He tardado en actualizar básicamente porque era mi última semana de exámenes, tengo un libro entre manos, mucho ajetreo, poco tiempo y encima la inspiración no iba bien. Escribía y no me gustaba nada, borraba, volvía a empezar y ni siquiera sé si ha quedado bien al fin o no. Vosotros juzgaréis :$ Por lo demás mañana empiezo vacaciones y tendré más tiempo para actualizar Memories Never Die, porque he ido pensando qué hacer en la acampada mientras tanto :') Espero que os guste la aparición estelar de este capi, pues ya vi que la escena hot del anterior, (y me refiero a Sandra y Kate *carita de luna* gustó bastante) Dejo claro que Sandra es una amiga de Rick que ha entrado al juego para que subiese la temperatura y que ha hecho dudar mucho a Kate, con lo que bromearé mucho en el próximo capítulo. También digo que la visita inesperada promete, ya que es un coctel explosivo en todos los sentidos. Aún más cuando cierta mujer hable con Kate de ciertas cosas, ya lo pillaréis. JAJAAJAJAJJAJA En todo caso espero que os guste, comentad si queréis y que sepáis que vuestras reviews son como gasolina para que esto vaya medianamente bien. Besos a todos y buenas noches!:*
Capítulo 26: "Coitus Interruptus."
Esa mañana, lo único que podía llegar a preocupar al agente del FBI Richard Castle, era que la leche tuviese la temperatura perfecta a la hora de mezclarse con el café recién hecho, o que las tostadas estuviesen en su punto. Él pertenecía a ese porcentaje de personas a las que le era indiferente el brillo dorado de un pan bien hecho, el olor del café una vez había terminado de prepararse o esa clase de detalles que podían verse en un desayuno normal y corriente. Su vida se basaba en un ajetreo constante, en no tener tiempo que malgastar reparando en las cosas sencillas del día a día. Un café de la máquina expendedora del trabajo podría ser su habitual desayuno, en vez de una mesa llena de comida de todo tipo, como disfrutaba el otro porcentaje de personas en esa ciudad. Y si alguna vez había roto sus esquemas, había sido al mudarse con Kyra al loft. En ese momento, las mañanas dejaban de ser la fase previa al día, para convertirse en un juego constante dónde los besos, las caricias y los mimos eran lo único que importaba. Su independencia se vio atacada por la vitalidad de esa mujer y lo mucho que le gustaba compartir cada segundo de su vida con él. De esa forma, la rutina se volvió algo nuevo.
Todo dependía de quién se despertase antes, del ánimo que tenían o del tiempo que disponían. Rick solía ser el primero, puesto que su trabajo le obligaba a madrugar más que a la mayoría de la gente. En esos casos, al no querer despertarla, preparaba un desayuno la mar de completo el cual consistía en zumo de naranja, café, tostadas, mermeladas de distintos sabores, donuts, galletas y la gran parte de la comida que hubiese guardada en la despensa. Finalmente, escribía una nota explicándole, como siempre, lo mucho que sentía no poder ser él mismo el que disfrutase a su lado lo que había preparado y de la misma forma, lo muy bien que lo compensaría al volver.
Desde el día en que ella se fue, él no volvió a hacer nada que tuviese que ver con desayunos exóticos. Ni siquiera usaba unos minutos de su tiempo en prepararse algo en la preciosa cocina de diseño de su casa. Para Rick, había acabado. Si quería tomar algo, compraría un café en un Starbucks, en un puesto ambulante o en la misma oficina y se lo terminaría en la sala de descansos del trabajo. De nuevo, sus costumbres volvieron a girar al igual que lo hizo su vida. A raíz de aquel desafortunado día dónde pareció congelarse todo a su alrededor. Dónde él se perdió. Dónde nunca se encontró.
Por eso, se sorprendió a sí mismo al verse merodeando por el piso inferior de aquella mansión, buscando en los armarios el sirope de chocolate para verterlo sobre un cronnut que había comprado la tarde anterior. A espaldas de Kate y mientras ella había estado distraída en una de las librerías del pueblo, se había ausentado unos minutos queriendo encontrar en una pastelería conocida algo diferente con lo que crear la primera parte de su regalo de cumpleaños.
Admiró la bandeja de plata que reposaba sobre la encimera de la cocina. Él no era precisamente un gran detallista, ni mucho menos había sido bueno a la hora de decorar algo. Las artes y las letras no eran lo suyo. Pero había podido vivir sin ello. No obstante esa vez su pecho se hinchó de orgullo y satisfacción al mismo tiempo que sonreía. El zumo de naranja brillaba bajo la tenue luz que caía por los cristales por la ventana. A su lado el café humeaba y el olor amargo inundaba un radio de varios centímetros de distancia según uno se inclinase para olerlo. Se lamió el dedo gordo, dónde había quedado una pizca de chocolate que se dedicó a limpiar con la lengua mientras miraba ceñudo el plato y pensaba si debía dar algún último retoque. En la superficie del cronnut, una capa de glaseado daba cobijo a varios pedazos de fresas cortados por la mitad. De todos los que había visto en la tienda, ese había sido el que más había llamado su atención. Los demás eran simples, sin nada o tan solo cubiertos por distintos siropes o glaseados de colores. Ese era el único con fruta y la verdad, se moría de ganas por verla morderlo e intentar que la fresa no escapara de sus labios y cayese al suelo.
El plato en el que reposaba el crujiente cronnut no era del todo inmaculado, a pesar de su principal aspecto cuando lo había cogido de uno de los armarios. En el borde de la cerámica podía leerse, en una caligrafía bastante perfecta para alguien que repelía las letras, una frase en francés y otra, en inglés.
"Je t'aime." "I love you."
-Espero que no se me caiga por las escaleras.-resopló en voz alta.
Tenía miedo de que el olor del cronnut mezclado con otros dos pequeños cruasanes rellenos de chocolate líquido le desconcentraran y terminase pisando un escalón que no existiese gracias a su propio subconsciente. Su estómago reclamaba comida produciendo unos sonidos guturales a los que ya estaba más que acostumbrado y que habían ido en aumento mientras preparaba el desayuno. Pero entre toda esa comida, lo que él quería y había preparado para que pudiesen disfrutar los dos, eran las tortitas bañadas en sirope de chocolate y caramelo. ¿Qué podía decir? Eran sus favoritas. Además, solían recordarle a su infancia, cuando su madre se las preparaba a él y a su hermano todos los sábados por la mañana. Tal vez esa era la única costumbre que conseguía mantener viva, aunque no muy seguida.
El suelo bajo sus pies descalzos ardía, y no precisamente producto del calor, al contrario, de las mínimas temperaturas exteriores. Un escalofrío cruzó sus terminaciones nerviosas, haciendo que su piel reaccionase erizándose y su cuerpo se sacudiese con gracia. Esas eran las desventajas de bajar medio desnudo a la cocina, pasar frío a la ida, pero sobre todo a la vuelta. Puesto que abajo, al menos la calefacción eléctrica funcionaba mejor que en la zona de las escaleras y que en el pequeño pasillo dónde se encontraban las habitaciones.
Abrió la puerta con sumo cuidado, haciendo equilibrio entre la bandeja de plata y la madera de ésta. Cruzó el umbral en dirección al lado de la cama dónde Kate descansaba de lado, abrazada a la almohada que atravesaba su cuerpo en vertical. Esa noche la había escuchado levantarse para ir al baño, así como también le había sido inevitable escuchar la causa por la que había tenido que salir corriendo de su abrazo hasta arrodillarse delante de la taza del váter. Llevaba toda la mañana, o al menos desde que se había despertado, pensando en si realmente podía haberle sentado algo mal la noche anterior en el club. Sin embargo él no la había visto beber en exceso, para nada, y más de una vez la había escuchado presumir de su aguante con el alcohol. Eso todavía le desconcertaba más.
Dejó con suavidad la bandeja sobre la mesilla de noche. Kate ni siquiera se inmutó a pesar de lo cerca que estaba de ella. Esperaría para comprobar si ella compartía algún detalle con él del pequeño incidente nocturno antes de ser él quién preguntase. Pues a ciencia cierta no estaba seguro de si era su propia paranoia o allí sucedía algo más. Se deleitó unos pocos minutos más con la maravillosa escena del sol hibernal escurriéndose por los finos rasgos de su belleza. Los labios de la joven permanecían entreabiertos a causa de tener la mejilla completamente pegada a la almohada, cosa que solo la hacía más adorable si eso era posible. El edredón nórdico cubría su desnudez, resaltando así la redondez de sus pechos encima de la tela.
Allí, en ese preciso instante, se sentía demasiado cautivado por semejante mujer. A veces pensaba que sus edades no eran tan extremas y que Kate acaba de cumplir los veintiocho, cuando en realidad había traspasado la línea de la mayoría de edad. No podía culparla de parecer varios años más madura. Aunque no en todos los sentidos.
Eso le hizo sonreír inconscientemente.
Era la primera vez que mantenía una relación, no solo con una menor, sino con alguien tan poco introducido en el mundo del sexo. En otras circunstancias tal vez se hubiese negado, sin embargo tras probar la sensación de ser el primero en tantos aspectos, no lo cambiaría por nada del mundo. Sobre todo cuando ella se aferraba al orgasmo que estaba proporcionándole mientras sus bocas se fusionaban. Acarició uno de sus prominentes pómulos con el dorso del dedo índice. Su caricia quería desprender el cariño que llevaba tanto tiempo reteniendo en su interior, y al parecer, Kate pudo notarlo contra su piel. No obstante ninguna reacción turbó su expresión serena y relajada, al contrario, la escuchó suspirar en una voz más baja hasta que, de nuevo, todo volvió a ser silencio. Sus labios parecían poseer un poder propio de la magnitud de los imanes. Como si los suyos fuesen un polo negativo y los de ella uno positivo esperando la colisión que les hiciese estar juntos. Hipnóticos, habría dicho. Su forma perfilada y carnosa solo aumentaba sus ganas de poder besarlos. Entonces lo hizo. Se inclinó suavemente hasta posarlos cerca de los suyos, con devoción. Con amor. Con dedicación. Con una lentitud propia de la cámara lenta en una escena de acción cinéfila. Y, como siempre hacía si se trataba de Kate, cayó rendido a sus encantos.
A medida que sus bocas iban haciéndose uno, él retiraba el edredón con la intención de tumbarse a su lado usando gráciles movimientos. Era toda una maravilla poder disfrutar de los besos de otra persona mientras ésta continuaba en plena fase rem. Si alguna vez alguien había usado esa arma en contra de él, no podía recordarlo. De veras que no. Pero ver a Kate siguiendo los movimientos de su lengua sin ser siquiera consciente de ello, al mismo tiempo que su cintura buscaba con ansia algo duro contra lo que frotarse, estaba comenzando a hacerle perder la poca cordura que todavía le quedaba.
Esa vez fue él quien embistió más fuerte de lo que debía contra su sexo tan solo cubierto por unas finas bragas de encaje. El bóxer podría explotar de un momento a otro entre tanta presión, y hacer eso solo incentivaba su deseo. Además de que también incrementaba las posibilidades de que Kate se despertase antes de tiempo. Por lo tanto, se despidió a regañadientes de las suaves caricias que producían los labios de la joven y su propia boca empezó a descender hacia la parte baja de su ombligo. Rodeó su piercing con la lengua, como hacía cada vez que estaba cerca de él, y pensó que posiblemente nunca se cansase de lamerlo, besarlo o morderlo. Era excitante en todos los sentidos. Aún más cuando Kate se retorcía riendo por las suaves cosquillas. Las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba cuando llegaron a la zona en la que la goma de las braguitas se adhería a la piel indicando el inicio de algo nuevo.
Ayudado de los dedos deslizó la tela de encaje con suavidad a través de sus largas y estilizadas piernas. La idea de romperlas sonaba más divertida, sin embargo Kate no era muy partidaria de ello, pues siempre recalcaba su "escasez de ropa interior" gracias a los arrebatos pasionarios del agente. Consiguió desprenderse de ellas en un abrir y cerrar de ojos, lanzándolas después a sus espaldas, todavía sonriente. El sexo de Kate yacía expuesto ante sus ojos, más aún al comprobar que la joven había abierto las piernas por inercia al sentir la barba de Rick acariciándola.
Comprobó si continuaba durmiendo. Su pecho ascendiendo y descendiendo con tranquilidad corroboró sus pensamientos. Además de que sus ojos libres de cualquier maquillaje permanecían cerrados también. ¿Qué podía tener esa chica que conseguía mantenerle en vilo a todas horas, todos los días? Su belleza podría contribuir, pero él parecía estar enamorado de su carácter, de su forma de ser. De su timidez y valentía. De su arrogancia y humildad. Todo eso era un cóctel molotov para su vida y sin embargo había dejado que estallase sin oponerse.
La primera vez fue suave. Una sola dirección en la que su lengua se expandió desde su húmeda abertura hasta su clítoris, dónde decidió golpear repetidas veces usando la punta de ésta. La escuchó murmurar algo en voz baja. Un sonido primitivo y placentero que se intensificó con el movimiento de su cintura clamando más. Él le abrió un poco más las piernas utilizando cómo punto de apoyo sus nalgas desnudas. De nuevo enterró la cabeza en aquel paraíso salado y mojado bien conocido. Y de la misma forma ella volvió a suplicar dentro de su sueño. El trabajo se volvió más rápido, lleno de idas y venidas descontroladas. Se olvidó por completo de ir cerciorándose por el camino del estado somnoliento de Kate y terminó por devorar literalmente cualquier cosa que se interpusiese entre sus labios y su lengua.
Mientras, la futura abogada sentía más cerca la línea de la realidad que el hechizo de Morfeo. Esa vez no era un haz de luz alumbrando su cara lo que estaba despistándola. Ni un sonido molesto batallando cerca de su oreja. Era algo diferente. Algo lejano y a la vez próximo, haciéndose poco a poco intenso. Notaba su respiración alterada cuando sus labios entreabiertos administraban oxígeno a sus pulmones o cuando su pecho carecía de coordinación si de respirar se trataba. A medida que esta serie de cosas iban haciéndose visibles, su cuerpo se desentumecía del sueño y ella podía volver a la habitación de Los Hamptons dónde había dormido esa noche, al lado de Rick.
Ladeó la cabeza contra la almohada. Su cuerpo estaba empapado en algo que sería seguramente sudor, a pesar de que estaban en invierno. En un crudo invierno. Sus sentidos se agudizaron, todos menos la vista, pues todavía no era capaz de abrir los ojos por mucho que quisiese. Su oído captó el sonido de dos superficies chocando la una con la otra, y al parecer creando la sensación de la humedad o algo pegajoso. La estancia olía dulce, algo parecido al chocolate o a un bollo recién hecho. Un olor delicioso. Sus uñas rasgaron la sábana al notar una nueva arremetida de algo muy placentero que estaba teniendo lugar varios centímetros más abajo y de lo que ella no era consciente. Se preguntó si seguiría en aquel extraño sueño con la misteriosa amiga de su novio.
-Uhmmmmm.-exhaló sin voz. Todo su cuerpo se retorció debajo de las sábanas, y de nuevo alguien impidió que sus piernas se cerrasen intentando controlar el deseo.
Su novio. Rick. Conocía esa lengua a la perfección. No era Sandra quién estaba haciendo eso, era él. Era Rick el que estaba despertándola con un perfecto sexo oral mañanero. Por eso su lado de la cama estaba vacío. Por eso algo incipiente estaba rascando allí abajo, provocando sensaciones contradictorias y a la vez perfectas.
Cuando quiso despertarse o terminar de hacerlo, se dio cuenta de que había estado todo ese tiempo mordiendo la almohada y gritando gemidos sin ser consciente de ello. Las marcas de sus incisivos estaban grabadas en la tela blanca, pero eso no era importante. Parpadeó varias veces ante la pequeña filtración de luz en la habitación. Aunque era suficiente para que sus ojos se aclimatasen al juego de colores e impresiones de todo el dormitorio. No reparó en la bandeja que tenía a su derecha, ni tampoco en la puerta semiabierta o en la chimenea crepitando gracias a los últimos trozos de madera. Nada de aquello pudo captar más su atención que el prominente bulto oculto bajo las sábanas.
Se dejó caer con fuerza contra el colchón invadida por una nueva ráfaga de placer, estirando los músculos de su cuello en el proceso y elevando el abdomen y la cintura al compás del camino que dictaba la lengua de aquel hombre. Dejando de lado el hecho de que había sido él quién mediante un pequeño tirón hacia abajo, la había obligado a recostarse, ella también prefería estar tumbada. Recordó que esa era la segunda vez que vivía algo así. Una forma alternativa al sexo que nunca habría pensado que sería tan genial usando solo una lengua y una buena serie de movimientos con ésta.
Se mordió el labio inferior con fuerza, casi haciéndose una pequeña herida, notando como cada vez su vagina se contraía más en espasmos pre-orgásmicos y su clítoris se resentía de la misma forma, vibrando. Sin pensarlo dos veces, internó ambas manos debajo de la tela, todavía adormilada por el sueño y las terribles "cosquillas" inundando su sexo, hasta enterrar los dedos en el pelo de Rick. Una vez allí ejerció presión de forma primitiva incentivándolo a terminar el trabajo de una vez para que pudiese descansar.
Al principio el agente se sobresaltó, pues a pesar de que había notado que su querida abogada se había despertado de la mejor forma, nunca hubiera pensado que haría algo tan sexy como eso. No le hacía falta escuchar sus gemidos para saber que solo quedaban unos pocos minutos antes de que el potente orgasmo la dejase derrotada en la cama. Podía sentirlo en la forma en la que su sexo se volvía más y más húmedo. En la forma en la que su clítoris subía y bajaba producto de los espasmos de la su abertura, la cual repetía esos mismos movimientos, contrayéndose. Si hubiese estado masturbándola al mismo tiempo, todavía habría sido más visible la culminación, no obstante prefería que aquel orgasmo fuese puro. Y con puro se refería a que solo debía intervenir su boca.
-Rick. Dios, Rick.-la escuchó jadear sin aliento.-No puedo más.
Le hubiese encantado bajarse los calzoncillos de una rápida sacudida y haber comenzado él mismo a calmar la potente erección que también luchaba por atención. Decir que era doloroso sería quedarse corto. Sobre todo cuando ella se comportaba de esa forma tan salvaje y él deseaba hacérselo en todos los sentidos, con poca cordura y mucha bestialidad.
Rodeó el clítoris en simples movimientos rotatorios, soplando de vez en cuando para que la sensación fuese más profunda. Kate continuaba gimiendo como si el mundo no existiese y nadie pudiese escucharla, totalmente ajena a lo que eso provocaba en el interior de Rick. Solo le separaba un pequeño incentivo del orgasmo, puesto que la lubricación ya había logrado su cometido y podía verse en la boca de Rick cada vez que lamía. Su último recurso se basó en mover la lengua a una velocidad increíble sobre ese bultito respingón a punto de estallar en mil pedazos. Escuchó la respiración de Kate elevarse a un grado tan alto, que súbitamente desapareció. Cayó. Al igual que su orgasmo, bañando cualquier rincón de su cuerpo. De esta forma, su cintura se alzó una última vez mientras la joven dejaba salir todo tipo de sonidos satisfactorios.
Si tenía pulso, era incapaz de notarlo. Al igual que cualquiera de sus extremidades. De repente todo se había centrado en un único punto de su anatomía, exactamente entre sus piernas. Sus pezones también se habían unido a la causa, irguiéndose en busca de las expertas manos de Rick para que los acariciara y los excitara cómo solo él sabía hacerlo. Estaba tan perdida en ese subidón de adrenalina, en intentar recomponer su respiración y en controlar su humedad que no dejaba de vibrar extasiada, que solo pudo susurrar un pequeño quejido lastimero cuando Rick mordió el epicentro de su orgasmo.
-Feliz cumpleaños.-susurró con voz ronca cerca de su oreja tras haber reptado poco a poco sobre su cuerpo hasta colocarse de nuevo a su lado.
Ambos permanecían tumbados boca arriba. Uno desnudo de cintura hacia arriba, con un abultado bóxer que podría usarse como bomba en una guerra, y ella de la misma forma, solo que completamente libre de ropa, con los ojos cerrados, la boca abierta y el pecho ascendiendo y descendiendo de forma irregular.
-Ya me felicitaste anoche.-sonrió Kate recordando cómo la había llevado de vuelta a casa en el BWM, pero al llegar a la puerta principal había decidido cogerla en brazos, al estilo princesa de cuento. Ella le había besado lentamente a medida que subían juntos las escaleras, riendo a menudo cada vez que Rick comentaba lo que podría sucederles si resbalaba y caían. Y una vez llegado a la habitación, se dejó sorprender al ver la cama llena de pétalos de rosa y velas que desprendían un delicioso aroma a frutas silvestres.
Aquello había seguido con una larga lista de bromas, juegos cariñosos, besos que decían todo lo que las palabras no podían explicar y el consiguiente sexo dónde Rick le había demostrado lo mucho que la amaba y ella se había dejado hacer.
-Ahora estás más feliz que anoche.-le dedicó una mirada divertida.
-Me han gustado las dos cosas por igual.-ronroneó la joven ladeando su esbelto cuerpo contra el del agente. Comenzó a besar su cuello mientras él le acariciaba la espalda con la yema de los dedos, deseando que ese momento se congelase para siempre y pudiesen vivir durante años allí dentro.
Los labios de Kate alcanzaron los suyos antes de lo previsto, pero no hizo otra cosa que no fuera corresponderle el beso con la misma ternura con la que ella estaba haciéndolo. No era la primera vez que perdían la noción del tiempo compartiendo ese tipo de actitudes empalagosas, a las que Rick no estaba precisamente acostumbrado, y las consecuencias oscilaban entre llegar tarde juntos al trabajo o que Kate lo hiciese con la universidad.
-Gracias.-susurró rompiendo uno de esos besos.-Por todo.
Profundizó en la mirada azul del agente queriendo ganar un poco de seriedad. Los ojos de Rick la miraban de una manera que solo podía describir como admiración o dulzura. En ellos podía verse un ligero brillo propio de las personas enamoradas. Ese brillo que era capaz de crear un aura alrededor del susodicho cada vez que estaba cerca del propietario de ese detalle a veces imperceptible. Pero lo que todavía le gustaba más era que ese destello había comenzado a desarrollarse a medida que ellos comenzaban a sentir cosas reales por el otro.
-No podía hacer menos.-respondió él en el mismo tono de voz. Le acarició la mejilla apremiándola para que volviese a besarle. Definitivamente los labios de esa mujer eran pura droga y él se había vuelto adicto a ellos.-Te quiero.
-Y yo.-hizo un amago de acariciar su nariz con la suya, pero en lugar de eso se le ocurrió algo mejor.-Tal vez podía, no sé…-comenzó a decir deslizando la mano de forma peligrosa en una única dirección.- ¿Agradecértelo?
Su sonrisa se ensanchó ante la risa ronca de Rick tras haber apretado su miembro semierecto sobre la tela del calzoncillo. Arqueó las cejas.
-No debes agradecer nada.-respondió éste con una calma apaciguada, a pesar de la revolución de hormonas que estaba teniendo lugar en su interior.-Tómalo como el primer regalo de cumpleaños.
-Vayamos entonces a por el segundo.-murmuró inclinándose para besar su boca y morderle el labio inferior al mismo tiempo.
Había conseguido subirse a horcajadas en un tiempo récord sin dejar de complacer el miembro de Rick con una de sus manos. Los besos estallaban en la boca de la pareja, irradiándolo todo con el característico sonido del cariño personificado. Y juntos intentaban deshacerse de toda barrera que impidiese fundir sus cuerpos como uno solo. El bóxer de Rick terminó escurriéndose por el borde de la cama cuando Kate tiró de ellos desde la goma elástica. Ésta movió su mano arriba y abajo sobre la erección del agente, sintiendo su dureza y lo ardiente que se encontraba en esos momentos, deseosa de enterrarse en su propio sexo. Observó los ojos cerrados de Rick, su pelo alborotado allí dónde tocaba la almohada y la pequeña abertura que habían creado sus labios para que el aire pudiese pasar a través de ellos.
Sus abdominales se contraían si él intentaba contener sus impulsos sexuales, y con ello el hecho de alzar la cintura al encuentro de la mano de la abogada. La fricción que provocaba la palma de ésta en contacto con esa parte de su cuerpo tan sensible le hacía delirar de placer. Kate había conseguido dominar la técnica tal y cómo él le había enseñado. Y no solo le compacía el gusto físico de un buen tocamiento, sino saber que era ella quién lo hacía. Los dos sonrieron un tanto avergonzados cuando él abrió los ojos tras haber estado sumergido en su propio trance y la pilló mirándolo con una mirada ardiente. Se repasó el labio inferior con la lengua ante la impresionante vista de la joven erguida sobre su cuerpo, desnuda y con sus preciosos tirabuzones que habían vuelto a hacer acto de presencia cayendo en cascada por sus hombros. Era una mujer que no necesitaba maquillaje alguno para deslumbrar a los hombres, o incluso a otras mujeres. Belleza natural, pensó. Sí, eso era.
-Compramos una caja de doce y solo quedan cinco.-su comentario divertido captó de nuevo su atención. Ella continuaba a horcajadas, pero esta vez sostenía una caja de preservativos de llamativo color mientras intentaba alcanzar uno de los plásticos.
-¿Qué esperabas?-sonrió él acariciando su cadera con los pulgares. Balanceó su propia cintura hacia delante y hacia atrás, ganándose una un pequeño arañazo en la parte baja del ombligo por parte de Kate. Supuso que por calentar ese incentivo que estaba haciendo que quisiese acabar ya con el envoltorio y sacar el condón de una vez.
-Espero que esta tarde salgamos o algo.-comprobó cuál era la parte que debía colocar sobre la punta de su enorme pene soplando ligeramente. En un principio su consistencia aceitosa había hecho que se le resbalase de las manos, pero había conseguido ponerlo a salvo antes de que cayese a tierra.-Oh, vamos, es mi cumpleaños.-protestó de manera inocente tras un quejido del agente.
-Y por eso quiero retenerte aquí.-ronroneó él. Señaló el perímetro de la habitación con el dedo índice a pesar de que ella estaba demasiado ocupada haciendo rodar el preservativo por todo su miembro erecto.
-Prefiero pasear un poco aunque la propuesta sea tentadora, y además-aferró su ya protegido pene hasta llevarlo sin más demora a su abertura húmeda-habrá que comprar más condones si tenemos que pasar más tiempo aquí.-gimió cuando la lleno en todo su esplendor.
Rick siseó también entre dientes. No podría cansarse nunca de esa sensación tan jodidamente placentera como era hacerle el amor a la persona que quería. El poder hacerse uno en todos los sentidos y ver que encajaban a la perfección. Allí, en ese preciso momento, recordó las primeras veces que habían compartido ese sexo que estaban teniendo. Las veces que le había indicado a Kate cómo moverse o qué tipo de gestos hacer con la cadera al subir y bajar sobre una erección para hacerlo todo más intenso. Las veces que había reprimido sus gemidos mordiéndolos al mismo tiempo que lo hacía con sus labios. Las veces que le había pedido que no chillara porque las paredes de su piso eran comparables al papel y podrían escucharlos. Todas esas veces en las que había sido feliz sin ser consciente de ello.
-Deberías plantearte tomar la píldora.-agarró mejor su cintura cuando el ritmo de las embestidas se incrementó y la ayudó alzando su cuerpo con más fuerza a la vez que ella pretendía descender.-Hacerlo a pelo es genial.
Kate suspiró, apoyada en su pecho. Inconscientemente evitó mirar al agente y desvió la mirada hacia la ventana que daba al océano. Sin embargo sus movimientos no cesaron, siguieron profundizando y arrancando algún que otro gemido u sacudida de Rick. Por una parte necesitaba desaparecer de allí para poder asegurarse de una vez si sus náuseas y el retraso en la regla apuntaban de forma descarada a un embarazo. Por otra quería esconderse en el cuello de ese hombre, sentirse protegida y no escapar nunca.
-Ya iremos viendo.-se limitó a responder. Hizo caso de lo que su corazón dictaba: buscar cariño en él. Terminó por recostarse sobre su cuerpo, caliente y duro y besar sus labios con delicadeza.-Mmmmmmmm…
Las manos de Rick se apiadaron de sus glúteos tras haberlos golpeado de forma traviesa con la forma de la mano. Los masajeó, enseñándole a la chica que así podía penetrarla más hondo. Su respuesta fue un gritito placentero que absorbió en un beso pasional. Los movimientos fueron volviéndose cada vez más bruscos, un trabajo en equipo que estaban disfrutando al máximo. A Kate le gustaba llevar el control, subir y bajar cuando le apeteciese y a él le excitaba terminar la tarea impartiendo más o menos intensidad según lo traviesa que había sido ella con él.
No obstante, se vieron interrumpidos por el timbre de la puerta principal. El sonido tampoco cesó cuando decidieron hacer caso omiso de él y terminar eso que estaban haciendo.
-¿Qué cojones?-Rick exhaló frustrado por no poder concentrarse bien si alguien insistía de esa forma en llamar sus atenciones.-No pienso bajar.
Kate rio divertida ante su gesto infantil. Aunque en ese momento opinaba lo mismo que su novio. Era muy molesto tratar de disfrutar algo de ese calibre con una persona tocando el timbre de forma constante. Al quinto timbrazo se miraron con cara de circunstancia mezclada con un ligero toque de enfado.
-¿Esperas visita?
-No.-se pasó las manos por el rostro.-Pero voy a matar a alguien.
La chica trató de responder, pero el teléfono de Rick se iluminó en la mesita más cercana, acompañado de un tono de música que no supo identificar.
-Lo dicho, te juro que voy a matar a alguien.-bramó en una voz todavía más elevada que antes, al comprobar quién era el causante de aquel alboroto.-Dime que no eres tú el que estás tocando al timbre, jodido idiota.-respondió colocando el iPhone en su oreja mientras Kate contemplaba la escena ajena a todo.
-La pregunta es: "¿si estás en casa por qué mierda no abres?".-la familiar voz de su hermano le llegó desde la otra parte del auricular. Inspiró tres segundos con la única finalidad de conseguir un autocontrol mayor a sus instintos asesinos.
-Si no lo he hecho es por algo.-respondió en un tono que derrochaba obviedad.
-Estás follando.-susurró James. El agente captó la burla en su tono de voz, además de hacerle saber que si bajaba la voz era porque no estaba solo.
-Mis ganas de dejarte abajo son reales.
Kate, al ver que aquello se iba a quedar ahí protestó con un bufido. Se estremeció al sacar el miembro de Rick de su interior, pues a pesar de todo ella estaba quemándose con su propio fuego y la sensación la hizo vibrar. Le dedicó una mirada a Rick, quién le pedía perdón en silencio al mismo tiempo que negaba lentamente con la cabeza.
-Creo que tu fiesta se ha acabado, así que baja.-no esperó a que respondiese y le dejó allí plantado, viendo cómo la chica con la que había estado disfrutando de las maravillas del sexo daba un portazo al meterse en el baño.
Se ajustó la camiseta de manga corta a la altura de la cintura, dónde la goma del chándal se acomodaba a su piel y se sintió idiota al comprobar que con las prisas había olvidado ponerse unos calzoncillos. Dio gracias porque su erección hubiese disminuido a una velocidad récord a pesar de que Kate estaba molesta por no haber podido disfrutar de lo que debían ser sus primeras horas juntos con los veintiuno. Al igual que él, ella también había tenido que cambiarse de ropa para bajar de forma presentable y para ello había decidido hacerlo en el baño, sola.
No podía culparla, él la entendía perfectamente y por eso deseaba abrir la puerta y poder así gritarle a su hermano.
-¿Qué coño haces tú aquí?-Rick rodó los ojos frustrado consigo mismo al no haberlo visto venir. Conseguir la casa sin nada a cambio había resultado demasiado fácil como para ser cierto.
-Más respeto gilipollas, que esta es mi casa no tuya.-respondió el periodista y escritor Jameson Rook mirando detrás del hombro de su hermano al mismo tiempo que le dedicaba una sonrisa burlona. Sin embargo su semblante cambió cuando vio a Kate bajar las escaleras.
-Si es tu casa por qué tienes que dejármela cuando te pedí expresamente que no vinieses.-contraatacó Rick sin ser consciente de la presencia de ésta.
Mantuvo el ceño fruncido y la mano bien prieta sobre el marco de la puerta. Quería hacerle saber que aquello no era una broma, estaba muy enfadado. Puesto había planeado todo eso con la intención de que el cumpleaños de la chica fuese lo más perfecto posible, y de nuevo su hermano había jodido sus planes.
-Yo…-la voz le falló. Estaba tan asombrado con aquella chica que ni siquiera tenía palabras para responder y todo rastro de gracia se había borrado de su expresión. Parpadeó dos veces seguidas solo para saber a ciencia cierta que no se trataba de su propia mujer. Porque no sabía cómo explicarlo, pero su parecido era exacto.
Rick se giró dispuesto a mirar qué sucedía y el hecho de ver que el motivo era su novia aún le confundió más.
-Se parece muchísimo a Nikki.-musitó Rook entrecerrando los ojos.
-Lo sé.
Él también la había mirado dos veces aquel día en la comisaria cuando la conoció. Causaba cierto choque conocer a dos personas sin estar emparentadas y que se pareciesen tanto la una a la otra. Dejando de lado los años que les diferenciaban.
-Kate, este es mi hermano.-le dedicó una mirada de cachorrito abandonado cuando le tendió la mano para que se acercase y ella sonrió antes de cogerla y colocarse a su lado. Ellos no eran los únicos que estaban impresionados con la apariencia física, pues ver allí al famoso hermano de Rick le había descolocado de manera impresionante. Por el simple hecho de que podrían pasar por gemelos si quisieran. Aunque, ya fuese porque estaba enamorada de él o no, consideraba un poco más guapo a su agente que al periodista.-James, ella es Kate.
Se dieron dos besos sin vergüenza alguna, al igual que él la hizo sonrojarse al comentar lo preciosa que era mientras pedía que no le dijese nada a su mujer. El brazo de Rick en sus lumbares le hacía sentirse en tierra firme, pues ante todo ella era tímida con la familia de su pareja y eso era todo un consuelo.
-La última vez que nos vimos tú estabas dentro de ese coche.-todos se giraron al escuchar la voz de la detective de homicidios refiriéndose a la nueva novia de su cuñado. La susodicha señalaba el BMW aparcado de Rick con el pulgar mientras sujetaba a un soñoliento y bien enfundado Elliot que descansaba apoyado en su hombro.-Soy Nikki. Ah, y Rick.-se encogió de hombros y rodó los ojos.-No he podido detenerle, desde el primer momento le he dicho que no es adecuado, pero ya sabes cómo es tu hermano.
-Un gilipollas.-afirmó el agente asintiendo.
-Exacto.
Kate imitó lo mismo que había hecho con James en la presentación a pesar de que en teoría ellas ya se conocían aunque fuese solo de vista. Como la primera vez, volvió a admirar la belleza del rostro de aquella mujer tan semejante al suyo. En un momento le hubo causado celos y todavía tenía la idea de que la complicidad que existía entre Rick y la policía no era solo por una amistad curtida en años, sin embargo ya no tenía nada por lo que temer. En ningún sentido.
-Kate.-sonrió.-Y a ti también te conozco, pequeñín.-se acercó a Elliot mordiéndose el labio inferior con ternura. Aquel niño había conquistado su corazón desde el primer momento que lo había visto en brazos de Rick, y todavía sentía debilidad hacia él.
-¿Quién es, bebé?-preguntó Nikki con una voz cariñosa, acariciándole la mejilla. Elliot abrió un poco más sus ojos verdes casi ocultos por el gorrito azul y rio escondiendo la cara en la curvatura del cuello de su madre con vergüenza y a la vez alegría.-Vamos, no seas tonto.-lo sujetó mejor.
-Kei.
Los adultos rieron al unísono. James reparo en la mirada de su hermano y en todos los sentimientos que estaban teniendo lugar allí dentro. Hacía años que no veía nada igual si se trataba de él, sobre todo después de la muerte de Kyra. Pero cualquiera que fuese testigo de aquello podría comentar el amor que sentía hacia aquella chica. El aludido miró a su hermano con la cara de bobo con la que estaba mirando a Kate y la cambió al instante.
-¿Qué?-preguntó realzando la brusquedad.
-Estás enamorado.
-Sí.
-En el fondo me alegro.-ambos hermanos se miraron en silencio, sin querer decirse lo mucho que siempre se habían apoyado el uno al otro en todo momento y las gracias que merecían.-También me alegro de haberte jodido el polvo.
Añadió rápidamente al notar el rumbo que adquiría la situación. Pocas veces se dedicaban un silencio de esa forma. Un silencio que por sí solo hablaba sin tener que decir nada, y sabiendo bien cómo eran los dos en esos temas, o más bien Rick, decidió darle un toque al estilo de Jameson Rook. Recibió un empujón cuando trató de entrar cargando las maletas y rio sin darle importancia.
Kate, por su parte, había conseguido que Elliot se deshiciese de su madre y se lanzase a sus brazos queriendo entrar para jugar con ella. De esta forma ayudaba a que Nikki y Rook pudiesen descargar el todoterreno sin tener que estar pendientes de que el pequeño hiciese su propio camino y pudiese caer u hacerse daño en cualquier lugar.
-Te espero arriba.-Rick se interpuso entre la entrada y ella, extendiendo el brazo hasta la otra parte del marco. Kate lo miró de arriba abajo. Reprimió el intento de morderse el labio y en lugar de ello lo repasó con la lengua.-Que hayan venido ellos no significa que tengamos que dejar nuestro desayuno de lado.-dijo en un tono de voz más bajo. No estaba segura de saber si aquello que estaba haciendo era porque pensaba que seguía enfadada, pero era tan tierno que la había ganado en unos segundos. Su enfado no tenía nada que ver con él, ya que sabía que no era el responsable de esa visita inesperada, pero un fuego mal apagado es capaz de enfurecer hasta a la persona más apacible del mundo. De ahí su reacción.
-Enseguida subo.-le guiñó un ojo, y casi pudo ver su corazón latir contento. Además de que su entusiasmo había quedado reflejado en su sonrisa. Intentó volver a pasar, y esa vez le detuvo la mano del agente en su trasero y luego el repentino acercamiento de su cuerpo al suyo. Elliot aplaudió riendo detrás de su chupete cuando Rick capturó los labios de la chica en un beso pasional. Le pidió perdón con los labios y la lengua, sin importarle si bien James o Nikki les miraban y después se miraban entre ellos negando y sonrientes.
-No tardes.-susurró absorbiendo su aliento y posteriormente su labio. Ella negó y volvió a dejar varios besos cortos sobre su boca mientras le acariciaba la nuca con la mano libre.
Nunca importaba qué era lo que Richard Castle hacía mal, él siempre conseguía arreglarlo todo con un gesto capaz de deshacer cualquier resentimiento hacia su persona, aunque eso conllevase chantaje emocional y buenos besos de por medio. No obstante, tenía algo claro: si en eso consistía su vida a su lado, podría acostumbrarse a ello sin esfuerzo alguno.
En el próximo capítulo:
"-Cuando te quedaste embarazada de Elliot, ¿a partir de qué semana comenzaste a tener náuseas?-echó un vistazo a la puerta del comedor, comprobando que ni Kate ni James estaban cerca.
-Al mes o a la tercera semana.-respondió Nikki totalmente confusa ante semejante pregunta.
-¿Y cómo supiste que estabas embarazada?-cambió la pregunta al ver la mirada perdida de la policía. Hubiese dado todo por recordar la época en la que Kyra comenzó a tener esa clase de síntomas y todo lo relacionado con el embarazo, pues tras su muerte todo aquel periodo de tiempo quedó borroso.-O sea, tuviste un atraso, pero ¿de cuánto?
-Unas dos semanas o así...-Nikki se incorporó en el sofá de cuero, dispuesta a llegar al fondo del asunto o al menos de la perturbación de su cuñado. Pues no solo sus preguntas daban mucho que pensar, sino el tono de voz y la precaución de la privacidad de la conversación.-Rick, ¿pasa algo con Kate?
-Creo que está embarazada."
