Noche

Casi las diez de la noche.

En la sala, Yuri se encontraba sentando entre las piernas de su prometido, siendo rodeado por los brazos del mismo, y cómodamente recostado contra el pecho del mayor, con los ojos entrecerrados, a punto de quedarse dormido.

Después de todo, por mucho que la película en la pantalla fuera la más interesante del mundo, él no traía las lentillas puestas, y, aunque el ruso era un idioma imponente, no le sonaba de aquella forma en ese momento.

- Wow - murmuró el peliplata, - eso no me lo esperaba.

- ¿Uhm? - el pelinegro apenas hizo un intento por abrir bien los ojos, y falló, - ¿qué sucedió?

- Uno de los soldados del ejército ruso le perdonó la vida a otro del ejército rival, incluso cuando el último arrojó su arma.

- Pero, disparar contra una persona desarmada, ¿no es acaso un acto de cobardía?

- Lo es. - Viktor secundó, - pero es una película de guerra; en las guerras no se tiene precisamente en cuenta la moral.

- No puedo entender nada de lo que dicen - suspiró el pelinegro.

- Lo siento, Yuri...

- Está bien. - el aludido levantó una de sus manos, que fue a parar sobre la mejilla derecha ajena. Sin embargo, necesito unos lentes nuevos pronto, por favor.

El penta campeón asintió, y recargó levemente el rostro contra la mano ajena, suspirando.

- ¿Qué te parece unas lentillas doradas?

- Viktor.

- Perdón. - Sonrió el mencionado. - Tenía que intentarlo.

- Claro que si - resopló el japonés, y cerró los ojos del todo, regresando su mano sobre muslo.

- ¿Yuri?

- ¿Dime?

- Te amo.

Katsuki suspiró.

- Yo también te amo.

Nikiforov sonrió, y se inclinó a hundir su nariz en las oscuras hebras opuestas.

Y Yuri rió.