Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.

Agradecimientos especiales a Meri por el beteo ;)


CÁRCEL DE ÓPALO

XIV. Plan de escape

—He tomado una decisión —anunció Alexander con grandilocuencia, sentado en el sillón de su despacho y mirando fijamente a Hermione, que, de pie frente a su escritorio, le devolvía la mirada con firmeza.

«Ya era hora, solo llevas cuatro días tomando una decisión», pensó, irónica, pero apretó los labios y no dijo nada.

El hombre se la quedó mirando largo rato sin decir nada, hasta que al final suspiró con aire cansado.

—¿Y bien?

—¿Y bien qué? —preguntó Hermione, a medias entre extrañada y a la defensiva.

—¿No me vas a preguntar cuál es mi decisión?

—Oh. Vaaale —contestó ella lentamente, sorprendida ante la respuesta, y añadió con retintín—. ¿Cuál es?

—Mi decisión —comenzó él con aire de senador romano dando un discurso— es una que no ha sido nada fácil de tomar. Me ha costado mucho tiempo llegar hasta ella, y desde luego no me ha resultado agradable, pero creo que es lo mejor para todos: me voy a llevar a los gladiadores a otro lugar.

Hermione pestañeó lentamente, procesando la información y tratando de discernir si era una broma o no.

A juzgar por la seriedad de Alexander., no lo era.

—¿Que tú vas a qué? —preguntó lentamente.

—Me voy a llevar a los gladiadores a otro lugar —repitió él, enunciando las palabras con claridad—. Está claro que no te hacen ningún bien y aquí ni siquiera hay un anfiteatro donde poder observarlos, así que únicamente ocupan espacio para nada.

—Pero, pero… ¡No puedes hacer eso! —exclamó ella, sintiéndose ridícula nada más decirlo.

—Claro que puedo, Hermione —respondió él, sin inmutarse—. Y, de hecho, lo haré.

Hermione se quedó en blanco. No oía lo que Alexander le estaba diciendo –algo sobre sus escapadas y la vergüenza que le debería dar comportarse así, motivo por el cual estaba castigada–, solo era capaz de pensar en que se iba a llevar a los gladiadores, y ella se iba a quedar sola, encerrada para siempre en ese edificio…

—¿Hermione? —La aludida dio un respingo y salió de su trance, mirándolo rabiosa.

—Qué —contestó secamente.

—Te has enfadado —comentó Alexander, como si eso fuera una noticia realmente sorprendente que no había esperado en absoluto.

—Sí —gruñó ella, cruzándose de brazos. Sabía que se estaba comportando de manera infantil, pero no podía evitarlo.

Estaba desesperada.

—Oh, Hermione, no hagas esto… —Alexander la miró decepcionado—. No te enfades conmigo por algo que has provocado tú sola.

—¿Que yo he…? —Hermione estaba tan enfadada que se interrumpió a sí misma, dando un pisotón en el suelo y apretando las manos hasta formar dos puños—. Esto es el colmo, en serio. El colmo. ¿Que lo he provocado yo sola? Perdona, ¿el qué he provocado? ¿Mi secuestro? ¿El secuestro de aquellos a los que llamas gladiadores, que no son más que magos con vidas propias, sueños y una familia que los quiere? ¿Eh? ¿Qué he provocado exactamente? —espetó, recalcando la palabra magos y restregándole en la cara aquello que sabía que le dolería.

—No es necesario que te pongas así, tranquilízate —respondió él con calma. Parecía divertido por su arrebato, y eso la enfureció aún más.

—¡Me pondré como me dé la gana! —chilló ella, igual que una niña pequeña con una rabieta.

Para su consternación, Alexander sonrió, burlón.

—Muy madura, ya lo veo —comentó—. Pero te lo voy a pasar esta vez, veo que no estás en tus completas facultades mentales.

«¿Perdona? ¡El que está loco eres tú, no yo!», le espetó Hermione mentalmente, sin atreverse a decirlo en voz alta.

En su lugar, lo fulminó con la mirada en silencio.

—Y —continuó él, sin inmutarse en absoluto—, para que veas que yo sí sé mantener la calma, voy a concederte una última reunión con los gladiadores antes de que los mande trasladar al antiguo edificio. ¿Contenta?

—No —gruñó ella.

—Siempre puedes no reunirte con ellos —ofreció él, con tono inocente y una sonrisilla burlona que hizo que Hermione lo odiara a muerte.

—Me reuniré con ellos. Sin cámaras —exigió.

—Te reunirás con ellos. Lo de las cámaras ya lo veremos —sentenció él.

Ella apretó los labios en una fina línea.

«Eso ya lo veremos», pensó.


Al final, y tras arduas negociaciones entre Hermione y Alexander –el hombre era más difícil de convencer que el Wizengamot al completo–, la reunión tuvo lugar en lo que parecía una especie de salón decrépito y abandonado, donde Alexander confirmó que no había cámaras de seguridad, ni en la habitación ni en el pasillo exterior –también confirmó que la habitación estaba limpia aunque no lo pareciera, y que iba a despedir inmediatamente al chico que se había ocupado de limpiarla y ordenarla por inútil–. Sin embargo, dejó dos guardias, ambos corpulentos como gorilas y con una impresionante cara de enfado, en la puerta.

—Por si acaso —comentó brevemente antes de marcharse y hacer un gesto para que fueran a buscar a los gladiadores, que llegaron poco después.

—Voy a ser breve —anunció Hermione nada más cerrar la puerta a sus espaldas, cuando ni siquiera Montague se había comido un pastelito—: estamos en problemas.

Todos la miraron como si se hubiera vuelto idiota, pestañeando lentamente y con cara de póker, hasta que Draco abrió la boca:

—Bienvenida a la Tierra, Granger —se burló, apoyándose contra la pared.

Ella puso los ojos en blanco.

—Me refería a que tenemos aún más problemas —contestó secamente—. No sé si os lo habrán dicho, pero Alexander planea trasladaros de vuelta al viejo edificio porque aparentemente no me hacéis ningún bien.

Aquello sí captó su atención: todos se giraron a mirarla con los ojos abiertos casi cómicamente y distintas expresiones de sorpresa; Montague tenía un pastelito a medio masticar en la boca que le hinchaba los carrillos y le daba aspecto de castor.

—¿Perdón? —preguntó Adrian, rompiendo el silencio.

—Que Alexander… —empezó Hermione, pero Draco se acercó en una zancada a su lado y le puso la mano en la boca, cortándola efectivamente.

—Ya lo hemos oído la primera vez, era una pregunta retórica —gruñó, apartando su mano rápidamente cuando ella sacó la lengua y le lamió la palma—. ¡Qué asco, Granger!

Ella se encogió de hombros con una sonrisilla malvada.

—Afortunadamente para todos nosotros —dijo, sacando el mapa perfectamente doblado del escote del vestido –todos la miraron mucho más interesados y Draco, ya repuesto, alzó una ceja– y desdoblándolo, alisándolo y extendiéndolo en otra mesa—, tengo una idea que puede que funcione.

—Desembucha —la animó Blaise, acercándose a su lado y oteando el mapa por encima de su hombro.

—Esto es un plano del edificio —dijo ella, una aclaración innecesaria a juzgar por los ojos en blanco que la recibieron—. Este es mi cuarto y estas son vuestras mazmorras —continuó, señalando con el dedo los respectivos lugares—. Esta es la puerta principal de salida, esta es la puerta de atrás y esto de aquí es lo que creo que será nuestra mejor opción: es una especie de túnel que, por lo que he podido deducir, lleva fuera del edificio.

—¿Y esto? —preguntó Adrian, señalando con el dedo unas líneas que Hermione había trazado a lápiz.

—Ese el camino más seguro para llegar hasta allí —respondió ella con tono triunfante.

Explicó su plan y, tras unos instantes de deliberación, decidieron ponerlo en marcha inmediatamente. Tenían poco que perder y mucho que ganar.

Noquear a los guardias de seguridad de la puerta fue fácil: ambos estaban relajados y un poco aburridos, y no esperaban en absoluto el ataque de nueve personas a la vez, que los dejó en el suelo, inconscientes y desarmados.

Siguiendo a Hermione, que llevaba el mapa aunque no tuviera un gran sentido de la orientación –para eso estaba Terence, que, palabras textuales de Adrian, «encontraría una casucha en medio de la nada en una ciudad desconocida solo con dos indicaciones y una brújula»–, el grupo llegó sin problemas hasta uno de los puntos peligrosos del recorrido, un pasillo donde sabían que habría guardias de seguridad.

Efectivamente, de espaldas a ellos había un guardia paseando. Se quedaron inmóviles, intentando no hacer ruido, pero Theo rozó la pared y el guardia se giró a mirarlos, con la mano en la pistola y el cuerpo en tensión.

Era Mark.

Él los miró atentamente durante unos instantes y ellos, quedándose muy quietos, le devolvieron la mirada. Un tenso silencio se extendió por el pasillo; Hermione casi no se atrevía ni a respirar por miedo a romperlo.

Cuando pareció que se iban a quedar eternamente allí parados, detenidos, Mark cerró los ojos. Fue algo ínfimo, casi indetectable, pero provocó la abrupta ruptura de la tensión: Hermione y los gladiadores empezaron a caminar de nuevo, pasando por delante de Mark que, al haber cerrado los ojos para no verlos, les había dado su beneplácito para continuar.

En el pasillo siguiente noquearon a dos guardias más y Hermione pudo demostrar sus recién adquiridas habilidades con la daga –que llevaba oculta en una liga descubierta en su cajón de lencería– y forzó la cerradura de una puerta que era su última barrera antes de descender al piso de abajo, donde, según el mapa, estaba la entrada al túnel que los conduciría hacia la libertad.

Pero, por supuesto, las cosas no podían ir bien durante demasiado tiempo: en cuanto Hermione, que iba en cabeza, puso un pie en la escalera para descender, una alarma empezó a sonar por encima de sus cabezas.

Automáticamente, echaron a correr con todas sus fuerzas.


Llegar abajo y torcer por el pasillo hacia la derecha no fue difícil y, aunque Hermione pisó más de una astilla por ir descalza –había dejado los tacones en la habitación antes de salir, por si acaso–, no dejó que el dolor la detuviera.

Cassius por fin consiguió usar la pistola que había robado en uno de los pisos superiores cuando se encontraron a dos guardias protegiendo una puerta de madera con aspecto vulgar, que era la que daba al túnel que los conduciría hacia la libertad. Fue una pelea breve: Cassius disparó dos tiros en la cabeza de un guardia, matándolo en el acto, y el otro guardia fue rápidamente reducido entre Marcus, Graham y Adrian, aunque ellos acabaran con más de un golpe importante.

Cuando Hermione forzó la puerta –se estaba volviendo bastante buena en eso, pensó con una mezcla de orgullo y preocupación–, se llevaron una grave decepción al comprobar que aún quedaba otra puerta al extremo del pasillo, aunque esta sin vigilancia. Además, la alarma seguía sonando encima de sus cabezas y se oían pasos de guardias encima de sus cabezas que se movían con enorme rapidez hacia abajo. No tenían tiempo.

Cerraron la puerta de nuevo –una ínfima distracción– y echaron a correr hasta llegar a la otra puerta. De nuevo, Hermione empezó a forzarla, pero se le resistía.

—Venga, venga, venga —murmuró Draco, a su lado, mientras los demás tomaban posiciones defensivas a su alrededor, listos para enfrentarse como mejor pudieran a los guardias.

—¡Hago lo que puedo! —se defendió ella, tan nerviosa que la daga se le resbaló de la mano y cayó al suelo con un golpe metálico—. Joder —masculló mientras la recogía y volvía a intentar forzar la cerradura.

En ese momento, la puerta anterior se abrió de golpe y una ráfaga de ametralladora precedió la entrada de los guardias.

—¡Gilopollas, como le des a ella el jefe tendrá nuestras cabezas! ¡Ten más cuidado! —gritó uno de los guardias, claramente furioso con su compañero.

Hermione, tapada por Draco, siguió intentando forzar la cerradura, aunque la daga temblaba en su mano y se distraía continuamente intentando mirar hacia los lados para ver qué había sido de los otros magos.

—Tenemos un anuncio —proclamó el guardia que aparentemente había disparado—: si venís inmediatamente y cesáis todo intento de huida, el jefe será clemente y no os dispararemos.

—¿Y si no? —contestó Blaise, desafiante. Hermione solo fue capaz de atisbar sus pies, pues Draco tapaba todo su campo de visión, pero supuso que debía de estar erguido en toda su altura.

—Céntrate —le espetó Draco en voz baja, aunque él mismo miraba por encima de su hombro.

—Si no, tenemos cancha libre para disparar —amenazó el guardia—. Sin importar a quién —añadió, y Hermione tuvo la sensación de que el mensaje iba para ella.

Un tenso silencio se instaló en el pasillo, pero se rompió pronto con el sonido de un disparo, seguido de un gemido de dolor.

—Puñetero Warrington, le ha dado a uno de los guardias en el hombro —refunfuñó Draco en voz baja, justo antes de que el caos se desatara.

Una bala se clavó en la puerta, justo encima de la cabeza de Draco, y a esa la siguieron muchas más. Hermione intentó apartarse, pero Draco no la dejó.

—Sigue forzando la puerta, coño —le espetó—. A mí no me han dado.

—Aún —murmuró ella, pero se obligó a respirar hondo y seguir intentándolo.

A sus espaldas, el griterío y los disparos fueron aumentando hasta que Draco la agarró con fuerza y tiró de ella, haciendo que ambos rodaran por el suelo, esquivando de milagro la granada que se dirigía hacia ellos y que explotó nada más tocar el suelo, levantando una nube de polvo y destrozando la puerta.

Hermione, con los ojos lagrimosos y sin dejar de toser, todavía de rodillas, buscó a tientas su daga, que encontró entre un montón de astillas de la puerta.

—Al menos la puerta ya está abierta —comentó con ironía, girándose para hablar con Draco.

Pero él, sin embargo, ya no estaba a su lado: se había levantado y corría hacia Theo y Blaise, apuñalando a un guardia por el camino –¿de dónde habría sacado ese puñal?– y pegándole una patada a otro que estaba tumbado en el suelo.

Hermione se pegó más a la esquina de la habitación para esquivar una bala suelta que iba en su dirección y observó la lucha a su alrededor: cerca de ella estaba Cassius, que parecía que había acabado con las balas de su pistola, porque la tiró a la cabeza de un guardia y se lio a puñetazo limpio con otro más; y, al otro lado de la habitación, Adrian salió volando y se estampó contra la pared, rodando por el suelo y quedando inconsciente mientras Blaise usaba una ametralladora que había por el suelo para noquear a base de golpes a otro guardia más, que sangraba fuertemente por un costado.

Se estaban defendiendo lo mejor que podían, pero los guardias eran más y Hermione decidió que era hora de hacer acto de presencia. Se puso en pie y echó a correr hacia donde estaba Adrian, esquivando cuatro balas, arrastrándose un trecho y clavándole la daga en la pierna a un guardia, que aulló y por poco no le dio una patada en la cara.

Llegó hasta él y le tomó el pulso: seguía vivo, aunque sangraba por un lado de la cabeza. Lo puso recto y arrancó un trozo del vestido para hacerle una especie de venda como mejor pudo.

De la nada apareció Draco, que le asestó un derechazo en la mandíbula a un guardia que Hermione no había visto y lo mandó al suelo, girándose a continuación para encararla:

—¿Qué coño haces? —le increpó—. ¡Iba a dispararte!

—¡No lo había visto! —se defendió ella, dejando a Adrian en el suelo con cuidado y levantándose rápidamente.

—¡Pues usa los ojos!

Al otro lado de la habitación, Cassius rugió y cayó al suelo, sangrando, mientras entre Graham y Terence se encargaban del guardia que le había disparado.

—Esto es una locura —murmuró Hermione, esquivando el cuerpo de un guardia y apuñalando a otro como mejor supo.

—Vaya, gracias, no me había dado cuenta —contestó Draco sarcásticamente, mientras Theo llegaba corriendo a su lado, saltando y rodando por el suelo para esquivar otra granada más.

—Nos van a matar a todos —jadeó, apoyándose en Draco.

—¿Estás herido? —le preguntó él, preocupado.

—Sí, tengo un corte en….

—¿Te vas a morir de esas heridas? —le interrumpió Draco.

—No.

—Pues mueve el culo si quieres ir con tu esposa. —Acto seguido, Draco echó a correr hacia Blaise, que estaba rodeado por tres guardias y, aun con una pistola, no parecía que fuera a librarse de ellos pronto.

Theo y Hermione intercambiaron una mirada antes de correr hacia distintos lados de la sala: Theo se fue con Draco y ella se fue hacia la otra puerta con la intención de cerrarla.

Se entretuvo por el camino esquivando golpes y cuerpos que volaban y asestando algunos golpes ella misma que habrían hecho que Ginny la mirara orgullosa, pero consiguió cerrar la puerta, bloqueándola con los cuerpos de dos guardias inconscientes.

Desde allí, echó un vistazo hacia atrás, donde la lucha continuaba: vio a Terence, sangrante y jadeante, que parecía tener graves problemas con un guardia. Sin embargo, consiguió dispararle y huir en la otra dirección, mientras Graham y Marcus se arrastraban hasta la otra puerta y echaban a correr una vez allí sin molestarse en mirar hacia atrás –Slytherins, pensó molesta, siempre buscando su propio beneficio aunque sea abandonando a sus compañeros–.

En cuanto Marcus puso un pie dentro del túnel, la alarma redobló sus esfuerzos, sonando mucho más aguda, y los guardias dejaron lo que estuvieran haciendo para dirigirse hacia el túnel corriendo rápidamente.

Mientras Draco se dirigía corriendo hacia ella, Hermione vio, como en un sueño, cómo Cassius lograba disparar una ametralladora desde el suelo y correr dentro del túnel, aunque cojeando.

Mientras tanto, la puerta detrás de ella explotó, mandándola hacia la pared, donde cayó con un golpe seco. Draco derrapó en su dirección, se agachó, la agarró de los hombros y se inclinó mucho para hablar con ella, con una expresión ligeramente desquiciada en la cara.

—Granger —espetó secamente, ignorando la mirada desorientada y desconcertada de ella—. Blaise. ¿Dónde está?

En ese momento, Theo agarró los hombros de Draco y tiró hacia atrás, separándolo de ella. Cuando Draco se giró para encararlo, furioso, la expresión de Theo –triste, amarga, traicionada– hizo que toda la furia abandonara su cuerpo y se relajó de golpe, apoyando una mano en el brazo de su amigo.

—¿Qué…?

—Se ha ido —lo interrumpió Theo, con la voz muy ronca. Tragando saliva, añadió—. Se ha ido, Draco, se ha ido con ellos.


¿Qué pensáis del final? Quedan solo nueve capítulos, y os garantizo que van a seguir un ritmo vertiginoso (o eso voy a intentar al menos) con muchas, muchas sorpresitas. O no tantas, igual sois Trewlaney 2.0 y las adivináis antes de tiempo, quién sabe xD

Este capítulo llega un poquillo tarde, pero aunque podría haber publicado el cap ayer porque ya estaba escrito, Meri no ha podido leerlo hasta hoy, y era para mí de vital importancia tener una segunda opinión en la pelea. Así que, como veis, ha llegado tarde pero ha llegado ;)

Y, bueno, tengo algo que decir que pensaba que no diría nunca, pero... Estoy bastante decepcionada con la respuesta que ha tenido el anterior capítulo. Hubo casi 300 vistas, como diez personas añadieron esta historia a favs/follows y únicamente recibí siete reviews. Solo siete personas (redeginori, ivicab93, FeltonNat88, Doristarazona, SallyElizabeth. HR y esta mañana EliFeltson y Parejachyca) dedicaron unos minutos a decirme lo que habían pensado cuando leyeron el capítulo.

He estado toda esta semana un poco ñe y sin demasiadas ganas de escribir, porque de los trece reviews del capítulo 23 pasé a cinco, ahora siete, en el 24... Ya os imaginaréis cómo me sentó :/ ¿Qué significó? ¿Que no os gustó el capítulo?

Yo escribo porque me gusta, es cierto, pero para mí ir recibiendo reviews a lo largo de la semana significa que no le grito a la nada, que hay personas al otro lado de la pantalla que leen aquello a lo que le he dedicado horas y horas a crear y les gusta (o no). Recibir reviews es un empujón para el ánimo, una fuente de inspiración para seguir escribiendo el fic y esforzarme cada vez más en perfeccionar los capítulos.

Así que muchísimas gracias a las cinco personas que me animaron la semana con sus palabras y a Eli y Parejachyca por hacerme sonreír esta mañana. El capítulo es para vosotras.

LadyChocolateLover