que fuera, me seguía como su presa para atormentarme, vencerme y hacerme ceder por mi incompetencia de aquellos tiempos. Pero muchas veces me repetía que todo lo que había ocurrido no era culpa mía. Sin embargo, sentía un rencor aún vivo que me impulsaba a seguir con todo.

Y era por ello que podía mantenerme en pie aun en medio de la nada a pesar de haber trabajado duro durante toda la mañana.

Seguía en mi trance, pensando en mucho y a la vez en nada. Había podido continuar así pero un ruido me sacó de la ensoñación, por lo que me apresuré a sujetar el mango de mi espada e ir hacía el origen de lo que parecía una exaltada respiración.

Entré a la tienda, con cautela me apresuré hacía la figura que yacía levantada y que seguía respirando con violencia. A pesar de la oscuridad, pude distinguir la silueta femenina que intentaba relajarse.

— ¿Te encuentras bien?…—llamé en forma de susurro. Luego me acerqué hacía donde estaba el montón de cobijas que le servían como cama.

—Lo siento, te he despertado otra vez…—dijo con tranquilidad mientras se pasaba la palma de la mano por su sudorosa frente.

—No estaba durmiendo—contesté a lo que ella me miró fijamente. Sus ojos azules se posaban con detenimiento en los míos.

—Como siempre—escuché que decía—. Siempre haces lo mismo, ¿por qué no duermes?

Me dirigió una sonrisa y pasó su mano por mi mejilla. Con ternura revolvió los mechones de cabellos que caían por mi frente, destapando mi rostro.

—No puedo hacerlo. Ya lo sabes, pero eso no importa… dime, ¿estás bien? —sabía que había vuelto a tener una pesadilla. Iban seis noches seguidas en las que despertaba en la madrugada.

—Si—respondió con delicadeza—. La misma pesadilla, así que no es nada grave.

Mentía. Lo sabía perfectamente.

—No podemos ignorar ese sueño, la bruja anciana dijo…

—Minerva, la sabia hechicera de la aldea se llama Minerva—me interrumpió. Supe que eso era más como un leve regaño que un recordatorio porque ella defendía mucho a esa mujer. Yo por otra parte solo asentí sin tomar importancia de cómo debía dirigirme a ella. Nunca me agradó del todo esa señora…

—Da igual, sabes lo que te dijo. Últimamente has estado teniendo el mismo sueño en tiempos cortos. Lo cual hacía mucho no te ocurría. Debemos descifrar lo que significa.

—No es nada—contestó con paciencia, luego se acomodó entre las cobijas para cubrirse del leve frio que se colaba por la entrada de la tienda. No me había percatado que la temperatura disminuía cada vez más—. No tienes por qué preocuparte tanto, mis sueños son meros recuerdos, fragmentos del pasado. Recuerda que mis premoniciones dejaron de presentarse cuando murió lo que causaba mis pesadillas…

Se refería a ese demonio… Hereoth, el tercer príncipe asesinado a manos de su propio hermano; Letherian.

Ella dejó de nombrarlo. No le gustaba hablar de él porque pronunciar su nombre la hacía sentirse incomoda, o eso solía decirle a todos. Pero yo sabía que eso no era verdad, nuevamente ella mentía para ocultar lo que realmente sentía cada vez que recordaba a ese demonio.

Sufría. Sufría demasiado al hablar o escuchar de él. Por eso estaba prohibido cuestionarla acerca de su pasado, acerca del que alguna vez se llamó Boomer.

—Todos queremos protegerte—dije y guardó silencio unos segundos. El ambiente se había vuelto un poco tenso hasta que finalmente me contestó.

—Lo sé—dijo secamente—. Y todos mueren por intentarlo.

—…—no pude decirle nada, solo me limité a observarla. Desvié mi mirada mientras me mantenía de brazos cruzados. No era momento de discutir, así que decidí dejarla descansar no sin antes decir lo que pensaba—. Cada día estamos expuestos a morir, es esa la vida de un cazador… Es esa la vida que has escogido para ti también.

Luego de eso se dio la vuelta, dándome la espalda. Escuché como soltaba una risa algo forzada.

—Tienes razón. Somos cazadores. Somos imprudentes.

—Somos suicidas—contesté con gracia, siguiendo su juego. Ambos reímos, ya sea por liberar tensión o porque en verdad sentíamos esa pizca de diversión en lo que habíamos dicho. Cuando terminamos, la miré para asegurarme de que estuviera estable y me dirigí a la salida de la tienda, haciendo de lado la lona que servía como puerta—. Sigue durmiendo, en unas horas tendremos que partir.

Dicho eso, cuando estaba dispuesto a irme la escuché decir:

—Buenas noches… pequeño Ian.

Sonreí levemente…

—Descansa, Burbuja.

.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.

Mi nombre es Ian.

Primer y único hijo de los cazadores Basthian "el sádico" y Dayreen "la prodigio". Segundo nieto del gran Edmond, antiguo jefe de la aldea de cazadores del Este, una de las cinco importantes bases secretas donde aún residen ciertos grupos de gentes entrenadas para matar a las amenazas con las que el mundo se enfrenta.

Orgullosamente también soy descendiente del fundador de las cinco bases; Baront, un hombre que se encargó de unir a todos los cazadores del mundo desde el siglo XV.

Tengo dieciocho años, nací el 23 de enero de 1706 en el pueblo San La Rouge, pueblo ahora muerto y borrado del mapa. Soy uno de los cuatro sobrevivientes de lo que posteriormente fue llamado "El diluvio negro".

Crecí con mis padres hasta que éstos fueron asesinados por lo que ahora cazo. Después de eso viví en la mansión Utonio junto con mi abuelo hasta que éste también fue asesinado por demonios. Creí ser el último cazador hasta que supe de la existencia de la aldea a la que escapamos, dirigidos hasta ahí por la que siempre fue mi prima, más nunca se me dijo nada al respecto a pesar de que mi abuelo siempre lo supo.

Gina, única hija del cazador Alec y su esposa la sanadora Eryx. Alec era hermano de mi madre, y fue condenado a morir en la horca por ser acusado falsamente de matar a su propia mujer y por la desaparición de su hija que contaba con catorce años en aquel entonces.

Más tarde, mi prima sería acogida por mi abuelo después de estar desaparecida tres años. Su familia al igual que la mía fue atacada por demonios y ella había logrado escapar.

Mi abuelo me había dicho que era el último cazador que quedaba, pero no fue así. Sin embargo, no puedo culparle por el hecho de haberme mentido, ya que ni siquiera él sabía que aún había más de nosotros que estaban vivos y escondidos.

Pero, ¿cuál había sido la causa por la que mi abuelo creyera lo contrario?

Supe después, que mi abuelo ya se había ido de la aldea del Este para cuando ésta fue atacada. No volvió a tener contacto con ningún cazador y asumió lo que debió ser lo más obvio en aquellos instantes.

Los cazadores no tienen altas expectativas de vida. Mueren jóvenes y cada día, mueren familias que son acosadas por las bestias que quieren extinguirnos. Gina y yo somos la prueba de ello, y había sido por eso mismo que mi abuelo y mi prima decidieron ocultármelo.

No era recomendable para Gina que se le encontrara parentesco conmigo. Lo único que quería Edmond era protegerla de su deber como cazadora pues ésta ya había sufrido bastante. Supe que intentó hacer lo mismo conmigo, pero fue demasiado tarde cuando se dio cuenta de que yo tendría contacto con esos seres nuevamente.

Era inútil. Al nacer de una familia guerrera, tu destino era morir siguiendo esos pasos, ese legado. Las criaturas del infierno eran astutas, sabían detectarnos. Por eso, aunque decidieras ser un simple herrero o dedicarte a otro oficio tranquilo, esos monstruos te buscaban para asesinarte…

Pagabas por los pecados o hazañas de tus ancestros.

Muchos negaban formar familias, para ahorrarse las pérdidas y dolor aunque murieran solos. Y era por eso que cada vez más éramos pocos…

¿Quién diría que yo formaría parte de ese número tan reducido?

Cinco días antes de que cumpliera doce años, el pueblo en el que vivía fue envuelto por esencias perversas. Así logramos huir gracias a una barca que contaba con las suficientes provisiones para sobrevivir al viaje. Dos semanas después llegamos a la isla en donde se nos acogió con amabilidad y cuidado.

Theo, el actual jefe de la isla del Este quien fue un buen amigo de mi abuelo, nos ayudaría a mantenernos ocultos durante un tiempo. Luego tendríamos que realizar viajes para despistar a las criaturas que aún hoy en día nos siguen.

Ningún lugar es seguro.

Partimos ciertas temporadas y viajamos a diferentes puntos con tal de no exponer a las aldeas que siguen en pie. Los demonios del Phoena nos rastrean, pues exigen a Burbuja, la única heredera Utonio que falta para el cumplimiento del pacto. Un tratado que su bisabuelo firmó con los tres poderosos y temibles demonios de sangre pura.

Hereoth… Letherian… y Darzahel.

Éste último convirtiéndose en el nuevo rey del Berphestos.

Con la muerte del tercero, aquel cuyo nombre humano fue Boomer, el alma de Burbuja quedaría salvada… temporalmente. Sin las tres almas, el pacto estará incompleto. Hereoth era el único que podía poseer a Burbuja, pero tras ser asesinado por Letherian el pacto se vería parado.

Creímos estar bien con ello, creímos que no nos molestarían una vez que Hereoth desapareciera… pero nos equivocamos.

Aún nos persiguen. Siguen queriendo el alma de Burbuja porque han encontrado una solución para sellar definitivamente el trato.

No tenemos idea de cómo lo conseguirán. No sabemos lo que ellos están tramando. Pero de algo si estamos seguros, tarde o temprano nos volveremos a encontrar con ellos…

Y cuando eso suceda, esta vez me aseguraré de acabarlos.

Porque deseamos venganza.

Burbuja se ha entrenado junto conmigo. Desde la muerte de sus hermanas juró que las vengaría, juró convertirse en alguien fuerte para acabar con el mal que siempre perturbó a su familia.

Y yo me prometí ayudarle, todo por ella, por Bombón y por Bellota…

Aunque eso me cueste la vida, con gusto moriría luchando como es mi deber porque la sangre de cazador corre por mis venas y como descendiente del afamado Edmond y el temido Basthian, seré yo quien ponga fin al reinado del cruel y nuevo líder.

Esta vez no habrá errores.

Esta vez… Letherian, Darzahel…

Los mataré.

.

.

.


Hola :D

Atención a lo que voy a decirles porque necesito que me presten parte de su tiempo a lo que he planeado hacer…

Haré una votación. Una encuesta que ahora en estos precisos momentos está colgada en mi perfil en la parte superior. Ahí, escogerán tres de las diez opciones que les doy. Porque, queridos lectores míos, he decidido hacer una especie de tributo por el motivo de que vamos a la mitad del camino con esta historia.

La cosa va así:

Escogí diez escenas de todo lo que llevo del fanfic. Las que consideré más importantes o sobresalientes, y ustedes votarán por tres de sus opciones preferidas. Las tres opciones que reciban más votos serán las escenas que dibujaré y subiré a mi cuenta de DeviantART.

Es por ello que he estado poniendo desde entonces la famosa pregunta de: ¿Cuál fue tu parte favorita?

¿Ya lo captan? xD

Por otra parte, espero que les haya agradado este capítulo. Como verán, no me he deshecho de las dos chicas, las seguiré usando como se habrán dado cuenta. Así que no todo está perdido. Otra cosa, les quiero advertir que si odiaron a Anthony… no sé qué tanto desprecio le dedicarán a Fhyria (¿Recuerdan cómo algunos le hicieron el feo a Gina cuando apareció? Bueno, esta bitch de súcubo será MIL veces peor).

Muchas sorpresas les esperan, se los aseguro. Así que les pido su gran y muy querido apoyo.

Quiero agradecer a cada uno de los que se toman la molestia de leerme y comentarme. A los que me ponen de alerta y favoritos. Les aprecio así aún sin conocerles.

Pasemos pues a los agradecimientos especiales :3

CallMeEverdeen

Lia-sennenko

Asdesirad

Breathingforsomething

Shinku kitsune

Anonima-Traumada

Jolus

Azur Hartzler

xXCoralineXx: ¡Gracias por el apoyo! Me alegro que a pesar de eso quieras seguir leyendo. Tú sabes, quizá pierda lectores por ello. Pero tuve que hacerlo, en serio. nos estamos leyendo.

PAULA: Hola :D. Pues sí y no. Creo que aquí se ha comprobado que el matar a unos personajes era más para el drama, jaja. Así que dudo que la historia se torne menos interesante para los que aman a los verdes y los rojos :3. En fin, espero te haya agradado el capítulo, nos leemos.

Fr13nd5: Si te reconozco xD, me alegra verte por estos lares. Y si, su muerte fue la menos esperada, pero creo que esta actualización hizo que se levanten los ánimos, o eso espero jajaja, como sea, nos estamos leyendo :D.

andrea: Ouw, me halagas :3. Y bueno, espero haberte sorprendido con esta actualización. Como lo viste, ellas no dejarán de tomar importancia en la historia. Vamos, no pude hacer eso, sería imperdonable el que las dejara votadas y olvidadas jaja. ¡Gracias por leer y comentar, nos leemos pronto!

Dumah Djim

BrickxBloss-Reds

robbierdl: Y yo amo que ames eso, por lo tanto yo también te amo a ti por ello :D. Espero que esta actualización te haya agradado, nos estamos leyendo ;).

eloymata9965

gnessie07

A los demás les estoy respondiendo por MP. Y bueno, yo me retiro por el momento. Les recuerdo que para lo que sea que se les ofrezca pueden hablarme con confianza por aquí, o bien está mi Ask para cualquier duda.

Espero sus bellos reviews en donde me dirán sobre qué opinan de este nuevo giro que dio la historia. Todo es aceptado.

Nos leemos pronto, quizá hasta el próximo año xD. Así que, felices fiestas a todos. Les deseo una excelente navidad y un año nuevo.

Los quiere:

Lady of the Death