Autora del fic:Nolebucgrl

Traducido por:Mentxu Masen

Beta:Jocelynne Ulloa

Fanfiction addiction (Twilight )


BPOV

Por primera vez desde que empecé, sentí mariposas en mi estómago mientras me dirigía al trabajo. Parecía que fuera mi primer día de nuevo, pero no. Era mi primer día como reportera que estaba románticamente involucrada con Edward Cullen. No estaba segura como mis colegas, más allá de Jessica y Lauren, iban a reaccionar ante estas noticias, en concreto mis compañeros reporteros de deporte. Siempre nos hemos llevado bien pero de alguna manera sentía como si todo estuviera a punto de cambiar. Y yo sabía que me tendría que acostumbrar a ello, porque esto era sólo el primer grupo de compañeros con los que tratar. Los reporteros rivales eran propensos a ser menos acogedores.

Traté de dejar mis nervios a un lado mientras entraba al edificio, después de todo, le había contado a Ted que podía manejarlo y lo dije en serio. Me armé de valor cuando giré la esquina e hice mi camino pasando la mesa de Ashley Blake. Ella era, a efectos prácticos, la secretaria, pero en realidad controlaba cada pieza de información que llegaba a la mesa de redacción, designándola a la persona adecuada. No podríamos funcionar sin ella.

Ella me miró mientras hablaba con los auriculares y transfería otra llamada. Le sonreí y ella asintió, sus ojos negros me escaneaban como si me estuviera midiendo. Casi podía oír cómo me evaluaba, preguntándose qué Edward Cullen posiblemente veía en mí. Entonces una sonrisa cruzó su cara y yo automáticamente le sonreí de vuelta.

—Me encantó el artículo—, articuló mientras cogía otra línea en sus auriculares. Mentalmente me castigué por ser una idiota, sonreí en agradecimiento y continué hacia mi cubículo.

Mientras que había imaginado la reacción de Ashley hacia mí, no me imaginé el silencio que se creó sobre el resto de mis colegas mientras me dirigía a mi mesa. Las conversaciones que había se cortaron a mitad de frase y sentí varios pares de ojos en mí. Interiormente me encogí por esa atención pero mantuve mi cabeza en alto. No había nada por lo que estar avergonzada. Solo estaba saliendo con un famoso. Que se vayan a la mierda.

Me concentré en Seth Clearwater y Paul Mader, mis colegas de la mesa de deportes. Seth estaba haciendo mi antiguo trabajo, junto con la cobertura de atletismo del Estado de Arizona. Paul estaba en cambio en la Universidad de Arizona y también cubriendo el resto de la Conferencia del Pac—10. Los oscuros ojos de Seth me miraron por un momento antes de apartarlos lejos de mí y se detuvo en algo en su ordenador. Paul no fingía estar ocupado, sólo estaba sentado hacia atrás en su silla y bebió su café mientras me miraba fijamente.

—Paul— dije, dándole mi sonrisa habitual, como si fuera cualquier otro día.

—Señora Cullen—, contestó con una sonrisa traviesa. Mi corazón se paró por unos pocos segundos antes de empezar a latir en mi pecho. Según Edward, ese sería mi nombre algún día. Aunque no se lo dije en ese momento, lo quería. Sin embargo, me molestó que Paul fuera el primero en llamarme de esa manera.

Paré en su mesa y lo miré.

—Ese no es mi nombre— Seth murmuró algo detrás de mí pero no entendí y cuando me giré para enfrentarle, él estaba todavía mirando a su pantalla del ordenador.

Paul colocó sus pies encima de la mesa y le di un manotazo suave en su zapato.

—Tú sabes, siempre supe que tenías algo con los chicos guapos, Bella, y esperaba completamente que calleras por mí.

Rodé mis ojos. Paul estaba felizmente casado con tres hermosos niños.

—Que ingenuo ¿no? Tú no podías esperar competir con mi hombre—, me burlé con desprecio.

Se rió entre dientes.

—No dentro o fuera del campo, me temo—. Paul había sido mariscal en el instituto pero no tenía lo que se necesitaba para romper más allá de la tercera cuerda en la universidad.

—Está bien; sigo queriéndote de todas formas, incluso si no eres guapo— le dije, mirando por encima y viendo todavía la parte trasera de la cabeza de Seth. Miré a Paul y él se encogió de hombros. Sabía que Seth tenía un enamoramiento conmigo y sentí una punzada de culpa por no compartir su interés. Probablemente era duro leer sobre mí y Edward en el periódico.

—Así que, Seth, de verdad me encantó tu artículo sobre el juego de Plant—, le dije.

—Gracias— gruñó, todavía sin mirarme.

Paul dejó escapar un silbido y levantó sus manos delante de él en señal de rendición.

—Voy a rellenar— nos dijo, agarrando su taza de café y yendo a la sala de descanso.

Suspiré y lo intenté de nuevo.

—Realmente creo que Adams va a tener el título este año. Su corredor es un semental y la línea O abre agujeros del tamaño del Gran Cañón—. Nada. Ni una palabra de reconocimiento, una reacción, ni siquiera rechistar.

—Jess y Lauren la pasaron muy bien en la subasta, aunque estaba un poco preocupada de que Lauren hubiera trabajado en Crowley demasiado duro para que fuera eficaz el Domingo.— Sí, me estaba desesperando. Seth era mi persona favorita aquí en el trabajo y odié que no me estuviera hablando.

— ¿Qué pasa con Cullen? Estoy seguro que estás tomando parte de su tiempo de preparación—. Las palabras, cuando vinieron, eran amargas y duras. Di un grito ahogado y agarré el borde del escritorio, como si me sostuviera del daño de esas palabras mientras las asimilaba. Finalmente giró y la expresión de su cara coincidía con sus palabras. Sus ojos negros ardían y su boca estaba curvada en una mueca.

—Yo…yo, uh…— No sabía que decir.

—Sólo dime una cosa, Bella. ¿Recuerdas ese día que te cubrí, cuando te había surgido algo importante?—. Por supuesto que recordaba. Esa fue la noche que hice el amor con Edward por primera vez, fácilmente una de las mejores noches de mi vida.

— ¿Era Cullen la cosa importante que tenías que hacer? O debería decir, ¿la persona importante que tenías que hacer?

Eché una rápida mirada a nuestro alrededor y nadie estaba mirando hacia nosotros, pero entonces de nuevo, no les vi trabando al teléfono ni escribiendo si quiera. Tenía la sensación que cada persona al alcance del oído estaba sintonizando lo que Seth estaba diciendo.

Bajé la voz e intenté contestar.

—Seth, realmente no creo…

—Sólo contesta la pregunta, Bella—. Su voz no era alta, pero el tono fue alto y claro.

—Sí, tenía planes con Edward—. Le daría la verdad, incluso si él me odiaría por ello.

Seth sonrió misteriosamente.

—Bien, estoy encantado que no dejes que el trabajo interfiera con tu vida personal. Joder, puedes usar tu vida personal para mejorar la actual. Todo el mundo gana.

Esa afirmación tenía a algunas personas detrás de mí hablando y cuando me giré para mirarles, se callaron con gesto culpable. Por supuesto que él no era el único pensando eso, sin importar lo que dijimos en la entrevista. Sabía que habría personas que dudaban, solo no había pensado que mi amigo pudiera ser una de ellas.

Suspiré y le tendí una mano pero él se apartó antes de que pudiera tocar su brazo. Supongo que me lo esperaba.

—Me conoces mejor que eso, Seth. No usaría a Edward para salir adelante.

—No te conozco en absoluto, Bella. Puedes estar segura de eso—, respondió enfadado.

¿Qué significa eso?— Había pasado incontables horas con Seth, hablando de la vida, deportes, contestando preguntas por él y ayudándole cuando él lo necesitaba. Éramos amigos, maldición.

—Significa que cada vez que te invité a salir, tú dijiste no. Supongo que estabas esperando por el pez grande. Dime, Bella, ¿Cómo lo abordaste?

Sentí como si me hubieran dado un puñetazo en la tripa.

—Seth, nosotros somos amigos y no quería arruinar… —

— ¡No somos amigos!— gritó y ahora toda la sala estaba callada.

Lágrimas brotaron de mis ojos, pero me rehusé a dejarlas caer en frente de toda la oficina.

—Muy bien, claramente estás cabreado conmigo. Lo siento por no querer echar a perder nuestra amistar por salir contigo. Aparentemente lo he hecho por enamorarme de Edward. Siento si te duele y siento no habértelo dicho hace tiempo. Estaba esperando por…bien, no importa lo que estuviera esperando. No te molestaré otra vez.

Algo brilló en sus ojos pero no sabría decir si era ira o no. Deseé que fuera lamento, pero no pensaba quedarme alrededor para averiguarlo. Giré sobre mis talones e hice el camino hacia mi escritorio, manteniéndome sin tener contacto visual con ninguno. Me hundí en la silla y me giré hacia el ordenador, mirando la pantalla mientras esperaba que se encendiera. Mi luz de mensaje estaba parpadeando en mi teléfono y lo cogí y tecleé mi contraseña, haciendo todo lo posible para tratar de distraerme del dolor que estaba sintiendo.

¿Veintisiete mensajes? ¿Qué demonios? Escuché como reportero tras reportero dejaba un mensaje, esperando una entrevista sobre mi relación con Edward. Eran los mismos que habían ido tras él y suspiré y colgué sin escuchar ninguno más. Sabía que querían hablar conmigo; Alice me lo dijo tan pronto como había regresado de su gran exilio para convertirse en la relacionadora pública de Edward.

Marqué su número rápidamente.

—Hey, Bella, ¿Qué pasa?— dijo alegremente, sonando completamente contento para alguien que estaba con dos trabajos. Quería odiarla pero era imposible.

—Oh, vamos a ver, todo el mundo en el trabajo piensa que soy una puta y tengo un billón de peticiones de entrevistas en mi buzón de voz—. Sí, estaba exagerando pero este día ya asqueaba y no eran siquiera las diez.

— ¿Quién te ha llamado puta?— La piada se convirtió casi en un gruñido cuando Alice me preguntó.

—Él no lo dijo con tantas palabras pero…

— ¿Quién, Bella?— gritó. Y ahora iba a estar sorda del oído derecho por encima de todo lo demás.

Dejé escapar un suspiro antes de contestar.

—Seth.

— ¡Voy a acabar con él!— gritó. — ¿Se supone que es tu amigo y no puede ser feliz sólo porque tú no tienes esos sentimientos por él? Que se joda.

—Alice, no hay nada que puedas hacer. Estoy segura que no es el único que piensa eso. Solo es el único que lo ha dicho.

—Bella, dime algo. Si alguien a quien llamas amigo allí en el trabajo está saliendo con alguien famoso, ¿Lo acusarías por hacerlo por algún tipo de beneficio personal?

—No, por supuesto.

—Bien, entonces, eso te dice todo lo que necesitas saber sobre Seth. Está cabreado y celoso y es un dolor en el culo. Tengo intención de patearle el trasero la próxima vez que vaya a verte.

Reí al imaginar los cinco pies de Alice golpeando al trasero de 6.3 pies de Seth, pero no dudaba que ella pudiera hacerlo. Ella ha hecho a Emmett encogerse de miedo, gritándole alto.

—No te rías de mí, puedo hacerlo—, me informó con altivez.

—Sé que puedes. Es solo una graciosa imagen mental—. Amé que Alice pudiera hacerme encontrar lo gracioso a la situación.

—Puede ser, pero él no reirá, te lo aseguro. Respecto a los reporteros, sólo ignóralos. He arreglado un par de entrevistas para los dos cada noche, sólo por teléfono, nada importante, y que os lleve más de treinta minutos. Les he dicho que no hay mucho que contar y que pueden usar el artículo de Lauren como su base porque no hay mucho más que eso. Será perfectamente sin dolor. Tienes jueves noche libre para disfrutar entre vosotros antes de que os vayáis a Chicago el viernes.

—Muchas gracias—, contesté con sarcasmo.

—Oh, cállate, tienes todas las noches también. Gastas solo una o dos horas en las entrevistas y después la noche es vuestra. Me aseguraré que tengáis un montón de tiempo a solas.

—Lo sé, Alice, y te lo agradezco. Nadie más podría haber conseguido ajustar el horario de Edward tan rápido—. Tenía razón y quería que ella supiera que aprecio lo que estaba haciendo por él, por nosotros.

—Bueno, es verdad— contestó, en tono apaciguado. — ¿Sabías que ellos quieren que él haga una línea de ropa interior?

Me quedé helada. Maldita sea, ¿Había ella oído sobre eso ya?

—Sí, él lo mencionó.

— ¡Bien! ¿No crees que debería? ¡Tengo muchas ideas!— Desconecté mientras ella hablaba de calzones, calzoncillos y toda la mierda esa que tenía en mente.

—Es genial, Alice. Edward no está seguro si quiere hacerlo—. Y yo no estaba segura si quería a mi hombre desnudo en revistas y anuncios de televisión, que era exactamente a donde iba todo esto. No estaba loca.

—Uh huh, pero podría ser bastante lucrativo y… —parloteaba. Una garganta se aclaró delante de mi mesa y miré para ver a Lauren y Jessica sonriéndome como gemelas del Sombrerero Loco. Salvada… ¿o no?

—Alice, tengo que dejarte. Te llamo luego.

— ¡Okey! Tengo que llamar a Alec de todas formas—. Me reí entre diente, imaginando cuanto tiempo iba a estar hablando sobre los negocios de Edward en lugar de estar haciendo su propio trabajo. Colgué y me enfrenté a la cara de las dos felices mujeres en frente de mí.

— ¿Qué pasa?

—Tu novio es Dios—. Sí, malditamente cerca de ello y Zeus por supuesto lo era. Sonreí con ese pensamiento e intenté concentrarme en ellas.

— ¿Lo tomo como que vuestras citas fueron bien?

Lauren se abanicó dramáticamente.

— ¡Tyler es tan caliente! Y por cierto, ¡sus manos son fantásticas!— Me reí del aspecto soñador de su cara.

— ¡Y Sam es grande! ¡Todo!— Soltó Jessica, causando que las tres casi nos ahogáramos de risa.

—Bueno, me alegro que estén a la altura de vuestras expectativas—. Mi corazón se sintió mucho más ligero sólo teniendo el apoyo de las dos mujeres, riendo y realmente felices por mí.

— ¡Oh sí! Tyler viene a cenar esta noche. Y tú sabes, yo no cocino—. Guiñó un ojo Lauren. —Sin embargo él no se queja. Voy a darle un verdadero festín—. Imágenes de ella alimentando con una de sus grandes tetas a Tyler pasaron por mi cabeza y luché contra un estremecimiento.

—Yo voy a ver a Sam mañana—, dijo Jessica. —Él habla sobre su ex demasiado, pero he encontrado una forma eficaz de callarlo.

No necesitaba ninguno de sus detalles sexuales así que alcancé el teléfono de nuevo.

—Me aseguraré de decirle a Edward cuán felices estáis. Estará encantado.

Ambas empezaron a irse, pero Lauren volvió y puso una mano en mi hombro.

—Hey, Bella, oí lo que pasó con Seth—. Por supuesto que lo hizo, todo el mundo lo hizo. —Está siendo un tirano porque tiene un enamoramiento contigo y todo el mundo lo sabe. No es excusa, pero no creo que realmente piense ni la mitad de lo que te ha dicho. Y tengo la intención de decirle la próxima vez que explote contigo en un sitio público, que no seré responsable por lo que escriba sobre él en mi columna.

Apreté su mano e intenté no dejar que las lágrimas volvieran de nuevo.

—Gracias, Lauren. Sin embargo, no tienes que hacerlo.

—Solidaridad de chicas— me dijo, apretándome de vuelta. —Ahora a trabajar—. Vi como ella y Jess se fueron y me sorprendí al echarlas de menos segundos después.

Lo ignoré y empecé escribiendo la información sobre los Bears para mi próximo artículo. Me perdí en informes y estadísticas por un par de horas y el equilibrio volvió cuando hice lo que amo. Un ruido fuerte llamó mi atención y me alejé un poco del ordenador, mirando a mi izquierda para ver que estaba pasando.

Me quedé boquiabierta cuando vi a Edward moviéndose entre los escritorios haciendo su camino en mi dirección. Se veía guapo como nunca vaqueros azules y una camisa tipo polo azul marino. Dirigió una sonrisa a todos mientras pasaba pero no se paró hasta alcanzar mi escritorio, sosteniendo una bolsa marrón.

— ¿Qué estás haciendo aquí?— pregunté, tomando la bolsa Panera y dejándola en mi mesa. Quería lanzarme a sus brazos pero no podía hacerlo aquí y ahora. Esto ya era probablemente demasiado, pero Dios sabe que lo quería aquí.

—Tuve que obtener un número nuevo ¿recuerdas? Y quería que tú lo tuvieras la primera, así que aquí estoy para entregarlo, y el almuerzo—. Sonrió dulcemente y alcancé su mano. Tenía que tocarlo.

— ¿Te llamó Alice?— pregunté suspicazmente.

—No, ella tiene mi móvil, ¿recuerdas?— Oh sí. — ¿Por qué?— preguntó, sus ojos se estrecharon. Me encogí de hombros y él se inclinó hacia adelante, sus ojos verdes me perforaron.

— ¿Por qué, Bella?

Suspiré y me pasé la mano derecha por mi pelo.

—No ha sido un día demasiado bueno.

Miró a mis compañeros, todos ellos estaban sorprendidos ante él.

— ¿Es esto? ¿Y por qué, exactamente?— Su voz era tranquila, pero era eso lo que asustaba, lo que lo hacía tan seguro en sí mismo cuando quería.

—Hablaremos sobre ello después—. Miró detrás de mí, claramente queriendo presionar pero lo que fuera que vio en mi cara le hizo retenerse.

—Okey, cariño. ¿Está bien si me quedo y almuerzo contigo?— Se veía tan esperanzado. Era adorable.

Sonreí y apreté sus manos en agradecimiento.

—Por supuesto que sí. No puedo creerme que te dignaras a entregarlo tú mismo.

Sus ojos brillaron.

—Estaba harto de todos esos chicos repartidores afortunados que te visitaban en el trabajo mientras estaba ocupado sudando y echándote de menos.

Un Edward sudoroso trajo a mente toda clase de pensamientos que era mejor no tener en el trabajo, especialmente no cuando él estaba a tres pies de mí a través de la mesa. No tomaría mucho tiempo simplemente arrastrarlo hacia adelante y empujar toda mi mierda al suelo y tomarlo aquí mismo con una oficina llena de gente mirándonos.

—Uh, sí, bien— chillé y él rió, conociendo el efecto que tenía en mí. Dejó libre mi mano y alcanzó la bolsa, sacando sándwich, sopa y pan.

—Nos tengo pavo en pan agrio y sopa de queso chedar con brócoli—, me dijo.

—Mis favoritos—. Le sonreí y él sonrió de vuelta mientras se sentaba, sujetando una cuchara para mí.

— ¿Así que, en qué estás trabajando?— preguntó mientras sacaba su comida.

Tragué un poco de mi pavo antes de contestar.

—El desglose de las estadísticas de Cutler, leyendo sus últimos juegos, buscando las tendencias y todo a lo que necesitas estar atento.

Sonrió. — ¿Sí? ¿Y a qué necesito estar atento?

Tomé un sorbo de mi sopa, gimiendo suavemente al sabor del queso. Edward se aclaró la garganta y se rió de mi reacción. Dos podían jugar el juego de tensión sexual.

—Urlacher en la carga defensiva. A ellos les gusta llevarle hasta la mitad últimamente y con Peppers haciendo doble equipo al final, él hace su agosto.

Edward se inclinó hacia adelante y bajó la voz.

—No tienes ni idea de cuán jodidamente caliente es oírte desglosar partidos de fútbol.

Lamí una gota de sopa de mi labio.

—Puede que me lo hayas demostrado, una vez o dos.

Sus ojos estaban en mi boca cuando respondió.

—Te lo mostraré de nuevo esta noche. Sólo puede que tenga alguna película de juego para ver.

—Espero que sí—, le dije con una pequeña sonrisa.

Contestó con una sonrisa sexy.

—Como yo.

Comimos y él me contó sobre el tener nuevo teléfono y su plan de salir con Emmett y Jasper después de que me dejara. Ellos iban a ir a jugar baloncesto por un poco de ejercicio extra. Me encantó la imagen de Edward yendo a encestar y deseé estar allí también. Se vería sexy como el demonio, sin dudarlo.

Terminamos de almorzar y Edward hizo bola la bolsa y la tiró en mi papelera.

—Ves, ya puntuando.

Me mordí el labio ante la sonrisa sexy de su cara.

—Guarda alguna puntuación más tarde para mí.

Sonrió y miró sobre mi hombro. No éramos el centro de atención en ese momento así que se inclinó hacia adelante y me besó rápidamente en los labios.

—Guardo mi mejor puntuación para ti.

—Bien. ¿Edward?

— ¿Sí?— preguntó, tomando su teléfono y marcando el mío así tendría su nuevo número. Rápidamente lo guardé.

—Gracias por venir hoy. No sé como sabías que te necesitaba pero pienso que lo sabías.

Sonrió y extendió las manos, recorriendo sus dedos por sobre mi mejilla izquierda. Me incliné hacia esos mágicos dedos y cerré mis ojos.

—Tenía el presentimiento de que no sería un día fácil para ti. Siento si no lo ha sido. Pero quería que supieras que siempre voy a estar aquí para ti.

Abrí mis ojos y vi la sinceridad en su hermoso rostro.

—Sé que lo harás.

—Te quiero, Bella.

Las palabras me calentaron, como siempre lo hacían.

—Te quiero también, Edward.

— ¿Te veo después del trabajo?— preguntó.

—Sí, iré directo allí—. Quería estar en sus brazos y olvidarme de Seth y sus ojos juiciosos.

—Bien—. Me acarició la mejilla de nuevo. —Llámame si me necesitas antes de eso.

—Lo haré. Te veo en unas pocas horas.

Le vi irse con algún que otro saludo y sonrisa. Como hacía con cualquiera. Me volví a sentar y me giré hacia mi monitor con el corazón más ligero una vez que estaba fuera de mi vista. Edward siempre hacía sentirme mejor. Si tenía que soportar a compañeros cabreados, pues que así sea.

Sobre veinte minutos después oí otra voz familiar, aunque esta me impactó incluso más.

— ¿Bella?—

Miré hacia arriba rápidamente.

— ¿Seth?— Su voz era tentativa y por primera vez desde que lo conozco, estaba realmente pálido. Era descendiente de una tribu local de indios y su piel siempre era de un bonito color bronceado, pero él parecía casi blanco ahora.

—Sólo quería pedir disculpas. Nunca debí dar a entender que estabas con Cullen por alguna otra razón que el de cuidar de él. Lo siento.

¿Qué demonios?

—Oh, Seth, también lo siento. Nunca quise herirte.

Levantó una mano.

—No, no tienes nada por lo que disculparte. Estaba celoso. No sucederá de nuevo—. Antes de poder decirle algo él se fue.

Me senté sorprendida por un par de minutos y entonces mi móvil sonó, sacándome de mi trance. Vi que era Emmett y empecé a toser cuando lo leí.

—¿Se disculpó tu compañero?

Sí, lo hizo. ¿Cómo lo sabías? Por supuesto sabía la respuesta a eso. Alice. Ella había ido donde Jasper y por supuesto él le había contado a Emmett. Supongo que debería agradecer que el número de Edward fuera desconocido para ellos cuando él estaba aquí o Seth podría haber estado más que pálido.

—Veo y sé todo, Katie Couric.

—Oh, seguro que sí, Kreskin. ¿Qué le dijiste?

—Nada por lo que tengas que preocuparte, Bárbara Walters. Está controlado. No insultará a mi reportera favorita otra vez.

A mi pesar, sentí mis labios estirarse en una sonrisa.

—No puedes ir amenazando a mis compañeros, Emmett.

Podría luchar mis propias guerras, cuando fuera necesario.

—Por supuesto que puedo. Tú eres mi amiga y te quiero, Bella. Nadie te insulta mientras esté todavía vivo. Nadie. Tienes suerte de que todo lo que hice fue una llamada de teléfono. Jasper quería presentarse en tu oficina. De nada.

Sonreí y sacudí mi cabeza. No había punto en argumentar con Emmett una vez que tenía una idea en la cabeza.

—Gracias, Emmett. También te quiero. Dile a Jasper lo mismo.

—Sé que lo haces, incluso más de lo que quieres a Edward. No te preocupes, ¡no le contaré eso a él o a J!

Me reí y retorné al ordenador. Puede ser exuberante como el infierno pero estaba encantada de que Emmett McCarty me protegiera fieramente como lo hacía con Edward. Estaba encantada de tener a Jasper también. Tenía dos hermanos mayores supe protectores e incluso si tenía que leerles la cartilla por amenazar a mis compañeros.

xoxoxoxox

El resto de la semana fue casi sin ningún incidente, aunque había sido rara. A partir de las entrevistas telefónicas aleatorias con reporteros sobre mi relación, varias ofertas extrañas que yo no aceptaba (Playboy, ¿en serio?), y relaciones tensas en el trabajo, fue uno de libro record. Nadie dijo nada más dando a entender que yo estaba vendiendo mi relación con Edward, pero tampoco la mayoría de mis colegas reporteros de deportes hablaban demasiado conmigo. Quizás se había corrido la voz sobre la amenaza a Seth. No me sorprendería en absoluto. Lauren y Jess lo sabían de alguna manera, así que eso significaba que toda la oficina lo sabía.

El avión aterrizó sin problemas y di un suspiro de alivio cuando nos deslizamos por la pista. Chicago en noviembre, así que hacía mucho frío y había comprado y preparado una chaqueta pesada roja. Afortunadamente podía usarla mientras cubriera otros juegos. Caminé por el O'Hare sin ningún problema y mi coche de alquiler estaba preparado, así que logré salir rápido del aeropuerto.

Conducir a través del tráfico de Chicago no era la mejor cosa para calmar mis nervios sobre mi primer juego desde que Edward y yo hiciéramos pública nuestra relación pero luché por ignorarlo y sólo disfrutar de estar en una nueva ciudad. Me gustaba viajar y no lo había podido hacer a menudo desde que Alice y yo nos titulamos y consiguiéramos trabajo. Ella solía arrastrarme a lugares todo el tiempo pero la vida real se nos cruzaba en el camino y sólo podíamos hacer un viaje o dos al año.

Encontré el Best Western Grant Park y entré con una sonrisa. Estaba cerca de algunos museos y pensé que podría tener tiempo entre cubrir la práctica y el juego en sí mismo. Siempre he querido ir al Shedd Aquarium y podría ir allí desde mi hotel. Me registré y desempaqué mi maleta, sosteniendo mi traje pantalón que planeaba llevar para el juego. Mis pantalones, blusa y chaqueta eran todo lo que necesitaba por hoy.

Tuve sobre una hora antes de necesitar dirigirme al estadio por lo que me relajé en la cama y llamé a Edward para hacerle saber que había llegado. Él se estaba quedando en el Hilton, sin embargo estaría ya en el estadio ahora. Era raro el tenerlo tan cerca pero a la vez tan lejos. Deseé poder ir a los museos con él pero estaría ocupado y le prometí a Ted que permanecería lejos de él y era una promesa que tenía intención de mantener, no importaba lo duro que fuera.

—Hey, cariño—. Su voz se apoderó de mí y de cualquier tensión que había tenido en el día desapareció sólo con oírle.

—Hey a ti también, guapo. ¿Estás ya en el estadio?

—Nos iremos allí en cinco minutos— contestó. — ¿Cómo fue tu vuelo?—

—Sin contratiempos—. Había estado un poco enfadado conmigo cuando oyó la discusión con Seth y había querido ir a la oficina al día siguiente pero su trabajo y mis amenazas lo detuvieron de hacerlo. Sabía que quería defenderme pero no era mucho lo que él podía hacer. Significaba mucho que quisiera hacerlo. Tuvo que contentarse con las amenazas de Emmett y mi promesa de que si algo así volvía a suceder, él sería la primera persona a la que se lo contaría.

—Eso está bien. Sólo una hora hasta que te vea de nuevo. ¿Vas a ser capaz de controlarte mientras me ves practicar?

Era una pregunta muy válida. Dios sabía que él se veía guapo y que estaría sin sus protectores y casco mientras no se golpearan en su práctica.

—Creo que lo manejaré—, contesté secamente. Se rió con su risa sexy y yo me uní a él.

Su risa se cortó bruscamente cuando alguien le habló. No podía entender que es lo que estaban hablando pero el volvió conmigo un momento después.

—Es hora de salir.

—Okey, te veré en poco— le dije, sin embargo sentí una punzada de separación, lo cual era ridículo. No era como si no hubiéramos estado separados en un juego antes. Al menos estaba en la misma ciudad que él.

—No puedo esperar. Te quiero.

—También te quiero.

Me levanté y lavé mi cara, re aplicando mi maquillaje y cogiendo conmigo mi portátil. Las entrevistas eran mañana así que no necesitaba llevarme el grabador. Cogí mi bolsa y todo lo necesario y conduje al Soldier Field.

El estadio gigantesco estaba recientemente reformado, pero todavía mantenía el aire antiguo y de sobrellevar la prueba del tiempo. Tomé unas fotos con mi móvil porque quería capturar el aura del lugar. Estaba tranquilo y mostré mi pase de prensa al guardia de seguridad quien me dejó pasar, señalándome el recorrido hacia la entrada del estadio y encontrando un asiento para ver la práctica.

Salí al campo y giré para mirar las filas de asientos vacíos. Sabía que la atmosfera podía ser eléctrica el domingo. Eran dos equipos de playoff luchando por ser cabeza de grupo y era seguro que iba a ser un duro y muy buen juego. No podía esperar. Vi a unos pocos colegas reporteros en la primera fila sobre la línea de cincuenta yardas e hice mi camino hacia ellos, sonriendo cuando vi a Ronnie sonreírme.

—Hola, Ronnie—. Tomé asiento a su lado y él acarició mi brazo, con su sonrisa brillando.

—Hola, Bella. Leí un artículo bastante interesante sobre ti a principios de esta semana.

No parecía hacer ni odio ni juicio en sus palabras pero me sonrojé de todas formas.

—Sí, bien, ¿sorpresa?—, le dije.

Echó su cabeza hacia atrás y se rió.

—Sí, lo fue. Bien por ti, sin embargo. Edward parece completamente loco por ti.

Sonreí con suavidad.

—Lo está y el sentimiento es mutuo.

—Es todo lo que necesito saber. Déjame saber si él te jode y me aseguraré de patearle el culo—. Hizo una mueca. —Bueno, ambos sabemos que no puedo patearle el trasero pero escribiré algo realmente malo sobre él.

Me reí y le besé en la mejilla.

— ¡Poderosa es la pluma!

Se unió a mi risa.

—Creo que su puño podría ser más poderoso que mi pluma, pero lo haría sufrir por ti.

Abrí mi boca para contestar cuando una voz cortó nuestras bromas felices.

—Caray, Swan, ¿no es suficiente Cullen para ti? O ¿planeas ganarte a la prensa haciéndolo con nosotros uno tras otro? Yo estaría dispuesto a considerar tu oferta.

Ronnie se puso rígido y sentí que mi cara palidecía. Reconocí esa voz. Giré y allí estaba Dan Mullen mirándome de reojo. Una parte de mi sabía que tendría que tratar con él pero había esperado que él sólo estaría en el juego.

—Mullen, te juro por Dios que si menosprecias a una señora una vez más…— Ronnie se interrumpió cuando Dan interrumpió.

— ¿Señora? No veo a ninguna señora aquí. Veo a una traidora que está intentando tomar ventaja sobre la competencia. Apuesto a que asciendes realmente rápido con Cullen, ¿no, Bella?

Ronnie se puso de pie y lo alcancé y agarré su brazo para evitar que hiciera algo que podía lamentar. Bien, dudé que lo lamentara pero meterse en una pelea no se vería bien ni para él ni para mí por este asunto. Tenía que tratar con esto yo misma, sin violencia, sin embargo golpearle me daría un inmenso placer.

—De hecho, Mullen, voy a golpear reporteros, pero sólo estoy haciendo prensa escrita. No tengo tiempo para estar en blogs de internet—. Enredé mi brazo en torno a la cintura de Ronnie y besé su mejilla de nuevo, batiendo mis ojos en coquetería. Los ojos de Dan se estrecharon y tomó un paso hacia mí pero otro hombre que no había visto nunca puso una mano en su pecho.

—Creo que sería mejor que te sentaras allí y pares de ser un completo idiota, Dan. Si te oigo acosar sexualmente a una compañera reportera estoy obligado a reportarlo—. Dan lo empujó lejos de él y se giró pisando fuerte varias filas. Sentí que me miró fijamente pero di lo mejor de mí para ignorarlo mientras sonreía agradeciéndole al extraño.

—Rick Hopkins, SI— dijo, tendiendo su mano hacia mí. La sacudí y me presenté y él se rió, sus ojos azules brillando.

—No es necesaria la presentación, Bella Swan, creo que todo el mundo sabe ahora quién eres.— Sentí mis mejillas calentarse de nuevo y Ronnie puso una mano en mi espalda como apoyo.

—Lo siento, no quise decir nada con eso. Me temo que Dan no es el único celoso de tu acceso. La mayoría de nosotros mataría por la oportunidad de tener información detrás de cámara de la que estás al tanto. Sin embargo no creo que yo sea el tipo de Cullen—. Esbozó una sonrisa y sabía que estaba haciendo una broma pero podía hacer daño de todos modos.

—De hecho no tengo información privilegiada—, me apresuré a decirle y él sacudió su cabeza.

—No te estoy acusando de eso, Bella, sólo te estoy diciendo lo que los otros piensan y dicen. Puede que no tengas el plan de juego pero puedes hacer que Cullen te llame en cinco minutos después de dejarle un mensaje, apuesto—. Bien, eso era bastante real, supongo. —Te guste o no, tienes privilegios que el resto de nosotros no tiene—. Se encogió de hombros y sonrió.

—Úsalo cuando puedas—. No sabía exactamente que decir a eso y él nos asintió a Ronnie y a mí y volvió a su asiento dos filas delante de Dan.

Nos sentamos de nuevo y Ronnie alcanzó su bolsillo y sacó un paquete de chicles, ofreciéndome uno. Sacudí mi cabeza y me puse a pensar sobre lo que Rick acababa de decir. Supongo que si la situación sería a la inversa, estaría un poco molesta de que otro reportero fuera capaz de hablar con Edward siempre que quisiera. Pero no pensaría que estaba tomando ventaja de ello. No le había preguntado por un informe desde la cita en el vestuario, la cual bueno, estaba fuera de lugar pero eso no daba acceso a lo que ellos querían. Al menos, no pensaba eso, sin embargo ¿Quién sabe? Edward era atractivo para ambos sexo después de todo.

—No dejes que lleguen a ti, Bella. Cualquiera que te conozca sabe que tú no usarías a nadie—. Sí, pero la mayoría del mundo no nos conocía, ¿no? Solo tendría que estar segura de no obtener ninguna información de él fuera de su horario. Ese era nuestro tiempo para estar juntos, de todas formas.

—Intentaré que no—, le dije a Ronnie. No le conté que probablemente tendría que golpear traseros si las cosas se mantenían tan duras como hoy. Mi atención se desvió de inmediato cuando el equipo salió del túnel y empezaron a estirar en el campo. Mis ojos inmediatamente localizaron ese revoltijo de pelo dorado y sonreí un poco cuando vi cuán caliente se veía en chándal gris y una camiseta de manga larga. Sus ojos escanearon las líneas laterales y sonrió cuando me vio. Le sonreí de vuelta pero me refrené de saludarle. No necesitaba darles a ellos más carne de cañón.

No pude hacer nada sobre Emmett, el cual me saludó eufóricamente cuando me vio. Le saludé de vuelta rápidamente. Estaba agradecida de que Edward le dijera algo antes de que corriera hacia mí, que es lo que parecía que iba a hacer.

La práctica fue divertida de ver. El entrenador de mariscales de Edward estaba allí en el campo con él, haciendo lanzamientos a su lado y dirigiendo a Edward detrás de él en cada lanzamiento, contándole cómo se veía en el campo. Los pases de Edward se veían nítidos a pesar del viento que se arremolinaba en el estadio. Estaba agradecida de tener mi chaqueta puesta y maldiciéndome por no tener guantes mientras tomaba nota. Jasper corrió varias rutas largas, cogiendo cada uno de los pases de Edward mientras corría y esquivaba a defensores falsos. Mereció la pena el viaje por verlo.

Por supuesto, mi parte favorita de la práctica fueron los estiramientos. Había algunos culos bastante poderosos en el campo, doblados cuando las pantorrillas tenían que estirarse y trabajarse, aunque ninguno más fino que el de mí novio, por supuesto. Sin embargo no incluí esa observación en mis notas.

—Se ve concentrado,— comentó Ronnie cuando Edward evitó un falso pase rápido de Darnell Dockett y dejó la bola volar esperando los brazos de Larry Fitzgerald mientras él corría atravesando el centro del campo.

—Lo está—. Estaba orgullosa de él, también. No sabía si el estar allí iba a ser alguna clase de distracción para él pero a parte de esa mirada caliento y sonrisa cuando salió al campo, no había mirado en mi dirección ni una vez. Estaba encantada y deseando que mis colegas reporteros lo notaran.

Cuando la práctica concluyó, la mayoría del equipo se dirigió a los vestuarios pero vi a Edward y Jasper trabajando unas pocas rutas en el otro extremo del estadio. Eso era lo que les hacía estar tan en sintonía. Ellos no pararon cuando la mayoría lo hizo. Hice nota de eso antes de cerrar mi portátil y levantándome con Ronnie.

— ¿Quieres cenar con un viejo hombre esta noche? — preguntó, bostezando y estirándose.

Me reí y sacudí mi cabeza.

— ¿Qué tal mañana por la noche? Necesito hacer mi historia y creo que tomaré servicio de habitaciones y me quedaré en mi habitación esta noche—. Dan el cabrón pasó delante nuestro, disparándome otra mirada, la cual felizmente le regresaba. Al menos mantuvo su gran boca cerrada.

—Mañana entonces, muchacha—. Miré a Edward una vez más e hice mi camino hacia el pasillo y sus ojos estuvieron en mí ahora. Sonrió y vocalizó algo que no podía entender. Le sonreí de vuelta y marché, pensando en lo que él había intentado decir.

Después de volver a mi habitación, terminé mi artículo de la práctica y se lo envié por mail a Ted antes de tomar una ducha y dejar salir toda la tensión del día cuando el agua se vertió sobre mi piel. Tenía una manera mejor de aliviar mi estrés a unas pocas manzanas pero sabía que no podía ir a él lo cual realmente jodía. Viviría sin embargo. El domingo por la noche estaría yendo directo a donde Edward cuando mi avión aterrizara.

Me puse mi pijama de franela nuevo de botones y una camiseta gris de Edward y ordené servicio de habitaciones mientras veía SportsCenter y envíe unos pocos correos a mis padres y a Alice. Mi móvil sonó y sonreí cuando vi el número de Edward.

—Hola.

—Hola, mi amor. ¿Qué te pareció la práctica?— Me senté contra las almohadas y le conté sobre Ronnie y cómo de bien se veía Edward lanzando la pelota.

—Está muy bien, nena, pero ¿Cómo fue con el resto de reporteros?

Suspiré y me pasé la mano por el pelo mojado. Sin embargo, no podía decirle que no. Lo había prometido.

—Dan fue un idiota, lo que es habitual.

Edward estuvo callado un momento.

—Un idiota, ¿Cómo?— Oí el tono de su voz y me mordí el labio.

—Ya sabes, como fue la última vez—. Le había contado a Edward sobre Dan pinchándome y él no había estado emocionando en absoluto, pero no había nada que él pudiera hacer. Nuestra relación entonces era un secreto, e incluso si no lo fuera, él no podía golpear a cada chico que hiciera comentarios impertinentes.

— ¿Qué ha dicho, Bella?— Suspiré y le conté, haciendo una mueco antes las maldiciones que salían de su boca.

—Voy a hacer que despidan a ese hijo de puta, lo juro. Nadie debería ser capaz de hablarte así.

—Ronnie y otro chico, Rick, se plantaron por mí y yo me planté por mí misma. Él retrocedió justo como la última vez, Edward. Es un cobarde.

—No me gusta, Bella. Tíos como esos no se rinden y se alejan—. Podía oír la frustración en su voz.

—No importa, Edward. Puedo manejarlo—. Un golpe en mi puerta interrumpió mis pensamientos.

—Espera un segundo, creo que la cena está aquí.

— ¿Sí? ¿Qué has pedido?—

—Un sándwich de pollo y patatas fritas—, contesté, abriendo la puerta y quedándome sin aliento cuando vi quien estaba delante de mí. Mierda, no era el servicio de habitaciones. Dan Mullen estaba de pie en mi puerta, una sonrisa en su estúpida cara, su camisa blanca fuera de los vaqueros y los botones superiores abiertos. Se tambaleó un poco y se agarró al marco. ¿Qué demonios? ¿Estaba borracho?

— ¿Qué estás haciendo aquí?— pregunté.

— ¿Quién es?— preguntó Edward.

—Sólo vine para ofrecerte una oportunidad de recuperar el tiempo perdido por ser una zorra antes. Te perdonaré, si me das un poquito de lo que Cullen obtiene de ti cada noche—. Arrastró un poco las últimas palabras.

—Dan, ya te he dicho que no estoy interesada.

— ¿Qué?— El grito de Edward hizo eco en mis oídos y me di cuenta de que había estado hablando por teléfono.

—No es nada. Lo estoy manejando—. Escuché la respuesta de Edward y me di cuenta que se había desconectado. Esto no iba a ser bueno.