Nuevo Capítulo. Un capítulo bastante polémico en mi opinión, ya viendo la suya sabremos si tengo o no razón :) De cualquier manera, leean y opinen. Como siempre gracias a quienes dejan sus reviews y ayudan a este fic a crecer sano y fuerte.


En Busca de un Nuevo Camino

–¡Ha-hay algo que quisiera preguntarte! –le gritó Miyuki, se sentía estúpida buscando respuestas en medio de la batalla, pero su paciencia era muy poca y la lucha se había extendido por demasiado tiempo.

–Tendrás que terminar con esta batalla si tanto deseas averiguarlo. –fue la seca respuesta de Konan.

Miyuki la miro con los ojos entrecerrados, todos los condenados Akatsukis eran demasiadas preguntas y pocas respuestas. Ninguno parecía saber comunicarse como una persona normal, precisamente por el hecho de que ninguno era una persona normal. Miyu no quería arriesgarse y, al mismo tiempo, sentía que no tenía otra opción, si seguían con ese ritmo la primera en cansarse sería la primera en caer y, por la situación, Miyuki sería la perdedora.

De manera que no quedaba de otra elección. Miyu suspiró mientras caía después de un salto sobre el piso de la bodega nuevamente. Esperaba, por su bien, no volver a "meter la pata" como lo hizo la última vez que entrenó. Kisame había estado a punto de decapitarla por ese simple error. No quería que se repitiera esa experiencia.

La memoria de Miyuki aun no funcionaba como era debido, no solo por el hecho de que no pudiera recordar, si no por su mala retención, por lo que tuvo que tomarse su tiempo para hacer bien las posiciones de mano mientras las hojas de papel se estampaban en su rostro y su cuerpo.

–Jutsu clones de sombra.

Tan solo dos replicas de Miyuki surgieron a su derecha e izquierda, respectivamente. Nunca lo había hecho en una batalla real, así que no tenía idea de cómo terminaría todo, pero, extrañamente, tenía confianza en si misma. La Miyu del centro se encargo de retirar el empapelado que le cubría con tan solo blandir a Kasei, mientras que las otras dos tomaban posiciones: la primera comenzaba a formar nuevamente los sellos para una técnica de fuego, mientras que la otra sacaba a Kurohane de su funda.

Konan, a sabiendas ya de lo que estaba por ocurrir, se apresuro a tomar su distancia (mucha distancia) de Miyuki, puesto que sus jutsus de origami no servirían de nada contra una llamarada como la que estaba por surgir del pecho de Miyu.

Miyuki inspiró profundo, reteniendo el chakra en su pecho como le había indicado el pez (al que luego acuso de pervertido), y lo expulso en una gran bola de fuego, la mejor que hubiera hecho nunca; mientras que uno de sus clones usaba la espada para lanzar una fuerte ráfaga de viento que transformó a la bola de fuego en una gran llama que se extendía a lo largo de la bodega, en dirección a Konan pero que, al final, no le alcanzó. La Akatsuki había tomado muy bien su distancia, solo lo necesario. Pero parte del muy ingenioso plan, para haber sido diseñado por Miyuki, residía en fallar el primer ataque; eso era algo con lo que la Akatsuki profesional no contaba.

Konan, un poco decepcionada de la mediocre demostración de poder de Miyuki, se decidió a ponerle fin a la batalla cuando se percató de que, nuevamente, la Miyuki de la izquierda había desaparecido aprovechando que esa ultima gran llamarada la mantenía oculta. Pero Konan no tuvo que buscar mucho, porque pronto se escuchó:

–Estilo de fuego, jutsu bola de fuego.

Esta vez, el ataque provenía de un punto más cercano, desde el techo de la bodega. Al mismo tiempo que la primera Miyu hacía eso los otros dos clones, tomando con fuerza a las dos espadas entre sus manos, hacían correr el chakra a traves de estas al tiempo que murmuraban:

–Técnica de la Herida del viento. (n/a: tarde un poco en encontrar el nombre del jutsu, pero es el equivalente a lo que hace Temari con su abanico nada más que impulsado por una espada y con menos área de impacto, aunque más directo) –y las llamas se esparcieron en dirección a la Akatsuki enjaulándole en un infierno de fuego desequilibrado que se dispersó al poco tiempo.

Las energías de Miyuki también disminuyeron considerablemente, puesto que gastó mucho chakra con tanta combinación de técnicas. Los dos clones se deshicieron al concluir su técnica, dejando solo a la Miyu que estaba pegada al techo de la bodega, ya con tan poco chakra que le costaba mantenerse pegada al techo.

Cuando las llamas se dispersaron Miyuki descubrió que su combate aun no finalizaba: envuelta en un capullo de papel calcinado se encontraba Konan, apreciablemente con una cuantas quemaduras leves, pero ilesa. Justo en ese momento Miyu dio un salto hacia el suelo, que al caer le dejo un ardor terrible en las plantas de los pies debido a la altura, cayendo muy cerca de Konan. Las dos se miraron durante unos segundos, pero Miyuki aun era incapaz de sostener la mirada con alguien como Konan, y terminó agachando la cabeza.

Aun así, debía terminar esa lucha, por lo que corrió, haciendo uso del chakra que le quedaba para aumentar considerablemente su velocidad por un pequeño lapso de tiempo, hacia Konan. Kasei cortó a la Akatsuki por la mitad, o por lo menos al montón de hojas blancas que formaban el cuerpo de Konan y que se recopilaron y compactaron de nuevo en Konan un poco más allá del sitio donde quedo Miyuki. En la mejilla de la Akatsuki había un pequeño corte, Miyu había estado cerca.

–Aquí termina nuestra lucha. –fue lo que salió de los labios de Konan.

Miyuki la miraba con los ojos muy abiertos, aun manteniendo la misma extraña pose con la que creyó cortar a Konan. No lo podía creer, no sabía que creer. Si la batalla finalizaba ahí, ¿significaba que la había aprobado o todo lo contrario?

–Mañana a primera hora se te otorgará tu primera misión. –y las palabras de Konan llegaron como una brillante luz iluminando el pequeño y oscuro corazón de Miyu. Después de todo lo que había pasado para llegar hasta ahí, por fin era un miembro de Akatsuki.

Su felicidad se reflejo en su rostro que mostraba una boba sonrisa, al tiempo que recordaba algo más. Justo cuando Konan estaba por marcharse Miyuki consiguió hablar.

–¡E-espera! –Konan se detuvo y se volvió a Miyuki con la expresión impaciente. –Se supone que yo soy tu subordinada... Entonces tu, tu deberías…

–Si lo que buscas es conocer tú pasado entonces será mejor que no me preguntes a mí. –Konan estaba al tanto del estado mental de Miyuki. –Yo no puedo decirte absolutamente nada sobre ti, eso es algo que debes descubrir por ti misma. –Miyuki se quedó sin palabras. Tanto tiempo de sufrimiento y encuentros con la muerte, todo para llegar a ese momento y resultaba que Konan no estaba dispuesta a decirle nada. –Pero si lo que buscas es una pista, o algo por donde comenzar, te la daré. Ve a Nakuyama. –y se volvió lanzando un extraño objeto que cayó a los pies de Miyuki. –Mañana a primera hora espera tus indicaciones. –Y la misteriosa Akatsuki continuó su marcha hasta salir de la estancia.

Miyuki recogió lo que Konan le había lanzado, era un protector. Pero ni siquiera lo miró. Seguía con los ojos perdidos en el mismo punto donde se esfumó Konan. Nakuyama, ese era el lugar a donde debía ir si quería saber quien era, en verdad ya tenía algo por donde comenzar. Todo lo que había pasado le daba vueltas dentro de su cabeza, sentía que de un momento a otro su cerebro iba a estallar. Hubiese querido hacerle tantas preguntas a Konan, pero sentía que ninguna sería igual que la respuesta que le esperaba en ese lugar, Nakuyama, todavía resonaba fuertemente en su mente. Entonces Miyuki miró el signo grabado del protector…

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De nuevo, la técnica mortal de Ice fue interrumpida abruptamente. En esta ocasión tanto ella como el Nara fueron arrojados por la gran onda expansiva contra los arboles del bosque. Ice se estrelló de lleno contra un tronco dándose un golpe tan fuerte como los que lanzaban esos dos cejones raros. Shikamaru se había perdido de vista y ella estaba demasiado débil para volver a usar ese jutsu una vez más. Esperaba que lo que había hecho fuera suficiente para que Shikamaru yaciera muerto por ahí.

La pequeña subordinada de Kakuzu se levantó con mucho trabajo. Sin duda alguna eso que la arrojó fue obra de Rye, pero no de la Rye normal. Ya se lo había advertido el líder antes de que su compañera fuera avisada sobre la misión. Recuperar el anillo ya había dejado de ser una prioridad, Ice debía apresurarse y contener a Rye antes de que esta hiciese una estupidez.

Neji, tendido sobre el suelo, se sentía impotente. Estaba demasiado herido para continuar, lo sabía bien, pero si no hacía algo pronto esa cosa vendría a matarle de una buena vez. Sus ojos temían a la terrible explosión de chakra que surgía de Rye. Pero el Hyuuga no podía dar marcha atrás. Sabía que si alguien era capaz de vencer a ese extraño Akatsuki era él.

Rye, sintiéndose cada vez más débil mientras luchaba contra el Hyuuga, se había dejado dominar una vez más por su ira. Ahora lo único que pensaba era en matar, no importaba a quien. Pero, ¿dónde estaban todos? A su simple vista no llegaba ni la más mínima señal de vida. Fue entonces cuando de entre los arboles surgió una enorme bandada de cuervos que volaba en dirección a ella. Rye se las arreglo como pudo con métodos simples para matar a todas las molestas aves oscuras que podía pero de cualquier manera resultaban demasiados.

En medio de todo el caos desatado por el ataque de los cuervos Rye alcanzó a sentir una presencia, una humana. Sonrió esperando el momento indicado para atacar, ya sin sentir siquiera la presencia de todas las aves que le picoteaban y aruñaban al pasar por su lado. Apenas si pudo detener la cuchilla de la poderosa espada que amenazaba con clavársele. Las manos de la Akatsuki comenzaron a sangrar mientras distinguía el rostro de su enemigo entre el revoltijo de plumas negras, era sin duda alguna un ninja de Konoha con una peculiar cicatriz en la mejilla izquierda que se prolongaba horizontalmente hasta cruzar del otro lado de su nariz.

La mirada del shinobi se cruzó con la de la Akatsuki, que brillaba con un singular resplandor escarlata. Entonces supo que algo no estaba bien e intentó retirarse pero Rye no soltaba su katana. Estaba dispuesta a despedazarle.

Un grito sofocado surgió de la garganta del shinobi que consiguió escucharse hasta donde estaba Neji quien, gracias a su Byakugan, podía estar al tanto de la lucha. Las cosas no iban nada bien, pero él estaba muy herido como para siquiera ponerse en pie e ir a apoyar a sus compañeros. Lo único que podía hacer era permanecer ahí, recostado sobre el tronco de un árbol, a punto de desfallecer. Fue entonces cuando sintió como algo trepaba sobre su hombro, se trataba de una pequeña babosa blanquecina, que se posicionó sobre sus heridas y comenzó a curarle. Se trataba de una parte de Katsuyu, la gran babosa y máxima invocación de la Quinta Hokage.

–No te preocupes, Neji-kun. –fueron la palabras recitadas por la infantil voz del bichillo. – Ya estoy atendiendo a tus otros compañeros también, todos están vivos. –anunció para el alivio del Hyuuga. –Tsunade-sama se encargará de los Akatsuki.

Y la afirmación de la pequeña criatura se confirmó poco después, cuando de entre las copas de los arboles surgió la enorme figura de una babosa gigante, con la espalda azul y el cuerpo blando de un color blanco. Sobre la cabeza de la enorme invocación residía la Hokage, dispuesta a acabar con todo aquello que representase un peligro para su aldea. Y para ello tendría que vérselas primero con Rye,que le miraba excitada desde la rama de un árbol. Que el mismísimo Hokage hubiera tomado cartas en el asunto por su causa era un honor para Rye. Vencer a un Hokage sería todo un mérito para la Akatsuki. Y una terrible lucha comenzó.

Incluso Ice, que descansaba un momento a su cuerpo herido bajo el regazo de un viejo árbol fue capaz de comprender la magnitud de lo que estaba sucediendo. No tenía otra opción. Sabía que les iría mal si se salían de la misión y eso era justamente lo que estaba ocurriendo.

–Esto no se ve nada bien. – murmuró una voz a su lado y Ice, con horror, comprobó que se trataba de Zetsu el miembro mitad algo humanoide y mitad vegetal de la organización. Por el tono de la voz Ice advirtió que hablaba la parte blanca de esa criatura.

–Pero será una lucha bastante interesante, ¿no crees? –repuso con malicia la otra mitad del ser, aparentemente hablando consigo mismo.

–¿Por qué están aquí? –Ice trató de ocultar la repulsión que sentía hacía Zetsu en su voz. La planta, como recordando la presencia de Ice, clavó sus dos brillantes y redondos ojos amarillo en la pequeña Akatsuki.

–Nosotros solo estamos recogiendo información. –fue la respuesta de la parte clara del Akatsuki. –Pero el líder se las tomará muy mal contigo si permites que esa batalla se desarrolle más. –lo último sonaba también casi como una amenaza.

–Aunque eso también sería muy interesante. –comentó el lado oscuro del ser.

Ice los fulminó con la mirada mientras comenzaba a ponerse en pie. No tenía otra opción. Venderse a Akatsuki era parte esencial para conseguir su objetivo y no podía permitirse defraudar al estúpido líder de la organización, después de todo era él quién conocia lo que ella necesitaba saber. Y como Ice por naturaleza sabía, la información resultaba demasiado costosa.

–¿Qué vas a hacer? –preguntaron al unísono las dos mitades que componían a Zetsu mirando con extrañeza a Ice.

–Voy a detener esa batalla. –respondió Ice echando una ultima mirada desdeñosa al Akatsuki y comenzando a movilizarse entre las ramas.

–¿Dijo que la iba a detener? –repitió la mitad blanca, el cuerpo de Zetsu sobresalía de la cintura para arriba desde el suelo del bosque. –¿Cómo?

–Sería mejor averiguarlo. –se aventuró a decir su parte oscura y el Akatsuki se sumergió por completo en el suelo, desvaneciéndose en la nada.

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Miyuki no conseguía entenderlo del todo, ¿por qué le había dado Konan ese protector? ¿Se trataba de algo relacionado con su pasado lo que ahí mostraba? Bajaba por el empinado y oscuro pasillo de roca sin dejar de mirar el protector en el que se mostraba un grabado muy simple: el relieve de una flecha hacia abajo y una línea horizontal que cruzaba este dibujo, hecha tiempo después seguramente y sin contar los arañazos y rasguños que poseía. Era o un protector muy viejo, o pertenecía a alguien que se inmiscuía en muchos problemas. Pero era más posible que se tratase de ambos casos. Era idéntico al que portaba Kakuzu pero, ¿qué quería decir exactamente? Tal vez ella perteneció a esa aldea, o por lo menos quería creer que eso era también una pista sobre su pasado…

–…no es mas que una sombra de lo que era pero con eso bastará. Avanza rápido y seguro estará lista para entonces, pero aun es muy compasiva y débil.

Miyuki se paró en seco, escuchando atentamente. La voz se filtraba tenuemente por las paredes de roca pero tenía cierto acento femenino que solo podía corresponder con la de Konan.

–¿Servirá para la misión? –pregunto otra voz, esta era de hombre pero Miyuki no la reconocía. Pegó su oído al frio muro, tratando de escuchar mejor, haciendo que el único sonido que le llegara fuera el de su respiración.

–Debe. –otra vez hablaba Konan. –De cualquier manera no irá sola en caso de que llegase a fallar. También tenemos otro peon en el tablero.

–Pero tampoco la otra es totalmente digna de confianza. –repuso la segunda voz. –Es fuerte. Una vez consiga lo que quiere dejara de sernos util.

–Es la única opción si queremos capturar al... –nuevamente Miyu distinguió la voz de la Akatsuki, pero se le escapaban palabras y no conseguía comprender del todo sobre qué o quién estaban hablando, aunque tenía la impresión de saberlo de antemano.

–Dale la orden. –volvió a murmurar la otra voz. –Terminando la misión, la cumpla o no, asegúrate de que no siga con vida. Incluso Tobi podría hacerse cargo de algo como eso. Ya sabe demasiado como para permitirnos un descuido. En cuanto a la otra, mientras nuestro convenio se mantenga a flote, no habrá de que preocuparnos.

Durante un instante, Miyuki se quedó congelada tratando de escuchar más, pero solo se oyó un profundo silencio.

–¿Pero que estas haciendo aquí abajo tan temprano? –resonó una voz fuerte a sus espaldas.

En un reflejo Miyuki se giró con toda su velocidad, sacando a Kasei de su funda y atacando a quien quiera que estuviese atrás.

–¡Kisame!

El pez, como era de esperarse de todo gran Akatsuki, no había tenido ningún problema con el acto asesino de Miyuki y detuvo a la espada con el capo de Samehada antes de que le destrozaran la yugular. Al parecer, no tenía ni idea de lo que Miyuki había estado haciendo, o no la tenía hasta que vio la cara de susto de la chica.

–¡Vaya forma más educada de saludar, mocosa! ¿A qué viene esa cara de susto? ¿No quedaste? –Kisame lo decía todo con un aire alegre, casi disfrutando de la frustración de Miyuki y de seguro saborearía que la chica respondiera que no podía formar parte de la organización. Incluso parecía ávido de hacer su primer asesinato del día, con Miyuki.

–Estoy adentro. –respondió Miyu con la voz ronca. Totalmente convincente.

–¿En serio? –Kisame aun seguía sin soltar el mango de Samehada y se aceraba a Miyuki de manera peligrosa, esta retrocedía a cada paso que daba el pez, inconscientemente. –¿No me estarás mintiendo? No tienes de que preocuparte si no eres miembro de Akatsuki, no te hare daño… bueno, tal vez te mate, pero será divertido.

–¿Qué estas haciendo, Kisame?

Detrás del Gran Azul surgió un segundo miembro de Akatsuki, mucho más bajito que Kisame, con dos mechones de largo cabello negro cayendo a los lados de su rostro y con unos ojos carmesí. Por primera vez, desde que había llegado a la guarida en Amekurage, Miyuki fue capaz de contemplar de nuevo el semblante de Itachi Uchiha.

–¡Itachi! – el pez dejo de sujetar a Samehada. Tenía asuntos más importantes que hacer antes que asesinar a Miyuki, de cualquier manera, no lo hubiera hecho. –¿Ya es hora de irnos?

–Si. – fue todo lo que el Uchiha fue capaz de contestar avanzando por frente a Miyuki a quien apenas tomo en cuenta. Kisame le siguió.

–De buena que te has salvado, mocosa. – rio el Akatsuki al pasar por su lado.

Y los dos "hombres" vestidos de negro se perdieron mas adelante, en la oscuridad, dejando a Miyuki ahí varada, todavía en una especie de trance, que no era necesariamente obra de la amenaza del pez, si no a causa de la conversación que acababa de oír. Si lo que había escuchado era referente a ella… sin duda alguna, su sentencia de muerte ya estaba firmada.

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La fuerza de Tsunade era comparable con el terrible chakra que expedía Rye. Pero la Hokage seguía estando en desventaja al no conseguir más que darle unos pocos golpes, con su potencial mal canalizado, a la Akatsuki a quien no se le podía acercar tan fácilmente. Rye, a pesar de estar fuera de si, funcionaba como todo un arma shinobi respondiendo de manera brutal a los ataques de la Hokage. La batalla se había desplazado fuera del perímetro del bosque de los Nara, hacia una pequeña pradera. Neji, todavía con sus heridas en mal estado, se movía a paso lento, pero seguro hacía el lugar de la lucha. No es que buscase un suicidio si no que en verdad sabía de qué manera detener a esa Akatsuki, pero con decírselo a la Hokage no bastaría. Solo él podría hacerlo.

El Hyuuga la vio incluso antes de que esta se presentara ante él. No estaba en condiciones de luchar contra alguien tan rápido, pero por lo menos no le tomarían desprevenido.

–¡Hola Neji-kun! –le saludo Ice, colgando boca debajo de la rama de un árbol, hablando con esa atípica naturalidad, como si fueran amigos. –No te preocupes, –agregó al ver la cara que ponía el Hyuuga. –no vengo con intención de matarte. Al contrario, he venido a hacer negocios contigo y Hokage-sama. –Ice señaló a la pequeña babosa que iba adherida al cuerpo de Neji, seguro y conocía bien las habilidades de Katsuyu.

–¿Qué es lo que quieres? –pregunto el Hyuuga desconfiado.

–Ya se los dije, ¿no? No habría sido necesario lastimar a tus otros compañeros si desde un principio me hubieran otorgado el anillo. –reprochó Ice. –Ahora bien, no sé si Hokage-sama pueda hacer mucho contra Rye, pero te aseguró que no podrá salir ilesa por más fuerte que sea… –el Hyuuga le oía, extrañado por la actitud anormal de la Akatsuki. –Por eso les propongo un trato: ya que yo soy incapaz de tranquilizar a Rye-chan por mi propia cuenta, y que el asesinato de Tsunade-sama no forma parte de nuestra misión, les ayudaré a detener a Rye.

–¿Nos ayudaras? –los ojos nacarados de Neji miraban con icredulidad hacia Ice, que se veía muy convencida de su propuesta.

–¡Claro! Y ustedes también me ayudaran a mí. Este es el plan: conozco una manera de dejar a Rye brevemente fuera de combate, en ese lapso de tiempo necesito que tú, Neji-kun, utilices tu poder para sellar todos sus puntos de chakra. Si Rye no puede hacer fluir el chakra a través de su cuerpo dejará de representar un peligro y entonces nos retiraremos. –aseguró Ice. –Luego viene a ustedes cumplir su parte del trato: nos darán el anillo que usaba Hida-chan…

–¿Hida-chan? ¿Estas hablando del otro Akatsuki que fue derrotado junto con Kakuzu?

L a expresión de Ice se rompió en una mueca de dolor durante un instante, cuando escuchó el nombre de su gran y ambicioso salvador, pero rápido recupero la compostura, sin que Neji fuese capaz de descifrar cosa alguna, y se apresuro a agregar:

–Si. El maniático religioso que cargaba una gran guadaña. Lo único que necesito es su anillo. Me parece un trato bastante justo, ¿no crees? –y le tendió la mano, esperando que este la estrechara con al suya para dar el trato por hecho.

El Hyuuga continuaba perplejo por la manera de llevar a cabo las cosas por parte de Ice. Dudaba muy seriamente que cualquier peligroso criminal de Akatsuki fuera digno de confianza pero Ice no había mostrado intención alguna de querer matarle y Neji sabía, por su deprimente estado, que Ice pudo haberlo matado desde mucho tiempo atrás. No cabía necesidad de que la Akatsuki le tendiera una trampa como esa.

–No puedo aceptar una propuesta como esa. –dijo al fin. El no tenía la autoridad necesaria para tomar una decisión de tal magnitud.

–Supongo que solo Hokage-sama puede, ¿verdad? –Ice bajo su mano, sin mostrar ninguna especie de decepción. –Katsuyu-chibi podrá darle el mensaje. –alegó mirando a la pequeña babosa. –¿Se lo darás? Ya que no puedo ir a negociar directamente con ella, podría morirme por hacer algo así. Y todavía no es momento de que muera.

Y la pequeña Ice miró hacia el punto de donde provenían las señas de la gran batalla.

–Tsunade-sama. –le habló la babosa gigante a la Hokage, una vez esta cayó sobre su blando cuerpo. –Hay algo que se me pidió informarle. Se trata de un mensaje del otro miembro de Akatsuki que anda por aquí.

La Quinta Hokage se volvió a escuchar a su invocación. Con un Akatsuki le bastaba para mantenerla enfrascada por completo en la batalla, ¿qué quería este otro miembro? ¿Amenazarle?

–¿Qué es lo que quiere?

–Desea hacer un trato con usted, Tsunade-sama.

–¿Un trato? ¿De qué se trata? Dilo rápido. –ya Rye se estaba preparando para un segundo asalto por lo que a la Hokage no le quedaba mucho tiempo para oír estupideces.

–Ella propone que…

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Era una sensación extraña. Al fin había conseguido lo que estuvo buscando desde ese día, el día de su despertar como ella lo llamaba, y ahora que lo tenía, no lo quería. No. Miyuki ya no quería ser un miembro de Akatsuki y sin embargo, comenzaba a ponerse el uniforme negro sobre su ropa de siempre, por primera vez. De no haber escuchado todo eso estaría con una sonrisa en ese momento, o sintiendo la inseguridad de no merecer usar esa capa negra. Pero ya nada de eso le importaba. Continuaba aturdida. Ni siquiera estaba segura de que estuviesen hablando de ella, aunque sabía que ninguna persona que conociese encajaba tan bien en esas palabras como ella. Su memoria distorsionaba las palabras, quedaban tan perfectas:

"Miyuki no es mas que una sombra de lo que era, pero con eso bastará."

Sentía su cuerpo temblar de rabia a la vez que su mente se sumía en la desesperación. ¿Qué debía hacer de ahí en adelante? ¿Esperar a que la matasen? ¿Huir? Sacudió la cabeza, tratando de regresar a la realidad. Se estaba apresurando a sacar conclusiones. De cualquier manera, de ahora en adelante, debía ser más precavida. Sentía que su confianza en Akatsuki era el eje de toda su estupidez, o era parte de lo que alimentaba esta. Necesitaba salir de su papel de trozo inútil para ponerse seria y encontrar el camino correcto. El camino que su yo anterior eligió para si. Solo existía un pequeño problema, ¿cuál era el camino que su antigua yo le había deparado?

Aun pensativa, Miyuki salió de su feo cuarto por última vez. Esa mañana le esperaba una nueva misión, pero tenía la mente tan lejos de este mundo que fue todo el camino estrellándose contra los muros de roca, ya sin sentir el dolor de los golpes, que se camuflaban muy bien en esa tétrica oscuridad. Por fin ascendió de nuevo hacia la luz, fuera del escondite abismal. Y ahí se encontró con alguien a quien no se esperaba ver.

–¡Ah, Miyuki! –Amaya, que lucía muy bien con el traje negro de Akatsuki, ya estaba ahí, sentada sobre unos escombros y muy relajada pero en perfectas condiciones. –¡Tu también lo conseguiste!

–¿Lo conseguí? –Miyu, tan ensimismada como estaba, no comprendía lo que Amaya quería decir hasta que esta hizo un ademán con el cuello de la túnica.

–También formas parte de Akatsuki.

–¡Ah, eso! –murmuró Miyuki sin mucho entusiasmo. –Seguro que para ti fue muy sencillo, Amaya. Después de todo tu eres muy fuerte. –continuó bajando cada vez mas el tono de su voz hasta transformarlo en un susurro.

La pelirroja se quedo un poco confusa por el extraño comportamiento de Miyu, pero considero más prudente no preguntar.

–Bien, partamos de una vez. –alegó Amaya poniéndose en pie y lista para salir como si nada hacia el exterior de la roída bodega, a las calles de Amekurage.

–E-espera un momento, Amaya. ¿No deberíamos esperar primero a que nos dieran las instrucciones?

–¿Instru…? Oh, lo siento. Pensé que ya las sabias. –aclaró la pelirroja deteniendo su marcha. –Nuestra misión es sencilla: iremos a con Ice y Rye y nos dividiremos en dos parejas: tú y Ice irán a por el Jinchuuriki de las siete colas, un shinobi de la villa oculta de la cascada; mientras que yo iré con Rye en busca del de las cinco colas, que esta dentro de un tipo rudo de la aldea oculta entre las Rocas.

–Ya veo. –pero Miyuki solo pensaba en el lugar de donde provenía el Jinchuuriki que debía capturar, la aldea oculta de la cascada; justo el mismo lugar de donde provenía el protector. Era como si la estuvieran ayudando, o tal vez ese protector era para decirle cual sería su próxima misión. Estaba muy confundida.

–Bien, partamos de una buena vez. –se apresuró Amaya, con un poco de entusiasmo de más.

–Vamos. –dijo Miyuki siguiéndole fuera de la vieja bodega, saliendo hacia un lluvioso callejón y caminando entre las húmedas y angostas callejuelas de Amekurage .

Continuaron las dos su recorrido hacia las afueras de la aldea tratando de pasar inadvertidas y relatando cada quien su experiencia para poder ingresar a la organización. Miyu se percató de que la prueba puesta a la pelirroja habría resultado mucho más dura de lo que la suya fue; también recordó que antes alguien había mencionado que Ice, para su ingreso a la organización, debió enfrentar a Uchiha Itachi. Tanto Sasori como Itachi resultaban ninjas de lo más fuertes que cualquiera se pudiese imaginar, en cuanto a Kisame, era terrorífico pero no desmesuradamente poderoso como los otros dos; y tampoco Konan resultaba un oponente terriblemente poderoso.

Miyu, dejándose guiar por Amaya, le siguió hasta dentro de una pequeña taberna, que a excepción del tabernero estaba completamente vacía.

–Será mejor que tracemos nuestra ruta más rápida en un lugar seco. –indicó la pelirroja sentándose en una mesa arrinconada junto con Miyu y pidiendo tan solo dos vasos de agua.

–¿Tienes un mapa? –pregunto Miyuki, curiosa e interesada.

–¡Por supuesto! –Amaya desenrolló un pergamino por sobre la mesa que contenía un dibujo de las cinco grandes naciones ninja. –Mira nosotros estamos aquí, –alegó señalando un punto rojo en medio de un pequeño país señalado como el país de la Lluvia. –y debemos dirigirnos hacia acá, a Konoha lo más pronto posible. Lo mejor será tomar esta ruta. –y dibujo una línea imaginaria atravesando el mapa con la punta del dedo índice. –Así llegaremos en menos de tres días.

Miyuki asintió, su mente no estaba tan plenamente concentrada en la ruta más sencilla hacia Konoha como la de Amaya, pero ahora tenía un mapa enfrente y no podía dejar pasar la oportunidad.

–Amaya, ¿sabes dónde está una villa llamada Nakuyama? –le pregunto Miyuki, tratando no parecer tan deseosa de saberlo.

–¿Nakuyama? –la pelirroja medito un tiempo recorriendo las líneas del mapa con la vista. –¡Ah, si! ¡Ya lo recuerdo! Está aquí, –señaló un punto que, para sorpresa de Miyuki, se encontraba dentro de otro pequeño país: el país de la Cascada. –en el valle donde lloran las montañas. Se decía que esa aldea tenía un poderoso clan de shinobis asesinos pero ese clan desapareció hace ya algún tiempo.

–Entiendo. Gracias Amaya. –musitó Miyu dejando a su mente cavilar un poco.

–¿Tienes pensado ir hacia allá?

–Tal vez vaya. –admitió Miyu. –Pero primero debemos dirigirnos a Konoha, ¿no?

–Si. –respondió Amaya mirando por entre las ventana que la lluvia comenzaba a parar. –Será mejor que nos demos prisa.

Y las dos partieron fuera de Amekurage hacia su siguiente destino: Konoha.

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Ice se interpuso en el campo visual de Rye, más molesta que nunca para la gran Akatsuki. ¿Cómo osaba Ice hacerle frente? ¿Acaso era una traidora y se había aliado con los de Konoha? Realmente no importaba, porque Ice se había interpuesto en el camino de Rye y todo aquel que lo hiciera sería borrado de la faz del planeta. Acabó con el debilucho cuerpo de su compañera en un abrir y cerrar de ojos. ¡Como lo disfrutaba! Pero algo, en su interior, le decía que no se podía acabar con Ice tan fácilmente; aunque le costase admitirlo.

–Arte ninja, jutsu prisión de espejos. –le oyó decir, con esa voz despreocupada e infantil.

Rye no sintió dolor. De hecho, no sentía nada en lo absoluto. La ira que teñía sus ojos de rojo se iba disipando mientras recobraba su consciencia humana. Estaba atrapada en una extraña técnica, creada por esa pequeña tesorera de pacotilla que tenía el honor de ser su compañera. Había caído por completo en la trampa de Ice, que gastaba todo su chakra para mantener ese extraño jutsu. Desde cierta distancia, podía apreciarse como unos triángulos de chakra que surgían del suelo atravesaban y mantenían el cuerpo de la otra Akatsuki fijo en ese punto, aunque realmente Rye no tenía ninguna herida.

–Dile a Hokage-sama que esta es su oportunidad. Tiene hasta que ya no pueda mantener mi jutsu para tomar su decisión o entonces dejaré que Rye destruya lo que resta. –murmuró Ice a la pequeña babosa que había sido enviada por Tsunade para entablar conversación con ella.

Katsuyu cumplió al pie de la letra su misión. Repitiendo cada palabra de Ice al oído de la Quinta Hokage que escuchaba, meditando. Tsunade dudaba si debía confiar o no en la palabra de Ice. Pero viendo las acciones que estaba tomando la pequeña kunoichi y a sabiendas de que sería un shinobi de su propia aldea quien diera punto final a esa pelea era complicado negarse.

Tsunade dio un profundo suspiro. Debía proteger la aldea por sobre encima de todo.

–Dile a Neji que lo haga. Que termine con esto. –ordenó.

El Hyuuga recibió la orden, y se aproximo al punto donde estaba Rye paralizada, podía ver con su Byakugan como Ice invertía todo su chakra en mantener quieta a su compañera, si a eso se le podía llamar un compañero porque Rye hubiese asesinado a Ice sin pensárselo dos veces.

–Supongo que Hokage-sama ha aceptado. –le dijo Ice, al verlo acercarse, tratando de mantener la compostura a pesar del esfuerzo que le costaba mantener una técnica así. –Adelante Neji-kun.

El Hyuuga asintió, poniéndose en posición, con un brazo extendido hacia delante mientras que tendía el otro hacia atrás.

–Puño suave, técnica de los 64 golpes.

Y Neji comenzó a golpear los puntos de chakra de Rye sin descanso puesto que al primer golpe que dio, Ice deshizo su técnica, a sabiendas de que Rye no podría hacer nada en contra del Hyuuga.

–Dos, golpes, cuatro golpes, ocho golpes, dieciséis golpes, treinta y dos golpes, ¡sesenta y cuatro golpes!

Rye cayó al suelo, anonadada por la fuerza del ataque de Neji que tuvo que ponerse en cuclillas para no desplomarse después del esfuerzo que había requerido realizar esa técnica en sus condiciones. Rye apenas si pudo ponerse en pie, tenía una oportunidad perfecta para asesinar a Neji en ese instante, lo golpearía con todo su chakra y…

Dos finas agujas senbon se clavaron en la garganta de Rye, haciéndole perder el conocimiento y caer al suelo, ya inconsciente. Se las había lanzado Ice, quien se acercó y tomó sobre sus hombros el cuerpo de Rye, con las rodillas temblando ante un peso tan grande, mientras la Hokage se apresuraba a inspeccionar a Neji.

–Espero y cumpla su parte del trato, Hokage-sama. –le advirtió antes de partir. –Volveremos en tres días por el anillo. Si no nos lo dan, acabaremos con la aldea de la Hoja.

Y Ice se disipó en una nube de humo ante la mirada atónita de Tsunade. Ya no cabía marcha atrás.

–Tsunade-sama… –Neji ni siquiera era capaz de mantenerse en pie, muy apenas levantaba el rostro en dirección a la Hokage. –¿Qué planea hacer? ¿Cumplirá con el trato de ese Akatsuki?

Tsunade no respondió.

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Un día…

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Dos días…

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Tres días después…

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–A partir de este punto estamos ingresando en territorio enemigo, así que debemos ser más precavidas, ¿si, Rye-chan? –le pregunto Ice, muy tranquila con esa empalagosa actitud relajada que tuvo desde que recuperaron el asqueroso cadáver Kakuzu.

–Lo sé.–respondió Rye tajante.

La compañera de Ice estaba furiosa. Terriblemente enfurruñada en contra de la elegida de Kakuzu. Lo sabía. Primero, la pequeña rata se alía con los de Konoha para detenerla, a ella, la poderosa Rye; y luego, y luego le hace eso. No es que Rye tuviese alguna marca en su cuerpo que lo demostrara pero estaba segura de que Ice le había hecho algo. Si, por esa misma razón su ira interior no se había apoderado todavía de ella. No tenía idea de cómo, pero esa minúscula criatura que tenía la suerte de ser su compañera había conseguido hacerle alguna clase de sellado a su poder mientras ella estaba inconsciente. No creía que hubiese otra persona aparte de Tobi con la capacidad de hacer algo así. Ahora comprendía porqué el líder le puso a tal plasta como compañera. Ice era alguien a quien Rye difícilmente pudiera matar. Además, Ice podía controlar el poder de Rye, lo que era algo más de que preocuparse.

Ambas dieron un salto hacia el suelo, la región del bosque se terminaba desde su punto y a partir de ahí se erigía la poderosa entrada de Konoha. En lo alto de los muros se veían las figuras de cientos de shinobis de la aldea, entre ellos ANBU, que custodiaban la aldea, alertados ante el inminente peligro que llegaría a la aldea. Las puertas de entrada a la villa estaban abiertas, pero abarrotadas de una horda de ninjas, entre ellos se encontraban Neji y Shino, el resto de los que entablo lucha contra Akatsuki aun no se recuperaba del todo de sus heridas, que hacían de guardaespaldas a la Quinta Hokage, encabezando la bienvenida.

–¡Hemos venido a cerrar el negocio, Hokage-sama! –anunció Ice con un buen volumen de voz, que hizo llegar su grito a los oídos de los ninjas presentes. Ni ella ni Rye lucían en lo absoluto intimidadas por el ejército que les aguardaba.

–¿Cumplirán su promesa? ¿Se marcharán y dejaran a la aldea en paz? –clamó la Hokage con su voz fuerte, procurando el futuro de su villa.

–¡Por supuesto que si, Ice siempre cumple sus tratos! –respondió la pequeña Akatsuki. –Solo dennos el anillo y nos marcharemos de aquí. Si líder-sama nos pide después venir a destruir la aldea, bueno, supongo que entonces no tendremos otra elección. –terminó encogiéndose los hombros. –Pero por ahora su villa estará en paz, Hokage-sama.

–¿Qué hay de tu compañera? –la voz de Shizune recitó las palabras llenas de desconfianza. Después de haber pasado por todo ese infierno dudaba que Rye se quedara de brazos cruzados ante la actitud mediadora de Ice. –¿Ella también dejara a la aldea en paz?

Los ojos de Rye miraban a Shizune, y el resto, con un odio profundo. Por su cuenta ella no habría estado de acuerdo, hubiera dejado que le entregaran el condenado anillo y luego hubiera acabado con todos, Ice incluida. Pero, todavía lo sentía, no podía romper la barrera o el sello que Ice había hecho sobre ella. Se sentía completamente impotente.

–Rye-chan no hará nada en su contra, el trato vale para las dos ¿verdad Rye-chan?

–Claro. –afirmó Rye entre dientes. Ice le había puesto en una situación extremadamente humillante, ¡qué no daría por estrangularle en ese mismo instante!

"Estamos cerca, puedo sentir el chakra de Rye desde aquí… Creo que incluso Miyuki es capaz de sentirlo."

La Hokage frunció el ceño. No quedaba otra opción, durante los tres días después del ataque envió a varios ninjas a revisar dentro del bosque de los Nara, en busca del famoso anillo que portaba Hidan. Lo tenían, pero era muy riesgoso entregarlo.

–Aquí esta. –un shinobi desconocido para ambas Akatsukis se acerco a Ice, dispuesto a ponerse en peligro primero él a que la Hokage resultase herida y, sobre un pequeño almohadón entregó el pequeño anillo, con un pequeño kanji en el centro rojo.

Ice tomó solo el anillo y el shinobi retrocedió rápidamente.

–Fue un placer hacer negocios con usted, Hokage-sama. –recitó Ice antes de darse media vuelta lista para partir, pero Rye no regresó con Ice.

–Rye, vámonos. –repitió Ice con un tono un poco más serio. –Ya no hay nada que hacer aquí.

Rye continuaba con la mirada furiosa clavada en todos los de la Villa de la Hoja. Le hubiese encantado aplastarlos a todos con una onda de su maravilloso chakra negro, pero gracias a lo que sea que haya hecho Ice sobre ella, era incapaz de liberar grandes cantidades de chakra. Era como si tuviera un regulador de su chakra (n/a: recordar la primera película de Naruto, los aparatos que usaban los ninjas de la aldea de la nieve; a Rye le pasa algo similiar pero sin un objeto tangible que mantenga su flujo de chakra regulado), y no era capaz de crear demasiado, o es que creaba demasiado y este era absorbido por alguna razón.

–Los mataré. –murmuró Rye, con los dientes apretados. –¡Los mataré a todos!

–Rye…

–¡A ti también te mataré! ¡Te haré sufrir! ¡Deshaz lo que me has hecho! –chillaba Rye, su mente estaba perdiendo de nuevo el control pero, a diferencia de las veces anteriores, su cuerpo no correspondía a sus pensamientos.

Separados por unos cuantos metros, los ninjas de Konoha observaban estremeciéndose las protestas de Rye. No sabían si atacar o no.

–¡Quítamelo! ¡Quítamelo! ¡Todos son iguales! ¡Todos buscan controlarme!

La expresión de Ice hacia su compañera ahora rayaba en la completa indiferencia. Pero debía seguir las órdenes de Akatsuki, y parte de ellas incluían mantener a Rye bajo control. La primera ocasión, Ice confió en que Rye sabría mantenerse cuerda pero, como se podría esperar de un sujeto experimental, ella era demasiado inestable para quedarse tranquila. Por eso Ice se había visto obligada a usar ese sello que le indicó Tobi, tiempo antes de partir de la guarida.

–Si rompes el sello morirás. –le advirtió Ice mientras Rye se retorcía con las manos sobre la cabeza, buscando su poder. –Puedes seguir siendo un shinobi normal. No hay necesidad de tener tanto poder.

–¡Yo no soy una mediocre como tú! ¡Yo soy más fuerte! ¡Mucho más fuerte que cualquiera de ustedes! –aclaró volviéndose hacia los ninjas de la Hoja, todos ellos ya listos para atacar ante el primer indicio de violencia por parte de Akatsuki. –¡No necesito usar toda mi fuerza para matarlos!

Y comenzó a formar sellos. Konoha reaccionó al instante: cientos de bolas de fuego surgieron desde las alturas y mediaciones de la entrada a la villa, seguidos por una lluvia de shurikens y kunais, en dirección a Rye en una sola gran ola calcínate y mortal. Ice se apresuró a reaccionar pero su jutsu tardaba demasiado.

–Estilo de agua, jutsu del gran aguacero. – de la boca de Amaya surgió un enorme torrente de agua que fue a colisionar con las llamas de Konoha, creando una gigantesca nube de vapor y deteniendo el ataque de las armas.

–¡Ama-chan, Yukie-chan! ¿Qué les trae por aquí? –pregunto Ice al verlas llegar por entre los arboles, recuperando su temple.

–Será mejor que aprovechemos el humo para irnos de aquí. –murmuro la pelirroja acercándose a Rye y tomándole por el hombro. Miyuki permanecía mas atrás, junto con Ice.

–No necesito que nadie me diga que hacer. –le espetó cortante Rye dando media vuelta y comenzado a dar grandes saltos, internándose en el bosque y seguida por el resto, ya olvidandose de su intento de masacre. Le dolía mucho aceptarlo, pero habría resultado imposible.

Cuando el vapor se disipó. Konoha se vio a salvo, puesto que la extraña pareja de Akatsuki había desaparecido. La aldea tendría un tiempo más de paz.

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–¿Por qué están ustedes dos aquí? –exigió saber Rye mientras las cuatro se movían entre las copas de los arboles sin saber hacía donde se dirigían.

–Ya lo explicamos. El líder quiere que vayamos por los Jinchuurikis de cinco y siete colas; –repitió Amaya, pues ya había tenido la misma conversación con Ice minutos antes. –tú y yo fuimos asignadas para capturar al de las cinco colas mientras que Ice y Miyuki irán por el otro.

–¿Dices que tú serás mi nueva pareja? –pregunto Rye, ya de mejor humor.

–Si, eso parece ser. –confirmo Amaya. Nunca lo había pensado así.

–¡Entonces vamos! –apremió Rye tomando impulso y acelerando el ritmo. Luego se detuvo. –¿Hacia dónde tenemos que ir?

–De momento seguiremos juntas hasta el país de la Hierba, una vez ahí nos separaremos. –concreto Amaya. –¿Verdad Miyuki?

Pero nadie respondió.

–¿Miyuki?

–¿Ah? –Miyu, que como siempre iba al ultimo, por detrás de las demás, no tenía ni idea de lo que hablaba Amaya.

–Estas muy distraída desde que salimos de la guarida. –le reprocho Amaya. –Eres un Akatsuki, no puedes andar por ahí con la cabeza en las nubes.

–Si continuas así de descuidada te mataran en un abrir y cerrar de ojos.

–Tsk. –chistó Rye. –¡No entiendo como es que esos estúpidos de Akatsuki aceptaron a una basura como tú! Ya cualquier enclenque puede formar parte de la organización, ¡que asco!

Los comentarios de sus compañeras sirvieron como la fuerza gravitacional superior que regreso a Miyuki con los pies sobre la tierra. Tenían razón, estaba temerosapor el miedo que tenía de que en verdad le fueran a asesinar, pero con la mente distante como andaba estaba facilitando que eso ocurriera. Miyuki deseaba vivir y se aferraría a la vida hasta el ultimo momento. Ya era hora de irse despejando la cabeza.

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–¡Ah, por fin un descanso! –Miyuki se desplomó sobre uno de los anchos escalones de mármol que conducían a un pequeño templo de paredes rojizas.

Después de casi un día de avanzar sin descanso, y eso luego de haber pasado tres días viajando para encontrarse con Ice y Rye, era lógico que cualquiera se sintiera exhausto. Además de que la comida de cada día era realmente pobre y deprimente, y no bastaba con algo así para reponer todas las energías que gastaban entre tanta caminata y lucha.

El sol estaba en su apogeo, irradiando rayos gamma con todo su potencial, en el cénit; mientras ellas descansaban bajo la sombra que despedía el pequeño edificio, descansando como un montón de vagos. Miyuki, en especial, estaba casi desfallecida, con las entrañas retorciéndose de hambre en su interior, la boca más seca que un desierto y el cuerpo tan cansado que dudaba si podría volver a ponerse en pie algún día.

Ice tarareaba algo, marcando el ritmo con el pie, como tratando de presionar a sus compañeras a terminar su descanso, puesto que ella seguía en optimas condiciones para continuar. Amaya observaba detenidamente un mapa un poco más allá mientras murmuraba cosas para si misma sobre cuál sería la vía más corta hasta su objetivo; y Rye observaba un pequeña mariposa que se había posado sobre un pequeña flor, estaba meditando sobre si atraparla y despedazarla o solo aplastarla como al pequeño insecto que era. Todo estaba bien.

"Miyuki, por aquí…"

–¿Eh? –Miyuki se sobresaltó. Estaba segura de haber escuchado algo pero el resto de sus compañeras se comportaban de la misma manera. Tal vez solo eran imaginaciones suyas.

–¿Ocurre algo, Yukie-chan? –Pregunto Ice, tratando de buscar algo con que entretenerse.

–¿No escucharon nada?

Ahora también Amaya y Rye prestaban su atención a Miyu. Las tres negaron con la cabeza.

–Tal vez solo lo imaginé.

–Tal vez. –coincidió Amaya volviendo de nuevo su vista por sobre el plano. –De cualquier manera no debemos bajar la guardia.

Miyu asintió levemente aunque ya nadie le prestaba atención: Rye había decidido que la mariposa iba a morir y se le acercaba sigilosamente, Ice ya traía una nueva tonada en la cabeza y ella seguía con la mente en blanco, era mejor a estarse estresando por tonterías. Entonces, se escuchó nuevamente:

"Por aquí, Miyuki. Nosotros te diremos la verdad…"

Esta vez, Miyuki estaba segura de lo que había escuchado; y el susurro provenía desde el interior de la estrecha edificación. Miró a las demás pero ninguna de ellas se había alterado en lo absoluto. Parecía que solo ella podía escuchar esa voz.

Se puso en pie y se dirigió a la entrada del edificio, titubeo un momento antes de abrir las puertas e irrumpir dentro, ¿Y si era una trampa? ¿Qué tal si se trataba de un Genjutsu?

"Confía en nosotros. Solo queremos ayudarte." Murmuró la voz como si pudiera leer los pensamientos de Miyuki, y esta confió.

Abrió las puertas que daban a la única estancia que componía al templo e ingresó.

–¿Qué estas haciendo, Miyuki? –escucho preguntar a la pelirroja, pero ya todo se oía muy lejano.

Las puertas de madera raída se cerraron firmemente tras ella y toda la luz se disolvió. Miyuki quedo atrapada en la oscuridad.


Y así es como termina esta fase. Bien, me gustaría realmente saber su opinión respecto a como se movieron los hechos en este capítulo. Por lo demás, al siguiente por fin saldrá a la luz la verdad sobre lo que ocurrió con la Miyuki de este mundo y lo que planea hacer la Narutera de ahi en adelante.