Sé que os debo muchas disculpas pero no creo que os interese escucharlas. Mi vida anda en medio de un torbellino y me cuesta trabajo encontrar la inspiración y el tiempo necesario para escribir. De todas formas aquí estoy trayendo un nuevo capítulo más largo para compensar la espera.
Siento mucho no haber contestado los reviews pero creí oportuno que era más importante escribir este capítulo antes que pararme a responderles. No tengo mucho tiempo para escribir mucho más pero quería daros infinitas gracias por vuestra paciencia, por vuestros reviews y por seguir ahí a pesar de todo. Os lo agradezco de todo corazón.
No me entretengo más y aquí os dejo el capítulo para que lo disfrutéis. Espero que os guste.
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Disclaimer: Todo lo que reconozcáis pertenece a J.K.
Draco sentía como el pergamino se arrugaba bajo la presión de sus dedos.
No le hacía falta volver a leer la carta puesto que ya se sabía las palabras de memoria.
Mañana irás a ver a tus padres.
Esas palabras resonaban en su cabeza como disco rayado. Sabía que ese momento iba a llegar porque el viejo de Dumbledore ya se lo había dicho pero su subconsciente había bloqueado esa idea porque no le agradaba en absoluto.
Enfrentarse a sus padres significaba demasiadas cosas que no estaba seguro de querer enfrentar en ese momento, no cuando acaba de comenzar a cerrar las heridas abiertas entre Hermione y él.
Al poco tiempo la chica llegó a la torre y solo con mirar a Draco y su postura tensa supo que algo había sucedido.
—Draco, ¿qué ocurre? —le preguntó acercándose a él con preocupación.
El chico se giró hacia ella y la miró y con ello Hermione confirmó sus sospechas.
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Ya hacía tiempo que la sala común de Gryffindor había quedado vacía salvo por Harry y Ron que aún permanecían junto a la chimenea del lugar.
—Harry, voy a irme a dormir ya. Estoy muerto —se quejó Ron mientras se dejaba caer en el respaldar del sillón—. Esta redacción es interminable.
El aludido paró su frenética escritura y se masajeó el puente de la nariz. Llevaban casi toda la tarde enfrascados en aquella redacción de Historia, la única pausa que habían hecho era para cenar. Ambos sabían que aquello les sucedía por dejar las cosas a última hora y ahora se veían así de estresados si querían disfrutar de su tarde en Hogsmeade al día siguiente. Harry sabía que aquello no les hubiese sucedido si Hermione hubiese estado tras ellos azuzándolos para que llevaran sus deberes al día. Una pequeña punzada de nostalgia invadió a Harry tras ese pensamiento e inconscientemente dirigió la mirada hacia su amigo. Ron se encontrada rezagado en su asiento con la mirada perdida en sus pergaminos y el chico tuvo la intuición de que el pelirrojo estaba pensando lo mismo.
—Vayámonos a dormir, Ron —le concedió Harry—. Ya mañana nos levantaremos temprano y terminaremos lo que nos queda.
El chico asintió en medio de un bostezo y ambos se pusieron a recoger todo el material que tenían desperdigado sobre la mesa. Pero antes de dirigirse hacia la habitación que compartían, un repicoteo en la ventana llamó su atención.
Por encontrarse más cerca, Harry se acercó y dejó pasar el ave de color gris que se posó en el alfeizar y estiró su fina pata para que el muchacho la librara de su carga. En cuanto se vio desprovista de ella, la lechuza volvió a emprender el vuelo y desapareció en la oscuridad de la noche.
Extrañado, el moreno desenroscó un pequeño pergamino y leyó el mensaje.
Potter, necesito que mañana te dirijas a la zona norte de Hogsmeade, justo donde acaba el pueblo. Es necesario que hablemos. Trae a Weasley contigo. Es muy importante.
Callahan
La carta era escueta y no contenía ninguna información acerca de eso tan importante que Callahan quería tratar con ellos.
—¿Qué querrá ese idiota? —preguntó Ron.
Harry releyó una vez más la carta.
—No tengo la menor idea, pero dice que es importante.
—Debe serlo si se ha puesto en contacto con nosotros, ¿no? —expuso el pelirrojo— Pero no me fío, Harry, ¿y si es una trampa?
—Pero, ¿y si de verdad es importante y nos interesa saberlo?
Ambos amigos se miraron sin saber muy bien qué hacer.
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—Draco, debo irme… ¿Seguro que estarás bien? Si quieres que me quede solo tienes que pedírmelo.
El chico se encontraba frente a la chimenea de su sala común con ambas manos unidas en su espalda. Desde que recibió la nota de Dumbledore avisándole de que aquella misma tarde iría a ver a sus padres un fuerte nudo se había instalado en su pecho. Hermione había notado el cambio brusco que se había producido en él y la preocupación se había adueñado de ella. No quería dejarlo solo.
—Es algo que debo hacer a solas, Hermione — le respondió sin girarse hacia ella —Vete a Hogsmeade, te vendrá bien despejarte.
La chica entendía que aquello era algo que él debía hacer por sí mismo y sin la ayuda de nadie. Era un tema muy personal y entendía ese recelo que el chico poseía a hablar sobre ello.
—De acuerdo, me iré — aceptó — Volveré lo antes posible.
Draco solo asintió sin pronunciar sonido y continuó observando el fuego. Hermione suspiró con el ceño levemente fruncido al verlo así, estuvo a punto de salir por el retrato cuando volvió sobre sus pasos y se acercó hasta el chico para luego ponerse frente a él y abrazarlo mientras enterraba el rostro en su cuello. Quería transmitirle su apoyo de alguna manera y sabía que en aquel momento las palabras podían sonar huecas y vacías.
Al principio él se quedó estático sin apenas moverse pero la rigidez lo abandonó en cuanto notó el calor del cuerpo de la chica contra el de él y la abrazó fuertemente atrayéndola. Hermione sabía que Draco nunca pondría en palabras sus sentimientos pero ella no lo necesitaba, solo con ver como la apretaba contra su percho en un abrazo casi asfixiante sabía que estaba aterrado. La situación que estaba por vivir era muy complicada, enfrentarse a sus padres después de todo lo sucedido sabiendo que ellos no lo habían aprobado bajo ningún concepto eran motivos más que suficientes para que Draco se sintiera así.
—Todo irá bien —le aseguró Hermione—. Estaré aquí esperándote cuando regreses, te lo prometo —le susurró contra su oído.
Al oír sus palabras, Draco la abrazó aún más fuerte y cuando se separaron la besó de forma intensa e incluso un poco agresiva pero necesitaba beber de ella la fuerza necesaria que requería. No podía olvidar que todo lo que estuviese por suceder merecía la pena por ella y solo por ella.
Cuando Hermione se despidió de él deseándole suerte, esa convicción que tenía cuando estaba junto a él se tambaleó levemente. Cerró sus manos en dos puños, furioso consigo mismo y por lo que sus padres provocaban en él.
¿Acaso no tenía derecho a un destino mejor que el de ser un maldito mortífago?
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De camino a Hogsmeade, Hermione se arrebujó un poco más en su bufanda. A pesar de que no hacía demasiado frío sí que hacía bastante viento, viento que no dejaba de remover su cabello de un lado a otro alborotándolo más de lo que estaba normalmente.
Iba rodeada del resto de alumnos que se dirigían al pueblo esperando poder disfrutar de las últimas horas que les quedaban de vacaciones. Todos charlaban animados evitando pensar en los exámenes que se encontraban a la vuelta de la esquina ni en las tareas que aún tenían atrasadas pero ella no compartía ese ánimo. No dejaba de pensar que había dejado a Draco solo ante una situación bastante importante para él. Le hubiese encantado poder acompañarlo para darle su apoyo pero era algo que él tenía que hacer solo. El tema con sus padres era muy delicado y era un asunto en el que ella no quería inmiscuirse.
Pero eso no era lo único que la preocupaba. Confiaba en Draco pero no podía evitar tener cierto miedo al pensar en la posibilidad de que al mantener aquella conversación con Lucius y Narcissa Malfoy, al volver a tener contacto con esa parte de su vida, su relación se viese afectada.
Al pensar en eso una incómoda sensación se instaló en su estómago y decidió dejar de pensar en tonterías. Aquello no iba a pasar así que más le valía dejar de pensar en ese tipo de ideas y centrarse en lo que había ido a hacer al pueblo. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que ya estaba próxima a la entrada de Hogsmeade, tan perdida iba en sus pensamientos que ni se dio cuenta de que ya habían llegado.
Volvió a recolocarse la bufanda y se dispuso a comprar las cosas que necesitaba para volver al castillo cuanto antes. Lo primero que hizo fue dirigirse a Dervish y Banges, necesitaba una pluma de faisán con urgencia. Solo le quedaban dos de repuesto y con la fecha de exámenes que se aproximaba no podía permitirse el lujo de quedarse sin plumas para escribir.
Las calles no estaban muy repletas de alumnos, la mayoría había ido a Honeydukes a por golosinas de todo tipo o a las Tres Escobas a tomarse una agradable cerveza de mantequilla. Ojalá ella pudiera acceder al cálido ambiente del bar pero aquello no entraba entre sus planes.
Apuró el paso hasta su destino porque después de comprar las plumas le gustaría pasarse a por algunas golosinas y a por cerveza de mantequilla para llevar. Esperaba que aquel detalle le agradara a Draco.
Estaba ya bastante cerca del establecimiento cuando alguien la sujetó del brazo y la arrastró consigo a una pequeña calle colindante a la avenida principal del pueblo. Estuvo a punto de gritar pero apenas le dio tiempo a coger aire cuando una mano le tapó la boca. El miedo comenzó a invadirla aumentando sus pulsaciones considerablemente. No podía ser Nott.
—Hermione, tranquila, soy yo.
La voz de Dan llegó hasta ella como si se tratase de una poción tranquilizadora porque al instante dejó de forcejear y su respiración se calmó. Al abrir los ojos, los verdes del chico le devolvieron la mirada mientras que dejaba de sujetarla.
—Casi me matas del susto —le recriminó en un susurro— ¿Qué es lo que quieres? Puede habernos visto alguien.
—Hermione, sé que ayer me porté como un imbécil pero necesito que vengas a mi casa. Tengo algo importante que contarte —le dijo ignorando los reproches de la chica.
Hermione lo miró con la duda en los ojos hasta que al final negó con la cabeza.
—No puedo, tengo bastante prisa en volver al castillo.
La mirada de Dan se oscureció levemente al oír aquellas palabras.
—¿De nuevo ha vuelto a prohibirte Malfoy que trates conmigo? —su tono de voz había sido más duro de lo normal y la chica se sintió culpable. Había asegurado que su reconciliación con Draco no cambiaría en nada su amistad con Dan pero no era tan fácil llevarlo a cabo.
—No se trata de eso…
—No me agrada que hayas vuelto a estar con el idiota de Malfoy pero sé que eso es decisión tuya y no pienso entremeterme sobre todo si eso es lo que te hace feliz —su tono de voz era ligeramente agresivo y su dureza aumentaba a medida que avanzaban las palabras— Pero lo que me parece el colmo es que te dejes mangonear por él.
—Yo no me dejo mangonear por nadie, Dan. Te aprecio mucho y nunca podré agradecerte lo que has hecho por mí en este último tiempo pero ahora mi tiempo no es exclusivo para ti y necesito poder pasar tiempo con él —las palabras salían a trompicones de los labios de la chica sin estar muy segura de qué decir— Quiero estar con él, Dan, pero eso no significa que vaya a olvidar todo lo que ha sucedido.
Dan la observó fijamente durante unos instantes. Necesitaba que Hermione accediera a ir con él, había tomado la decisión de ponerse en contacto con Potter y Weasley pero si ella no aceptaba su invitación, no habría servido de nada.
—Pues entonces ven conmigo, te prometo que no te quitará mucho tiempo —Hermione fue a abrir la boca para objetar algo pero él la interrumpió— Por favor, es importante.
La chica consideró la posibilidad de acompañarlo. Se mordió el labio pensativa mientras que los pensamientos fluían por su mente a la velocidad de la luz.
—Está bien, iré. Deja que compre un par de cosas que necesito e iré hacia allí.
Dan sonrió y asintió con la cabeza.
—No te arrepentirás.
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Cuando Dan se acercó hasta el límite de Hogsmeade, Harry y Ron ya lo esperaban. Los dos chicos murmuraban entre ellos, al parecer no muy convencidos de estar allí.
—Habéis venido —los saludó Callahan una vez que llegó a su altura.
—Sí, pero a menos que nos vayas informando que es lo que ocurre nos marcharemos por donde hemos venido —le respondió el pelirrojo.
—Sé que os resultará raro que os haya citado precisamente aquí, tan apartados del pueblo pero comprenderéis que era algo necesario. No es conveniente que nos vean juntos.
—Cuéntanos algo que no sepamos y ve al grano, Callahan, no tenemos todo el día —esta vez fue Harry quien lo increpó.
—No podemos hablar aquí, tendréis que venir conmigo. Vamos a aparecernos.
—Estás loco si piensas que nos vamos a ir contigo.
—No esperaba que lo hicieseis a la primera pero sé qué os hará cambiar de opinión —Harry y Ron lo miraron expectantes esperando su respuesta, aunque el pelirrojo parecía que iba a saltar sobre él de un momento a otro— Se trata de Hermione.
—¿Hermione? —se sorprendió el moreno frunciendo el ceño— ¿Qué tiene ella que ver aquí?
—Todo, Potter. Hermione se encuentra en peligro y necesita de vuestra ayuda.
El silencio se abrió paso entre ellos como una pesada losa. Los dos amigos miraban a Callahan con el ceño fruncido debatiéndose entre creerlo o no.
—Es una trampa, Harry.
—No seas imbécil, Weasley. ¿Para qué iba a querer yo que os vengáis conmigo? ¿Qué sentido tiene?
—Porque eres un mortífago.
Las palabras de Harry cayeron sobre ellos de forma apabullante. El rostro de Dan permanecía sereno mientras era escrutado por el de los dos amigos.
—No tienes pruebas de ello, Potter.
—Si las tuviera ya habrías sido denunciado a Dumbledore, créeme.
De nuevo la tensión se hizo tan patente entre ellos que prácticamente se podía cortar con un cuchillo.
—Vámonos Harry, aquí no tenemos nada que hacer.
—¿No queréis saber qué es lo que le atañe a vuestra amiga? — los interrumpió Dan en su regreso— Maldita sea, no os estoy mintiendo, Hermione os necesita.
—¿Y por qué no es ella la que habla con nosotros? —preguntó Ron escéptico.
—Porque os quiere mantener apartados y protegidos de todo lo que le está sucediendo —Harry y Ron se miraron entre ellos dispuestos a poner en duda las palabras del chico pero éste se lo impidió— Hermione lo ha pasado muy mal durante estos últimos meses y no solo por vuestra ridícula pelea, sino por varias cosas más que le están sucediendo y aún así su mayor afán es protegeros. Lo que deberíais hacer en lugar de poner en duda lo que os digo es preguntaros porque soy yo el que está puesto al día con su vida y no vosotros.
Aquellas palabras calaron hondo en los otros dos muchachos que lo miraban con la duda pintada en sus rostros. Antes, Harry se habría negado en rotundo a ir con Callahan pero sus últimas palabras lo había hecho reflexionar y sentir culpable puesto que tenía razón. Hermione lo había estado pasando fatal y ellos ni siquiera se habían enterado de ello.
—Tú no eres nadie para juzgar nuestra amistad —contraatacó Ron manteniéndose en sus trece.
—Lo soy desde que me convierto en su único amigo mientras que vosotros os habéis dedicado a ignorarla, sobre todo tú, Weasley. No he tenido tiempo de conocer muy en profundidad vuestra relación por solo con ver como ella os quiere proteger creo que no se merece este comportamiento de vuestra parte.
Dan era consciente de que estaba haciendo uso de sus puntos débiles para convencerlos de ir con él pero no le habían dejado otra opción. No era seguro para ninguno mantenerse allí en pie porque, aunque no fuese una zona muy transitada, estarían en un grave apuro si alguien los encontrase.
—Iremos contigo —dijo Harry al fin.
—Pero ni se te ocurra intentar nada o te arrepentirás de ello— lo amenazó Ron.
El muchacho se contuvo de soltar un suspiro, Weasley era tal y como Hermione lo describía.
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Por fin había podido salir de la tienda.
No es que hubiese mucha gente, de hecho solo un par de alumnos se encontraban allí, pero la dependienta era una mujer bastante anciana que se movía con una lentitud exasperante tras el mostrador. Eso, unido a que tuvo que ir al pequeño almacén contiguo a por más plumas, tuvo a Hermione esperando cerca de veinte minutos hasta que por fin pudo pagar la pluma y salir del lugar.
Miró su reloj de muñeca, podía pasar incluso una hora con Dan si sacrificaba su compra de golosinas y de cerveza, llegando así con bastante tiempo de antelación por si Draco volvía pronto. Con paso rápido se dirigió hasta el lugar donde debía aparecerse. Lo cierto era que no le agradaba en absoluto saltarse las normas de aquella manera pero realmente parecía importante lo que Dan quería tratar con ella así que haría una excepción.
Llegó hasta el lugar indicado, tuvo cuidado de que nadie anduviese cerca y en un abrir y cerrar de ojos se encontraba ante la pequeña casa que Dan poseía. El pequeño jardín delantero continuaba repleto de flores y una pequeña punzada de nostalgia la invadió. Realmente había pasado buenos momentos con el chico.
Avanzó por el pequeño camino que unía el exterior de la verja con la casa y cuando llego a la puerta llamó suavemente con los nudillos.
En el interior se oyeron varias voces que la hicieron fruncir el ceño. ¿Había alguien más allí a parte de Callahan? Un instante después, Dan abría la puerta frente a ella y le sonreía con calidez.
—Me alegro de que hayas venido.
Se apartó a un lado dejándole espacio para que cruzara el umbral y al hacerlo sintió la presencia de alguien más a su izquierda, justo donde se encontraba la pequeña salita de la casa. Pero cuando se giró, jamás se hubiese imaginado que encontraría allí a sus dos mejores amigos, ambos sentados frente a ella con cara de preocupación.
Miró a Dan buscando una explicación a aquello.
—Tienes que hablar con ellos, Hermione —se le adelantó el chico antes de que hiciese cualquier pregunta—. No puedes ocultarles más lo que está sucediendo.
—¿Qué? —la perplejidad era algo obvio en el rostro de Hermione quien no podía creer que aquello estuviese pasando en aquel momento —¡Esto no era algo que tú pudieses decidir por mí, Dan!
—Hermione… —Harry y Ron se habían levantado de sus asientos y se habían acercado a ella— Callahan ha hecho bien en avisarnos, esto no puede seguir así —le hablaba Harry en tono conciliador—. No podemos seguir sin saber qué es lo que te ocurre y sin poder ayudarte, por favor.
Los ojos de Hermione se habían vuelto cristalinos a causa de las lágrimas contenidas. Podía estar enfadada con Dan por haber tomado aquella decisión por ella pero también estaba agradecida. Tener a sus dos mejores amigos allí con ella, con la preocupación pintada en sus rostros era más de lo que podía soportar.
—No deberíais estar aquí —insistió una vez más aunque sabía que ya no posee argumentos válidos para apoyar esa idea.
Entonces, y para sorpresa de todos, Ron se acercó con pasos temerosos y una vez que estuvo a su altura la atrajo contra él y la abrazó. Al principio Hermione no supo cómo reaccionar, nunca se hubiese esperado aquella reacción por parte del pelirrojo. Sus brazos caían laxos a ambos lados de su cuerpo hasta que por fin reacción y le devolvió el fuerte abrazo.
Dan observaba aquel momento desde la distancia, satisfecho con que aquella reunión inesperada hubiese servido de algo. La chica necesitaba aquello, necesitaba a sus amigos y aunque en un principio se negase a aceptar la realidad sabía que acabaría agradeciéndole el gesto.
Harry observaba la escena de sus dos mejores amigos hasta que al final acortó la distancia que los separaba y se unió a ellos en aquel abrazo.
Llegado el momento, Dan decidió apartarse un poco y subió al piso de arriba queriéndoles dar un poco de intimidad.
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Cuando Draco llegó a Grinmuald Place a través de la chimenea de Dumbledore casi podía sentir como su corazón se saldría de su pecho. Odiaba sentirse así, odiaba no poder controlar aquella angustiante sensación que le producían enfrentarse a la cruda realidad. No es que él desconociera lo que realmente sucedía fuera de las murallas del castillo pero reconocía, aunque solo fuese a sí mismo, que estar en Hogwarts lo mantenía protegido de una realidad demasiado preocupante como para preferirla antes que a la comodidad del colegio.
—Sus padres están deseando verlo, Sr. Malfoy —le dijo Dumbledore antes de abandonar el despacho.
Mentira.
Puede que su a su madre sí le apeteciese verlo entero y de una sola pieza pero su padre lo único que querría sería maldecirlo por haber deshonrado de aquella manera a la familia Malfoy.
Cerró los ojos y respiró hondo.
Tenía que guardar la calma si der verdad quería mantener una conversación civilizada con sus padres.
El salón donde se encontraba era bastante amplio, algo normal ya que la casa pertenecía a la familia Black según le había contado el propio Dumbledore. Aunque la estancia estuviese bastante desarreglada, se notaba que antiguamente había lucido un gran esplendor y riqueza. Los muebles, a pesar de estar cubiertos de polvo y descuidados, eran de manera de roble oscura recubierta de difíciles dibujos y por supuesto con el emblema de la familia tallado por doquier.
Supuestamente alguien debía de haber ido a su encuentro para dirigirlo hacia la habitación donde sus padres se encontraban recluidos pero allí no había nadie y, sinceramente, no le apetecía en absoluto tener que ponerse a registrar aquella casa hasta dar con ellos.
Al parecer sus progenitores habían llegado inconscientes como medida de seguridad para que no supiesen donde iban a alojarse. Dumbledore había sido muy claro al respecto, no debía proporcionar ningún tipo de información acerca de la localización, ésta debía ser lo más secreta posible.
Oyó unos pasos provenientes del pasillo contiguo a la habitación y por la puerta apareció una chica de llamativo pelo rosa.
—Vaya, primo, siento llegar tarde pero me había surgido un imprevisto.
¿Primo? ¿Aquella mujer con ese ridículo color de pelo y aquella vestimenta tan hortera acababa de llamarlo primo? ¿Cómo alguien con ese aspecto podía estar relacionado con él?
—Oh, bueno, imagino que no sabrás que somos familia —la chica hizo un gesto con la mano restándole importancia—. Soy hija de Andrómeda, la hermana de tu madre. Me llamo Tonks.
Draco no había oído hablar mucho de aquella hermana de su madre, solo sabía lo justo y lo necesario. Que había tirado al traste todo lo que su familia defendía acerca de la pureza de la sangre y todo lo demás y se había casado con un hijo de muggles. Obviamente su familia la desheredó y nunca más quisieron saber de ella. Aquella historia le resultó levemente familiar.
—¿Dónde están mis padres? — preguntó como única respuesta.
—Vaya, sí que eres un chico de pocas palabras — murmuró Tonks más para sí misma que para él—. Sígueme, te mostraré donde se encuentra su habitación.
La aurora giró sobre sus talones y salió de la estancia con Draco tras ella. Al salir al pasillo, el chico pudo vislumbrar un amplio recibidor y una escalera que se dirigía al piso superior por la cual aquella chica que se hacía llamar su prima subía. La siguió intentando no tocar demasiado nada de lo que estuviese a su alrededor ya que todo estaba recubierto de polvo.
—Perdona la suciedad —dijo Tonks como si le hubiese leído el pensamiento—, pero últimamente no tenemos demasiado tiempo para poner esto en orden. De ello se encargaba Molly pero anda liada en otros menesteres.
Draco no entendía por qué le daba tantas explicaciones cuando realmente le importaba una mierda que la casa estuviese sucia y el motivo de ello. Él solo quería ver a sus padres.
Cruzaron el pasillo del piso superior hasta que llegaron prácticamente al final. Se habían parado frente a una de las puertas que, Draco suponía, daban acceso a las diferentes habitaciones de la casa.
Tonks sacó la varita y murmuró un alohomora. Con aquello al rubio se le encogió el estómago, no le agradaba en absoluto que sus padres estuviesen en aquella situación aunque una pequeña parte de él sabía que era necesario.
La chica golpeó suavemente la puerta para luego abrirla y asomó su colorida cabeza por el umbral.
—Tenéis visita —les anunció y tras dirigirle una mirada de compasión a Draco le hizo un gesto para que entrara—. Cierra la puerta al salir —murmuró cuando pasó junto a ella de forma que nadie más lo oyera.
Draco la miró pero no le dijo ni una palabra y se adentró en la habitación. Una vez dentro oyó el chasquido que la puerta produjo al volver a ser cerrada con el hechizo.
La sala estaba bien iluminada, un gran ventanal a la derecha hacía que la luz del sol se colara por todos los rincones. No le dio tiempo a analizar con más detenimiento el lugar porque unos brazos lo rodearon rápidamente.
—Draco, hijo —le llegó la voz de su madre junto a su oído.
El delicado perfume de Narcissa lo invadió y sus brazos corrieron presurosos a rodear su delicada cintura. Él nunca había sido especialmente cariñoso con su madre, ni con nadie en realidad. Ella siempre lo había tratado con dulzura y le había concedido cada uno de sus caprichos, incluso cuando él más desagradable se mostraba con ella. Quería muchísimo a su madre aunque nunca se lo hubiese demostrado abiertamente.
Cuando se separó de él, la mujer lo analizó con ojos clínicos y le sujetó el rostro. Sus ojos azules se movían rápidamente intentando encontrar algún aspecto desmejorado en su hijo. Ahora que podía observarla él también, podía darse cuenta de que seguía tan hermosa como siempre. Su lacio pelo rubio, su elegante traje de seda, su rostro perfecto, incluso en las peores situaciones ella no podía permitirse verse en mal estado. Aunque si se fijaba un poco más podía llegar a ver unas pequeñas arrugas en torno a sus ojos.
—¿Estás bien, hijo?
Draco asintió de manera algo torpe por la sujeción a la que su madre lo tenía sometido pero no se quedó.
—Cissy, déjate de tantos miramientos por tu hijo, por su culpa estamos en esta situación.
La voy de Lucius Malfoy cruzó la habitación y Draco pudo fijar su vista en él. Se encontraba sentado al lado izquierdo de la habitación sobre un sillón que parecía tener varios años de antigüedad. Él, al contrario que su madre, sí que parecía realmente desmejorado. Su pelo tenía un aspecto sucio y enredado, bajos sus ojos aparecían de sombras que evidenciaban la falta de sueño y se encontraba bastante más delgado.
—Lucius, por favor, hace meses que nos vemos a Draco —su madre intentó mediar entre ellos—. Ya hemos hablado sobre esto, él solo quiso hacer lo mejor para todos.
—¿Lo mejor? ¡¿Lo mejor? —el rostro del hombre de crispaba en una evidente mueca de enfado— ¿Crees que lo mejor es que estemos aquí encerrados con nuestro Lord buscándonos para matarnos?
—También estábamos encerrados en Malfoy Manor, Lucius, en nuestra propia casa —Narcissa no elevaba el tono de voz pero era contundente en sus palabras—. Ya has oído a la auror, aquí estamos seguros.
El Sr. Malfoy estuvo a punto de responderle a su esposa pero Draco lo interrumpió, no iba a permitir que su madre diera la cara por él.
—¿Acaso prefería estar en esa situación, padre? Yo iba a dejar mi iniciación como mortífago, su vida y la de madre estaban en peligro. No podía permitir que os quedaseis allí.
—¡Pues haber continuado con la maldita iniciación! —gritó el hombre levantándose de su silla y apuntándolo con el dedo—. ¡Tenías en tus manos la oportunidad de devolverle a esta familia su antigua posición junto al Lord Oscuro y la tiraste por la borda!
—Convertirme en mortífago no iba a solucionar nada, padre —respondió intentando no amedrentarse por las acusaciones de su progenitor—. Esto es lo mejor que podía pasarnos. ¿Es que no lo ve? Ahora estamos seguros, ahora estamos donde debemos estar.
Una risotada sarcástica emergió de la garganta de Lucius.
—Nuestro hijo tiene razón —intervino de nuevo Narcissa—, gracias a él estamos a salvo. ¡No puedo creer que quisieras arriesgar la vida de tu hijo de esa manera!
—¡Es lo suficientemente adulto como para asumir la responsabilidad que ser un Malfoy conlleva!
—No he venido aquí con la intención de discutir con usted, padre. Solo quería ver como se encontraban y explicarles por qué tomé esta decisión.
—¿Crees que no sabemos por qué has actuado así? —Draco intentó mantener la compostura ante aquella declaración pero en su rostro tuvo que vislumbrarse su sorpresa porque su padre sonrió— El viejo de Dumbledore nos contó que a raíz de compartir torre con esa asquerosa sangresucia amiga de Potter, tu forma de ver las cosas había cambiado. Nos contó que había ejercido sobre ti una buena influencia pero yo no lo veo así —hizo una breve pausa y saboreó las palabras que estaba por decir—. ¿Tanto te ha cambiado el acostarte con esa maldita amiga de Potter?
Aquellas palabras despectivas que su padre estaba usando contra Hermione fue más de lo que pudo soportar. Sacó su varita y lo apuntó con ella con aquella mirada glacial en sus ojos.
—No vuelva a hablar así de ella —amenazó con un tono cortante como el hielo.
—¿O qué? ¿De verdad estás dispuesto a enfrentarte a tu padre por esa impura? Lo que me quedaba por ver.
—Ella ha hecho por mí en estos meses mucho más de lo que ha hecho usted en todos estos años así que trátela con más respeto.
Narcissa observaba desde la distancia la conversación entre su hijo y su esposo, gratamente sorprendida, debía añadir. Ver como Draco defendía con tanto ahínco a aquella chica solo podía significar una cosa, aquella muchacha significaba mucho para él. Siendo sincera, a ella tampoco le agradaba demasiado que aquella chica fuese hija de muggles. Puede que en otro tiempo se hubiese negado en rotundo a que su hijo tuviera aquel tipo de relación pero la guerra la habían enseñado a valorar otro tipo de cosas que sí eran importantes. Draco se había convertido en un hombre, había aprendido a madurar y se veía que aquella muchacha generaba unos sentimientos en él que ella nunca había visto. Si de verdad su pequeño quería estar con la mejor amiga de Harry Potter era decisión suya.
—Enternecedor —dijo Lucius mientras aplaudía—. Te creía menos estúpido, hijo mío. ¿De verdad crees que esa sangresucia siente algo por ti? ¿Qué haría por ti lo mismo que estás haciendo tú? No seas ingenuo, Draco. Esa impura te despreciará en cuanto toda esta guerra se acabe. Incluso aunque Potter gane esta maldita guerra, ella te apartará por tu estrecha relación a los mortífagos. Se convertirá en una heroína de guerra y no querrá a despojos de la sociedad como tú.
Aquellas palabras hicieron eco entre los presentes. A pesar de que el chico seguía apuntando a su padre, su postura había cambiado ligeramente. La seguridad que antes mostraba ya no era tan obvia y Lucius lo notó, por eso una sonrisa de pura satisfacción se dibujó en su rostro.
—Vaya, por lo que veo no habías tenido en cuenta esa opción —dijo—. Patético —le dirigió una rápida mirada a su esposa advirtiéndole de que no se inmiscuyera y continuó—. En tu mano está tu destino, Draco. Tu familia siempre lo será y siempre estará junto a ti, ¿pero puedes decir lo mismo de la sangresucia?
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Relatarle a Harry y Ron todo lo que había sucedido en los últimos meses no había sido tarea fácil, ni siquiera contando con la ayuda de Dan. Durante bastante tiempo ambo se habían dedicado a contarles todo el asunto de Nott, Draco e incluso el propio Dan. Cuando se enteraron de que éste último era un mortífago los reproches no tardaron en aparecer hasta que Hermione los calmó. Si ella había confiado en él con excelentes resultados ellos deberían aprender a hacer lo mismo. Sus amigos hacían preguntas a cada instante y Hermione hacía todo lo posible por responderlas de la forma más exacta respecto a los hechos.
—No puedo creer que hayas vuelto con Malfoy —dijo Ron—. Después de todo lo que te ha hecho.
Hermione suspiró.
—Ronald, no comencemos de nuevo, ¿de acuerdo? —le respondió con tranquilidad—. Es obvio que nunca estarás conforme con mi relación con Draco pero es mi decisión y no va a cambiar. Quiero estar con él.
Un silencio algo incómodo se instauró entre los cuatros chicos en aquellos instantes. Incluso el pelirrojo, que nunca había sido muy dado a leer los sentimientos y emociones de los demás, había notado la seguridad y la decisión con la que Hermione había dicho aquello. Aunque no le hubiese puesto nombre a lo que ella sentía, todos los presenten lo sabían. Hermione Granger, hija de muggles, se había enamorado de Draco Malfoy, sangrepura y propulsor del odio hacia los impuros. ¿En qué momento había sucedido aquello?
—No creo que ese sea nuestro mayor problema en estos instantes —habló Harry—. Por lo que nos cuentas Nott es muy peligroso, no puedes andar por ahí sola.
—Durante todo este tiempo he intentado moverme por el castillo usando los pasillos más transitados por los estudiantes y aprovechaba las horas de más aglomeración de alumnos para poder ir a la biblioteca o al Gran Comedor —le explicó Hermione—. Créeme cuando te digo que he tenido muchísimo cuidado pero Nott es muy astuto. Tiene la suficiente paciencia como para esperar al momento adecuado e idear un plan para que todo salga según tenga planeado.
—Eso ya no volverá a suceder —intervino Ron—. No nos separaremos de ti ni un solo instante, por las mañanas te recogeremos en la entrada de tu torre y allí te dejaremos al regreso. No tendrá oportunidad de acercarse a ti.
La chica sonrió en agradecimiento por aquel ímpetu con el que su amigo estaba dispuesto a defenderla pero ella sabía que no todo era así de simple.
—Sabes que eso es imposible, Ron. ¿Qué hay de las clases que no compartimos? ¿Y cuándo vayáis a los entrenamientos? ¿Y mis rondas? Hay varios momentos del día en los que no puedo ir pegada a vosotros.
—Tú sigue con tu plan de no transitar por pasillos vacíos y el resto déjanoslo a nosotros, nada te pasará. Ahora estamos nosotros aquí.
Hermione sonrió queriendo poder creer con todo su ser que aquella frase tranquilizadora se convirtiera en realidad.
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Cuando Hermione llegó al castillo ya comenzaba a ponerse el sol. A toda prisa cruzó el vestíbulo y casi salió corriendo en dirección a su torre. La conversación con sus amigos la había retrasado y ahora su corazón latía aceleradamente pensando en reencontrarse con Draco.
Estaba feliz por haber hecho las paces con Harry y Ron de forma definitiva. Ahora que ellos estaban con ella se sentía como en casa, feliz. No sabía cómo agradecerle a Dan todo lo que hacía por ella. Pero no todo era dicha y felicidad, Draco había hecho frente aquella tarde a una situación muy complicada y sentía el corazón encogido al no saber cómo había ido todo.
Cuando llegó a su torre, ésta se encontraba vacía. No había nadie en la sala común e incluso subió a la habitación del chico para comprobar si éste se encontraba allí pero no había rastro de él.
Suspiró cansada, solo esperaba que aquello fuese una buena señal de que las cosas iban bien.
Se despojó de su abrigo y bufanda, dejó ambas prendas en su habitación y bajó de nuevo a la sala común para esperar allí a Draco. Acababa de poner un pie en el último escalón cuando oyó como alguien se abría paso a través del retrato y a los pocos segundos el chico apareció frente a ella.
Rápidamente sus ojos se encontraron y a Hermione no le agradó en absoluto lo que encontró en ellos. De nuevo parecían recubiertos por una fina capa de hielo volviéndolos fríos e inescrutables. Permanecía mortalmente serio con la mandíbula marcada por la fuerza con la que la apretaba.
—Draco, ¿cómo ha ido? —consiguió decir aunque su voz no sonó tan segura como esperaba.
El chico ignoró por completo la pregunta y se acercó con paso lento hacia ella. Por un momento aquella situación le trajo a la mente a Hermione el recuerdo del antiguo Draco que la acusaba de metomentodo y que le exigía que se apartase de él. No tuvo un buen presentimiento.
—¿Qué es lo que está pasando? —insistió al ver como la distancia entre ellos se acortaba con cada paso.
Él continuó observándola detenidamente y Hermione casi podía ver como los pensamientos fluían a la velocidad de la luz en el interior de su cabeza. Al parecer sus peores temores se estaban cumpliendo y la charla con sus padres había sembrado la duda en él. ¿Es que acaso nunca podrían estar bien? ¿Siempre iban a surgir impedimentos que dificultarían su relación? Después de todo lo sucedido, ella no creía merecerse esa duda pintada en sus ojos. Aquello le dolía hasta límites insospechados y cuando se dio cuenta, sus ojos se encontraban brillantes a causa de las lágrimas contenidas.
Draco lo notó y por eso intentó acercarse aún más a ella pero cuál fue su sorpresa cuando Hermione se apartó. Automáticamente su rostro se volvió una máscara de hielo.
—¿Qué coño pasa? —preguntó a la defensiva claramente ofendido.
La irritación de la chica no tardó en llegar.
—¿Perdona? ¿Me preguntas a mí que es lo que sucede? ¡Esa pregunta debería hacértela yo a ti!
El rubio permanecía inmutable ante sus acusaciones y permaneció en silencio mientras ella lo escrutaba con la miraba. Podía sentir como Hermione hacía un considerable esfuerzo por mantener la calma y no alzar la voz.
—No sé de qué me hablas.
La chica lo miraba cada vez más dolida y sorprendida por el cinismo con el que hablaba.
—Hablo de que tus padres ya han sembrado la duda en ti, Draco. Sabía que esto sucedería, que reencontrarte con ellos te haría replantearte las cosas —Draco mantenía la mirada fija en ella sorprendido por lo perspicaz que Hermione podía llegar a ser—, pero una parte de mí de verdad pensó que hablarías conmigo antes de tomar cualquier decisión.
—Yo no me he replanteado nada, Hermione, pero comprenderás que ser acusado por tu propio padre de traición no es un plato de buen gusto para nadie —respondió a la defensiva.
—¿Crees que no sé lo difícil que todo esto te ha resultado? ¿De verdad piensas que soy tan egoísta como para no ponerme en tu lugar? Pero al igual que comprendo tu situación creo que no me merezco esta reacción por tu parte, yo solo intento apoyarte y entenderte y tú te apartas de mí.
Ante aquella declaración, Draco no tenía nada que rebatir. Era consciente de la veracidad de sus palabras y eso le jodía enormemente. Odiaba que ella tuviera razón para enfadarse cuando él hacía algo estúpido e innecesario. Odiaba sentirse tan expuesto y vulnerable en todo lo relacionado con ella.
Hermione notó esa duda en Draco y fue entonces que se atrevió a preguntar.
—¿Piensas decirme qué es lo que te han dicho para que vengas así?
Definitivamente se había vuelto gilipollas. No podía creer lo que estaba a punto de hacer.
—Cuando esta maldita guerra acabe, tú y tus amigos seréis catalogados como héroes de guerra. Tendréis un futuro prometedor gracias a vuestro limpio y grandioso expediente. ¿De verdad tendrás junto a ti a alguien como yo que está tan relacionado con la magia oscura? —una risa sarcástica salió de su garganta— Me niego a servirte de entretenimiento mientras estemos aquí para que luego decidas mandarlo todo a la mierda.
Hermione simplemente no daba crédito a lo que oía. Hubiese imaginado cualquier otra patética excusa menos esa. Sus ojos se quedaron abiertos de pura sorpresa mirando fijamente a Draco. Incluso llegó a pensar que había oído mal pero sabía que no por la forma en la que el rubio apretaba los puños mientras le devolvía la mirada.
Sabía que decir aquello le había costado muchísimo porque significaba dejar de al descubierto sus inseguridades. En cualquier otra situación se habría sentido enternecida por aquello pero no en ese momento. No podía creer que después de haber peleado con sus amigos, después de tener que enfrentarse a Nott por mantener su relación, después de todos los esfuerzos que ella había hecho, él dejase que su padre crease la duda en él tan rápidamente.
—¿Me has dicho eso en serio? ¿De verdad piensas eso? —su voz sonó levemente entrecortada al final pero hizo todo lo posible por recomponerse— Mira Draco, yo no puedo estar así. Suficientes impedimentos nos ponen en el camino para estar juntos como para que encima nosotros añadamos más —le dijo calmadamente.
Durante unos instantes el silencio reinó en la sala común mientras ambos se observaban detenidamente. Hermione esperaba una respuesta por parte del chico que negara lo que ella acababa de decir pero éstas no llegaron.
—¿Cómo puedes pensar eso de mí después de todo lo que he hecho? Creo que te he demostrado cuales son mis intenciones, Draco.
—¡Yo también he hecho mucho por ti!
—¡Pero yo no dudo de ti a cada instante!
—¡¿Cómo puedo estar seguro de que lo que me dices es cierto?
—¡Porque te quiero, idiota!
Las palabras pronunciadas por Hermione rebotaron en las paredes de la sala común e hicieron eco en la mente de Draco. Hermione no daba crédito a las palabas que acaba de pronunciar y su rostro se había tornado de un rojo escarlata. No es que no estuviera segura de sus sentimientos por él porque había sido consciente de ellos desde mucho tiempo atrás, pero decirle en voz alta era reconocer una verdad que se mantenía en suspense entre ambos y que ninguno había sido aún capaz de decir.
Draco la mirada fijamente desde la distancia. Abrió un par de veces la boca como queriendo decir algo pero al instante la cerraba como si no encontrase las palabras necesarias para expresar sus pensamientos. Hermione en ningún momento esperó que él le respondiera con un "yo también te quiero" porque él no era de los que expresaban sus sentimientos pero aquel silencio comenzaba a ponerla demasiado nerviosa. A punto estuvo de salir de la habitación cuando Draco se acercó a ella como un huracán y la sujetó por las mejillas para luego besarla con una pasión y una fuerza que la chica no había sentido nunca.
Los labios ansiosos del rubio se movían con rapidez sobre los de ella hasta que no lo soportó más y la obligó a abrir su boca para poder adentrar su lengua en ella. Al principio Hermione se quedó tan sorprendida por su arrebato que no respondió a sus besos pero poco a poco una llama se fue encendiendo en ella hasta que comenzó a responderle con las mismas ansias. Se sujetó al cuello de su camisa para que sus cuerpos estuvieran lo más pegados posibles y Draco no tardó en dirigir sus manos hacia su cintura para apresarla con más fuerza.
Nunca se habían besado de aquella forma tan voraz y hambrienta que provocaba un suave cosquilleo en el bajo vientre de Hermione y que la obligaba a aumentar el roce entre ellos lo máximo posible.
Draco sabía que en cualquier momento perdería la cordura. Oír esas palabras de la boca de Hermione era mucho más de lo que él pudiese soportar. Sentir su corazón desbocado en reacción a ello no hacía más que confirmar algo que él ya sabía y que no quería creer. No podía estar sin ella. Que importaba lo que su padre opinase. No quería estar sin ella y si eso significaba pelear con todo el jodido mundo así lo haría. Estaba seguro de que todo merecería la pena.
Pero no solo era el sonido de ese te quiero aún resonando en su cabeza lo que estaba por volverlo loco, también la forma en la que Hermione le estaba de volviendo el voraz beso. Sentir su pequeño cuerpo completamente pegado al suyo era superior a sus fuerzas. Por eso se dejó guiar por sus impulsos y en un arrebato sujetó a Hermione por los mulos y la alzó del suelo obligándola a enroscar las piernas en torno a su cintura. La chica soltó un pequeño gemido de sorpresa pero continuó besándolo con la misma intensidad que antes. Anduvo algunos pasos sin dirección aparente hasta que notó como la espalda de ella chocaba contra el frío muro.
Necesitaban separarse para poder coger aire para sus pulmones pero ninguno de los dos quería separar su boca de la del otro. Solo lo hicieron cuando fue estrictamente necesario. Cuando lo hicieron pudieron mirarse finalmente a los ojos y Draco no pudo hacer otra cosa que pensar que en aquel momento Hermione se veía realmente hermosa con los labios hinchados y más sonrojados de lo común por el beso, con sus mejillas de un leve tono rosa y sus ojos brillantes por el deseo.
Durante unos instantes más ambos se observaron hasta que la chica habló.
—Llévame a mi habitación —dijo en un leve susurro que erizó los vellos del rubio.
En un acto reflejo, el chico alzó su mano derecha y acarició con suavidad la mejilla sonrosada de Hermione de una forma tan tierna que a los ojos de Hermione se le llenaron de lágrimas. Con aquel suave gesto le estaba preguntando si ella estaba segura de aquello y su mirada se lo confirmaba.
Ella como toda respuesta lo besó pero no con la misma intensidad de antes, sino de una forma más pausada, sensual, queriendo saborear su boca. Draco la aceptó sin reparos y con un rápido movimiento la separó de la pared y se dirigió a las escaleras dispuesto a cumplir sus órdenes.
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Sé que querrán matarme pero sino el capítulo se me alargaba demasiado. Espero que lo hayan disfrutado.
Mil besos para todos.
