Disculpen la demora!

Advertencia: Lenguaje vulgar, escena de violencia, lemon.


Capítulo 25

Actuación realista

La luz se colaba entre las cortinas que se meneaban al compás de la ligera brisa que ingresaba a la habitación. A pesar de haber amanecido hace no más de un par de horas, el calor se hacía presente y aún más sofocante se volvía al estar junto a ella. Pero no importaba, ya estaba acostumbrado al clima caluroso, y estaba al tanto de que en los días en que la luna estaba completa en el cielo, el planeta se calentaba aún más. No era un problema para él.

Pero al parecer a ella si le molestaba… ella se había dormido hace unas tres o dos horas, no lo sabía con exactitud, él por su parte, solo había descansado una hora, no necesitaba más y la energía que residía en su cuerpo era bastante, no estaba agotado en lo más mínimo, a pesar de haber pasado las últimas dos noches y dos días gastando su energía con ella.

Estaba despierto hace una hora aproximadamente o quizás más, se había pegado a su cuerpo y la había rodeado con su brazo, pero ella se alejaba después de un rato, notaba su piel brillante por la transpiración y podía sentir su cuerpo caliente. Estaba constantemente buscándola entre las sábanas, pero ella siempre se le escurría entre los brazos. Miró su cabello esparramado en la almohada y su piel blanca saludarlo, una pequeña curva se formó en sus labios, no quería despertarla… ella si estaba cansada.

Volteó su rostro hacia su velador y comprobó que estuvieran las píldoras que ella le había pedido la primera mañana, frunció el ceño al verlas en la superficie de la madera, no entendía para que se las había pedido si se había quedado todo el día en la cama. Suspiró y se quedó viendo el techo, aun le costaba creer que ella había vuelto a él, era demasiado bueno para ser cierto… por su culpa no se había presentado en ninguna otra actividad del festejo, ya había discutido con su madre al respecto, pero no priorizaría un tonto rito antes que estar con ella. Claro, eso no lo había dicho… simplemente se excusó con que no tenía ganas, sin embargo su hermano y su padre habían entendido de inmediato su postura, y ¿cómo no hacerlo? Si con verle la cara bastaba… había liberado las tensiones acumuladas desde hace meses, y su humor estaba de los mejores, desde hace mucho tiempo que no se sentía así, claro no andaba sonriendo ni alegre por los pasillos, pero quién lo conocía "bien", sabía que el enojo que comúnmente era su sello, no existía. Si hasta sus índices de muertes habían bajado, en el poco entrenamiento que hizo había matado solo a unos veinte soldados, la menor cantidad registrada en sus antecedentes ¡ni él mismo se lo creía! Pero la verdad era que por más que buscara una excusa para enojarse, no podía.

El haber amanecido con ella abrazado, el hacerlo hasta que ella no pudiera más y quedarse junto a él y ¡hasta conversar! Era de ensueño… volvió a mirar los analgésicos, si hubiera sabido que terminaría así habría sido un poco más… gentil. No le gustó haberla dejado en ese estado, le molestaba y no era capaz de negarlo, se enojaba consigo mismo por no prestarle atención a sus quejas, pero es que la excitación que ella provocaba y la Luna que lo aumentaba, le jugaba en contra. Sonrió al pensar en sus lloriqueos… ¿Quién hubiera pensado que podría después de tanto tiempo disfrutarla dentro y fuera de la cama? La primera noche había sido alucinante, y las pláticas post sexo incluso entretenidas, se desconocía… gozaba con todo lo que provenía de ella, jamás había tolerado tanto a otro individuo, menos del sexo femenino, pero Bulma llevaba los parámetros a límites insospechados.

Oyó un gemido suave de su compañera, haciéndolo voltear rápidamente hacia ella, la vio removerse entre las sábanas para finalmente destaparse y dejar a relucir su piel libre de ropas. Sus orbes oscuras se deslizaron con gracia por su cuerpo, admirándolo cual pieza de arte, era en momentos como ese que pensaba en lo maravilloso que era su vida, era el saiyajin más fuerte, heredero al trono, no recibía órdenes de nadie, y estaba unido a una mujer inteligente y hermosa. Lo único que faltaba en su vida era ser el más fuerte del universo… pero faltaba poco para eso, claro, con ayuda de ella lo lograría.

Miró la hora y comprobó que ya era tiempo de levantarse, había rutinas en el palacio que no se rompían, y sentarse a la mesa en cada comida era una de esas, sonrió al pensar que su mujer no había cumplido el día de ayer. Se había excusado con que estaba cansada… y no fue difícil convencerlo, ¿a quién engañaba? Cuando ella le pedía algo, le era casi imposible negarse, sobre todo estando en buenos términos. No sabía si tenía que ver su jovialidad o su atracción por ella, o ambas. Pero, la peliturquesa lo inquietaba, tenía algo que lo dejaba hipnotizado, su sonrisa, su mirada, sus gestos, todo en ella lo idiotizaba, porque sí, así lo hacía sentir, idiota… parecía un imbécil enamorado. ¿Enamorado? Su cuerpo se tensó al instante, sus puños apretaron las sábanas y sintió una gota de sudor recorrerle la sien… ¿en qué diablos estaba pensando? ¡Él era un saiyajin! Los saiyajin no sentían ese tipo de cosas… ¿o sí? Frunció el ceño al pensarlo, entonces la Mano del Rey vino a su mente… recordaba claramente cuando él era un crío haber escuchado a su padre y al saiyajin de banda roja platicar sobre ello, el padre de su soldado debatía convencido de que los sentimientos eran igual de válidos en un saiya que en cualquier otra especie, que no era malo sentirlos y que no los hacía débil, su padre se rió en su cara y bromeó al respecto, él solo los ignoró y siguió aniquilando saibiamans…

Bardock creía sentir ese tipo de emociones… ¿debería hablar con él? no… no podía ¿Qué le diría? Era absurdo solo pensarlo… bufó por lo bajo y se reincorporó sentándose en la cama, secó con el dorso de su mano el sudor que se acumuló en su frente por sus extraños pensamientos mientras la miraba, ella se volteó hacia su lado escondiendo sus brazos debajo de la almohada, podía ver la curva de sus montes aplastados, su cintura se acentuaba más al tener uno de sus muslos elevado a la altura de su pelvis, ocultando su intimidad.

-hey-habló frunciendo el ceño, pero la adolescente pareció no oírlo-Mujer-alzó la voz, esperó unos segundos pero fue inútil… la princesa no despertaba. Volvió a bufar, pero esta vez algo irritado, odiaba que las cosas no se hicieran como quería o al ritmo que a él le parecía. Llevó una de sus manos al hombro expuesto de la chica, la sacudió un par de veces moviendo sus mechones libres, su cabeza se meneó junto con el zamarreó… pero ella no despertó.- ¡¿cómo diablos puede seguir durmiendo?! Ash… mocosa insoportable-murmuró molesto, terminó por levantarse sin poder despertarla. Ahora al menos…

Decidió por ir a tomarse una ducha, a pesar de haberse bañado antes de dormir con ella, el clima caluroso lo hacía sentir como si no se hubiera aseado hace unas horas atrás. Caminó hacia el cuarto de baño perezosamente, entró a su baño privado a la vez que se estiraba con lentitud, arqueando la espalda y haciendo crujir sus huesos, sus músculos se destensaron y se sintió mucho mejor dejando atrás la somnolencia. Se miró al espejo y se concentró en su reflejo. Le gustó lo que vio, él era orgulloso en todos los sentidos, y su apariencia física no era la excepción, sabía que era un macho atractivo, lo tenía más que presente, y no solo por su popularidad con la comunidad femenina en su planeta, porque al ser un príncipe era normal que las hembras quisieran estar con él, pero lo había comprobado visitando otros planetas donde su identidad no era más que "un simple saiyajin" y aun así llamaba la atención.

Pero lo que le importaba, era ser de interés para ella… y sabía que causaba algo en esa mujer loca, no era tonto, notaba sus sonrojos, su ansiedad y sus nervios cuando la tocaba, y su mirada ardiendo de calor… era lo mismo que él sentía por ella. La atracción que había entre ambos era innegable.

Se metió a la regadera y giró el grifo de temperatura fría, ni siquiera se sobresaltó cuando el agua helada entró en contacto con su piel, frotó sus manos en sus músculos con entusiasmo, hundió su melena rebelde bajo el chorro e inevitablemente algunos de sus viejos flecos se pegaron a su amplia frente, cerró el grifo y buscó el gel de baño, frunció el ceño al no encontrarlo donde siempre, buscó con su mirada por la bañera hasta encontrarlo en una esquina opuesta. Él siempre mantenía un orden… que estuviera allí significaba una sola cosa:

Bulma.

Negó con la cabeza pero sin dejar de sonreír, si otro hubiera tomado sus cosas y peor aun dejándolo donde no debía estaría furioso pero ¿cómo estarlo con ella, si había pasado cuando estuvieron juntos "duchándose"? cada rincón de sus aposentos había sido protagonista de sus encuentros, las paredes habían sido testigo de su danza amatoria, en cada lugar de su habitación ella había dejado su huella. Su tina no era la excepción, podía ver un par de hebras turquesas adornar el azulejo, y no podía sentirse más satisfecho con eso. Perfectamente podría acostumbrarse a este tipo de caos… caos que solo ella podía dejar al pasar.

Una vez listo, rodeó su cintura con una toalla y salió del cuarto lleno de vapor. Caminó hacia su dormitorio y pudo ver la silueta de ella ahora en medio de su cama, su cuerpo estaba desparramado por completo. Negó con la cabeza y caminó hasta el mesón cercano a la puerta, tomó un jarrón y vertió agua en un vaso de vidrio. Con vaso en mano, se acercó al borde de la enorme cama, bebió un pequeño sorbo sin despegar sus ojos del cuerpo desnudo a su disposición, se relamió los labios mirando cada pliegue de su piel pálida, miró su rostro que lucía plácido mientras descansaba, su boca estaba ligeramente abierta, sus mejillas teñidas de rosa por el calor, sus pechos subían y bajaban al ritmo de su respiración. Posó su mano libre en su cadera y extendió su otro brazo, empujó de un solo tiro el contenido del vaso, cayendo por completo en el rostro de la terrícola, en la almohada y colchón.

El agua se escurrió al instante, deslizándose por las curvas naturales de su rostro, bajando por su cuello y terminando debajo del cuerpo femenino, vio sus ojos abrirse de golpe, su cuerpo pegar un salto y todo eso acompañado de un grito de exaltación.

-¡¿pero qué demonios?!-chilló asustada la princesa mientras se sentaba, y ya no pudo aguantar la risa. Ver su rostro sorprendido, su flequillo pegado a su frente por el agua y su piel toda mojada era lo más gracioso que había visto en semanas. Frunció el ceño y formó una mueca en sus labios para forzarse a no reír, mordió su labio inferior e hizo uso de su autocontrol.

-ya era hora que despertarás-la peliturquesa miró al saiyajin de pie recién bañado que la miraba con superioridad, como siempre.

-¿Qué diablos fue eso?-preguntó conteniendo la rabia, el príncipe caminó hasta el velador y dejó el vaso allí.

-no despertabas-se encogió de hombros-tuve que tomar medidas extremas…

-¡lanzarme agua! Maldición ¿Qué diablos pasa por tu cabeza?-gritó molesta, buscó las cobijas y se cubrió con rapidez-estoy cansada… no me molestes

-¿cansada? Debes levantarte perezosa… ayer fue una excepción-dijo serio.

-¡no! Ahora déjame descansar-dijo mientras se acurrucaba como un capullo.

-¿descansar de qué? Si no haces nada-soltó con burla a la vez que subía sus rodillas a la colcha.

-¿de qué?-preguntó con indignación al sacar su cabeza entre las sábanas, volteó a ver al saiyajin que se acercaba peligrosamente-¿te parece poco como me has utilizado estos días y noches éh?-musitó con voz de falsa agonía a la vez que lo miraba fingiendo pesar. El príncipe rodó los ojos y negó con la cabeza, era "eso"… eso lo que más le gustaba de ella… esa actitud que la acompañaba era lo más atractivo de ella, cualquiera podía ser hermosa, pero solo ella tenía esa personalidad extravagante que odiaba y amaba con intensidad. ¿Amaba?...

-acostúmbrate-dijo con voz ronca, la vio fruncir el ceño y formar un puchero infantil en sus labios rosas, volvió a cubrirse de pies a cabeza con la sábana, soltó un suspiro forzado y tomó las cobijas con sus manos y de un solo tirón se las arrebató lanzándolas al suelo a los segundos después. La vio pegar un brinco y cubrir sus senos con sus manos.

-¡hey! ¿No puedes verme tranquila eh?-chilló luciendo sus dientes perfectamente blancos

-¡ya levántate mujer! ¿Pretendes no bajar a desayunar otra vez?-igualó su tono de voz, ella frunció el ceño y asintió con entusiasmo-eres un caso perdido…

Oyó un bufido de ella, alzó una ceja observándola desviar la mirada con arrogancia, negó por quizás la tercera vez esa mañana, con movimientos felinos se acercó al cuerpo menudo, ella al darse cuenta volteó con rapidez y lo miró escandalizada, él sonrió en respuesta y en un segundo tomó su tobillo arrastrándola por la colcha, ella cayó de espaldas a la cama y lo próximo que vio fue al saiyajin en frente de ella. Tragó saliva por la proximidad, aunque habían estado juntos la mayoría de las horas en esos dos días, y aunque la había tocado una y otra vez, era inevitable no sentir nervios y agitación por su toque. Sintió la yema de sus ásperos dedos rozar la piel de su cadera, dio un respingo y se retorció debajo de él soltando una risa cantarina, cerró sus ojos y con sus manos en el pecho duro del saiya intentó alejarlo.

-¡noo!-dijo entre risas-me haces cosquillas… no me toques así-murmuró sin aliento, Vegeta alzó ambas cejas al descubrir un importante detalle. Subió lentamente hasta su cintura con la misma gracia anterior de su toque, y ella rió más alto, abrió sus ojos y lo miró con reproche-¡no hagas eso!

-hmp-sonrió de lado mirándola burlón, y la sonrisa en la princesa se esfumó al entender su mirada traviesa, tragó saliva preparándose mentalmente para lo que creía que se venía, pero antes siquiera de mentalizarse él ya había iniciado su ataque.

Movió sus dedos con galanura, toques rápidos y escurridizos, pausados y extendidos por toda su cintura y vientre, y sabía que lo estaba haciendo bien al escuchar las sonoras carcajadas de la terrícola, removiéndose como un trompo debajo de él, empujándolo inútilmente con sus pequeñas manos, para después inclinarse por alejar sus manos fuertes, a lo que nuevamente resultaba ser inútil. La oía reír y chillar para que se detuviera, pero no lo haría, había encontrado su entretención y disfrutaría de ello.

Sentía que el aliento se le escapaba y que el dolor en su abdomen no pararía si seguía riéndose, pero no dependía de ella ¡el maldito no paraba! Era especialista en todo ¡todo!, nunca la habían hecho retorcerse tanto por unas simples cosquillas, pero no… de nuevo con el príncipe saiyajin nada era simple. La punzada en su estómago no cesaba y sentía las lágrimas escurrirse por sus ojos, no creía poder aguantar más, se escondía de lado, boca abajo, en posición fetal, pero era inútil, él atacaba sin darle tregua, su cintura, su cuello ¡hasta sus pies!, y ahí era lo peor… se sacudía como un gusano intentando quitarle sus propios pies, ¡el muy perverso lo estaba disfrutando! Podía ver a ratos una sonrisa dibujada en sus labios y su semblante de triunfo se lo decía todo.

-¡por por por favor! Bastaaaa-se quejaba entre jadeos, ni en sus peores pesadillas (o sueños) se imaginó que algo así podría pasar… Vegeta estaba haciéndola reír de una manera única, claro él se estaba burlando de ella, pero estaban pasando un buen rato sin discutir y no era teniendo sexo ¡eso era un logro! ¿Quién lo diría? Volvió a esconderse de él boca abajo, ocultando su vientre ¿Qué atacaría ahora?, sintió sus dedos juguetones deslizarse por su cadera y a él colarse entre sus piernas, pero no se preparó para lo siguiente.

Un gemido resonó en la habitación cuando el saiyajin levantó las caderas de la princesa e ingresó su excitación latente en su intimidad húmeda. El chillido quejumbroso se guardó en los oídos del príncipe, sabía que había entrado sin prepararla pero ya había aguantado suficiente, verla desnuda sin saltarse encima de ella ya era mucho, pero verla sacudirse y reír lo puso al límite. Su erección dolía y necesitaba aliviarla, ella era la solución y la causa al fin y al cabo.

Ya empezaba a acostumbrarse a esas intromisiones inesperadas y dolorosas, siempre dolía… pero sabía que al rato pasaría, apretó las sábanas en puños con fuerza, suspiró con pesar y mordió su labio inferior para no quejarse, sentía las enormes manos de él tomar con firmeza sus caderas, siempre era tan excitante el manejo que tenía él sobre su cuerpo, era irónico pensar que la primera vez le molestó tanto que él la moviera como una muñeca y que ahora era una de las principales atenciones que él le daba y que le gustaba. Él la meneaba con experiencia, lo sentía entrar y salir a un ritmo acelerado, sus caderas chocaban y sus entrañas se quejaban por el ritmo.

-duele…-gimió sin poder aguantarlo más, y entonces pasó… él pausó las embestidas y se inclinó a su rostro, ella volteó a verlo y… él la besó. Sintió algo revolverse en su vientre y el calor inundar su pecho, sus besos eran la mejor cura para todo… le encantaba que la besara, sobre todo porque no era algo que hicieran todos los saiyajin, pero él lo hacía, y ella era la destinaria, le hacía sentir feliz con eso. Era algo de solo los dos… sus labios se movieron en completa sincronía, y sus lenguas salieron a reconocerse de inmediato, él volvió a embestirla pero sin soltar sus labios, movía sus caderas con experiencia y ella gemía entre besos en respuesta.

Llevó una de sus manos a la cabeza de ella y la acercó a su rostro para profundizar aún más los besos, la pasión que despertaba en ellos hervía a punto de ebullición, sus cuerpos accionaban y reaccionaban a la vez, el sudor pintaba la piel de ambos, y los gruñidos y gemidos se oían como una dulce melodía. Cualquiera que pasara por el pasillo fuera de la habitación podría oírlos, y la servidumbre podía corroborárselo a quién preguntara. Ya todo el palacio sabía que se habían reconciliado.

Él aceleró sus estocadas, la humedad que inundó su miembro lo ayudaba a introducirse con facilidad, ella soltó sus labios y él frunció el ceño en réplica, pero entendió su motivo, besó en cambio sus hombros y la mano que resguardaba su cabeza buscó un seno afortunado que palpar, atacó sin piedad y sus dedos se deslizaron por su botón acaramelado, erizándolo más y moviéndolo con premura, ella gimió más alto arqueando su espalda, levantando su trasero en el proceso, y él agradeció en silencio el gesto. Rodeó con ambas manos su cadera y con energía la meció sobre su erección mientras él embestía a la vez, ella hundió su rostro en la almohada para silenciar sus gemidos al llegar al placer, y él aprovechó esa instancia para alcanzar el suyo. Se movió más rápido extendiendo la ola de placer que invadía al cuerpo femenino, y él sintió la punta de su miembro sacudirse y su excitación palpitar, el cosquilleo se extendió por su cuerpo y su semilla se esparramó a los segundos después, hundió su estaca de carne caliente en su interior, dejando hasta la última gota perderse en ella, liberó su cadera de su agarre y se dejó caer sobre ella, ambos respiraban con dificultad, el besó su hombro otra vez y ella sonrió en respuesta.

-no me voy a levantar…-susurró una vez que recuperó el aliento, él posó su barbilla en su hombro y la observó en silencio, vio sus ojos cerrados y sus mejillas aún pintadas de rubor, su respiración seguía profunda pero no acelerada.

-te comportas como una niña-se quejó en respuesta.

-que seas más viejo que yo no es mi culpa-atacó sonriendo.

-¿viejo? Estoy en plena juventud mocosa insolente-dijo fingiendo irritación, salió de su interior a la vez que se levantaba, ella volteó a verlo sin dejar de sonreírle, y a él se le partió el pecho al ver semejante cuadro… ella era… no… no lo reconocería, no ahora al menos. No podía asumir que ella era lo mejor que le había pasado, no… imposible…

-¿Qué edad tienes Vegeta?-preguntó coqueta mientras gateaba al borde de la cama.

-25-respondió dándole la espalda…

-¡25! Ay dios mío ¡eres un abusivo!-se quejó de modo infantil, él arrugó el ceño y volteó a verla.

-¿perdón?-preguntó confuso

-¡apenas cumplí 16! Son como diez años de diferencia…-balbuceó más para sí misma que para ambos-¡es una perversión!-chilló escandalizada, él se acercó nuevamente a la adolescente, inclinó su espalda hasta quedar ambos rostros a la misma altura.

-si… me gusta la idea-susurró seductor acompañado de una sonrisa ladina, ella abrió los ojos en sorpresa pero al segundo después cambió su mirada por una juguetona, se inclinó y lo besó, él recibió gustoso el asalto de sus labios.- ¿y a ti?

-no importa… cuando estés arrugado yo seré una mujer joven y bella aún-respondió con burla. Él la miró serio, ocultando su humor… escondiendo lo que ella le provocaba. Aunque sabía que era en vano… ¿ya que caso tenía? La mujer no era tonta, seguramente ya se había dado cuenta de que él se sentía atraído por ella, él lo había demostrado tontamente, pero ya no importaba… él también le atraía a ella, era mutuo así que ¿Por qué sentir vergüenza al respecto?

-lamento informarte que los saiyajin envejecemos tardíamente…-ella chistó por lo bajo y se alejó de él con un puchero en sus labios. Negó sin dejar de mirarla, esos movimientos infantiles lo sacaban de sus casillas, ella tenía razón… era una perversión, cuando él estaba iniciando en su vida sexual ella estaba aprendiendo a ir al baño sola ¿cómo no iba a considerarlo como tal? A la larga eran diez años de diferencia que se sumaban a sus distingues culturales ¿cómo no iba a sentirse retrógrado en cuanto a ella? a sentirse extraño a sus gestos, a sus palabras y comportamientos… ella era una adolescente aún y él un adulto con su formación echa y sus pensamientos ordenados. Debía tener eso presente la próxima vez que la regañara por su comportamiento y pedir una explicación antes de tomar medidas como lo hizo en el pasado.

Sí, ahora pensaba distinto. Si quería tenerla a su disposición tendría que actuar de manera civilizada y como a ella le gustaba, más… más gentil a su manera, más atento.

Se acercó nuevamente a ella, dejando reposar una de sus rodillas en la colcha y ella esperó paciente por su tacto, se miraron fijamente ignorantes de lo que sus ojos reflejaban por el otro, ella sonrió sin poder evitarlo, y él guardó su sonrisa como una joya invaluable en su memoria. Levantó su mano y la acercó a su mejilla, ella agachó la mirada incapaz de seguir con ese juego, los nervios que él provocaba la hacían volverse tímida de repente, pero los nervios se esfumaron al instante en que el dedo pulgar e índice del saiyajin pellizcaron la piel de su mejilla, ella abrió los ojos en sorpresa y él sacudió suavemente el agarre ganándose un llanto quejoso de ella. Asintió a nadie en particular con su semblante de siempre y soltó su piel enrojecida por el daño. Se dio la vuelta rápidamente y se escabulló para asearse otra vez, no antes de esquivar un almohadón y oír un "idiota enfermo" a todo pulmón de la "princesa".

Comedor principal

Bostezó por quinta vez esa mañana, restregó sus ojos con su puño enguantado y movió su cabeza intentando despejar su mente, el dolor de cabeza no se disipaba, y ya había tomado dos píldoras para calmar el malestar, sentía su frente palpitar, como si tuviera vida propia, si estaba con resaca significaba una sola cosa… había bebido demasiado, su especie tenía resistencia en todos los sentidos, y el alcohol era uno de esos. Debió emborracharse en la madrugada porque no recordaba nada más después que sus padres se habían ido.

-menudo espectáculo el tuyo príncipe Tarble-soltó despectiva la Reina, el menor volteó hacia su madre y frunció el ceño, no tenía ánimos para discusiones y reproches de su progenitora, no esta mañana…

-hoy no madre… hoy no-gruñó más como un quejido, vio a su padre sonreír entre su bigote y negar con la cabeza, miró los puestos vacíos en frente y gruñó por lo bajo otra vez, su hermano se presentaba a las comidas en solitario, a Bulma no la veía desde la inauguración, al instante vinieron a su mente los recuerdos de ellos dos en el pasillo, sonrió con picardía, aun no tenía oportunidad para burlarse de su hermano mayor, pero ya encontraría el momento adecuado.

-entre tú y el príncipe Vegeta no hacen uno…-se quejó la mujer, el Rey soltó un bufido en contra y resopló mientras tomaba un sorbo de su agua caliente con sabor, la saiyajin volteó a ver al monarca con el ceño fruncido pero el hombre solo la ignoró-Vegeta jamás llegaba tarde… nunca se perdía las peleas del coliseo…-una mueca de reproche se formó en sus sensuales labios, el Rey sonrió al verla molesta, le gustaba así… y el calor del planeta no ayudaba a verla menos atractiva.

-no son interesantes simplemente-oyeron detrás de ellos, los tres se voltearon para ver al primogénito de pie con su semblante de siempre, un poco más severo al oír a su madre. Los dos adultos se movieron incómodos en sus puestos, odiaban cuando el menor hacía eso… aparecer de repente, su genio en el combate los hacía sentir orgullosos e idiotas a la vez al ser tan inferior al heredero.

-antes no te parecían así-debatió la mujer. El príncipe ignoró a su madre y se ubicó en su puesto al lado izquierdo de su padre. El Rey asintió a su hijo mayor y este respondió el gesto muy para el asombro del saiyajin mayor.

-hola hermano…-susurró el menor, Vegeta frunció el ceño al verlo echado en la mesa en estado deplorable.

-luces fatal insecto-el menor sonrió en respuesta muy al estilo suyo, el príncipe negó con la cabeza ocultando en vano la sonrisa que se formó en sus labios-lo has estado pasando bien al parecer…

-no más que tú-miró suspicaz a su hermano mayor con una sonrisa ladina en sus labios, Vegeta frunció el ceño y lo miró estrechando sus ojos, no fue necesario más de cinco segundos para saber a qué se refería su hermanito… sonrió en respuesta exhibiendo sus caninos, ambos padres miraron el intercambio con pensamientos distintos en mente, él, pensando en cómo cambiaban las cosas… aún recordaba cuando su primogénito se molestó con el embarazo de su reina, obviamente el niño en aquel entonces estaba celoso, pero cuando comprobaron el poder de pelea del bebé recién nacido que resultó ser bajo, el niño se burló y se alejó, con el tiempo, después de ignorarlo, le dio una oportunidad… y ahora aquí estaban, mirándose con complicidad y riéndose de algo que solo ellos entendían. No podía evitar que se le llenara el pecho de orgullo.

Ella en cambio, miraba la escena con repudio… odiaba que sus hijos la dejaran aislada de sus pláticas, se sentía ajena, se le llenaba el pecho de rencor, eran unos malagradecidos, ambos siempre la ignoraban y nunca le obedecían ¡ella les había dado la vida!, maldijo por lo bajo y miró el asiento vacío al lado del heredero al trono. Frunció el ceño y miró al príncipe Vegeta.

-¿y tú mujer? ¿Nuevamente no se presentará?-preguntó mordaz. El príncipe se sirvió de los alimentos disponibles en la mesa sin siquiera alzar la mirada en su dirección, la Reina lamió sus labios intentando calmar su rabia-¿es muy difícil contestar a tu madre y Reina?

-es difícil contestar preguntas estúpidas Madre-respondió siguiendo con su labor, el menor de los presentes hizo una mueca sabiendo que se venía a continuación, su madre y hermano mayor todo el tiempo discutían por tonterías, lo de ahora lo consideraba como tal, siempre empujando el tira y afloja… viendo quién ganaba, claro, siempre ganaba su hermano mayor… aunque sabía por qué siempre chocaban, ambos tenían el mismo carácter, fuerte, orgulloso y arrogante, era una pelea de egos constantemente.

-es un protocolo que siempre se ha respetado Vegeta…-musitó con calma en su voz, vio al príncipe dejar los cubiertos sobre el platillo de turno, alzar por fin su mirada y notó que ese brillo especial con el que lo había visto hace unos días se había esfumado, y en cambio aparecían esos mismos orbes vacíos, negros e intensos de siempre.

-protocolo de saiyas-respondió igualando la calma en su timbre de voz, ella tragó saliva imperceptiblemente, intentando ocultar el nervio que su propio hijo le producía.

-debe respetar nuestras normas…-dijo altanera, con la barbilla en alto mirándolo desafiante. Él igualó nuevamente su postura, se cruzó de brazos y la miró despectivamente.

-ella es una humana, puede hacer lo que le plazca… eso no nos afecta-frunció su ceño, respiró profundamente para calmar su ira creciente.

-¿puede hacer lo que le plazca porque es una humana o porque es tu mujer?-preguntó con diversión falsa.

-porque es mi mujer-asintió sorprendiendo a los presentes, su hermano se levantó de la mesa y lo miró con sorpresa y admiración, su padre sorprendido pero como siempre… orgulloso, todo lo que hacía su primogénito lo enorgullecía, enfrentarse a la mujer más temida del planeta era un ejemplo de eso.

-hmp-bufó molesta-si hicieran lo que quisieran cada zorra que te coges, no habría orden hijo-se burló sonriendo cínicamente a la vez que tomaba un vaso de jugo natural.

Esta vez fue el príncipe quién intentó calmar su rabia e ira, pero la molestia no se disipaba, aunque solo fueron segundos en que se demoró en responder, internamente parecían horas… él había insultado a la terrícola otras veces, preso de la rabia, cegado por su prepotencia y enojo del momento, pero él más que nadie sabía que ella no era una zorra… y estaba furioso con su madre por igualarla a otras mujeres, Bulma no era como otras mujeres como lo había insinuado su madre, es más, estaba seguro que por lo mismo lo había hecho, porque ella estaba consciente de lo valiosa que era la peliturquesa, y por eso vivía denigrándola, pero ¿Por qué? ¿En qué le afectaba a su madre su relación con la princesa? Debía indagar en eso… no era normal, él sabía que su madre era controladora y manipuladora, por ello no entendía en que ficha de su tablero personal calzaba su mujer.

-la futura reina de Vegetasei tiene todo el derecho a hacer lo que le plazca-soltó con desprecio, y se dispuso a comer dejando como zanjado el tema de discusión, su madre abrió la boca de sorpresa unos segundos pero se recompuso rápidamente, escondiendo su malestar mientras bebía más de su jugo de frutas.

-hijo-carraspeó su garganta llamando la atención del mayor de sus descendientes, el príncipe alzó una ceja en señal de atención-supongo que recuerdas que hoy sí debes estar presente.

-si Rey-respondió desinteresado- ¿quién ganó?-preguntó al aire.

-un Herajin-contestó su hermano menor mientras servía carne en su plato-miré su poder de pelea en mi Scouter y es como el de un saiya de Elite-vio a su hermano asentir mientras mascaba sin mirarlo, supuso que eso no era de importancia para el guerrero, su hermano era mucho más fuerte que un soldado de Elite, ninguno le hacía frente, los únicos que consideraba como oponentes "dignos" no eran de su propia especie, pero el hombre que había ganado era bastante fuerte, solo esperaba que pudiera entretener al príncipe y que no opacara su buen humor como lo había hecho su madre.

Aposentos de la Princesa

El vapor inundaba la habitación de baño, bien sabía que si quería combatir de alguna manera el calor del día, debía igualar la temperatura de su cuerpo con la del ambiente, y la mejor manera era dándose un relajante baño de espuma y agua tibia. Además destensaba sus músculos… a pesar de haber tomado una serie de medicamentos para los dolores corporales, quedaba presente un malestar que no se quería ir, supuso que era una consecuencia natural después de haber tenido relaciones con su "esposo", y más aún si habían estado como conejitos esos días… sus mejillas se sonrosaban de solo pensarlo.

No sabía cómo sentirse al respecto, ése saiyajin la hacía sentir como una mujer, en sus brazos se olvidaba por completo que era una chica de solo dieciséis años, era imposible no tocar el cielo con sus manos cuando él la hacía suya… era en esos momentos en los que no podía negar lo evidente, lo que siempre él decía, que le pertenecía… porque su cuerpo hacía oído sordo a sus reproches y solo obedecía al orgulloso hombre que demandaba sus caricias y sus atributos. Él hacía y deshacía, y temía que eso le pasara la cuenta… ¿él sabría lo que influenciaba en ella? ¿Él sabría el poder que tenía? ¿Realmente era importante?... sí… lo era, él tenía el dominio total y absoluto sobre ella, y era lo que más la aterraba. Estuvo meses completos intentando priorizar el rencor que sentía por el príncipe, haciendo caso omiso de sus verdaderos sentimientos, y aquí estaba… riendo como una tonta al recordar todo lo vivido hace unos días.

Es que saber que ella era del gusto de él la hacía sentir entre las nubes y las estrellas, era como si se le olvidara que ella fuera una princesa y pensara que era una campesina corriente en los brazos del hombre más poderoso e importante del planeta, que había encontrado a su anhelado príncipe… aunque este fuera muy diferente al de los cuentos de hadas, él no era romántico ni caballeroso. Pero no podía negar que era atento a su manera, ahora al menos… incluso cuando la tomaba de repente, era cuidadoso a su estilo… y le llenaba de afecto ese simple hecho.

Él parecía distinto… realmente sentía que la cuidaba, y ése Vegeta que la trató mal, despreció y dijo tanta cosa horrible a su persona ya no estaba. Era como si él se hubiera dado cuenta de algo. Es más, como si ella le gustara.

Era más que un simple gusto… algo le decía que él estaba interesado en serio, no solo en tener unos cuantos encuentros hasta saciarse, no. Él era menos salvaje de alguna manera, más consciente de su persona. Y un saiyajin no cambiaba de ese modo porque sí. Vegeta traía sorpresas, sorpresas que le costaba entender y trataba de analizar como si fueran el mayor enigma que sus ojos de científica habían visto. Y resultaba cómico porque solo era un hombre.

Pero un hombre que le gustaba… y que estaría más que maravillada en saber que él sentía lo mismo o más. No… no podía pensar así, debía concentrarse ¡no podía confiar en él! menos en tan poco tiempo… debía seguir la corriente y fingir. Continuar con su teatro.

¡Pero era tan difícil cuando había sido todo mágico y maravilloso! Sabía que era la mujer más satisfecha de todo el planeta, ¿sería que todos los saiyajin eran expertos en la cama?... ¿cómo le iría a Chi-chi? Ella tenía más experiencia al respecto, sonrió al recordar la primera mañana con él, era increíble que pudieran estar sin discutir, y llevándose bien dentro y fuera de la cama.

Flas Back

Sus músculos ardían y palpitaban como nunca antes lo hubiera sentido, necesitaba con urgencia algo que la ayudara a superar ese martirio, sí, estaba siendo dramática pero el dolor era insufrible, no era buena ejercitando y sentir el cuerpo resentido por mucho "entrenamiento" era algo de lo que la princesa no estaba orgullosa, miró hacia el lado solo para corroborar que el odioso del príncipe estaba como si nada… ningún rastro de fatiga o molestia, sentado a su lado cubierto con una suave sábana, comiendo frutas y mirando hacia el frente.

-¿los pediste?-interrogó con rabia al verlo tan radiante y ella sintiéndose fatal.

-ajá-asintió sin mirarla. La princesa frunció el ceño, sentía la envidia invadiendo su cuerpo ¡no era justo! Era como si la estuvieran castigando por sucumbir a los deseos carnales ¡pero no había sido la única! ¿Por qué él se veía como si estuviera saliendo de un maldito Spa?

-hmp imbécil-farfulló entre dientes, pero él pareció oírla de todos modos al voltear hacia ella.

-creí que te había dicho que no volvieras a insultarme-esquivó su mirada penetrante, estaba demasiado molesta para pensar en algo con que contrarrestar sus palabras, se sentía rendida… no le deseaba esto a nadie… era la única humana que debía soportar a un saiyajin en celos prácticamente, y sí, lo pasó bien pero las consecuencias no eran agradables… un momento… ¡no era la única!

-¡ay por dios! ¡Chi-chi!-soltó asustada a la vez que se reincorporaba en la cama de un salto.

-¿quién?-preguntó con el ceño arrugado, vio el semblante preocupado de la peliturquesa y le entró la curiosidad.

-¡la mujer de Goku!-respondió en tono obvio-debe sentirse fatal… debo ir a verla-habló sin dejar de parecer preocupada, intentó poner un pie fuera de la cama, pero era difícil, sus piernas se sentían pesadas y adoloridas.

-¿A dónde crees que vas?-preguntó con diversión mientras sostenía la muñeca de la princesa-ningún Saiyajin quiere ser molestado en estas fechas, menos si tiene mujer.

-¡a Goku no le-

-Kakarotto es un saiyajin, como todos-interrumpió molesto-y seguramente su mujer está acostumbrado ¿acaso no tienen Luna en la Tierra?-alzó una ceja mirando incrédulo

-eh… si pero…-confundida miraba al príncipe sin saber si levantarse o no.

-¿entonces? Ellos están juntos desde antes que ese insecto llegara a Vegetasei-volteó a concentrarse en el recipiente de frutas, la peliturquesa lo quedó mirando aún más confundida.

-¿Qué quieres decir con eso Vegeta?-preguntó gateando con mucho esfuerzo hacia él, el príncipe dejó de mirar el frasco medio vacío y la observó con su semblante habitual.

-que ya tiene que estar acostumbrada-se encogió de hombros y siguió con lo suyo, pero la humana quería seguir platicando…

-¿cómo sabes que están juntos desde antes?-interrogó curiosa, vio al saiyajin acomodarse en su puesto, recargar su espalda en el respaldo elegante de la cama y mirarla sin expresión aparente.

-el imbécil lo ha mencionado otras veces…-Bulma abrió los ojos en sorpresa y la sonrisa que se formó en su cara deslumbró al saiya.

-¡le prestas atención!-chilló emocionada, el guerrero soltó el recipiente de sus manos del asombro, frunció el ceño irritado y nervioso desvió la mirada de la mujer-¡es genial saber que se llevan bien!

-¡no seas estúpida mujer! yo no me llevo bien con esa sabandija-gruñó molesto-¡borra esa sonrisa de tu fea cara!-la princesa se quejó en voz alta y se le lanzó encima indignada, iniciaron un forcejeo infantil, atrapándose las manos, empujando y peleando por el puesto de encima, los gruñidos pasaron a ser sonrisas burlonas, y las quejas a tiernas risotadas, pronto la diversión cambió de estilo, la entretención se cargó de pasión y terminaron enredando su cuerpos otra vez.

Fin Flash Back

Negó con la cabeza a sus propios recuerdos, no dejaba de sentir una ola de vergüenza al rememorar sus encuentros, pero lo más inquietante era el deseo que surgía al pensar en todas las veces que se rindieron al placer. El cosquilleo en su intimidad era inevitable y la mano que bajaba hasta su entrepierna la sorprendía. A pesar de todo el goce que había sentido en manos del saiyajin ¿seguía con ganas? ¿Cómo era eso posible? ¿Tendría que ver ese mismo hecho? Es decir, el haber estado constantemente teniendo sexo había despertado su libido… era probable, y no tan descabellado ¿no? Pero no había tiempo para tocarse.

Él había sido claro antes de dejarla sola, debía prepararse para la clausura del rito lunar, y esta vez debían estar presentes sin excepción, y como tal, estar arreglada a tiempo, no habían excusas. Por lo mismo, había ido a su habitación con tiempo de sobra, le resultó extraño volver a sus aposentos después de haber estado encerrada en los del príncipe, y no había notado cuanto extrañaba sus cosas. Aunque la comodidad que sintió con el guerrero hizo que pasara desapercibido y sobre todo, se sintió acogida, por lo que ni siquiera había pensado en ello.

Pero la vestimenta que debía usar la habían dejado en su cuarto, así que ya debía salir de la bañera, lo quisiera o no. De mala gana se puso de pie, salió de la tina y se envolvió en una toalla suave. Leila había dejado su ropa en su cama, se acercó a mirar el vestido que era nuevamente blanco, pero el diseño era diferente.

Lo tomó entre sus manos, sus dedos se deslizaron por la suave tela, podía notar la traslucidez de la prenda y automáticamente se escandalizó, bien… ella no era pudorosa con exhibir su cuerpo, era hermosa al fin y al cabo ¡pero no quería mostrar más de lo necesario! Por la forma del vestido no había manera de usar un brasier, el diseño era lindo… pero definitivamente no quería llevarlo puesto. Lo peor del asunto, que no podía cambiarlo… Leila había sido inquisitiva en el propósito, era la vestimenta de las hembras de la realeza, no podía vestirse diferente.

Suspiró con pesar y secó su cuerpo, aplicó loción corporal por su piel, masajeó con cuidado en círculos, buscó unas bragas que vinieran a juego con el vestido, no fue difícil encontrar unas tangas blancas, tomó el vestido y se deslizó en él. El maldito vestido se adecuaba a la perfección a su cuerpo, maldijo por lo bajo y se acercó a un espejo para poder observarse. Frunció el ceño a su reflejo, el escote era parecido a un strapless, debajo del busto había una franja que hacía de soporte a sus montes, la banda de la misma tela tenía diseños plateados, terminaba por su espalda en un nudo simple, donde el resto se extendía hacia abajo en un amarre hasta su brazo que no tenía tirante, hacía una unión sutil y elegante, un solo lado tenía tirante dejando un hombro completamente al desnudo, no había mucha diferencia con el resto de su cuerpo de todos modos… podía ver sus senos a través de la prenda, su abdomen y sus piernas, era una vista tenue pero de todas formas se veía. No podía negar que se veía estupenda, el diseño era bastante más bonito una vez puesto. Tenía una cola larga, se formaban unos bonitos pliegues a los pies y por el resto de la tela que se extendía por el suelo.

Se dio la vuelta para mirarse por detrás, podía ver su ropa interior ¿tenía que ser tan exhibicionista? la vergüenza se coló en su cuerpo. ¡No quería salir así! Por delante era más frustrante, sus pezones eran los que más se notaban, al tener la piel pálida solo ese sector pintado de rosa resaltaba. Negó con la cabeza, ¡debía dejar la "timidez" a un lado! las saiyajin no tenían problemas en mostrar su cuerpo, estaban orgullosas de su belleza natural ¿Por qué debía ocultarse entonces? No… se mostraría con porte y elegancia, sabía que era hermosa y no debía sentirse insegura. Además… moría de ganas de ver la cara de Vegeta cuando bajara.

Cubrió sus labios con su mano al pensarlo, intentando calmar la sonrisa tonta que se formaba. Caminó hasta su tocador y pensó en que peinado hacerse… miró la hora y vio que faltaba para bajar. Sonrió a su reflejo y tomó su cepillo.

Sala de Estar

Solo el príncipe Vegeta lucía su armadura Real, el resto de su familia vestía ropas tradicionales de festejo, los hacía verse menos estrictos y relajados, sobre todo al Rey, ambos, padre e hijo menor vestían pantalones holgados de color negro, sus torsos descubiertos, y sus capas rojas resaltaban entre los tonos que se formaban, las puntas de la tela estaban sujetadas por una cadera de oro. La Reina lucía un vestido blanco transparente, el escote en V se perdía en su obligo, los tirantes se extendían hasta formar una capa larga que caía al suelo. En su cintura una banda del mismo color del vestido se envolvía, formando un rosón en su cadera.

Estaban hace unos cinco minutos esperando a la terrícola, la Reina echaba humos, cualquier situación relacionada con la muchacha la ponía al límite. El príncipe Vegeta perdía la paciencia, sus brazos cruzados se tensaban y sus dedos golpeaban sus músculos, una mueca de fastidio se formaba en sus labios y su ceño fruncido dejaba al tanto al resto que no estaba de buen humor.

La discusión con su madre en la mañana lo dejó molesto, pero más que nada era la curiosidad lo que lo impacientaba, no saber que se traía entre manos la mujer en frente de él era inquietante por no decir angustiante. Su madre era una mujer con armas de tomar, era conocida por salirse siempre con la suya, muchos decían que quién reinaba era ella, que su padre hacía lo que a ella le parecía… él sabía que no era así, su madre opinaba, sí, eso era cierto pero su padre solo la tomaba en cuenta cuando consideraba que tenía razón.

La presencia de ella lo sacó de su trance, últimamente estaba mucho más susceptible a su energía, era otro motivo más que lo hacía confundirse y recordar su último pensamiento sobre ella. Alzó su vista hacia la escalera, y sus ojos se desorbitaron ante lo que vio, tragó saliva y se movió inquieto en su lugar. Su mujer bajaba con elegancia, una de sus manos sujetaba la cola de su vestido, la otra se alzaba con gracia a su lado. Miró su cuerpo con hambre en sus ojos negros, pensó seriamente en tomarla de su mano y llevarla de vuelta a sus aposentos, pero no podía… cuando ella llegó a su lado tuvo que hacer un esfuerzo para mirarla a la cara, lucía tranquila y segura, eso la hacía más bella aún.

Fue en ese entonces, en que oyó carraspeos de garganta y que una teja imaginaria cayó en su cabeza… ¡todos la verían así! Sintió su ojo izquierdo temblar en un tic nervioso y la mueca de su labio acompañarlo. Volteó rápidamente a ver a su padre y hermano que la miraban fijamente, pero no a la cara, entonces gruñó bajo audible para sus homólogos. Ambos saiyajin brincaron de modo sutil en su puesto, uno alzó la mirada al rostro de la princesa y el otro desvió la mirada.

-¿me demoré mucho?-la voz de la peliturquesa llamó la atención del resto, Tarble negó con la cabeza y le sonrió.

-luces estupenda-halagó el menor-¿vamos?

-siento que hace semanas que no te veía pequeña-habló el monarca, Bulma sonrió nerviosa ante su acusación, sus mejillas se tiñeron de un rosa pálido que se encendió rápidamente a un carmín.

-ya dejen de estupideces y vámonos-se quejó la Reina, la terrícola frunció el ceño ante su tono, esa mujer siempre era así… tan agresiva y mal humorada. Volteó a verla y rápidamente quitó la mirada de su persona. ¡Lucía endemoniadamente sensual! Ella no se veía acomplejada por la transparencia, es más parecía estar acostumbrada ¡malditos saiyajin y su seguridad!

Se dirigieron rápidamente al Coliseo, esta vez no subieron a la tarima privada, por el contrario, se mantuvieron en el primer piso. Se adentraron camino hacia la Arena, y los nervios en la adolescente crecieron, miraba la espalda de los tres saiyajin adelante y se preguntaba qué pasaría ahora. Había una sensación extraña en el ambiente, ya no los percibía tan eufóricos como antes, pero si estaban ansiosos, ahora más que nunca comprendía ese afán que tenían los saiyas por las peleas, podía deducir que a eso se debía lo de ahora. Volteó a ver al príncipe a su lado, entonces notó lo poco observadora que fue ¿Por qué solo Vegeta lucía una armadura?

-¿Vegeta?-susurró solo para él, aunque el resto oyó de todas formas, el príncipe volteó hacia ella, pasó una mirada fugaz por su delantera hasta toparse con su mirada oceánica repleta de confusión, alzó una ceja en señal de atención-¿Por qué solo tú vistes tu armadura?

-porque la usaré-respondió sin interés, vio el rostro de la chica mancharse con más confusión-¿Qué?

-¿cómo que qué? ¡Explícame!-pidió con reproche

-¡lucharé mujer!-alzó su voz con fastidio-creí que eras inteligente-bufó burlón y volvió su atención al camino.

-¿eh? ¿Con quién?-oyó el miedo en su voz, frunció el ceño y la miró, intentando entender que pasaba por la mente de su mujer, ver la preocupación dibujada en sus facciones lo llenó de "algo" indescriptible, ¿ella estaba asustada por él? ¿Temía por él?

-con el ganador de las luchas anteriores-ella no pudo responder cuando ya habían llegado a la arena, la luz de la luna iluminaba el escenario, la multitud entusiasmada se oía a la perfección, podía ver a los guerreros y guerreras de las primeras filas gritando y aplaudiendo a la Realeza; se dirigieron al centro del círculo, el Rey alzó las manos saludando al público e hizo un gesto con la mano, Vegeta dio un paso delante y la muchedumbre rompió en aplausos y gritos. Bulma se sorprendió al ver el apoyo que recibió el guerrero, miró al hombre que parecía tranquilo y confiado, los nervios no dejaban su cuerpo, estaba asustada… no quería que él luchara, no quería que nada malo le sucediera.

Su atención rápidamente se vio dirigida a una puerta en el otro extremo del círculo, donde pudo ver a un sujeto de piel azul salir de allí, la población aplaudió, no con tanto entusiasmo como al príncipe, pero lo vitorearon de todas formas. El guerrero se acercó a ellos a una velocidad sorprendente para ella, que sintió familiar al recordar cuando su amigo y "marido" se enfrentaron en el bosque.

El hombre de cerca era bastante atemorizante, su cuerpo era similar al de Raditz pero mucho más alto. Vegeta parecía un niño a su lado, tragó saliva y miró al hombre que le quitaba el sueño, seguía pareciendo sereno, ¿debía confiar en su tranquilidad? Junto sus manos nerviosas, alzó su mirada cuando notó que todos se concentraron en ella. Frunció el ceño a su familia política, y entonces un destello azul con naranjo llamó su atención, miró hacia el frente y vio al guerrero caminar hacia ellos, pasando de largo por Vegeta, la multitud se quedó en silencio, el príncipe volteó hacia el guerrero con el ceño fruncido, cuando vio al hombre acercarse comprobó que de hecho era bastante apuesto. Sus facciones eran duras, se veía un hombre masculino pero atractivo. En cosa de segundos el hombre se paró en frente de ella.

Sus ojos eran azules, su pelo caía en una trenza desordenada hacia atrás, sus cejas espesas descansaban en un ceño fruncido pero no como el del príncipe, tenía un toque de relajo el del hombre azul. Su pecho estaba al descubierto, mostrando su trabajado cuerpo y sus pantalones anchos eran blancos con un cinturón rojo, unas espadas estaban sujetadas al lazo. Vio al hombre detenerse a un metro de ella, tragó saliva, sentía que habían pasado minutos pero no era así… habían sido cosa de segundos y lo sabía porque Vegeta no había tenido tiempo de moverse de su puesto.

El Herajin le sonrió de modo seductor, notó como el hombre la miró de pies a cabeza, y le disgustó. No era la forma en que la miraba Vegeta, no… era diferente, se la estaba comiendo con los ojos como el príncipe lo hacía, pero no la hacía sentir como él, sintió repulsión y quiso con urgencia un abrigo para cubrirse. El sujeto escondió su mano detrás de su espalda, y lo próximo que vio fue como se agachaba de rodillas y sacaba entre sus manos una bella flor azul, que ella comparó a una rosa.

Abrió los ojos en sorpresa, el guerrero alzó su mano y le extendió la encantadora flor, dudosa, recibió la rosa y admiró su belleza.

-gracias… es hermosa-susurró de modo cortés, el hombre se levantó y tuvo que mirarlo hacia arriba para poder ver su rostro.

-esa flor es una burla en comparación con su belleza, princesa-parpadeó confundida, el hombre la reverenció y le dio la espalda volviendo hacia el centro de la arena junto a su "marido"… ¡su marido! Asustada volteó hacia el príncipe, pero… él no demostraba nada, ni un ápice de molestia o celos, frunció el ceño desilusionada, sí, le molestaba cuando él la celaba pero ahora… ¡ahora habían motivos! ¿Qué rayos pasaba por la cabeza del príncipe tonto?, suspiró intentando ocultar su angustia aparente, notó que el público seguía en silencio.

-ven Bulma-la voz del Rey la hizo voltear hacia él, vio la mano del monarca extenderse en una invitación hacia ella, halagada por el gesto tomó un lado de su vestido y caminó hacia él, el padre de su marido posó su mano en su hombro y la guió a una especie de tribuna privada, un sector aislado de la galería pero que de cierto modo era más cercano al público que al anterior que visitó. Subieron a sus puestos y se sentaron, está vez ella se quedó al lado del Rey, representando al príncipe.

-morirá de una forma desastrosa-oyó decir a Tarble

-¡¿morir?! ¿Vegeta va a matarlo?-preguntó asustada, la Reina se inclinó levemente para verla a la cara.

-¿te preocupa que muera ese peleador? Lástima que mi hijo deba luchar con el que te gustó como amante-dijo en tono burlón. El calor que se incrustó en su pecho dio paso a la rabia e ira, ¿cómo se atrevía a insinuar que quería engañar a Vegeta? ¡Ella no era de esas mujeres!, frunció el ceño y respiró con dificultad tratando de calmar su rabia creciente.

-odio las peleas y muertes innecesarias-hizo una pausa para no enredarse con las palabras-en mi planeta no se hacen este tipo de cosas… y no tengo tiempo de estudiar posibles amantes ¡su hijo no me da tiempo ni me deja con energías para eso!-escupió con rabia y ver el rostro de la Reina fue inigualable. Su mirada llena de odio y su mueca de disgusto amainó su reciente indignación. Valió la pena su insinuación, ella no se dejaría opacar por su "suegra".

-lamento decirlo Bulma-habló el Rey-pero estas luchas son a muerte y con la falta de respeto que le hizo ese herajin a mi hijo y al pueblo… es inevitable el resultado-el Rey no despegaba su mirada de la arena, donde los peleadores entraban en calentamiento.

-¿falta de respeto al pueblo y a Vegeta?-miró extrañada al Rey que parecía más relajado que nunca, de la nada lo vio con una jarra en sus manos y notó entonces que no estaban solos, de repente había una serie de criados sirviéndoles aperitivos y alcohol.

-su acto deshonró al Reino… lo pagará caro-dijo pensativo mientras acariciaba su bigote. La princesa frunció el ceño y miró a los guerreros que se ponían en pose de combate.

-¿él estará bien?-le preguntó con una mano aplastando su pecho, el monarca volteó hacia ella confundido-Vegeta… ¿él podrá ganar?

-¿bromeas? Mi hijo no se dejará vencer por ningún motivo… menos ahora con la humillación pública

-¿humillación pública? ¿El haberlo ignorado o lo de la rosa?-preguntó mirando el presente que descansaba en su regazo.

-ambas… ya va a comenzar-sonrió el Rey; fue extraño conversar más de un minuto con el monarca, pero no se sintió mal. Volteó a ver la arena y la ansiedad y el miedo volvieron de forma recargada. Suspiró con pesar, sintió sus manos temblar y el nudo en su estómago se sintió más pesado, miró a ambos hombres siendo observados por todo el público.

Por primera vez en su vida, deseaba la muerte de alguien. Pero había un motivo específico para eso, era ese desconocido o Vegeta. Y la sensación desagradable en su cuerpo le dejaba en claro que no quería quedar viuda. Era normal temer por la vida de alguien a quien conoces, pero lo que sentía la humana rallaba más allá de lo normal. En su situación al menos… sin saberlo, la adolescente temía por la vida de un ser al que aunque ella negara, quería. Lo quería más allá de lo que podía imaginar. La tortuosa relación que existía entre la joven pareja hacía que los propios protagonistas no notaran lo que empezaba a nacer entre ellos, aunque uno de ellos ya había sido consciente de que la palabra que empezaba con "A" y terminaba con "mor" se había instalado en él y dudaba seriamente que lo que le pasaba era una simple atracción.

En la arena, el príncipe Vegeta lucía calmado, se había desprendido de su capa y la había lanzado a la orilla del círculo espacioso. Miraba al Herajin con desprecio, había pensado antes de entrar, que terminaría rápidamente con la farsa, para luego ir a la llanura, comer e irse con su mujer. Pero el idiota que lo miraba con una sonrisa arrogante dibujada en su rostro había sobrepasado el límite. Y debía pagar por ello.

Lo haría sufrir… con dos de sus dedos lo invitó a iniciar el espectáculo, el sujeto azulado frunció el ceño y se lanzó rápidamente al ataque, era veloz, pero no más que Kakarotto… lo cierto era que últimamente se veía comparando a cada contrincante con el amigo de su mujer, el saiyajin avanzaba a pasos enormes, estaba seguro que era el segundo guerrero más fuerte en el planeta. Y el cadáver caminante que tenía en frente no se comparaba a su Mano derecha.

Entró en calentamiento en unos quince minutos jugando con su oponente, los combos y patadas venían e iban de forma uniforme, la multitud aplaudía y gritaba con excitación, a pesar de que los efectos de la Luna empezaban a disminuir, la población saiyajin siempre se apasionaba al ver a su príncipe pelear. Siempre era digno de ser apreciado, y él respondía con una actuación brillante.

Pero empezaba a aburrirse, y su oponente al parecer también. El herajin se alejó unos diez metros de distancia, notó como tomaba posición de concentración ¿así que se pondría serio? Sonrió petulante y dejó descansar sus manos en sus caderas con superioridad, dándole el tiempo necesario a su contrincante para prepararse y divertirlo aunque sea unos minutos.

El guerrero gruñó irritado al ver la postura arrogante del príncipe, sabía que tenía fama de orgulloso ¡pero era odioso! Le quitaría esa sonrisa burlona y lo deshonraría delante de su pueblo y delante de su mujer. Elevó todo su poder de pelea, los bip de los scouter sonaron por todo el Coliseo retumbando como una molesta melodía, el público se calló y fue testigo de una transformación sorprendente. El guerrero aumentó su masa muscular y su piel mutó de azul a un verde lima, su pelo se erizó levemente y se tornó rojo. Pero ni así sorprendió al príncipe.

Vegeta vio con aburrimiento como el guerrero terminaba su ascensión, hizo crujir los huesos de su cuello y se lanzó rápidamente adelante, el herajin pareció no haberse dado cuenta y reaccionó tarde al dar un paso atrás en vano, el príncipe insertó un fuerte puñetazo en la mandíbula del guerrero, este calló unos metros a una velocidad impresionante chocando finalmente con la muralla que rodeaba el escenario.

Bulma vio con asombro el desempeño del saiyajin, sus manos se apretaron en puños mientras que se inclinaba hacia delante para no perderse detalle, Vegeta iba ganando por lejos, vio como el príncipe daba la espalda al guerrero y pensó que la batalla había terminado. No era necesaria más demostración de poder, el sujeto pareció mostrar su as bajo la manga y aun así el saiyajin lo despreció y derrotó con rapidez. Pero eso no era lo que tenía planeado su "esposo".

El público rugió con la actuación del heredero, por algo que a ella pasó desapercibido, frunció el ceño confundida y volteó hacia sus compañeros de asientos al oírlos reír, tragó saliva al ver el semblante siniestro en los saiyajin a su lado, volvió a mirar al príncipe y lo vio mirando hacia el cielo, no supo porque pero algo la hizo ponerse de pie dejando caer la hermosa rosa a sus pies. Caminó súbitamente hacia delante a la barandilla, sus manos temblaron y entre estremecimientos se afirmaron de la barra de acero.

Vio aterrorizada como SU Vegeta temblaba bajo los rayos lunares, desde la distancia pudo apreciar como su cuerpo crecía con rapidez, abrió los ojos como plato al ver como su piel se teñía de pelos marrones, su boca se ampliaba hacia delante, formando como un hocico de animal, sus colmillos se alargaron y ahora toda su dentadura se veía filosa y peligrosa. Cubrió su boca con su mano y miró perpleja como el príncipe se transformaba en un mono y para colmo, gigante.

El rugido cubrió el Coliseo, opacando con creces el bullicio de la población satisfecha gritando y aclamando al Ozâru que se golpeaba el pecho y gruñía salvaje. El muerto viviente miró con horror como el mono de más de veinte metros de altura aullaba haciendo temblar la tierra, el saiyajin pisoteó fuerte el suelo, sintió remecerse en su lugar por el impacto, supo en ese entonces, en que los ojos rojos escarlata se posaron en su cuerpo, que moriría.

Las lagunas de sangre se fijaron con atención en su víctima, gruñó por última vez al cielo y dejó escapar un rayo de ki de su boca al viento, bajó su cabeza peluda y se fijó nuevamente en el herajin que temblaba, podía oler su miedo. Su lengua se deslizó por sus dientes y de un ágil movimiento de mano tomó al hombre musculoso, dejándolo sin escapatoria. El rostro del hombre estaba en completo shock, su piel había perdido color y sus ojos brillo, maldijo por lo bajo al verlo sin ánimos de vivir, quería quitarle esa sonrisa ridícula del rostro y cambiarla por una mueca de horror, pero no por una inexpresiva. Quería ver miedo, desesperanza, deseos de vivir y que él le arrebataría con gusto, pero no… con rabia lanzó el cuerpo al suelo y del impacto se quebró por completo, el público estalló en aplausos, y con desprecio aplastó al sujeto con su pie, sintió su pata humedecerse por la sangre escurrida en la arena pero no se detuvo, pisoteó una, dos, tres, cuatro y cinco veces, para finalmente no ver rastros del imbécil que osó en seducir a su mujer.

Rugió al cielo, se golpeó el pecho con sus puños y liberó rayos de poderoso ki, el público celebró y él les permitió disfrutar. El rito había terminado, el Rey dio el permiso para que siguiera la celebración en la llanura lunar, él se quedó mirando el cielo nocturno que abrazaba a su planeta, observó hipnotizado el orbe blanco que iluminaba el cielo oscuro. Amaba la sensación de poder que lo abarcaba, la sangre caliente y el instinto primal encendido. Hace tanto tiempo que no se transformaba que había olvidado como se sentía.

-¿Vegeta?-un leve gruñido se escapó de su garganta al comprender lo que había hecho… se había mostrado en su naturaleza frente a ella, volteó hacia el sector privado de la realeza y ahí se encontraba ella, afirmada al barandal, sus padres ya se habían retirado y pudo ver a su hermano salir de los últimos, solo dio un paso para quedar frente a la galería, sus ojos rojo sangre miraron a la ninfa que tenía en frente, casi se sintió culpable por mirar a semejante criatura con sus ojos cargados de muerte, él había visto destrucción y desolación, y se sentía indigno mirando la fragilidad y paz. La princesa lo observaba asombrada-¿estás bien?

Él rugió.

-¿te duele?-preguntó temerosa, él frunció el ceño y extendió su mano hacia ella, la peliturquesa miró la palma gigante en frente de la baranda y no hubo paso para la duda. Recogió su falda en un repollo desordenado, y subió su pierna cuan escaladora profesional por la barra de acero. Su pie cayó de lleno a la piel de la bestia gigante que la observaba, no pensó que podía dañarla, que podía caer o que él no estaba en sus facultades normales para entenderla. No… ella solo quería estar con él.

Cayó sin experiencia en la mano del gigante, gateando se acomodó en el centro de la palma morena, vio de cerca los pelos marrones que se mostraban orgullosos, oyó un golpe estruendoso, bajó la mirada y notó la cola ahora enorme sacudirse de lado a lado golpeando todo a su paso. Tragó saliva ante la altura, normalmente le daría igual volar un avión o helicóptero, pero ahora estaba estática en la mano de un mono gigante… ¡menuda experiencia! Alzó su mirada al rostro del mono, su cuerpo se movió solo. Se puso de pie con dificultad, sus tacos enterrándose en la piel dura del saiyajin transformado, extendió su mano para poder tocar su nariz, y él se acercó sin problema.

Estaban solos… ¿Cuál era el problema con dejarse mimar por ella?, la princesa acarició su hocico con suavidad, a pesar que su piel era más resistente de lo usual, ella parecía no notarlo o pasarlo por alto simplemente. Se quedaron así por unos minutos, en un silencio cómodo.

-tu armadura es bastante resistente-susurró ella, y le pareció verlo sonreír aunque solo vio sus caninos asomarse.-estaba asustada… aunque veía que ibas ganando… estaba muy nerviosa-confesó muy para su propio asombro, pero el miedo de perderlo la hizo expresarse, la incertidumbre de no saber que esperar en el combate le había jugado malas pasadas, creía que en cualquier momento el sujeto usaría sus espadas y cortaría a su amado… ¿su amado? Su corazón se detuvo en ese momento… no. No podía estar sintiendo eso… no podía dejarse sentir algo así con Vegeta.

-tonta-abrió los ojos asustada y del asombro cayó de espaldas en la mano de la bestia dejando en el olvido su reciente pensamiento.

-¡¿puedes hablar?!-chilló impactada.

-claro-rugió él, haciendo temblar el cuerpo de la mujer por los altos decibeles de su timbre de voz, él no esperó a que ella respondiera y la dejó donde estaba. Antes que pudiera quejarse, lo vio cerrar los ojos y concentrarse. A los minutos después Vegeta había perdido la transformación y había vuelto a ser el de siempre. El príncipe se elevó en el aire y se acercó a su mujer-ven-la peliturquesa obedeció sin preguntar y fue alzada en brazos. Se fueron volando al penúltimo lugar de la noche.

Llanura Lunar

Los grandes árboles que rodeaban el área se movían por la ligera brisa cálida que los envolvía, el satélite natural iluminaba en toda su gloria el parque natural, las hectáreas que componían el recinto estaban fraccionadas en diferentes áreas, el prado plano era donde todos se reunían a comer, beber, y presenciar los bailes.

El cielo normalmente oscuro, brillaba elegante con la decoración lunar, la roca blanca era más grande que la de la tierra, lucía más amplia y hermosa, en la planicie no había más luces que pequeñas velas en algunos candelabros, como la especie nativa tenía buena visión, no necesitaban más luz que esa, y por lo mismo, las estrellas y la luna resplandecían en absoluta libertad, eran los protagonistas de la noche. Para la mayoría al menos.

La princesa se movió incómoda en su puesto, miraba a su alrededor en absoluto asombro y hasta repulsión, veía a los saiyajin beber, gritar, casi copulando por cada esquina, y los que no, estaban pegados mirando a las exuberantes mujeres con poca ropa que bailaban. En su vida había visto un baile erótico, pero estaba segura que lo que hacían las bailarinas era muy similar a ello. Lo que más la inquietaba era lo voluptuosas que eran, mirándolas dudaba seriamente de sus atributos.

Y los celos se la comían viva pensando en el príncipe viéndolas… no sabía si él estaba atento al baile, no quería voltear a observarlo, no tenía intenciones de parecer sicótica con el asunto, pero la ansiedad y la inseguridad ya se habían instalado en su pecho y no tenían intenciones de esfumarse. Sentía su estómago quejarse, no había tocado bocado, había una serie de manjares deliciosos a su merced pero nada se antojaba a la adolescente, miraba a cada hombre y mujer saiyajin alegres y entusiastas con las "bailarinas" que pronto catalogaría como stripper. Una mujer pelirroja se acercó a la mesa de ellos, caminó sensualmente en frente de cada uno, exhibiéndose, y ahí no pudo aguantar. Volteó excusándose de mirar a la ahora mujerzuela para ella, vio a cada saiyajin observar a la fémina, incluso la reina… pero se centró en quién le importaba.

El príncipe dejó de engullir un trozo de carne y alzó la vista en el momento en que la chica pasó por su lado, y la cólera se subió por la garganta mezclada con bilis, sintió su pulso acelerarse y sus mejillas calentarse, no duró más de dos segundos el intercambio, él ni siquiera miró el cuerpo casi desnudo de la mujer, siguió comiendo restándole importancia al asunto. Y el consuelo que recorrió su menudo cuerpo fue irreal.

No podía ni tenía la moral para negarlo, sintió más celos que nunca, en toda su vida se había sentido así antes, ni siquiera cuando lo vio con Paprika podía decir que lo que la invadió fueron celos. Pero ver que él parecía no importarle la hembra y mejor, darse cuenta que ni siquiera estaba mirando el espectáculo de las bailarinas le devolvió la seguridad.

Soltó el aire que no sabía que contenía, sintió su vientre relajarse y su pulso suavizarse poco a poco, se recargó en el respaldo de la silla con alivio, cerró sus ojos unos segundos… habían sido demasiadas sensaciones para un solo día. Ahora que estaba en "calma", pudo pensar con mayor claridad los eventos recientes… había visto a Vegeta asesinar a un hombre, y ni siquiera sintió empatía por ese pobre sujeto ¿Qué pasaba con ella? ¿Se estaba volviendo insensible igual que el resto de los saiyajin? Frunció el ceño ante esa idea. No era posible que dieciséis años de formación se fueran a la basura por convivir ocho meses con los salvajes, pero en el planeta trataban la muerte como algo tan insignificante que quizás se le estaba contagiando. Pero eso no era bueno… ella más que nadie, valoraba la vida de todos pero había algo que no se borraba y no podía olvidar… el hecho de desear la muerte de otro a cambio de que él viviera. Porque sí, en este caso era así, o era Vegeta o el herajin. Y ni siquiera lo dudó, ella votaba por su "esposo".

(…)

Degustó la sexta pieza de ave al horno, tanto tiempo sin transformarse le había hecho olvidar toda la energía que perdía en su modo Ozâru. Debía recuperarla si quería repetir las noches anteriores. Comió más rápido que otras veces, dejó caer un trozo de carne al platillo pero lo dejó pasar, siguió mascando sin darle importancia a nada en particular. Solo paró para beber un poco.

Cuando sintió su cuerpo agradecerle el gesto, calmó su ritmo, fue más consciente de su alrededor, oyó a los soldados reír y chillar, a su hermano silbar y a su madre bufar por su comportamiento, su padre al igual que él, solo comían en silencio. Oyó un grácil suspiro a su lado, y giró levemente para mirarla. Parecía cansada, estaba apoyada en el mesón, mirando el baile de las hembras, o más bien el vergonzoso espectáculo de los machos saiyajin.

Ella se percató de su atención y volteó a verlo, se quedaron mirando unos segundos sin decir ni expresar nada, ella volvió su atención al frente, ¿le pasaría algo? Frunció el ceño confundido, bajó la mirada a su platillo y notó que no se había servido ningún alimento. La molestia fue inmediata, la preocupación instantánea y la duda absoluta… ¿estaría enferma? ¡No podía enfermarse hoy! Miró el resto del buffet buscando algo de lo que creía podría ser del agrado de la humana, pero no alcanzó a decidirse por uno cuando vio un cubierto atacar el trozo de carne que había caído en su plato.

Abrió los ojos sorprendido al ver a la princesa robando de SU comida, miró a la peliturquesa que mascaba sin apuro el alimento sin dejar de mirar a las bailarinas, no sabía si molestarse al respecto… era su comida, él no dejaba que nadie le arrebatara lo que era suyo y no compartía con nadie, pero ¿con ella podría? No sabía cómo reaccionar, por lo que optó a hacer lo más natural… enfadarla.

-¿te gusta comerte las sobras de los demás?-preguntó serio, ella volteó a verlo con los mofletes inflados, frunció el ceño ante la visión adorable, era extraño que si se concentraba solo en su rostro, pudiera apreciar una adolescente tierna, y si bajaba la mirada encontrarse con un cuerpo sugerente y atractivo. Daba un poco de miedo que tuviera ambos polos opuestos, era peligrosa… esa mujer sería una amenaza cuando llegara a la adultez. Sobre todo para él.

-tu carne se veía apetecible-respondió una vez que tragó el bocado. El príncipe alzó una ceja y sonrió de modo sugerente.

-¿te gusta mi carne?-preguntó con doble intención, pero ella pareció no captarlo.

-está sabrosa-se encogió de hombros y volvió a mascar-¿quieres que la devuelva? No te la estabas comiendo-se quejó apresurada.

-puedo darte más carne en privado-respondió seductor, y ahí ella captó su inferencia. Vio las mejillas de la princesa incendiarse con el paso de los segundos, su sonrisa ladina se marcó más y sin dejar de estudiarla, ella se movió inquieta en su puesto.

-y luego la vulgar soy yo-susurró divertida, alzó su mirada y mantuvo la de él, sus ojos se encontraron en un acto cómplice, ella se maravilló con sus piscinas oscuras, se preguntó cuántos secretos podrían esconder sus profundos ojos negros. Él se hundió en el torrente mar, pensando que sería una buena idea ahogarse en aquellos hermosos ojos que encerraban grandes misterios que él estaba dispuesto a dilucidar.

Vegeta no pudo resistir más, tenerla tan cerca y no poder tocarla por no estar solos era una estupidez, él quería y necesitaba estar con ella solamente, sin ojos curiosos sobre ella o él. La magia se había instalado entre ellos hace días, y cada vez que creía que ya se había esfumado cuando estaba solo, volvía a verla y esta resurgía de las cenizas como un fénix lleno de vida, volando elegante sobre ellos, hipnotizándolos y sumergiéndolos en ese juego que ninguno sabía quién saldría victorioso, pero que ambos disfrutaban y aprendían a mantenerse a flote.

Se puso de pie de un solo movimiento bajo la atenta mirada de su familia, el Rey no tuvo que preguntarle si ya se iban, no era necesario. Verlo tomar de la muñeca a la humana y levantarla sin delicadeza fue la respuesta precisa, los vieron alejarse y perderse en el bosque, era agradable saber que su hijo estaba conforme con su mujer, aunque el reino insistiera constantemente que ella debía embarazarse, y las bullas de que el príncipe no la tocaba habían sacudido por completo al palacio, verlos relacionarse esos días fueron buenos augurios para el planeta, aunque su hijo ya había sido claro en que por ahora no habría heredero, saber que al menos entre ellos las cosas funcionaban lo dejaba tranquilo.

(…)

Refunfuñaba por lo bajo mientras caminaban por el boscaje, había querido tomarla y llevársela al palacio de inmediato, pero apenas ella vio su intención le pidió un tour por la llanura. No pudo negarse.

¡No pudo! Estaba molesto e irritado con ella, pero más con él mismo ¿cómo era posible que no pudiera decirle un simple "no"? ¡Podían visitar el maldito lugar otro día! Pero no, no pudo decirlo… solo la tironeó y se adentró en el maldito bosque. La imagen no ayudaba a relajarlo… verla de perfil era tortuoso, no solo poder admirar su transparencia, ver sus botones erizados era una postal magnifica. Apretó sus manos en sus bíceps, la tela resonó por su apretón interrumpiendo el silencio que se había formado apenas habían iniciado el paseo nocturno.

Ella pareció no notarlo, la princesa maravillada miraba cada enorme árbol que se exponía imponente, por los arbustos le costaba ver el cielo, pero a pesar del paisaje oscuro, se sentía segura al lado de él. Aunque sabía que en ese momento él no estaba de su mejor humor, pero eso no quitaba el hecho que se sentía a salvo con él.

Pero el silencio empezó a inquietarla, era su naturaleza hablar por lo menos cada media hora, la falta de palabras era sinónimo para ella de soledad, y si había alguien acompañándola no tenía por qué sentirse de ese modo.

-Vegeta-lo llamó con voz dulce, el príncipe al reconocer ese tono meloso arrugó el ceño desconfiado y la miró por el rabillo del ojo-¿podemos ir al lago que vi en el camino?

-estamos lejos de allí-respondió escueto.

-hmp-bufó irritada-¿no puedes llevarme señor amable?-paró su paso y lo miró ceñuda, con las manos en su cadera, él también se detuvo y sin descruzarse de brazos la miró fríamente.

-¿Qué rayos crees que soy? ¿Tú transporte?-preguntó con desprecio.

-¡bueno si hubiera sabido que vendría para acá habría traído de mis hoi-poi!-chilló molesta inclinándose hacia delante meciendo la tela de su vestido.

-¡a mí no me hablas así mocosa!-gruñó irritado, la princesa lo miró estrechando los ojos y se alejó unos metros, le dio la espalda y se cruzó de brazos, el viento movió su vestido y sintió su piel erizarse por la brisa, los árboles y ramas crujieron al son de la brisa.

-hmp ya veo que se acabó el esposo simpático-abrió los ojos asombrado con la declaración de la adolescente, sintió sus mejillas arder por la insinuación de la princesa, su ojo tembló y su cola se erizó, no sabía si se sentía peor porque ella pensaba que él había vuelto a ser el de antes o porque de hecho había cambiado su modo de ser con ella. Estaba completamente confundido al respecto, a él aún le incomodaba eso, el ser "gentil" con su mujer era todo un desafío, pero ya había comprendido que era la única manera en que ella respondiera a sus afectos. Y que ella hiciera énfasis en eso… lo incomodaba. Pero no sabía si era porque, ella notaba el cambio, o porque perdería sus nuevos "beneficios".

-tonterías-gruñó acercándose, ella no se volteó hacia él y eso lo impacientó. Empezó a irritarse por el simple hecho de que veía cada vez más lejos su noche candente. No podía permitirse eso… a veces surgían esas ganas de volver a ser el de antes e importarle un comino lo que ella sintiera o pensara, pero no podía… le era imposible ahora pensar en actuar de ese modo con ella. Haber experimentado estar con ella con su consentimiento era adictivo, e incluso lo disfrutaba más.

Se quedó a centímetros de ella, no estaba seguro si debía o no tocarla, aunque moría de ganas pero con la reciente disputa no estaba seguro de su ánimo y no quería imponerse ni arrastrarse por ella. Después de unos minutos en completo silencio, ella volteó hacia él, su rostro parecía tranquilo y la aparente molestia que había antes se había esfumado. Frunció el ceño confundido, no entendía bien que pasaba con ella ¿cómo podía ser tan cambiante? ¡Solo pasaron unos minutos!

-¿Por qué estás enojado?-preguntó alzando una ceja

-no estoy enojado-negó desviando la mirada.

-sí lo estás… no te ves igual que cuando estábamos cenando-la peliturquesa estudió el rostro masculino unos segundos, dándose el tiempo para reconocer algún gesto de él, lo notó descubierto. El príncipe intentaba ocultar su estado de ánimo, pero para ella, en ese momento al menos, le era imposible-¿estás cansado?-sabía que no lo estaba ¡por dios si había estado horas continuas teniendo sexo con ella! era obvio que no lo estaba, pero algo le decía que era mejor hacerle creer eso. Que ella no era consciente de sus verdaderos ánimos.

-hmp-lo tomo con un sí. Se acercó al saiyajin que no la miraba, dejó su mano caer en su hombro y él volteó a verla en ese momento, parecía igual que siempre, serio e inexpresivo.

-vamos a dormir-se encogió de hombros-otro día puedo venir a recorrer… quizás con Chi-chi y Gohan-sonrió al príncipe.

Vegeta la estudió unos segundos, se había salido con la de él. Se irían y podría al fin estar a solas. Sin más preámbulos, la tomó de la cintura y alzó vuelo dirección al palacio real. Ella pareció descansar en sus brazos, hundió su rostro en la curva de su cuello y cerró sus ojos, quizás se durmió en el trayecto, no lo sabía. Pero los siguientes quince minutos ella los pasó en silencio y abrazada a su fuerte nuca. Cuando llegó al balcón de su habitación no la bajó, la llevó en brazos hasta la cama, y ella solo rió en el camino. Parecía que la tonta discusión hace un momento no había pasado, o ambos habían preferido ignorarla para poder disfrutar de lo que venía, o simplemente porque carecía de importancia, ella era lo suficientemente madura para distinguir entre algo importante y una bobería, y él no disfrutaba de estupideces como esas.

No hablaron. No había nada que decir en ese momento. Sus ojos se lo decían todo, sabían que no había palabras que describieran lo que pasaría a continuación. Sabían que sus cuerpos se entendían aunque muchas veces ellos no, sus pieles se encargaban de complementarse. Y en el fondo, temían arruinar el momento con sus estúpidos temperamentos.

Él se deshizo de su capa y armadura, dejó caer las piezas al suelo como si de una prenda estorbosas se trataran, la peliturquesa no se perdía movimiento alguno, el príncipe siguió con su traje spandex, y ella admiró cada pieza dura de carne, incluso su sello de hombre. No había espacio para el pudor en esas instancias, ambos se conocían, en cuerpos al menos… él completamente desnudo gateó hacia ella, era el turno de la mujer entre sus brazos de ser despojada de sus ropas, y aunque estas dejaban poco y nada a la imaginación, no era lo mismo que sentir su calor natural sin textil, él deseaba sentirla al completo.

No había ganas ni tiempo para encontrar la forma de desnudarla, por lo que optó por lo más sano y rápido, romper la tela. El sonido de la tela rajada fue lo único que se oyó entre las cuatro paredes, ella ayudó deslizando los trapos fuera de su piel, separando lo que podía o seguía con forma útil. Una vez que ambos eran libres de sus vestimentas, se quedaron viendo a los ojos, estudiándose, ella no duró mucho tiempo sin moverse… alzó su mano hasta la mejilla del saiyajin, Vegeta sintió su cálida caricia en su piel sin dejar de contemplarla, ella mimó suave igual a como lo hizo cuando él estaba transformado.

A pesar de haber estado el resto de la tarde y anochecer impaciente por desnudarla y hundirse en ella, ahora no podía dejar de admirarla, contemplar sus ojos, su nariz respingada, sus labios sensuales que lo invitaban a degustarlos. Estudió sus pestañas largas, sus cejas delgadas, su piel tersa… le gustaba. Le gustaba todo en ella, y si hubiera sabido leer mentes, sabría que ella tenía el mismo pensamiento sobre él.

La peliturquesa no dejaba de maravillarse con sus rasgos masculinos, su piel aparentemente dura pero suave al tacto, donde sus dedos se perdían en el contacto, deslizándose de arriba abajo en una caricia suave, tierna… sus ébanos ojos eran lo más enigmático de su rostro, aunque a veces creía ver destellos de afecto, a ratos veía pozos fríos, pero no le quitaba el encanto que producía en ella, pensaba seriamente que si lograba descifrarlos, perdería el interés en ellos. Y no quería que eso pasara.

Él hizo el primer paso, descendió hasta sus labios y los saboreó con pasión, ella le abrió paso a su lengua que pedía permiso en la entrada de su boca, y su propia lengua le dio la bienvenida de manera cálida y amistosa. ¿Sabrían que estaban haciendo el amor?

Probablemente no. ¿Cómo saberlo si no reconocían sus propios sentimientos? Porque cada caricia, cada beso, cada empuje y roce, carecía de perversión. Solo había intención de goce para el otro, ella quería que el saiyajin sobre ella disfrutara de su encuentro, quería entregarse sin reservas, que él solo la deseara a ella, que él solo la quisiera a ella, que él no tuviera tiempo para pensar en otra. Y él quería hacerla sentir como ella lo hacía sentir, satisfecho. Quería que su mujer gozara tanto como él, que ansiara tanto como él su toque, su caricia, su sexo. Quería provocar el mismo deseo y lujuria que ella despertaba en él.

El beso se volvió intenso, la pasión fue la protagonista una vez más y abrió las puertas a la necesidad de placer. Sus lenguas dejaron la cortesía y pronto iniciaron una ardua batalla por ser el dominante de la situación.

Sintió las manos del príncipe recorrer cada recoveco de su cuerpo, dejando un rastro de calor por cada lugar que sus manos tocaron. Sabía que al ritmo que iba, no necesitaba más preparación, él podía tomarla y ella disfrutaría de ello. Él tenía ese poder en ella. El saiyajin bajó una de sus manos a su entrepierna, posándose en la entrada de su intimidad, acarició con delicadeza los pétalos de carne, dándole un suave toque, su dedo medio se introdujo dentro y con su dedo pulgar le dio atención a su botón carmesí, su cola se unió al baile y presionó en la entrada, casi amenazando con entrar. Ella arqueó su espalda cuando el juego inició, los dedos traviesos y experimentados del guerrero se movían al ritmo que su pulgar indicaba. Sentía la estimulación con plenitud, pero todo empeoró (o mejoró) cuando sus dedos encontraron su punto de placer, se retorció bajo su dominio, y él no detuvo su vaivén.

Los gemidos rompieron la calma en la habitación, los jadeos y escases de respiración fueron las estrellas, el saiyajin observaba satisfecho como su mujer disfrutaba de su atención, la dulce melodía de sus cantores quejidos llenó sus oídos y no quería que se detuviera. Pero el punto culmine llegó cuando ella explotó de placer, cuando su intimidad tembló y se sacudió gracias al toque del príncipe.

Respirando agitada, quiso darle de vuelta la mano a su compañero. Se sentó de forma perezosa y él solo la observó curioso, lo besó agradecida, él tomó confianza y dejó sus manos en su cadera y la guío a su erección. Pero ella no tenía pensado eso, no todavía.

-espera-dijo una vez que soltó sus labios, el saiyajin la miró confundido-acuéstate-pidió mordiéndose el labio inferior de modo sugerente, el príncipe frunció el ceño pero obedeció de todas maneras. Ella apareció frente a él atrapándolo con sus brazos frágiles, bajó a su cuello y lo besó con suavidad, luego mordisqueó ganándose suspiros del orgulloso saiyajin. Recorrió un camino de besos, lamió y succionó sus pectorales, cada surco de sus músculos fueron bendecidos por su lengua inexperta. Hasta que llegó a su objetivo principal-nunca he hecho esto antes… así que disculpa si no lo hago bien-él levantó la cabeza para poder mirarla, ella estaba agachada y entre sus piernas, abrió la boca sorprendido ya sabiendo lo que se venía.

Con sus delicados dedos tomó el miembro endurecido del saiyajin, dudosa acercó sus labios a la cabeza de la erección, tragó saliva antes de sacar su lengua a saludar la piel caliente, lo sintió estremecerse cuando su lengua mojó la punta de su virilidad y se detuvo al instante para observarlo por si algo estaba haciendo mal. Él negó con la cabeza, y ella entendió que no había nada malo. Con más confianza, abrió la boca y tragó la punta, lo sintió ácido al principio, lamió su néctar transparente y se preguntó si el resto sabría igual.

Sentía su pecho inflado de orgullo, y no entendía porque. Ella estaba haciendo lo que muchas otras habían hecho y mejor en cuanto a técnica, pero tenerla allí, sometida lamiendo y succionando su miembro era fascinante, por no decir que lejos más agradable que otras veces. No podía creer que prefería el sexo oral que la inexperta princesa le estaba dando antes que las experimentadas mujeres con las que compartió lecho. Pronto supo porque… no lo hacía mal. Se le escapó el aire cuando la mano de ella se unió al juego, ella subía y bajaba su boca acompañada de su mano que rodeaba la longitud de su erección, presionando con firmeza, sentía la lengua de ella envolver juguetona su piel, su miembro empezó a palpitar y supo que necesitaba acelerar el ritmo, con ambas manos tomaron el pelo de la chica y la sujetaron con fuerza contenida, ella alzó la mirada hacia él y fue la mejor perspectiva que vio en mucho tiempo. Ayudándola con el movimiento, empujó con su mano hacia delante la cabeza de la chica, y su pelvis se meneó en contra de la boca delicada, su respiración se tornó dispareja, y sintió como el cosquilleo crecía, su miembro temblaba y pronto la liberación llegó. De un último movimiento introdujo su falo de carne hasta la garganta de ella y esparramó su semilla. Sintió las uñas de la princesa enterrarse en su muslo y soltó la cabeza de ella al instante.

Se alejó rápidamente de su peligroso miembro, tosió con dificultad pero ya no había rastro del líquido caliente que la ahogó por un momento.

-¿estás bien?-abrió los ojos sorprendida y volteó a ver al príncipe que la miraba agitado, limpió las lágrimas que se formaron en sus ojos por el sofoco y asintió.

-¿Qué tal estuvo?-sonrió al saiyajin, Vegeta ladeó la cabeza de un lado a otro aparentando estar meditando la respuesta. Ella frunció el ceño y él sonrió en respuesta. El príncipe le extendió su mano y la invitó a acercarse. Ella la tomó sin pensar y dejó que el saiyajin hiciera lo que quisiera.

Y así lo hizo él.

El guerrero la posó en la cama y se subió a sus caderas, besó su cuello y bajó a sus senos, los apretó y lamió con urgencia, parecía como si no hubiera llegado al goce hace un momento y se veía más desesperado que a como habían empezado. Ella suspiró y acarició su espalda, sintió como se posicionaba entre sus piernas, y sabía que no la prepararía esta vez. Mordió su labio inferior y se mentalizó con lo que venía. De todos modos chilló cuando él entró. Sus entrañas se quejaron ante el invasor, y este fue ajeno a su incomodidad, el príncipe se movió especializado dentro de ella, la princesa lo rodeó del cuello y lo acercó en un abrazo, él buscó sus labios y ella se los entregó gustosa. Sus besos no parecían detenerse al igual que las embestidas del saiyajin.

El guerrero hundía su carne caliente en su humedad, la peliturquesa inició un tímido vaivén con sus caderas, que pronto fue captando el ritmo desenfrenado del príncipe. Sus besos silenciaban los gruñidos y gemidos orgásmicos que salían de la garganta femenina, la cama chillaba ante los movimientos lujuriosos pero a ninguno le incomodaba, ya se habían acostumbrado.

Ella soltó sus labios cuando el clímax llegó, intensificó su movimiento y se paralizó cuando sus pétalos rojos e hinchados de placer temblaron, envolviendo y usando al asaltante para alcanzar la cúspide del placer. Él esperó que ella disfrutara su momento y cuando la sintió relajarse siguió su turno, no pasó mucho para que él se liberara dentro de ella, vibró y se estremeció en su interior, la llenó de su líquido hirviendo y se dejó caer sobre sus codos para no aplastarla.

Respiraron agitados, y se envolvieron en un abrazo lleno de significado. Sentían que nada podía arruinar el momento, ni el progreso de su relación. Habían superado discusiones, malos entendidos, peleas y hasta "infidelidad". Y ahora estaban mejor que nunca, sabían que no siempre sería así, pero al menos ahora tenían de su lado el hecho que se conocían un poco más, se comprendían y sabían cómo pensaba el otro. Ella pensaría antes de esconderle algo, y él no actuaría sin pensar y dejaría ganar a sus instintos.

Estaban bien. Mejor que nunca… y en el fondo, agradecían actuar como hasta ahora, aunque cuando se alejaban, sabían que no estaban siendo honestos y temían que esto terminara cuando a uno de los dos se le pasara la atracción ¿Cuándo entenderían que era más que eso? ¿Qué más tenía que pasarles para que reconocieran sus sentimientos?

Debían darse prisa… alguien cercano acechaba, y tarde o temprano actuaría, aunque claramente sería más temprano que tarde.


¡el capítulo más largo que he escrito! 35 páginas! xDDD mis ojos mueren xD pero bueno, lo prometido es deuda, y puedo decir esta vez que quedé conforme con el resultado... espero que piensen igual xD

me gustó la escena de las cosquillas u,u y la de él siendo ozâru con ella en mano. xDD eh, la especie que usé "herajin", por si alguno no se acuerda es la misma de Bojack xd espero que no hayan faltas de ortografía y si las hay díganmelas :C las odio! para corregir y esop... gracias por su apoyo en el cap anterior donde no me sentía bien con lo que escribí y les pido disculpas por ese cap.

¡espero sus review! es sorprendente toda la cantidad de personas que leen mi fic y que solo unos pocos comenten xDD es cuático! xDDD en fin, espero sus opiniones dentro del fic :D! amo leerlos, la verdad que algunos comentarios me han hecho dudar sobre algunos acontecimientos xD ajkajakaj pero espero ser firme en mi idea ajajajaj xD en fin! saludos! las quiero mucho! y no deseo buenas fiestas porque la actualización de JAT estará más cercano a navidad u3u

cuídense mucho! las quiero montones! incluso al hater :'D llena mi día de diversión :D! saludos y besitos!