26

A las diez y media de la noche del domingo, Cuddy entró en el vestuario del Marble´s para cambiarse de ropa e irse a dormir. No tenía intención de ducharse. Habían acabado pronto y no tenía planes, así que lo haría en casa.

Alice estaba en la ducha y Dominika se estaba vistiendo. Cuddy abrió la puerta de su taquilla y sacó su ropa de calle.

-Ahí hay una bolsa con tu nombre, Lisa-dijo Alice desde la ducha.

-¿Dónde?

-La tengo yo-contestó Dominika.

-¿Y por qué tienes tú una bolsa que lleva mi nombre?

-Para que no te la quiten.

-Dámela.

Dominika sacó una bolsa blanca de plástico de su mochila y se la entregó. Cuddy leyó su nombre y apellido en la superficie satinada. Dentro había un sobre blanco y una pequeña caja cuadrada forrada con simple papel marrón.

Abrió la caja ante los ojos curiosos de Dominika y de Alice, que había abierto la mampara de la ducha sólo para cotillear.

No pudo evitar que en sus labios se formase una sonrisa cuando comprobó que dentro de la caja había un teléfono móvil. Pero no era un teléfono móvil cualquiera. Era una auténtica monería rosa con forma de polvera y grabados de flores. Cuando se abría, la pantalla se iluminaba con un coqueto brillo rosa palo y cuando quedaba bloqueada se transformaba en un espejo.

Era la clase de teléfono que un chico le regalaría a su novia de diecisiete años. Por eso el gesto le parecía realmente tierno. El cacharro era una horterada pero se podía imaginar a House esa mañana en Hallmark, el único almacén que abría los domingos, volviéndose loco buscando un móvil adecuado y decantándose al final por el más femenino o gay que hubiese encontrado. El gesto le parecía adorable.

Cuando Cuddy se despertó por la mañana, él ya no estaba en el piso. Ahora comprendía por qué se había marchado tan pronto.

Trasteó un rato los botones para comprobar las utilidades que tenía. En la agenda había tres números grabados: House móvil, House casa y House trabajo. Esto la hizo sonreír aún más. Estaba claro que quería que lo tuviese localizado. A cualquier hora y en cualquier lugar. Sin saber por qué, este pequeño detalle la hizo sentir segura.

-¿Qué hay en el sobre?-preguntó Dominika.

Cuddy se apresuró a abrirlo. Con la emoción del otro regalo había olvidado completamente que en la bolsa había algo más.

El sobre contenía dinero. En principio Cuddy no sabía que podía significar. Con los dedos pasó rápido los billetes, contándolos.

-¿Cuánto hay?-dijo Alice acercándose a ella mientras se colocaba la toalla alrededor del cuerpo.

-Ciento cincuenta. No entiendo por qué…

-¿Por qué, que?

Cuddy alzó la cabeza y miró a la camarera. De repente lo entendió todo.

-Es su sueldo del fin de semana-dijo sin dar crédito a sus propias palabras.

-¿Cobra ciento cincuenta dólares por el fin de semana? ¡A mí me dan mucho menos y trabajo más!

-Él es un chef de renombre-replicó Cuddy.-Tú no llegas ni a pinche.

-He quedado con una amiga en el pub de Morgan-dijo Alice ignorando a Dominika.-Si quieres te acompaño hasta allí y después sigues sola.

Cuddy y Alice salieron a la calle dejando a Dominika renegando en el vestuario. El pub de Morgan estaba a medio camino entre el Marble´s y la casa de Cuddy.

-¿De verdad te lo estás pensando?-preguntó Alice.

-¿El qué?

-Lo de House.

-No sé a que te refieres.

-Vamos, Lisa. ¿Qué crees que significa todo esto?

-¿Qué me haya dado su sueldo? No lo sé y no lo pienso averiguar. Voy a devolvérselo.

-¿Y el móvil?

-El móvil me lo quedo. Alice, puedo aceptar un regalo pero no acepto que me den dinero. Si quisiese dinero regalado me pondría en la puerta de la iglesia y tendería la mano.

-¿Por qué crees que lo ha hecho?

-Se siente culpable. Él desperdicia un buen sueldo en banalidades. Yo me veo obligada a exprimir hasta el último dólar que gano y no puedo permitirme el lujo de hacer el idiota con mi dinero como él hace con el suyo.

-¿Cómo sabes que hace el idiota con el dinero?

-Es House. Lo conozco.

-Tu ex marido también hacía el idiota con el dinero.

-Exacto. Y nos llevo a la ruina. Al menos House está solo. Él puede hacer lo que quiera.

-¿Y crees que hace lo que hace sólo porque se siente culpable? No tiene sentido. Él no tiene nada que ver con tu situación.

-Claro que no. Pero nos hemos reencontrado y por el motivo que sea no ha podido dejar de comparar su estilo de vida con el mío. Además, creo que le gusto.

-¿Que le gustas? Está colado por ti. Se pasa el rato asomándose a la ventana de la cocina sólo para verte.

-Este medio día ha estado más tiempo en la barra que en la cocina.

-Quería ayudarte.

-No había tanto trabajo y él tiene que estar donde tiene que estar. Jackson lo va a despedir.

-Deberías darle una oportunidad.

-Ya se la estoy dando. Como amiga.

-Pues si tú no lo quieres pásamelo a mí.

-¿Te gusta?

-Me parece interesante. Y a Dominika también.

-Vamos, Dominika no tiene dos dedos de luces.

-Dominika es idiota pero sabe que con House daría la campanada. Está loca por conseguir la tarjeta verde.

-¿Crees que estaría dispuesta a casarse con él sólo para conseguir un permiso de residencia?

-Por eso y porque House le gusta demasiado-ambas mujeres se detuvieron en la puerta del pub.-Ándate con ojo, Lisa. En este pueblo House es la novedad y sabes lo que eso significa. Ahora sólo tiene ojos para ti, pero si sigues dándole largas puede ser que la situación cambie y aparezca alguien.

-¿Crees que voy a iniciar una relación con un hombre sólo por miedo a que me lo quiten? No tengo veinte años, Alice. Estoy bien como estoy. No quiero más desengaños.

-No digo que no estés bien así, pero también es cierto que, desde que él está aquí, sonríes más.

-Eres la única amiga que tengo en este pueblo, ¿lo sabes?

-Sí.

-Y la pena es que nunca podemos salir juntas a dar un paseo o a pasar un día en la playa.

-El día que tú libras, yo trabajo. El día que libro yo, trabajas tú. El resto del tiempo nos lo pasamos metidas en ese tugurio. Sólo nos queda la noche. ¿Cuándo nos vamos a ir de borrachera?

-Espero que pronto-dijo Cuddy guiñándole el ojo y dándose la vuelta para marcharse.

Diez minutos más tarde había llegado a su puerta. Antes de entrar, sacó su nuevo y reluciente móvil rosa del bolso y marcó el número de la casa de House.

-FBI, ¿en qué puedo ayudarle?-contestó el médico al otro lado de la línea.

-Sabes que no voy a aceptar esto.

-Ya lo has utilizado. No puedo devolverlo aunque quiera.

-No me refiero al teléfono, House. Sabes de qué hablo.

-Hicimos un trato.

-¿Qué trato?

-Yo me quedaba en tu casa a cambio de dinero.

-Sí, pero nunca llegamos a negociar la cifra.

-Exacto.

-No pienso quedarme con todo tu sueldo.

-¿Qué pensabas pedirme?

-Veinte pavos.

-¿Por noche?

-Por las dos noches. House, te dejaría quedarte sin pedirte nada a cambio pero te pasas tres horas debajo de la ducha gastándome agua caliente y me atracas la nevera que da gusto. Un par de días puedo costearte pero si queremos que te quedes todos los fines de semana me tienes que dar algo.

-¡Para el carro! Ya te he dado algo.

-No, me lo has dado todo.

-En ese sobre están los veinte dólares que pensabas pedirme.

-Aquí hay ciento cincuenta.

-El resto es propina. Me tratas mucho mejor que en el hostal.

-No lo quiero y no voy a aceptarlo. Me quedo con mis veinte pavos y el viernes cuando vengas te devolveré el resto.

-¿Y si no lo acepto?

-Si es necesario haré que te tragues los billetes uno a uno. No voy a quedarme el dinero, House. No hay más que hablar.

-Pues entonces cómprame un regalo.

-No me compliques la vida. El próximo día que vengas te lo devuelvo y se acabó.

-Entonces no pienso volver.

-House, no seas infantil.

-¿Qué te cuesta comprarme un regalo?

-¿Qué quieres?

-Una sorpresa. Por ejemplo, un tanguita sexy.

-Si me dices lo que quieres, deja de ser sorpresa. ¿Vas a ponerte un tanga? Supongo que no me obligarás a contemplar semejante visión.

-La visión sería espectacular. Pero el tanga es para ti, mujer.

-Un tanga sexy de ciento treinta dólares tiene que ser muy sexy. Con ese dinero me compro yo la ropa interior de todo el año. Bueno, la mía y la de mis hijos.

-Los multimillonarios vemos la vida de otro color.

-No eres multimillonario.

-Si me comparo contigo, sí. Y más ahora que tengo dos empleos.

-Mira como me río.

-Tengo que dejarte. Están aporreando la puerta. Seguro que es Wilson.

-Hasta otra.

-Prométeme que me comprarás algo.

-Te lo prometo. Ve a abrirle a ese pobre hombre o se va a dejar los nudillos pegados.

Cuddy colgó y subió a casa. Rachel y Rob ya estaban acostados pero Mike y Laura se encontraban en la cocina comiendo palomitas. Se sentó un rato con ellos. Estaba cansada y le apetecía ducharse y meterse en la cama pero también quería estar con los críos. Sabía que no pasaba con ellos tanto tiempo como debería y eso le pesaba.

Laura estaba tranquila y fingía haber olvidado el incidente con House. Mike comía palomitas como un poseso. Cuddy temía que en algún momento llegase a tener problemas de sobrepeso. El niño no estaba gordo pero era muy grande y pesaba demasiado para su edad. A ella ya le resultaba imposible cogerlo en brazos.

Estaba a punto de irse a la cama cuando su nuevo teléfono sonó. House la estaba llamando desde su móvil.

-¿Que día libras esta semana?-preguntó el hombre sin ni si quiera saludar.

-El martes.

-Martes. Veintitrés grados de temperatura. Cero por ciento de probabilidades de lluvia. Moderadas rachas de levante de cinco kilómetros por hora.

-¿Qué quieres decir?

-Que el martes va a hacer un caluroso día soleado sin viento, nieve ni otras inconveniencias meteorológicas.

-Bueno es saberlo.

-Podríamos ir a la playa.

-¿No se supone que trabajas en un hospital?

-Eso dice mi contrato.

-Ya, ¿y cuándo se supone que trabajas? Porque sólo hace unas horas que te fuiste de aquí y como aquél que dice, el martes es pasado mañana.

-Tengo que dar un par de conferencias en Lisboa el fin de semana. Wilson ha venido a decírmelo.

-¿El fin de semana? ¿Qué le vas a decir a Jackson?

-Pienso llamarlo mañana y decirle que Dominika me ha intoxicado con una de sus comidas. Amenazaré con denunciarlo. Ya verás como acabamos llegando a un acuerdo y me permite volver en un par de semanas.

-¿En serio le vas a hacer eso a Jackson?-dijo Cuddy riendo a carcajadas al otro lado de la línea.

-Por supuesto. No tengo contrato. Si muriese a causa de una intoxicación provocada por algo que he comido durante horas laborales, al tipo se le caería el pelo. Deja que tiemble. Cuando pase este fin de semana le llamaré y le daré la buena noticia de que he sobrevivido. Estará tan contento que me recibirá con los brazos abiertos.

-Puedes meter a Dominika en un buen lío.

-No creo. No va a encontrar a otra que trabaje por menos dinero. Le echará la bronca y ya está. La chica va a tener que acostumbrarse si trabaja conmigo porque no pienso comerme ningún marrón.

-Bueno ¿y para qué quieres venir el martes?

-Vamos a ver. Si el fin de semana estoy en Lisboa no puedo estar en Leeverfield y si no estoy en Leeverfield significa que no te veo. De momento no tengo ningún paciente y aunque lo tenga, pienso escaparme.

-House, son muchos kilómetros para estar aquí un solo día. Nos vamos a ver en dos fines de semana, no seas impaciente.

-El problema es que soy impaciente. ¿Vamos o no vamos a la playa?

-Tendría que llevarme a los niños.

-¿La loca vendrá?

-¿Laura? Tranquilo, le gusta aprovechar su día libre lo más lejos de la familia que puede. Ni bajo amenaza de muerte vendría conmigo y con los niños a la playa. Y mucho menos contigo.

-¿A qué hora te recojo?

-House, ¿estás seguro de que no es una locura?

-Ir a la playa con Jackson y Dominika sería una locura. Ir contigo y con tres niños pequeños sólo es síntoma de que he perdido la cabeza.

-Lo que viene a ser lo mismo.

-Sí, pero dicho con más elegancia. ¿A las diez en tu casa?

-Diez y media. Antes hace frío.

-No olvides mi regalo.

-Ya veremos.

-Ya veremos, no.

-Me voy a dormir, House.

-Buenas noches, cariño.