Ok, ok, déjenme decirles que ya había perdido la esperanza de que alguna vez terminaría este capítulo (¿Dramática?, para nada), pero finalmente se dejó terminar, así que aquí lo tienen; espero y se disfrute.
Kise siempre lo ha sabido.
Su vida nunca ha sido, nunca será y nunca podrá ser una comedia romántica, no, su vida es más una de esas películas dramáticas, no, no de las que ganan un Oscar, si no esas que son creadas para la televisión y que nadie realmente conoce y terminas viendo un sábado por la tarde.
¿Estaba siendo exagerado? Tal vez
¿Qué pruebas tenía para decir aquello?
Kise estaba cansado de hacer las comparaciones en su cabeza.
Un claro ejemplo:
Sentirse aburrido y perdido en la vida, hasta finalmente encontrar algo que lo apasionara finalmente para terminar perdiendo aquello gracias a una lesión que le impidió continuar, era lo primero en la lista (no en importancia, pero ciertamente se encontraba en el Top 10).
Kise envidiaba ciertamente la forma en que la vida de Kurokocchi se había desenvuelto, encontró a Kagamicchi a una temprana edad y una vez ambos se miraron directo, no volvieron a separarse nunca, era como si el destino no pudiera permitirse el separar a aquellos dos. En la vida de Kurokocchi y Kagamicchi se podía entrever una comedia romántica, esas en las que los personajes se conocen, se enamoran, uno mete la pata, pelean, pero a la final sabes que terminarán juntos, porque solo así debe ser.
Su vida, la vida de Kise Ryota no era así para nada. Ryota se las arregló para semi encontrar a su persona amada (a veces se ponía cursi y lo llamaba su persona destinada), pero no fue un "Nos encontramos y no volveremos a separarnos nunca", no.
Fue un lindo año juntos, en el que Kasamatsu-senpai se volvió especial para Kise, pero que ni siquiera logró hacerlo entender que se trataba de su primer amor, no hasta que el mayor se graduó y estaba demasiado ocupado como para interesarse por un infantil muchacho de preparatoria, aunque eso no impidió que su pobre corazón rogara por un poco de atención de su dueño.
Y Kasamatsu siempre contestaba sus mensajes ocasionales sin perder esa camaradería que se había vuelto tan suya, y eso esponjaba a su corazón de orgullo, congelándolo con soledad al mismo tiempo.
No volvió a ver al hombre hasta 3 años después, durante un pequeño concierto con artistas locales, viéndolo por primera vez, cantando una canción que él no conocía, mientras acariciaba su guitarra, justo como Kise había fantaseado que su senpai lo acariciaría.
Cuando la presentación terminó, decidiendo ir a saludar al mayor, llamándolo, siendo mirado con un rostro sin expresiones, Kise temió que sería recibido con una sonrisa educada, para después ser partícipe de una conversación incómoda que terminaría en una excusa boba para continuar sus caminos, lejos el uno del otro, pues así siempre había sido previsto, pero para su sorpresa (su grata, increíblemente grata sorpresa), Yukio le sonrió realmente feliz al verlo y lo hizo sentir como si esos 3 años nunca hubieran ocurrido.
Tiempo después Kise se armó de valor y le pidió salir, Yukio sugirió que vivieran juntos.
Y Kise casi había olvidado que su vida no era una película dramática.
…
Kise escuchó el sonido que hacía la puerta al abrirse, los firmes y llenos de confianza, pasos de Yukio, al igual que el sonido que hacían las llaves al ser colgadas en su sitio.
Decidió ir a saludar a su esposo (de forma escandalosa), abandonando la cocina en dirección a la puerta.
-¡Bienvenido cariño!- Exclamó con brazos abiertos y rostro adornado con una sonrisa gigante.
Observó como el cuerpo de Yukio dio un pequeño brinco (sentado en el pequeño escalón que daba a la puerta, quitándose los zapatos y dándole la espalda; rutina que habían adquirido una vez que Yukio comenzó a temer el perder el equilibrio al quitarse los zapatos; miedo que Kise nunca se atrevió a exteriorizar, pero que compartía con su esposo), girándose a mirarlo sorprendido.
-No sabía que ya habías regresado- Contestó dispuesto a ponerse de pie.
-Yukio se supone que debes decir "Ya llegue cariño" y lanzarte a mis brazos- Explicó aquello ofreciéndose como apoyo de su pareja de inmediato, dejando que sus manos estuvieran unidas más tiempo del necesario.
Yukio no lucía muy feliz ante su comentario, pero sabía que todo solo era actuación y que en el fondo (Muy, muy en el fondo) lo divertían sus comentarios.
-No lo creo-
-Si no lo haces comenzaré a cantar- Dijo en tono animado, alargando la última "a".
-Ryota- Amenazó Yukio.
-"Besame la boca…"- Exclamó acercándose lentamente al rostro contrario.
-Ryota- Le advirtieron pero él continuó acercándose.
-"… con tu lágrima de risa…"-
-¡Ryota!- Gruñó su esposo apartando su rostro empujándolo con una mano por la mejilla.
Kise rio para dejar de lado su tono juguetón y colocar una mano sobre su bebé, preguntando.
-¿Todo bien?-
-Sí, todo bien- Y fue entonces que se dio cuenta que hasta ese momento su cuerpo había estado tenso, como encogido sobre sí mismo, permitiéndole relajarse finalmente.
-Dile que se mueva para mí-
-Hasta hace un momento se había estado moviendo, creo que simplemente no le agradas-
-¡Yukio, no seas cruel!- Su lloriqueo se detuvo al sentir como el cuerpo de su pareja se recargaba en él.
-Bienvenido, Ryota- Le susurró al oído porque el hombre era consciente de que su voz susurrante siempre lo hacía sonrojar como quinceañera al ver pasar a su primer amor. (Que siendo sinceros era más o menos lo que Kise era en realidad). Para terminar por iniciar un beso que le provocaba piernas y manos temblorosas, corazón regocijante y doloroso a la vez y un estómago enredado sobre sí mismo.
Y como si ahí no hubiera pasado nada su esposo se alejó de él decidiendo finalmente quitarse su bufanda y abrigo.
-¿Por qué llevas delantal?-
-¿Eh?- Medio contestó con cerebro fundido. –Ah, nos preparo la cena- Yukio sonrió.
-¿En serio?-
-Sí-
-¿No huele a… quemado?-
-¡Mierda!- Y corrió a tratar de salvar su creación, por suerte para él, nada estaba perdido. – ¡No te preocupes Yukio todo es comestible aún!- Explicó a su pareja en voz alta, pareja que probablemente se encontraba en la habitación que compartían cambiando su ropa de trabajo por una más cómoda.
-Ryota- Escuchó la voz contraria acercándose de a poco.
-¿Sí?- Contestó sin poner mucha atención, cuestionándose a sí mismo si la cantidad de pimienta era suficiente o no.
-¿Y esto?- Se giró a ver al hombre de pie junto a él (con pijama puesta y que sostenía el pequeño objeto que había comprado)
-Oh, ¡la pequeña guitarra!, la compre en el aeropuerto de… bueno, es que… cuando lo vi no pude evitar comprarlo al imaginarte enseñándole a nuestro hijo o hija tocar la guitarra, con sus pequeñas manitas y… ya sé que faltan muchos años para eso y ya sé que puede sonar muy tonto e infantil pero…- Toda su palabrería acabó al sentirse observado tan profundamente por su pareja, sintiéndose completamente expuesto, como siempre se sentía al estar junto a su esposo, como si no pudiera ocultarle nada.
-Eso es porque eres tonto e infantil-
-¡Yukio, malo!- (A pesar de lo dicho, Yukio sabía que Ryota no era tan infantil como quería que el mundo pensara y para nada era un tonto, sabía bien que su pareja era una persona reflexiva, madura y seria, a la que le gustaba jugar a ser el personaje torpe).
-Esto no es una guitarra- Kise lo miró confundido. –Es un Ukelele- Y Kise se golpeó la frente.
–Con razón me vieron feo cuando dije "Quiero la guitarra pequeña por favor"- Yukio rio fuertemente. –No te rías Yukio- Pidió, aunque no deseaba que el hombre parara.
Y sin agregar nada más el mayor acomodó el pequeño ukelele en sus brazos, sacando unas pequeñas notas descuidadas que para Kise fueron como la más perfecta de las melodías.
-¿Qué vas a enseñarle a hacer?- Cuestionó su esposo sin parar de crear música al tiempo que le sonreía. Kise lo pensó un momento, pues su cerebro se reusaba a salir de su sopor.
-A… ¿Modelar?- Dijo con un toque de broma, pero diciéndolo con honestidad, no sabía si eso molestaría a Yukio, no estaba muy seguro si enseñarle a su bebé modelaje era válido u honorable… la sonrisa de Yukio se volvió un poco más grande.
-Tendremos el mejor álbum de fotos- Y Kise sonrió complacido y entusiasmado.
…
Para Kise el momento más aterrador era cuando el mundo parecía estar en su lugar, cuando él estaba en paz consigo mismo, cuando se sentía feliz y apreciado (amado), porque eran los momentos en que el jodido universo decidía que era hora de recordarle que su vida no era una comedia romántica.
…
-¿Qué estamos viendo?- Cuestionó el mayor dejándose caer en el sillón.
-Eh… Madres histéricas y niñas con mucho talento- Se limitó a contestar, recargando su cuerpo contra el de su pareja, cubriéndolo con la cobija que se encontraba usando él.
-Solo es actuación para vender-
-Mhm…-
-Oh, pudo romperse el cuello haciendo eso-
-Lo sé- Después de unos cuantos minutos de disfrutar de la televisión, Yukio soltó un gruñido.
-No puede ser-
-Lo sé la mujer está loca-
-No… sí, también- Y comenzó a levantarse de su cálido lugar.
-¿Qué?, no, Yukio, no te vayas, le cambiaré de canal, si te vas moriré de soledad…- Exclamó de forma dramática.
-Solo voy al baño-
-Oh… creí que acababas de…-
-Cállate-
-Ok- Kise decidió perderse de nuevo en las maravillas de los "Reality Show", dejando su mente en blanco, hasta que sintió la presencia de su esposo de nueva cuenta, acomodándose para hacerle espacio al pelinegro. -Yukio, te perdiste la cara de enojo de la niña presumida cuando su hermana le ganó- Pero Yukio no contestó y tampoco hizo ademán de acercarse por lo que él apartó la vista del aparato idiotizador para conectar su mirada con el mar profundo de su esposo.
Lo que vio en el rostro de su pareja lo alertó; desesperación y miedo, Yukio nunca mostraba desesperación y miedo.
El rubio terminó levantándose de golpe enredándose con la cobija casi perdiendo el equilibrio, ignorando la vista ligeramente nublada, parándose junto al mayor colocando sus manos en los hombros del otro.
-¡Yukio!-
-E-Estoy sangrando- Kise respiró hondo, desenado con todas sus fuerzas que sus esfuerzos por hablar no fueran en vano, por suerte su cuerpo decidió cooperar por una vez.
-¿Lla… llamo a una ambulancia, un taxi?- Kise no era el que tomaba las decisiones importantes, ese era Yukio, cuando Kise estaba confundido sobre qué hacer, cuando sentía que estaba siendo un tonto y no debía confiar en su propio criterio recurría a su senpai, recurría a su Yukio porque con el simple hecho de mirarlo a los ojos la nebulosa en su mente desaparecía, todo adquiría claridad y las cosas no parecían tan imposibles.
Pero en ese momento al ver a Yukio a los ojos, no había claridad, no había calma esparciéndose por su cuerpo.
-Está bien Yukio- Lo abrazó contra su cuerpo, ocultándolo suavemente. –Está bien- Comenzó a buscar su celular en el bolsillo derecho de su propia pantalonera, decidiéndose por llamar un taxi, temiendo el haber tomado la decisión incorrecta, sin saber si debía recostar a Yukio o simplemente quedarse ahí hasta que el taxi llegara.
-Todo va a estar bien- Y aunque sabía que no podía asegurar aquello, se volvió lo único que podía dejar salir de su boca.
No estaba muy seguro de si trataba de convencer a Yukio o a él mismo.
…
Kise observó a Katsucchi jugar con Número dos y no pudo evitarlo más, lanzándose a cargar al pequeño y abrazarlo contra sí.
-¡Oh, Katsucchi, eres tan lindo!- El pequeño de dos años y medio no lucía muy feliz.
-Papi, tito se, plasta, plasta- Acusó el niño.
-Kise-kun, puedes bajar a Katsuya, por favor- Solicitó Kurokocchi con un plato azul en manos, que terminó por dejar en la pequeña mesita del niño.
-Pero Kurokocchi…- Exclamó sonando más como un niño de lo que Katsucchi podía lograr. A pesar de sus réplicas dejó ir al pequeño, quien caminó rápidamente hacia su mesita, tomando un puño de cereal del plato que su papi acababa de dejar, lanzándole un poco a Número 2, que lo aceptó gustoso.
-Katsuya, los Número 2 no comen cereal- Explicó Kurokocchi amablemente.
-Dosh, que, am, am- Kise no estaba muy seguro de que había dicho el pequeño, entre aquello que quiso ser palabras y eso otro que en definitiva solo eran balbuceos de bebé, pero Kurokocchi parecía perfectamente capaz de entender.
-¿Qué dijo?-
-Qué Número 2 quería comer cereal-
-¿Cómo lo entendiste Kurokocchi?, eres genial-
-Es mi hijo, claro que entiendo lo que dice, además es más sencillo entender sus palabras que descifrar por qué llora- Y Kise sonrió sin desear hacerlo en realidad.
-¿Crees que yo pueda?- Cuestionó mirando al pequeño.
-¿Entender a Katsuya?-
-Entender a mi hijo- Kurokocchi lo observó con su penetrante mirada azul, esa que lo hacía sentir como si estuvieran escaneando su alma "Sé lo que hiciste el verano pasado Kise-kun", o algo así, para finalmente dejarlo descansar, concentrándose en su niño.
-Claro, Kise-kun- Y eso lo hizo sentir un poco mejor. – ¿Hay algo de lo que quieras hablar?-
-¿Qué?, no-
-Bien-
-Sí- Tragó saliva con incomodidad deseando con todo su ser que Kurokocchi no se girara a observarlo.
-¿Cómo está Kasamatsu-san?-
-Me saco de la casa, ¿está bien?- Su amigo lo observó incrédulo.
-¿Te corrió?- Kise decidió que encogerse de hombros era una respuesta suficiente. El silencio del peliazul no lo estaba haciendo sentirse mejor.
-Puede que lo esté sacando un poquito de quicio- Exclamó tratando de sonar despreocupado (pero viéndose más tenso que nunca) tratando de sonreír con diversión (logrando una de las sonrisas más falsas que haría en toda su vida). –Pero es entendible ¿no?, qué más querrías hacerle a tu pareja si no te deja preparar tu propio desayuno o si no te deja levantar ni un tonto calcetín o…-
-Kise-kun…-
-O si parece muy dispuesto a acompañarte al baño o…- Las cálidas manos de Kurokocchi se colocaron en sus hombros.
-Kise-kun te vas a provocar un ataque ansiedad- Kise sabía (y sentía) que se estaba hundiendo, en un hoyo lleno de fango que se le metía por la nariz impidiéndole respirar. -Lo siento, Kise-kun. No puedo serte de mucha ayuda. Sería un hipócrita si digo que entiendo cómo te sientes, incluso si dijera que entiendo cómo debe sentirse Kasamatsu-san. Solo puedo hacer esto, escuchar. Estaré más que feliz ayudándote a desahogarte- No era mucho, pero Kise lo sentía como algo más que suficiente. –Pero, la verdad es que más que el alivio que puedes sentir al hablar conmigo o cualquiera de nuestros amigos, nada te va a ayudar más que hablar con Kasamatsu-san-
Él no estaba tan seguro de que eso funcionaría… pero… ¿Cuándo había sido la última vez que hablaron sin fingir que aquel enorme elefante no estaba en la habitación?
-Ser sobreprotegido por tu pareja no es realmente tan molesto como crees, te hace sentir querido y que el bebé es esperado por tu pareja también. A mí me gustaba cuando Taiga me llamaba todas las tardes, aunque él pensaba que era molesto-
-Kurokocchi- Bufó, limpiándose la nariz sin estar muy seguro de cuando se había ensuciado. –Eso es porque ustedes dos son como una cursi comedia romántica-
-Porque tú y Kasamtsu-san no lo son- Kise rio sintiéndose un poquito roto por dentro, porque no, su vida no era una comedia romántica.
…
Kise ingresó a su casa, silenciosa y con olor a limpiador, lavanda si no se equivocaba.
Observó un sartén con tapadera en la estufa y la silla del comedor un tanto movida, por lo que supuso que su esposo ya había comido. Caminó hasta su habitación, escuchando cada vez con más nitidez la voz de Yukio, parecía… leer.
Al momento en que Kise apareció en la habitación, Yukio paró de leer, girándose a observarlo, desde su lugar en la comodidad de la cama, y eso que intentó ser silencioso.
-Le estás leyendo-
-Sí- Contestó su pareja girándose a mirar su vientre de 7 meses.
-Ese es mi favorito-
-Lo sé- Y Kise decidió que esa era la forma de Yukio de decir "No te patearé si vienes y te acuestas conmigo".
Kise se sentó a la orilla de la cama y suspiró cansinamente.
-Ryota- Llamó su esposo y él se sintió estremecer con un poco de temor. –Siento haberte corrido-
-Está bien, entiendo que acabé con tu paciencia- Yukio abrió la boca y frunció el ceño, como si estuviera dispuesto a replicar. –Espera Yukio, tengo que decirte…- Sacó aire de forma temblorosa. –Sé que…- Comenzó a frustrarse consigo mismo. –Sé que eres muy fuerte y capaz de hacer todo por ti mismo… por eso confío en ti. El que me preocupes no quiere decir que no confío en ti - Y finalmente se permitió conectar su mirada con su pareja, observando una ligera sonrisa.
Sonrisa que desapareció.
-Tú me preocupas también-
-¿Eh?, ¿por qué?-
-Crees que no me he dado cuenta de que no duermes-
-Yo duermo-
-No lo suficiente… o que no comes como deberías o que has estado muy distraído en tu trabajo-
-Yo no…-
-Kobori me lo dijo- Kise quería golpear a alguien. –Sé que una complicación como esta no era algo que esperáramos…- No, Kise no quería hablar de esto porque el mero hecho de hablarlo lo regresaba al rostro invadido de miedo de su esposo en medio de la sala de su casa, de su esposo en la camilla de hospital, de la tranquila voz del médico explicándole que simplemente la placenta se había insertado en un lugar más bajo de lo normal y que ponía en peligro al bebé y a su esposo.
Explicándole a Kise que de un momento a otro todo podría salir mal y podría perder a su familia sin más, mientras él solo podía poner más fuerza en su mano enlazada con la de su pareja.
-Yukio…-
-Ryota, no necesito que seas fuerte por mí-
Y así con esas palabras Kise se sintió aún más inútil, Yukio, obviamente, era suficientemente fuerte por él mismo como para necesitarlo. –Ryota- Lo llamó suavemente. –No… tienes que pretender que no quieres llorar o que esto no está afectándote, no quiero que finjas que eres fuerte por los dos, te necesitó, necesitó al tú de siempre-
-Pero yo soy… débil-
-Yo también lo soy- Y Kise negó con la cabeza una y otra vez tratando de contener las lágrimas, y es que el problema era que cuando Kise sentía que no había una salida, cuando necesitaba consuelo, recurría a Yukio apoyándose en su fortaleza, pero mientras se encontraba parado en medio de la sala abrazando a Yukio contra él, se dio cuenta de que Yukio había buscado apoyarse en él y él no había estado preparado para eso, se dio cuenta de lo débil que era, mientras se sentía muy asustado, esperando que alguien apareciera dándole fuerzas para mantenerse en pie, deseando que Yukio no buscara la fortaleza que Kise Ryota no tenía.
Era un ser patético nada como el héroe de una gran película de Hollywood, nada como el protagonista "cool" de una comedia romántica.
Si no como el patético, con alguna curiosa enfermedad mental, protagonista de una película dramática.
–Eso no es verdad, Yukio es muy fuerte-
-Tú también lo eres-
-¡Yukio!-
-Ryota…- Yukio abrió la boca tomándose unos largos segundos para continuar. -Te necesito- Exclamó con voz tensa. -Pero no a este tú que finge no sentir… nada… necesito que hables conmigo… honestamente…- Y Yukio bajó la mirada cerrando los ojos fuertemente para alzar el rostro de nueva cuenta luciendo como un preso que estaba por escuchar su sentencia. -Lo siento sé que es mi culpa pero…-
No, no, su esposo no debía sentirse culpable, eso no era…
-¿Qué?, no, Yukio, no es… no es tu culpa esto es solo algo que pasó, no… tienes razón quería ser fuerte para ti porque me di cuenta de que tú siempre lo eres para mí y… es solo que no quiero verte de nuevo en el hospital, no quiero perderte, no quiero perder al bebé… estoy muy asustado y sé que tú también y pensé que tal vez tú no querías que yo estuviera asustado-
Se acercó a abrazar a su pareja, uniendo sus frentes permitiéndose soltar las lágrimas que habían querido salir desde aquel día en el hospital.
-Lo siento, no quería otra cosa que hablar contigo, pero sentía que no podía, lo siento-
-Está bien-
-Lo siento-
-Shhh, Esta bien- Y se dejó envolver por la calidez de su esposo, notando por sobre sus ojos llorosos las lágrimas que adornaban el rostro de su pareja.
Lloraron por un largo rato, Kise no estaba seguro de cuánto tiempo.
Pero cuando finalmente los sollozos dejaron de escucharse, decidió besar a su esposo, con rostros aun húmedos y sin separarse ni un centímetro.
Fue extraño sentir la pequeña patada desde el interior de su pareja en su propio abdomen.
-Wow- Yukio rio ligeramente desde su garganta, y cuando Kise intentó alejarse, la simple pulsera que su esposo siempre portaba (regalo del mismísimo Ryota, con una pequeña guitarra de adorno), se enredó en la arracada de Kise. –Aw, aw…- Se quejó, para terminar riéndose ante lo bobo de la situación.
-Espera no te muevas-
-Duele Yukio-
-Ya casi… y… ya está-
-Siento mi oreja caliente- Agregó cubriéndose la misma.
-Sí, está un poco roja- Y sin más se dejó caer junto a su esposo, sin dejar de conectar sus miradas, colocando una mano sobre el vientre de su pareja. -¿Comiste?- Lo cuestionaron y él formuló su respuesta al tiempo que sentía el movimiento de su hijo.
-Con Kurokocchi-
-Mhm-
-¿Tú?-
-También- Un nuevo y cómodo silencio apareció.
-¿Nos lees?- Yukio besó su frente lenta y amorosamente.
-Ok- Kise sonrió.
Sabía que su vida no era una comedia romántica, era más bien una historia dramática, llena de puntos tristes y momentos en los que parecía que nada saldría bien, pero estaba seguro de que era una historia de final feliz, tenía que serlo, era a lo único que podía aferrarse y en lo único que podía creer al encontrarse envuelto en la calidez de su esposo, buscando proporcionar la misma calidez.
Y la verdad, de todas formas las comedias románticas estaban sobrevaloradas.
…
EXTRA:
Katsuya movía la sonaja con emoción.
-¡Papi!-
-¿Mhm?-
-¿De quién es la sonaja, Amor?-
-¡'Sya!-
-De Katsuya, ¿Quién se la regaló a Katsuya?-
-Tito Se- Contestó el niño feliz.
-Tío Kise-
-Si Kise se entera de que Katsuya lo llama tío no porque cada vez que ve a Katsuya se llama a sí mismo "Tío" si no porque desde siempre le has dicho a Katsuya que él es "Tío Kise"… no sé… creo que romperíamos a Kise-
-Por eso nunca vas a decírselo-
-Papá, papá, "uhu uhu"- Exclamó el pequeño tratando de imitar el sonido de la bombera.
-Ah, sí- Taiga bajó la bombera roja desde su lugar sobre el armario alcanzándosela a su hijo en el suelo, con un Número 2 dormido a su lado. –Aquí está el "Uhu Uhu"- El niño aplaudió feliz, comenzando a jugar.
-Taiga, no le digas así- Kagami suspiró una carcajada.
-Ya sé, ya sé. Katsuya no se llama "Uhu Uhu", se llama bombera, ¿puedes decir bombera?- El pequeño pelirrojo lo miró en silencio y con enormes ojos.
-'Era- Dijo para alcanzar al monito conductor y dárselo a su padre.
-Papá-
-Ah, ¿Este soy yo?- Y de nueva cuenta se dirigió a su esposo. –Ya sé que debemos hablarle bien pero es que es tan… lindo cuando hace los ruidos de las cosas- Tetsuya suspiró sentado junto a él en el suelo.
-Ya sé, pero luego tendrá 15 años y creerá que bandaral es la forma correcta de decir barandal-
-Y tal vez así su futura pareja se enamoré de él… como y…- No pudo terminar de hablar al ser golpeado en las costillas. –Tet…-
-¿Papá mao?- Cuestionó el niño apuntándolo.
-No, papá y papi solo están jugando- Explicó Tetsuya.
-'Suya- Dijo el niño, solicitando unirse al juego, lanzándose a los brazos de su papá, siendo recibido al instante, comenzando a picarle el abdomen.
-¡Me atacan!- Exclamó Taiga dramáticamente para lanzarse a fingir mordidas por el cuerpo de su hijo, cosa que solo causó cosquillas y fuertes carcajadas.
-¡Papi!- Pidió el niño apuntando a su otro progenitor.
-Sí, papi también merece cosquillas-
-No, Taiga… n…- La risa del peliazul fue de inmediato seguida por las carcajadas de un par de pelirrojos.
Por si les quedó la duda la enfermedad que traté de describir aquí fue placenta previa.
Hay por ahí un fragmento de Bésame la boca de Ricardo Montaner porque sí.
Gracias por leer.
