Este capítulo es una recopilación que he hecho de los capítulos 180, 184, 165 y 166 de Skip Beat! (todo lo que he podido encontrar) para reconstruir el incidente de la muerte de Rick.

Capítulo XXVI: Kuon Hizuri

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—…Siempre te he mentido.

Esas palabras entrecortadas y desgarradoras, susurrantes y punzantes. No las entendía. No las entendía y sin embargo sus ojos estaban deseando llorar.

— ¿Por qué? — la pregunta salió sola, temblorosa, de entre sus labios. No entendía que quería decir Ren-san con todo eso, no sabía por qué su corazón palpitaba agonizante, no entendía esa mirada dirigida hacia ella llena de total desesperanza. Lo único de lo que podía ser consciente era de sus palabras ¿le había mentido? ¿siempre?

Esa mirada de decepción y dolor lo estaba matando, no quería que ella lo mirara así pero si Kyoko le dirigía esos ojos por decirle que le había mentido ¿Qué pasaría cuando le contase la cruda realidad?

Cerró los párpados con un profundo suspiro. No podía dar marcha atrás. Si Kyoko decidía odiarlo, no podría culparla pero definitivamente…

— Esta vez seré sincero— dijo con seriedad, mirando fijamente al suelo para luego dirigir sus ojos a ella— pero lo más probable es que después de esta conversación termines odiándome.

— Eso no…

— Este es mi pasado— interrumpió él— no hay nada que pueda hacer para remediarlo, nada en el mundo me permitirá nunca ser perdonado por lo que hice ¿me escucharás?

Kyoko sólo pudo asentir ante sus palabras y la fuerza de su mirada.

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Sumergirse en el pasado es duro, nunca le había gustado, su pasado era cruel y amargo, había pocos momentos agradables que rescatar y, desde esa noche todos habían sido manchados. Su última noche en América, la última noche de Rick.

No debería haber sido un niño desgraciado, lo tenía todo. Padres que le amaban, dinero, belleza. Su primera infancia no fue mala, los problemas llegaron cuando empezó a interesarse por la carrera de actor, un interés real, no un simple sueño o la admiración profunda por su padre, sino algo para él. Ese fue el principio de la espiral de desesperación en el que se convertiría su vida. Primero tristeza, después desamparo, luego desesperanza y por último… ira.

Su adolescencia fue un vórtice desenfrenado y violento, donde todos los amables y esperanzadores sentimientos que había tenido alguna vez habían sido reprimidos hasta tal punto de invertirse. Una fuerza agresiva y destructiva para los demás y para él mismo.

Habría estado bien si yo hubiese muerto pero él…

Rick. Su alma gemela, su hermano. La única persona en el mundo que lo toleraba y sabía ponerle los pies en la tierra. Aquel que lo había guiado en la oscuridad más profunda, su salvador.

Cuántas veces habría deseado haber estado en su lugar…

Esa escena siempre se reconstruía en su cabeza. Tenía clavadas las palabras de ese al cual le faltó tiempo para huir y dejar a sus camaradas tirados en el suelo "horrible mutante" siempre era igual…

También recordaba las emociones. La adrenalina y la ira bullendo en él, haciendo que sus piernas dieran de si más de lo normal, haciendo que sus heridas poco importaran. Dándole una apariencia de animal salvaje. Ah, era tan cruel en esos momentos, daba igual cuanto se disculparan con él, tampoco le importaba si estaban a punto de morir, él sólo… quería golpear a alguien un rato. Quitarse un poco de esa ira… de ese odio… si peleaba hasta la extenuación, se adormilaba y no pensaba en su asquerosa, dolorosa y frustrante vida. De normal Rick lo detenía antes de matar a alguien o lo recogía del suelo cuando estaba a punto de morir él.

Sí, el último día también fue así. Sólo que esa vez el que murió… fue Rick.

Si le hubiese hecho caso, si no hubiese perseguido como un perro a ese tipo, si no lo arrastrara como siempre en sus peleas… Rick seguiría vivo.

Chirrió de llantas, un último ¡Kuon! por el cual giró su cuerpo justo para ver a cámara lenta, como el cuerpo de Rick salía despedido por los aires hasta golpear contra el suelo varias veces, como si de un muñeco de trapo desechado por un niño se tratase. Vio como Tina se encogía sobre sí misma, como su cara se contraía de dolor, vio como corría hacia su novio, lo acariciaba, lo sacudía, le gritaba, intentaba taparle alguna de las múltiples y supurantes heridas, mientras él... él se quedaba en el sitio, congelado, sin hacer nada. Viendo como la sangre de Rick se escapaba por cada una de las aberturas causadas por el impacto, por su boca, por sus oídos...Recuerda que pensó que debían de parar la hemorragia, que sino se iba a desangrar, mientras que muy en el fondo, ya sabía que estaba muerto.

Vagamente oía las suplicas de la chica. Suplicaba que no muriera, que no se fuera.

Sólo hubo algo que pudo devolverle a la realidad.

Imperdonable— jamás había escuchado una voz más rota, más lastimera y a la vez tan fuerte. Tina le miraba llena de odio, siempre recordaría su mirada y sus palabras — No te voy a perdonar, incluso hasta el día en que mueras. ¿Por qué tenía que ser Rick quien sufriera? ¡Todo esto es tú culpa! ¡Si no existieras entonces Rick no tendría que haber sufrido! ¡Si tan sólo no hubiera tenido nada que ver contigo! ¡Conocerte, le ha costado a Rick su vida... asesino! ¡Debiste haber muerto tú en lugar de Rick! ¡ASESINO!

Sí. Eso es lo que era… un asesino. Había matado a su mejor amigo y ni siquiera muriendo podría pagarlo…

Kyoko oía los latidos de su corazón palpitar en sus oídos "¿Eso... es… lo que… ha estado… ocultando… todo este tiempo?" Ella sabía, sabía que en un lugar muy recóndito de Ren había algo oscuro, un pasado doloroso y terrible, un punto flaco que hacía que en ocasiones ese gran hombre de apariencia intachable mostrase unos ojos completamente vacios… Pero jamás se imaginó…

— Lo entiendes ¿verdad? — susurró con la voz desquebrajada, volviendo al presente e intentando tragar ese nudo que se había formado en su garganta— Kyoko, yo… soy un asesino.

— ¡No! — gimió angustiada. No quería oír esas palabras. Él no era un asesino— Fue un accidente.

— ¡Fue mi culpa!— gruñó con rabia, volviendo por primera vez la mirada hacia ella— esas peleas pasaban todos los días, era cuestión de tiempo… sólo era cuestión de tiempo que matase a alguien— su voz lentamente se iba apagando junto con el brillo de sus ojos— y lo hice, mi mejor amigo…

¡Esa mirada! Esa mirada llena de rabia, la había visto antes. Kyoko rebuscó entre sus recuerdos y no fue muy difícil hallarla… era él. Ese él que estaba entre Ren y Cain Heel, ese que se confundía con B.J. También estaba esa otra mirada llena de nada, vaciada, apagada… esa también la había visto durante el rodaje de Tragic Markers, Ren-san también se había perdido en ella.

Eso quería decir que…

— ¿Ese es tu yo real? — preguntó Kyoko mientras le agarraba de la manga de la camisa para que le mirase — aquel contra quien estabas luchado mientras interpretabas a Cain Heel ¿era tu… pasado?

Ren abrió los ojos sorprendido. Siempre había temido que ella se diera cuenta de algo durante el rodaje pero nunca creyó que había llegado tan lejos.

— Sí— Ren suspiró— Lo siento, te hice pasar malos momentos, te asusté, soy consciente y sí, esa era mi antigua personalidad.

El silencio corrió entre ellos. Había muchos momentos en la mente de Kyoko que empezaban a encajar como las piezas de un puzle, con un nuevo significado. Ciertamente había temido a esa persona que no podía reconocer, pero también comprendía.

No eran tan lejanos, en el fondo…

— El odio es un sentimiento terrible… te quema por dentro, te deja sordo y ciego. Gobierna tu vida haciendo que el resto de sentimientos desaparezcan en una nebulosa, el mundo a tu alrededor es borrado por él… y pierdes el camino— La voz de Kyoko rasgó el silencio— Lo único que haces es gastar fuerzas, golpeándote una y otra vez contra el mismo muro sin ser capaz de avanzar, ni siquiera de ver alguna otra opción. Rápidamente pierdes contra ti mismo, odiándote por no poder controlarte, odiándote por sólo poseer odio como combustible y sin tener más meta que destruir— Su propia voz le sonaba lejana, su mente vagaba por las muchas estupideces que había cometido por poder vengarse de Sho y sobre todo, sobre todo por el dolor, la angustia y la desesperación en la que había caído al descubrir que su soporte en la vida aún seguía siendo él, todavía dependía de él, pero esta vez para dañarle— Finalmente quien acaba destruido es uno mismo.

Ren tragó saliva y bajó la cabeza.

Sí, así es cómo era… ese sentimiento de ser devorado por uno, sin escapatoria. Hiriendo como único propósito de vida, arrastrando irresponsablemente a las personas detrás de ti, existiendo únicamente para decepcionar…

Sus pensamientos cesaron cuando sintió un brazo pasar por su cuello y una mano acariciar su mejilla, atrayéndolo hasta su pecho.

No podía verlo así. Sentado en el sofá hundiéndose en su propia desesperación, atormentándose por un pasado que no podía cambiar. Las lágrimas llegaban a ella, le inundaban los ojos y le dificultaban la visión. No quería, no podía dejar que ese hombre se hundiera en ese mar oscuro y frío que ella tanto odiaba.

Kyoko se levantó del sofá y se puso delante de él.

— Ya es suficiente— Susurró con amabilidad en su oído— Ya te has condenado y has sufrido demasiado. Es tiempo de perdonarte y de permitirte vivir. Estás vivo ¿sabes? Aprovéchalo y sé feliz. No eres un asesino, fue un accidente… no es tu culpa.

Ren soltó el aire sorprendido al sentir cómo cálidas gotas de agua caían desde lo alto hasta sus mejillas, al levantar la mirada se encontró con los ojos dorados de Kyoko. ¿Lloraba por él? ¿por su dolor?

Kyoko entrelazó sus brazos alrededor de él, dándole calidez y cobijo.

Entonces lloró. Después de tantos años y por primera vez desde lo sucedido se concedió la oportunidad, el derecho de llorar. Llorar la muerte de su mejor amigo, llorar la pérdida de su vida, llorar el mayor error que había cometido jamás, llorar el haber hecho daño a otros, llorar de dolor, de desesperación, de odio hacia sí mismo.

Allí en donde nadie le iba poder alcanzar, donde nadie le podía dañar, porque si Kyoko no le rechazaba, entonces el resto del mundo le daba igual.

Tal vez… sí podía perdonarse.

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No supo cuanto tiempo estuvo así, con la cabeza de Tsuruga-san entre sus pechos empapándole la camisa. Sorprendentemente no le incomodaba, ni le avergonzaba, su corazón estaba obnubilado por las emociones de él y su dramática historia. No pensaba en nada, sólo tenía la suficiente coordinación motriz como para acariciar sus cabellos con una mano y con la otra subir y bajar por su espalda calmando los temblores de dolor.

Cuando él por fin levantó la cabeza, lo hizo tan lentamente como si fuese un muñeco sin cuerda. Después de un breve momento de indecisión, posó sus enrojecidos ojos en ella.

La miraba con vergüenza y temor, Kyoko lo sabía, él tenía miedo, miedo de que ella lo rechazara de que lo juzgará y repitiera esa palabra que lo había crucificado años atrás. Asesino.

Ahora le llegaban claras las palabras de Reino "tú no sabes quién es ese hombre… ¿¡Crees que Tsuruga Ren existe si quiera!?" había dicho, puede que eso fuese cierto, puede que no lo conociese en absoluto pero ¿por qué no podía dejarlo solo? ¿de verdad nunca había conocido a la verdadera persona detrás de la fachada?

Suspiró. Tenía miedo. Estaba confusa ¿De quién se había enamorado? ¿Existía realmente esa persona?

Tragó saliva y se secó las lágrimas de la cara. Era consciente de que estaría metiendo el dedo en la herida, pero era necesario… para los dos.

— ¿Cómo te llamas? — La voz de Kyoko fue dulce y directa mientras pasaba su mano por la mejilla del actor y retiraba los rastros de tristeza.

Ren abrió los ojos hasta límites insospechados. Había decidido contarle su historia, pero TODO… era demasiado. No estaba preparado, pensó cerrando los ojos.

Sin embargo al mirarla otra vez, se dio cuenta de que para lo que no estaba preparado era para seguir ocultándole cosas a esos ojos oscuros, que lo miraban con la mayor claridad y transparencia del mundo.

— Kuon— Dijo tras tomar aire— Kuon Hizuri.

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Takarada Lory estaba en el despacho de su gran mansión, mirando al cielo sin luna desde los amplios ventanales mientras bebía de su copa de coñac y expiraba profundamente después de un trago.

"¿Se lo habrá contado?" miró el ambarino líquido moverse de una pared a otra en círculos.

Kuon… era un tema muy difícil. Siempre supo que llegaría este día, una persona no podía huir por siempre, menos de sí misma. Ese chico… desde la muerte de su amigo se tuvo verdadero pánico, asco y odio, cuando lo vio a sus dieciséis años supo con certeza absoluta que si lo dejaba solo no tardaría en desaparecer.

Y Mogami-kun… no sabía muy bien qué clase de doloroso pasado tenía esa chica pero estaba seguro que de alguna forma podía llegar a comprender y ayudar a soportar la carga de Kuon. Esa chica podría salvarlo. Esa era la prueba final, la prueba final para ambos.

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— Recuerdo que una vez, cuando tenía diez años, mi padre me llevó a Kyoto a veranear. Mientras él iba a saludar a uno de sus múltiples amigos yo me adentré en el bosque, era realmente hermoso ¿sabes? Lleno de diferentes arboles, especies típicas japonesas que yo no conocía, pequeños senderos poco transitados y con un arroyo que se oía cercano.

Poco después de llegar al río, cuando creía que había encontrado un buen lugar en el que estar solo, oí unos pequeños pasos detrás de mí y después un jadeo de sorpresa.

Era una niña, de unos cinco o seis años, pelo negro con coletas y ojos ámbar anegados en lágrimas.

"¿¡Eres un hada!?" Preguntó con suave voz aflautada y con los ojos increíblemente brillantes. En menos de un segundo había dejado de llorar desconsoladamente para mostrar una amplia sonrisa esperanzada.

No sé porqué respondí que sí, sólo sé que si viera esa mirada otra vez lo volvería a hacer. Le pregunté por qué lloraba y me contó su problema con su madre y los estudios.

Decidí animarla con unas cuantas acrobacias y en su inocencia, pensó que volaba.

Esos pocos días que pasamos juntos, le conté en forma de eufemismo y cuento de hadas todos mis problemas en el mundo del espectáculo y con mis padres. Kyouko-chan siempre me escuchaba atentamente, como nunca nadie se había molestado en hacerlo, sin juzgarme sin intentar encontrar excusas, sólo me dejaba desahogarme, realmente fue de ayuda… Por eso y para que no se olvidará de mí, le di mi objeto más preciado.

— Es-espera— tartamudeó Kyoko todavía con la boca abierta— eso…eso…

— "Espero que pueda reducir tus lágrimas"— sonrió Ren— estabas tan feliz cuando te la di… me alegra saber que todavía la conservas y que sea tu tesoro más valioso.

"¿Corn? Es cierto para los oídos japoneses debe sonar así, en América se utiliza la pronunciación inglesa con una fuerte entonación, para pronunciarlo en japonés sería así: Ku-o-n" esas palabras le llegaban del pasado desde la conversación que tuvo con Hizuri Kuu, sobre su hijo, el que ella había interpretado, el que ella había creído muerto.

— Eres el hijo de Hizuri Kuu-san…— murmuró con asombro— y también eres… Corn… No lo entiendo, no lo entiendo.

Su cabeza iba a explotar ¡era demasiada información! Era como un rompezcabezas y sentía que le faltaba una pieza.

— ¿Pero el hijo de Kuu-san no estaba muerto? ¿y Corn no es un hada? — Lo miró con los ojos suplicantes, queriendo que la sacara de ese mar de dudas.

— Obviamente no estoy muerto, no en el sentido literal, pero la noche de… del incidente hubo mucho revuelo y al día siguiente vino el presidente del LME, que era amigo de mi padre, y me propuso ir a Japón. Una nueva identidad, un pasado vacio, nueva vida… empezar de nuevo como Tsuruga Ren— Miró al techo y suspiró mientras entrelazaba sus manos— No sé si fue la mejor decisión que podía tomar pero… en ese momento estaba muerto, yo… ya no sabía quién era, no tenía ganas de vivir… sólo sentía dolor y culpa, hasta la ira que me había mantenido de pie todos esos años había sido consumida por la muerte de Rick. Fui egoísta, me marché de casa delante de un padre que estaba desolado, sin ni siquiera despedirme de mi madre que estaba de viaje y nunca los llamé ni me puse en contacto con ellos. Jé, despreciable hasta el final…

— No-no digas eso… estabas perdido, eras joven yo… soy incapaz de imaginar cuánto dolor debiste haber sufrido— Kyoko apretaba fuertemente el puño contra su pecho— estoy segura de que tus padres lo entenderían, Kuu-san te ama mucho.

— Lo sé… y es por eso que lamento tanto el daño que les he causado.

— Mmm… y… ¿y Corn? — preguntó casi con miedo— el hada Corn tenía el cabello de oro y sus ojos eran turquesas heladas…

Ren se levantó del sofá interrumpiendo las divagaciones de la muchacha. Parecía que la imagen de Corn era sagrada para ella y no iba a ser fácil convencerla. Cuando salió del baño, la joven todavía seguía murmurando excusas para sí.

— Kyoko ¿son estos… los ojos que recuerdas? — preguntó caminando hacia ella.

Nunca pensó que se sentiría tan expuesto en su propia casa ¿era por haberse quitado las lentillas ante alguien más? No. Era por esa mirada. Esa mirada que lo escaneaba e intentaba reconócele ¿o tal vez diferenciarle? Es como si estuviera buscando unir dos puzles juntos mediante un enlace que sabía que existía. Sí, esa era una buena forma de definirlo. Lo cierto es que pensó en lo duro que sería para él esta conversación pero nunca imaginó lo que podría suponer para Kyoko más allá de aceptarle o rechazarle. Ahora mismo su cabeza debía de ser un terrible caos.

— Lo siento. Nunca quise engañarte y quiero que sepas que para mí, esos días en Kyoto también son uno de mis recuerdos más preciados.

Kyoko salió de su torbellino interno al oír esas palabras y la sinceridad con las que eran trasmitidas.

— ¿De verdad?

— Sí— Aseveró él con una sonrisa— Una vez me dijiste que estabas profundamente arrepentida de no haber podido ayudar a Corn ¿recuerdas? En el rodaje de Dark Moon en la localidad, recuerdo que de repente te pusiste a llorar por las palabras de ese Vie Ghoul. Estabas tan triste… me sentí muy culpable de no decirte que yo era Corn. Déjame decirte hoy que sí me ayudaste, mucho.

— Pero yo nunca te pregunté por tus problemas a pesar de que siempre tenías esa expresión tan desoladora… yo sólo hablaba de mi y de mi madre y me dedicaba a llorar todo el rato— Replicó Kyoko enfadada consigo misma.

— Me escuchaste. Me miraste a mí, sin compararme con mi padre ni con mi madre. Venías a verme y a jugar, te preocupabas cuando me caía y sonreías cuando hacia alguna pirueta para ti. Lloraste cuando me tuve que marchar— sonrió alcanzando los cabellos anaranjados— fuiste muy importante para mí, cuando encontré la piedra en el LME para ti pensé que era el destino.

Kyoko se levantó y llevó ambas manos al rostro de él y poco a poco lo fue acercando al suyo.

— Siempre había querido ver los ojos de Corn de cerca— susurró sonriente y sonrojada— son igual de hermosos a como los recordaba. También… siempre había querido acariciar su dorado cabello aunque este no es tu rubio natural ¿verdad?

—…No— murmuró el sorprendido por el repentino gesto.

— Aún estoy asimilando toda la información pero el pasado es pasado, no soy yo quien tiene que perdonarte, pero me gustaría saber algo— inspiró con fuerza y lo miró profundamente a los ojos— ¿todo hasta ahora ha sido una actuación? ¿me he enamorado de alguien que no existe?

— Si hay alguien en este mundo que me haga perder la capacidad para actuar como Tsuruga Ren y tomar mi verdadera personalidad… esa eres tú, Kyoko— sonrió de medio lado él.

Sumergirse en el pasado es duro, nunca le había gustado, su pasado era cruel y amargo, había pocos momentos agradables que rescatar pero sin duda alguna si había memorias que valía la pena devolver al presente una y otra vez… eran las de Kyoto.

¿Cuánto tiempo pasaron tumbados juntos en el sofá recordando paso a paso sus encuentros en el río? No lo sabía, pero ver a Kyoko a su lado, con los ojos brillantes contando su versión era simplemente fascinante. "Así que no eres un hada" había dicho haciendo un puchero con ojos llorosos, parece que le había destrozado su ya maltratada infancia "lo siento" había tenido que responder él con pesar, le había tenido que prometer que la próxima vez que fuesen a Kyoto juntos buscarían hadas de verdad.

— No sé cuando regresaré a Kyoto— decía ella con los ojos cerrados, adormecida— me siento tan avergonzada por haber abandonado así a los Fuwa, en realidad debería volver y disculparme apropiadamente con ellos.

— Estoy seguro de que lo comprenderán— susurró Ren acariciando su cabello, se mordió el labio dudando antes de preguntar—…oye ¿y tú madre? Seguramente ella también…

Sus palabras quedaron suspendidas en el aire al descubrir los ojos de la muchacha. Una herida tan vieja como la existencia de su dueña, todavía abierta, punzante, dolorosa.

— Madre… no… ella, a ella… no le importa— Suspiró fijando su mirada en la nada, haciendo ese vacío aún más visible— a demás… no sé donde está exactamente. Madre me dejó con los Fuwa poco después de que nos conociéramos.

— ¿¡Te abandonó!? — las palabras salieron de su boca sin pensarlo y la sonrisa opaca de ella le dolió en el alma— Lo-lo siento.

— Está bien… las cosas hay que llamarlas por su nombre. Por eso una mujer que no se preocupa de su hija ¿se puede llamar madre? Creo que eso es un insulto para aquellos padres devotos que aman y cuidan a sus hijos.

"Abandonada por su madre y viviendo una vida al propósito del sueño del hombre que luego la tiraría a la basura sin más miramientos. Esta chica ¿Cuántas veces ha tenido que reconstruir su corazón? ¿Cuánto dolor y soledad ha sufrido?" se preguntó Ren horrorizado. "Y aún así… y aún así…"

— Eres increíble— Le susurró después de besarla en la frente— me gustaría cuidarte y protegerte pero creo que eres más fuerte que yo… admiro esa voluntad de hierro, en serio, me quito el sombrero ante tus agallas.

Kyoko sonrió sin saber el motivo de su repentino monólogo.

— Creo que la tenacidad… es mi única virtud— susurró acomodándose en el hombro del joven— pero no es suficiente, así que por favor, si falla, confío en ti.

— Déjamelo a mí.

Desechando los recuerdos amargos y quedándose tan sólo con aquellos que ambos compartían en la linde de un riachuelo, se quedaron adormilados. Primero fue Kyoko, debía estar cansada, Ren no la culpaba, ir hasta su casa a ocuparse de él después de todo un día de rodaje no era lo más recomendable. Por eso decidió que lo mejor sería llevarla a la habitación de invitados.

— Lo siento ¿te he despertado? — susurró Ren, después de haber dejado a Kyoko en la cama— ahora voy a darte una colcha para que no pases frío.

—…conmigo? — preguntó Kyoko adormilada

— ¿Qué? Perdona no te he podido oír bien

— ¿Puedes dormir conmigo? — los ojos de Ren se abrieron ante la sorpresa. Eso definitivamente no era algo propio de Kyoko ¿Por qué…? — Madre… la verdad es que odio hablar de… ella… duele… siempre persiste hasta que la vuelvo a olvidar así que, por favor ¿podrías quedarte conmigo?

"No me abandones" Era el claro mensaje que le llegaba a Ren.

¿Cómo decirle que no a esos ojos llorosos entre la bruma del sueño y la vigilia?

— Claro que sí— susurró con tono sosegado— tranquila, estoy contigo. No te voy a dejar.

La arropó con las mantas y se cobijó junto a ella. Kyoko lloraba con los ojos cerrados y la respiración pausada, Ren estaba seguro de que estaba más dormida que despierta sino esos sentimientos no habrían salido tan fácilmente a la superficie. Ser abandonada o pedir ayuda… si algo le había quedado claro es que para Kyoko su madre era un tema tabú, más incluso que Fuwa Sho.

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¡Waaaw! Llevo ya un año de fic y no me había dado cuenta. Muchas gracias a todos por el apoyo, followers, favoritos, lectores, reviews… es un gran apoyo para haber podido llegar hasta aquí, así que mil gracias.