-Afrodita ¿Qué hace aquí?-.
-Ya no lo soporto más querida-. Suspiró la diosa.
-Tengo que hacer algo-.
-Creo que ya hizo demasiado-. Dijo la hija de Atenea con cierto sarcasmo señalando su ropa.
- ¿A qué te refieres?-.
-¡Estoy encerrada por su culpa!-.
-Culpas a la diosa equivocada, Annabeth. Yo no te encerré-.
-Pero…-.
-Lo que voy a hacer es algo a mi manera-.
-Entonces los dardos y eso…-.
-Dije a MI manera, Annie-.
-Annabeth-.
-Como prefieras, querida-.
-Pero la culpa de todo la…-.
-Toma asiento querida. Tomemos un té-.
-Estoy bien así, gracias-.
-De acuerdo-. Dijo Afrodita mientras alisaba los pliegues de su vestido con aire pensativo.
-¿Qué es lo que quiere hacer ahora?-.
-¿Recuerdas lo que te dije la última vez que hablamos, Annabeth?-.
-Que escuchara a mi corazón y…-.
-Y que estoy de tu lado-.
-¿Entonces?-.
-Nadie se mete con mi pareja favorita y me hace a un lado, Annabeth. NADIE-. La diosa comenzó a acercársele con una mirada maliciosa en el bello rostro.
-¿Qué pasará ahora?-. Annabeth usualmente no le tenía miedo a nada (salvo a las arañas) pero el brillo en los ojos de la diosa la hizo retroceder hasta chocar con la pared detrás de ella.
-Tranquila, Annabeth-.
-¿Qué es eso?-. Dijo mientras miraba el extraño objeto que había aparecido en las manos de Afrodita.
-Solo no te muevas-.
-¿Pero qué…?-. Annabeth solo alcanzó a ver un destello azul y la mano de la diosa apuntando hacia ella.
-A ver quien ríe de ultimo Atenea-. Una sonrisa se asomó por la boca de Afrodita al tiempo que Annabeth se desplomaba a sus pies.
…
-¿Dónde estamos?-. Dijo la hija de Ares mientras se abría paso entre la maleza del bosque.
-Ya casi llegamos al límite del campamento Clarisse, no te preocupes-.
-No me preocupo, tonto. Solo que ya quiero regresar-.
-¿A ver a Malcom?-. Dijo el chico con cierto pesar.
-No…no lo sé-. Clarisse estaba confundida. Al principio la imagen de Malcom no salía de su mente, ahora era sustituida a momentos por la cara de Chris.- Creo que no-. Dijo con una sonrisa tímida en los labios.
Chris se sentía tan feliz de verla venciendo al hechizo y sonriendo a causa suya que olvidó donde se encontraba. También olvidó el barranco que había a los límites del campamento. Tropezó y se fue hacia abajo rodando.
-Entonces… ¡ahhh!-.
-¡CHRIS!-.
Cuando Clarisse reaccionó Chris ya había desaparecido de su vista.
Se arrastró lo más que pudo al precipicio y el alma le volvió al cuerpo cuando escuchó su voz.
-¡Clarisse! ¡No te muevas!-.
-Pero…-. Lo vio colgado de una saliente sosteniéndose casi con las uñas.
-¡No te acerques!-.
-¿Cómo te ayudo? ¡Chris contéstame!-.
-¡CHRIS!-. Estaba entrando en pánico, Clarisse no podía sino odiarse a sí misma por eso. Su cabeza daba vueltas, una parte de ella era de color rosa y la otra de un intenso rojo que intentaba imponerse sobre los poderes de la diosa del amor.
-¡Arghh!- la chica gruñó liberando su mente del hechizo. Tomó su lanza y la clavó a la orilla del barranco. Como una experta se colgó sujetando la lanza y balanceándose con una mano quedó colgaba boca abajo.
Su cabeza quedó justo arriba de las manos de Chris y con toda su fuerza de hija de Ares sujetó la mano del chico y lo ayudó a encontrar un punto de apoyo.
Juntos volvieron a subir, Chris algo confundido pues notaba algo raro en la mirada de Clarisse, un destello rojo.
-Clarisse ¿Estas…-.
-Cállate-. La chica lanzó sus brazos hacia él, abrazándolo por el cuello. Antes de que Chris reaccionara, la hija de Ares puso sus labios sobre los de él.
Chris respondió el beso con tanta efusividad que casi provoca otra caída en el barranco. Se separaron riendo pero él no quería soltarla.
-¡Al fin! Creí…creí que te habías olvidado de mi-.
-Pues no tienes tanta suerte-. Respondió ella frunciendo el ceño, un gesto que a él le encantaba.
-¿Estas segura de que estas bien?-.
-Solo estoy segura de una cosa en este momento-.
-¿De qué?-. Preguntó con inquietud.
-De que… te amo Chris-. Nunca se lo había dicho antes y el hecho de que lo hiciera hizo que el chico casi se desmayara.
-¡También te amo Clarisse!-. La besó de nuevo mientras pensaba que él era el único que conocía el lado sensible y frágil de la ruda hija del dios de la guerra.
-¡Tenemos que regresar! ¡Tenemos que ayudar a Percy, Clarisse!-.
La chica no dejaba de abrazarlo pero él estaba convencido.
-Los demás podemos arreglárnosla solos pero él está a punto de explotar, Annabeth desapareció y él no ha sabido nada de ella-.
-¿Y Malcom?-.
-¡Oh no! ¿El hechizo sigue funcionando?-.
-No pero ¿Dónde está?-.
-No lo sé, cuando Jason desapareció el también-.
-¡Tenemos que encontrarlo!-.
-¿Por qué?-.
-Porque él sabe dónde está Annabeth-.
-Claro que no. Recuerda, él golpeó a Percy la noche que ella desapareció-.
-¡No lo entiendes! ¡Todo es un plan!-.
-¿Qué? ¿Quién?-.
-¿Quién quiere tener separados a Percy y Annabeth? como si fuera obvio.
-Atenea pero…-.
-¡Vamos!-. Dijo jalando su mano.
-Clarisse explícame como…-.
-¡Te explico en el camino!-.
