La maldición del verdadero amor
Veintiseis: Despertar solitario

Johan buscó a Juudai, sólo para darse cuenta de que sus brazos no alcanzaban nada. Frunció el ceño; Juudai había estado allí con toda seguridad, habían ido a dormir juntos la noche anterior. Pero en esos momentos estaba solo.

Pasó los dedos por las sábanas; Juudai había estado ahí por lo menos una hora antes. Con el corazón encogido, se levantó y buscó por todo su departamento.

Mucho más tarde, Johan suspiró mientras miraba a la cama una vez más. Estar allí un día e irse al siguiente era la forma de ser de Juudai, pero aún así le molestaba.

Si Johan no lo amara, seguramente lo habría odiado.