¡Estoy de vuelta!

Pese a la insistencia de mi PC en cargarse reiteradamente el archivo de este fic,

Advertencias sobre el cap. Sexo entre centauros. Si no es lo vuestro…saltaros esa parte. Esta marcada la cópula en sí. Y mucha acción entre nuestra pareja favorita…que finalmente llegan hasta el final! RW por favor

NOCHE DE WALPURGIS

Después de la intensa confesión, y tras un paseo para calmarse, aun charlando entre ellos, acabaron la noche en el campamento de los centauros, el único lugar en que Sylvain podía mostrar su verdadera apariencia sin causar un ataque de pánico. Vestido únicamente con sus pantalones y botas, la quimera mostró orgulloso sus alas, estirándolas hasta el máximo de su envergadura, manteniéndolas lo más arriba posible, dejando que el fuego y la luz del atardecer centellease en un caleidoscopio de infinitos de matices sobre sus tornasoladas escamas verdes. Draco inspiró el dulce aroma de la feromonas cuando Sylvain batió lentamente sus alas y tragó saliva, muy incomodo en sus pantalones de vuelo. ¡No era justo! Sylvain estaba tentándole a propósito…Tras un frustrado suspiro y un discreto chequeo visual para estar seguro de que la túnica ocultaba el estado de sus…joyas de la corona, el rubio avanzó, los plateados ojos turbulentamente oscurecidos y dilatados de deseo, y besó apasionadamente a Sylvain, deteniendo efectivamente la exhibición…y ganando unos momentos de deliciosa fricción.

La mayoría de centauros pateó el suelo o se encabritó, emitiendo gritos de…animo, y el torturador se convirtió en torturado cuando las yeguas más ancianas le cubrieron las sienes con una corona de doradas espigas de trigo salpicadas de amaranto, en símbolo de deseos de prosperidad y de su amor. Draco fue coronado por Bane con espigas entrelazadas con áster, en símbolo de sus recíprocos sentimientos. (Áster, símbolo de y /o talismán de amor, confianza y elegancia. Espigas de trigo, símbolo de bienestar económico y riqueza. Amaranto, amor inmortal.) Era la manera de los centauros de reconocer su unión y desearles prosperidad y felicidad.

Magorian, el líder del grupo, un centauro de capa marrón muy oscura, gran alzada y aspecto salvaje con su larga desigual melena casi negra, se acercó acompañado del sensible y calmado alazán Ronan…y un extremadamente pequeño potrillo de cabello castaño rojizo y capa roana con patas blancas, pegado a su flanco como una lapa, la pequeña mano enganchada en un mechón de la espesa cola de Magorian. Los verdes ojos de Sylvain –libres del glamour que alteraba ligeramente su forma y oscurecía su color ya que estaba mostrando su autentico ser- se dilataron con sorpresa y alegría y el joven saludó con una inclinación de cabeza al guía de la manada y su compañero, sus labios curvándose en una sonrisa.

-Bendiciones sobre ti y los tuyos, Magorian.

-Y mis bendiciones para ti y los tuyos Sylvain.

El poderoso centauro, cuya barba y melena ya mostraban algunas canas, cerró su enorme mano sobre el antebrazo de la quimera, mientras este hacía lo mismo y Magorian le palmeaba el hombro amistosamente.

-Veo que en mi ausencia ha habido… novedades…

Magorian soltó una carcajada, y deslizó un poderoso brazo por la cintura de Ronan, que bajó tímidamente la mirada con un delicado sonrojo. Ronan murmuró tímido pero orgulloso:

-Sylvain, Draco, este es Quiri…Quirón…nuestro primer hijo.

Desde su refugio entre las fuertes patas de sus padres, Quirón asomó una carita deliciosa y sonrojada, apretando entre sus manitas la cola de su padre y murmuró un casi inaudible hola. Sylvain sonrió y puso una rodilla en tierra, tendiendo la mano al timidísimo potrillo y este apenas rozó sus dedos antes de retroceder y ocultar su cara de nuevo en el cálido flanco de Ronan, que le acarició los rizados cabellos con una sonrisa de disculpa.

-Disculpadle, ni siquiera tiene un mes y todavía no está muy acostumbrado a encontrar gente nueva. Quiri…saluda por favor.

Draco contempló con curiosidad las temblorosas y larguiruchas patas del potrillo, la nerviosa colita lanosa y el cuerpecito de niño de cuatro años, con enormes ojos color ámbar y se inclinó, tendiendo una mano con suavidad. Parpadeando y sin soltar su presa en la cola de su padre, Quirón rozó suavemente la mano del rubio y volvió a hundir la cara en el flanco de Ronan. Con suavidad, Ronan murmuró inclinando la cabeza:

-Ya casi había perdido la esperanza…muchísimas gracias Sylvain.

El rubio miró de reojo a la quimera y Sylvain susurró:

-Ronan y Magorian han sufrido mucho. Perdieron varios potrillos antes de llegar a término.

Ante la ceja alzada de Draco, Sylvain añadió:

-Solo le hice un reconocimiento médico y le recomendé unas hierbas y pociones para estabilizar la preñez. Nada más.

Magorian rió de nuevo y gruñó alegremente:

-Tan modesto como siempre. Ninguno de nuestros remedios había funcionado. Mi familia y mi clan están en deuda contigo.

Ronan, alentando suavemente con una mano en el hombro a su hijo, murmuró:

-Parece que nuestro tiempo de separación ha traído gratas nuevas para todos… enhorabuena.

Sylvain miró con ojos llenos de luz a Draco y murmuro:

-Sois los primeros en saberlo, Ronan. No hace ni unas horas que finalmente, reconocimos nuestro vínculo y dejamos atrás todos los secretos.

Bane, el sobrino de Magorian, trotó hasta ellos y exclamó:

-¡Esto se merece una fiesta!

Tras una improvisada cena celebratoria, regada de cerveza, vino especiado e hidromiel, Sylvain y Draco se retiraron a dormir a una cueva alfombrada de heno y pieles, cada uno escoltado por un grupo de maduros sementales en el caso de Draco o yeguas emparejadas en el de Sylvain, ofreciendo licenciosos comentarios para una propicia primera noche. Una vez que la cortina de pieles de la entrada de la cueva se cerró detrás de ellos, un sonrojado Sylvain murmuró contemplando la guirnalda de rosas rojas que colgaba a modo de cabecera sobre el mullido montón de pieles:

-No tenemos que hacer nada…pero los centauros esperan que…

-…tengamos sexo. Lo sé. Y no tengo nada en contra de la idea.

Pestañeando y mirando a su rubio amante, Sylvain susurró:

-Sería un mentiroso si dijera que no quiero…pero…

Draco avanzó y le puso dos dedos sobre los labios y susurró:

-Si no estás… cómodo…no tengo ninguna prisa Sylvain. Ninguna en absoluto.

Ladeando la cabeza hacia un lado el moreno susurró roncamente:

-No me importaría renovar el mordisco de ayer…hasta que lo hagamos permanente…

Draco sonrió depredadoramente y unió sus labios a los del moreno, empujándole hacia el suave montón de heno y pieles. Sylvain se dejó llevar y se recostó con las alas semirecogidas sobre las pieles, su cola agitándose con suavidad. Cuando el rubio comenzó a besarle más fervientemente, el flexible apéndice se deslizó por el interior del muslo de alabastro y Draco se giró con curiosidad. Sylvain murmuró roncamente:

-Mi cola es…muy…sensitiva.

Alzando una ceja y sujetando con curiosidad entre sus dedos el extremo desnudo de escamas, Draco notó la piel caliente y palpitante…el tejido creciendo bajo sus yemas y su otra ceja se unió a su hermana. Con expectante interés, el rubio apretó suavemente y Sylvain dejó ir un suave gemido y se estremeció ligeramente. Con una sonrisa maliciosa, el rubio acercó el apéndice a sus labios y deslizó la punta de su lengua por el enrojecido trozo de carne, arrancando un ronco jadeo de entre los labios de Sylvain, cuyos ojos se dilataron hasta que el iris se redujo a un pequeño anillo.

-Interesante…

Murmuró el diablo de pelo plateado antes de introducirla entre sus labios. Con un gemido ahogado, Sylvain se enarcó contra su amante, balbuceando incoherencias y refregando su tensa y palpitante erección contra él.

-Muy interesante…

HD&DM

Sylvain había sido sincero pero sucinto en cuanto a las explicaciones de cómo había cambiado de identidad y Draco no pidió más detalles. Era algo que no era relevante para su relación, e incluso la pequeña diferencia de edad entre ambos no era algo que importara a ninguno de ellos. Después de todo, ¿Qué importancia tenía es nimia diferencia cuando su expectativa de vida era fácilmente de más de 150 años? En los días siguientes, Sylvain y Draco descubrieron juntos múltiples peculiaridades de su verdadera forma. Como que Sylvain era incapaz de mantener su increíble cola quieta y lejos de alguna parte de Draco, acariciándole o enroscándose en él. La forma en que los mordiscos de Draco le volvían salvaje. O que sus alas temblaban al ritmo de su respiración durante el sexo, y se estiraban súbitamente durante el orgasmo. Y sobre todo, al menos desde el punto de vista de Draco, que al moreno le gustaba masturbarse…usando su cola. Los ojos de Draco se habían dilatado hasta niveles increíbles ante la susurrada admisión, y con un gruñido ronco apenas inteligible, había exigido:

-Enséñamelo.

Con un pálpito de emoción ante la demanda, Sylvain conjuró un pequeño pote de lubricante con sabor a miel… y hundió el extremo eréctil de su cola en él. Se posicionó de rodillas con el trasero en el aire, el pecho recostado sobre las almohadas y las alas juntas y casi desplegadas sobre su espalda, y curvó la cola hacia su entrada. Draco miraba hipnotizado, desde su asiento de primera fila, mientras el moreno deslizaba su cola entre sus nalgas y tanteaba su expuesta entrada. Con un pequeño gruñido, y tras un rato de autocaricias, Sylvain introdujo finalmente el apéndice y el rubio gimió, deslizando su mano sobre su palpitante erección. Era lo más erótico y excitante que había visto nunca y sus testículos se tensaron con anticipación, pese a que habían disfrutado de un estupendo orgasmo pocos minutos antes. Nunca había tenido problemas de líbido…pero ahora estaba a punto de tener una eyaculación precoz…si no lograba controlarse antes. La visión de la húmeda y bamboleante erección y testículos de Sylvain, moviéndose con el rítmico vaivén de sus caderas al encuentro de su propia cola, era demasiado… Draco se inclinó hacia adelante, escuchando los ahogados gemidos y mordió una nalga, masturbándose furiosamente ante la visión de pura lujuria desatada que era Sylvain. Y perdió el control…espectacularmente.

DM&HP

En 2006 la noche de Walpurgis, la noche del 30 de abril era domingo, y Beltane, el 1 de mayo, lunes. Eso había permitido organizar un bonito festival en honor de Beltane, con actos desde la tarde del viernes 28 de abril. Y disfrutar del resto de la primera semana de mayo de unas vacaciones…ignorando la mayoritaria y muggle fiestas de Pascua, fechas en las que acababan de celebrar en la escuela el novedoso, más que publicitado y accidentado torneo internacional amistoso de Quidittch.

Durante los escasos días que restaban –no llegaban a dos semanas para los primeros eventos- se afanaron en terminar los preparativos para la zona al aire libre elegida para las fiestas. Muy cerca de la orilla del lago, en una zona hasta ese momento ocupada por una playa de arena y una ondulada franja de irregular pradera, se había allanado el terreno, creando una auténtica explanada. Hacia un rincón, el más cercano al castillo, se cavaron en la tierra varios fosos capaces de contener reses enteras, forrados de gruesas piedras y llenos de leña, listos para ser encendidos y asar con el calor acumulado y las brasas vacas, cerdos etc, simplemente destripados. También se habían construido en esa zona una serie de asaderos y dos hornos de piedra.

Amplias pérgolas protegían del sol bancos y mesas rústicas de madera resistente, conformando una nueva y agradable zona para disfrutar del aire libre y con una espléndida vista sobre el lago. Retoños de genista, avellano, tojo y espino albar, e incluso algún que otro áureo rosal sarmentoso plantados junto a las pérgolas. Caléndula acuática cerca de la orilla, primarosa y otras flores amarillas en artísticos macizos de aspecto natural. Cerca, en una zona despejada sobre la verde hierba primaveral, se erigía un alto tronco de árbol clavado en el suelo, el Mayo, en torno al cual se danzaría en honor a Beltane. Y en la ahora mucho más ancha franja de arena de la orilla, se cavaron dos largos y estrechos fosos forrados de piedras, llenos de leña y resinas, listos para ser encendidos. Una gran pira de leña para una hoguera se preparó hacia el otro extremo, el más cercano al Bosque Prohibido pero siempre a distancia segura, aunque mas lejos de las mesas. También se eligió por votación popular y de entre las alumnas de 7º a la Doncella de Mayo, para irritación de Fleur, cuyo humor era cada vez más insoportable.

DM&HP

Draco insinuó magistralmente que después de tanto esfuerzo, bien podían disfrutar de las fiestas en Hogwarts…y al mismo tiempo en Malfoy Manor. Con una suave sonrisa y acariciando su sonrojada mejilla - el semiveela había escogido hacer su sugerencia justo después de una intensa sesión de intercambio de sangre y sexo – Sylvain denegó.

-No Draco…el tiempo no es algo a tomar a la ligera…y no quiero tener que explicarles a tus padres en mi primera visita porque estamos cometiendo un delito. ¿Sabes lo que supondría para la condena de tu padre que le relacionasen siquiera con algo así? Podría fácilmente acabar en Azkabán…Haría cualquier cosa, cualquiera, si fuese necesario para protegerte a ti… e incluso a tu familia, pero este no es el caso.

A regañadientes, el rubio había aceptado que ya tendrían ocasión de disfrutar de otros festivales de Beltane, bien en Hogwarts o en Malfoy Manor, puesto que Sylvain no pensaba ir a ningún sitio.

DM&HP 28 de abril de 2006, viernes

El viernes después de las últimas clases, Draco y Sylvain aguardaban la llegada de sus primeros invitados. Una delegación de veelas, procedentes de una pequeña y recluida colonia instalada en una aldea de Irlanda, accedido a participar en las festividades. Cuatro adultos emparejados –tres mujeres (las veelas de pura raza siempre lo son) y un varón- y seis jóvenes veelas recién entradas en la madurez, cuatro chicos y dos chicas. Draco y Sylvain actuando como sus anfitriones personales y organizadores de los eventos, las recibieron en Hogsmeade, intercambiaron educados saludos y bienvenidas, para obsequiar a su líder primero y a cada uno de los demás miembros del grupo después, con un delicado broche de filigrana de plata y madreperla, cada uno con un diseño diferente y personalizado. Y recibir a cambio un puñado de plumas y cabellos de veela. Tras las presentaciones cabalgaron acompañando a los carruajes de la escuela. La sangre veela de Draco había garantizado que escuchasen su inusual propuesta, y solo la personal garantía de otro reconocido como parte de su clan había hecho posible el encuentro.

La presencia de las veelas desemparejadas provocó mucho absurdo comportamiento…y gran cantidad de babeó incontrolado, especialmente por parte de los jóvenes varones adolescentes. Fleur parecía estar comiendo limones, y sus ojos asaeteaban con ira, celos ...y envidia las serenas y majestuosas presencias de las veelas adultas. Con permiso para relacionarse con los alumnos en busca de posibles parejas, después de la accidentada cena, las jóvenes veelas y semiveelas paseaban por un jardín acotado por una línea de edad, bajo la atenta mirada de sus adultos… y varios atareadísimos profesores, entre risitas y coquetas miradas. Sylvain conversaba amigablemente con uno de los varones adultos, mientras Draco charlaba con su pareja, la veela líder del grupo. La elegante matrona, de larguísimos cabellos plateados y edad indefinida, contemplaba con comprensivos ojos risueños las tonterías de los jóvenes magos subyugados por el allure de sus jóvenes. Sin perder de vista a los grupos de atolondrados adolescentes la veela murmuró con aire pensativo:

-¿Tienes otra forma Draconis?

Tensándose un poco ante la particular y personal pregunta, Draco denegó tras una leve pausa y musitó bajando levemente los ojos:

-Desgraciadamente no, Milady. Mi sangre no es totalmente activa.

Rara vez un semiveela varón tiene la capacidad de cambiar a la forma híbrida de rapaz de una veela pura, pero es bastante frecuente que sean capaces de generar garras e incluso alas. La dama canturreó suavemente, una tonada melódica y cadenciosa, sus ojos atentos a la charla de su pareja con Sylvain y a los devaneos de sus pupilos y pupilas con los magos, y al cabo de un rato susurró con suavidad:

-Y sin embargo, tienes claramente impresa en tu aura la sombra de unas alas, Draconis. Puedo verlas con claridad, lo mismo que puedo ver las de tu amado.

Conteniendo el aliento, casi incrédulo, los pensamientos de Draco se aceleraron en multitud de direcciones. Sin que su mente tuviese tiempo de ordenar las posibilidades, la veela añadió:

-Tal vez no sean las alas que uno esperaría en una veela, pero son alas indudablemente. Después de todo…los medios de los magos son distintos a los nuestros, pero igualmente válidos.

El rubio jadeó, sus ojos dilatándose ante la posibilidad recién descubierta y murmuró pensativo:

-Animagia…Mi madre…ella puede…convertirse en un cisne…

Asintiendo suavemente, la dama murmuró sin detener su paseo:

-Una espléndida ave, feroz en la defensa de los suyos y fiel a su pareja. Has ignorado y reprimido por años tu naturaleza Draconis, pero eres más de lo que crees, mucho más…¿Has pensado en probar y entrenar tus poderes?

Esbozando una leve reverencia y prosiguiendo el pausado paseo entre la rosaleda en flor, Draco miró hacia Sylvain, y como atraído por sus ojos, el moreno alzó la mirada en la distancia y le sonrió suavemente. Respondiendo con una sonrisa casi deslumbrante y en un estado de beatífico éxtasis, Draco continuó la productiva charla con la dama, asimilando cada pequeño y valioso fragmento de nueva e inesperada información, hasta que las veelas decidieron retirarse a pasar el resto de la velada con sus anfitriones a su pequeño pabellón de descanso, una coqueta casita de dos plantas, con su chimenea y todo, cerca del bosque, entre este y la cabaña de Hagrid, montada en un plis plas por los adultos a su llegada. Y resguardada por férreas barreras mágicas plantadas por Sylvain y Draco, para que nadie pudiera molestarles en ella.

DM&HP 29 abril 2006, sábado

La mañana del sábado, después de un rápido paso por sus habitaciones para ducharse, cambiarse de ropa y un apresurado desayuno, los dos jóvenes se encaminaron hacia el punto de encuentro con sus invitados, en un claro del bosque cercano a la Cabaña de los Gritos. Procedentes del un secreto enclave en las faldas del monte Brocken, el pico más alto del macizo del Hartz en Alemania, un pequeño grupo familiar de altos elfos había accedido - tras intercambio de numerosas garantías personales de parte de Sylvain, además de las formales de la escuela- a participar en las festividades. Cuatro adultos, todos vestidos en túnicas cortas de colores naturales sobre suaves calzas y flexibles botas de gamuza, portando largos arcos, dagas de filigrana de plata y delgadas espadas en vainas forradas de cuero. Finamente hiladas capas de colores grisáceos con amplias capuchas para ocultar rostro y cabellos. Tras una salutación formal, e intercambio de promesas de no agresión y defensa de los suyos – los altos elfos estaban catalogados como seres de reputación ambigua por el Ministerio Inglés y hacía siglos que no existía contacto formal con ellos- seguido por una ofrenda de apreciadas plumas de grifo, excelentes para la confección de las certeras flechas élficas y de algunas carísimas piezas de piel de dragón, los elfos llamaron con un silbido a sus monturas, y dejaron ver finalmente a sus tres jóvenes acompañantes. (N.A.: El Monte Brocken es el lugar donde la leyenda dice que las brujas celebraban la noche de Walpurgis. Goethe recoge esta tradición en su poema Fausto)

Los flexibles y altos elfos de oscuros y largos cabellos trenzados en torno al rostro, revelando puntiagudas orejas, montaron en sus relucientes caballos y emprendieron la marcha con serenidad atravesando el Bosque Prohibido para llegar por el sendero de Hogsmeade a las escalinatas de la escuela. Las veelas paseaban de nuevo por el interior del jardín de la rosaleda, y los alumnos en su mayoría, se congregaban en varios grupos dispersos por los alrededores de la escuela. Tras la presentación formal de la Directora y el claustro, incluido Firenze –con un demasiado efusivo saludo por parte de Hagrid, que parecía un niño el día de Navidad- y la introducción de las veelas visitantes, los actos se desplazaron hacia una zona más cercana al bosque. Los centauros, o al menos un grupo, se reunieron con ellos, y la mañana pasó entre exhibiciones de tiro con arco de elfos y centauros, amistosas competiciones de salto o carreras de caballos contra los afamados sementales blancos y lanzamiento de bolas de fuego de las veelas. Sylvain participó en las carreras con Nessie y tiró al arco. Y Draco pasó un buen rato tratando de aprender a lanzar bolas de fuego…no que consiguiera hacerlo al puro estilo veela… pero sus ráfagas de llamas conjuradas no verbalmente y sin varita le valieron fervientes aplausos de ánimo. Los jóvenes elfos y sus exhibiciones de esgrima atrajeron la atención de muchas miradas, pese a que su aspecto era más sombrío y su gesto más serio y adusto. Tenían el magnetismo de lo desconocido, de lo peligroso.

Durante toda la mañana, además de competir y divertirse, los elfos ayudaron a la decoración de las nuevas pérgolas, estimulando y acelerando el crecimiento de las plantas ya ubicadas previamente ahí, y asegurándose de que todas estuviesen en perfecto estado de floración. Las veelas trinaron melodiosamente hasta convencer a multitud de pajarillos silvestres de hacer sus nidos en las nuevas frondas, y atrajeron desde el bosque a una bandada de pequeñas hadas luminosas, que revolotearon inspeccionando los recovecos de los espinos. Y Sylvain y Draco se multiplicaron por cuatro, asegurándose de que nadie ofendiese accidentalmente a nadie.

Después de la hora del almuerzo, servido en forma de informal bufet por los elfos domésticos en el Gran Comedor, teniendo en cuenta las preferencias alimenticias de todos los grupos presentes, incluidos los centauros y con la mayoría de profesores sudando la gota gorda para contener las desatadas hormonas de sus alumnos, se continuó con una aplaudida exhibición de duelo al aire libre por parte de Sylvain y Draco. Elfos, veelas y centauros también desarrollaron seguidamente una especie de mini torneo, luchando con los de su misma especie para elegir al campeón. Seguida de una autentica aunque fingida "batalla campal" de todos contra todos: Sylvain, Draco, la campeona de las veelas, el mejor luchador de los elfos y Bane defendiendo el honor de los centauros. ¡Incluso se les habían unido un par de duendes de Gringotts! Que se habían sentado hoscos y huraños en una mesa y comenzado de inmediato a actuar como improvisada sucursal del banco y corredores de apuestas. Los alumnos estaban boquiabiertos. Y después, un poco de descanso para los participantes…y más tiempo libre para socializar, para deleite de los alumnos…y consternación de muchos de los adultos.

Finalmente, la temprana y deliciosa cena cocinada a la vista de todos en los asaderos, con sopas, pescado y verduras a la parrilla, pan, galletas y dulces recién horneados; se sirvió al aire libre por los diligentes elfos domésticos en las nuevas mesas, cubiertas con rústicos manteles. Las hadas revoloteaban como grandes mariposas zumbando entre las flores, y un pequeño grupo de leprechauns con sus farolillos saltaba de pérgola en pérgola y arrojaban de vez en cuando monedas de oro –oro leprechaun falso que desaparecería un par de horas- haciendo gruñir de descontento a los mal encarados duendes. Todos los alumnos disfrutaban de la deliciosa sobremesa, amenizada por las extraordinarias voces de los elfos, las veelas, e inclusive las sirenas del lago, acompañadas por el tambor y la flauta dulce de los centauros. Cada grupo cantó una canción: las sirenas un ligera y veleidosa melodía, que hablaba de largas praderas de algas y de suaves olas en la orilla. Las veelas cantaron en francés, una tonada dulce y romántica, sensual y seductora, a cuya música se unieron muchas de las aves silvestres. Y los elfos…entonaron en alemán antiguo una sonora marcha de guerra, llena de ritmo y poder. Finalmente, Firenze recitó unos escogidos versos en griego de la Iliada.

Con eso se dieron por finalizados los actos formales y se reanudó el "tiempo libre" o más bien, el tiempo infernal, ya que los profesores tenían las manos llenas lidiando con sus alumnos, que ahora bailaban bailes de figuras en varios grupos esparcidos por el césped con sus invitados al son de los violines de los leprechauns. Minerva tenía el apretado moño casi desecho, y su paciencia con algunos de los más atrevidos alumnos estaba llegando al límite. Fleur no era de mucha ayuda, y se limitaba a aferrar furiosa, pero posesivamente el brazo de su marido, mientras su sangre veela chillaba una y otra vez dentro de ella que podía haber encontrado una mejor pareja. Ahora lamentaba amargamente haber ignorado esa parte de su herencia, sobre todo porque era evidente que su hija no tenía ni una pizca de veela activa… Con gran esfuerzo, y el uso de varios Sonorus, los profesores se las arreglaron para conducir a sus habitaciones a casi todos los alumnos. (con excepción de algunos de los mayores de edad que aun permanecían en la compañía de las veelas o los elfos). Frotándose las sienes, la Directora rezongó y se preguntó cómo iban a sobrevivir a aquello. ¡Y como demonios se había dejado convencer por aquellos dos liantes! Tras una reunión privada en un claro del bosque de los elfos con los centauros residentes y la joven pareja, donde Sylvain mostró a Emerald a los elfos para ser examinada, palpada y olfateada, los altos elfos se retiraron a pasar la noche en algún lugar de su elección en el Bosque Prohibido y Sylvain y Draco optaron por regresar a sus habitaciones en el castillo.

DM&HP 30 abril 2006, domingo

Muy temprano, rayando el alba, Draco y Sylvain se encontraban en un gran prado dentro del Bosque Prohibido, ya fuera de los límites de las protecciones mágicas de la escuela, pero aun en terrenos resguardados de los muggles, aguardando la llegada de sus últimos invitados con una reducida delegación de la manada, Magorian al frente de ellos. De entre la ligera niebla que aun se desperezaba por entre los árboles y la hierba, emergió un grupo de desconocidos centauros. Las partes equinas eran de buena alzada, robustas, fuertes y de abundantes colas casi grisáceas en el exterior, con cerdas negras en el interior, con todas las tonalidades de una capa baya y raya de mula recorriendo los amplios lomos, recias patas más oscuras, con cebraduras visibles en algunos. Los torsos humanos, corpulentos, musculosos y de piel pálida y muy velluda, y cualquier tono de castaño claro, rubio o pelirrojo para cabellos y barbas. La versión centáurica de los antiguos vikingos, con chalecos de piel, muñequeras, hachas y espadas colgadas en las amplias espaldas.

Todos respondían a esta descripción, con la excepción de uno. Un centauro que era un poco más pequeño de alzada, menos masivo y corpulento, con un llamativo y estilizado cuerpo equino diseñado para correr; de capa appaloosa de color negro con una gran manta nevada cubriendo todo el lomo, flancos y grupa, y sedosa cola negra y blanca. Su torso era fuerte, atlético, con brazos poderosos y anchos hombros, de piel bronceada y lampiña, y llevaba el liso cabello recogido en dos largas trenzas negras. En la espalda llevaba cruzadas dos largas espadas envueltas en pieles, cuyos correajes le atravesaban el pecho, y sobre ellas además de una pesada hacha de guerra y un escudo. Sus penetrantes ojos azul oscuro contemplaban de reojo bajo un ceño fruncido como se desarrollaban las formalidades entre su guía y el líder de la manada que les recibía, ambos solos, destacados en la franja de terreno entre los dos grupos, sin perder de vista a un individuo concreto de entre ellos, pateando el suelo con nerviosismo, sus compañeros cerrando filas sutilmente en torno al él.

Sylvain podía percibir la creciente tensión en el aire, la nerviosa energía que parecía estar cargando los músculos del grupo, reflejada en los que estaban frente a ellos. Magorian y Gunthar estaban hablando calmadamente, y preparándose para intercambiar las ofrendas de rigor: objetos de hierro o acero de pequeño tamaño y uso cotidiano, tales como bisagras, puntas de flecha, navajas o cuchillos. Junto a él, Draco también estaba notando el extraño humor que recorría a los centauros. Apenas Magorian y Gunthar terminaron de estrecharse fuertemente los antebrazos y deshicieron el contacto entre ellos, con un bramido, el centauro appaloosa se encabritó y saltó hacia adelante, tratando de romper las filas de sus congéneres. Durante unos instantes, el mayor peso y alzada de los otros le retuvieron, pero retrocediendo con un gruñido y arrancando en súbito galope, saltó por encima de los lomos de uno de ellos y se dirigió con aire determinado hacia el otro grupo.

Los centauros de Magorian se arremolinaron en torno a un aterrorizado y pasmado Firenze, que con ojos dilatados y respiración rápida y superficial, parecía estar clavado por las patas al suelo. Sylvain se quedó en su sitió, y tiró del brazo de Draco cuando este hizo ademán de ir a por su varita, murmurándole sin perder de vista la veloz aproximación a la carga del extraño:

-Sería de muy mala educación usar magia contra él…solo está "raptando" a su pareja, es algo normal…aunque nunca debiera haber sucedido así, en un encuentro como este…

Frunciendo el ceño, y aceptando el criterio de Sylvain, ya que conocía mucho mejor que él los intrincados detalles de la cultura centauril, Draco se mantuvo junto a él, adoptando una pose alerta y atenta, sin perder de vista al "atacante", que ahora rodeaba el grupo, relinchando y coceando, con similares respuestas de los defensores, mientras Firenze pateaba el suelo como si quisiera huir, saltando de uno a otro lado, en el reducido corro de sus hermanos. Tras un bramido, y con una corta galopada, el appaloosa enfiló hacia ellos, aparentemente el eslabón más débil en la cadena de defensa. Desplegando sus alas recubiertas de escamas y gruñendo ferozmente, Sylvain hizo detenerse en seco al centauro, alzando súbitamente las patas delanteras. El joven centauro le observó cauteloso, rascando el suelo con los cascos, reevaluando su primera intención. Draco, copiando el ejemplo, enfatizó su apariencia veela haciendo relucir y ondear sus cabellos, e hizo aparecer brillantes llamas sobre las palmas de sus manos, adoptando una pose agresiva y beligerante. Estampando los cascos delanteros en el suelo y encabritándose, sin lograr que los dos jóvenes se movieran, el centauro coceó y saltó hacia un lado, moviéndose de nuevo en torno al grupo en busca de un punto más débil.

Tras intercambiar y recibir empellones y con alguna que otra coz marcada en sus flancos y pecho, el semental emprendió una nueva galopada en torno al grupo, relinchando y bramando, amagando ataques y esquivando. Cuando uno de los centauros le mostró el flanco en el ángulo adecuado…saltó por encima de su lomo dentro del círculo. No era tan corpulento o pesado pero era más rápido y ágil. Firenze relinchó aterrado, sus ojos abiertos hasta el máximo y escapó a galope tendido entre los cuerpos de sus hermanos, que no pudieron retener entre ellos más que por unos momentos al joven semental, no si no querían recibir más manotazos y coces de las necesarias.

Libre al fin, el extraño emprendió la persecución de Firenze, que galopaba ciegamente en torno al prado, coceando a ciegas con las fuertes ancas cuando el otro ganaba terreno; revolviéndose y cambiando continuamente de dirección con ojos desorbitados y berridos de terror. El palomino Firenze era rápido, ágil, y la loca carrera se prolongó hasta que la espuma brotó de entre los brazuelos y en los ijares de ambos y el sudor se deslizaba a chorros por espaldas y pechos humanos. El palomino comenzó a revolverse más y más, cansado, pero aun luchando, dando cortas arrancadas, coceando y alzándose de manos, rechazando los avances del otro, hasta que ya no pudo más. Resollando, las patas temblorosas, chorreante de sudor y espuma, Firenze se detuvo cabizbajo, la cola abatida y laxa, el largo pelo casi rubio pegado a la cara, la espalda y la frente, moviendo una y otra vez las orejas para volverlas a aplastar contra el cráneo en gesto de ansiedad. Aun desde la distancia se podía apreciar la tensión que irradiaba del joven centauro, su capa dorada oscurecida por el sudor. El semental appaloosa le dejó tranquilo unos momentos y después, avanzó muy lentamente hacia él, desde el frente, un pasito pequeño cada vez. Firenze reculó un par de pasos y sus hombros se hundieron. El otro se detuvo, movió la cola un par de veces, y quizás dijera algo, porque una de las orejas de Firenze apuntó repentinamente hacia él.

El movimiento se reanudó, pero esta vez, el semental appaloosa trazó un lento círculo, sin tratar de acercarse más a él. Y otro más, algo más estrecho, que hizo patear al Firenze nerviosamente, y otro más, para acabar mucho más cerca, tan cerca que solo necesitaba un paso más para poder extender el brazo y tocar a Firenze, que amagó una coz con una de sus ancas, saltando sobre sus patas y volvió a quedarse quieto. Con un pequeño giro, pasando por delante de Firenze tan cerca que este podría haberle manoteado con los cascos delanteros, el extraño semental se situó casi hombro con hombro con él y movió suavemente la cola. Cuando la proximidad no despertó más agresiones, el centauro se desplazó un poco, rozando costado con costado, simplemente. Los hombros del rubio comenzaron a estremecerse, y todo su cuerpo tembló levemente y era evidente incluso en la distancia, que Firence estaba sollozando. El otro centauro giró el torso levemente, y tras un momento de indecisión, reculó y se situó frente al otro. Se inclinó un poco, y tras unos segundos, rozó con una mano el rostro semioculto de Firenze, que llevándose ambas manos al rostro, comenzó a llorar. El desconocido frunció el ceño, y apartó con cuidado los húmedos cabellos, mechón a mechón, y finalmente rodeó con sus manos las mejillas del otro. Con delicadeza, usando los pulgares, secó las lágrimas, e intercambió algunas palabras murmuradas con Firenze. Mirando a los ojos intensamente azules, Firenze denegó una vez, suspiró un par de veces y acarició suavemente la dorada mejilla, para entrecerrar los ojos y besar tímida y suavemente al centauro, que con cuidado, le envolvió entre sus brazos, profundizando cada vez más el beso y deslizando las manos por la húmeda espalda del rubio.

Era evidente el efecto que estaba teniendo el beso y las caricias en ambos centauros, y los ojos plateados de Draco se oscurecieron. Silbidos y roncos gritos en un lenguaje desconocido brotaron de la manada recién llegada, entre pateos repetidos del suelo. Su propio cuerpo comenzó a responder, haciéndole sentir ligeramente incómodo, pero incapaz de apartar la visa del espectáculo. El moreno de pelo trenzado estaba de nuevo murmurando algo, poniendo en las manos del rubio algún objeto, y acariciando su cara y cabello antes de retomar con fervor el beso. Con un cuchicheo casi inaudible, preguntó a Sylvain, cuando el visiblemente entusiasmado centauro appaloosa volvió a rodear a Firenze y se detuvo a unos pasos detrás de este.

-¿No irán a…¡delante de todo el mundo?!

-Evidentemente…-murmuró con voz enronquecida el moreno- no tienen el mismo concepto que nosotros del pudor… Podría estar lesionado por la lucha o ser impotente. Ha de demostrar que es capaz de ello incluso en estas circunstancias. Hasta que no "conquiste" por completo a Firenze, otro centauro podría intervenir y tomarle a su vez.

(Escena sexo entre centauros)

Algunos gritos ininteligibles de ambos grupos, y los ojos verdes de Sylvain siguieron el movimiento pendular de la cola blanca, y su respiración se detuvo un instante cuando se apartó claramente a un lado y Firenze miró con sensual timidez sobre su hombro a los ojos del semental, afirmando y abriendo ligeramente las patas traseras, su propio cuerpo respondiendo a su vez. Draco gruñó entre dientes: "¡Merlín! ¡Eso es…sexi!" y Sylvain le apretó la mano y le susurró en el oído: "Mira y aprende". Con un profundo olfateo, el semental avanzó finalmente y se alzó para la monta, sus patas delanteras deslizándose a ambos costados de Firenze, su grupa moviéndose en busca del ángulo perfecto, y finalmente hundiendo su miembro en el cuerpo del otro, arrancándole un doliente relincho. Con unos pocos pero poderosos embates, ambos centauros consumaron su unión, ante los atentos ojos de ambas manadas. Y un par de invitados.

(fin sexo entre centauros)

Cuando todo terminó, el joven semental se dejó resbalar al suelo, y avanzó muy despacio manteniendo en todo momento el contacto con el flanco y el lomo de Firenze, hasta deslizar su mano por su espalda y volverle a besar y abrazar, dejándole ocultar el rostro en su hombro, los dos aun resollando y recobrándose después del esfuerzo y el sexo. Y Sylvain atrajo por la cintura a Draco a sus brazos para besarle hasta dejarle despeinado y sin resuello y Draco farfulló parpadeando "¡Wow!" haciendo contener una risita a más de un centauro.

Cuando tras recobrarse y dar un largo rodeo prolongando la escasa intimidad, la joven pareja se acercó al grupo de Magorian, el musculoso e imponente centauro examinó el sonrojado rostro de Firenze en busca de algún signo de malestar o disconfort. Todo había sucedido tan repentinamente…Y después miró con duros ojos negros al joven de negro cabello, ojos azules, piel dorada y extraña capa blanca y negra. Cruzando los poderosos brazos ante el pecho, e ignorando la salutación del otro, Magorian gruñó enojado, en latín * ( *En este fic: latín = lengua primigenia universal de todos los centauros Pero como no me acuerdo lo más mínimo del poco que estudié…os lo imagináis.):

-Ese joven virgen que acabas de robar, Firenze, es el único hijo de mi fallecida hermana. Espero que estés dispuesto a afrontar las consecuencias de tus actos.

Thor, el joven centauro appaloosa, palideció un instante, pero la mano que deslizaba en la cintura de Firenze no vaciló. Tragando saliva, ya que aunque podía cuidar bien de una yegua, no era más que un huérfano recogido por la manada, enderezó la espalda y murmuró con extraño acento:

-Soy Thor, aprendiz de Lokki; llamado también Trueno, hijo de VientoSalvaje y nacido de Medianoche.Y estoy dispuesto.

Con un gesto, haciendo avanzar a Firenze hacia su tío, Thor le hizo mostrar los antebrazos. Montadas sobre cuero, relucientes y gruesas argollas de acero pegadas unas a otras tachonaban los brazales que lucía el sonrojado centauro. Con un gesto, Magorian alzó una ceja y contempló una vez más al joven, notando las espadas, el escudo y el hacha. Acero. En cantidad como para hacer rico a un clan…Tal vez…tal vez no era un mal partido para Firenze. Con un gruñido, masculló, inclinando apenas la cabeza:

-Discutiéremos esto con calma más tarde, Thor. Firenze es un hijo para mí.

Las dos grupos se reunieron finalmente, los dos líderes avanzando y conversando comedidamente en latín al frente, la joven pareja después y el resto en fila de a dos detrás, Draco y Sylvain cerrando filas, para encaminarse al poblado de los centauros. Con todas las jóvenes yeguas desemparejadas agrupadas en un claro cercano al lugar, bajo la "vigilante protección" de un grupo de sus familiares, se dejó solos en este a los tres restantes sementales no emparejados de la nueva manada. Mientras desayunaban con los demás, aguardando el desenlace del encuentro- con todos los chiquillos y madres gestantes aun fuera de la vista- Sylvain explicaba que así era como se producían los enlaces. Encuentros entre solteros y solteras de dos manadas, controlados, y en un entorno conocido para las jóvenes o dado el caso, los más raros machos sumisos. Los adultos que estaban con ellos confirmaron que nunca habrían dejado que Firenze participase como miembro de la delegación en el encuentro si lo hubiesen sospechado. Había sido un choque emocional bastante traumático y el joven centauro estaba acurrucado en un rincón, -después de que ambos recibieran una larga charla acerca de sus respectivas obligaciones y posiciones por un anciano semental y dos solemnes y vigilantes yeguas y estas se asegurasen de su bienestar físico- recostado contra el cálido costado de Thor, su vigilante semental, los hombros rodeados por el fuerte brazo de este, hablando en casi inaudibles susurros con su compañero.

Cuando finalmente se encaminaron al castillo, dos nuevas parejas se habían formado, y a diferencia de ellos, Firenze no podía quedarse en el bosque y disfrutar privadamente de su reciente emparejamiento…tenía que hacer acto de presencia, aunque fuese con su semental literalmente encolado a su costado. Durante la mañana se celebraron más competiciones, concursos de competencia entre los alumnos, más carreras de caballos e incluso natación de sirenas en el lago. Y la joven elegida como la Doncella de Mayo, anunció quien era su pareja elegida para Beltane. Draco aprovechó cuanto pudo para aprender las maneras de las veelas, entrenando con todas ellas y también con los elfos, que estaban fascinados por Sylvain y no dejaban de murmurar que hacía siglos que no encontraban a alguien como él e insistían en que hiciera tal o cual cosa para ellos una y otra vez.

El programa de actos era bastante…ligero en comparación con el de días anteriores, mucho tiempo libre y pequeñas actividades, perfecto para socializar, que era el real objetivo del día. Llegaron nuevos e inesperados visitantes. Un joven vampiro italiano, de ojos dorados, que tras acceder a prometer no alimentarse más que de la sangre proporcionada por la escuela y procedente de animales y donantes muggles durante su estancia, fue bienvenido. Una pequeña manada de hombres lobos franceses, dos adultos y sus cuatro cachorros adolescentes de diversas edades. Tras verificar sus nombres y estatus, y con pulseras que les impedirían morder accidentalmente a nadie, también fueron bienvenidos. No hubo una comida formal, sino un ligero bufet de ensaladas, refrescos y sándwiches, y al caer la tarde se sirvió de igual modo una extendida merienda-cena desde hora temprana. Todos los invitados de honor se habían retirado para refrescarse y cambiarse para la cena, y algunos alumnos contemplaron con extrañeza las capas de verano de los dos jóvenes profesores. Las veelas llevaban igualmente una especie de sari blanco, los varones largas túnicas sueltas y los elfos simplemente estaban vestidos en pantalones de gamuza de color casi blanco y túnicas cortas de igual material.

La leña apilada para la hoguera ritual de Walpurgis - tendida sobre enormes lajas planas de piedra para contener el fuego- aguardaba y en silencio, poco antes de la puesta del sol, dejando sus puestos, los jóvenes y sus invitados se situaron en los cuatro puntos cardinales en torno a la hoguera. Desde el Norte, Alberich, el líder de los elfos comenzó a hablar, las manos alzadas hacia el cielo:

-Te llamamos, oh Gran Guerrero Viento del Norte, Voz de los Dioses, padre de fecundas brisas y tempestades devastadoras, rogamos humildemente tus bendiciones en esta noche de comunión…

Desde el Oeste, Murcus, la sirena jefe, envuelta en una bola de agua flotante, agitó su larga cola de pez y realizó su propia invocación:

-Te llamamos, oh Fecunda Agua del Oeste, Madona del Pueblo del Agua y de todos los seres acuáticos, Señora de ríos y lagos, de mares y océanos, gentil arroyo refrescante y terrible marea destructora, y rogamos humildemente tus bendiciones en esta noche de comunión…

En el Sur, Firenze se encabritó ligeramente y alzando los brazos al cielo estrellado añadió con voz clara y poderosa:

- Te llamamos, oh Madre Tierra del Sur, gentil sostén de cosechas y morada de tantos; cobijo y fuente de bienes, cruel arrebatadora en tus desdenes, última y sombría morada, te rogamos humildemente tus bendiciones en esta noche de comunión…

Y finalmente desde el Este, se alzó la voz de Sylvain, las manos igualmente tendidas al cielo:

- Te llamamos, oh Padre Fuego del Este, reluciente Sol portador de luz y calor vital, ardientes llamas vivificadoras, renovadoras y purificadoras, voraces y exterminadoras, te rogamos humildemente tus bendiciones en esta noche de comunión dedicada a ti …

Draco, detrás de Sylvain con las veelas, los otros elfos, el vampiro y un reducido grupo de tritones y sirenas, y un grupo mixto de centauros y hombres lobo repitieron a coro desde sus posiciones detrás de los principales invocadores las mismas palabras, ahora todos juntos. Al finalizar, cada invocador usó magia para hacer manifestarse el elemento invocado, un chorro de agua, un remolino de viento, un bloque de tierra que se alzó como un pilar del suelo, y una espiral de fuego. Los cuatro elementos giraron en torno a la pira de leña, y al ponerse el sol, saltaron a ella. La hoguera prendió casi instantáneamente, las llamas cubriendo con rapidez la madera impregnada de resinas y pociones especiales. Lenguas azules, rojas, verdes y casi blancas se entremezclaron en un delirio de colores. Y comenzó la Noche de Walpurgis.

Comenzó a sonar un ritmo de percusión, y todos los participantes comenzaron a moverse en torno al fuego. Tras un par de vueltas, arrojando a un lado las capas, Sylvain y Draco mostraron lo que llevaban bajo estas…que era casi nada. Un simple paño de tela de algodón de su natural color blanco, cosido dejando discretos faldones delante y detrás en torno a un cinturón de grisáceo ante crudo, ligeras sandalias de igual material y nada más además de sus habituales portavaritas. Sylvain llevaba tres, uno en cada brazo y otro en la pantorrilla derecha, que además contenía una daga de plata. Draco también llevaba uno en el brazo derecho y otro en la pantorrilla izquierda con una daga.

Las descalzas veelas se despojaron sensual y lentamente de sus ropas, las que estaban emparejadas con ojos solo para sus compañeros o compañeras, hasta revelar sus cuerpos prácticamente desnudos, con excepción de una versión diminuta en translucida seda blanca de un taparrabos y una banda en torno al pecho y anudada al cuello para cubrir los pechos. Los elfos varones se despojaron de sus túnicas, descubriendo el torso, y las mujeres se deshicieron de los pantalones. El vampiro se despojó de sus ropas, conservando tan solo una especie de antiguos calzones hasta más de media pierna, y los hombres lobo…simplemente cambiaron a sus formas animales.

Todas las criaturas danzaban, cada una envuelta en su particular música, tan solo audible para los que danzaban, con el nexo de unión del sonido de los tambores encantados. Las multicolores llamas parecían recrear un nuevo corro de bailarines, creando formas y figuras que se desvanecían momentos después. Las sirenas nadaban persiguiéndose unas a otras, desplegando las aletas y saltando de una a otra burbuja de agua. Los centauros trotaban, brincaban y hacían corvetas, delante y en torno de sus compañeros y compañeras, como potrillos gigantes jugueteando entre ellos. Los lobos parecían igualmente cachorrillos traviesos, correteando y saltando sin cesar. Los elfos bailaban cantando romances y haciendo malabares con sus dagas, todo ello sin dejar de mirar a sus parejas. Las veelas, se movían voluptuosamente, exhibiéndose para las suyas. Tras un largo rato de danza, que cada vez era más sensual, los elegidos y elegidas de las jóvenes veelas, se sumaron a los danzarines, despojándose con ojos enfebrecidos de túnicas y zapatos, e incluso, un joven se sumó a los licántropos, convirtiéndose en un gran danés y retozando con uno de los jóvenes lobos.

Draco y Sylvain giraban una y otra vez en torno al fuego, en un interminable juego de seducción, coqueteando y acercándose, para unirse en giros y espirales, lentas inclinaciones y sensuales movimientos de cadera, huir y recomenzar de nuevo…nada existía, solo ellos y el mágico fuego, y una música que solo sonaba en sus oídos. Con los ojos reflejando el brillo de las llamas, los dos jóvenes se movían en su propio camino en torno al fuego, piezas de una compleja armonía, entrecruzando sus movimientos con los de los demás bailarines. Para los espectadores, era una caótica pero de alguna manera ordenada conjunción de cuerpos semidesnudos, que se recortaban contra las llamas multicolores de la encantada hoguera. Más y más alumnos se sumaron a la danza, subyugados por la magia de la noche, manteniéndose en un invisible y mucho más amplio círculo exterior, sin que cruzaran nunca hacia el interior donde bailaban los adultos y jóvenes mayores de edad.

Estaban celebrando la primavera, el crecimiento de nuevas plantas y cosechas, ensalzando la nueva y renovada vida…y asegurando de la manera más natural el nacimiento de nuevas generaciones…Los primeros en desaparecer fueron los tritones y sirenas, que llevaron la continuidad de sus festividades a las más confortables y familiares aguas del lago, desapareciendo con un gran chapuzón. Después fueron los centauros, las parejas regresando al cobijo de sus árboles ancestrales, en busca de lugares para renovar su pasión. Seguidos de los hombres lobo, cuyas dos parejas nuevas y viejas se desperdigaron por los jardines, mientras los jóvenes lobatos no tan afortunados seguían danzando con los restantes alumnos. Las veelas con pareja fueron las siguientes, y el círculo interior se vio reducido a los elfos, el vampiro y los dos jóvenes magos. Con una grácil reverencia, Sylvain atravesó sin perturbar el corro exterior de bailarines, y él y Draco se perdieron bajo la negrura de los árboles, poco antes de que las parejas formadas de elfos saliesen de él también y el resto se incorporase al círculo exterior.

Corriendo descalzo - en algún momento había perdido una sandalia y se había deshecho de la otra- con una risa cantarina brotando de sus labios, esquivando troncos y rocas, Sylvain notó palpitar fuertemente su corazón, acelerado su pulso y dilatadas las pupilas. Draco le estaba dando caza, y él, ponía su mejor esfuerzo en eludirle…al menos por un ratito más. Siguiendo el tentador aroma de su esquiva y juguetona quimera, Draco acorraló finalmente a su deliciosa presa, cortándole el camino y apresándole contra el grueso tronco de un roble. Draco le besó hasta que le dolieron los pulmones, su cuerpo sudoroso moldeándose contra el ahora dócil y complaciente de Sylvain. Con un gruñido, Draco se deshizo de un tirón de la tela que separaba sus erecciones y se apretó de nuevo contra la piel ahora recubierta de escamas de Sylvain, las alas de este semiplegadas, arqueadas entre él y el roble. Chascando los dedos, sin deshacer el beso, el moreno llamó a su elfina, y Daisy, sin una sola pregunta, cogió la mano de su amo y les apareció a ambos en el dormitorio de Draco.

Con ojos de mercurio plateado devorando la visión de un sonrojado, excitado y trémulo Sylvain, Draco murmuró con voz enronquecida por la pasión:

-¿Estás completamente seguro Sylvain? Si seguimos…sinceramente, no creo que pueda contenerme mucho más…

Con ojos dilatados y llenos de fogosidad, Sylvain murmuró roncamente, su voz llena de sibilancias:

-Sssi…¡Oh, ssi! ¡Sssii!

Draco le besó de nuevo, demandante, impetuoso y posesivo, hasta que ni un rincón de su boca quedó sin ser explorado. Con un jadeo murmuró:

-Te quiero, Sylvain… y lo siento, pero esto no va a ser tierno ni romántico… Has estado provocándome y tentándome deliberadamente todo el día…en este día y esta noche tan especial…

Con una risa ronca, el moreno murmuró besuqueando el delicioso y sudoroso cuello de Draco:

-Yo pedí esto, a ssabiendasss de lasss consssecuenciasss…no soy una delicada damisssela, Draco…puedo manejar un poco de juego duro…ssabes de sssobra que adoro sentir tuss colmillosss…

Con un gruñido posesivo, el semiveela empujó al moreno contra uno de los postes de su cama, deslizando posesivamente manos ávidas por su cuerpo, la cola de Sylvain enroscada en una de sus piernas, y retomó el asalto a su boca y su cuello mascullando:

-Querías Beltane…y técnicamente ya lo es desde hace unas horas...

La danza, la magia de la noche, todo había sobreexcitado sus sentidos, y Sylvain olía mejor que nunca, delicioso y sensual. Un pequeño hechizo, y el lubricante conjurado se escurrió entre los muslos del moreno, la excesiva cantidad rezumando de la palpitante entrada, mientras su cola se deslizaba en el frio reguero, una y otra vez, antes de introducirse en el interior de su dueño. Draco notó las actividades del interesante apéndice, aun semienrroscado en su muslo y empujó al moreno hacia la cama, haciéndole caer suavemente sobre las cubiertas, abriendo sus muslos con sus rodillas. Había estado todo el día soñando con hacer aquello, y con un rezongo y un manotazo, apartó la flexible cola y tanteó con dos de sus dedos. Cuando estos se deslizaron con relativa facilidad hacia el interior, el rubio decidió que Sylvain estaba suficientemente preparado, pese a que su virilidad era mucho más gruesa que eso y se posicionó sin dar lugar a que la queja de Sylvain ante la pérdida de sus dedos brotase de sus labios.

Con un movimiento constante y relativamente rápido, Draco se enterró por primera vez en el ardiente cuerpo de Sylvain, las caderas de este enarcándose bajo las suyas, un ronco gruñido ahogado contra su cuello. El moreno susurró algo en parsel, acompañado por un leve giro de su cuerpo, y aunque Draco no tenía ni la más remota idea de lo que había dicho, la intención era clara. Se movió tentativo, y Sylvain respondió arqueándose violentamente bajo él, apretando las piernas en torno a sus caderas y arañando sus hombros. Alentado, Draco continuó, y la danza de sus cuerpos adquirió pronto un rápido y demandante ritmo, gritos y gruñidos de placer mezclados a los crujidos de la cama y los sonidos del desgarro de las sábanas. Sylvain gritó y mordió su hombro, y una presión palpitante atenazó a Draco en su interior, arrancándole violentamente un orgasmo y haciéndole morder a su vez el cuello del moreno, descargando su esencia en su interior. Resollando, pero insatisfecho con la demasiado rápida resolución, el rubio gruñó y movió las caderas, notando como su semen se sumaba a la anterior lubricación y sintiendo una extraña satisfacción en saber que estaba ahí. Dentro de Sylvain. Pero no era suficiente…

Con determinación, el rubio tiró de Sylvain y este se movió bajo sus manos, girándose y estirando sus abusadas alas con un suspiro. Draco frunció el ceño y maniobró algo más, y Sylvain, alzó las caderas, dejando el trasero enarcado al aire, y el resto del cuerpo pegado a la cama. Con determinación, Draco le tomó desde atrás, sujetando sus caderas con las manos, sus instintos gritando que tenía que dejar su semilla en Sylvain, cuantas más veces mejor… Se movió dentro y fuera de él con fuerza, haciéndole gemir y notando renovarse la excitación de Sylvain, oliendo su placer y su necesidad…Su experiencia le permitía estimular más que adecuadamente al moreno, y cuando notó que este empezaba a acercarse a un nuevo clímax, deslizó una mano bajo él y apretó sus testículos, impidiéndoselo. Los sollozos y súplicas de Sylvain y la forma en que su cuerpo se contraía de necesidad en torno a él eran auténticamente celestiales…Denegándole, reteniéndolo justo al borde, Draco le hizo delirar y lágrimas de frustración humedecieron los ojos de Sylvain, que se movía usando sus rodillas contra Draco, encontrando embate con embate, hasta que Draco no pudo más. Gritando su nombre, Draco se dejó ir, y Sylvain se vació finalmente en su mano, sus alas estirándose, con roncos gruñidos de placer.

Con un sordo gruñido, y aun moviéndose dentro de él, apurando las sensaciones de su placer, Draco murmuró roncamente:

-Quiero montarte como a una yegua Sylvain, mi yegua…

Y el moreno se sorprendió de la vehemente reacción de su cuerpo ante esas palabras. Con un jadeo y alzándose a cuatro patas, Sylvain enarcó la cola a un lado y miró por encima de su hombro a los ojos plateados de Draco. Si…Draco era su semental…y movió las caderas para él. Con una sonrisa depredadora, Draco contempló por un instante el hilillo de semen que brotaba de la dilatada y palpitante entrada, y simplemente se enterró de un solo embate en él. El nuevo ángulo permitía mayor amplitud de movimientos y nuevas sensaciones y los dos se movieron con deliberación. El rubio veela, obsesionado por un desconocido instinto que clamaba por llenarle cuantas veces pudiera de su esencia, muy diferente de la lujuria indiscriminada de antaño, por marcarle como suyo por fuera y por dentro. La quimera, sintiéndose deseado y amado, e igualmente deseoso de recibir cuanto pudiera.

Draco seguía montándole, torturándole con repetidos embates a su próstata, su mano apretada en la base de su miembro, cuando Sylvain deslizó la sinuosa y pringosa punta de su cola en suave caricia entre las nalgas de Draco. El rubio ignoró en medio de su delirante pasión el primer y delicado roce y los siguientes, habituado a las caricias y movimientos de la cola. Y momentos después, cuando su propio impulso hizo que el sensible extremo cruzara el anillo muscular de su trasero, se detuvo tensándose, y confuso. Nunca había permitido a nadie tomarle, y la sensación era…desconcertante. No dolorosa o molesta, pero si rara. Sylvain se movió con un suave gemido bajo él, forzándole a moverse con él y su percepción cambió. Con el moreno haciendo una muy suave presión con la cola y sus caderas empujando desde el otro lado, Draco se vió asaltado por nuevas sensaciones y gimió suavemente, aun algo incómodo, arañando las caderas de Sylvain. Y cuando esa diabólica colita encontró el punto exacto…bien, Draco dejó ir un aullido y su cuerpo no supo si moverse hacia detrás o delante, su cerebro totalmente bloqueado por la novedosa sensación. Con un ronco gruñido y recobrando algo de aliento, Draco se movió para enterrarse bruscamente en reprimenda en Sylvain y este metió simultáneamente todo el extremo desnudo de su cola en su interior, exhalando un desgarrado resuello y un ¡Sí!

Con el efecto simultaneo de la dual estimulación física y de la voz de Sylvain, Draco se olvidó de cualquier prejuicio e incomodidad…la cola de Sylvain estaba haciendo maravillas en su interior y se aplicó furiosamente en tratar de hacerle gritar de nuevo… con bastante éxito por cierto. Sylvain adoró cada embate, arañazo y mordisco, lleno del poderoso miembro de Draco, su sensitiva cola estrujada deliciosamente por la pulsante calidez del cuerpo del rubio.Y gritó, gimió y bramó, dando y recibiendo placer, una mano de su amante masturbándole simultáneamente, la otra apresando la base de su cola como punto de apoyo. Sylvain aceleró su frenético movimiento, era demasiado y demasiado poco al mismo tiempo, placer y casi dolor, y gritó su nombre, tensándose y derramándose entre los agiles dedos y sobre las sábanas. Draco le siguió, apresado en la casi dolorosa presión para su sobreestimulado miembro, sus testículos apretándose contra su cuerpo, exprimiendo hasta la última gota de su simiente. Tras unos instantes de últimos y extraviados movimientos del rubio, las rodillas y brazos de Sylvain se vencieron, y ambos cayeron sobre la cama, aun unidos y casi completamente agotados, las temblorosas alas de Sylvain extendidas hasta colgar ligeramente a ambos lados de la cama. Jadeantes, los jóvenes amantes se acurrucaron tal y como estaban, Draco abrazando a Sylvain, depositando suaves besos en su cuello, hombros, acariciando con sus labios las hermosas alas y parpadeando con ojos cada vez más cargados de sueño, intercambiando suaves murmullos cariñosos antes de dejarse dormir. Emparejados finalmente bajo los auspicios de la Noche de Walpurgis.