Capítulo 25: Una oportunidad
Un fuerte golpe contra la pared lo sacó de sus sueños, haciendo que se levantara de un salto y cogiera lo primero que halló sobre la mesita de noche, las llaves del cuarto. Las empuñó con fuerza, entrecerrando los ojos para enfocar la escena frente a sí. La puerta de su dormitorio estaba abierta —¿la había cerrado anoche? No recordaba—, y desde afuera le llegaba un sonido suave, sibilante, como de seda contra madera. Avanzó cautelosamente, intentando no hacer ruido, y salió del cuarto con la respiración contenida. No había nadie en el pasillo hacia su izquierda, y se permitió un suspiro leve, aliviado. Entonces algo impactó de lleno contra su nuca, haciéndolo trastrabillar hacia adelante. Se volvió justo a tiempo para bloquear una patada que iba directo a su cara, y el agresor le esquivó de un salto cuando blandió su puño hacia él, la llave sobresaliendo entre su índice y dedo medio. Tuvo que frotarse los ojos, confundido, intentando enfocar la figura que tenía ante sí.
—¿Yao?
El Jiang Shi respondió con un bufido, escabulléndose con agilidad por la puerta de su cuarto. Shang le siguió de inmediato, golpeándose mentalmente en la frente por no tomar sus anteojos cuando pudo, y alcanzó a vislumbrar un movimiento de tela hacia su costado antes que la luz bañara la habitación. Yao emitió un chillido, y Shang sólo atinó a empujarlo lejos de la ventana y cerrar las cortinas de inmediato.
—¿¡Qué intentas, matarte de nuevo!? ¡Aunque no fueran las jodidas 10 de la mañana, dudo que resistas una caída desde el piso 23!
—¡A ti qué te importa eso! —habló por fin el Jiang Shi, la voz áspera, dolorosa. Su piel echaba humo y tenía una expresión terrorífica en el rostro, lo que hizo retroceder instintivamente a Shang. No era el gesto asustado cuando cayó en cuenta de su trampa, tampoco la expresión desquiciada cuando cortó el pergamino a la mitad. Era una desesperación más pura, visceral, como si estuviera dispuesto a todo.
Probablemente lo estaba. Se pellizcó el puente de la nariz, lamentándose no haber previsto esta situación.
—Yao. Espera. —Extendió las manos como si quisiera calmarlo, a sabiendas que no podría verlo.
—¡No! ¡No sé qué pretendes, pero déjame en paz de una vez por todas!
¿Cuánto recordaría Yao de su pelea? ¿Recordaría que fue derrotado? ¿Recordaría, acaso, que le hizo prometer algo?
—Yao, no quiero pelear. Ni siquiera estoy armado. Por favor deja de gritar.
Por respuesta Yao se lanzó hacia él, lanzándole un zarpazo que no pudo esquivar del todo. Una de sus afiladas uñas dejó una marca profunda surcándole el rostro. Maldijo por lo bajo, tomando al Jiang Shi por la muñeca y usando el momentum de su ataque para estrellarlo contra la pared. Aprovechando que lo había desestabilizado, lo agarró por los hombros y lo forzó a sentarse en el suelo.
—Yao, necesito que escuches. Si sigues actuando como una bestia irracional tendré que sellarte de nuevo.
Sus palabras surtieron el efecto de un balde de agua fría sobre Yao. Sus ojos se abrieron por el espanto, buscando su rostro con una expresión de incredulidad. Algo pareció encajar entre la nebulosa que eran sus memorias.
—Entonces… E-El pergamino…
—Sí, lo rompí esa vez. —La mano de Yao voló hasta su frente, sus dedos temblorosos encontrando la superficie de aquel papel amarillo—. Y sí, yo mismo fabriqué otro. De nada.
Podía ver la confusión en su rostro. Yao era tan transparente, fácil de leer. Arrugó el entrecejo, como buscando segundas intenciones en las cosas que le había dicho.
—Pensé… Pensé que querías destruirme. Que tu trabajo era destruirme.
—Pues cambié de opinión.
No le creía ni una palabra.
—Ya me puedo considerar expulsado del gremio, de todas formas. Debí comunicar hace días sobre el progreso de la misión —agregó descuidadamente. Eso no era ninguna mentira.
El Jiang Shi mordió su labio inferior, mirada perdida hacia su derecha, como considerando sus palabras. Finalmente suspiró, volviéndose hacia él.
—No entiendo por qué cambiarías de opinión. Parecías muy convencido de toda la basura que me dijiste ese día.
Ah, claro, el tema de que no estaba realmente viviendo y ese rollo. Ups.
—Digamos que me equivoqué. Puede que no seas sólo un monstruo sin sentimientos. ¡Pero! —agregó al notar que Yao intentó protestar—. Pero también cometiste un error muy grave con Jia Long.
—Déjalo fuera de este asunto —siseó, rechinando los dientes. Pues vaya.
—Tu instinto de cuidar de él casi lo mata. Después que lo atacaras ese día en que te quitó el conjuro. —Ah, ahí estaba la culpa de nuevo—. El hecho de querer cuidar de él te mantuvo en esa casa. No saliste a cazar siendo que deberías haberlo hecho. Seguiste tomando su energía vital aun después del ataque. Por eso no se estaba recuperando.
Sus hombros cayeron, y al sentimiento de culpa se agregó la vergüenza. Yao ocultó el rostro entre las mangas de su maltratado traje.
—No me di cuenta… —susurró al final, la voz queda, como de niño castigado. —Tan estúpido… Pero si tan peligroso soy para él… ¿por qué rehacer el conjuro?
—Porque siento que mereces otra oportunidad.
Yao dejó caer los brazos, las blancas pupilas fijas en su rostro, incrédulas.
—Te digo estas cosas para que no cometas el mismo error —agregó, sintiéndose mal por la expresión de esperanza que empezaba a invadir las facciones de Yao.
—¿Entonces vas a permitirme volver con él?
—Es el plan. Aún debo asegurarme de que no harás nada estúpido estando con él, pero…
Se vio interrumpido por un abrazo firme, apretado. Yao estaba abrazándolo, el rostro oculto en el hueco de su cuello, mudos sollozos estremeciendo su cuerpo. Se permitió una sonrisa ante el gesto, dándole un par de palmaditas en la espalda.
—Gracias, gracias —murmuraba una y otra vez, como un CD en mal estado.
—No hay por qué, en serio. —Shang suspiró, su sonrisa ensanchándose—. Después de todo… Jia Long no necesita que yo esté cuidándolo. Te necesita a ti.
Yao se quedó inmóvil, apartándose apenas para asimilar aquello, las manos estrujando las mangas de su pijama.
—¿Sabes, Yao? También me equivoqué en eso. Supongo que sí te extraña, después de todo.
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I'm not Satan I swear. Y tampoco lo es Shang.
Also el trabajo me consume. Send help.
