Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.

Leer bajo tu responsabilidad.

Gracias a Lily Perozo, la autora por permitirme adaptar su historia, sin ella esto no fuera sido posible.

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Capítulo No. 25

La angustia no permitió, que Aro Vulturi lograra conciliar el sueño y aunque se vio tentado a poner la denuncia, debía pensar con cabeza fría y hacer las cosas a su manera, ya que Sulpicia tampoco lo apoyó cuando le pidió ir en busca de su hija.

Sabía que bajo el "Deja que Alice haga su vida" estaba el "Me importa una mierda que se estén cogiendo a Alice" y si a ella no le importaba lo que pudiese pasarle a su hija, a él sí, por lo que salió de su casa más temprano que de costumbre. Debía hacer algo cuanto antes y no permitir que un Cullen le jodiera la vida a su pequeña.

Sólo tenía que buscar a los contactos adecuados para que lo ayudasen a llevar a cabo su plan de quitar del camino a Jasper Cullen. Nadie llegaba así como si nada a querer burlarse de Aro Vulturi, no lo habían hecho antes, mucho menos lograrían su cometido ahora.

Decidió dejar a su chofer porque debía cubrirse las espaldas y no podía confiar plenamente en las personas del servicio.

Mientras conducía, se dejaba arrastrar por la fuerza de sus pensamientos. Alejándose cada vez más de su residencia en busca de la solución drástica, permitiendo que las cavilaciones le robaran la concentración, pasó por alto una señal de tránsito que le indicaba un "Pare" y no contó con la rapidez de sus reflejos para frenar a tiempo.

El chirrido de los neumáticos sucedió al inevitable golpe contra otro vehículo.

Por varios segundos la vista se le nubló ante el aturdimiento y el susto. El corazón le brincaba en la garganta y sus manos temblorosas se aferraban al volante. Soltó un suspiro de alivio al darse cuenta de que no había sido nada grave.

El auto blanco con el que había colisionado no mostraba un gran impacto, sin embargo decidió bajar para constatar al conductor.

Se acercó rápidamente y se llevó una gran sorpresa al darse cuenta que era conductora. La mujer elevó la cabeza y evidentemente se encontraba aturdida. Abrió rápidamente la puerta para ayudarla a salir.

—Lo siento… disculpe señora, venía distraído, ha sido mi culpa. ¿Se siente bien? —preguntó al ver que la mujer no daba ninguna respuesta.

—Sí, estoy bien… estoy bien, sólo que… no puedo perder el tiempo debo llegar al trabajo, no puedo faltar… —realmente estaba aturdida, retrasada y molesta—, es usted un irresponsable —dijo clavando su mirada azul en la gris de Aro.

—Es que no vi la señal de tránsito. No es necesario que esperemos a las autoridades, yo correré con los gastos, pagaré por el accidente.

—Si no vio la señal, le recomiendo que vaya urgentemente a hacerse un examen de la vista —acotó con sarcasmo la mujer rubia que aparentaba unos cuarenta años—. Es lo mínimo que puede hacer señor, después de lo que ha hecho. Acepto el trato porque tengo una reunión muy importante.

—Gracias señora. Deme un minuto por favor —le pidió encaminándose a su auto, y buscó en su portafolio que se encontraba en el asiento del copiloto una tarjeta de presentación, esas que tanto le gustaba ofrecer para que supieran que era la cara tras el imperio de la publicidad en el continente americano. Con pasos seguros regresó donde la mujer estaba acariciándose la nuca—. ¿Seguro que se siente bien?

—Sí, lo que tengo es un poco de tensión acumulada por el trabajo. No ha sido algo que haya ocasionado el accidente —confesó regalándole una sutil sonrisa a Aro, sintiéndose extrañamente atraída por los labios y por la penetrante mirada del hombre.

—Entonces deberá darse un pequeño descanso… aquí tiene —le ofreció tendiéndole la tarjeta, la cual la mujer recibió fijando la mirada en las manos del hombre—. Yo personalmente me encargaré de recomendarle un taller y por supuesto los gastos saldrán a mi nombre —Aro utilizó ese tono seductor innato, percatándose de que la atractiva mujer no llevaba ninguna alianza de matrimonio, pero sí la tuvo porque tenía una ligera sombra que lo dejaba claro.

—Gracias, para que sepa dónde contactarme —le informó tomando su bolso del interior del auto. Sacó una tarjetera dorada, consiguió una tarjeta y se la entregó a Aro, quien la recibió que por instinto leyó.

—Bien, Jane ha sido un placer. La mayoría de las veces los accidentes son fortuitos y pueden traernos experiencias, malas, agradables, placenteras… muchas. ¿No lo cree? —preguntó con una sonrisa tentadora y mirándola con intensidad.

—Estoy completamente de acuerdo Aro —se tomó el atrevimiento de llamarlo por su nombre ya que él lo había hecho primero y no quería ocultar que el hombre le parecía realmente interesante—. Debo retomar mi camino, o no llegaré a tiempo a la reunión pautada.

—No quiero seguir retrasándote, sólo dame día, hora y dirección para buscar el auto y enviarlo al taller —Aro siguió tuteándola

—Llámame esta tarde y acordaremos.

—Me parece perfecto, una vez más pido disculpas —suplicó mostrándose apenado.

—No hay nada que disculpar, a veces podemos tener muchas cosas en el cabeza… espero tu llamada —dijo subiendo al auto y para suerte de la mujer encendió a la primera. Al parecer el golpe sólo había sido superficial y con una mínima abolladura y rayón en la pintura.

—Buen día, Jane —le deseó ayudándole a cerrar la puerta del vehículo y acercándose seductoramente hacia ella.

—Igualmente Aro —siguió con sus pupilas las del atractivo hombre por varios segundos—, y por favor atento a las señales de tránsito —le pidió con una sonrisa, que correspondía a la insinuaciones de Aro, sin interesarse por ocultar el interés que él había despertado en ella.

—Lo haré —murmuró, sin poder evitar sonreír ante las palabras de la mujer que ponía en marcha el auto y lo dejaba parado en medio de la vía poco transitada.

Al perderla de vista, regresó a su auto y lo puso en marcha. Retomando la idea de alejar a Jasper Cullen de su hija, de cualquier manera lo haría. No dejaría que el hijo de Carlisle lastimase a su pequeña, a su tesoro más valioso.

Alice despertó con el relajante sonido proveniente del exterior. Aún con los ojos cerrados podía distinguir la cacofonía que creaban las olas cuando llegaban a la orilla, así como el de las aves.

Sentía el cuerpo tibio de Jasper a su lado y por primera vez era ella quien despertaba antes que él. Abrió los ojos y los cerró de manera inmediata al sentir como la claridad del Sol hería sus pupilas.

Tomó la sábana y se cubrió de pies a cabeza, girando sobre su cuerpo y poniéndose de lado admirando el costado dorado de su dios del trueno. Haciendo un mayor esfuerzo estiró aún más las sábanas para resguardarlo debajo a él también.

Lo admiraba dormir, no parecía ser un hombre de veintiséis años. Parecía un ángel: era ternura y belleza.

Sintiéndose tentada a tocarlo, estiró su brazo y con las yemas de sus dedos de la mano derecha, empezó a acariciar con delicadeza la A céltica que tenía tatuada en el omóplato. Se sentía tan orgullosa, tan feliz y poderosa por tener la certeza que esa A era la inicial de su nombre, que lo había hecho por ella y para ella. No creía merecer tanto.

Sabía que tal vez su padre tenía razón y que Jasper sólo estaba viviendo una fantasía, que ella no era el tipo de mujer con la que él quería pasar una vida, no obstante ella estaba dispuesta a darle miles de vidas si tuviese la oportunidad, pero no le gustaba pensar en eso, prefería vivir los momentos al lado de ese hombre que la hacía sentir única. Ese hombre que con sólo mirarla a los ojos ahuyentaba a los más temibles demonios que la acechaban.

La respiración acompasada que se apreciaba en esa poderosa espalda, la que ella no podía abarcar completamente, la llenaba de paz. La nariz recta y los labios entreabiertos para que pudiese respirar mejor, se mostraban ligeramente rojos. Las pestañas y cejas eran doradas; sin duda alguna era un hijo del Sol. Sus dedos inquietos subieron hasta el hombro y fue señalando las pecas una a una contándolas y perdiéndose en esos puntos color café que se extendían hasta parte de la espalda.

Aún cuando estaban debajo de las sábanas, podía admirarlo en todo su esplendor, la claridad en el exterior se lo permitía. Atraída por la suave piel del hombro de Jasper, se acercó y le depositó un tierno beso, apenas contacto de labios.

—Puede que sepa, en algún lugar en lo profundo de mi alma… —muy bajito Alice empezó a cantarle, su intención no era despertarlo, simplemente dejar salir lo que sentía a través de la letra del tema—. Que el amor no dura, y tenemos que encontrar otras maneras de conseguirlo nosotros solos, o mantener la cara seria. Yo siempre he vivido así manteniendo una distancia agradable, y hasta ahora me había jurado a mí misma, que estaría bien sola, porque nada merecía el riesgo, pero tú eres la única excepción, tú eres la única excepción… —repetía que Jasper era la única excepción para ella, con su voz melodiosa de niña, esa que arrullaba el sueño del chico.

Jasper poco a poco era sacado del estado en el que se encontraba por las suaves caricias en su espalda y la melodía que Alice entonaba en voz muy baja, siendo apenas consciente de la situación sin si quiera abrir los ojos. Decidió disfrutar de ese momento de ternura, nunca había pasado por una situación similar y era algo que le arremolinaba emociones en la garganta.

No podría decir cómo había llegado a tal punto. Su intención era arrebatarle a punta de promesas vacías la virginidad a Alice, pero el tiro le había salido por la culata porque ella a punta de sonrisas le había robado a él el corazón.

Alice no era el tipo de mujer que él quería. No era la que hubiese elegido para una relación estable, ni siquiera entraba al margen de edad establecida, mucho menos poseía las medidas por las que anteriormente se desvivía. No tenía la experiencia que él requería.

Entonces se daba cuenta de que el amor no era cuestión de elección, era algo que de la nada llegaba y rompía los índices de lo establecido y que aunque ella no lo supiera también era la excepción para él.

Una sonrisa floreció en los labios de Jasper para hacerle saber a Alice que había despertado, y sin abrir los ojos extendió un brazo y le cerró la cintura para pegarla a su cuerpo.

— ¿Qué es lo que soy? —preguntó abriendo los ojos y mostrando su mirada brillante, ese celeste que estaba más claro que de costumbre por la dicha que lo embargaba.

—Tú eres la única excepción —canturreó acariciándole con el dedo índice el tabique; y en segundos tuvo a su novio encima de ella, llenándole de calidez y excitándola. No era sano sentir el cuerpo desnudo de Jasper, tenerlo piel a piel y no desearlo. Requería de una fuerza de voluntad que ella no poseía—. Buenos días mi dios del trueno, mi hijo del Sol —saludó sonriente, perdiéndose gustosa en esa mirada.

—Buenos días mi chica, mi hermosa novia… mi hermosa muñeca.

—Con las muñecas sólo se juega —acotó cerrándole con los brazos el cuello.

—Yo nunca jugué con muñecas. Lo mío siempre fueron los deportes extremos, sobre todo los autos, pero ahora quiero a una muñeca en mi vida… Minha boneca, bonequinha —acortó la distancia entre las bocas y le dio varios toques de labios—. Y no la quiero para jugar, la quiero para que hagamos travesuras —musitó mordiéndose el labio inferior con las ganas que empezaban a despertarse en él.

Sus manos volaron a los muslos de la chica abriéndola para él que sabía que en segundos estaría dispuesto para entrar en ella y una vez más sentir que el sentimiento en su pecho podía abarcarlo todo. En la cama donde las diferencias de estaturas no tenían ninguna validez.

Esa chica empezaba a conquistarlo todo, o tal vez ya le pertenecía, pero una parte de él todavía se rehusaba. Aún algo le gritaba que no podía ser. No podía ser que Jasper Cullen, el mujeriego, aventurero, quien había experimentado todo de la sexualidad, que había perdido muchos años atrás la lista de las mujeres con las que había estado y que muchas veces una sola mujer no le bastaba y por tal razón se había convertido en un reverse gangbang. Se encontraba atrapado en las redes de una niña, en su hermosa mirada gris y en su manera de ser.

No sabía si eso que sentía podría esfumarse con el tiempo, si terminaría aburriéndose de esa relación. No podría saber que le deparaba el destino, pero de lo que si estaba seguro, era que de por el momento quería estar con Alice, vivir con ella cada momento y estaba seguro de que eso que sentía no se le pasaría en una semana, ni dos. Tenía la certeza de que al final de mes estaría con ella porque aún había mucha necesidad de Alice en él.

En medio de risas, besos y caricias, llevaron a cabo la difícil tarea de tener sexo debajo de las sábanas, con las que creaban una cúpula que los protegía y que concentraba los vapores de dos cuerpos ardientes, así como los olores. El calor se concentraba y perlaba las pieles que no dejaban de rozarse.

—Sabes, tengo una fantasía y quiero que la llevemos a cabo. ¿Quieres que te la cuente? —preguntó Alice aún con el pecho agitado, por el reciente orgasmo que acababa de experimentar.

—Soy todo, oídos —le dijo Jasper haciéndola rodar y colocándola sobre su pecho. La sábana dejó de protegerlos y el frío refrescó sus cuerpos, mientras Alice intentaba acomodar un poco la maraña que se habían hecho sus cabellos.

Se deslizó por el cuerpo de su novio hasta estar a la altura del oído y en secreto le contó su fantasía, con eso arrancándole una sonrisa sagaz al rubio.

— ¿Vas a cumplírmela? —preguntó encarándolo y presionándole con ambas manos las mejillas.

—Un día te dije que cumpliría todas tus fantasías, no he cambiado de parecer. Pero hoy no será, ni mañana. Debemos regresar, recuerda que tenemos un compromiso pendiente, aunque no quisiera ir por Edward… Me ha evitado y no quiero incomodarlo, no tengo nada por lo que deba disculparme.

—Pero lo vamos a hacer por Bella. Ella necesita nuestro apoyo, además yo quiero hablar con Edward, quiero aclararle unas cuantas cosas a tu primo. Sé que tal vez quiera protegerme, pero tampoco que lo haga tanto. Me molesta que quiera ser igual de controlador que mi padre, ya tengo suficiente con un Aro Vulturi en mi vida.

—Es obstinado, pero seamos irreverentes y por ahora no le demos importancia. Sólo hagamos nuestras vidas, no dejemos de lado nuestros compromisos por ellos, sin embargo novia mía, debo limar asperezas con su padre —le hizo saber poniéndole el dedo índice en la punta de la nariz.

—Ese viejo es un caso perdido, sólo espero que cualquier cosa que te diga no te haga cambiar de parecer — le advirtió tomándole el dedo y mordiéndoselo suavemente, para después chupárselo.

—Te juro que no lo hará —murmuró Jasper con un jadeo atravesado en la garganta y la mirada se posaba en como la chica le succionaba el dedo. Esa sensación enviaba señales de alerta a otra parte que aunque desfallecida latía ante la expectativa de lo que sería sentir los labios de Alice surcando ese músculo.

—Podemos quedarnos un poco más, quiero caminar por la playa, el día está magnifico —dijo desviando la mirada al gran panel de cristal que le mostraba afuera el hermoso paisaje.

—Sí, podemos irnos por la tarde… si quieres no tenemos que regresar a tu casa, nos vamos a un hotel y de ahí nos vamos mañana al evento. No quiero que tu padre termine encerrándote y no puedas asistir.

—No va encerrarme, ya no voy a permitirlo, pero me gusta más la idea de quedarnos en un hotel —dijo sonriente. Se levantó y con energía jaló la sábana lanzándola al suelo, dejando a su novio con sus casi dos metros completamente desnudo en medio del lecho y salió corriendo al baño.

—Te vas a ganar unas cuantas nalgadas Alice —acotó de manera juguetona saltando de la cama y se dispuso a alcanzarla en el baño.

Al llegar y debajo de la regadera cumplió su promesa de nalguearla en medio de las risas de los dos, dejando aflorar a los niños que habitaban en sus cuerpos, sintiéndose plenos y felices.

Después del almuerzo caminaron tomados de las manos por la orilla de la playa. Corrieron persiguiéndose el uno al otro, Jasper terminó por tumbarla en la arena, donde empezó a hacerle cosquillas y ella en su defensa le metió un puñado de tierra mojada en la boca. Él escupió los molestos granos y la cargó llevándola al agua fría donde la lanzó y en medio de un ataque de risas se sumergió para acompañarla.

Cuando el frío les hacía tiritar los dientes y los labios se tornaban morados, decidieron regresar a la casa para darse una ducha de agua tibia y retornar a la bulliciosa e imponente Manhattan. Dispuestos y unidos para luchar por sus sentimientos, los que tenían muy claros.


Mil disculpas por no haber actualizado antes, pero no había tenido tiempo de adaptar el capitulo. El trabajo me quita mucho tiempo.

Espero que les haya gustado el capitulo.

No creen que merezca Reviews.


Adelanto del próximo capitulo…..

Buenas tardes —saludó Edward sin soltarle la mano y aunque no lo demostrase se encontraba nervioso. Llevaba una mano escondida en el bolsillo de su pantalón y el pulgar de la que sostenía la de Bella se movía constantemente brindándole caricias—. Tío, le presento a Bella —dijo desviando su mirada de la del brasileño y la ancló en el perfil de la chica a su lado, soltando el agarre para que ella pudiese presentarse.

Es un placer señorita Swan —dijo con sinceridad tendiéndole la mano, y ella la recibió—. Es verdaderamente hermosa Ed —le hizo saber a su sobrino sintiéndose cautivado por los impactantes ojos y mirada misteriosa de la chica.

Gracias, el placer es mío, señor Cullen —dijo Bella y mentalmente se felicitaba por no titubear y así no exponer los nervios que la tenían atrapada. Esme tenía razón Carlisle Cullen se notaba más joven en persona. No parecía tener hijos tan mayores.