Capitulo XXVI
Hay cariños inentendibles, cada vez soy más consciente de ello. Hay gente que se pasa la vida buscando al amor de su vida cuando el que realmente la ama es su mejor amigo. ¿Cómo puede una persona esperar tanto por otra? O esos amantes de los animales, son su única preocupación. Y qué decir de las jóvenes con ricos de edad bastante avanzada...
Por desgracia en mis tiempos se veía mucho de eso y no estaba precisamente relacionado con el cariño. La avaricia de algunas señoras era sólo comparable con la cantidad de empanadas que vendía en un mes, y puedo asegurar que eran unas cuantas cientas. Y al igual que muchas mi madre había sido una de ellas. Cuando concertó mi matrimonio con Albert creí que me moría; aquél sebo no podía ser mi marido, lo tenía decidido, mas ella no pararía de repetirme "es un buen partido, ¡posee una empresa". Eso nos hizo creer a todos, el muy desgraciado.
¿Empresa? Un cuchitril de tienda en la que dejó de trabajar al poco de casarnos, quejándose siempre de lo cansado que era cortar carne y cargar cajas. ¡Si pudiera ver lo que hacía yo! Por suerte ese cansancio mellaba toda su vida. Ni siquiera me rozó en la noche de bodas, durante la cual no supe si tener pena de mí misma o suspirar de alivio. Con una buena comida y un vaso de ginebra o té le podía tener contento todo el día sin que me molestara mientras yo trataba de levantar mi emporio, sin saber leer o escribir, el muy rufián no quiso enseñarme. Poco después la gota lisió su pierna, y finalmente murió, dejándome viuda, sola a cargo de una casa bastante grande es un barrio bastante conflictivo, y sin tocar.
Al menos me llevé eso.
Sin embargo, todo aquél tiempo conviviendo juntos había logrado que le cogiera un tipo de cariño... especial, distinto. Uno de esos que no se pueden explicar.
Hace unos días, mientras caminaba por la calle en busca de un 'cajero' que atracar, vi un ejemplo claro de esto. Iba una pareja caminando no mucho más adelante, bien vestida, elegante y de notable posición económica, mas los problemas que tenían eran notablemente numerosos y sus personalidades eran muy dispares. Era imposible cualquier tipo de relación entre ellos, y sin embargo... ahí estaba el lazo. Casados por conveniencia y con un cariño profundo el uno por el otro.
Es un cariño de esos que no entendí entre Elizabeth y su nuevo amigo. No podía comprenderlo. Ella estaba casada con un tipo perfecto, tenía una vida muy feliz, ella misma lo decía, y a pesar de todo había ido a buscar el cariño de otro hombre. Claro que yo no podía comprender cómo era el cariño de un hombre puesto que nunca lo había tenido, para mí eran fantasías y sueños de una niña inocente, pero no podía ser para tanto como para tirar su vida por la borda.
No puedo parar de pensar en ellos. ¿Dónde se habrán metido? ¿Qué estarán haciendo? ¿Habrá muerto alguno de ellos? Espero que no... Tuvimos muy buenos momentos juntos, también muy malos, y cada uno me ayudó tanto en una etapa de mi vida...
Pensando en esto me he comprado ropa y luego he ido por muebles. La casa ya está preparada y sólo hay que terminar de montar 'baños' y salas de estar. Baños, ¿puedes creértelo? Ahora la gente hace sus necesidades en unas sillas muy raras de piedra. La verdad es que es la mar de cómodo, pero parece antinatural en muchos sentidos. Es como ponerse una bolsa helada alrededor del trasero. Es muy extraño. ¡Y yo que pensaba al principio que servía para regar las plantas!
"¿En qué piensa?" me preguntó el Sr. Todd, abordándome por sorpresa como siempre hacía. Se acercó por detrás. Yo sabía que en realidad sólo venía a ver cómo seguía la planta, últimamente insistía mucho en ella. Una vez me dio unas gotas de su remedio especial para mejorarla, y me hizo echarlas delante de él para asegurarse de que no las usara para otras cosas.
"En Izzy y el vecino" suspiré. "Sigue habiendo algo extraño en la relación."
"¿Le incomoda compartir secretos con ellos?" se sentó junto a la mesa, mirándome casi divertido. "No me mire así."
"No, no es por el cadáver" susurré la palabra "si es eso a lo que se refiere."
"¿Es por el adulterio?"
"¿Cómo se ha enterado?"
"No hace falta estar ciego para no verlo."
"Cuando no quiere se entera de todo" le acusé divertida, suspirando.
"Escuche, no todos los matrimonios son lo que parecen."
"¿El suyo no era lo que parecía?" casi me ilusioné.
"No, el mío sí que lo era."
Vaya.
"El mío no" comenté volviendo a mis quehaceres.
"Se ha puesto muy seria de repente. ¿Tan malo era?" Ese día estaba parlanchín, se habría alimentado bien el día anterior, supuse.
"Sr. Todd, ¿qué me diría si le dijese que no tuve noche de bodas?"
"¿No tuvo? ¿En qué sentido?"
"Aquella noche no tuvo demasiada diferencia de mis noches hoy día."
Se quedó completamente en silencio. Eleanor, tendrías que haber visto su cara, era un poema. Miraba al suelo como si tratara de comprender mis palabras, destriparlas y diseccionarlas. Creo que no acababa de entenderlas completamente.
"¿Me ha comprendido?" pregunté preocupada unos minutos después, pensando que igual se había ofendido y todo. "Perdóneme, no era mi intención incomodarle. Eso ha sido completamente inapropiado" recogí la bandeja de empanadas encabezándome hacia la salida.
"No..." le escuché murmurar. "De hecho, explica muchas cosas."
"¿Ah, sí?" no sabía si sentirme dolida. ¿Es que era tan rara en todos los aspectos?
"Su sangre" Ah "era demasiado... inocente, cuando la toqué por primera vez."
"¿Eh?"
"Claro que... desde entonces ha cambiado bastante, aunque no en esencia. Sigue teniendo... esa textura. Por eso quiero que tenga cuidado cuando sale."
"¿De qué habla?" la mitad de las cosas no las entendía.
Pero entonces vi su cara, esos ojos vacíos, pensativos. La había visto antes, en una de sus llamadas 'epifanías', aunque yo solía llamarlas idas de olla.
"¿Por qué no come algo? Le sentará bien. Lo suyo está debajo de la encimera."
"No se me ha ido la cabeza. Es difícil de explicar."
"Mire... por más que me interese este tema está dando demasiados rodeos y tengo cosas que hacer, así que... esta noche hablamos, si es lo que quiere, y me lo explica con detenimiento."
"Claro, como quiera" se levantó y se fue, con cara de espanto, la misma que se me había quedado a mi cuando había dejado de verdad el tema correr sin obsesionarme.
Nunca he sido tan fuerte como en aquél momento, ni siquiera ahora que me veo rodeada de aparatos que no comprendo ni puedo controlar. ¿Has visto esa caja que se ilumina? ¡Tiene personas dentro! No veo cómo puede ser mejor que matarlas, las encogen mediante magia y las esclavizan a esa caja obligadas a hacer lo que unos tíos que se llaman 'Guionista' (sí, ese es su nombre, al parecer todos se llaman igual) quieren que hagan para divertirnos a nosotros. Y lo que es peor, ¡tienen dobles! ¡Están en todas las cajas del mundo! Es horrible. Recuerdo cuando lo vi por primera vez. Salté con todas mis armas y tiré la cajita plana y negra contra la pantalla del 'televisor', chisporroteó y se apagó. Había conseguido liberar a unos pobres.
Hablando de magia, hubo una vez, bueno, el mismo día que recordaba antes, en el cual fui con Izzy a una feria en el centro de Londres. Venían magos, el circo, y demás parafernalia interesante. Como siempre buscaba especias para mis empanadas cuando a Elizabeth le llamó especialmente la atención una pequeña tienda de tela color morado en el centro de la plaza, oscura y misteriosa. Me obligó a entrar con ella. Como siempre ella me incluía en sus líos.
"Bienvenidas, ¿puedo ayudarlas en algo?"
Una anciana gitana se encontraba tras la pequeña mesa en el centro. Decorada con lucecitas y estrellas de metal la tienda daba la sensación de ser acogedora aunque terriblemente sospechosa. Los utensilios y supuestos ingredientes no se parecían nada a los míos, al menos.
"¿Quieren que les lea el futuro?"
"Ohhhh, sí, por favor" suplicó Izzy.
"Sra. Wolffe" llamé su atención, pero me ignoró y me obligó a sentarme. ¿Dónde estaba mi valentía? La que había usado esa mañana, la necesitaba ahora.
"Ella primero" suspiró.
"¿Qu-Qué? N-No..."
La bruja sacó sus cartas y las extendió sobre el tapete, después tomó mi mano e hizo algunas comprobaciones sólo para volver a tirar las cartas asustada.
"¿Qué ocurre?" me preocupé. Realmente no quería saber mucho ni tener nada que ver con esto, no después de conocer al Sr. Todd y saber que estas cosas podían funcionar.
"Sus destinos están llenos de sangre, señoritas."
"¿Qué?" mi amiga se asustó. ¡Por fin!
"Hasta ahora ha sido un pequeño trabajo, mas pronto lo usarán para sobrevivir. La noche caerá sobre sus vidas cuando la bestia peluda ataque y sus colmillos se hundirán en su alma al tiempo que ésta desaparece. Muerte y destrucción, es lo que ustedes tres llevan."
"S-Sólo estamos dos" tembló Wolffe.
"La prudencia no les llevará a ningún sitio."
Ella no podía entender, y aunque yo tampoco había comprendido todo veía por dónde iban los tiros.
"Sólo es una vieja loca" la hice levantarse. La mirada que la gitana cruzó conmigo no fue precisamente de odio, sino más bien de 'ten cuidado, querida. No sabes lo que te aguarda.'
No, realmente no lo sabía.
Dándole todavía vueltas todavía a lo sucedido por la mañana en la tienda, y después lo que pasó en la tarde, llegó la noche. La soledad de la casa no acompañaba a las paranoias que surgían en mi cabeza al quedarme sola. Todavía podía recordar al maldito vampiro aprovechándose de mi sangre y teniéndome encerrada, comiendo basura. Era en momentos como ese en los que mi obsesión tomaba posesión de mi cuerpo y me sentaba sola en una esquina, observando cada sombra. Por más que intentaba concentrarme en mis problemas resultaba imposible, mi mente estaba más pendiente del entorno.
Y el el sótano no era precisamente acogedor. Tampoco importaba demasiado. La soledad, la soledad era lo peor. Desde la marcha de Tobías me había sentido tan sola en esa casa tan grande. El Sr. Todd hacía compañía, sí, cuando quería. Normalmente no podía contar con él, e Izzy había decidido pasar más tiempo con su amante. Durante las horas de trabajo se trataba más de aguantar que de charlar, y aun así nadie quería charlar con la panadera. Salvo Izzy, claro.
Escuché un ruido a lo lejos, como un maullido. No sabía qué era pero salí corriendo y gritando del sótano, buscando un agujero donde esconderme.
"¡Sr. Todd! ¡Sr. Todd!" grité, escaleras arriba. "¿¡Qué ha sido eso!"
En la barbería pude ver claramente que mis miedos eran infundados, el gato estaba allí y había sido un maullido.
"¿Qué hace?" pregunté acercándome, a cada paso que daba más segura de que no me iba a gustar nada. "¿Es eso un gatito? Oh, Dios mío, ¿qué le ha hecho?" se lo quité de las manos y me gruñó como una bestia.
El mordisco que le había metido a la pequeña bola de pelos era bastante grande. Lo aparté de mi vecino antes de que se lanzase a por uno de los dos, mientras el cachorro temblaba y lloraba en mis manos. Podía notar cómo iba muriéndose poco a poco.
"¡Sálvelo!" exigí estirando las manos hacia él. "¡Vamos!"
"Démelo..." su voz no era humana, algo me dijo que quería comer.
"No, he dicho que lo SALVE."
"DÉMELO Y VAYA ABAJO" de un zarpazo pudo quitármelo y de otro me echó de la estancia
Temblando yo también bajé las escaleras, con mucha más parsimonia que antes, y una vez en mi tienda busqué un vaso y ginebra donde ahogar mis penas.
"Sra. Lovett" una voz a mi espalda me asustó. Menudo di-ita que llevaba encima, con todo el mundo asustándome. "Se pondrá bien, espero" dejó un paquetito encima de la mesa.
"S-Se ha movido. Ha dado una patadita..."
"Claro, es un ser vivo, y tiene piernas" rió. "Me temo que he tenido que... convertir al pobre animal. Se está muriendo ahora mismo."
"¿Vivirá? Quiero decir, renacerá... ¿como usted?"
"Déjeme ver eso."
Ni siquiera me había dado cuenta de la herida que me había regalado el Sr. Todd al echarme, pero por cómo escocía al desinfectarla podía dar fe de que ahí se encontraba.
Se sentó detrás de mí en silencio y empezó a curarme la herida tras yo tomar al gatito y acariciarlo para que se tranquilizara durante el proceso.
"No puede acercarse a mí cuando me alimento, Sra. Lovett" susurró vendándome el hombro con suavidad. "Soy muy peligroso. Mire lo que le he hecho, imagínese qué haría si me alimentara de usted. Podría matarla."
"Eso es una tontería. Era lo suficiente consciente como para entender lo que le estaba pidiendo" me quejé. Palmeó mi espalda al tiempo que acababa.
"Lo que trataba de decirle esta mañana está estrechamente relacionado con esto, Sra. Lovett. Su sangre tiene buen sabor, de por sí, pero que sea... tan virtuosa... eso la hace más apetecible para los depredadores."
"Sabe que no soy un ciervo, ¿verdad?" reí debido a su jerga.
"Para nosotros es como si lo fuera."
"Entonces, si yo dejara de ser... virtuosa... ¿usted podría alimentarse de mí?"
"Igualmente no, pero si llegara el caso sería más fácil" se había cogido una empanada de las suyas y estaba disfrutándola en ese mismo momento. Me parecía irónico.
Le miré comer en silencio, meditando sus palabras y formándose una idea en mi cabeza.
"Ah, no, Sra. Lovett" dijo de pronto mirándome muy asustado. "No pienso consentir que se venda de esa forma por una tontería como es ésa." Reí, qué ideas tenía este hombre. ¿Qué se habría pensado? Si soy un angelito... "No, no me mire así. Sabe perfectamente de lo que hablo."
"Podría ocurrir de manera natural."
"Su marido no querrá que yo esté cerca, hágame caso."
"No necesito un marido."
"Le repito que no quiero que se venda."
"¿Y por qué he de venderme o siquiera necesitar un marido?"
"Porque son los únicos modos."
"¿Y usted?"
"¿Yo qué?"
"Usted es hombre, yo soy mujer, nos conocemos de hace mucho, hemos compartido muchas cosas..."
"Ni hablar" se levantó de golpe, entre asustado y divertido. Notaba que una sonrisa se mostraba en su cara pero al poco se iba, y luego volvía. "No, no... jajaja... no, eso es imposible."
"¿Por qué?" me levanté yo también, ofendida. "¿Tan repugnante le resulto que ni se le ocurre pensar en un mero trámite por su bien?"
"¿Pero se da cuenta de lo que me está pidiendo, corazón? Eso es algo muy personal, demasiado íntimo para nosotros..."
"¿Qué tiene de especial? Sólo es... eso y ya está, es muy poco tiempo."
"... Usted acabaría enamorándose y me pediría que le respondiera y yo no podría hacerlo hacerlo. ¿Poco tiempo? Cielo, conmigo es mucho tiempo, desventajas de nuestro cuerpo. ¿Comprende?"
"Puedo aguantarlo" permanecí estoica.
"No, no puede. Hágame caso, déjelo estar. Además, imagínese que nos gustase o que quisiéramos repetir varias veces... si usted resultara embarazada, el niño sería... bastante amorfo."
"¿¡Cómo que nuestro niño saldría amorfo! ¿¡ESTÁ LLAMANDO MONSTRUO A NUESTRO BEBÉ!"
"¿Se da cuenta de que ni siquiera está embarazada?"
"¡Cómo se atreve a insultar a nuestro hijo de esa manera!
"Déjelo. Puedo pasar sin su sangre."
"Pues no lo parece, no para de coger las empanadas que yo le hago."
"¿Qué?"
"Sr. Todd, esas empanadas llevan ajo y sangre. Sí, ajo y sangre, y es mi sangre, no la de cualquiera. Y si no se ha dado cuenta tiene dos más en la mano."
Nunca me había pasado, mas en aquél momento creo que tuve un momento de vampirismo. Por sus ojos pude ver perfectamente lo que pensaba; '¿Pero qué depravación es ésta?' al tiempo que miraba mis aperitivos con una expresión nueva.
"E-Está loca."
"Bastante, sí, pero no tanto como usted."
"Mire..." respiré hondo, pero no dijo nada.
"Le avisaré si hay cambios en Bolita."
"¿Bolita?"
"Bolita de pelo" me di la vuelta y me fui al salón. No quería hablar más con él, casi todas sus palabras me habían resultado ofensivas, como siempre que trataba de expresarse conmigo. ¿Por qué no podía hacernos un favor a ambos?
"¿Bolita de pelo? ¿El gato?" le escuché preguntar. "¿Sra. Lovett? ¿Hola?"
La vieja tenía razón, la bestia peluda había atacado, pero no me había atacado a mí ni me había clavado nada. Pensé que tal vez se había equivocado en su lectura y lo mejor era pasar del tema.
Bolita durmió en mis brazos toda la noche, temblando y sacudiéndose nervioso. Traté de tranquilizarlo hasta quedarme dormida yo. Fue un cariño extraño el que cogí por ese animalito, uno de esos que no se pueden comprender.
Pero que ahí están.
...
Reviews are love :3
