30 días en nuestras vidas

XXVI Fumar Alivia el Estrés

Fumar siempre había sido la alternativa más sana que había tenido frente a todas sus adicciones. Por que entre las inyecciones de cocaína, el uso de morfina y otros tantas sustancias de iguales o superiores efectos, cabe mencionar que el tabaco era como beber agua entre mucho alcohol sin destilar.

Holmes sabía esto, y pese a que había dejado su etapa de "adicto" sobre todo con la llegada de su compañero de piso. Siempre estaba el riesgo de las "recaídas" ya fuera por su eterno aburrimiento, que solo se disipaba con algún caso, o por motivos terceros.

Sin embargo, desde que John había decidido limpiar el piso, Sherlock se había mantenido alejado de todo tipo de sustancia inclusive de los mismos cigarrillos.

Recordó la última vez que había fumado uno, y había sido hace mucho tiempo quizás demasiado, cuando había fingido su muerte.

No obstante el motivo por el cual estaba a punto de volver a fumar era muy diferente.

Estaba en el hospital parado en el centro del pasillo de espera.

Sherlock se paseaba de un extremo a otro impaciente. ¿Por qué se tardaban tanto? ¿Por qué nadie le decía nada? Estaba a punto de llamar a Mycroft cuando vio un puesto de tabaco y no dudo en acercarse a comprar una cajetilla.

Holmes miró el pitillo blanco entre sus largos y huesudos dedos. Lo encendió y dio la primera calada. ¡Y dios, estaba en el cielo!

Soltó una bocanada larga y el humo se disipo en una nube blanca, espesa.

-Por lo que veo las cosas no andan bien- le dijo una voz desde atrás

-Vete de aquí Mycroft- sentenció con tono agrio

-Sherlock, no eh venido a discutir. Solo quiero saber como esta mi sobrino.

-Hamish esta bien, gracias. Ahora vete- dijo dando otra calada

Mycrof lo miró un poco disgustado.

-No debes sentirte culpable, los niños son así. Suelen enfermarse- explico el mayor de los Holmes a su hermano.

Y eso era lo que el genio necesitaba para estallar.

-¡Tu no lo viste convulsionando! el estaba totalmente bien anoche, jugamos un poco y ahora se encuentra hospitalizado con sobre 40º grados de fiebre, ¡Que los incompetentes de este hospital no le pueden bajar! ¿Tengo que explicarte el riesgo de daño neurológico que corre con esa temperatura?- le recrimino con ira y angustia-

Mycroft suspiro apoyándose en su paraguas, el hombre del gobierno saco su encendedor y le ofreció uno de sus cigarrillos a su hermano menor.

Sherlock lo miro desconcertado, iba a ignorar el ofrecimiento cuando Mycroft le interrumpió.

-Los míos son más fuertes, creo que ayudarán más-

Sherlock acepto el gesto y saco un pitillo que encendió de inmediato.

-¿Donde esta John?- preguntó al detective sentándose en una banca.

-Adentro con Hamish- no quiso decirle que se había negado a entrar con ellos

-ya veo…- dijo cruzándose de piernas – al parecer tu hijo es igual a ti en muchas cosas-

Sherlock soltó una risa irónica mientras se apretaba los cabellos dispersos ¿Qué diablos le estaba tratando de decir Mycroft ahora?

El mayor pareció ignorar su "berrinche" y continúo hablando

-Cuando tenías la misma edad de Hamish, te enfermaste gravemente- le explico- de la noche a la mañana comenzaste a tener fiebre y por más que nuestros padres trajeran médicos no podían bajarte la temperatura. Tu parecías estar sufriendo mucho- dijo mientras estiraba el cuello de su camisa- Gritabas y cuando ya no podías hacerlo más gemías de dolor, recuerdo que una vez te quedaste con los ojos clavados al techo muy quieto, yo temí lo peor cuando comenzaste a convulsionar.- puedo decir que es una de las cosas más terribles que eh tenido que ver- confeso- estuviste así mucho tiempo incluso después que te hospitalizaran, Mamí se veía terriblemente preocupada y papá estaba destrozado, ambos discutían mucho, se culpaban por lo que te estaba sucediendo y por que tenían terror a perderte o a que terminaras con un daño irreversible.

Sherlock lo observo expectante, curiosamente no tenía recuerdos de esa experiencia y sin embargo ahora que su hijo estaba en esa situación, sentía la necesidad de que su hermano continuara el relato.

-¿Que paso después?- preguntó dubitativo

El otro hombre se rasco la cabeza, antes contestar con tranquilidad.

-De un día para otro la fiebre cedió, estuviste en observaciones y luego te dieron el alta. Nunca nadie supo que había ocurrido contigo- comentó- aún hoy tampoco me lo explico, sin embargo si lo pensamos ahora, Hamish es muy parecido a ti, quizás solo es algo que esta en tus genes y que se lo has transmitido de alguna manera-

El detective se sentó al lado de su hermano. Pensó en esa pequeña personita que todos los días llegaba saltando a su alrededor gritándole "Papá".

Pensó en John y el tiempo que llevaban juntos, Sherlock sabía que su marido amaba a su "niño" con toda su alma, sin embargo cuando se trataba de esas cosas Watson necesitaba de alguien que lo contuviera.

Y el le había fallado al no querer acompañarlo en la sala de emergencias, aún podía ver la mirada de decepción que John le había dado antes de entrar con el pequeño.

-Nunca es tarde Sherlock-

El detective miro por sobre su hombro y se encontró con la mirada de su hermano, este al igual que él parecía tener una extraña habilidad para leer los pensamientos.

-Ve con ellos, aún puedes hacerlo.

John se encontraba de pie al lado de la cama de Hamish, el pequeño estaba sufriendo los efectos de una fiebre agresiva y peligrosa. Sus mejillas estaban rojas, sus labios estaban partidos por la alta temperatura de su cuerpo, y sus ojos claros como los de su padre intentaban en vano visualizar lo que estaba ocurriendo a su alrededor.

-Papí- susurró muy débil levantando su mano diminuta en el aire

-Aquí estoy cariño- contestó John atrapando su manita en la suya- Estarás bien-

El niño comenzó a quejarse más fuerte, temblaba a ratos y parecía estar quemándose vivo en por el calor febril. Y aunque John fuera un medico y conociera de sobra las reacciones de los niños en ese estado, no podía dejar de pensar que el que estaba sufriendo ahí era nadie más que su hijo.

-¿Papí, don-de esta Papá?- preguntó con voz apagada

John sintió que se le partía el corazón, ¿Cómo le explicaría a su hijo de 3 años que su padre no sabía afrontar esas situaciones? Watson acaricio los cabellos de su pequeño, puso un beso en cada una de sus mejillas y rogó por que alguien lo ayudara cuando intentó explicar-

-Veras amor, Papá…

-Estoy aquí.-

John se giro sorprendido, no podía creer lo que estaba viendo.

-¿Sherlock?- preguntó un poco asustado

-Estoy aquí Hamish- repitió el detective, tomando la mano de su hijo- Papi y yo estamos contigo- dijo al fin.

El niño pareció comprender y exhalo con calma. Al poco tiempo yacía dormido profundamente en compañía de sus padres.

-¿Sherlock…?- le preguntó John

-No me preguntes John, no se el por que de esto –

Watson se quedo asombrado, sabía que ni siquiera Sherlock entendía sus propias reacciones "emocionales" sin embargo, esta había sido una grata sorpresa

-Gracias- susurro John besando la mejilla de su marido

-¿Estará bien?- preguntó Sherlock mirando al niño que yacía en la cama.

-Estará bien- afirmo John abrazando al más alto- el es un Homes-Watson por eso nunca se rendirá- El medico enterró su nariz en la camisa del detective e inmediato hizo una mueca de desagrado-

-¿estuviste fumando?

Sherlock arqueo ambas cejas dedicándole una sonrisa de disculpas mientras le decía:

-"Fumar alivia el estrés"

Watson negó con el cabeza resignado, conocía a Sherlock y sabía que no debía alarmarse por ese tipo de reacciones.

-Solo no vuelvas a hacerlo- le pidió- no le debes dar un mal ejemplo a Hamish-

Y sin más se quedaron abrazados, velando el sueño de su pequeño.

Por que las cosas volverían a estar bien.

Notas:

Felices fiestas, lo siento si el capitulo no resulto de todo sus agrados pero ya saben pueden escribirme y veremos que se puede hacer con los siguientes, un abrazo y Gracias por leer!

PD: amo la interacción de Mycroft con Sherly :3