.
.
EN LA ESTACIÓN DE LA CALLE BAKER, ME SENTÉ Y LLORÉ.
Autor: Deco
CAPÍTULO 24: "LOS DEMONIOS TE LLENAN DE MIEDO"
.
En el cual Sirius Black arma un contraataque, y Petunia no se conmueve.
~oOo~
Al día siguiente estalló la tormenta. Petunia se quedó despierta hasta tarde, y tuvo una seria conversación con los chicos, pidiéndole la oficina a McGonagall para tal propósito. Como había anticipado, fue difícil. Los dos defendieron a Sirius; "No es realmente su culpa, mamá, nosotros le pedimos montar en la moto", y "¿Sabes que él no pretendía hacer mal, Tante, no es así?"
―Puede que Sirius no quisiera hacer daño, pero con frecuencia lo causa ―dijo Petunia―. Yo sé que ustedes le tienen afecto; y yo también, a veces, pero ustedes tienen que recordar que él pasó once años en Azkaban a causa de su impulsividad. Yo puedo ver una constante en su comportamiento desde que fue liberado, y es que no ha aprendido nada de ello. La gente que no aprende de sus experiencias son muy peligrosas porque siguen repitiendo los mismos errores. Yo no quiero ni que tu ni Dudley queden atrapado en la línea de fuego, como le ocurrió a tus padres, Harry.
―Pero Sirius no mató...
―No, no lo hizo, pero fue su decisión de cambiar el guardián secreto lo que los sentenció. Sí, sí. Ya sé que no quiso causar daño, nunca quiere hacerlo, pero yo sé de un caso donde él quiso hacer daño, y casi provocó que un hombre inocente, quiero decir otro aparte de él, casi terminara en Azkaban. Él es inteligente, y tiene carisma, pero tiene muy mal criterio, y no piensa antes de hacer las cosas.
Puedo darme cuenta que no los he convencido―. ¿Saben por qué más estoy furiosa con Sirius?
Ellos negaron con la cabeza.
―Porque él me trata como alguien cuya opinión no vale, alguien que no debe ser tomada en serio. Ya una vez pasé por eso, y entonces lo toleré, pero nunca más será así. Nunca. Y él se rehúsa a comprenderlo.
Ella vio la comprensión en los rostros de los chicos, y no dijo más.
Cuando Petunia bajó a desayunar la mañana siguiente, tenía nada menos que diez lechuzas esperándola. Una respectivamente de los profesores Lupin, McGonagall, y Sprout; una de Albus Dumbledore; una de Andrómeda Tonks (un vociferador); y cuando menos cinco de Sirius. Era obvio que Sirius había estado ocupado tras ser expulsado de los terrenos Mayhew, buscando apoyo exterior, preparándose para una batalla. Ya me han emplazado antes, «así que una vez a cubrir los boquetes, queridos amigos, una vez más» (1)
Los mensajes de las profesoras Sprout y McGonagall eran más de pesar que de rabia "¿no había sido demasiado dura con el pobrecito Sirius, y no se daba cuenta de lo vulnerable que era". Sí, él es muy vulnerable, vulnerable a causar un desastre. Mi vulnerabilidad no parece ser algo a considerar, sin embargo.
Dumbledore sugería que ella quizás había exagerado. Bueno, considerando que le dio a Sirius una detención por intento de homicidio, eso no me sorprende.
El profesor Lupin estaba muy decepcionado, él había esperado más de ella. Tu perdonaste a Sirius por el incidente del Sauce Boxeador, y no me digas que entonces no te decepcionó. Tampoco voy a tomarte como modelo, así que supéralo.
El vociferador de Andrómeda Tonks la denunciaba como una perra de corazón de piedra. He notado que el nivel de indignación de los que apoyan a Sirius aumenta en magnitud de acuerdo con la posibilidad de que Sirius se mude con ellos. Ella debe estar entrando en pánico.
Los cinco mensajes de Sirius eran predecibles. El primero era furioso; el segundo, decepcionado; el tercero, arrepentido; el cuarto, demandante; y el quinto volvía a ser furioso.
Petunia se sorprendió a si misma no sintiéndose especialmente perturbada. Me esperaba esto, ¿no es así? Quizás no tan rápido, pero me esperaba un contraataque de Sirius. Pero ella no contestó ninguno de los mensajes, y sintió la necesidad de tener algo de apoyo, o cuando menos de un consejero desinteresado. Así que fue por el Flú a San Mungo para ver si Sirius había tratado de reclutar a Titus, el miembro restante del Grupo de Apoyo a Sirius, y el único no representado por una lechuza. Y resultó ser que no había ido con él. Interesante.
Ella le contó la historia completa a Marcella, Héctor y Titus, proveyendo memorias para Pensadero para probar que ella no exageraba.
―¿Esperabas gratitud de su parte, Petunia? ―le consultó Titus.
―¿Por qué no? Cuando ustedes tres me ayudaron, claro que me sentí condenadamente agradecida.
―Tu problema fue transitorio, en su mayor parte ―dijo Titus―. Yo pienso que el problema de Sirius es más profundo. Esto es una conjetura, por supuesto, ya que no ha querido evaluarse. Pero cualquiera que sea su problema, se le hace muy difícil enfocarse en un problema fuera de los propios.
―Dímelo a mi ―murmuró Petunia.
―Por lo que he podido observar, Titus ―dijo Marcella―, estás en lo correcto. Pero no veo como podemos ayudarlo si él no quiere que lo ayuden.
―Si es que puede ser ayudado ―masculló Petunia de nuevo―. Parece que él esta esperando a que yo ceda a la presión de mis pares ―añadió ella.
Héctor alzó las cejas, y preguntó―. ¿Y lo harás?
―No cederé ―dijo Petunia, con la boca apretada―. Ya acabé con eso ―lo arrojé al agua junto con la ballena.
―Bien, entonces, no puedes permitir que él sabotee tu relación con los chicos ―dijo Marcella―. Y eso es lo que él esta tratando de hacer, consciente de ello o no.
―Pero tu sabes cuál es mi punto débil en esto, Marcella ―dijo Petunia―. Tu estabas conmigo cuando leímos los testamentos de mi hermana y mi cuñado.
Marcella asintió―. Sí, lo sé. Sirius es el tutor legal de Harry según los términos de esos testamentos. Tu eres la tutora alternativa en el testamento de tu hermana, pero no en el de James Potter.
―Y eso va a salir a la luz ―suspiró Petunia―, puedes apostarlo. Tengo la sensación de que será mejor que me prepare para eso.
Y ella estuvo en lo correcto.
Al regresar a su hogar, la esperaban más lechuzas. Otro grupo de Sirius, cuyos mensajes no se molestó en leer; y otro más de Dumbledore sugiriendo que él podría arbitrar una reunión entre ella y Sirius sobre el tema de los muchachos.
Petunia sintió que no podría ignorar su petición, pero no esperaba que saliera algo bueno de ello.
No se sorprendió para nada de ver allí a Lupin, McGonagall y a Andrómeda Tonks. Por suerte, ella no estaba sola, tampoco; tanto Héctor como Titus la acompañaban. (Creyó que la presencia de Marcella sería demasiado, especialmente porque ella no era fan de Sirius)
Sirius se erizó al verlos. Dumbledore, Sirius y el resto estaban sentados alrededor de una mesa en la oficina de Dumbledore.
Sirius saltó sobre sus pies―. ¡No me quedaré aquí si ellos lo hacen! ―gritó, indicando a Héctor y Titus.
―Adiós, entonces ―dijo Petunia con calma, y se sentó a la mesa. Héctor y Titus se sentaron uno a cada lado de ella.
Sirius siguió de pie, aunque no se fue―. ¡No quiero sanadores mentales aquí! ―gritó.
―Ellos no están aquí como sanadores mentales ―dijo Petunia, sin alzar la voz―. Están aquí como mis amigos. Tu viniste con tus consejeros por lo que veo ¿por qué yo no puedo?
―Eso es cierto, Sirius ―dijo Dumbledore―. La señora Dursley tiene razón. Pienso que deberíamos permitir que el Sanador Connelly y el Sanador McWhirter se nos unan, ¿a menos que desees que se retiren también Remus, Minerva y Andrómeda?
No, Sirius no deseaba eso, él necesitaba todo de su apoyo, tanto como Petunia el suyo, así que aceptó que la presencia de los sanadores, aunque de mala manera.
―Ahora ―dijo Dumbledore―. Tengo entendido que tu y la señora Dursley tienen una diferencia de opinión.
Petunia casi se rió en voz alta ante la levedad de esa descripción―. Podría decirse eso ―estuvo de acuerdo.
―Sirius nos ha contado que porque permitió que Harry y Dudley montaran la motocicleta, usted lo golpeó, lo aturdió, lo amenazó con una Imperdonable, y que lo desalojó de su alojamiento en que pagaba una debida renta.
―¿Eso es todo lo que contó? ―preguntó Petunia.
―¿Hay más?
―Bueno, ¿qué cree usted, Director? Admito que le di una bofetada. Admito que le dije que de poder conjurar una Imperdonable, que no puedo, él hubiera estado en problemas. Y admito que lo desalojé, aunque tengo que decir que estaba muy atrasado en el pago de la renta. No porque no estuviese dispuesto a pagarla, no es eso, sino porque encontraba esos detalles muy difíciles de recordar ―miró directamente a Sirius al decir lo último, y él tuvo la gracias de ruborizarse.
―Lo que Sirius no les contó es que él prometió no dejar que los chicos se subieran a la moto después de la primera vez que los atrapé haciéndole en condiciones muy inseguras. Él lo prometió. Los atrapé una segunda vez, esta vez escondiéndome el hecho de que estaba montándola en connivencia de Sirius. Esa vez fue cuando lo abofetee, lo que pienso que puede atestiguar el profesor Lupin. Él me prometió esa vez que nunca lo haría de nuevo. Y la tercera vez que los atrapé haciendo la misma cosa, lo aturdí, lo amenacé con una Imperdonable, que no sé hacer, y sí, lo desalojé.
Andrómeda Tonks dijo―. ¿Lo golpeaste? ¿En frente de los chicos? ¿No piensas que deberías disculparte con él?
Petunia sintió de nuevo una oleada de rabia hirviente―. No solamente no pienso disculparme con él por pegarle ―dijo apretadamente―, sino que le daría correazos si llega a darse la ocasión.
Sirius abruptamente empujó su silla lejos de la mesa.
―Yo me disculpé contigo ―dijo Sirius. Él sonaba herido.
―Sí, lo hiciste. Todas y cada una de las ocasiones. Y después volviste a hacer lo mismo.
―¡Yo fui cuidadoso con los niños! ¡Ellos no estaban en ningún peligro!
―Esa es tu opinión, y no la mía. Para disculparme contigo, tendría que sentirlo, y no me arrepiento. Tu te lo merecías.
―¡Eso no es justo, Petunia! ¡Yo amo a los niños! ¡Nunca los lastimaría!
Petunia meneó la cabeza. Repentinamente se sentía muy cansada. Ella se dirigió al grupo, en vez que a Sirius―. Él tan sólo no lo comprende. He tratado de explicárselo demasiadas veces para contarlas.
Héctor dijo―. El relato de Petunia es correcto, de paso. Hemos consultado sus memorias.
―Bueno, Sirius ―dijo Dumbledore―, es aparente que si bien la posición de la señora Dursley es extrema, no es injustificada. ¿Qué tienes que decir?
Sirius bajó la cabeza, hablando a sus manos―. No volveré a hacerlo de nuevo.
―Ya te he dado tres oportunidades, Sirius ―dijo Petunia―. Lo siento, pero no puedo creerte. Creo que tienes la intención de cumplir las promesas al hacerlas, pero no te apegas a ellas. No voy a darte más oportunidades.
―¿Estas diciendo que ya nunca más veré a Harry? ―preguntó Sirius. Hubo algo en su voz que jaló el corazón de Petunia, a pesar de su resolución. Esto es muy difícil. Más difícil de lo que imaginé.
―Cuando él cumpla diecisiete años, podrás. Entonces será un adulto y podrá tomar sus propias decisiones. Él te tiene mucho cariño, y no tengo dudas que querrá verte ―Y anticipo innumerables noches sin poder dormir cuando eso suceda también. Genial.
―¡Faltan cuatro años para eso! ―gritó Sirius.
Hubo un silencio. Entonces Petunia dijo tan gentil como pudo―. Sirius, tu necesitas pensar acerca de tu propia vida y tu futuro. Tal vez puedas entrenarte en alguna profesión o irte de viaje. Podrías reconstruir la Mansión de tu familia. Podrías conseguir algo más de educación. Hacer algo por ti. Pienso que te haría mucho bien.
―¿No podría... podría ir a veces o cenar, sólo para ver a los chicos?
―No.
―¿Por qué no? ―Sirius de nuevo estaba furioso.
―Queda la cuestión de que tu me mentiste, y alentaste a los chicos a que hicieran lo mismo. Quizás no pueda hacer una Imperdonable, todavía no, pero yo ciertamente recibí una ―Petunia sintió que su furia estallaba de nuevo, y con algo de dificultad, la suprimió.
―Ciertamente eres una perra, Petunia ―dijo Sirius―. Lily siempre dijo que lo eras.
―Eso es suficiente ―dijo Titus, con enojo en la voz.
Sin mirarlo, Petunia puso la mano en su brazo. Y a Sirius le dijo―: Estoy segura que Lily diría algo como eso, y ¿sabes una cosa, Sirius? Ella tenía toda la razón. Toma eso como una advertencia. Pero me rehúso a rebajarme a llamarnos nombres. Si tienes algún punto, dilo.
Pero Sirius no tenía ningún punto válido―. ¡No es justo! ―exclamó.
Petunia se lo quedó mirando. Él pasó once años en Azkaban por algo que no hizo, ¿y todavía piensa que la vida es justa? Me rindo.
Dumbledore dijo―: ¿Existe alguna circunstancia en que usted reconsideraría esto, señora Dursley?
Petunia abrió la boca para decir que no, y después vaciló―. Si Sirius esta de acuerdo en someterse a una evaluación por los sanadores mentales en San Mungo, y a cualquier tratamiento que ellos recomienden. Sí, entonces lo reconsideraré.
Sirius se puso de pie de un salto―. ¡Yo no estoy loco! ¡Estas tratando de hacer que me encierren de nuevo!
Petunia conocía ese temor; de cerca―. Tu podrías conseguir alguna ayuda allí, Sirius. La necesitas. Yo he tratado de ayudarte, pero me he dado cuenta que no estoy lo bastante calificada para hacerlo.
―Ellos son tus amigos ―dijo Sirius, indicando a Héctor y Titus―. ¡Ellos no serian justos conmigo!
―Quizás debería recordarte que Titus ya arriesgó una vez su carrera para ayudarte ―dijo Petunia, ahora con enojo―. Él es tu amigo, o cuando él cuando menos se ha comportado como tal ―Sirius captó el reproche en su voz, y se agachó.
Después de un largo silencio, Sirius dijo con voz ronca―. Yo soy el padrino de Harry. Y sé que James me dejó a mi su custodia. Tu no puedes ponerme condiciones. De hecho, yo debería poner las condiciones bajo las cuales tu puedes verlo.
―Yo tengo la custodia y la tutela según las cortes muggles ―dijo Petunia, sin inmutarse―. Y tomé la precaución de hacerlo confirmar por el Wizangamot cuando pasé mi competencia mágica. Tu te encontrabas en Azkaban, así que pasó sin oposiciones.
―Y yo puedo solicitar que sea revocada ―estalló Sirius.
Ah, encantador. Finalmente ha encontrado algo que hacer con su tiempo.
―Hazlo ―dijo Petunia. Ya me harté de esto.
―Mientras tanto, señora Dursley ―dijo Dumbledore―, Sirius todavía quiere ver a los chicos. Él no tiene derecho en el caso de Dudley, y su veto aun se aplica allí; pero en el caso de Harry, pienso que debería poder verlo entretanto esto llega hasta la corte.
Sirius asintió con vehemencia.
―Muy bien ―dijo Petunia con frialdad―. Él puede visitar a Harry en la Mansión Mayhew, el domingo para almorzar.
Sirius lució triunfante, pero estuvo mucho menos triunfante el domingo cuando al llegar se encontró con que Héctor y no Petunia supervisaría las visitas. Dudley también estaba presente, principalmente porque Harry se negó a esas visitas a menos que Dudley fuera incluido. Esto sorprendió en principio a Petunia, pero claro, ya debería saber que los niños eran un equipo. Suponía que hasta el auto-suficiente Harry necesitaba un respaldo y un consejero en ocasiones.
Petunia y el equipo de sanadores habían decidido que como Titus parecía ser anatema para Sirius, Héctor era más indicado; no es que Héctor pareciera hacerlo más feliz. Pero la personalidad alegre y desenfadada de Héctor podría apelar más a Sirius, o por lo menos eso esperaban.
La primera visita del domingo los chicos se veían ansiosos antes y después. Petunia no les preguntó nada, pero ellos se lo contaron igual. Héctor, que se había quedado para el té, se veía pensativo.
―Sirius estaba realmente enojado ―dijo Dudley―. Él quería saber dónde estabas tu.
Él estaba anticipando el regodearse en esto, sin duda. Y estoy segura de que no quería acá un sanador mental.
Ella tenía razón.
―Después él comenzó a hablar acerca de los sanadores mentales ―dijo Harry―. Él dijo que eran médicos brujos, o algo parecido.
―Figurativa y literalmente ―dijo Petunia, divertida.
―Sí ―dijo Héctor―, y me dedico a reducir cabezas en mi tiempo libre.
Petunia sonrió―. Recuérdame presentarte con algunas posibles adiciones a tu colección ―dijo ella, y los chicos se rieron.
―Te dibujaremos un mapa a las mazmorras ―dijo Harry, viéndose más contento.
―Y a la oficina del conserje ―dijo Dudley.
―¡Y a la guarida de Trelawney! ―ellos empezaron a hacer sugerencias cada vez más absurdas, y parecieron olvidarse de la visita por un rato.
Pero después que ellos regresaron por Flú al castillo, Petunia se volteó hacia Héctor con las cejas alzadas.
Él estaba serio―. Él no está en buenas condiciones, Petunia. Tampoco parece tener control sobre sus emociones.
Petunia sintió que su corazón se hundía―. ¿Qué piensas que tiene?
―No hay forma de decirlo sin una revisión adecuada, pero once años de Dementores pueden volver loco a la mayoría de los hombres.
Petunia se sentó. Héctor dijo―: Él estaba contando con que estuvieras aquí.
―Él quiere convencerme a que vuelva a hacer todo su trabajo sucio ―dijo Petunia, suspirando―. No es que me importe, en realidad, pero él no ha tomado ningún interés en aprender a hacerlo solo. Puedo ver que será una tarea de nunca acabar.
Héctor le dirigió una mirada extraña, que ella no pudo interpretar, y después no dijo nada más.
~oOo~
Sirius, en efecto, era un problema de nunca acabar en cualquier caso. En el próximo almuerzo, se mostró muy difícil: hosco y agresivo (Héctor le llamó 'portándose mal'), y los niños quedaron afectados.
―¿Por qué está haciendo eso? ―preguntó Petunia, exasperada.
―Porque está esperando que yo me niegue a supervisar, y que tu tengas que hacerlo ―dijo Héctor―. No es nada de sutil.
Las cosas siguieron más o menos así por un tiempo hasta que un domingo, en que Héctor no estaba disponible, Titus tuvo que substituirlo. Sirius se rehusó terminantemente a admitirlo como supervisor, así que Titus lo invitó (educadamente, según él; groseramente, según Sirius), a marcharse.
Los chicos le contaron excitados que ellos casi habían llegado a los golpes, y que terminó con Sirius transformándose en su forma animaga para salir a saltos de la habitación, y de la casa.
Esa fue la última visita supervisada. Se le ocurrió a Petunia que haciendo la supervisión imposible, Sirius se aseguraba que las cortes mágicas probablemente no pudieran ordenarlas. Hay un método en su locura; estará loco, pero no es estúpido.
Ella no tenía ninguna gana de que llegara la audiencia por la custodia. Sirius tampoco estaba entusiasmado, a juzgar por la cantidad de visitas que ella tuvo que soportar, todas ellas rogándole que llegara a un acuerdo fuera de la corte. Las profesoras McGonagall y Sprout pensaban que él había aprendido su lección. Él es incapaz de eso, lo que es precisamente el problema.
Andrómeda Tonks al principio estaba tiesa con Petunia, pero después de una taza de té, y un discreto sorbo de whisky de fuego, ella admitió que Sirius podía ser muy difícil, y que ella comprendía los problemas que Petunia tenía con él―. Pero él es una buena persona de corazón ―insistió―. Y ha tenido muy mala suerte.
Petunia no podía estar en desacuerdo en nada de eso. Pero yo no puedo arreglarlo; ni siquiera la magia puede curar ciertas cosas.
Sin embargo, fue Lupin quien la indignó más. Si había alguien que supiera de primera mano los resultados de la impulsividad de Sirius, era él. Y aun así le dijo que pretendía testificar a favor de Sirius en la audiencia.
―Sirius es mi amigo ―dijo Lupin, a modo de explicación―, quizás el único.
―Eso no es verdad: Lily y James también fueron tus amigos ―dijo Petunia―. Y yo te pido que tomes una decisión que sea en interés de su único hijo. Tal vez también deba señalarte que no eres un Hufflepuff, eres un Gryffindor. Así que debe ser el coraje antes que la lealtad, ¿no es así? Lo que es exactamente lo que puso en práctica Sirius cuando te excluyó de la decisión del cambio de guardián secreto. No pienso que debas sentir una mayor obligación de ser leal a él, de la que él sintió hacia ti.
Lupin hizo una mueca―. Usted golpea duro, señora Dursley.
Petunia se le quedó mirando fijamente, sin conmoverse por su perturbación―. Sí, lo hago. Ya he pasado antes por esto, ¿recuerda? Más de una vez. Uno se vuelve mejor en tener sangre fría con la práctica. Le puede decir eso a Sirius. ¿Usted cree que está apto para someterse a un interrogatorio cruzado en el estrado? Si es así, yo solamente puede decir que usted es un optimista.
Lupin se quedó callado un rato, y después dijo―. Él solamente esta haciendo esto porque usted no le ha dejado otra alternativa.
―Supongo que no ―dijo Petunia―. El remordimiento no funcionó. Menospreciar mi posición, no funcionó. Culparme por todo, no funcionó. Las promesas de reformarse no funcionaron. Las amenazas de 'voy-a-beber-hasta-morir', y sí, supe de eso, no funcionaron. Así que sí, la agresión es lo siguiente en la lista ―Por supuesto, él podría esperar los cuatro años, pero aparentemente eso era imposible.
Mientras la fecha de la audiencia se aproximaba, Sirius pareció ponerse cada vez más frenético. A Petunia no le gustaba pensar en lo que el estrés adicional pudiera provocar en su personalidad ya inestable. Por lo tanto, ella se sintió muy descontenta de encontrarse con Sirius justo en las afueras de Hogsmeade, camino a su casa. Ella sabía que él arrendaba un cuarto en «Las Tres Escobas», así que ella arreglaba sus visitas a la villa temprano en el día, esperando evitarlo. Era obvio que él había captado esto.
Ella tuvo su varita en la mano en un pestañeo. Sirius se espantó al ver esto, pero se dominó―. No tengo intenciones de hacerte daño, Petunia ―dijo con indignación.
―Eso sería un cambio ―masculló Petunia.
Sirius lució herido.
Petunia dijo en tono tranquilo―. Ya hemos discutido esto hasta el cansancio, Sirius. Tu conoces mi posición, y yo la tuya. Dejemos que alguien más tome la decisión, y vivamos con eso.
―Yo tengo una sugerencia que lo arreglará todo ―dijo Sirius con vehemencia.
―Estoy escuchando ―dijo Petunia, con cautela. Será mejor que le de por su lado.
―Podríamos casarnos ―dijo Sirius, con una sonrisa brillante.
ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ
N/T:(1) Frase de 'Enrique V', de Shakespeare, a los soldados.
Muchas gracias por comentar, favorecer y seguir el fic.
Harry Potter, personajes y su mundo © de J.K. Rowling y varias otras compañías. Fanfiction sin fines de lucro, ni pretensiones de infringir derechos de reproducción, realizado sólo con fines de entretención.
