CAPITULO 26 PREJUICIOS

—Es Enrique, mi esposo, debe estar preocupado por mí. Le dije que llegaría tarde, no que no llegaría a casa a dormir. Si lo supiera no me hubiera ayudado, mucho menos si se entera con quienes estoy. Sólo espero que no arme un escándalo cuando mañana no me encuentre en la cama… lo quiero mucho y no me gusta que sufra.

—Perdón que me meta, Vanessa –empezó la señora Weasley –pero creo que tu papá tiene razón al enojarse con tu matrimonio. Eres muy joven y si al muchacho apenas lo conoces debiste esperar más tiempo.

—Ejem, ejem–tosió falsamente el señor Weasley, Ron y Ginny se pusieron a reír. Era mejor que la señora Weasley no opinara pues ella y su esposo habían hecho lo mismo. La mujer molesta le lanzó una mirada asesina a su esposo.

—Y dime… ¿es muy difícil salir de los dominios de Voldemort? ¿Qué haces allá? –quiso saber Lupin en un intento de cambiar la conversación.

—No se molesten, pero ese es un tema que solo discutiré con Albus Dumbledore, si es que les cuenta o no será su decisión, pero yo no puedo hablar sobre eso.

—Está bien, no te preocupes –contestó el licántropo.

Permanecieron en silencio algunos minutos hasta que a Ron se le ocurrió contar chistes sobre mortifagos y Tonks lo siguió lo que provocó que la charla se amenizara un poco. Después de un rato Vanessa comprendió que se encontraba ante unas personas muy buenas, quizá las mejores que había conocido después de su Enrique, el mago con el que había descubierto que no todo el mundo era malo y que se podía ser amable de vez en cuando, aunque con Snape, Bellatrix y en otros casos de desesperación no se podía aplicar esa regla.

La cena terminó, pero ella no probó bocado más que un sorbo de cerveza de mantequilla pues habían brindado por ella y por su unión a la Orden del Fénix. Remus y Tonks se despidieron y solo quedaron los Weasley Hermione y ella.

—Ya es hora de que se vayan a dormir, —dijo Molly Weasley. —Vanessa, te quedarás en la habitación donde dormían los gemelos (también son mis hijos), sólo tendrás que esperar un poco pues lleva desocupada algo de tiempo y hay que limpiarla.

—Mejor que se quede con nosotras –dijo Hermione. —¡Ay mi pie! –exclamó la muchacha e intercambio miradas con Ginny.

—¿Qué pasó Hermione? –preguntó Ron.

—Nada. –le susurró la castaña en respuesta.

—¡Perfecto! –dijo la señora Weasley que sólo había prestado atención a lo primero que había dicho Hermione –de todos modos hay qua acomodar otra cama en su habitación. Arthur, encárgate por favor.

Mientras el señor Weasley se ocupaba de la cama, Ron, Ginny y Hermione le dieron un pequeño tour a Vanessa por la casa explicándole que había sido cede de la Orden desde un par de años atrás y Ginny le mencionó que ese había sido de los últimos lugares en los que Harry había estado, pero Vanessa no le prestó mucha atención. Subieron a la habitación en donde estaban las dos camas gemelas y otra enfrente haciendo que el lugar se viera mucho más pequeño. Ginny se sentó en una cama, Ron en otra y Hermione fue a donde estaba su baúl.

—Te voy a prestar un pijama, yo creo que si te queda –dijo Hermione mientras hurgaba en su ropa.

—Si, está bien –respondió Vanessa y esperó a que Hermione le diera el pijama compuesto por un pantalón y una playera en color rosado, uno de los colores que menos le gustaban a Vanessa, pero antes de decir "No lo quiero porque no me gusta el rosa" respiró profundamente y sólo contestó –voy a cambiarme al baño.

La joven salió y antes de ir a cambiarse decidió escuchar un poco tras la puerta para ver que hablaban los otros.

—De verdad es increíble ¿no creen? –dijo Ron –El grasoso con una hija y vaya que hija… ¡¿Qué?! Hermione no me mires así, no puedes negarlo, la chica es muy linda, demasiado para ser hija de Snape, lo único en lo que podría parecerse es en que… tienen el cabello negro (pero no grasoso), ambos son paliduchos y sus ojos son oscuros.

—Son azules –dijo Ginny.

—Sí, son azules pero muy oscuros –dijo Ron de nuevo.

—¿Por qué dijiste que se quedara con nosotras, Hermione? –preguntó la pelirroja molesta. –Mejor que la hubieran mandado a la otra habitación, lejos de nosotros.

—No era necesario que me pisaras –dijo Hermione –pero quise que se quedara con nosotras para sacarle información sobre Voldemort o de lo que pasó con Harry, seguro que sabe algo y si no… no nos vendría mal mantenerla vigilada, si es hija de Snape debe ser igual a él, amargada y fría.

—¿Igual de amargada que Snape? –preguntó Ron. –No lo creo, esta vez no fue grosera como el día que la conocimos Hermione, hasta a mamá le pareció simpática.

—A mí no me ha caído para nada bien, no sé porque, pero no me agrada su presencia –dijo Ginny seriamente. –¿Se dieron cuenta de cómo le gritó y humilló a su padre enfrente de todos nosotros?, hasta lástima me dio el pobre. Ella es muy mala y cruel, además estuvo en Durmstrang, ahí estudian artes oscuras, que tal y es una mortifaga como su padre… Tal vez quien—ustedes saben la mandó para sacarle información a la Orden.

—No lo sé, Ginny –dijo Hermione. —la verdad es que no la creo capaz de eso.

Vanessa decidió que ya había escuchado suficiente, se fue al baño hecha una fiera y minutos más tarde regresó a la habitación abriendo la puerta de golpe. Hermione, Ron y Ginny pegaron un saltito por el susto. La chica fue a sentarse a su cama en silencio mientras que Hermione y Ron estaban sentados en otra tomados de la mano y Ginny desde la suya la observaba fijamente.

—Oye Vanessa… ¿podemos preguntarte algo? –dijo Hermione.

—Si, ¿qué quieres saber Germina? –contestó la muchacha.

—Me llamo Hermione.

—Hermione, Germina da igual, ¿Qué quieren saber? –dijo con desdén.

Los tres se miraron entre sí, percatándose de su repentino cambio de humor.

—Bueno pues es que Dumbledore nos dijo que tú le habías dicho que Harry si… si había muerto, pero no nos dijo nada más y quizás tu podrías decirnos más sobre lo que pasó.

Vanessa la miró entrecerrando los ojos y luego preguntó:

—¿Qué eran ustedes de él? ¿Qué tanto lo conocían?

—Éramos sus mejores amigos. –dijo Ron –Pasamos una infinidad de cosas juntos en la escuela… problemas, alegrías y peligros, muchos peligros.

—Harry era mi novio –dijo Ginny con lágrimas en los ojos luego se dio la vuelta y del cajón de su mesita de noche sacó una fotografía. –Justo mañana se cumple un año desde que desapareció y aun no puedo olvidarlo. –señaló la pelirroja con mucha tristeza mientras pasaba las yemas de los dedos sobre la foto.

—¿Es la última foto de Harry Potter?

—Yo creo que si –dijo Ginny –Al menos es la única que yo tengo y que he encontrado de él, la saqué de su baúl en donde la guardaba, nos la tomó un compañero de la escuela (Colin Creevey) a los pocos días de que nos hicimos novios.

—¿Puedo verla? – preguntó Vanessa con curiosidad pues la foto de Harry que ella tenía ya era algo vieja, sería interesante conocer a Harry Potter poco antes de morir. Ginny dudó un poco, pero al final se la entregó.

Vanessa miró la fotografía en donde estaban Harry y Ginny con sus uniformes de Hogwarts abrazados bajo un árbol detrás del cual se veía un jardín muy bonito y cuidado. Ambos sonreían tímidamente, pero entonces Vanessa se exaltó un poco cuando con más detenimiento miró el rostro de Harry pues la ternura que expresaban los ojos del muchacho le resultaba bastante familiar. Eso provocó que se acordara de "Enrique". La chica casi podía jurar que su esposo era quien abrazaba a la pelirroja, sólo que el nombre, las gafas, el cabello y la cicatriz no coincidían con los de su amado ojiverde.

—¿Qué pasa? –preguntó Ron al ver que la muchacha movía ligeramente la cabeza de un lado al otro.

—¿Eh?... Nada, nada, yo sé una forma para que puedas olvidarlo. –dijo Vanessa dirigiéndose a Ginny.

—¿Ah sí? ¿Cómo?

Entonces Vanessa sacó su varita mágica del bolsillo dibujando una sonrisa extraña en su rostro.

—¿Qué vas a hacer? –preguntó Ginny asustada.

—Tú confía en mí, esto se hace así…

Vanessa tomó la fotografía por una esquina, le apuntó con la varita y luego el papel empezó a arder en llamas. Vanessa se empezó a reír con tal fuerza que bien podría hacerle la competencia a Bellatrix, mientras horrorizados los otros tres chicos se pusieron a gritar.

—¡AHH! ¡¿QUE HACES?! –gritó Ginny. —¡APAGALA! ¡APAGALA! –la pelirroja lloraba y saltaba desesperada porque Vanessa se estaba encargando de desaparecer el recuerdo de Harry por completo.

Entonces Vanessa dejó de apuntarle a la foto, las llamas desaparecieron y la foto se veía intacta. Ginny se la arrebató de las manos y la contrajo hacia a su pecho muy enojada, gimoteando y respirando agitadamente.

—¡Ja!, No te enojes, solo estaba jugando –dijo Vanessa guardando la varita y sonriendo descaradamente.

—¿Qué pasa aquí? ¿Por qué esos gritos? –preguntó la señora Weasley entrando sorpresivamente a la habitación. Ginny rápidamente le dio la espalda limpiándose las lágrimas pues no quería que su madre la viera así porque cada que la veía llorar le daba un largo sermón en donde la señora Weasley terminaba llorando más que su propia hija.

—Hola señora Weasley –dijo Vanessa –Aquí nadie está gritando ¿verdad Ginny? debió ser el gato –señaló a Crookshanks que estaba en una esquina acurrucado –Ginny estaba mostrándome una fotografía de Harry.

—Si mamá, no pasa nada, está todo en orden –contestó la pelirroja viendo de reojo a Vanessa.

—Bien entonces me voy, ya deberían de acostarse y tú Ron, vete a tu habitación.

—Ahorita mamá, todavía es temprano –dijo Ron.

La mujer puso los ojos en blanco y salió dejándolos de nuevo solos, pero ninguno parecía capaz de decir palabra alguna. Ginny fue a guardar la foto y Ron y Hermione miraban a Vanessa asustados.

—Si recuerdo bien… —dijo Vanessa rompiendo el silencio. –No he respondido a su pregunta, aunque la verdad no hay mucho que decir… Harry Potter está muerto. –dijo Vanessa con frialdad y los otros hicieron muecas de dolor –Y según Voldemort… su cuerpo quedó en un lugar donde solo los gusanos podían encontrarlo.

—Oh no –susurró Ron.

—Tengo entendido que era un chico bastante arrogante, tonto y holgazán al que le gustaba jugar al héroe, si murió fue porque se lo buscó.

—¡¿Cómo puedes decir eso?! –explotó Ginny que aún seguía furiosa con Vanessa –Seguro que eso te lo ha dicho Snape, él siempre lo ha odiado, pero Harry era un hombre maravilloso que por culpa de quien tú sabes burló a la muerte en muchas ocasiones.

—Y de todos modos se murió –dijo Vanessa entre dientes.

—Él nunca quiso hacerse el héroe, Harry sólo intentaba proteger a sus seres queridos y amigos. No tienes derecho a hablar mal de él si nunca lo conociste como nosotros –exclamó Ginny a punto de llorar otra vez.

—Bravo Ginny… has llegado justo al punto al que quería que llegaras. Tienes toda la razón al decirme que no puedo hablar mal de alguien a quien no conocí, pero ustedes tampoco tienen derecho de hacerlo.

—¿De qué hablas? –preguntó Ron confundido.

—Los escuché –contestó Vanessa –Los escuché hablando mal de mí, juzgándome por ser hija de Snape, pero no tienen ningún derecho a hacerlo. Ustedes tampoco me conocen.

El silencio inundó la habitación durante unos segundos que parecieron eternos.

—Es que tú te portaste muy mal con él y también con nosotros el día en que te vimos la primera vez, por no mencionar lo que acaba de ocurrir –se animó a replicar Hermione.

—Por eso Hermione, ustedes no me conocen, yo puedo llegar a ser muy buena y cariñosa, diría yo que hasta ser empalagosa pero también puedo ser muy mala, despreciando y odiando cuanto me plazca. —admitió la joven de cabello negro poniéndose de pie. —Creí que había sido muy clara cuando les conté sobre mi infancia, siempre he estado sola, ustedes han tenido a sus padres a su lado, pero yo no y puedo reprocharle a mi padre muchísimas cosas… cuando conozco a alguien me cuesta mucho trabajo ser amable y confiar, pero hoy lo intenté, me consta que lo intenté; todos ustedes ya me estaban cayendo muy bien, me alegraba la idea de formar parte de este grupo, pero simplemente no es justo lo que hacen y sé que tampoco estuvo bien lo que yo hice pero era para hacerlos entender… "Y también para vengarme" –esta última frase Vanessa sólo la pensó, seguía muy enojada con el trio.

—¡Oh! –exclamó Hermione apenada –lo sentimos mucho, Vanessa, es nuestra culpa, ¿podrías perdonarnos? Creo que podríamos ser grandes amigos.

Vanessa asintió con la cabeza, aunque no del todo convencida.

—Creo que ya es hora de que me vaya, antes de que mamá vuelva a venir –dijo Ron y se despidió de Hermione con un beso en los labios, Hermione lo siguió con la mirada atontada hasta que abandonó la habitación.

—Ustedes se quieren mucho, ¿Por qué no se casan? –le preguntó Vanessa.

—¿Casarnos? –repitió Hermione nerviosa –No, acabamos de salir del colegio y si nos queremos mucho pero eso puede esperar un par de años más, tu que estas casada, ¿Qué se siente? ¿Qué tal es Enrique? ¿Cómo es contigo?

—Enrique es un hombre muy apuesto, tiene una sonrisa increíble, lo conocí en la mansión de Voldemort. No me preguntes más sobre eso porque no te voy a decir nada. –advirtió Vanessa cuando Hermione abría la boca para decir algo. –Mi esposo es muy lindo y cariñoso conmigo, nos queremos muchísimo, es el hombre más tierno que jamás haya conocido, el mejor de la tierra…

—No creo que sea más tierno que Harry –dijo Ginny entre dientes, pero no la oyeron.

—… me escucha, me entiende y respeta mis decisiones. Tenemos muchas cosas en común, somos como almas gemelas. –Vanessa bostezó disimuladamente –Nos casamos hace muy poco, pero vivir ahí nos complica las cosas. No siempre podemos estar juntos como quisiéramos, por ejemplo, frente a Bellatrix Lestrange fingimos que nos odiamos, es divertido hacer eso –dijo Vanesa recordando lo que había pasado esa tarde.

—¿Y quién tú sabes? –preguntó Hermione.

—¿Voldemort? Él no está, pero pronto volverá, buenas noches. –dijo Vanessa cortante y se acostó.

A la mañana siguiente la señora Weasley fue a despertar a Vanessa para que antes de que se marchara desayunara un poco, pero Ginny y Hermione también se despertaron después de que sin querer la puerta de la habitación se azotara cuando Vanessa fue a cambiarse de nuevo. Ginny y Hermione fueron por Ron que no quería levantarse, pero en cuanto escuchó la palabra desayuno se incorporó de un brinco. Ya en la cocina la señora Weasley le ofreció a Vanessa una infinidad de platillos, pero ella sólo tomó un poco de leche y pan tostado.

—Dumbledore acaba de mandar un patronus –dijo el señor Weasley –dice que ya viene por ti Vanessa, pero que Madame Rosmerta lo entretuvo un poco. Molly, yo ya me voy al trabajo…

—¿Cuál es el patronus de Dumbledore? –preguntó Vanessa.

—Es un fénix –contestó Ron –O eso fue lo que nos dijeron, nosotros también sabemos hacerlo y todo gracias a Harry.

—Hacer un patronus no es tan difícil, yo también puedo, el mío es un águila ¿y el de ustedes? –preguntó la chica e invocó al ave encima de ellos. El águila empezó a dibujar un par de círculos alrededor de la mesa y desapareció. Luego aparecieron más figuras plateadas, un perro, una nutria y finalmente el caballo de Ginny quien se alegró mucho de que días atrás ya había cumplido la mayoría de edad. –Que interesante –indicó Vanessa al ver las figuras y siguió comiendo.

—El de Harry era un ciervo –dijo Ginny y Vanessa se atragantó al escucharla.

—¡¿Un ciervo?! –preguntó Vanessa exaltada.

—Sí, era un ciervo ¿Qué fue lo que te pasó? –preguntó Hermione mientras Vanessa se daba golpes de pecho.

—Nada, nada –mintió la joven de los ojos azul zafiro.

En eso se escuchó que la puerta de la entrada se abría. Era Dumbledore que fue hasta la cocina para encontrarse con Vanessa.

—¿Y mi padre? –preguntó la chica

—Él ya está esperándote en el punto de reunión. Buenos días a todos.

—Buenos días –contestaron todos al unísono.

—Y el que también debe de estar esperando es Enrique, ya me lo imagino, pobrecito.

—Sobre el señor Burnett quería decirte una cosa –dijo Dumbledore y tomó asiento. —He estado investigando durante los últimos meses…

—Le dije que no era necesario –interrumpió Vanessa fastidiada.

—Para alguien tan curioso como yo, siempre es necesario…. Resulta que tu esposo Enrique Burnett, no existe Vanessa, lo siento mucho.

—Usted está loco, claro que existe y si no encontró nada es porque él no vivía en este país.

Dumbledore cerró los ojos y se puso un dedo en los labios para que Vanessa se callara y lo dejara hablar.

—Investigué en todos lados Vanessa, todos los registros de la Comunidad Mágica Internacional y no hay nada, sólo hasta hace un mes apareció su nombre al lado del tuyo.

—Así que de esa forma se enteró de mi matrimonio.

—Aja. Aunque debo admitir que la noticia llegó a mí como un chisme. Un viejo mago está en investigación por manipular ilegalmente registros del ministerio. —Vanessa lo escuchó y entreabrió la boca, pero no tenía tiempo para preocuparse por el viejo mago que los había casado. Mientras tanto los demás jóvenes se miraron entre ellos durante una fracción de segundo para luego pretender que sus platos o las alacenas de enfrente eran más interesantes.

—¿Y si lo sabía por qué no se lo dijo a Snape? –preguntó Vanessa un poco indignada.

—Eso se lo tenías que decir tu no yo. Pero regresando a nuestro tema de inicio debes de estar segura de con quien estas, puede que te estén engañando.

—Enrique jamás me haría eso y si no quiere que me enoje es mejor que no siga con sus patrañas.

—No te diré nada más por ahora, pero admito que me encantaría conocerlo. ¿Nos vamos?

—Sí, vámonos ya. –dijo Vanessa y se echó la capa de viaje encima –Espero verlos pronto –se despidió de los demás con un ademán de la mano y la señora Weasley entró en la cocina.

–Hola Albus, ¿ya se van tan pronto? –Dumbledore asintió con la cabeza –Vanessa, fue muy lindo conocerte, eres una niña preciosa –la mujer se acercó a la chica y la abrazó fuertemente —¿Vendrás de nuevo? Sería bueno tenerte aquí para las fiestas.

—Será un placer –contestó la muchacha mientras intentaba soltarse de la señora Weasley que la estaba apretando mucho y comenzaba a faltarle el aire. Después de eso Dumbledore y Vanessa caminaron por el vestíbulo hasta llegar a la puerta.

—Toma esto. —Dumbledore le dijo a Vanessa en voz baja entregándole un par de pergaminos muy pequeños. –Ahora ya conoces la ubicación del cuartel, pero tenerlo por escrito te facilitará las cosas en caso de que algún día decidas presentarnos al joven Burnett. La próxima vez que quieras visitarme quizá sea más sencillo que primero llegues aquí y luego a Hogwarts por la chimenea, Hagrid me contó sobre la primera vez que fuiste al colegio.

—¿Ese gigante tiene nombre? –preguntó Vanessa y Dumbledore la vio con severidad. –De acuerdo, me callo.

En el camino Dumbledore le explicó cómo funcionaba el encantamiento fidelius sobre la casa de Grimmauld Place y le dijo que las cosas con Snape se solucionarían muy pronto. La acompañó hasta la mitad del bosque algo que le pareció extraño a Vanessa pues al igual que ella, Dumbledore no debía andar merodeando por esos rumbos.

—También quiero que tengas esto –dijo Dumbledore antes de despedirse sacando de su túnica una tela muy fina. –Es una capa de invisibilidad, puede servirte. Era de Harry.

—No quiero nada que provenga de ese chico.

—Hace meses se la pedí a sus amigos para prestártela a ti, no la rechaces.

—Está bien –aceptó de mala gana. –Pero créame que no la necesitaré –dijo la chica quitándole a Dumbledore la capa de las manos y guardándola en los bolsillos. —¿Puedo hacerle dos preguntas?

El profesor asintió.

—¿Dos personas pueden tener el mismo patronus? Me refiero a que por ejemplo, mi patronus es un águila pero otra persona también tiene un águila como patronus ¿eso se puede?

—Sí, es posible.

–Y… ¿Cuándo era el cumpleaños de Potter?

—El 31 de julio.

—¿El 31 de julio? –preguntó ella casi susurrando y mirando por encima del hombro del profesor.

—¿A qué vienen todas estas preguntas?

—Sólo quería saber –contestó sin mirarlo a los ojos –Tengo que irme, adiós. –terminó de decir la muchacha y se echó a correr por el bosque; tenía que darse prisa, corrió hasta que divisó la mansión y muy cerca de la entrada estaba Severus Snape que por su expresión seguía muy enojado.

—¿Por qué lo hiciste? –fue el saludo que el hombre le dio a su hija.

—¿Hacer qué, papá?

—¿Por qué les dijiste a todos que eras mi hija? ¿Por qué has arruinado nuestros planes? Te dije que aún no era tiempo de hacer eso.

—Lo hice sólo para fastidiarte –dijo ella como si nada –A ellos no les importó mucho el que yo sea tu hija, se lo tomaron muy bien. TÚ también deberías verle el lado positivo.

—Yo no le encuentro nada positivo –contestó arrastrando las palabras.

—Debes de ser muy tonto como para no darte cuenta. Desde ese momento te he estado llamando "papá".

Snape abrió mucho los ojos pero ya no dijo nada aunque después los músculos de su pálido rostro de relajaron un poco. Se encargó de abrirle la puerta a la muchacha y la dejó pasar, sin embargo Snape detuvo la puerta con una mano antes de que esta se cerrara por completo.

—Quiero conocer al infeliz que es tu esposo.

Vanessa se empezó a reír por lo bajo.

—Sería genial, una idea brillante. Sobre todo si Bellatrix te ve gritándole a Enrique que porque se casó con tu hija, sería el fin para los dos, ¿sabes qué?... mejor ya vete –dijo la muchacha y le cerró la puerta en las narices.

Entre risas la joven caminó lentamente y dio vuelta en la esquina para dirigirse a la siguiente puerta cuando vio a Harry sentado en el banco frente al árbol. El ojiverde tenía los codos recargados sobre sus rodillas y sus manos sujetaban el peso de su cabeza quien con tristeza tenía los ojos clavados en el suelo. A Vanessa se le ocurrió tomarlo por sorpresa igual que la vez anterior pero desechó la idea porque él no se merecía eso después de abandonarlo durante tanto tiempo.

—Mi amor –susurró Vanessa. Harry levantó la vista y al verla se puso de pie para poder estrecharla entre sus brazos.

—Pequeña… ¿te encuentras bien? ¿Dónde estabas? Me tenías muy preocupado. –preguntó Harry mientras la abrazaba y le besaba la frente.

—Lo sé y perdona por no avisarte… te extrañé mucho. Estoy bien, conocí nuevos amigos.

—¿Vas a contarme lo que hiciste allá afuera? –preguntó Harry.

—Enrique… —Vanessa tomó el rostro de Harry con ambas manos muy suavemente y en ese momento vino de nuevo a su memoria la fotografía que Ginny le había mostrado. Agitó la cabeza para borrar la imagen de su mente negándose a que hubiera tal coincidencia. –Lo siento, no puedo –dijo y le dio un beso a Harry en la boca para acallar sus quejas y reproches.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Vanessa se ocupó de ocultar la capa de invisibilidad en lo más profundo de su ropero junto con los trozos de pergamino que Dumbledore le había entregado. Durante las dos semanas siguientes, Harry y Vanessa se siguieron haciendo los enojados, algo muy doloroso para ambos pues estaban separados la mayor parte del tiempo, lo cual trató de usar la joven de los ojos azul zafiro a su favor para poder sacarse de la cabeza la imagen de Harry Potter y la relación que guardaba con Enrique; todos los días trataba de convencerse de que sólo era mera casualidad el que ambos compartieran la misma fecha de cumpleaños, el mismo patronus y un parecido físico bastante evidente. Harry Potter está muerto era la frase que Vanessa se repetía cada que veía a su esposo.

Aun cuando todo volvió a la normalidad tenían que seguirse escondiendo de Bellatrix para demostrarse su cariño y en algunas ocasiones, Vanessa decidía hacerle una visita nocturna a su esposo, una práctica que ya se había hecho bastante normal pues para cuando Harry menos se lo esperaba ya tenía a Vanessa de pie junto a su cama y simplemente no podía resistirse a la idea de una noche de pasión. Desafortunadamente la muchacha en las madrugadas se escabullía de vuelta a su habitación para que Bellatrix no sospechara nada.

Harry se despertó como cualquier otro día de octubre, se talló los ojos para desperezarse, se puso las gafas y vio que había un bulto a su lado escondido bajo las sábanas, era Vanessa que dormía plácidamente. Harry sonrió y recordó que habían pasado una magnífica noche después de una pequeña discusión. El problema era que ya era de día y Vanessa seguía ahí. Sin embargo, cuando Harry volteó a su alrededor se dio cuenta de que ese no era su cuarto, había olvidado por completo que la discusión había sido en la habitación de Vanessa. Harry rápidamente se vistió, le dio un beso en la mejilla a la muchacha que se movió un poco y sigilosamente salió.

—Cuanto lo amo… –susurró Vanessa entre sueños –Este será un día inolvidable…

—¿Por qué estás tan sonriente hoy? Podría jurar que tramas algo —le dijo Harry a Vanessa un par de horas más tarde en el comedor cuando terminaban de desayunar.

—Y no te equivocas –respondió luego de dar el último sorbo a su jugo —¿Adivina que día es hoy?

—¡Oh, no! No de nuevo ese jueguito Vane ya sé que pretendes, pero no es buena idea.

—Vamos amor mío, no puedes negar que te encantaría escapar de nuevo. Hoy tenemos que festejar en grande.

—¿Festejar qué?

—Festejar que llevamos un año de conocernos. ¡Es grandioso! No me arrepiento del día en que llegue a esta casa.

—¡Wow, es verdad!, ha pasado tanto tiempo... pero de todos modos dudo mucho que hoy venga Narcissa para invitar a comer a su hermana o que Bella decida ir a dar un paseo. La idea de fingir una pelea tampoco me gusta. Y no se va a poder festejar mucho en dos o tres horas.

—Eso ya lo sé, tengo una idea para borrar a Bellatrix del mapa. Ya verás –dijo Vanessa y salió del comedor con Harry tras ella.

Cuando llegaron al final del pasillo junto al salón vieron a Bellatrix salir del despacho y subir por las escaleras mientras batallaba con varios rollos de pergamino.

—Será más sencillo de lo que pensé –susurró Vanessa sacando su varita mágica y apuntándole desde la esquina del pasillo a la mortifaga que ya estaba abriendo la puerta de su habitación. Vanessa dijo algo apenas moviendo los labios y Bellatrix cayó de espaldas desmayada, los pergaminos se resbalaron de sus manos y algunos de ellos rodaron por las escaleras

—¡¿Qué le hiciste?! –preguntó Harry atónito.

—Te dije que la iba a borrar del mapa. Ayúdame, hay que quitarla de ahí. –dijo Vanessa recogiendo los pergaminos del piso y ambos subieron las escaleras –sujétale las manos y yo los pies, hay que meterla en su habitación.

Harry le hizo caso, pero se dio cuenta de que algo andaba mal.

—Oye… Bellatrix no tiene pulso, ¡No respira! –exclamó Harry asustado. —¡Está muerta!