Escuché un ruido. Y después, todo pasó demasiado rápido cómo para procesar y reaccionar.

Primero hubo un frenazo, después un coche colisionó contra mí, y después otro y otro mientras yo no reaccionaba, solo cerraba los ojos asustada y abrazaba mi vientre mientras recibía los impactos. El cristal delantero se rompió cortándome y me golpeé la cabeza contra el volante antes de que saltase el airbag.

Y después todo paró.

Gemí llevándome una mano a la frente, mareada. Mi visión se tornó borrosa y escuché los golpes, frenazos y gritos, pero no fue eso lo que me hizo dejar de respirar, sino una extraña sensación que me hizo temblar.

Creo... Creo que acabo de romper aguas.

Capítulo 26: El arte de crear vida

Gracias a Patu por ayudarme durante año y medio con el embarazo de Kristen; ella es una de las piezas clave de esta historia.

Gracias a Annie por echarle un vistazo al capítulo.

KRISTEN POV

Me quedé quieta, con la mano sobre la frente y ésta apoyada sobre el airbag, que no podía haber saltado unos segundos antes. No sé si era el miedo a moverme, el shock por lo que acababa de ocurrir, el líquido que resbalaba por mis piernas o un conjunto de todo, pero ni pestañeé.

Acababa de tener un accidente de coche. Dios mío, Robert me mata.

Intenté respirar hondo antes de que me entrase un ataque de pánico, que ya sería lo que me faltaba. Mis manos afianzaron el abrazo en torno a mi tripa, protegiendo a mi hija, e intenté pensar que la humedad entre mis piernas podía ser pis, aunque la voz de mi cabeza se reía de mí.

A mi alrededor se oían cientos de gritos, pero seguí sin moverme, demasiado asustada. Creo que ni era capaz de pensar coherentemente, no era capaz de procesar. Mi mente parecía no formar pensamiento coherente alguno.

― ¡Llamar a ambulancias! ―gritaban.

― ¡Hay gente atrapada en los coches del centro!

― ¡Allí hay una chica que no se mueve!

― ¡Viene la policía!

Levanté despacio la cabeza, mareándome. Veía puntitos negros, supuse que del golpe, y todo estaba desenfocado. Genial.

Me recosté en el asiento mientras el airbag se iba desinflando, y cerré los ojos porque la visión borrosa solo aumentaba el mareo.

Intenté analizar lo que acababa de pasar: había chocado contra otros coches, mi coche era un sándwich entre todos ellos, había líquido corriendo entre mis piernas que no me atrevía a revisar que era, y me había llevado un buen golpe en la cabeza.

―Mierda… ―maldije en voz alta.

Despacio volví a abrir los ojos. Aunque deseé no haberlo hecho.

El cristal del coche había desaparecido, y estaba todo el interior lleno de cristales y trozos de metal; mi coche había colisionado de frente contra otro, destrozando las dos partes delanteras de estos, pero eso no era lo peor… El cuerpo de un hombre, completamente destrozado estaba tumbado entre los dos capós, boca arriba, con el cuello partido y varios trozos de metal clavados en su estómago.

Aparté la vista, me desabroché el cinturón y me incliné hacia el asiento del copiloto para vomitar.

La imagen se me grabó en la mente, haciendo que me sintiese peor todavía. Un hombre estaba destrozado delante de mí. Me sujeté la tripa mientras vomitaba con cada arcada y caían lágrimas por mis ojos.

Empezaba a ser consciente de lo que acababa de ocurrir.

Un momento después mi estómago me dio una tregua y volví a apoyarme contra el asiento sin abrir los ojos.

Me dolía muchísimo la cabeza, estaba mareada y veía borroso; escuchaba un molesto pitido y sabía que tenía un corte en la frente porque notaba la sangre resbalar por mis sienes. Además me dolía el pecho al respirar y me escocían los brazos.

―Joder…

Llevé una mano hasta mi entrepierna por precaución, metiéndola debajo de mi ropa interior, y me mojé los dedos. Entonces abrí los ojos solo lo suficiente como para mirarme los dedos y comprobar que no era sangre, sino un líquido casi transparente.

El suspiro de alivio que solté fue el más grande de toda mi vida. Por un momento estaba tan preocupada por que hubiese roto aguas que no me paré a pensar que podía ser sangre.

Volví a cerrar los ojos e intenté respirar con normalidad. Pronto me sacarían de aquí, ya se escuchaban miles de sirenas de bomberos, policías y ambulancias.

Y pronto estaría en el hospital con Robert, y todo iría bien.

Solo olvidaba una cosa…

Un repentino dolor en el vientre, fuerte e intenso me hizo jadear y doblarme hacia delante. Agarré con fuerza el asiento e intenté respirar hondo hasta que el dolor desapareciese.

Fue como una ola, empezó de forma sorda, casi imperceptible; subió hasta lo más alto, haciéndome gemir del dolor y volvió a descender, reduciendo su intensidad hasta desaparecer.

Y me dejó completamente K.O en el asiento.

Si antes estaba asustada y no sabía reaccionar, ahora todo era más negro todavía. Joder, necesitaba que me sacasen de aquí.

Apoyé la cabeza en el asiento y dejé que varias lágrimas silenciosas se deslizasen por mis mejillas.


― ¡Allí!

Escuché una voz seguida de ruidos, cada vez más cercanos.

― ¡En el coche negro!

― ¡Vamos!

― ¿Hay movimiento?

― ¡No por ahora!

― ¿Chica?

Me pusieron una mano en el hombro y abrí los ojos sobresaltada.

― ¡Está viva! ¡Traer una camilla! ¡Está embarazada!

Un hombre, vestido de amarillo con casco estaba junto a mi puerta, asomándose por la ventana sin cristal. Para ello había tenido que sentarse sobre un capó rojo, que me había golpeado directo por ese lado.

―Hola, soy Ryan. Vamos a sacarte de aquí.

―Por Dios, sácame ya. Hay un hombre muerto delante de mí. ―sollocé.

―Tranquila. Respira hondo. ―Ryan se quitó uno de sus guantes y cogió mi mano.

―¡¿Cómo voy a respirar hondo si he visto un hombre casi hecho pedazos sobre el capó de mi coche y encima he roto aguas estando solo de siete meses y me duele todo y estoy sangrando y asustada…?! ―casi chille. Hasta ese momento no me di cuenta de lo nerviosa que realmente estaba.

―Shhhh… Ya pasó. Pronto vas a salir de aquí, te lo prometo. Yo mismo te voy a llevar al hospital. ―sacó un walkie de uno de sus bolsillos y se lo llevó a la boca―Necesito una mascarilla de oxígeno ya, y que saquemos a esta chica del coche. Se ha puesto de parto. Y hay un cadáver delante de su coche.

Recibido. Ya envío refuerzos a esa zona. ―le contestaron.

― ¿Has escuchado eso? Te vamos a sacar de aquí. ―me dijo apretando mi mano.

―Gracias… ―me sequé las lágrimas con la mano libre y le miré. Tenía los ojos marrones y el poco pelo que se le veía, negro.

― ¿Cómo te llamas?

―Kristen… Kristen Stewart.

―Muy bien, Kristen, vamos a hacer una cosa. ―dijo con la voz en calma― ¿Te han enseñado a respirar en las clases pre-parto?

―Sí. ―mi voz temblaba un poco.

―Vale, entonces, ¿Por qué no respiramos juntos? Estás algo alterada. ¿Te parece?

Solo asentí y empecé a realizar respiraciones profundas y pausadas con él.

―Muy bien, lo haces genial. Sigue respirando. ―en todo momento no perdió la sonrisa― ¿Niño o niña?

―Niña.

―Pues no sé quién es el padre, pero si se parece a ti, vas a tener una niña muy guapa.

―Gracias. ―consiguió sacarme una media sonrisa.

― ¡Su puta madre! ¡Kristen Stewart!

Otro bombero, esta vez sin casco, apareció por detrás de Ryan.

―Scott no necesito que la pongas nerviosa. ―miró a su compañero y le arrancó la pequeña mascarilla con oxígeno de las manos. Después me ayudó a ponérmela.

Al momento mi respiración empezó a mejorar.

―Tío es una famosa, la actriz de Crepúsculo, ¡La novia de Robert Pattinson! ―el joven bombero alucinaba, y casi, casi me hizo olvidar por un momento mi situación.

―Hola. ―murmuré.

―Tía eres mi ídola. Amo tus películas y como le plantas cara al mundo. ¡Que se jodan las putas ratas y cucarachas que son los paparazzis!

Vale, tuve que reírme.


El periodo de tiempo que transcurrió entre el momento en que llegaron los bomberos y médicos con la camilla hasta mi coche y el momento en el que por fin me subieron a una habitación de maternidad en el hospital estaba algo borroso. Demasiadas caras, demasiadas preguntas, demasiado ruido. Solo recordaba perfectamente una orden "no puedes dormirte". No podía recordar ninguna de las preguntas que me habían hecho y los acontecimientos ocurridos dentro del coche empezaban a estar borrosos, como si mi cabeza quisiese bloquearlos temporalmente. Parecía que mi cerebro estaba en modo pause y no quería procesar nada. El dolor de cabeza, la visión borrosa y el pitido en mis oídos no ayudaba.

Un "toc toc" en la puerta me hizo abrir los ojos, aunque no era capaz de enfocar a la perfección la escena. Una enfermera que no había visto nunca entró a la habitación; era delgada y baja, con una media melena rubia peinada hacia un lado, ojos marrones y una bonita sonrisa pintada en la cara. Era guapa, muy guapa… Y me encantaban los patitos que había en su bata. Yo quería un patito, quería un pato amarillo, como los de la bata de la enfermera Miss Sonrisa. Le diría a Robert que me comprase uno, un patito bebé con un gran lazo rosa, para que fuese la mascota de la niña; quizás podría compartir caseta con Bear y Bernie… ¿A los perros les gustan los patos? Pestañeé.

Oh Dios, menudo golpe me había dado en la cabeza.

―Hola Kristen, me llamo Lissa.―sonrió más todavía y se acercó a mi cama. Traía una carpeta con ella― ¿Cómo te encuentras?

Miré a mi alrededor. Estaba en una pequeña habitación compuesta por la cama en la que estaba tumbada, un sofá y un sillón, una mesa baja, un par de sillas, una televisión, una mesilla y un pequeño armario; además de unas cuantas máquinas y un gotero, a los que estaba conectada. Desde la ventana se veía un jardín interior, y además había un pequeño baño.

Me encontraba recostada en la camilla, sobre un montón de almohadones, con uno de esos ridículos camisones de hospital, sin ropa interior… Y era la cosa más incómoda que había llevado puesta en toda mi vida; me sentía expuesta. Rodeando mi vientre había un pequeño aparato que controlaba mis contracciones y los movimientos y latidos del bebé, como el de la cardiotocografía; estaba conectada a varias máquinas, que ignoraba para que servían y tenía una intravenosa en el brazo izquierdo.

―Yo… ―mi voz sonó algo pastosa― Me duele la cabeza…

Y no solo la cabeza, ahora que me había relajado, entre comillas, sentía todo mucho mejor: la presión en mi cabeza, acompañada de un martilleo, el mareo y las náuseas, los cortes provocados por el cristal, el dolor en general en todos y cada uno de los músculos de mi cuerpo, y el pinchazo cada vez que respiraba… Ah, y las contracciones.

―Es normal, te has dado un golpe muy fuerte en la cabeza.

―Sangraba demasiado… ―recordé.

―La sangre no solo era del golpe en la cabeza, te sangraba la nariz y el labio. ―explicó sin perder la sonrisa.

― ¿Es grave?

―Bueno… Lo que más nos preocupa es la contusión de la cabeza y lo débil que puedas sentirte. ―miró la carpeta― Tienes un par de costillas magulladas, el labio partido, cortes producidos por los cristales en la cara y brazos, algunos hematomas por el golpe y la tensión un poco alta.

―Y estoy de parto…

―Y estás de parto. ―volvió a sonreír y miró una de las máquinas― Ahora mismo las contracciones son cada diez minutos más o menos y vuestro ritmo cardiaco es correcto. Todo va de maravilla. Cuando llegaste al hospital te revisamos y nos aseguramos de que todo estuviese bien antes de subirte a planta. ―controló el gotero y se volvió a mirarme otra vez―Cuando te revise Anne te pasaremos a otra habitación diferente.

―Esto no tendría que estar pasando… ―murmuré cerrando los ojos― Todo me sale mal.

―Ey, esto no es tu culpa. Tu bebé quiere nacer ya, pasa todos los días. ―Miss Sonrisa se sentó a mi lado― Cuando te hemos revisado, tu cuello ya estaba completamente borrado y la niña encajada. Pasaría de un momento a otro. Además, según he visto en tu expediente llevas unos días con contracciones. Era cuestión de tiempo que sucediese.

Puse una mueca…

―Lo sé… Mi cuerpo me lo decía.

―Ahora lo que tienes que hacer es estar tranquila. Estamos localizando a Anne y Grace y ellas se encargarán de todo, y yo voy a quedarme contigo hasta que llegue algún familiar o amigo. ―me agarró la mano― ¿Sigues sin recordar algún número? ¿El de tu pareja, quizás?

Negué.

―Lo siento… No recuerdo ninguno.

―No te preocupes, es por el golpe, los nervios y el shock.

―Tampoco ayuda que mi novio sea un famoso y su número no esté en la guía. ―sonreí por primera vez desde que entré la ambulancia― Aunque mis amigos…

Dejé de hablar cuando sentí como comenzaba otra contracción y empecé a respirar entrecortadamente.

―Tranquila, ―la miré―intenta respirar hondo; coge el aire por la nariz y suéltalo por la boca. ―dijo respirando tal y como me estaba pidiendo.

―No puedo… ―gemí― Las costillas.

Cerré los ojos y apreté su mano hasta que dejé de sentir el dolor.

―Tienes que intentar respirar más despacio, o te alterarás y te dolerá más.

No abrí los ojos, me sentía cansada… Y eso que solo estaba empezando. El dolor de cabeza empeoraba con las contracciones.

―Lo intentaré.

― ¿Quieres un poco de hielo?

―No… Pero… ―abrí los ojos y la miré suplicante― ¿Puedo dormir un poco ahora? Me duele mucho la cabeza…

―Claro. No puedo prometerte que descanses mucho por las contracciones y porque debo despertarte cada dos horas para hacerte preguntas… Pero te vendrá bien.

Eso sonaba a gloria. Podía dormir.

Lissa se levantó de la cama, me tapó con el edredón y corrió las cortinas, oscureciendo la estancia.

―Puedes marcharte. ―sonreí a modo de agradecimiento― Si necesito algo o me encuentro mal pulsaré el botón de llamada.

― ¿Segura?

―Sí… Tampoco es que fuese muy buena compañía, cada palabra me retumba en la cabeza como si tuviese un altavoz metido dentro.

―Está bien. Llama si necesitas cualquier cosa. ―vi cómo me sonreía antes de cerrar los ojos.


― ¿Kris? ―murmuró alguien en voz baja.

Me removí un poco incómoda y abrí los ojos pesadamente. Aunque las contracciones me molestasen, estaba entrando en un sueño profundo.

― ¿Mmm? ―al igual que antes, la habitación estaba algo desenfocada.

―Hola…―murmuró una voz diferente.

Solté un suspiro de alivio.

Scout, Suzie, CJ, Alicia y Jack estaban en el cuarto.

―Hola. ―les sonreí medio dormida. Creo que parte de este estado adormilado se atribuía a una de las bolsas que colgaban del gotero.

Scout fue la primera en acercarse a mí, y darme la mano. Los demás la siguieron y rodearon la cama.

― ¿Cómo estás?

―Como si hubiese tenido un accidente de coche…

Las caras de mi alrededor sonrieron.

―Se te ve…―CJ dudó― cansada.

―Me siento como una gran mierda… me duele todo. ―acaricié la tripa por debajo del edredón―Me da miedo moverme.

―Una enfermera rubia nos ha contado todo. ―Suzie se sentó en la cama y acarició mi otra mano. Creo que tenía miedo de que me clavase más la aguja del gotero.

―Ahh… Miss Sonrisa. Me gusta su bata de patitos.

―Sí, se ha dado un buen golpe en la cabeza. ―sonrió Jack.

―Sí, antes desvarié pensando en patos amarillos.

― ¿Y el bebé cómo está? ―preguntó Alicia.

―Dicen que bien. ―bostecé―…Que todo va genial y que no tengo que preocuparme por nada.

―Eso es bueno. ―Scout también se sentó con cuidado.

― ¿Habéis… llamado a Robert?

―Estamos en ello; ―dijo CJ―fuera están Katy, Marcus, Riley, Alannah, Sydney y Tamra llamando a todos. Y justo cuando nosotros llegábamos al hospital, entraba también Anne por la puerta. Dijo que se cambiaba y subía a verte.

― ¿Quién os ha llamado?

―El hospital llamó a Anne y esta se puso en contacto con tu madre y Ruth. ―explicó Scout― Ruth me llamó a mí en cuanto supo que estabas sola, y nosotros empezamos a avisar a todos.

―Gracias… Yo… No sé qué me pasa, no soy capaz de recordar vuestros números y el iPhone salió volando de la guantera.

―No pasa nada.

Sí, sí que pasaba; me sentía extraña, mi cabeza seguía sin trabajar lo suficiente y no era capaz de forzarme a pensar. Además me seguía doliendo.

―Sienna y Tom se van a encargar de pasar por tu casa a por todo lo que necesitáis tú y la niña. ―Alicia descorrió un poco la cortina con curiosidad por el exterior― ¿Quieres algo específico?

―Quiero quitarme este estúpido camisón y ponerme otra cosa. ―supliqué mirando a Suzie con una especie de puchero.

―Veré que podemos hacer. ―sonrió y me acarició el pelo― ¿Quieres que te haga una coleta?

―Si, por favor.

Me senté con cuidado en la cama y dejé que Suzie me peinase.

― ¿Sabéis cómo se formó el accidente? ―pregunté. Solo era capaz de recordar con claridad el muerto delante de mí. Me estremecí.

―Al parecer, un coche se saltó el semáforo y colisionó contra otro y bueno… como estaba en el centro de la calle, muchos coches no pudieron frenar a tiempo. ―explicó CJ.

―Ha salido en la tele. ―Alicia se sentó a los pies de la cama― Tres muertos, dos heridos graves y doce leves.

―Joder… ―murmuré. Uno de los muertos era el que estaba delante de mí… Creo que esa imagen nunca se iría de mi cabeza.

―Vimos las imágenes de una cámara que había en ese cruce. ―siguió Jack― Tu coche fue el tercero contra el que chocaron, dejándote en el medio del accidente, recibiendo casi todos los impactos. De hecho, los bomberos se preguntan cómo coño estás viva, y solo has salido con unos rasguños.

―Listo. ―Suzie terminó la coleta y me recostó otra vez.

―Ha sido horrible… ―dije encogiéndome de la sensación al recordar lo sucedido― Los coches empezaron a chocar contra mí, todos los cristales se rompieron, sentí como el coche se iba encogiendo con cada golpe... Creo que no he pasado más miedo en mi vida. Uno de los muertos acabó encima de mi coche.

Soltaron jadeos ahogados.

―Miedo yo cuando me llama Ruth histérica y me suelta "Corre al puto hospital que Kristen ha tenido un accidente de tráfico y está sola". ―a Scout se le saltaron las lágrimas y me abrazó con toda la delicadeza que pudo.

―Scouty… ―froté su espalda. Me imaginaba lo que había tenido que sentir al coger esa llamada.

―Todo se repetía… ―sollozó. Cuando atropellaron a Kassie, ella también fue la primera con la que se pusieron en contacto…― ¡No vuelvas a darme un susto como ese! ―dijo enfadada contra mi cuello― Ya creía que tú… que tú también…

―Shhhhh…. Estoy bien. ―la abracé con toda la fuerza que pude―Estamos bien. Siento haberte asustado.

Unos instantes después se separó de mí y se limpió las lágrimas.

―Se acabó, no hablemos más del accidente. ―dijo.

―Kris… ¿Eres consciente de que vas a ser madre? ―Suzie abrió mucho los ojos.

―Eh… desde hace unos meses. ―me reí.

― ¡Me refiero a dentro de unas horas! ¡Vamos a conocer a esta renacuaja ―acarició mi tripa― dentro de muy poco!

Entonces sonreí como una tonta.

― ¡Suzie no me pongas nerviosa! ―la pegué un pequeño empujón y todos se rieron.

Entonces fuera se escuchó un grito.

¿¡Dónde está!? ¡¿Dónde está mi hermana?!

Y después se abrió la puerta.

Un histérico Cameron, con la camiseta puesta del revés, entró envalentonado al cuarto.

― ¡Kris! ―corrió hasta la cama y me miró con los ojos muy dilatados― ¿Estás bien? Dios mío, casi me da algo cuando me ha llamado mamá. ¿Está bien el bebé? ¿Tenéis algo grave? ¿Has…?

― ¡Cam! ¡Tranquilo! Respira. Y no grites… Me martillea la cabeza.―le dije intentando no reírme― ¿Por qué llevas la camiseta del revés?

―Porque no me he… ¡Concéntrate Kris! ¿Estás bien?

Scout le dejó ponerse a mi lado.

―Estoy bien, Cam. Estamos bien, no te preocupes. ―acaricié su mejilla.

―Buff menos mal. ―soltó un gran suspiro y se agachó para abrazarme― He visto las noticias del accidente y…

Sentí como mi tripa empezaba a ponerse dura y el dolor comenzaba. Solté un pequeño gemido lastimero y cerré los ojos.

― ¿Te he hecho daño? ―note como Cam se apartaba― Lo siento soy muy bruto…

No le dejé continuar.

―Solo… son contracciones… Cam. ―jadeé respirando hondo.

El cuarto se quedó en silencio hasta que la contracción pasó y yo volví a abrir los ojos.

― ¿Estás bien? ―preguntaron unos cuantos a la vez.

―Todavía son soportables. ¿Me acercáis el vaso con hielo que hay en la mesa?

Jack me pasó el vaso y yo me dediqué a chupar hielo un rato.

― El avión de mamá no sale hasta las seis, y el de papá a las siete. No han podido conseguir un vuelo antes. ―dijo Cam, sentándose en el sofá, junto a Alicia― Dana ya viene de camino y Taylor tiene que esperar a que acabe su turno en el trabajo; el hijo de puta de su jefe no le deja salir antes.

―No pasa nada. Tampoco es necesario que estéis todos en el hospital.

―Demasiado tarde, ―dijo Alicia― Toda la sala de espera de maternidad está ocupada por gente relacionada contigo.

― ¿Pero a quién coño habéis llamado?

― ¡A nadie! ―saltó Suzie― Solo nosotros ya somos un montón.

Scout asintió.

―Nadie ha consentido quedarse en casa, todos están preocupados por ti, pero solo nos dejan entrar al cuarto de cinco en cinco.

―Lissa dice que cuando venga Anne y me revise me cambian a una "suite", y ahí podréis entrar todos los que os dé la gana siempre y cuando os portéis bien.

La puerta volvió a abrirse.

―Hablando del rey de Roma… ―dijo CJ.

Anne y Grace entraron a la habitación.

―Buenos días Kris. Hola chicos. ―saludó Anne.

―Niña, no podías estarte quietecita en casa, ¿Verdad? ―Grace se acercó a mi sonriendo.

―Lo siento, tenía ganas de estrellarme contra unos cuantos coches, si no, mi semana no iba a estar completa.

Hice que todos riesen.

―Chicos necesito que salgáis un momento para que podamos revisar a Kristen, por favor.

Mis amigos asintieron a la petición de Anne y nos dejaron solas.

― ¿Cómo te encuentras, Kris?

Se acercaron a mí y empezaron a revisar las máquinas y la ficha que habían colocado a los pies de la cama.

―Un poco mareada y confusa.

―Eso es normal, te has llevado un buen golpe.

―No me importa lo mal que pueda estar yo, solo quiero que la niña esté bien.

Grace revisó el aparatito que había en mi tripa.

―Pues de momento todo parece ir bien. Sus latidos y movimientos son correctos.

Suspiré aliviada. No importaba cuantas veces me dijesen que estaba bien, no lo creería hasta que no lo viese con mis propios ojos.

―Vamos a revisarte para ver cómo va la dilatación y después hablaremos del parto y te pasaremos a una de las suites del hospital.

―Voy a abrirme más veces de piernas en un día que en toda mi vida. ―dije riendo.

―Y las que te quedan, morena. ―Grace me guiño un ojo.


La siguiente vez que se abrió la puerta, ya estaba en la suite. Esta era enorme, con baño y terraza, armarios, una zona de sofás con televisión y mesa con sillas para comer. La camilla era más grande de lo habitual, había miles de máquinas tanto como para controlar al bebé como a mí, cuerdas colgadas del techo, pelotas de yoga, colchonetas, una especie de banqueta y una bañera enorme para partos acuáticos. Además se dividía en dos con una cortina verde, que estaba recogida a un lado. Vamos, una suite en toda regla.

Robert entró por la puerta, con la cara descompuesta, el pelo demasiado despeinado, y completamente pálido.

―Hey. ―dije en voz baja.

En cuanto me vio, suspiró.

―Kristen. ―se acercó a la camilla y me abrazó con cuidado, besando el tope de mi cabeza― Mi amor, siento mucho no haber llegado antes.

Me permití relajarme entre sus brazos y llorar.

―Hey, ¿Por qué lloras? ―me separó un poco de él, aunque yo volví a esconder la cabeza en su pecho.

Ahora que estaba aquí notaba con más peso todo lo sucedido. Sentía que la realidad me caía encima, peligrosa y oscura, y a la vez me sentía protegida entre sus brazos. Era lo que había necesitado desde que me sacaron de ese maldito coche; sus abrazos, sus besos, sus caricias, que me consolase y me asegurase que todo iba a salir bien. Solo a él le creería.

―Ya pasó, pequeña. Estoy aquí contigo, con las dos. ―frotó mi espalda con mimo mientras hablaba dulcemente― No voy a dejar que os pase nada.

―Lo he pasado tan mal…―dije con voz ahogada― Podía haber muerto. Ha sido horrible, horrible.

―Mi pequeña…― besó mi cabeza otra vez y después me separó de su pecho para poder mirarme. Me secó las lágrimas y besó dulcemente en los labios― Ya ha terminado, estáis a salvo, estáis bien.

―No me dejes sola, por favor, te necesito.

Supliqué.

―No pienso ir a ninguna parte. ―sonrió y me recostó entre las almohadas― ¿Cómo te sientes?

Se sentó a mi lado y empezó a trazar patrones sobre mi tripa, por encima de la camiseta que me había traído Sienna.

―Bueno… Tengo las costillas magulladas, por lo que me duelen a veces cuando respiro, y cuando tengo contracciones. Me martillea la cabeza y veo algo borroso. Por culpa de la contusión además tengo náuseas y mareos.

―Joder.

―Pero las dos estamos bien, son cosas menores. Anne, Grace y Andrea, mi médica de cabecera, me han revisado y de momento todo va bien. Me han monitorizado durante casi cuatro horas y me han hecho pruebas y ecos; todo es normal. El parto se desarrolla con normalidad.

―Fiuuu… menos mal. ―acarició mi cara y sonrió. Poco a poco notaba como se iba relajando y despreocupando del accidente― No podían contactar conmigo porque estaba en medio del campo. ―explicó― Pero después de que Grace y Ruth movieran cielo y tierra, consiguieron que uno de los de cámaras cogiese el teléfono. Enseguida hablaron con el director y este conmigo. Cancelamos el rodaje y volvimos a la ciudad tan rápido como pudimos. No sabes lo asustado que estaba. No hacía más que pensar en lo peor.

―Me he puesto un poco nerviosa cuando no podían contactar contigo. Me daba igual cuanta gente estuviese conmigo; te necesitaba aquí.

―Y aquí estoy, pequeña. ―juntó nuestras frentes y después volvió a besarme.


Como pasaba cada poco tiempo, volvieron a llamar a la puerta. Miss Sonrisa, alias Lissa, entró al cuarto esta vez, y todos guardaron silencio. Se quedó un poco impresionada por toda la gente que se encontraba dentro, pero no dijo nada, simplemente sonrió.

―Estás bien acompañada. Menos mal que las suites son grandes.

― ¿Necesitas ayudantes para cambiar pañales o dar baños a pacientes? Te los regalo a todos. ―aunque me incorporé despacio no pude evitar que se me fuese la cabeza. Empezaba a cansarme de todo esto.

―Nos vendría muy bien chicos y chicas jóvenes para que ayudasen a asear a los pacientes. ―Lissa me siguió el juego y mis amigos empezaron a protestar y poner muecas de asco― Por cierto, ¿Sabéis que hay toda una manada de fans y reporteros rodeando el hospital y grutando tu nombre?

Mi mandíbula se descolgó.

―No me jodas.

―¿Se ha filtrado algo del parto? ―preguntó Rob.

―No. Contestó Katy― Estamos revisando las redes sociales. De momento solo saben que es una de las heridas del accidente y que está en este hospital.

Suspiré aliviada.

―Aun así… es fácil que se filtre la información. ―dijo Robert

―Sí, pero prefiero que piensen que es por el accidente y no enteren de nada relacionado con el parto. Sería peor.

―Vamos a intentar que no se sepa nada. ―Lissa no perdió en ningún momento la sonrisa―Toca otra vez la ronda de preguntas, y tengo que revisarte.

―Claro.

― ¿Preguntas? ―Robert nos miró confuso desde los pies de la cama.

―Como se ha dado un buen golpe en la cabeza, debemos de hacerle preguntas cada dos horas para controlar que todo siga bien. ―le explicó antes de prestarme atención― ¿Cómo te llamas?

―Kristen Jaymes Stewart Mann.

― ¿Cuántos años tienes? ¿Cuándo es tu cumpleaños?

―Tengo 24 años. Nací el nueve de abril de 1990.

― ¿Recuerdas por qué estás aquí?

―He tenido un accidente de tráfico.

― ¿Recuerdas que pasó justo después de chocar? ―mis amigos y familiares guardaban silencio, como cada vez que entraba alguna enfermera o médico.

―De forma confusa… No-no quiero pensar en ello ahora… Ha sido muy traumático.

Robert acarició mis pantorrillas.

― ¿Recuerdas cómo me llamo?

―Lissa. ―La susodicha sonrió.

―Todo sigue bien, no hay lagunas importantes. ¿Cómo va el dolor de cabeza?

―Es un poco más soportable, pero sigue ahí. ―puse una mueca.

― ¿Y las náuseas y el mareo?

―También.

― ¿Has vomitado? ―me miró algo más preocupada.

―Por suerte no. Lo que me faltaba.

― ¿Es normal todo eso? ―preguntó mi hermano mayor.

Lissa se volvió a él.

―Sí, todo está bien. El golpe que ha recibido es bastante grande, de ahí los mareos, y las náuseas extras. Por lo demás, parece que llevas muy bien las contracciones. ―volvió a dirigirse a mí―La epidural debería relajarte lo suficiente como para que no te duela tanto el cuerpo por el golpe que has recibido.

―No… Todavía no me ha hecho efecto; sigo sintiendo todo igual. ―Lissa miró algo en su carpeta― En un principio parecía que me estaba haciendo efecto porque sentía las piernas más pesadas… Pero ahora todo está igual que antes. ―soné algo desesperada. Las contracciones era ahora cada cuatro minutos y el dolor se iba intensificando.

― ¿No te han puesto la epidural hace una hora? ―me preguntó confusa.

―Sí. Vino Grace con… ―dejé de hablar cuando el dolor empezó. Respiré todo lo hondo que pude y me dejé caer contra las almohadas sin importarme la protesta de mi cuerpo.

―Debería de haberte hecho ya efecto. ―escuché decir a Miss Sonrisa― ¿Le han puesto una dosis muy baja? ―preguntó a alguien.

―No, Grace dijo que le iban a poner la dosis normal aunque el plan originario fuese parto natural. Con el accidente no pueden arriesgarse a que esté demasiado débil a la hora de empujar. ―era Robert quien hablaba. Solté un pequeño quejido cuando la contracción llegó al punto alto y me relajé poco a poco mientras iba desapareciendo, hasta que dejé de sentirla.

Continué con los ojos cerrados, esta había dolido mucho más que todas las anteriores.

―Vale, cuando te revise voy a hablar con Grace de ello. ―escuché como corría la cortina azul que dividía la sala en dos. Gran invento; así no tenían que echar a todos del cuarto cada vez que necesitaban revisarme, solo corrían la cortina y ganábamos intimidad― ¿Kris?

Abrí los ojos y les miré.

―Lo siento. ―me destapé y Robert me ayudó a quitarme los leggins. Lissa no tardó ni dos minutos en revisarme.

―Hemos llegado a los cinco centímetros, y el cuello está completamente borrado. ―dijo tapándome con la sábana. No pude evitar poner una mueca. En tres horas había avanzado un mísero centímetro―No te desanimes, aunque ahora mismo te parezca que no va a nacer nunca, ya llevas la mitad del camino. ―Lissa sonrió y anotó algo en su carpeta.

―Es que me siento agotada… Y con cada contracción me duele más todo.

― ¿No podéis darle algo para el dolor? ―Robert a mi lado miró a Lissa casi… ¿Suplicando?

―Voy a hablar de la epidural ahora mismo con Grace. Por lo demás, ya le suministramos calmantes hace un rato para el dolor, pero no podía ser mucha dosis. Hasta unas horas no puedo volver a darle nada.

El cuarto se silenció; o por lo menos nuestra parte, porque el grupo del otro lado hablaba de las ocasiones en que habían estado ingresados.

Mi humor acababa de caer en picado. Me dolía todo y no podían hacer nada por aliviarlo, la epidural no había funcionado y todavía me quedaban muchas horas de contracciones. Ahora mismo me apetecía llorar de impotencia, de dolor, de incomodidad. Todo estaba siendo muy intenso y me sentía demasiado susceptible.

Necesitaba a mi madre.

― ¿Habéis pensado en la cesaría?

―No está en mis planes. ―dije. Recordé entonces la pesadilla donde pedía a gritos la cesárea y me la negaban, y me estremecí.

―Es una opción que podéis pedir en cualquier momento. Y si el parto se alarga, y Anne te ve demasiado débil, posiblemente te realice una; no quiere correr ningún peligro.

―Es una opción que no quiero tomar a no ser que sea estrictamente necesario. ―acaricié mi tripa y dejé de mirar a Lissa para mirar a Robert. Parecía algo confundido.

―Solo pensarlo. Voy a hablar con Grace; si necesitas algo aprieta el botón. ―se despidió Lissa― ¿Descorro la cortina?

―No te preocupes, ahora lo hago yo. ―dijo Robert― Hasta luego.

―Adiós Lissa. ―me despedí y ella desapareció detrás de la cortina. Robert llevó una de sus manos al encuentro con la mía en el centro de la tripa y me miró.

―Sabes que es tu decisión, pero no veo la cesárea como una mala opción. Estás muy cansada y adolorida.

―No voy a meterme en un quirófano a no ser que sea estrictamente necesario.

―Pero…

―Es mi decisión. Yo soy la que va a aguantar los dolores y la que va a tener que parir. ―mi voz adquirió cierto matiz molesto y dejé de mirarle para observar por la ventana.

Le escuché suspirar.

―Lo sé… Es que no quiero verte así. No me gusta. ―acariciaba mi tripa en círculos mientras hablaba.

Volví a mirarle, tenía el ceño fruncido, lleno de preocupación.

―Soy fuerte, puedo con ello. ―le acaricié la mejilla y sonreí vagamente.

―También lo sé, pero no puedo evitarlo. ―me agarró la mano y se la llevó a los labios para besarla repetidas veces.

―Te prometo que si veo que no puedo con ello pediré una cesárea.

―Te conozco, y sé que hasta que no te estés muriendo no vas a pedirla. ―murmuró dejando mi mano sobre mi vientre― Por favor, no llegues a ese extremo. No intentes forzarte hasta que no puedas más. ―dijo suplicando, con la voz desgarrada.

―Te lo prometo. ―vi como se relajaba con mis palabras― Piensa que las mujeres llevan teniendo hijos desde el inicio de su existencia, y que hasta hace pocos años, todas pasaban por esto sin algún tipo de medicina contra el dolor.

―Sí, pero los tiempos cambian y ahora la humanidad tiene menos aguante. ―se sentó a mi lado, en la cama― Antes las operaciones se llevaban a cabo sin anestesia, en ocasiones emborrachando al paciente, y ahora solo de imaginarlo, cualquier persona sale corriendo y se mete debajo de las sábanas.

―Eso es…―no pude continuar. Hola contracciones. Como en todas las anteriores, cerré los ojos e intenté respirar hondo hasta que finalizó.

― ¿Ha dolido más? ―preguntó pasándome el vaso de agua y volviendo a acariciar mi tripa.

―No, no quiero agua. ¿Puedes pedirles a todos que se queden fuera o se vayan a casa? Estoy cansada.―murmuré cerrando los ojos otra vez; me sentía irritada sin motivo alguno y ahora mismo no quería estar con nadie. Solo Robert.

―Claro amor. ―Robert besó mi frente y sentí como me arropaba y después atravesaba la cortina―Chicos, Kristen está cansada y no tiene ganas de estar acompañada ahora mismo, ¿Por qué no os vais a casa? Ya son casi las nueve y esto va para largo.

― ¿Qué ha dicho Lissa? ―diferencié la voz de Dana.

―Que todavía le queda la mitad, y que va a ver si pueden darle algo para los dolores.

― ¿Y te vas a quedar solo? ―preguntó Lizzy―Podemos quedarnos alguno a hacerte compañía.

―No, no os preocupéis. En unas horas llegarán mis padres y Jules, y mientras tanto nos vendrá bien pasar un rato los dos solos.

―Está bien. ―dijo Scout―Si necesitáis algo o pasa cualquier cosa, llamarnos.

Escuché movimiento y después como se despedían todos. Por último, la puerta se cerró, para abrirse un momento después, antes de que a Robert le diese tiempo a descorrer la cortina.

―Buenas noches ―habló una voz desconocida―, traigo la cena para la paciente, y para usted.

―Déjelo ahí, gracias.

Volvieron a escucharse unos cuantos ruidos, la puerta cerrarse y la cortina descorrerse.

Abrí los ojos y miré justo a tiempo de verle destapar las bandejas.

― ¿Te apetece comer algo?

―No tengo mucha hambre, ¿Qué han traído?
―Mmmm… Caldo de pollo, limonada, un té y una compota de frutas o algo así. Todo líquido.―me acercó la bandeja en la mesa portátil y la colocó a mi lado― ¿Te apetece?―

―Bueno… Dame la limonada.

Durante un rato comimos en silencio, solo interrumpiéndolo mis jadeos en los momentos de contracciones. Después de una un tanto dolorosa le entregué a Robert el caldo de pollo.

―No me apetece más. ―murmuré cansada, desarropándome y levantando la camiseta. Robert no me había puesto la ropa interior y los leggins de nuevo, por lo que estaba prácticamente desnuda― Ahora me duele un motón aquí ―dije frotándome el pubis― cuando tengo contracciones.

Rob dejó su sándwich y sustituyó mis manos por las suyas, empezando a masajear la zona despacio.

― ¿Puedo hacer algo por ti?

―Solo quédate así un ratito…―gemí del gusto― Me alivia mucho.

―Claro amor. ―besó lo alto de mi tripa y siguió masajeando mi pubis.

ROBERT POV

― ¿Quieres hacer un poco de pelota? ―le pregunté a Kristen después de otra contracción, frotando su baja espalda― Como ahora mismo no estás conectada a ninguna máquina, puedes moverte libremente. Yo me encargo del gotero.

Abrió los ojos y me miró con mueca cansada.

―Dicen que alivia las contracciones… ―murmuró convencida― ¿Me ayudas?

―Claro, pequeña. ―saqué la pelota del baño y la dejé cerca de la cama; después la ayudé a bajar de esta― ¿Quieres que te ponga los leggins?

―No, solo las bragas.

Le ayudé a ponerse la ropa interior y después a sentarse sobre la pelota de yoga y a hacer algunos ejercicios, cargando también con el gotero.

Mientras que hacía círculos sentada sobre ella, la miré. Aunque parecía cansada, con el rostro pálido, las ojeras y algunos mechones fuera de la coleta, una extraña vitalidad la invadía. Se notaba su fortaleza, las ganas de que llegase el momento de empujar para poder ver a su hija, la fuerza de voluntad.

Había tenido un accidente de tráfico que la había dejado hecha polvo, estaba a punto de dar a luz a un bebé prematuro, el dolor aparecía por partida doble, y aun así no se daba por vencida, no pedía la cesárea. Cualquier persona en su sano juicio la hubiese pedido a gritos hace horas. Pero Kristen no, ella iba a luchar hasta el final.

Eso era una de las cosas que hacía que la amase tanto, su forma de ver la vida como una constante batalla que ganar.

Estaba muy orgulloso de ella.

―Ay…―jadeó en voz alta dejando de hacer ejercicios y agarrándose a mi camiseta con fuerza. Pegó la cabeza a mi estómago y sentí como se tensaba entre mis brazos― Me duelen las costillas…―dijo entre gemidos lastimeros.

Me sentí impotente, sin poder hacer nada para calmar su dolor. Ahora las contracciones eran aproximadamente cada cinco o seis minutos y mucho más intensas.

―Mi amor…―acaricié sus brazos y froté su espalda hasta que su respiración volvió a normalizarse― Siento mucho que estés pasando por todo esto.

Levantó la cabeza y me miró.

―No es tu culpa, tú no me causas dolor. ―un amago de sonrisa apreció en su rostro―Además, toda mujer que quiera ser madre y pueda quedarse embarazada debe pasar por ello.

―Pero aun así me siento impotente y culpable. No soporto no poder hacer nada por ti.

―Que estés aquí, conmigo, ya es suficiente. ―besó mi pecho―Y ahora, ¿Por qué no ayudas a esta pobre embarazada a la que no le está gustando nada la pelota?

Sonreí y la levanté del trozo de goma.

― ¿Qué te apetece hacer?

― ¿Podemos caminar un poco por los pasillos? Anne y Grace me dieron permiso.

―Claro.

Le puse los leggins, una bata por los hombros y las zapatillas de andar por casa.

―Tú caminas y yo llevo el gotero. ―dije empujando el palo con ruedas.

―Me parece bien. ―se agarró de mi otra mano y abrió la expedición por el pasillo― Que gusto poder estirar las piernas. Empezaba a estar harta de la camilla.

El movimiento empezaba a ser menor en los pasillos de esta planta. Todavía quedaban familiares esperando, pasaban enfermeras y médicos y movían cunas de un lado a otro, pero aun así, reinaba la calma… rota de vez en cuando por los gritos de algunas parturientas, que hacían que Kristen me apretase la mano con más fuerza.

―Joder… parece que a algunas las están torturando. ―susurró cuando dejamos atrás el pasillo y entramos en la sala de espera, donde los ventanales daban a un patio iluminado y a la calle.

― ¿Salimos a la terraza?

―Vale, a ver si se me quita un poco el olor a hospital de la nariz.

Varias personas de la sala de espera se nos quedaron mirando cuando pasamos, sobre todo una muchacha, quien derramó medio vaso de café encima de una mesa mientras su rostro pasaba por miles de emociones.

Me reí en voz baja mientras salíamos fuera.

―A la chica morena de camiseta azul que está en la sala de espera casi le da un ictus cuando nos ha visto. ―nos sentamos en dos sillones que había en una esquina, algo escondidos.

―Pues menos mal que está en el hospital. ―se rio conmigo. Siempre nos habían hecho mucha gracia las reacciones de los fans. Algunos se desmayaban, otros empezaban a llorar, o a gritar, o perdían los nervios… Luego estaban los que no reaccionaban y los que se quedaban como si hubiesen visto un fantasma. Había fans que agobiaban y fans de los que tenías que reírte al ver sus caras―Hablando de fans… ¿Siguen por los alrededores del hospital?

―Sí; de hecho cada vez llegan más fans y paparazzis. Grace me llamó hace un rato. La información sigue filtrándose y está confirmado que estás aquí por las heridas del accidente.

― ¿No se huelen nada del parto?

―De momento no.

―Fiuuu…―suspiró acariciando su tripa.

―El hospital está barajando llamar a la policía para que despeje la zona, y ya han intentado colarse seis veces a lo largo de la tarde.

―Bueno, sinceramente pienso que si se lo proponen, los fans llegan a la suite.

―Si se lo proponen, asaltan el hospital. Solo tienen que enterarse que estás de parto, ya verás lo rápido que hay que llamar a John, Henry y Simon para que monten guardia en la puerta.

―Dalo por hecho. Esas personitas llamadas Robsteners son capaces de todo.

―Algún día despertaremos con alguno de ellos entre nosotros.

KRISTEN POV

El periodo de tiempo transcurrido entre cuando Robert y yo volvimos de la terraza (sobre las once) y cuando Grace entró en el cuarto a las tres menos cuarto para hacerme otro tacto fue el mejor de todo el día con diferencia. Pese a las contracciones cada menos de cinco minutos, pude dormirtar y descansar esas horas; por eso casi mato a Grace cuando me despertó. Supongo que mi cuerpo estaba tan cansado que desconectó de todo ese rato. Además, mi madre llegó sobre las doce y media al hospital; y aunque no hablamos mucho por mi estado adormilado, su presencia me tranquilizó. Mi mamá estaba conmigo y no podía pasarme nada malo; ella cuidaría de mí. Me entendía en lo referente al dolor, y sustituía a Robert a ratos para que el pobre no se volviese loco viéndome sufrir.

Pero después… las horas de después fueron el infierno personificado.

Contracciones cada dos o tres minutos, que duraban casi uno.

Presión.

Dolor. Dolor de cabeza. Dolor.

Quemazón.

Incomodidad.

Y por si fuese poco, Grace metiendo sus manazas en mi vagina cada media hora.

Ahora entendía por qué gritaban las chicas que había escuchado en el pasillo. El dolor se volvía cada vez más insoportable, largo y seguido; casi no tenías tiempo de recuperarte cuando volvías a sentirlo otra vez.

Probé todas las posiciones habidas y por haber en la cama, en la banqueta, en la pelota y en el suelo, de pie, agarrada a una cuerda... Enserio, todas. Agarrada a Robert, a mi madre, a Grace, a Lissa, a Anne… Incluso me dejé ayudar por Claire y Richard, quienes llegaron sobre las cuatro de la mañana.

En esos momentos no me sentí nada culpable por desatar mi frustración con todos los presentes.

―Grace, por dios, saca tus manos de ahí o voy a acabar cortándotelas. ―casi grité a las cinco menos cuarto de la mañana. Volvía a estar tumbada en la cama, con las piernas abiertas, mientras Grace estiraba mis músculos internos de forma dolorosa para medir la dilatación.

―Lo siento Kris. ―sacó los dedos y masajeó mis muslos para aliviarme― Ya casi hemos llegado al final. Te falta poco más de medio centímetro. ¿Sientes ganas de empujar con las contracciones?

―Todavía no mucho…

―Vale. Os dejo un ratito más a los dos solos. Disfrutar de vuestros últimos minutos solos, futuros papas.―se acercó a la puerta― Vuelvo en media hora. Si se intensifican mucho las ganas de empujar aprieta el botón.

Cuando se cerró la puerta detrás de ella, Robert volvió a acercarse a la cama y me estiró las piernas. Mi madre y mis suegros estaban en la sala de espera por petición mía. Quería que estos últimos momentos fuesen solo nuestros.

Ahora las contracciones eran cada poco más de dos minutos, y empezaba a hartarme.

― ¿Cómo te sientes? ―preguntó acariciando mi tripa.

―Siento la cabeza de tu hija haciendo presión, mucha presión. Es demasiado intenso. Y me duele la cabeza.―abrí y cerré las piernas, incómoda.

―No me refería a eso… Sino a que estamos a punto de conocer a nuestra niña. ―sonrió― Yo estoy para que me dé algo de los nervios. Mira.

Me enseñó como le temblaba el pulso.

―Estoy aterrada, y no por el dolor.

Dejé de hablar cuando empezó otra contracción. Y grité un poco. Ahora sentía demasiado la presión.

―Ya pasa mi amor. ―Robert masajeó mi bajo vientre hasta que volví a calmarme.

―Venga… tenemos dos minutos hasta la siguiente. ―dije intentando ponerle humor al asunto al ver su cara.

―Voy a echar de menos la tripa… ―murmuró acariciándola.

―No creo que te dé tiempo a echarla de menos teniendo un pequeño bebé que demande tu atención. ―puse las manos sobre las suyas―Ahora en vez de dormir la siesta abrazado a mi tripa, dormirás la siesta con un bebé pegado a tu costado, buscando el calor de su papi.

―Nuestra vida va a pegar un cambio de ciento ochenta grados. Pero estoy preparado para enfrentarme al desafío.

Se a cercó para besarme en los labios, despacio.

Sonreí contra los suyos y le agarré la cara para que no se separase tan rápido.

―Mimosa. ―se separó de mí y besó mi nariz.

―Eso siempre. ¿Me das el vaso de hielo?

―Claro.

Me lo pasó y revisó su móvil que acababa de sonar.

― ¿Quién está despierto a las cinco menos cinco de la mañana? ―me acerqué a él para mirar por encima de su hombro― ¿Qué coño hacen Kellan y Lily Collins despiertos a estas horas?

Nos habían enviado una foto donde los dos aparecían con una cartulina rosa en la que podía leerse "Buena suerte, futuros papá"

Robert soltó una carcajada.

―Están rodando. Tienen una escena que necesita ser grabada al amanecer.

―Déjame el teléfono. ―me lo tendió y yo abrí la cámara del WhatsApp. Me arropé las piernas para que no se viese que estaba desnuda de cintura para abajo y levanté la camiseta para que se viese la tripa en la foto― Ven aquí. ―tiré de Robert y nos eché una foto para después enviársela. Pero no salió como yo quería.

En ese momento volví a sentir contracciones.

―Mierda. ―gemí llevándome una mano al centro de mi tripa y soltando el móvil entre mis piernas.

Entonces lo sentí.

―Ay… joder.

― ¿Qué? ―casi gritó Rob.

―Tengo muchas ganas de empujar. ―solté un quejido de dolor cuando la contracción llegó a lo más alto y me incorporé hasta quedar sentada― Avisa… a Grace.

― ¡Voy! ―vi como salía corriendo de la habitación, dejándome sola.

― ¿Pero…?

Me dejé caer contra las almohadas al terminar la contracción y respiré lo más calmadamente que pude.

― ¿No podía apretar el puto botón rojo? ¿Tenía que salir corriendo a buscarla? ―dije en voz alta, incrédula.

Apreté yo misma el botón.

―Centralita de maternidad, ¿Qué ocurre, Kristen? ―reconocí la voz de Lissa por el altavoz.

―Lissa, ya siento las ganas de empujar de forma muy intensa. Grace dijo que avisase.

―Ahora mismo vamos, quédate tranquila y no empujes todavía. ―su voz sonaba calmada, algo que me relajó.

―Y, ¿Lissa? Robert ha salido corriendo a buscaros en vez de apretar el botón.

Escuché como reía.

―Ahora mismo me encargo de buscarle.

―Gracias.

La llamada se cortó y yo suspiré. Estaba a punto de convertirme en madre.

Agarré el teléfono de Robert y miré la foto. Robert había puesto una mueca de terror, y mi rostro estaba algo alzado hacia el techo, con los ojos cerrados y la boca un poco abierta. Claramente se captaba mi momento de dolor. Pero la foto en si era muy graciosa.

Se la envié a Kellan y después la subí al Instagram de mi novio con la frase "Cuando Kristen intenta hacer una foto y acaba teniendo contracciones en medio de esta…"

Entonces se abrió la puerta y entraron por ella Robert, Anne, Grace y Lissa, junto a unas cuantas auxiliares con los brazos llenos de cosas.

― ¿No podías apretar el botón como la gente normal? ―le dije a Robert nada más verle― Tenías que salir corriendo. Mira que a veces llegas a ser tonto.

Este se arrascó la nuca.

―Lo siento, me olvidé del botón.

―Kristen, porque tú has sido más rápida que él y has llamado a centralita; si no, nos hubiese dado un buen susto. Venía corriendo como si hubiese fuego al fondo del pasillo. ―Grace se acercó a mí―Tenemos que revisarte por última vez.

Puse una mueca. Me desarropé y abrí las piernas, otra vez.

― ¿Quieres que llenemos la bañera, Kris? ―preguntó Anne, quien se unió a la revisión que Grace estaba llevando a cabo― Robert nos ha dicho que lo sigues pasando mal con las posturas. Quizás estés más cómoda dentro del agua.

― ¿Por qué no me habéis ofrecido eso hace tres horas? Empiezo a desesperarme por el dolor y la incomodidad.―puse una mueca al sentir como me hurgaban ahí abajo.

―Como no habías dicho nada, pensamos que no te apetecía.

―Probaré cualquier cosa que pueda hacerme esto… ―me corté al final al sentir las contracciones otra vez y cerré los ojos con fuerza.

Grace sacó los dedos y me masajeó un poco la zona.

―Ya estás lista, Kris. ―abrí de golpe los ojos.

―Conozcamos a esa preciosa niña que está impaciente por salir. ―dijo Anne, acercándose a mí y ayudándome a levantarme.


Había alcanzado los diez centímetros de dilatación y por lo consiguiente, las ganas de empujar eran muy intensas y las contracciones prácticamente venían cada menos de minuto y medio, acompañadas de presión y quemazón. La bendita piscina ayudaba con los dolores, al igual que las caricias y besos de Robert, quien estaba fuera del agua, detrás de mí; pero cada vez estaba más un poquito más desesperada y nerviosa. En un intento por calmarme habían apagado casi todas las luces del cuarto y habían puesto música relajante, pero yo les había casi gruñido que la quitaran. Estaba boca arriba, apoyada sobre un borde acolchado, con las piernas separadas sujetas por Grace y Robert. Solo ellos dos, Anne y Lissa estaban en la habitación.

Todos guardaban silencio, pacientemente, mientras yo empujaba entre quejidos e intentos de respiraciones profundas. Y su puta madre como dolía; ¿De mi estaba saliendo un bebé de no más de dos kilos o un balón de futbol?

Solté un gemido lastimero cuando con el siguiente empujón la niña estiró los músculos de mi vagina.

―Muy bien Kristen. ―dijo Anne sonriéndome―Mira esto. ―cogió mi mano y la sumergió en el agua hasta llevarla a mi sexo.

Solté un jadeo de sorpresa; la cabecita del bebé empezaba a asomarse y yo podía sentirla.

― ¿Es ella? ―vale, Kristen menuda pregunta acabas de hacer… echémosle la culpa al golpe de la cabeza―Pues claro que lo es… ―me contesté a mí misma― Cabeza que preguntas más tontas haces.

Todos se rieron, pero yo no pude acompañarles porque volví a sentir las putas contracciones de las narices. Estaba ya hasta el coño de ellas y nunca mejor dicho. Volví a gemir de dolor haciendo que todos callasen y que Robert llevase una mano hasta mi tripa para acariciarla con mimo, y aunque no me calmase, ayudaba.

Empujé, y empujé y empujé no sé cuántas veces, aunque sí que vi como la aguja del reloj de pared avanzaba desde las cinco y cuarto de la mañana a las cinco y media. La verdad es que era un poco desesperante sentir como la cabeza hacía presión y avanzaba poco a poco pero no acababa de salir. Y puede que fuese una pequeña cabeza de bebé, pero se sentía como si fuese una cabeza como la mía de grande.

―Venga Kris, empuja con fuerza que ya sale tu niña. ―quise decirle un par de cosas a Grace, nada agradables, pero las contracciones me tenían sin aire, así que solo jadeé y volví a empujar con la maldita fuerza que me estaban pidiendo.

Y grité cuando la cabeza del bebé salió por completo, cortándome la respiración por el dolor y haciéndome revolverme inquieta por la intensidad de este y por la sorpresa. Me incorporé en un acto reflejo, no aguantando la postura semirecostada en la que me encontraba. Pero eso fue peor, lo sentía todo más intenso.

― ¡Ya salió la cabecita, Kris! ―me felicitó Grace. Por su parte, Robert frotó mis hombros y besó mi cuello.

―Muy bien, unos empujones más y listo. ―dijo Anne mientras toqueteaba mi sexo. ¿No podía dejar la tía las manos quietas?

―No… No puedo. ―me quejé hiperventilando― Las costillas, me duelen…―dejé de hablar cuando sentí otra contracción que me hizo gritar, pero esta vez no empujé. Realmente necesitaba cambiar la postura o me volvería literalmente loca.

―Tranquila, respira hondo. Te estás poniendo nerviosa. ―Lissa me pasó un paño por la frente.

―Si respiro hondo… duele más. ―gemí algo histérica― Por favor, sacarme de aquí, no aguanto el dolor así.

Sentí como Robert besó mi cuello repetidas veces.

―Shhhh… Tranquila, mi amor. ―susurró solo para mí. Pero ni con esas conseguí calmarme, cerré los ojos por el dolor de la siguiente contracción.

―Vale, hagamos una cosa, pero para ello tienes que tranquilizarte; te estás agobiando. ―Anne llamó mi atención― Vamos a sacarte del agua, y lo intentamos de pie… Ya falta muy poco, solo van a ser unos minutos. ¿Te parece?

Asentí casi frenéticamente.

Lissa corrió por toallas y tiró varias en el suelo, y, Anne, Grace y Robert me sacaron con mucho cuidado del agua, haciéndome caminar un par de pasos hasta las toallas, donde Lissa me cubrió con otra. El dolor de las costillas desapareció en el momento en que mi cuerpo se estiró, dejándome respirar más aliviada.

Me colocaron entonces en otra postura: de pie, con Robert como punto de apoyo, sujetándome para que no me cayese y de cara a él; con las piernas separadas.

― ¿Mejor? ―preguntó este.

―Ajam…―mi afirmación se convirtió en un quejido cuando vino otra contracción. Me aferré con fuerza a sus brazos, escondiendo la cara en el hueco de su cuello, y sin que nadie me lo dijese, empujé de nuevo, sintiendo como la criatura que había estado siete meses y medio en mi interior descendía.

―Muy bien Kristen, un poco más. ―me animó Grace mientras notaba como alguien tiraba de la cabecita de mi bebé hacia abajo. Empujé con fuerza, sin detenerme, hasta que me fallaron las piernas, y sentí como la terminaba de expulsar mientras gritaba por última vez.

Entonces todo acabó. El dolor, la presión, mi nerviosismo y angustia… Y se escuchó un pequeño quejido, que no llegó al llanto.

―Oh, Dios mío… ―gemí al escucharlo. Levanté la cabeza del pecho de Robert y le miré sin saber qué cara poner. Acababa de ser madre.

―Muy bien, pequeña, se ha acabado, respira. ―me susurró mirándome con devoción. Hasta ese momento no me di cuenta de lo jadeante y alterada que estaba mi respiración. Cogí aire despacio.

―Ya está mamá, ya está aquí tu bebé. ―escuché a Grace. Robert me giró poco a poco, me sentó en el suelo, pues él era quien estaba aguantando todo mi peso, y se arrodilló a mi lado. Sobre unas toallas entre mis piernas lloriqueaba sin romper en llanto un pequeño bebé, todavía conectado a mí por el cordón umbilical, mientras que Anne le sacaba los restos que pudiese tener en la boca y nariz con una perilla. No era más grande que mi mano y antebrazo juntos, estaba cubierta por los restos del parto y su piel estaba enrojecida y arrugada.

El mundo se paró en ese momento y no fui consciente de nada más; dejé de escuchar todo excepto su pequeño llanto y mi visión se tornó borrosa. Mi niña estaba ahí, moviendo sus piernas con energía, respirando aceleradamente, llorando.

Todo el dolor que hubiese podido pasar, todo el malestar y los miedos, se esfumaron, dejando paso a lágrimas de felicidad y miles de sentimientos agolpándose en mi pecho. Era madre, había traído al mundo a una criatura a la que cuidar, a la que querer y proteger. No importaba quien hubiese sido en el pasado, ahora empezaba un nuevo capítulo de mi vida, con mi hija ocupando un lugar en mi corazón. Y la verdad es que prometía.

Anne envolvió a la niña en una toalla blanca y me la acercó. Instintivamente, y sin ser capaz de procesar todavía, coloqué mis brazos en torno a su cuerpecito y la acerqué al mío, agarrándola con fuerza, como si pudiese escaparse. La pequeña, sin abrir los ojitos, pegó su mejilla contra mí, piel con piel, cerca del sitio donde se encontraba mi corazón, y dejó de llorar poco a poco, como si supiese que ya estaba en brazos de su mamá.

Unos brazos fuertes me rodearon y llevaron una mano al bultito que era mi hija. Entonces recordé al ocupante de la otra mitad de mi corazón.

Robert besaba mi mejilla a la vez que sus lágrimas se mezclaban con las mías y me susurraba al oído.

―Está aquí, pequeña, nuestro bebé está aquí.

―Mírala, es tan chiquitita. ―sollocé besando su cabecita. El escaso pelito de esa zona era rubio, sus labios eran finos y se encontraban contraídos en un pequeño puchero silencioso, su nariz era un pequeño botón regordete, al igual que los mofletes. Era perfecta, con sus ojitos cerrados y sus suspiros. ¡Hasta llena de sangre y arrugada la encontraba preciosa!

Robert también besó su cabecita y acarició sus pequeños mofletes.

―Es perfecta. ―ahora fue mi turno de recibir besos por su parte, en el cuello, la sien, la mejilla― Gracias.

Me giré un poco para poder mirarle. Estaba igual de emocionado que yo, con los ojos brillando de alegría, con la sonrisa más sincera y llena de amor que había visto en mi vida, mirando a nuestra hija.

―Te quiero, pequeña. ―su mirada se encontró con la mía y me besó suavemente, durante unos instantes, antes de separarse y volver a abrazarnos a las dos― Os quiero a las dos.

Y en ese momento, siendo un mar de lágrimas, con la persona más importante para mí en el mundo entre mis brazos y el amor de mi vida abrazándome, me sentí la mujer más feliz del mundo. Esa sensación, ese recuerdo, se quedó grabada en mi piel, dispuesta a acompañarme toda la vida.


―Chicos, yo sé que es un momento muy especial, pero tenemos que revisar a la pequeña y terminar contigo, Kris. ―volví al mundo real con esas palabras de Anne, recordando que no estábamos solos y que seguíamos unidas por el cordón umbilical todavía.

Mis tres parteras nos miraban sonrientes, en el caso de Anne con los ojos aguados; y además había otras tres personas en el cuarto: dos chicos vestidos uno de verde y otro de azul y la neonatóloga que me habían presentado antes, Hannah.

―Claro. ―murmuré todavía entre lágrimas. Besé una vez más a la niña, esta vez en el cachete y se la entregué a Grace. Al instante volvió a romper en llanto haciendo reír a Lissa.

―Acaba de nacer y ya tiene mamitis aguda. ―dijo acercándose a mí y empezando a limpiarme y comprobar mi estado. Grace tumbó a la pequeña otra vez entre mis piernas y empezó a revisarla junto a la neonatóloga, mientras que Anne y el chico se encargaban de mí.

Robert cortó el cordón umbilical que nos había mantenido unidas durante casi ocho meses, le hizo algunas fotos al bebé y salió a la sala de espera para dar la buena noticia, pues no era bueno para la niña que nada más nacer estuviese en contacto con demasiada gente. Entonces me levantaron del suelo y tumbaron en la cama, cosa que a mi dolorido cuerpo no le sentó muy bien, y a la pequeña la llevaron a la zona especial para recién nacidos que tenía la habitación, donde continuaron haciéndole la revisión y algunas pruebas.

―El parto ha ido mejor de lo que esperábamos. ―me felicitó Anne mientras ella se encargaba de la placenta y Lissa, con ayuda del chico de azul -el de verde había desaparecido- me aseaban, vestían y volvían a conectar a algún que otro tubo y cable― Pensé que no tendrías fuerzas para traerla al mundo, después del accidente, pero una vez más, has demostrado que fortaleza es lo que te sobra, Kris.

La sonreí.

―Gracias.

―Vamos a volver a colocarte las vías y el suero. ―explicó Lissa, terminando de ponerme uno de mis camisones mientras que el chico me buscaba la vena.

―Y te suministraremos algún calmante para que puedas descansar y dejen de dolerte los golpes causados por el accidente. ―finalizó Anne.

―No es necesario… Me siento bien.

Y ahora mismo era verdad. No sé si se trataba de la euforia y el subidón del momento, pero no sentía el cuerpo en esos momentos, no me martilleaba la cabeza y el mareo había desaparecido por unos instantes. Si no fuese porque sentía las contracciones para expulsar la placenta y algo de incomodidad, diría que no había dado a luz.

―Eso es ahora, que estás eufórica. ―Anne frotó mi muslo y siguió masajeando mi bajo vientre― Pero en cuanto tu cuerpo se relajé parecerá que te ha pasado por encima una manada de elefantes.

Grace se acercó sonriente a la cama.

―Kris, felicidades, la niña está muy sana. Pesa 2.350 kg y mide cuarenta y tres centímetros. Sus órganos parecen bien desarrollados; incluso los pulmones están casi completos, gracias a la medicación que te suministramos. Los primeros test que le hemos realizado han salido correctos, pero aun así vamos a seguirla de cerca. ―miré el otro lado del cuarto, donde la neonatóloga seguía con la niña, quien lloriqueaba sin fuerza― Ya sabes que debemos meterla en la incubadora para que su cuerpo siga creciendo de forma correcta, y para poder controlar su temperatura, pulso y demás constantes vitales; pero como no parece necesitar asistencia médica completa, podrás tener la incubadora en la habitación.

― ¿De verdad? ―sonreí como una tonta. Me había mentalizado que no podría pasar tiempo con mi pequeña durante sus primeros días porque tendría que estar en constante vigilancia, pero al parecer ese pensamiento ya podía irse por donde había venido.

―Sí. ―sonrió también Grace― Su primera toma de leche se la vamos a dar en biberón para ver si es capaz de comer por si sola sin atragantarse y dejar de respirar. Si esto es así, podrás darle el pecho; sino, le pondremos una sonda de alimentación para poder darle de comer.

―Lissa, ¿Puedes ayudarme a asear a la niña? ―escuché decir a Hannah.

―Claro.

―Si todo va bien… ¿Cuándo podremos irnos a casa?

―Tenemos que asegurarnos de que las dos os recuperáis correctamente del parto, en tu caso también del accidente y en el suyo de que siga creciendo bien. ―Anne realizó un último movimiento en mi interior mientras hablaba y sentí como expulsaba la placenta, lo último que quedaba de mi embarazo.

Echaría de menos la tripita.

―Si el bebé sigue estable y va cogiendo peso con los días, puede que en una semana o semana y media esté en casa. ―dijo Hannah desde el fondo del cuarto― Le vamos a suministrar vitaminas y demás complementos para que esta pequeña siga creciendo fuerte y sana y pueda irse pronto a casa.

― ¿Y yo?

―Calcula unos cinco días. ―Anne revisaba la placenta entre mis piernas― Quiero tenerte vigilada estos días. Además, los dolores de cabeza y los mareos provocados por el golpe parecen ser muy fuerte y tu médica de cabecera también cree que deberías quedarte para que los controlemos.

Puse una mueca.

―Odio los hospitales. ―bufé haciendo reír a todos.

Justo antes de que terminasen Anne y Hannah con nosotras, Robert volvió al cuarto, con los ojos todavía aguados y sonriente. Se acercó a la cama y besó mi frente.

―Tus madre está muy orgullosa de ti.

―Ojalá hubiesen podido entrar.

―Ya adoran a la niña. Me han obligado a pasarles las fotos y a contarles con todo detalle el final del parto. Mi madre y la tuya se han puesto en modo fuente y han empezado a lagrimear.

―Me alegra que les hayamos hecho felices. ―sonreí y dejé que volviese a besar mi frente, esta vez repetidas veces.

―Son los abuelos más felices del mundo ahora mismo. Están deseando abrazar a su nieta.

―Me da a mí que vamos a tener que poner un horario de visitas y repartir las horas entre todos los que van a querer ver a la pequeña.

―Papás, aquí está vuestra niña, ya limpita y tranquila. ―Grace se acercó a nosotros con un bultito rosa, seguida de Hannah, quien llevaba la incubadora a la que estaba conectada por algunos cables, y lo colocó entre mis brazos― Cuidado con los cables. Aquí ya hemos terminado por ahora; os dejamos un rato a solas con ella; luego volveremos para meterla en la incubadora y darle la primera toma de leche.

―Si pasa algo o nos necesitáis, apretar el botón rojo. ―dijo Anne antes de salir junto a los demás.

Entonces volví la vista al bultito rosa y abrí un poco la manta para observarla mejor.

Ahora estaba completamente limpia, dejando ver una piel rosácea y un cabello muy rubio, como el de su padre. Tenía un fino tubito en la nariz, el que le ayudaría a respirar un par de días, varios cables conectados por parches a su cuerpecito solo cubierto por un pequeño pañal y una intravenosa en su brazo. Una de sus manitas estaba cerrada en un puño, y la otra estaba en su boca.

Se chupaba el dedo gordo con tranquilidad. Y tenía los ojos abiertos.

―Mírala… ―susurré a Robert. Sus ojos era de un gris oscuro, grandes y llamativos, y lo observaban todo con interés, como si en vez de ver manchas grises viese igual que nosotros.

―Es preciosa. ―acarició su manita, y al instante la pequeña envolvió sus deditos alrededor del dedo de su padre.

―Está muy tranquila, y pequeña. ¡Es muy chiquitita! ―acaricié su mejilla― Parece tan frágil…

―Esa pequeña nariz es tuya, Kris. ―me fijé en ese detalle y luego le miré sonriendo.

―Y tiene tu pelo rubio, y tus labios.

Robert acarició la cabecita de la niña con cuidado.

―Nos ha salido perfecta. ―volví a mirarla y besé su naricita, haciendo que la pequeña soltase un suspiro. Después miré a Rob, que prácticamente babeaba.

―Toma papá, coge a tu niña.

Por su rostro pasó una sombra de miedo durante unos segundos.

―Allá vamos. ―abrió sus brazos y yo le entregué a la niña. En cuanto la abrazó y acercó a su pecho frotó su mejilla contra la camiseta de Robert y cerró los ojitos.

―Mírala que a gusto está con su papá.

Ambos sonreímos. La imagen que se desarrollaba delante de mis ojos era la más bonita que había visto en toda mi vida. Los dos juntos, padre e hija.

Robert la miraba con adoración, con amor, con ilusión, dejando ver desde ese momento lo buen padre que sería.

―Te quiero bebé. ―susurró antes de besar su cabecita, haciendo que se me volviesen a saltar las lágrimas.

Entonces se me vino una palabra a la cabeza

―Creo que tengo el nombre perfecto para ella.

ROBERT POV

―Mírala, es preciosa. ―susurré a Kristen mientras sostenía a mi hija en brazos, un rato después. Aun estando todavía algo roja e hinchada; aun teniendo la intravenosa y el tubito de oxígeno; aun teniendo esos parches conectados a cables en su cuerpo, era preciosa. Dicen que los bebés recién nacidos no son bonitos, pues mi hija era la excepción que confirmaba la regla. Acaricié su barbilla haciendo que abriese un poco la boquita y sonreí como un tonto. Tenía dos horas de vida y ya se había ganado a todo el ala de maternidad y pediatría.

―No puedo creer que ya esté con nosotros…―murmuró mi novia con voz cansada. La miré para encontrar la misma expresión de hace una hora: una gran sonrisa y los ojos brillantes de emoción, aun estando exhausta. Me senté en la cama, a su lado, teniendo cuidado con las miles de máquinas a las que estaban conectadas las dos― Y es maravilloso que dejen que la tengamos en la habitación con nosotros. ―agarró una manita de nuestra hija, y esta apretó sus deditos con fuerza en torno al dedo índice de su mamá―Grace y Lissa son geniales.

Se apoyó en mí y yo bebé su cabeza antes de volver a mirar al pequeño bultito entre nuestros brazos.

Todavía, nadie excepto mis padres y la madre de Kristen sabían que había nacido el bebé. Eran los únicos que se habían quedado al parto, el resto estaba en casa a petición nuestra, y les habíamos pedido que no dijesen nada hasta que no les avisásemos.

―Si no fuese por el dolor que empiezo a notar, diría que estoy soñando. ―murmuró.

―Es nuestra pequeña perfección dentro de la realidad. ―murmuré también, besando la cabecita de mi hija, quien dormía a gusto.

― ¿Me dejas cogerla un rato, papá? Pronto vendrá Grace para meterla en la incubadora y darle de comer.

Volví a besar su cabecita antes de pasársela con mucho cuidado. Kristen, instintivamente, la acurrucó contra su pecho y meció un poco cuando se removió inquieta. Al instante se había calmado de nuevo.

Se veían tan perfectas; madre e hija. Creo, que este era el mejor momento de toda mi vida, sentía los ojos aguados de felicidad. Antes, ella era la persona que más amaba en el mundo; ahora, mi segundo motivo para vivir estaba entre sus brazos, y yo me sentía pleno, observándolas sonriente, viendo como Kristen acariciaba con delicadeza las mejillas de nuestro bebé, viendo como sonreía, viendo como tanto esfuerzo y malos momentos habían sido recompensados… Ser padre era lo mejor que podía haberme pasado en la vida.

―Creo… que es hora de avisar a todos. ―saqué el móvil del bolsillo y puse la cámara. Kristen se incorporó con mi ayuda y apartó un poco la manta que rodeaba a la niña, dejándola más a la vista.

―Tu primera foto con mamá, cariño. ―hice sonreír a Kris con mis palabras y capturé el momento.

― ¿Se la vas a mandar a todos? ―preguntó volviendo a acurrucar al bebé entre sus brazos.

―Si pudiese, haría que la foto se viese en todos los letreros de Times Square. ―sonreímos, y yo añadí un pequeño mensaje junto a la foto, que envié a toda nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo y equipo.

"Bienvenida a la familia, Sophia Grace Pattinson Stewart"


THE END?


Hola. Gracias por leer el capítulo. La verdad es que me ha costado mucho escribirlo. Semanas y semanas de sentarme y no escribir más de unas lineas.

Así que por dios, dejarme un comentario en Fanfiction para cerciorarme de que me ha salido bien.

De vosotros depende que continúe la historia, ya expliqué que para mí es muy difícil escribir esta historia teniendo en cuenta como está el panorama en el fandom.

Solo continuaré con la segunda parte de Para Siempre si recibo apoyo.

Si continúo, las actualizaciones no se demorarán más de dos o tres semanas. Ya soy libre y no empiezo la universidad (sí, me han aceptado en periodismo) hasta octubre, así que no tengo nada que hacer.

Espero que os haya gustado.

Gracias por leer, las fotos del capítulo están en el blog y en el grupo de facebook (Links en bio)

Saludos desde España, Aroa.