¡Hola hola!
¡Regresé! Lamento mucho la falta de actualización la semana pasada pero este último cierre de mes fue particularmente pesado, pero gracias a dios ya pasó y ya está aquí, recién salidito del horno, ¡un nuevo capítulo!
Mil gracias por su paciencia, ya no la pondré más a prueba y los dejaré disfrutar de la lectura :)
Salió lo más discretamente posible de la habitación sin dejar de alisarse la ropa y el cabello. Caminó lo más rápido que pudo hasta su habitación y en cuanto se sintió a salvo tras la puerta cerrada se dejó caer en la cama soltando un enorme suspiro; era una mezcla de satisfacción y culpabilidad, ¡¿qué diantres había hecho?!
-Tranquilízate Elsa-se dijo a sí misma, poniendo una mano sobre su agitadísimo corazón-fueron solo unos cuantos besos… y algunas caricias-sonrió, y fue una sonrisa enorme y boba seguida por otro suspiro-fue increíble-luego la sonrisa se fue-y terriblemente incorrecto.
Confundida se puso la ropa de dormir, deshizo su trenza y tomando asiento en el peinador comenzó a cepillar su cabello distraídamente. Porque por muy mal que hubiera estado, no podía sacarse de la cabeza la imagen de su escultural cuerpo, el sabor de sus labios, la calidez de su aliento sobre su cuello o la firmeza con la que la sostuvo por la cintura cuando la sentó sobre su regazo para poder seguir más cómodamente con su apasionada sesión de besos. De verdad había deseado que no parara, en serio quería seguir con aquello, pero cuando las manos del pelirrojo comenzaron a explorar con lujuria por el resto de su cuerpo y sintió que la temperatura en la habitación comenzaba a descender, completamente opuesto a la de su cuerpo, decidió que era momento de parar.
Se metió bajo las sábanas y se dispuso a conciliar el sueño, pero aún podía sentir sus caricias. Inhaló profundo y sacó el aire de su pecho en una especie de suspiro resignado antes de cerrar fuertemente los ojos y, con las mejillas ardiéndole, abrir ligeramente las piernas y meter una mano entre ellas.
Por su parte, el pelirrojo tenía su propio dilema: ¿en qué maldito momento había comenzado a sentir ese loco deseo por la reina de las nieves? Porque era solo eso, deseo… ¿verdad? Se revolvió entre las sábanas; aún se sentía débil, pero siguió dándole vueltas al asunto. Cuando conoció a Lavinia los hechos ocurridos durante la coronación aún estaba muy frescos y lo único que deseaba era vengarse, aunque fuera en sus más retorcidas fantasías, y el parecido de la chica con Elsa le resultó convenientemente oportuno. Pero esta vez era distinto, no le apetecía azotarla con una fusta u obligarla a hincarse frente a él para que le hiciera una felación. Lo que deseaba era desvestirla lentamente, recostarla sobre la cama mientras besaba cada una de las pecas de su cuerpo y hacerle el amor lenta y deliciosamente. Eso era lo que deseaba, pero ¿desde cuándo?
-No, lo que quieres es tomar a tu hijo y salir de aquí Hans, eso es lo que quieres.
Pero por más que lo repetía no lograba creérselo. Le fascinaba mirarla cuando no se daba cuenta, verla concentrada, cuando fruncía el ceño o cuando arqueaba las cejas con irritación mientras peleaba con él. Le fascinaba verla sonreír, escuchar su risa y el gesto mezcla de concentración y paz que tenía mientras leía. Pero sobre todo adoraba verla al lado de Friederick y el amor con el que se dirigía a él.
Sonrió al evocar la imagen del pequeño al lado de su madre. Su nueva madre. Para cuando logró conciliar el sueño ya había tomado la decisión de formar parte de esa imagen. Y nadie, ni su familia ni la princesa Anna ni el malparido de Alexius lo harían desistir de ello.
El desayuno fue pesado para Elsa; había tenido una noche con muy poco descanso, no podía dejar de pensar en Hans y su pequeño encuentro, dificultándole concentrarse en la interminable charla de Alexius, quien no había dejado de hablar de él y su reino toda la mañana. Y todavía había que sumarle lo insoportable que había amanecido Friederick, quien no dejaba de darle lata.
-Quelo uno de esos, moma-dijo sentado a su lado y estirándose para tomar un waffle.
-No cielo, ya tienes un par en tu plato-trató de detenerlo pero él ya estaba tomando un tercero-Frieder… no… agghh, dame eso-le quitó la pieza y la depositó en su propio plato.
-¿Tus flutas a qué saben?-se estiró para tomar una fresa de su plato.
-Exactamente igual que las tuyas-lo reprendió su madre.
-¡Quelo más chocolate con leche!-gritó golpeando su vaso en la mesa.
-¡Claro que no! Termina tu comida y entonces tal vez puedas tener un poco más.
-¿Tú tomas té, moma?
-Sí, pero está caliente.
-A vel.
-¡No Friederick, cuidado!
-¿Tú qué opinas Elsa?
-¿Eh?-miró su hermana justo cuando había logrado detener el dedito que pretendía hundirse en el líquido de su taza humeante.
-Le decía a tu hermana que me gustaría dar un paseo por los alrededores del palacio; todo es tan verde y fresco por aquí que muero de ganas por conocer.
-Y yo le decía que tal vez podrías acompañarlo-agregó Anna.
-¡Oh! Ok, ammm-logró regresar al pequeño a su asiento y hacerlo comer un poco de waffle-creo que podemos hacerlo. Podemos ir a eso de las diez, eso me dará tiempo de poner en orden algunos documentos, a ti de prepararte y a mi gente de ensillar los caballos.
-¡Me parece excelente!
-¡Yeeii!-exclamó Anna con júbilo-verán que será un excelente paseo.
-¿Paseo?-preguntó Friederick-¡Yo voy!
-Oh Fried, no creo que…
-¡Yo quelo il! ¡Po favol moma, quelo il!
-¿Sabes?-Elsa lo pensó un momento-Creo que es una buena idea que nos acompañes.
-¡Sí!-festejó el pequeño alzando los brazos.
-¿Sí?-preguntó su hermana estupefacta.
-Sí, claro… por qué no-dijo Alexius perdiendo de pronto el entusiasmo.
-Creo que será una buena oportunidad para que ambos se conozcan mejor. Claro, eso si tienes genuino interés en formar parte de esta familia.
La mirada que Elsa le echó a su visitante lo dejó helado, de manera figurada claro; era evidente que esto era solo una de las varias pruebas a las que seguro sería sometido pero lo que más lo alarmaba era que, sin duda alguna, la opinión del pequeño bastardo pelirrojo tendría un enorme peso en la decisión que la reina tomaría.
-Puedo asegurarte que mi interés es grande y sincero-respondió con una sonrisa bastante falsa.
-Bueno, entonces-la rubia se puso de pie-te veré a las diez frente a los establos.
-Excelente.
-Enviaré a alguien para que te ayude a prepárate cielo-dijo a Friederick quien devoraba el último trozo de waffle de su plato-quiero que obedezcas y seas bueno ¿está bien?
-Shí moma-respondió con la boca llena.
-Nah, ¿qué pasa con tus modales jovencito?
-Peldón moma-respondió, aún con comida en la boca pero bajando la mirada con pesar.
Elsa lo besó en la frente y dirigiéndose al príncipe con pena se disculpó.
-Lo siento, aún trabajamos en eso-y sin esperar una respuesta se puso en marcha.
Alexius la vio alejarse, siempre con la vista fija en sus suculentas caderas, y una vez que la reina dejó la habitación miró al pequeño pelirrojo. Sintió que los vellos de los brazos se le erizaban con la malévola sonrisita de lado en el rostro bañado en pecas que lo miraba con indecible desprecio.
-Amm, si me disculpa princesa Anna, iré a mi habitación para preparar mis cosas.
-Claro, nos vemos después-apenas había terminado su frase cuando el príncipe ya se había alejado casi corriendo. Entonces miró a Friederick, lambiendo el plato con la lengua-¡Giuc! Deja de hacer eso Fried.
-Peldon.
-Eso es. Gracias. Oye, ¿estás emocionado por el paseo?
-No.
-¿No? ¿No te emociona el paseo o… la compañía? ¿No te cae bien el príncipe Alexius?
-No.
-Wow, cuanta sinceridad, ¿se puede saber por qué?
En ese momento el pecosito bajó de su silla y corriendo hacia ella gritó:
-¡Ojalá que se caiga en popó de cacallo!-y dicho esto corrió fuera del comedor.
-Vaya-fue todo lo que respondió la pelirroja al quedarse sola-últimamente se viven emociones muy fuertes en este lugar.
Para entonces el príncipe Alexius que caminaba a paso apresurado no dejaba de estremecerse al recordar el rostro del pequeño diablillo.
-¿Por qué?-se preguntó en voz baja-¿por qué mierda tiene que parecerse tanto a él? Es como volver al tiempo atrás, a los días de mi infancia y juventud en la finca de su familia; es simplemente idéntico.
Maldijo a su mala suerte, al idiota de Hans y a la ilusa de la reina Elsa y se preguntó si estaba dispuesto a seguir con todo aquello a pesar de ese pequeño inconveniente, si estaba dispuesto a ver el rostro de Hans todos y cada uno de los días, por el resto de su vida.
-Tranquilo Alexius, te estas preocupando por detalles insignificantes; puedes convencerla de mandar al monstruito lejos, quizá con la armada a algún viaje interminable o a perderse en el maldito bosque para siempre. Ella no se negará una vez que le hayas dado unos cuantos hijos.
Ese último pensamiento lo reconfortó un poco y caminó un poco más tranquilo. Pero un golpe contra sus pantorrillas lo hizo detenerse y dar la media vuelta.
-¡Auch!-dijo el pequeño pelirrojo levantándose del suelo y sacudiendo sus mangas-¡me dolió!
-Lo lamento mucho Federico-respondió el príncipe secamente-pero fuiste tú quien corrió hacia mí-el chiquitín lo miró con desprecio-Escucha niño-comenzó de cuclillas frente a él-¿qué te parece si hacemos las pases? Yo sé que no te agrado, y siendo honestos tú lo único que despiertas en mí son náuseas y desprecio. Es decir ¡ni siquiera eres hijo de la mujer con la que me quiero meter en la cama! Pero estoy dispuesto a soportar tu presencia y hacerlo de manera armoniosa con tal de obtener la mano de la reina Elsa.
-¿De mi moma?
-No, de la reina Elsa-Friederick frunció el ceño-como sea, ¿qué tal si negociamos? Tú pasas más tiempo en tu habitación jugando con… lo que sea que jueguen los demonios como tú, y yo me encargaré de no chismorrearle a ella todas las travesuras y cosas malas que haces por ahí.
-Pelo yo no hago tlavesulas.
-¿No? ¿Qué raro? Porque estoy muy seguro de que…-se puso en pie y caminó hasta el jarrón de flores más cercano-fuiste tú quien tiró esto.
Tomó el jarrón entre las manos y, ante la mirada estupefacta del pelirrojito estaba a punto de estrellarlo en el suelo cuando la voz de una mujer a lo lejos lo detuvo.
-¡Joven Friederick! Lo hemos estado buscando por todo el… ¡oh, príncipe Alexius!-la dama del servicio hizo una reverencia al ver al príncipe contemplando el jarrón de flores.
-Bue-buenos días. Yo sólo estaba… quería…
-Perdone que los interrumpa pero su majestad ordenó que preparáramos al joven Friederick para salir a caballo, así que me lo tengo que llevar.
-Oh claro, adelante. Nos vemos más tarde amiguito-respondió con una sonrisa forzada.
La mujer tomó de la mano al niño y juntos dieron media vuelta. Friederick echó un último vistazo hacia atrás, a donde el moreno lo miraba de mala forma. Pero él sin dejarse amilanar hizo lo mismo, agregándole su pequeño toque personal: le sacó la lengua.
-¿Estás nerviosa?-preguntó Anna mientras caminaban por los jardines-Creo que será emocionante; podrán conocerse un poco más, conversar, saber si la compañía del otro les agrada…-suspiró-podría ser romántico.
-Alto ahí-le respondió-es sólo un paseo y nada más, él quiere conocer los alrededores y nosotros se lo mostraremos.
-"Nosotros", pff. No hay mejor forma de matar el romanticismo que llevando a un niño a una cita.
-No es una cita Anna, y solamente…
No sólo la frase quedó incompleta, también puso alto a la marcha.
-¿Elsa? ¿Está todo bien? ¿Qué su…cede?-siguiendo la mirada de su hermana la princesa pronto descubrió la razón de tan repentino cambio.
A solo unos pocos metros de ellas se encontraba de pie frente a una de las fuentes el príncipe Hans, quien al percatarse de su presencia se encaminó hacia ellas con una pequeña sonrisa en el rostro.
-Buenos días reina Elsa. Princesa Anna.
-Buenos días Hans-respondió la pelirroja secamente-Creí que estabas enfermo, ¿qué te trae por aquí?
-Amanecí mucho mejor, gracias por su preocupación-respondió burlonamente-y me apeteció dejar mi aburrida habitación y bajar para dar un pequeño paseo-volvió su mirada a la fuente y continuó-a estas horas del día se pueden ver cosas verdaderamente bellas por los jardines del palacio-su vista se clavó en Elsa, quien sonrojada bajó la mirada.
-M-me da gusto que se encuentre mejor-dijo la rubia tratando de mantener la vista en el suelo, pero fallando.
Sin poder, pero sobre todo sin quererlo, sus miradas se encontraron durante unos breves segundos, el tiempo suficiente para que la princesa se percatara de lo que ahí sucediera.
-Ammm, Elsa tal vez deberíamos…
-Quizás debas regresar a la cama Hans-la interrumpió la rubia-aun te vez un poco acalorado.
-Oh, no es nada, yo sólo… vi algo que me robó el aliento.
La reina no pudo evitar, por fin, bajar la vista con las mejillas encendidas.
-Eso es porque aún no estás del todo recuperado-dijo Anna-no debiste salir y arriesgarte así.
-Tienes toda la razón, será mejor que regrese.
-Te acompañaremos-se apresuró a decir Elsa.
-No Elsa, no podemos, Alexius ya debe de estar esperándote frente al establo.
-¿Alexius?-preguntó el pelirrojo.
-Él y mi hermana irán a dar un paseo con Friederick por los alrededores.
-Oh, ya veo-fue todo lo que dijo, pero para Anna no pasó desapercibida la forma en que su mirada cambió, nublándose de una extraña y malévola manera-bien, entonces no la entretengo más, su majestad.
-Amm, gracias. Tal vez Anna pueda…
-¿Encontrar a alguien que lo escolte hasta su cuarto? Claro que sí-se apresuró la princesa-de hecho mira allá-y alzando los brazos gritó-¡Hey, hola! ¿Puede alguien auxiliarnos?
Un joven con el uniforme del servicio se encaminó a toda velocidad hacia ellas. La pelirroja se giró hacia su hermana con una sonrisa triunfal que le resbaló hasta el suelo al notar que nuevamente se habían enfrascado en aquella extraña y silenciosa conversación hecha sólo de miradas.
-A sus órdenes alteza.
-Por favor acompaña al príncipe Hans a su habitación-el hombre respondió con una reverencia-mientras tanto, Elsa, lo mejor será que te pongas en marcha si lo que quieres es llegar a tiempo a tu cita.
-Por supuesto-miró una última vez a Hans y con una ligera inclinación de cabeza se despidió-con su permiso.
El príncipe por su parte, le dedicó una pequeña reverencia antes de ponerse en marcha. Compartieron el mismo camino durante unos cuantos pasos justo antes de separarse en sentidos opuestos. Anna observaba todo sin moverse de su lugar, y vio cuando ambos, sin detener sus pasos, miraron hacia atrás, hacia el otro. El cuerpo de la princesa se estremeció de pies a cabeza; eso no era nada bueno, y aunque aún no había las pruebas suficientes para confirmar sus terribles sospechas, su corazón tenía un horrible presentimiento.
Apenas llegó buscó alrededor a la reina de las nieves, pero lo único que encontró fue al par de caballos ya listos para ser montados y amarrados a las afueras del establo. Espero un poco más pero en vista de que nadie aparecía decidió echar un vistazo dentro del lugar. Al entrar una suave vocecita al fondo del establo llamó su atención. Caminó hacia allá pero para su infortunio a quien encontró conversando y de puntitas acariciando a los caballos fue al pequeño hijo de la reina. Llevaba su atuendo para montar y a unos pocos pasos de él, en el suelo, se encontraba su sombrerito tirado.
-¿En dónde está tu madre?-preguntó, pero el niño lo ignoró por completo-Francisco, ¿en dónde está tu madre?-repitió alzando la voz.
El caballo al que tocaba se inquietó y relinchando retrocedió dentro de su caja. Sólo entonces Friederick miró al príncipe y con desdén respondió.
-No sé.
-Mmm-comenzó a dar vueltas por la caballeriza, mirujeando a los animales y echándole un ojo, de vez en cuanto, al chiquillo que le hacía compañía. Después de unos minutos abrió la puerta de uno de los cajones vacíos y dio un par de pasos dentro de él-¡Cielos!-exclamó, llamando la atención del pequeño-mira nada más eso. Hey niño, ¿quieres ver esto? Creo que es un conejito.
-¿Un conejito?-preguntó entre emocionado y desconcertado a la vez.
-Sí, creo que eso es lo que es, o ¿tú qué opinas?-Friderick lo miró con desconfianza-anda, ven acá.
El niño se encaminó, cauteloso, hacia dónde se encontraba el hombre.
-¿Enone está?-preguntó asomándose curioso.
-Por allá. Anda, entra y acércate, está un poco escondido en aquella esquina.
Él obedeció, buscando con la mirada a la criatura peluda. Revisó cada rincón pero no lo encontró.
-Aquí no hay nada, eso no es…-el inconfundible sonido de la puertecilla cerrándose y el cerrojo correrse lo hizo girarse asustado-¡NOOOO!-gritó a la vez que corría de regreso solo para encontrar la puerta cerrada-¡No, noooo!
-Lo siento niño, pero afuera vi sólo dos caballos y creo que es porque tú estás sobrando.
-¡MOMA, MOMA!-gritó Friederick dando saltitos, pero la puerta era demasiado alta para él; por mucho que brincara no alcanzaba a ver más que sólo madera.
-Descuida, me encargaré de que disfrute del paseo-y sin decir más dejó el establo. Y justo a tiempo, porque cuando iba saliendo a lo lejos vio acercarse a la reina Elsa. Se apresuró a desatar a los caballos y tomándolos por las riendas se encaminó hacia ella-¡Que gusto me da volver a verte, Elsa querida!
-También me alegra encontrarte-respondió ella con una sonrisa que no lograba llegar hasta sus ojos-Oh, y veo que ya estás listo.
-Así es, ¡estoy ansioso! ¿Me permites ayudarte a montar?
Caminó hasta su lado y sin esperar una respuesta la tomó por la cintura para ayudarla a subir a su caballo.
-¡Oh! Ok, amm… gracias. Supongo-respondió la reina un poco incómoda. Alexius estaba por contestar cuando ella, mirando en todas direcciones, preguntó:-¿Y Friederick? Me dijeron que ya estaba aquí.
-Ah sí, lo vi cuando llegué.
-¿Y en dónde está?
-Descuida, se fue con… el sujeto rubio y alto que trata de cortejar a tu hermana.
-¿Con Kristoff?
-Como se llame. Sí, dijo que tenía algo que hacer en el pueblo y el pequeño diablillo decidió acompañarlo.
-Qué extraño. Normalmente cuando van a salir juntos Kristoff siempre me avisa antes.
-Sí bueno, a veces…
-Y Mary dijo que Friederick estaba muy emocionado por nuestro paseo, me desconcierta que haya preferido irse al pueblo que ir a montar a caballo.
-No le des más vueltas cariño-respondió el moreno montando su caballo y emprendiendo la marcha-así son los niños. Ahora, ¿me acompañas?
Elsa seguía pensativa, pero al escuchar la invitación del príncipe no dudó en seguir sus pasos.
Gerda no dejaba de reprenderla por el desorden que había en su habitación, levantando prenda tras prenda y recordando lo aseada que era su hermana y el perfecto orden en el que tenía su habitación.
-Ya no eres una niña, ¿cuándo comenzarás a comportarte como una chica de tu edad?
Pero Anna no escuchaba; se había echado en la cama con un libro en las manos pero llevaba más de diez minutos contemplando la misma página y, por supuesto, ignorando por completo a Gerda.
-¡Anna!
-¿Eh?
-¿Me escuchaste?-preguntó irritada la mujer, pero como respuesta obtuvo otra pregunta.
-¿Sabes que sucede con Elsa y Hans?-Gerda abrió los ojos como platos al escucharla, mientras que Anna se ponía en pie y caminaba hasta ella-Dime, ¿lo has visto?
-¿Perdón?
La princesa exhaló, cansada, y caminando hasta el peinador se dejó caer en el banquillo frente al espejo.
-Hay algo ahí que no me gusta nada.
-¿De qué hablas querida?
-Hablo de que… no lo sé pero siento que algo hay ahí que antes no vi, algo… extraño.
-Lo siento Anna, pero no comprendo de qué hablas.
La chica se giró y encarándola continuó:
-Cuando se miran Gerda, es como si… como si se dijeran algo, como si se comunicaran entre ellos. Pfff, es extraño porque apenas se dirigen la palabra en voz alta y cuando lo hacen es sólo para pelear, pero cuando se miran… es como sí…
-Se entendieran-completó Gerda.
Anna la miró con cierta tristeza. La mujer dejó la ropa sobre la cama y se dirigió a su lado.
-Pues entonces es una pena que no estén comprometidos-agregó sentándose al lado de ella y envolviéndola en un abrazo-porque esas cosas resultan de mucha utilidad en un matrimonio.
-¡Gerda!-aulló la pelirroja tratando, sin éxito, de zafarse del abrazo.
-Bueno, querías mi opinión ¿no?
-No realmente, sólo te pregunté si lo habías notado.
La mujer rio sin poder evitarlo, y tratando de recobrar la compostura asintió antes de responder con dulzura.
-Sí quería, lo había notado-Anna pareció decepcionada-lo lamento. Por ti claro, no por ella.
-¿Por qué? ¿Es que no ves el peligro en el que se encuentra?
-Pero ¿de qué peligro estás hablando?
-¡De Hans! ¡Le romperá el corazón!-se puso en pie y comenzó a caminar como tigre enjaulado delante de ella-Es un idiota, él no tiene corazón y por lo tanto carece de la capacidad de amar. O de sentir. En realidad creo que está muerto por dentro, ¡y lo último que quiero es que mi hermana se case con un muerto viviente!
-Oh por favor, estás ahogándote en un vaso de agua Anna. Él es un hombre bueno, yo misma lo he comprobado. Además, adora a Friederick, algo que quizá la mayoría de los invitados al dichoso baile no logre hacer jamás, y respecto a tu hermana…
-La lastimará.
-La ama.
-¿Qué?
Gerda suspiró y, tomando las manos de la princesa la sentó de nuevo a su lado.
-Entiendo tu preocupación cariño, y no sabes lo mucho que lamento que hayas tenido una experiencia tan horrorosa a su lado; quisiera haber estado ahí para protegerte pero… hay cosas de las que uno no los puede salvar. Pero esta vez es diferente.
-¿Por qué, si el monstruo es el mismo?
-Porque a ella sí la ama.
Sus palabras le resultaron dolorosas por alguna extraña razón, y no pudo evitar que unas cuantas lágrimas se le agolparon en los ojos.
-Lo lamento mucho Anna, pero es la verdad; lo aborreces porque jugó contigo, lo maldices porque te hizo daño y quieres alejarlo de ella porque lo consideras un ser cruel y despiadado. Pero hay que afrontar la realidad: él nunca te amo.
-Me usó.
-Lo sé.
-¿Y qué nos dice que no hará lo mismo con Elsa? ¿Qué te asegura que no sigue detrás de su corona?
-Anna, si quisiera matarla ya lo hubiera hecho.
-¡¿Qué?¡
-Y por eso mismo me atrevo a decirte que deberías de estar tranquila-se puso en pie y volvió a tomar la ropa de la cama.
-¿Por qué él aún no la ha asesinado consideras que él la ama?
-Por eso y por otras cosas más.
-¿Qué cosas?
-Cosas… que he visto-dijo dirigiéndose a la puerta.
-¿Cosa como qué?-preguntó cada vez más nerviosa Anna.
-Mmm bueno, eso lo sabrás después.
-¡¿Cuándo?!
-¡Cuándo logres mantener tu habitación limpia al menos durante una semana!-y dicho esto salió dando un portazo.
-¡Gerda!-gritó la chica, pero ya no había esperanzas. Miró a su alrededor y, a pesar del peinador revuelto, la cama medio deshecha, el ropero revuelto y los libros esparcidos por el suelo, tuvo el descaro de decir-Pues yo no la veo tan mal.
Caminó hacia el establo dirigiendo al caballo que le habían prestado para ir al pueblo. Durante el trayecto se preguntó si sería hora de conseguir un nuevo compañero de viaje, sobre todo ahora que se acercaba la temporada alta para la venta de hielo y necesitaría de alguien que jalara el trineo, pero el recuerdo de su viejo amigo Sven lo hizo desechar la idea de inmediato.
-Gracias amigo-le dijo al animal acariciándole el hocico-hiciste un muy buen trabajo.
Metió al caballo en uno de los cajones vacíos, le ofreció los últimos terrones de azúcar que encontró en sus bolsillos y se dispuso a abandonar el lugar. Pero apenas había dado unos pocos pasos cuando unos sollozos débiles pero inconfundibles llamaron su atención.
Prestando mucha atención siguió el ruido hasta su lugar de origen, y con sorpresa e indignación encontró al pequeño Friederick echo bolita hasta el fondo del último cajón.
-Amiguito, ¿qué sucedió?-abrió la puerta y el pequeño, lloroso y presuroso, corrió hasta él, quien de inmediato se acuclilló y lo envolvió en un fuerte y apretado abrazo-¿estás bien? ¿qué paso?
El niño no dejaba de llorar, pero después de unos minutos se animó a responder entre sollozos.
-El pincipe malo dijo que había un conejito-dijo con el rostro hundido en el pecho del rubio.
-¿El príncipe malo? ¿Te refieres a Alexius o a Hans?
-¡Alesius!-respondió alzando la carita y señalando al lugar en el que lo habían encontrado-él dijo que ahí había un conejito y luego le celó a la pueta.
-Oh, ya veo-respondió Kristoff, sintiendo que la sangre comenzaba a hervirle.
-¡Y se fue con mi moma!
-Oh, ya veo-respondió, cayendo en cuenta de lo sucedido. Miró a sus espaldas, al caballo que acababa de dejar y que seguía sin perder detalle del drama, y preguntó a Friederick-Oye amiguito, ¿qué te parece si damos una paseo tú y yo? Quien sabe, tal vez, y sólo por casualidad, terminemos encontrándonos con tu madre y con aquel mal nacido.
Miles de millones de gracias por todos sus reviews. Lamento no poder dar respuesta a quienes escriben como anónimos, prometo pronto darme el tiempo de agradecerles en este espacio. Y si usted tiene cuenta y no ha recibido una respuesta a su último review, pues espérela pronto: últimamente lo que me hace mucha falta es tiempo, pero créanme que palabras para agradecerles me sobran (y aún así, creo que no son suficientes).
No tengo nada más que agregar para seguir quitándoles el tiempo. Ah, en el capítulo anterior use la palabra "mandonear", y yo sé que esa palabra no existe (o eso me dijeron mis tres enciclopedias) pero me encanta usarla; la aprendí una tarde viendo a la princesita Sofia jajaja, para que lo piensen dos veces si pretenden dejar a la televisión criar a sus hijos. Y si resulta que esa palabra sí es real pues... una disculpa princesita Sofía, no era mi intención levantarte falsos.
Tengan una excelente semana, nos seguiremos leyendo muy pronto. Bye bye! ^_-
