Capítulo 25: Llameante y traicionero final

Mirando al frente veías la capital de Skyrim sumergida en llamas. Era tan bonita con todas esas flores. El Palacio Azul era impresionante, pero ahora estaba parte derruido. La gente gritaba entrada en pánico y los guardias y legionarios luchaban por mantener la calma en contra de todo instinto de superviviencia. ¿Y se supone que esa era la manera de Ulfric de liberar Skyrim? ¿Con guerras? Dioses, ese hombre no sabía de que hablaba ni menos que estaba haciendo. Si no fuera porque lo necesitábamos hubiera muerto hace tiempo.

Los caballos, agotados, hacían un último esfuerzo por llegar. Habían recorrido toda la distancia entre Hibernalia y Soledad en una semana sin apenas descanso. Una vez bajamos y pisamos tierra una flecha fue detenida por Scott. Estaba a milímetros de mi rostro. El sudor frío inundó mi cara y la vida que tanto evité volvió a recorrer mi mente una vez más. Estuve a punto de caer al suelo, pero una mano cubierta con un guante negro me agarró evitándolo.

─ Deberías tener más cuidado. ─ Pronunció solemnemente el líder mientras me soltaba tras recuperar el equilibrio. ─ Somos los mejores guerreros, no deberían verte mostrando debilidad. ─ Comenzó a andar hacía la entrada donde se encontraba Ulfric tras devolver el proyectil con su propio arco.

Apretamos el paso y mientras andábamos vimos una granja arder. Estaba completamente destruida y los cadáveres de un hombre y un niño en el suelo desangrados por las heridas. Agudicé mi vista y vi como varios soldados forzaban y violaban con bastante dureza a una mujer. Por Auriel y los ocho, ¿esto es lo que promovía Ulfric? ¿Un mundo donde todo aquel que no estuviese de acuerdo con él fuese mutilado? Observé, pero no intervine, sabía que si lo hacía podría poner a mi líder en una posición complicada. Puse mi vista al frente y continué hacia la entrada principal con remordimientos. Caminaba por la que una vez fue Soledad. La entrada principal que estaba amurallada ahora era una ruina. El brillo de las flamas me cegaban y el negro humo hacía que mi respiración se complicase. Al fondo pude distinguir la figura del ejército con el Jarl al frente de ellos dando su discurso. Arengaba a las tropas con ánimo, la última batalla por Skyrim por la que tantos habían y estaban por caer había llegado. Nuestro líder se posicionó a su lado. Lo alababan como uno de sus héroes. Preferiría ser alagado por un bruja cuervo antes que por estos asesinos y violadores, pero no nos quedaba más remedio. Los necesitábamos.

─ ¡Es el momento de la verdad, guerreros! ─ Gritaba el castaño. ─ ¡Es la hora de expulsar a la legión de nuestras tierras! ─ Bajó el arma y observó seriamente a los suyos. ─ Este será un momento glorioso, hoy quedará marcado como el día en que le triunfamos y liberamos lo que es nuestro del yugo del Imperio y el Dominio. ¡Por Skyrim!

¡Por Skyrim y su pueblo! ¡Por Talos y su divinidad! ─ Gritaron al unísono todos. Estaban inspirados por su líder, dispuestos a acabar con todo.

─ ¡Pues acompañadme y hagamos de Skyrim un lugar para los nórdicos o cenemos en Svengarde en el intento! ─ Abrió el portón de hierro de un grito y avanzó junto a todo el ejército contra un muro de escudos plantado por los legionarios. Ese muro era una táctica nórdica muy eficaz la cual habían adaptado la mayor parte de razas de Tamriel y algunas lo habían mejorado. Los legionarios poseían unos escudos triangulares que se unían entre sí, uno por arriba y otro por abajo, haciendo un cuadrado perfecto y así evitando que entraran las flechas, cosa que los escudos redondos de los nórdicos no podían hacer en su totalidad.

Todos los de la Compañía comprendíamos que debíamos hacer, entendíamos nuestra labor y cargamos junto a los demás. Por última vez fuimos hermanos de escudo de estos bárbaros, aunque no todos lo eran. Los seis elevamos nuestras armas, gritamos con una falsa furia y cargamos con todo. En ese momento el tiempo volvió a pararse. Fije mi vista en mi alrededor y vi con claridad la escena. Un montón de hombres y mujeres yendo a la muerte. Veía como sus cascos se meneaban a cámara lenta, como gotas de saliva salían de sus bocas y como sus armas se zarandeaban en sus tenaces manos. Estaban dispuestos a todo. Los legionarios, tras su muralla de escudos, no estaban en una situación muy diferente o al menos algunos. Podía notar el miedo en ciertas personas, la ansiedad, los nervios de ver como una muchedumbre furiosa de rebeldes bien armados se abalanzan sobre ellos. El cielo se iluminó con un trueno y la gotas caían pesadamente, en un principio de forma pausada para suceder a la gran tormenta que se avecinaba. El enemigo estaba en mi frente y me repetía una y otra vez: "hoy no moriré". Al fin impactamos y el sonido de las carnes y aceros golpear el muro fue seco y repetitivo. La carnicería había comenzado y Sithis parecía contento.

En un principio los imperiales ganaban pues resistían tras sus protecciones pinchando y ensartando a los capas, pero todo se desbarató para ellos cuando intervine con mi magia. Aproveché la lluvia y reuniendo una gran cantidad de agua la congelé y lancé en forma de una gran ola gélida que funcionó perfectamente para abrir paso entre sus líneas. Ahora que penetramos sus defensas la lucha se igualó, pero el entrenamiento de los soldados del Imperio y los guardias de la ciudad se notaba aunque fuésemos más. Era una brutalidad. Fuese por donde fuese solo pisaba cadáveres y aún quedaban muchos por tumbar. Esto se alargaría demasiado pero ese era nuestro objetivo inicial; alargarlo. El plan era muy sencillo: todas las tropas hacíamos de señuelo mientras Ulfric y Scott se colaban en el palacio. El general Ralof tenía como prioridad asegurar a Elisif pero aún estaba con nosotros combatiendo

Paré un sablazo por la derecha y con la escarcha de mi izquierda lo lancé por los aires. Formé un muro de hielo congelando a varios enemigos e hice un paso para que el pelotón de Viento Lúgubre se colase directo al Palacio Azul. Una vez todo el plan estaba en macha solo restaba luchar hasta la caída de Tulio. La situación no nos era favorable por lo que recé a los ocho para que Scott se diera prisa.

La muralla no estaba muy bien defendida por lo que Ulfric y el Demonio avanzaban con facilidad hacia la guarida del general. Si no querían llamar la atención debían ser sigilosos, y esa era la especialidad del asesino. Armado con su arco mató a cada enemigo que se cruzaba con una flecha bien puesta en el cuello. Una vez llegaron al tejado rompieron una ventana y entraron con facilidad. Aterrizaron en la entrada y tres guardas los rodearon por el frente y dos del Penitus Oculatus por la salida evitando cualquier tipo de intento de fuga.

─ ¿Listo Demonio? ─ El rebelde adoptó su postura de batalla mirando a los legionarios.

─ La duda ofende. ─ Sacó sus espadas observando sediento a los pretorianos. Sabían de la fama de su enemigo y su mirada no ayudaba a mantener su moral, los mejores soldados que podía ofrecer el Imperio y estaban asustados como una niña ante un dragón gigante y bien dentado.

Ambos se lanzaron al ataque. El capa gritó con potencia y los tres enemigos salieron por los aires. Remató a uno en el suelo y volvió a tumbar a otro que trataba de levantarse de una patada matándolo de la misma forma. Paró el espadazo del último por la espalda con su hacha, agarró el escudo y lo apartó a la fuerza para asestar un potente cabezazo y aprovechando su amedrentamiento le incrustó su arma en la garganta. Scott no se dificultó mucho las cosas y paró las armas de ambos con las suyas propia. Gritó a uno de ellos aturdiéndolo y con la libre atravesó el escudo del de su derecha clavando su arma en su sien. Con un movimiento tajante de derecha bloqueó el sajo de restante. Ejerció fuerza haciéndolo girar y así darle la espalda para cortarlo por la mitad con un potente tajo doble.

Ambos guerreros avanzaron hacia la sala principal donde el Imperio llevaba a cabo sus estrategias en Skyrim y ahí estaba Tulio y su Legada de mayor confianza: Rikke. Una mujer fuerte y leal a sus ideales. Portaba la armadura pesada de la legión junto al casco que se le daba a los que alcanzaban el puesto de teniente. Tenía su espada de acero y escudo del mismo material en mano. Su mirada era firme y sus ojos daban la sensación de que la victoria era la única salida. Estaba desesperada, pero no había perdido la esperanza.

─ Rikke…─ La mencionó Ulfric con algo de pesar.

─ Cierra la boca, rebelde. No pienso hablar contigo.

─ Apártate mujer, esto no va contigo. ─ Amenazó.

─ Claro que va conmigo. El general ya ha perdido la esperanza, pero yo no. ¡Pienso luchar por Skyrim! ─ Aporreó el escudo con su espada.

─ Maldita sea, no quiero matarte.

─ Provocas una guerra y esperas no matarme, ¿te crees que esto es un cuento de hadas para niños dónde todos comen perdices?

─ ¡Esto solo va con Tulio!

─ ¡Esto va con todos! ─ Respondió alterada. Aún seguía con las armas en las manos. ─ ¡Has provocado una guerra donde gente inocente muere por doquier pedazo de burro, donde hermanos y hermanas se ven obligados a pelear entre si! ¡¿Y todo esto para qué?! ¿Para hacerte el Rey Supremo, para tener riquezas? ¡¿Eso es todo?!

─ No lo entiendes.

─ ¡Claro que lo entiendo! ¡Viví la Gran Guerra junto a ti y a Galmar como hermanos de armas y aun sabiendo todo lo que ocurrió te pones en contra de la paz que tanta sangre costó!

─ ¡El Imperio está podrido, nos han quitado a Talos! ─ Por primera vez se alteró.

─ Sabes perfectamente que si no hubiésemos aceptado el Concordato Blanco y Dorado hubiésemos caído ante el Dominio. No teníamos más opción, era eso o morir.

─ No era la única opción. ¡Podríamos haber luchado!

─ ¿Estás loco? Habíamos perdido casi todas las Legiones entre la Crisis de Oblivion y la invasión de Umbriel, la Gran Guerra nos destrozó. ¡Vencimos al general Naarifin gracias a la valentía del emperador poniendo en riesgos nuestros últimos ejércitos! No nos quedaba nada y preferimos subsistir a tener que morir.

─ Pero─

─ ¡Cállate de una vez! ─ Interrumpió la castaña. ─ Lo que quieres es hacerte con Skyrim, admítelo de una vez. Tu egoísmo ha matado a miles de personas y aun así piensas que tu conciencia sigue limpia. No eras más que un farsante, Ulfric.

─ No pienso seguir hablando. ─ Desenfundó su arma. ─ Es hora de acabar con esto.

En ese momento el hombre se lanzó al ataque y la otra preparó su defensa pero el asesino los detuvo.

─ Me encargaré yo mismo de ella, tu ve a por Tulio. ─ Aceptó y fue a por el General el cual acababa de sacar su espada. Ambos iniciaron una lucha a muerte sin cuartel.

─ ¿Piensas seguir de su lado a pesar de conocer la verdad?

─ No me importa la gente de estas tierras. ─ Saco su acero derecho. ─ No me importa Ulfric ni sus ideales. ─ Desenfundó el de la izquierda. ─ Solo quiero matar a una persona, y para ello necesito un ejército que esté dispuesto a enfrentarse al Dominio. Por eso me uní a los Capas de la Tormenta.

─ Eres aún más egoísta que el propio Ulfric, ¿quieres sacrificar un pueblo entero solo por tu afán de venganza?

─ Sí. ─ Apareció de pronto delante de ella pero consiguió bloquearlo con el escudo por poco.

Atacó pero con un impacto de su propio acero derecho elevó su arma dejando su flanco izquierdo desprotegido y con la misma arma cortó su pierna haciendo que se tambaleara. Sajó con la izquierda pero la legionaria puso su defensa de por medio incrustando el sable es este. Propinó una potente patada impactándola contra el muro y con su diestra clavó limpiamente su espada en su gollete matándola tras un breve sangrado y murmullo. Se viró y vio como Tulio y Ulfric se enfrentaban igualados. El rebelde retrocedía y aprovechó el momento para poner el pie a lo que este cayó y el imperial encima de este, cogió su arma y atravesó a ambos dando en el corazón del capa de la tormenta. Observó la mirada de Ulfric por última vez, este pedía una explicación mientras agonizaba previo a la muerte.

─ No me lo tengas en cuenta, mi señor. ─ Acarició su barba. ─ Ralof es más controlable, me sirve de marioneta. ─ Se levantó cuando el castaño respiró su último aliento. ─ La guerra civil ha terminado.


Y con esto finalizo por fin el arco de la guerra civil. Después de catorce capítulos por fin lo he terminado (en verdad lo escribí hará ya tres meses, pero bueno xD). El siguiente tramo argumental, personalmente, me encanta y va a suponer el antes y el después para nuestro protagonista. Recordad leer el pequeño añadido del pasado de Scott en mi perfil. Sin más que añadir me despido hasta la próxima semana.


Editado: 28/08/2017