N/A: Hola de nuevo, chicas =) Chibi Rukia sigue reportando para uesas merçedes. Nuevo capi esta semana =D Perdón si me estaba tardando ya, pero estoy llevando unos ajetreos por culpa de la dichosa graduación... que mejor no vivirlos, en serio. As ever, gracias por los reviews y por que os molestéis en leerlo y todas esas cosas bonitas que no dejo de pensar cada vez que veo vuestros comentarios y las visitas que tiene el fic~
¡Capi nuevo, vida nueva! XD Realmente no, pero bueno, hay casi de todo en este nuevo. Intrigas, misterios, drama, romance, algo de humor... y la última aparición de la madre de Kanda, al menos que yo recuerde y por el momento xD Poco más que decir, ya sabéis que mis N/A no suelen estar demasiado inspiradas XDDD
Respondiendo a la única review anónima que tenemos... ¡muchas gracias, NoeMi D! =D Fui a escuchar la canción, te lo juro, pero el usuario ha retirado el video ;w; ¿te importa pasármela de nuevo? ¡Gracias! ^^ Sí, a Marie y a mí también nos dio mucha penita sacar a Sofi de en medio =( Es una niña demasiado coñera, pero como se ha dicho, es necesario también. Je je je. Alegra ver que Clara os gusta tanto, de verdad. Uy, con Road y Tyki piensa mal, muy mal xD sobre todo teniendo en cuenta que soy yo quien los maneja a menudo... ¡Uahahahaha!
Tonterías varias, amores verdaderos. Plas plas. Besitos y saludos.
¡Esperamos que os guste!
~Capítulo 26~
Clara suspiró, resignada, atreviéndose por fin a abrir la puerta que tenía ante ella.
Había bajado a desayunar muy pronto porque los nervios de empezar el colegio no la habían dejado dormir bien y Haruka, que correteaba de un lado a otro ocupando a todas las criadas de la casa con los preparativos del viaje, le había pedido que despertara a Yu para despedirse de él.
Entró en la habitación temblando de nervios, estaba tan ordenada como siempre y un par de rayos se colaban por las rendijas de la persiana, iluminando ligeramente la cama. No pudo evitar sonreír al verlo dormir por segunda vez desde que lo había conocido. Tenía el pelo todo desordenado, un mechón le caía sobre la cara, enredado, por encima de la nariz. Tenía los labios entreabiertos y las mantas bajo el brazo. Era evidente que la marcha de Sofía lo había dejado tan agotado que había dormido a conciencia.
Se rió pensando que su hermanita tenía razón: sí que parecía una chica cuando estaba relajado. Llegó a sus oídos un gruñido sordo, el ruido que la pequeña encontraba útil para alejar los miedos. Recordó que la primera vez que lo había escuchado, estando ambos bajo uno de los árboles, se había sentido asustada, pero ahora le resultó bastante mono. Había aprendido rápido que Kanda no era tan terrible ni tan malo... Sólo un poco brusco...
Se acercó y los nervios la invadieron otra vez al pensar cómo despertarlo.
"Seguro que se despierta de mal humor..." se dijo intimidada por la situación.
Al final optó por lo simple, y como no se podía mover, habló.
-Ah... ¿K-Kanda?- susurró apretándose la falda. El chico no dio muestras de haberse enterado, así que probó otra vez, un poco más fuerte- K-kanda... Tu madre te llama...
Movió la cara contra la almohada, gruñendo y frunciendo el ceño, pero no se despertó.
Impaciente, consiguió reunir el valor como para rozarle el hombro desnudo, lo cual fue suficiente para que abriera los ojos de golpe.
-B-buenos días...- murmuró cohibida mientras él se sentaba tirando por la sábana para cubrirse.
-¿Qué haces aquí?- preguntó con cara de pocos amigos.
-T-tu madre... Dijo... Ella...
-Tsk. Ya- bostezó sin poder contenerse-. Buenos días.
Clara asintió rápidamente con la cabeza y salió prácticamente corriendo, deseosa de abandonar la habitación cuanto antes.
Kanda se quedó mirando la puerta con expresión neutral, preguntándose qué lógica tenía responder a un simple saludo hecho por educación con una huida apresurada. Bostezó otra vez. No valía la pena pensar en ello, no lo entendería ni aunque le dedicara la vida. Se levantó y se preparó para bajar, decidiendo dejar la ducha para más tarde. Si no se apresuraba, su madre irrumpiría en la habitación y no le importaría ni que no estuviera vestido ni que estuviera dentro de la ducha. Quizás incluso lo arrastraría por toda la casa.
Nada más poner un pie en la escalera escuchó el chillido emocionado abajo de las mismas, y no estaba ni a la mitad cuando los brazos de su madre le rodearon la cintura.
-¡Yu!- sollozó- ¡Ya pensé que no podría despedirme de tiiiii!
Levantó el brazo para mirar su reloj. Seis de la mañana. Se iban a las diez.
-Tienes dos horas para despedirte antes de que vaya al instituto- anunció-. Creo que es suficiente.
Ella hizo un sonidito extraño y agudo.
-¡Nunca es tiempo suficiente con mi cachorrito!
Gruñó apartándola para terminar de bajar un poco más bruscamente que de costumbre.
-No me llames así- masculló molesto.
-Señora, ¿qué hago con esto?- una joven criada le mostró un abrigo blanco desde arriba.
-En la maleta verde, la grande- ordenó con voz completamente tranquila y se volvió hacia su hijo otra vez- ¡No sé qué haré sin ti tantos meses!- lloriqueó.
Kanda suspiró y le dio una torpe palmada en la espalda cuando ella se le abrazó otra vez, ya en el salón.
-Venga, mamá...- dijo algo cansado de los numeritos- Ya vale.
-¡No seas malo!- le acarició el pelo sin soltarlo- ¡Es tan suave, Yu! Lo echaré de menos.
-No lo has tocado apenas desde que llegaste- contradijo.
-¡Pero estaba aquí! Podía hacerlo... ¡Es diferente!- se separó con las lágrimas resbalándole por las mejillas.
-Haruka, deja al chico.
-Papá- fue casi un suspiro al verlo entrar, seguido de Clara.
-¡Es que tenemos que dejarlo aquí otra vez!- gritó yendo hacia su marido y dejándose consolar- ¡Dejar solo a mi pequeño es tan duro!
Takeshi suspiró y abrazó a su mujer, acariciándole suavemente los hombros. Clara se quedó parada tras ellos, algo incómoda, sin saber muy bien qué hacer, qué decir o hacia dónde moverse. Se encontraba quieta, con las manos encogidas contra el pecho y mirando en todas direcciones con lentitud. Kanda sintió que iba a chocarse contra la pared a posta cuando se dio cuenta de que acababa de pensar que según Lavi, en ese momento Clara era adorable. Decidió achacarlo al sueño y al estrés que suponía aguantar a su madre en ese estado, recién levantado.
-Vamos, vamos, Haruka. Que siempre que venimos montas el mismo numerito. Yu ya es lo suficientemente mayor y maduro como para quedarse solo, ¿verdad?
-¡Pero... pero...!
-Haruka- dijo con ternura- Nada de peros. Lo prometiste- alzó una ceja.
La mujer hinchó un poco los carrillos y se abrazó con más fuerza a su esposo, que la recibió con una sonrisa tibia, besándola con suavidad en el pelo.
La incomodidad de la chica se trasladó al muchacho, que le indicó con la cabeza que lo acompañase a la cocina, aprovechando que su padre estaba entreteniendo a su madre con mimos. Un escalofrío le recorrió la espalda a Kanda, que aceleró un poco el paso. Nunca lo reconocería, y siempre diría que era porque lo consideraba chorradas, pero le daba bastante vergüenza ver a sus padres en semejante... plan... Clara se aferró a su camiseta y él disminuyó el paso. A pesar de eso la chica no lo soltó y caminó junto a él un rato. Kanda no le dijo nada. Tampoco le molestaba... demasiado.
-¿Ya has desayunado?- preguntó.
-Sí...
-¿Tan temprano?- la miró de reojo.
-Estaba nerviosa... Hoy empiezo las clases... Y también... me mudo- anunció, algo triste, sin saber muy bien por qué- Viviré interna en el instituto.
Kanda asintió con la cabeza. Sintió algo parecido a la compasión por ella. Había comprobado en sus carnes cómo eran las chicas de su instituto, y sabía que se la comerían viva siendo ella tan tímida, tranquila e influenciable.
-Puedes venir... cuando quieras...- dijo con voz ronca.
Clara abrió los ojos desmesuradamente y parpadeó. Kanda giró entonces la cabeza en otra dirección, incapaz de aguantar esa estúpida mirada de esos estúpidos ojos azules, y sintiéndose extraño de nuevo. ¿A él qué más le daba lo que le pasase a esa renacuaja blanca y delgaducha? Sin embargo, ya lo había dicho y no había marcha atrás. La notó temblar un poco cuando se aferró con algo más de fuerza a su camiseta y trotó a su lado hasta llegar a la cocina, donde se separó de él ante la mirada perspicaz y curiosa de Nanny, que sonrió con calidez al muchacho, que se plantó frente a ella.
-Buenos días, señorito.
-Buenos días.
-¿Quiere desayunar?
-Sí. Siéntate- le dijo a Clara, que sólo asintió con la cabeza y se sentó.
En ese momento se sintió mal y frunció los labios. Dios, ¿cómo podía ser tan tonta?
-Oye- dijo, refiriéndose a ella- En ese sitio, ese colegio, no hagas todo lo que te digan, ¿de acuerdo?
-¿Hacer... todo lo que me digan?
Bufó.
-Sí, como acabas de hacer conmigo.
Ella se sonrojó y se apretó la falda.
Nanny sonrió y le dio un pequeño cachete en la mejilla izquierda, llamando la atención del chico.
-No se lo diga así, señorito. Hay mil y una formas de expresar que está preocupado- dijo "inocentemente"- ¿Té o café?
-Café hoy- murmuró- Me hace falta...
Se sentó al lado de Clara y suspiró, cruzando los brazos sobre la mesa.
La chica lo miró, intentando descubrir en su rostro el motivo repentino de su preocupación por ella. Lo vio algo dormido, con los ojos algo más brillantes de lo normal y el rostro más relajado. ¿Sería por eso?
-¿Qué pasa?- preguntó molesto, al notar que lo miraba.
-N-nada.
-Tsk.
-Señorito- la voz de Nanny sonó a modo de reproche- ¿Cereales o tostada?- preguntó para disimular.
-Tostadas- gruñó.
-Bien.
-¿Por qué no subes a dormir otra vez si estás cansado?- preguntó Clara frunciendo el ceño, pensativa, sus ojos azules eran distintos cuando reemplazaban los nervios por curiosidad. Más seguros.
-Porque mi madre me despertaría- masculló.
-Aquí tiene, señorito- Nanny le dejó delante el café y un plato con cinco tostadas de paté.
-¿No comes mermelada?
-No. No me gustan los dulces.
-¿Y eso... sabe bien?- preguntó dubitativa.
-Sí- cogió una y la mordisqueó sin muchas ganas.
-¿Es...?
-Deja de hacer preguntas- espetó molesto.
Clara pareció recobrar toda su timidez de pronto, y clavó los ojos en las rodillas.
-L-lo siento... No quise hacerte enfadar...
-Tsk- esta vez le dio a la tostada un bocado de verdad que la dejó por la mitad-. Pues cállate.
Ella asintió con la cabeza, quedándose a su lado en silencio. Nanny sonrió, contenta de que Kanda hubiera hecho una amiga. No era algo frecuente, y esa chica parecía muy buena y muy dulce.
-¿Quiere algo, señorita?
-N-no, muchas gracias, no es necesario. Yo... Yo ya he desayunado.
Takeshi entró limpiándose la frente con un pañuelo.
-Nanny, ponme un vaso de agua, por favor.
-Sí, señor, por supuesto- se apresuró a atender la petición mientras él se dejaba caer en una silla frente a Clara.
-Hay que ver, es realmente agotadora- Su hijo alzó la cabeza y lo miró a los ojos-. Está arriba, revisando las maletas- respondió a la pregunta que no le había hecho.
Él hizo un ruido de asentimiento.
-¿S-se van muy temprano?- preguntó Clara.
-No. A las diez. Pero Haruka me despertó a las cuatro de la mañana- sonrió y se bebió de un trago el vaso que Nanny le tendió-. Viajar la pone muy nerviosa.
-Ya...- Clara se guardó para sí el pensamiento de que siempre estaba nerviosa- Espero que tengan un buen viaje- deseó con una sonrisa.
-Gracias.
El silencio se hizo otra vez, pero no tan incómodo como antes. Clara suspiró. Le gustaba mucho el padre de Kanda, normalmente no hablaba y su presencia era confortable. No la hacía sentir tímida ni insegura como la mayoría de las personas, sólo... Se limitaba a estar allí.
El rato hasta la hora de irse Kanda al instituto pasaron con relativa calma entre ataques repentinos de Haruka su "querido Yu que tanto iba a echarla de menos", y finalmente el chico se despidió de su madre con un beso y de su padre con un abrazo que a Clara se le antojó bastante frío teniendo en cuenta que no sabía cuándo volverían. A ella le hizo un gesto con la mano y salió sin pararse más.
Más tarde, a eso de las nueve y media, Takeshi la ayudó a bajar las maletas y ambos la acompañaron hasta el instituto, donde la dejaron en manos de la directora y le dieron un beso cada uno como despedida, recomendándole que no tuviera reparo en ir a ver a Kanda cada vez que necesitara algo o simplemente quisiera hacerlo y recordándole que tenía permiso para salir del edificio cuando quisiera, incluso para dormir fuera siempre que avisara dónde.
Clara fue acompañada a su nueva habitación por una de las asistentas del colegio, un enorme edificio blanco y de aspecto lujoso. Entró, sus maletas ya esperaban a los pies de la cama.
El cuarto no era muy grande, pero tenía todo lo necesario. Las paredes eran blancas, los muebles de una madera de tono claro, y las sábanas y cortinas de un suave color rosado, así como la lámpara de la mesilla de dos cajones. Tenía también un escritorio con otra lámpara y una estantería en la que ya había un par de libros, supuso que los que tendría que leer en lo que restaba de curso. El armario era espacioso y el baño, pequeño y con azulejos con flores, muy clásico y limpio.
Se mordió el labio, nerviosa, preguntándose si sería capaz de vivir ella sola. En su casa tenía a un montón de gente a la que acudir, y si bien en el colegio no tendría que limpiar sí tendría que defenderse sola y cuidarse sin ayuda.
Empezó a guardar la ropa para entretenerse. No la presentarían hasta después del recreo, y para eso aun faltaba bastante tiempo. Dejó el uniforme sobre la cama, sin entretenerse en examinarlo. Ya tendría tiempo para eso más tarde.
Por ahora tenía que calmarse y reunir valor para presentarse delante de una clase de desconocidas que, según Kanda, intentarían comérsela.
"Espero que te haya salido mal el examen, porque estaré libre este sábado para darte una clase particular como la de la otra vez"
Kanda bufó y dobló la nota, devolviéndosela a Lavi sin mucho entusiasmo, que volvió a abrirla y a leerla, sonriendo de una forma que a su amigo se le antojó estúpida.
-¿Y?
-¿Cómo que "Y"?
-Me parece muy infantil para una mujer de su edad. Luego te critica a ti por pasarme notitas.
-Ah, lo del tanga verde, qué bien lo recuerdas, ¿eh, Yu?
-Fue bochornoso. Y era rojo- dijo como quien no quiere la cosa.
-¿Cómo?
-Nada.
-¿Rojo? ¡No me jodas que al final te fijaste mejor que yo!- rió- ¡Eres una pasada, Yu!
-Vete a la puta mierda- se calló mientras Lavi reía-. ¿Qué pretendes enseñándomela?- dijo cuando terminó.
-Nada en concreto- sonrió, aunque era una sonrisa extraña.
-¿Pasa algo?
-No.
-Mientes.
-Sí.
Bufó.
-¿Hablaste con ella?
La sonrisa de Lavi desapareció, tornándose en esa mueca seria que Kanda odiaba con toda su alma y supo que las cosas no habían ido tan bien, aunque tan poco tan mal si habían quedado para ese sábado.
-Sí.
-¿Y?
-Estás hoy con el y, ¿eh?- bromeó sin sonreír, con la voz seria- Nada- se estiró- Le dije que no era suficiente con lo que teníamos… pero no pasó nada más. Le mentí. Le dije que sólo quería que lo supiese.
-¿Y por qué le mentiste?
-Porque se asustó. Lo vi en sus ojos. No quiere comprometerse- se tiró en la hierba del patio con los brazos en cruz, con la nota todavía en la mano y cerró los ojos- Estoy seguro de que tuvo que pasarle algo con alguien.
-No es asunto tuyo.
-Hablas como ella.
-Pues ella tiene razón. No es asunto tuyo. Sólo tenéis un lío, no te va a contar su vida.
-Pues me duele un poco, ¿sabes? Parece que no confía en mí.
-No. Es que sólo estáis liados. Quedáis para follar, punto. Aunque tú quieras ir más lejos, ella no, y por eso no te lo cuenta. En el momento en que te abra su corazón dejará de ser un lío.
Lavi suspiró y soltó una risilla.
-Pareces un experto en estos temas.
-Sólo uso la lógica.
-La lógica, ya- entreabrió el ojo- Cómo odio la puta lógica.
-Tsk. Por eso digo que nunca piensas en lo que tienes que pensar- le dio un puñetazo en el brazo y volvió a cruzar los suyos sobre el pecho- Te comes el coco con cosas que no debes. Me sorprende que no hayas acabado como una cabra.
-A mí me sorprende que me estés aconsejando como si llevases saliendo con mujeres de toda la vida. Y lo que más que estés aguantando tanto tiempo tan charlatán- volvió a reír- Gracias, Yu. Por aguantarme y eso.
-Tsk. De nada. Pero estas cosas sólo traen problemas. Si no trajesen problemas, no hablaría tanto.
-Eso seguro- le hizo soltar otra carcajada- Con lo serio que eres y me descojono contigo, Yu. Eres de lo que no hay.
-Aplícate la frase, baka usagi.
-Baaah- le sacó la lengua.
-¡Lavi, Kanda!
Lavi se sentó en la hierba y dobló la nota a toda velocidad, metiéndosela como pudo en el bolsillo, sin darse cuenta de que se le deslizó malamente hacia el suelo, quedando cubierta por la mano que colocó delante.
Se sorprendieron al ver a Lenalee caminando con paso apresurado hacia ellos, seguida de Allen que tenía cara de circunstancia al ser abrazado efusivamente por una chica que parecía de su edad, con el pelo azulado y de punta y la piel muy blanca.
-Hola, Lenalee, Allen- dijo Lavi cuando llegaron- Y tú eras…- miró a Road con curiosidad, y se vio reflejado en sus ojos.
-Road- canturreó- Pero no te preocupes si no te acuerdas de mi nombre, a mí tampoco me interesas demasiado, aunque sí me acuerdo del tuyo- dijo- ¿Qué hacéis?
-Nada que te interese- replicó Kanda bruscamente, haciendo reír a la chica.
-Qué mono el japonesito, ha dejado su caballerosidad para otro momento.
Se deslizó del lado de Allen y se dirigió al lado de Lavi, mirando curiosa al suelo y sonriendo, agachándose a su lado y poniéndose de cuclillas con las manos en la hierba.
-¿Qué pasa?- preguntó Lavi, intentando que no se notase lo nervioso que le ponía la chica.
Ella sólo sonrió y se metió sus finas manos en los bolsillos, sacando una piruleta.
-Nada~
Volvió a levantarse y se colocó de nuevo al lado de Allen, agarrándolo por el cuello y con intenciones de besarlo en la mejilla, que hicieron temblar a Lenalee. Sin embargo el chico colocó la mano educadamente entre ambos y los separó, sonriendo con cortesía.
-Mejor no, Road.
-Oh, está bien- dijo decepcionada, lamiendo su piruleta- Pues me voy, Allen~ Ya nos vemos en clase. ¡Adiós, Lenalee! ¡Juguemos algún día!
-Adiós- respondió, intentando mantener la sonrisa en su rostro. Luego miró a Allen intentando calmarse- Si vuelve…
-Tranquila- la cogió de la cintura y la besó en el pelo- Tranquila.
-¡Es que no puedo estarme tranquila! ¡Se pasa la vida pegándose a ti e intentando besarte y esas cosas y…!
No terminó la frase porque Allen la había tomado del rostro y le había plantado un suave beso en la nariz que la hizo parpadear confusa y atender a su sonrisa y a sus ojos cariñosos, sintiendo cómo se calmaba por segundos.
-Sigo sin saber cómo lo haces.
El chico sonrió complacido y le dio un beso en la frente.
-Déjala. No pienso dejarla que me bese- se acercó a su oído y le susurró algo que la hizo sonreír y sonrojarse un poco.
-¡Que no estáis solos! ¡Y Yu se nos encela!- dijo Lavi.
-¿Qué?
-¿Cómo?
Ambos dejaron de mirarse y se fijaron en el japonés, que tenía el ceño fruncido y una cara de mala hostia impresionante.
-Cierra la boca, gilipollas.
-Era broma, era broma- rió- El día que Yu se nos encele por esto el mundo llegará a su fin.
-No me encelo, pero es que no estamos en un hotel- les dirigió una expresión de algo que rozó el asco-. Estamos en el instituto, hay que comportarse.
-Perdóname, rey de la diplomacia- masculló Allen con un bufido, sentándose junto a Lenalee sin soltarle la mano.
-Cállate, Moyashi.
-Cállate tú, reprimido.
Lenalee se apresuró a interponerse entre ambos mientras Lavi se reía otra vez.
-Allen... Kanda... Ya. Pediros disculpas.
-Tsk.
-Paso, no he hecho nada.
Se volvieron cada uno a su lado con los brazos cruzados y la chica suspiró, instalándose junto a Lavi.
-De verdad que no os entiendo, podríamos estar felices y contentos y tenéis que buscar problemas donde no los hay. Kanda tiene razón, tenemos que guardar unas formas. Aunque él también debería comportarse un poquito más amablemente- acabó dirigiéndole una mirada de reproche.
-Pss.
-Tsk.
-No te molestes, Lenalee- intervino Lavi apretándole la mano con cariño-, sólo conseguirás un ataque de nervios.
Ella asintió vagamente con la cabeza.
-Hoy hemos tenido un control de filosofía sencillamente horrible. A veces me pregunto de dónde se saca las preguntas el profe, estoy convencida de que la tres no salía en el libro.
El pelirrojo volvió a reírse, jugando con sus dedos distraído.
-Bueno, de todas formas seguro que te aprueba, ese pervertido- le guiñó un ojo-. Es de los míos, no puede suspender a unas buenas piernas.
-Es un imbécil- espetó Allen.
-Uy, hoy venimos de mal humor, ¿eh?
-No, no es eso, pero es que me sacáis unos temas...- sonrió con aire de disculpa.
-Cierto, los exámenes deben quedar en la clase y no salir de allí. Y sino decídselo a Yu, que suspendió estrepitosamente el de historia que tuvimos hace poco, ¿no?
-Aun no los ha dado- gruñó el japonés.
-Ya, pero no hace falta, vi tu cara al acabarlo.
-Tsk. Con la niñata esa no había quien estudiara.
-Vaya, lo siento, ¿podrás recuperarlo?- preguntó Lenalee preocupada.
-Supongo.
-Seguro que puede arreglarse- intervino Lavi, y Kanda lo fulminó con la mirada.
-Ya lo arreglaré yo, es cosa mía.
-Cierto, Lavi, tú déjalo, con esa diplomacia suya conseguirá lo que sea.
-Te la estás ganando, imbécil.
-Ay, dejadlo ya- exclamó Lenalee atacadísima de los nervios, lo que los calmó un poco, aunque siguieron mirándose mal-. ¿Y Clara?
-En el colegio.
-Ah... ¿Empezaba hoy?
-Sí.
-Me pregunto cómo le irá a la princesita- Lavi se incorporó un poco, apoyándose de lado para mirar a su amigo- ¿La has acompañado?
-No. Fueron mis padres de camino al aeropuerto.
-Vaya... Tendremos que ir a verla luego.
-Tsk.
-No pongas esa cara, Yu... Le va a hacer ilusión.
-Ya ves.
-A mí me gustaría- comentó Lenalee sonriendo-, es una chica muy agradable, y muy bonita también.
-Es algo tímida, pero se nota que es buena persona- agregó Allen
-Haced lo que os dé la gana.
-¿Acaso no pensabas ir, Yu?
El japonés no respondió, sólo cerró los ojos un momento con gesto exasperado, y Lavi se mordió el labio para no reírse.
-Hoy trabajas, ¿no, Allen?
-Sí... Pero podéis ir vosotros, mandadle un saludo de mi parte.
-Será un placer pasearme entre todas esas chicas sin ti- bromeó Lavi-. Mejor que no vengas, es una tortura entrar comprometido.
-Tsk. Son unas idiotas.
-Sí, la mayoría lo son, pero también tienen tetas y culos estupendos.
-¡Lavi!- Lenalee le pegó una patada en la espalda que lo hizo volverse con cara de dolor- ¡No hables de las chicas de esa manera, por favor!
-¿Qué?- exclamó a la defensiva- ¡Ni que ellas no hablaran de mí así! Si no hacen más que señalar mi culo por ahí, y mi pelo- sonrió-. Les encanta.
-Qué modesto- bufó la china.
-Lavi siempre, ya lo conoces- intervino Allen guiñándole un ojo.
-Baka usagi.
-Ya os aliáis contra mí otra vez...- escondió el rostro detrás de una mano- No me queréis ni un poco...
-Pues móntate un harén- le espetó Kanda cansado de las conversaciones sin sentido que estaban teniendo ese día.
Allen y Lenalee se rieron al ver las caras de ambos, la de Lavi escandalizada y la del japonés tan seria como siempre.
-Dios, ¿cómo es que no lo había pensado antes? Yu... Eres un genio...- empezó a reírse con ellos antes de que pensaran que lo decía en serio.
-¿Vamos yendo?- preguntó Lenalee, mirando la hora.
-Bueno... Si es necesario...- Lavi se levantó con gran esfuerzo, había estado muy a gusto ahí tirado en la hierba con la refrescante brisa.
Allen cogió la mano de Lenalee para ayudarla a levantarse también y empezaron a andar, seguidos de Lavi y Kanda.
-Je, son monos, ¿no te parece?- preguntó el pelirrojo dándole un codazo.
-Tsk. Son empalagosos.
-Ya... A ti lo que te pasa es que te da rabia que Lenalee se haga mayor.
-Vete a la mierda.
Vieron la falda de Road de refilón cuando esta entraba en el despacho de Tyki, y Allen habría jurado que le había lanzado un beso antes de desaparecer rápidamente tras la puerta, pero no hicieron caso y siguieron andando a sus respectivas clases. Kanda y Lavi se despidieron en la puerta y siguieron hasta la suya, sentándose en sus mesas respectivas.
-Esa niña... Es rarísima- comentó.
-Tsk. Es una imbécil.
El pelirrojo frunció el ceño.
-No... No creo que lo sea, ni mucho menos- un escalofrío lo recorrió de arriba a abajo- Me pone nervioso... ¿Qué tendría que hablar con el de filo?
-Algo del control, seguramente. Deja de pensar tanto, me pones nervioso- apoyó los codos en la mesa y se masajeó las sienes.
-Sí, tienes razón- se puso los brazos detrás de la cabeza y sonrió-. Últimamente pienso demasiado. Debería volver a despreocuparme. Total, tampoco hay ningún problema grave. Pero me gustaría saber qué quería. Es una persona peculiar.
-Tsk. Mira quién habla.
Lavi soltó una risilla y cerró los ojos, esperando a que el profesor de la siguiente asignatura entrase por la puerta.
-Tyyyyyyykiiiiii~~- se deslizó desde la puerta hasta la mesa de su hermanastro, apoyando los codos en ella y moviéndose rítmicamente.
El hombre suspiró pesadamente y dejó el boli sobre los exámenes que había estado corrigiendo, pasándose la mano por la nuca y revolviéndose el pelo bruscamente.
-¿Qué quieres ahora, Road?- preguntó, intentando que se notase que estaba algo molesto.
La niña hinchó los carrillos, y dando un par de saltos acabó sentada a horcajadas sobre las piernas de Tyki, haciéndole cosquillas en el vientre con los dedos. El hombre le dio un suave manotazo para apartárselas y ella se quejó, torciendo la boca. Se deslizó un poco hacia delante, disfrutando con la mueca de tortura que se dibujó en el rostro de su hermano y riendo sonoramente. Le echó los brazos por encima de los hombros y lo miró cariñosamente.
-Encontré~ una~ noooooota~
-Se encuentran notas todos los días en las clases, Road- suspiró, cansado.
-Pero esta nota era especiaaaal~
Le besó en la comisura de los labios y apoyó su cara contra la boca de él, esperando que él le correspondiese el gesto.
Tyki gruñó. Estaba de especial mal humor ese día, cansado y deseando que fuese al grano de una vez, así que le tomó la cara con fuerza por la barbilla y la besó bruscamente en los labios, sorprendiéndola muchísimo y sonriendo contra la boca de su hermano, sacando un poco la lengua y acariciándole los labios juguetonamente.
-¿Ya?- espetó cuando se separaron.
-Síiiii~
-Deberías pedirle a tu príncipe que te hiciese estas cosas, no a mí.
-Es que seguro que besas mejor que él.
-¿Cómo sabes cómo besa él?
-No lo sé. Pero seguro que tú lo haces mejor con diferencia- rió, dándole un mordisco en el cuello- Era una nota de Ireeeene~
Tyki saltó un poco en su asiento y Road rió.
-¿De Irene?
-Sí… A su novio…
-¿Qué…?
La niña sacó la nota, resaltando enormemente sus uñas pintadas de negro sobre el blanco del papel. La desdobló con cuidado, meneándose suavemente a los lados sobre las piernas de Tyki y la sostuvo entre sus deditos blancos, susurrando una melodía muy animada que no hizo sino poner al profesor todavía más histérico y nervioso, encima que la fricción del pantalón contra sus piernas no estaba ayudando.
"Espero que te haya salido mal el examen, porque estaré libre este sábado para darte una clase particular como la de la otra vez"- canturreó Road.
La niña soltó una carcajada enorme al ver cómo su hermano palidecía leve y lentamente y se colocaba la mano sobre la frente, frotándose las sienes, intentando pensar con claridad ante semejante noticia.
-¿Me estás… diciendo… que está… con un alumno?- intentó reír.
Road se separó un poco de su cuerpo, y observó cómo el hombre se derrumbaba bajo sus pequeñas piernas. Se puso las manos sobre los ojos y empezó a respirar con fuerza. La sonrisa en los labios de la niña desapareció.
-Joder… por un crío… Por un… puto crío… Un criajo… ¡Un niño!- empezó a tartamudear.
Road tomó la cabeza de Tyki y la colocó sobre su pecho, como tenía por costumbre, atusándole con suavidad el pelo. No se separó de él incluso cuando comenzó a reír histéricamente, aferrándose con fuerza a la cintura de la niña y apretando su rostro contra su pequeño busto.
En ese momento la puerta sonó y se abrió levemente tras sonar un quedo "¿Se puede?".
-Creo que no te han dado permiso, ¿no es así?- dijo Road de mala manera, haciendo que, quien quiera que fuese, retrocediese y pidiese perdón varias veces.
-¿Sabes?- la voz de Tyki sonó cuando la puerta se cerró- Creo que sé quién es…
-¿Ah, sí?- preguntó ella, curiosa, ensañándose con los rizos del hombre- Dime, ¿quién?
-Ese maldito pelirrojo… El que va siempre con tu príncipe…
-Laaavi~
-Me importa una mierda cómo se llame- se aferró a la ropa de Road y la apretó, arañándole incluso la carne bajo la camiseta violeta que llevaba- Joder… ¿Cómo puede preferir a un niño?
-Porque es tooooonta~ No sé cómo teniéndote a ti prefiere quedarse con él. Tú eres mucho mas sexy y mucho mejor.
Tyki se separó con la mirada perdida en el vientre de su hermana.
-Tengo que decírselo al director.
-¡No!- dijo ella- No, Tyki, todavía noooo. Tenemos que castigarlos a los dos…- tomó el rostro de su hermano con las manos y lo besó- Castigarlos por ser tan malos… Además, me apetece jugar con Allen… y esta puede ser una graaaan oportunidad, ¿no crees? ¿Me ayudarás a castigarles, Tyki?
El hombre la contempló. Sus ojos dorados brillaban entre la malicia, la ternura y el sadismo, y sintió que se perdía en ellos, dejándose imbuir por sus caprichos y sus intenciones infantiles y crueles, y por una vez, sonrió de la misma forma que ella, sintiendo que el espíritu de su hermanastra pequeña entraba en él.
-Está bien, esta vez lo haremos a tu manera. Castiguémosles, mi pequeña Road.
Se sonrieron y se abrazaron con fuerza.
-Me encanta como hueles- dijo Tyki de pronto, hundiendo su rostro en el pecho de Road.
-Me encanta que me huelas- dijo Road, acariciando el pelo de Tyki con cariño- Y te dejaré hacerlo un poco más, pero tienes que dejarme jugar contigo un rato más- pidió, con los ojos brillantes y suplicantes.
-Sólo por esta vez- dijo, sonriendo sensualmente.
-Sólo por esta vez- rió ella, ensanchando su sonrisa todavía más.
Allen levantó la cabeza sorprendido cuando una bolita de papel pasó por delante de su nariz y aterrizó en medio de su libreta de inglés. Miró a su alrededor, escaneando la clase, y dio con los ojos de Lenalee que le gritaban algo así como "baja de la nube y lee la nota", cosa que le llevó unos treinta segundos comprender. Era lo que tenía estar pensando en idiomas diferentes, fallaba la comunicación visual.
"Road está en el despacho del señor Mikk. Te cuento luego."
Frunció el ceño. ¿Qué importaba que Road estuviera allí? Eran hermanastros, no tenía nada de raro que...
-¡AY!- se llevó una mano a la nuca cuando un libro impactó contra ella con fuerza.
-Debería prestar más atención a mis explicaciones y menos a las cartas de amor de su novia, Walker.
Se volvió y le sonrió inocentemente a su agresora, que se alzaba varias cabezas por encima de él.
-S-sí... Cierto... Lo siento mucho, profesora Cloud.
La mujer sólo suspiró y murmuró algo que sonó a "los hombres son todos iguales".
Pocos minutos después, Road llamó a la puerta y entró dando saltitos, anunciando que llegaba tarde por motivos familiares y que ya había dado la autorización al señor Mikk. Si a alguien le resultó extraño, nadie preguntó nada, y la profesora sólo le hizo un gesto con la mano para que se sentara.
En cuanto llegó el cambio de clase, Allen se las arregló para escapar de ella y acercarse a Lenalee.
-¿Qué pasa?- preguntó muerto de curiosidad.
-Verás... Abrí la puerta y Road estaba sentada en sus piernas...
-Son hermanastros, Lenalee, eso no tiene nada de raro- interrumpió Allen.
-¡Déjame terminar! Y le sujetaba la cabeza contra su pecho, acariciándole el pelo... Él tenía la cara hundida allí... Era... Un poco... Ya sabes...- se sonrojó, y Allen siguió su ejemplo.
-Ah... Entiendo... Pero... Tú... Ellos...
-Ya... Y no sé, el señor Mikk parecía algo alterado. Por un momento su cara asomó entre los brazos de Road y era extraña... No era... No sé- se detuvo con un suspiro, incapaz de explicarse.
-Bueno, siempre le has tenido idealizado- argumentó Allen con una nota de molestia en la voz.
-¡Eso no es cierto!
-¿Acusando a Allen de mentir, princesa Lenalee?
Los dos dieron un respingo al oír la voz de Road junto a ellos. La chica los observaba de pie, con las manos tras la cintura y balanceándose suave y rítmicamente sobre sus talones.
-R-Road... No te oí llegar. ¿Tuviste problemas en casa?- inquirió improvisando.
-No. Sólo evitaba aburrirme. La clase de inglés no me gusta.
-Ya veo- respondió Allen sonriendo y con voz segura-. ¿Siempre faltas a las clases que no te gustan?
-Sólo a veces.
-¿Y tu padre?
-¿Qué pasa con mi padre?
-No sé, ¿le da igual?- esta vez fue Lenalee la que habló.
-Sí. Papi sólo quiere que yo sea feliz.
-Qué suerte- suspiró Allen apoyándose en la mesa de su novia envuelto en un aura negra.
-¿Pero qué dices, Allen? Si tu tutor te dejaría faltar siempre que quisieras...
-No me dejaría, simplemente no se daría cuenta. O me pegaría por estar en casa sin ganar dinero ni estar con chicas. Es un alma oscura, nadie debería conocerlo... Es horrible, y cuando no tengo nada que hacer y sólo descanso él viene y...
-Déjalo, Allen- Lenalee le cogió la mano algo asustada, y Road se rió.
-Debe ser un hombre interesante ese tutor tuyo, A~~~llen.
Dio una vuelta y aterrizó sobre los hombros del chico, dándole un beso en la mejilla.
-Road...- se quejó él, echándola con delicadeza.
-Venga, no seas así... ¡Era un besito como amigos! A Lenalee no le importa, ¿a que no? Si ni siquiera fue en la boca...
La china no respondió, sólo forzó una fría sonrisa.
-Road, de verdad...
Todo el mundo empezó a sentarse al oír los pasos del profesor en el pasillo, y Allen aprovechó para deshacerse de Road con toda la amabilidad posible apretándole la mano antes de soltarla, sonreírle a Lenalee y escurrirse hacia su silla en uno o dos movimientos acelerados que le valieron el golpearse la rodilla con la punta de la mesa al sentarse y un dolor punzante desde la misma hasta el pie.
-Ay...- gimoteó. Estaba teniendo un día de lo más accidentado.
