-¡Katniss, Katniss!
En cuanto pongo un pie en la clase, Delly y Twill me secuestran. Me agarran de los brazos y me llevan a un rincón. Todo esto es muy raro.
-¿Qué sucede?
-¿Recuerdas la chica que iba con Peeta el día del partido? Ayer vino corriendo cuando Peeta salía de su sesión de estudio y le abrazó deante de todos. ¡Iba llorando a mares! ¿Sabes algo de lo que ha pasado? Tú vives con él.
- ¡¿Q-QUÉ?! -consigo articular.
- ¿Así que tú tampoco sabes nada? -dice Twill.
- Me acabo de enterar, ayer vi a Annie y recuerdo que se fue llorando pero no sabía que fue a buscar a Peeta...
- Y Peeta trató de consolarla lo mejor que pudo, poco a poco se calmó. Dejó de llorar y ambos se fueron juntos. La mitad de la escuela estaba allí. ¡Todos lo vieron! -dice Delly.
- Parecía una telenovela.
Así que por eso Peeta llegó tan tarde... ¿De veras estuvo todo ese rato con Annie? Él aún no ha llegado así que no puedo preguntarle. No estaba de humor y no lo esperé para venir juntos como siempre.
"Peeta no abre su corazón a los demás." eso es lo que dijo Annie.
Todo lo que dijo ella de él es cierto. Es muy popular, pero no tiene amigos cercanos. Antes se llevaba mal con Finnick, pero ahora eso parece ir mejorando...
Miro al asiento de Madge pero está vacío. Qué raro. Ella es de las primeras en llegar.
Katniss (21:13): Annie vino hoy a verme mientras entrenaba. Nunca adivinarás lo que me dijo.
Visto a las: 21:18.
Katniss (07:47): ¿Hola?
Última conexión: 02:31.
¿Qué hacía Madge conectada tan tarde? Y no ha respondido en toda la noche.
Tengo tanto que contarle... me pregunto si le ha sucedido algo.
Alguien toca mi hombro. Cuando me volteo, veo a Finnick.
- ¿Tienes un momento?
Miro mi reloj, aún quedan cinco minutos para las nueve así que accedo a ir con él. Subimos hasta la terraza como la otra vez.
- ¿De qué quieres hablar? -digo una vez estamos allí.
- He decidido seguirte esperando, Katniss. No voy a presionarte más, no es justo contigo. Te esperaré hasta que te des cuenta de que yo soy mejor para ti que Peeta. Trataré de esperar todo lo que pueda... pero ya sabes que no soy una persona muy paciente. ¡Así que date cuenta rápido!
Finnick sube la voz de repente, eso me pilla desprevenida y comienzo a sonrojarme.
- Escucha -dice-. Serás mucho más feliz conmigo que con él. Peeta es frío como el hielo y uno nunca sabe lo que está pensando. ¡Además yo no ando por ahí abrazando a mis ex novias en público!
Hablar de esto con Finnick me da mucha vergüenza, me sonrojo más y él también lo hace. Hay un silencio muy incómodo que dura varios segundos que parecen tornarse horas. Y lo peor es que no se como romperlo. Es él quien lo hace.
-P-por cierto, Katniss... los chicos del club andan diciendo...
- ¿Qué andan diciendo?
- Que se te están poniendo las piernas muy blancas.
- ¿¡QUÉ!? -Me miro las piernas que asoman entre la falda de mi uniforme y las medias dejando mis rodillas al descubierto-. ¡POR QUE ES INVIERNO IDIOTAS! ¿CÓMO ESPERAN QUE ME PONGA MORENA EN ESTA ÉPOCA DEL AÑO?
- ¡Cálmate! Yo sólo soy el mensajero. Son los demás chicos los que lo dijeron.
- Menudos inútiles. Por eso el equipo masculino va tan mal, porque en lugar de tomarse en serio el entrenamiento están mirando donde no deben. Menos mirar a las chicas y más entrenar. ¡Pervertidos!
- ¿De qué hablas? Yo soy mejor jugador que tú, podría vencerte con los ojos cerrados.
- ¿Ah sí? ¿Y por qué no decidimos eso en la cancha? -bromeo.
- Cuando quieras.
- Hoy mismo a la hora del entrenamiento.
- Me parece bien. Y me apuesto un pedazo de pastel y un café en Cinna's a que gano yo.
- Si hay pastel de por medio entonces ten por seguro que me voy a emplear al máximo.
Finnick y yo cerramos nuestro trato con un apretón de manos, luego volvemos de nuevo a clase.
- Hacía mucho que no hablaba contigo de ese modo -dice Finnick-. Lo extrañaba.
- Yo también -confieso-. Tomémonos las cosas un poco más a la ligera. Hemos tenido muchos dramas últimamente. No me quejaría si todo se calma por fin.
- Yo tampoco. Hagamos eso. No vale la pena sufrir tanto. Ahora corramos, son las nueve y cinco minutos, el profesor Darius nos va a matar.
- No podría visualizar al profesor Darius matando a nadie ni en un millón de años.
Y con una sonrisa entramos a clase.
- ¿Eh? ¿Y el profesor Darius? -digo.
- Aún no ha llegado -dice Twill-. Debe ser la primera vez en la historia que llega tarde.
- ¿Y Madge?
Su asiento sigue vacío.
- No la he visto hoy...
- ¡Aquí estoy!
Me giro hacia la puerta, apoyada en el marco y sonriente está Madge.
- ¡Madge! -digo reuniéndome con ella-. No sabes la suerte que tienes, el profesor Darius aún no ha llegado.
- Oh, qué bien. Me voy a librar de un buen regaño.
- Aunque no creo que él te regañase. Él sabe que tú siempre eres muy puntual y que si alguna vez llegas tarde debe ser por una causa de fuerza mayor... ¿Qué pasó? Te mandé dos mensajes y...
- Siento no haberlos contestado, no estaba de humor, ayer hubo pelea en casa. Mi padre volvió y mi madre...
- Vaya... lo siento mucho.
- No pasa nada. En verdad ya estoy acostumbrada. ¿Qué querías?
- Nada importante -de repente lo de Annie se ve estúpido en comparación con los problemas de Annie.
- ¿Qué hacen hablando en la puerta? ¡Vamos, a su asiento todo el mundo! -nos regaña el profesor Darius, aunque se nota que está bromeando.
Madge y yo volvemos a nuestros asientos y el profesor se va hacia la mesa, entre comentarios en voz alta sobre su puntualidad.
- Hoy vamos a hablar sobre materias que saldrán en el examen de fin de curso. No les puedo decir exactamente lo que va a salir, pero quizá, o quizá no esto salga fijo en el examen.
Eso pone a todos de buen humor.
- El profesor Darius nos ayuda tanto... -comento-. Creo que es mi profesor favorito.
A mi lado Madge sonríe.
Tres clases pasan sin novedad y llega la hora del recreo, cuando me voy a dar cuenta Madge ha desaparecido otra vez sin decir nada. Está muy rara hoy, aunque seguro está preocupada por el examen y se ha ido a estudiar.
- Delly, Twill. ¿Puedo comer con ustedes hoy? -digo revolviendo en mi mochila en busca de mi almuerzo.- ¡Eh! ¿Dónde está mi almuerzo?
- Te lo dejaste sobre la mesa de la cocina, lo vi esta mañana -dice Peeta.
- ¡Ay no! ¿Y ahora q...?
- Por suerte para ti decidí traértelo. ¿Qué pensabas comer sino?
Peeta mete la mano en su mochila y saca mi fiambrera amarilla de lunares rosas.
- Gracias -digo tomándola.
- De nada, despistada.
Él me sonríe y vuelve con los demás chicos mientras yo me reuno con Delly y Twill con una sonrisa tonta en la cara. Me siento algo culpable. Después de todo si la olvidé fue por no esperarlo. Pero me gusta que sea tan atento conmigo. Y aunque no puedo parar de pensar que podría haber pasado toda la tarde con Annie ayer, me decido a dejar de pensar en eso.
Por su parte Madge...
Se había ido de casa en mitad de la noche y estaba segura que sus padres ni se habían dado cuenta. Había atravesado la ciudad de noche y sola hacia la casa del profesor Darius. Había presionado el botón del comunicador por diez largos segundos hasta que él le abrió y en cuanto lo hizo ella subió las escaleras y se echó a sus brazos llorando. Harta de todo.
Es verdad que habían decidido no verse fuera de la escuela, pero no podía pasar un minuto más en esa casa.
Darius la escuchó. La abrazó hasta que se calmó y le dijo que podía pasar la noche allí. En la mañana, se fueron juntos en el coche de él y para que no los vieran aparecer en la escuela, la dejó a unas calles de allí.
Y ahora estaba ahí en la biblioteca esperándolo a que viniera a su encuentro diario.
Entonces la puerta se abrió, pero una vez más no era quien ella esperaba, era aquel chico rubio de tercero que tanto la había estado incordiando.
Él se acercó a ella.
- Todos los días te veo mirando a la puerta con alegría y anhelo. Y todos los días cuando me ves eso se congela en tu cara y entonces sólo hay decepción. Dime. ¿A quién esperas chica misteriosa? ¿Es a alguna amiga, o tal vez a un chico?
- Creo que voy a dejarte con la duda -contesta sonriendo.
- Vamos... no seas mala...
- Oh, pero es tan divertido ser mala...
Madge dejó la biblioteca. Aunque Darius viniera, no quería encontrarlo con el presidente del consejo estudiantil ahí merodeando.
A la hora del entrenamiento del club...
- Hoy vamos a hacer algo especial -anuncia el profesor Darius-. Katniss Everdeen se enfrentará a un partido de tenis contra Finnick Odair por el fabuloso premio de un pedazo de pastel y un café en Cinna's.
- Y la satisfacción de haber ganado, no te olvides de eso profesor.
- Oh, eso también, la satisfacción de haber ganado.
- Buena suerte Katniss, la vas a necesitar -dice Finnick.
- Buena suerte a ti -replico.
Nos ponemos en nuestros puestos tras lanzar la moneda que dictó que yo iba a servir primero mientras todos los demás vitorean y nos animan. Hay incluso chicos que no pertenecen al club. Cuando le contamos al profesor Darius lo que queríamos hacer la voz se corrió.
- ¡Preparados... listos...!
"Profesor Darius McFrey, profesor Darius McFrey, preséntese en la oficina del director." dice la voz de la subdirectora por megafonía.
- Parece que les salvó el anuncio -dice el profesor Darius-. Vuelvo en un momento. ¡No empiecen sin mí!
Todos parecemos algo decepcionados, pero nada serio. Los miembros del club nos reunimos en un círculo y comenzamos a conversar.
- Te pusiste pantalones de deporte -susurra Finnick-. ¿Es por lo que dije antes sobre tus piernas?
- ¡No, no es por eso tonto! Hoy hace más frío que de costumbre no puedo jugármela llevando falda en nuestro partido.
Finnick ríe y vemos que de la escuela sale alguien y se dirige hacia nosotros. No es el profesor Darius sino la subdirectora.
- El entrenamiento queda suspendido.
Todos protestamos.
-¿Cómo así? ¿Y el profesor Darius?
- Al profesor Darius le ha surgido un inconveniente y no podrá seguir por hoy. Váyanse a sus casas.
- ¿¡Está de broma!? ¡Estabamos a punto de comenzar el partido! -explota Finnick.
- Odair, que sea la última vez que me levanta la voz.
Protestando, todos nos vamos a cambiarnos y volvemos a casa.
Vuelvo sola, porque Madge no tenía reunión con su club hoy y no sé dónde estará Peeta. Mamá me ha mandado un mensaje para decirme que se han retrasado y llegarán en la noche. Cuando llego a casa descubro que Peeta no está y lo primero que pienso es que seguro que está con Annie.
Necesito a Madge cuando cojo el teléfono veo que tengo un mensaje suyo de hace un rato.
Madge (18:05): A estas alturas supongo que te habrás hecho con la victoria. :) ¿Qué tal fue el partido?
Katniss (18:36): Al final Finnick y yo no nos enfrentamos. T_T
Madge (18:38): ¿Qué pasó?
Katniss (18:39): Cuando íbamos a empezar llamaron al profesor Darius al despacho del director, y como diez minutos después la subdirectora salió, nos dijo que se iba a suspender y nos mandó para nuestra casa. ¡Deberías haber visto lo enfadado que estaba Finnick!
Visto a las: 18:40
Así queda la conversación y Madge no vuelve a contestar.
Últimamente está muy rara, pero quiero pensar que es por su situación en casa. Ella no gusta de hablar de sus problemas, me da tantos quebraderos de cabeza como Peeta...
Voy a la cocina a hacerme un sándwich y vuelvo al sofá a ver la televisión. La casa está desierta y yo me siento sola. Ya quiero que todos vuelvan. ¿Quién iba a decir que acabaría extrañándolos.
Luego escucho la puerta de la calle abrirse y Peeta aparece en el salón, lleva puesto el uniforme de camarero. Así que ha estado trabajando...
- ¿Qué haces ahí tirada abrazada al cojín? -dice.
-Nada.
-No tienes buena cara. ¿Qué ha pasado? No me digas. ¿Finnick ganó?
- No hubo partido. Al profesor Darius le surgió un imprevisto y el entrenamiento fue cancelado.
- Ya veo. ¿Y eso es todo o hay algo más que te preocupa?
- Eso es todo -miento.
- Bueno si solo es eso alegra esa cara entonces. No te sienta bien estar triste.
Y yo estoy tan decaída que ni siquiera le respondo a eso.
- Decidido -dice otra vez-. Te vienes conmigo. Ponte el abrigo.
- ¿Qué? ¿A dónde?
- Ya lo verás.
- ¡Pero aún no me he quitado el uniforme! ¡Peeta!
No espera a que me cambie, agarra mi abrigo de la percha y me lo tira al vuelo, luego me agarra del brazo y me arrastra hasta el garaje, me pasa un casco y él se pone otro. Se monta en la moto y me indica que me suba detrás de él.
- No sabía que tenías el carnet.
- Me lo saqué en cuanto cumplí los 16. ¡Agárrate fuerte!
La puerta automática del garaje se abre y Peeta acelera. En cuanto lo hace, me abrazo muy fuerte a su cintura dando un grito.
- ¡Lo he pensado mejor Peeta, bájame!
- No iremos muy lejos, te lo prometo.
- ¡Ni siquiera tenía ganas de ir a ninguna parte! -grito, pero él no me escucha y cuando comienza a descender una calle cuesta abajo yo grito aún más fuerte.
Este chico nos va a matar a los dos.
Dejamos atrás la ciudad y comenzamos a circular por las afueras hasta que Peeta detiene la moto a orillas del río.
- Ya llegamos.
- ¡Gracias a dios porque eres un bruto conduciendo! ¿Lo sabías?
Peeta ríe y me señala a algo, al mirar veo el paisaje más bonito que me pueda imaginar.
El sol está poniéndose, parece que se está introduciendo en el agua del río la cual se ve de un bonito color dorado, el mismo que el cielo.
- ¡Oh, qué hermoso! -digo acercándome al agua que resplandece, en un segundo me he olvidado de todos mis problemas.
Peeta agarra una piedra y la tira al agua haciendo que rebote varias veces antes de hundirse.
- Ahora inténtalo tú.
- No se hacerlo. Seguro que quieres reírte de mí cuando falle.
Pero él no me escucha. Toma otra piedra y me la coloca en la mano. Tal y como predije, la piedra se hunde y él se ríe. Lo intento otra vez, y otra y otra y con cada piedra que se hunde Peeta se ríe aún más fuerte.
- Deja que te enseñe. Debes colocar tu mano así de lado.
Él pone otra piedra en mi mano y mueve mi codo hasta ponerlo en la posición adecuada, me sonrojo un poco pero trato de que él no lo note. Al tirar esta vez sí que lo consigo.
- ¡Bien hecho! -dice-. ¿Ves como no era tan difícil?
- Oye Peeta... ¿Cómo descubriste este lugar tan bonito?
- Muy sencillo, cuando nos mudamos a este barrio me recorrí todos los alrededores y un día pasaba por aquí al atardecer y me di cuenta de que el sol estaba tocando el agua, y eso hacía que se volviera de un color dorado por unos minutos. Desde entonces, siempre que tengo un problema o me siento mal vengo aquí y todo se va.
La confesión me llena de asombro.
"Peeta es frío como el hielo." dijo Finnick hoy, pero se equivoca. Peeta no es frío como el hielo. Solo su imagen externa lo parece.
- ¿Así que tú también tienes problemas? Pensé que no te importaba nada.
- Todo el mundo tiene problemas. Ayer por ejemplo estuve aquí un buen rato meditando, se me hizo de noche por eso volví tarde a casa, pero tú ya estabas durmiendo cuando eso pasó.
En verdad no lo estaba. Y yo pensando que se fue con Annie...
Peeta y yo miramos cómo se pone el sol y luego volvemos a casa en moto.
Ahora entiendo todo. Me trajiste aquí para animarme, para hacerme sentir mejor.
-Gracias, Peeta -murmuro, abrazada a su espalda.
Él no me escucha.
Hola Catnip, son muy diferentes estos dos, yo cuando empecé a ver la serie le iba a "Finnick" pero ahora he madurado hahaha y la verdad es que le voy a "Peeta". :D
