Este capítulo se lo dedico a sarux, que me sugirió algo así en un comentario hace ya varios capítulos :)
Espero que os guste. Estaré sin volver a actualizar hasta el día 30 o 31, supongo. Gracias por los comentarios :D, espero más!
Kate estaba tumbada boca abajo, a punto de quedarse dormida cuando Castle comenzó a hacerle masajes con el dedo sobre la espalda, a modo de corazones. Los labios de Kate se curvaron en una sonrisa y giró la cabeza hacia él, apoyándose sobre su pecho.
-¿No puedes dormir?
-No – dijo él, pasando de los masajes de la espalda a su cuello.
-Y… ¿qué tal si quemamos unas pocas calorías antes de dormir? – insinuó ella, pasando su brazo hasta llegar al cuello del escritor.
-No se me ocurriría negarme – dijo él, acercando su boca a la de Kate e inclinándose sobre ella, provocando su risa al chocar con sus labios.
Kate metió sus manos por debajo de la camiseta del escritor y se la subió lentamente hasta el cuello donde él ayudó a quitársela.
Mientras tanto, su hijo dormía en su dormitorio cuando una pesadilla lo despertó. Abrió los ojos, asustado, hasta que comprendió que todo había sido un sueño, que aquellos monstruos solo habían sido parte de una pesadilla. Comprobó que su osito de peluche estaba allí, a su lado y lo apretujó contra su pecho. Intentó volver a conciliar el sueño, pero no pudo. La luz que desde el pasillo entraba por la puerta entreabierta de su dormitorio, formaba sombras con algunos objetos, lo que hacía que el pequeño se asustase un poco más.
Un minuto después se armó de valor y se levantó.
-Uno, dos… tres – dijo en un pequeño susurro, antes de posar sus pequeños pies descalzos contra el suelo.
Cruzó corriendo su dormitorio hasta la puerta y una vez allí giro a la derecha, recorriendo el pasillo hasta llegar a las escaleras. Desde allí, vislumbró el salón, todo estaba a oscuras. Cerró sus ojos, asustado, pero la idea de que sus padres estaban abajo, en el lado opuesto del salón le ayudó a armarse de nuevo de valor y, apoyándose en el lado de la pared, bajó con cuidado las escaleras.
Kate y Rick compartían unos momentos de diversión entre risas y no se dieron cuenta de que la puerta de su dormitorio se estaba abriendo. Justo después de que Kate emitiese un gemido, una voz infantil atravesó la habitación e hizo que Castle y Beckett dejasen el asunto a medias y se cubriesen con las sábanas.
-Tengo miedo ¿puedo dormir hoy aquí?
Kate miró a Castle, justo antes de tragar saliva y cubrirse la cabeza con las sábanas, avergonzada. El escritor miró a Kate, o la silueta de Kate entre las sábanas, y después a su hijo. Buscó sus pantalones a tientas, en la oscuridad y después de vestirse avanzó hacia su hijo. Mientras tanto, Kate se vistió rápidamente.
-¿Qué estabais haciendo? – preguntó el niño, una vez su padre se hubo agachado a su lado.
-Nada, estábamos…. divirtiéndonos – confesó el escritor.
-¿Has tenido una pesadilla cariño? – dijo Kate, antes de que Castle metiese la pata.
El pequeño asintió, mirando el osito de peluche que colgaba de su mano derecha. Castle miró a Beckett y ella asintió.
-Venga, pero solo esta noche eh.
El pequeño sonrió mientras se subía a la cama de sus padres con la ayuda de Castle. Unos minutos después, solamente se escuchaba la respiración acompasada de Jaime, ya dormido.
-Castle – susurró Beckett - ¿estás dormido?
-¿Cómo podría? – contestó él, susurrando también.
-Dios, ¡qué vergüenza!
-Tranquila, no se ha enterado de nada. Mañana nos reiremos de esto.
A la mañana siguiente unas fuertes sacudidas en la cama le despertaron. Abrió los ojos y se encontró a su hijo, saltando y riéndose en medio de Castle y ella.
-Jaime, para – le dijo, con una voz todavía ronca.
El niño obedeció a su madre y de un saltó se sentó en la cama, aplastando el brazo de su padre.
-¡Au! – se quejó éste, que también acababa de despertarse.
-Lo siento – dijo el niño, entre risas.
-Jaime, no vuelvas a hacer eso, no vuelvas a saltar en la cama – le advirtió su madre en un tono más serio.
-Pero ¿por qué no? Me estaba divirtiendo.
-Porque la cama no está para eso.
-Pero papá me dijo anoche que vosotros os estabais divirtiendo – alegó el pequeño.
Beckett y Castle se miraron entre ellos y ella le hizo un gesto a él para que le diese alguna explicación a su hijo.
-Eh, bueno…. – comenzó a decir – nosotros nos estábamos divirtiendo, pero no así.
-¿Cómo? – preguntó Jaime, interesado.
-Así – dijo Castle, antes de abalanzarse sobre su hijo y comenzar a hacerle cosquillas por la tripa, provocando en él una contagiosa risa.
-¡No! Papá para – decía sin poder parar de reír – para.
Cuando por fin su padre paró, el pequeño se acercó a su oído y le susurró algo. Después, ambos se miraron, cómplices de su secreto y se abalanzaron sobre Kate.
