Capítulo XXIII

Castigo y felicidad

Parte III

Tras bambalinas

Estás bellísima Candy – confesó él cuando tomó la mano de su bella novia y le besó el dorso.

Gracias – susurró sonrojándose.

Gracias Albert, la cuidaré como a mí mismo – le prometió al rubio.

Eso espero Terry, ya lo veremos – dijo este sonriendo.

¡Papá, tranquilízate! – le advirtió.

¡Qué simpático suegro! - le reclamó el castaño.

Podemos seguir la ceremonia – pidió el padre.

Ah sí, si por supuesto – Terry se puso serio.

Un momento padre, Terry ¿cómo hiciste esto? Le susurró su novia.

Luego te explico Candy, el padre no puede estar aquí todo el día, tiene una celebración en dos horas – le explicó mientras el padre lo reprendía adustamente.

Ah sí, por supuesto – dijo ella escondiendo la mirada y acomodándose en la silla.

La ceremonia siguió tranquilamente, fue muy emotiva, los contrayentes sellaron con un beso sencillo y a la vez amoroso por más de un minuto, mientras los invitados aplaudían, después firmaron el libro de actas y se tomaron de la mano para caminar hacia la salida. No cabían de felicidad, cuando salieron los recibió una lluvia de burbujas que salía de los bastones de los invitados y una de flores blancas, combinación de narcisos y rosas, pétalos aromáticos y en gran cantidad.

Cuando pasó el momento de la objeción, Elisa tenía varias ideas para interrumpir, pero Albert se acercó a ella oportunamente.

Ni se te ocurra Elisa – le dijo rápidamente.

Pero tío, sabes lo que representa la tiara que Candice lleva en la cabeza – cuestionó Elisa envidiosa. Cambiará de duquesa de Grandchester a otro escalafón y no puede ser más que yo – protestó zafándose de la mano de su tío.

Ven acá Elisa – la tomó rápidamente sin que los demás se dieran cuenta.

Pero tío… - protestó nuevamente cuando vio que él le había tapado la boca para que no hiciera un escándalo.

Elisa… Shara y John vengan conmigo y tú también Neil – les ordenó en apenas un susurro.

Si William – dijeron obedeciendo y caminando detrás suyo.

Suéltame tío, ya – gritó Elisa.

Te ordenó que guardes silencio, es una boda lo recuerdas – dijo él sin más.

Si lo sé, iba interrumpirla, pero ¿qué es lo que pretendes? – preguntó ella bruscamente.

Elisa, te ordeno que te calles – ordenó John.

Papá, lo vas a permitir, esa… - se detuvo cuando Albert la tomó de la mano y la hizo girar hacia sí.

No te atrevas a ensuciar a mi hija por tu actitud Elisa – le advirtió.

Pero ¿por qué la defiendes? – protestó ella.

Porque es mi hija y no voy a permitir que le faltes al respeto – le informó a una muy enojada Elisa.

Es una arribista, esa Candice se está casando por las leyes británicas con él, con el duque de Grandchester y a mi tío le conviene ese trato no es así, que les va a dar él – era un hecho, Elisa se había atrevido.

No te permito que le digas así, que te hayas comportado como una mujerzuela no te da el derecho de enlodar su nombre, así que más cuidado sobrina – le advirtió muy enojado.

Pero…no entiendes – dijo al final.

No, no entiendo, pero por lo que se ve que la que no entiende eres tú – bufó molesto.

Como de que no. La tiara que lleva Candice es… - se vio interrumpida cuando iba a decir que la tiara era una aceptación de que Candice sería algo más que una duquesa.

Es un préstamo Elisa y si no guardas silencio, no me conformaré con enviarte a Chicago, te irás a Boston, ¿me has entendido? – susurro él muy cerca del rostro de Elisa.

Pero tío… - protestó Neil.

Y tu Neil no digas nada, que no te conviene – le dijo a su sobrino terminantemente.

No sé qué te pasa William, pero mis hijos no tienen que cargar con tu carácter - advirtió Shara.

Pues si me van a conocer, diles lo que hiciste Neil, dile lo que le hiciste a Candy – reprocho con todo su enojo.

Mama, tío, no se dé qué hablas – dijo fingiendo demencia.

Es tan hombre como fuiste para tratar de abusar de mi hija, ¡malnacido! – corrió hasta él y un puño le había dado en la cara.

¿Qué cosa? Neil, ¡aclárame eso! – cuestionó su padre sorprendido por ver a William perder los estribos.

No hice nada – se quejó como bebé.

¡Ah no, maldito! ¿Lo niegas? Pues es hora de que le digas a tu madre que quedaste lisiado – le informó a él, pues por Mickel ya sabían que todo esto era cierto.

¿Cómo dices? – exclamó shara.

Si, no sabes que fue maldecido por la justicia divina, el caballo de Candice lo ha dejado sin un testículo – informó William a los padres de Neil.

Neil, hijo, ¿por qué no me lo dijiste? – lo tomo de los hombros para encararlo mientras a él le cambiaba el semblante.

No es cierto padre, mamá no es cierto, yo…yo no fui – comenzó a sumergirse en llanto.

Hijo, Neil, háblame – le pedia la señora Leagan.

Déjenme en paz – salió corriendo y detrás de él Elisa.

Neil regresa – pidió su hermana a Neil.

John y Shara pongan las cosas en orden en su familia, no quiero más arrebatos de sus hijos y les ruego, no… más bien les ordeno que mantengan a Neil lejos de mi hija porque si fuera por mí, ya estuviera en la cárcel – dijo para cerrar los ojos conteniendo las lágrimas.

William, gracias – John le tomó el brazo y se despidió llevándose a Shara.

No me lo agradezcas, Neil no le hizo nada a Candy, agradece que no haya pasado nada – susurró apenas en un hilo de voz.

Permiso – George se acercó a Albert y él sólo se había echado a llorar lastimeramente, pensaba en que hubiese sucedido si Neil hubiese cometido ese error.

Shara y John comenzaron a caminar, no tenían nada que hacer ahí, John se encontró a Elisa y la mantuvo cautiva al menos hasta que se casara, ya después seria problema de Taylor; mientras que Neil fue atendido por otros médicos ya que al parecer el otro testículo tenía un gran hematoma y estaba a punto de perderlo.

Candy y Terry salieron de la capilla Andley, Albert estaba sonriendo pero por dentro no creía el cinismo de los Leagan, dándoselas de puros y santos mientras Elisa justificaba su actitud en comparación con la de Candy y el bastardo de Neil pretendía hacer caso omiso a su ataque en contra de su hija, que era de su propia sangre. Respiró varias veces para calmarse y corrió a felicitar a su hija y yerno.

Felicidades Candy, no sabes que feliz estoy de que te hayas casado – la felicitó en un abrazo interminable.

Gracias papá, espero ver que hagas lo mismo muy pronto, qué tal te la pasaste ayer, eh – le cuestionó dándole un codazo en el brazo.

Candice, un caballero no tiene memoria – fue lo único que dijo para despistarla.

Ah padre, no importa, sé que no fueron a degustar vino ni a platicar – dijo sin tomar en cuenta la reacción de su padre.

Déjame felicitar a Terry – dijo Albert para salirse por la tangente.

No vas a huir toda tu vida, además deberías de ponerte más corrector cerca del cuello de la camisa, se te ve todo el moretón o por no decir chup… - se interrumpió cuando su padre le llamó la atención por faltarle al respeto.

¡Candice! – la reprendió él.

¡Felicidades Candice! – la felicitó Eleonor mientras veía la sonrisa de la rubia que no denotaba felicidad y la mirada de su padre compungido.

Gracias Eleonor, bueno creo que mi papá quiere decirte algo – dijo escabulléndose.

¿Qué cosa Albert? – cuestionó la rubia mayor cuando Candy los abandono y Albert se limitó a señalarle el moretón que le había hecho en el cuello.

¡Hola mi amor, me tenías abandonado! – se quejó Terry.

Sólo felicité a mi papá – dijo ella.

¡Ajá! – asintió su esposo.

De verdad, es que le hice una travesurita – sonrió y fingiendo demencia.

Dime, quieres averiguar si pasaron la noche juntos, ¿es eso? - cuestionó él.

No, claro que no – negó ella como si nada.

No te creo Candice – dijo él arqueando su ceja.

Mi papá quiere felicitarte – dijo ella para distraerlo.

Salte por la tangente preciosa, luego me cuentas – le dio un beso mientras se dirigía hacia su suegro.

Felicidades Terry – lo abrazó Albert.

Gracias Albert, ¿pasó algo con Elisa y Neil? – cuestionó ya que él si se había dado cuenta de ello.

No mucho, luego te cuento – le pidió y ya que a lo lejos veían que las amigas de Candy la felicitaban.

Candy, felicidades amiga – la abrazaron todas a la vez.

Chicas, cómo están, que lindas se les ve – les dijo mientras unas se sonrojaban y otras sonreían.

¡Candy! ¡Candy! ¡Candy! – gritaron todas.

Gracias por asistir chicas, ¿qué tal han estado? – les preguntó al verlas alegres.

Bien, nos has tenido abandonadas – reprochó Sandy.

Bueno chicas ahora soy una mujer casada – emitió solemnemente.

Pretextos Candy, yo también lo soy y no por eso me pierdo – le reprochó Charlotte.

Bueno Charlotte, no te pierdes con tu esposo, pero con ese bombón – Tiffany abrazó a sus guantes y los besó sin darse cuenta de que Terry se encontraba detrás de ella.

Gracias por el cumplido Tiffany, les puedo robar a Candy un momento – pidió Terry mientras todas se ponían pálidas.

Por supuesto, adelante. Chicas ¿por qué no me dijeron que estaba detrás de mí? – Tiffany se tapó la cara.

Jajaja porque esto es así, siempre dices muchas cosas – comentó Charlotte.

Bueno vamos a hacer otra cosa – la jalaron riéndose.

Mientras en otro lado…

¡Terry soy tan feliz! – exclamó emocionada mientras lo abrazaba.

De verdad mi princesa, ¿cómo te sientes? – cuestionó él.

Muy bien, ¿cómo lo hiciste? – preguntó ella.

Terrence salió de la Villa Andley a todo galope, su caballo iba a toda velocidad, pero él sólo podría pensar en una cosa en conseguir ese permiso a cualquier precio. Cuando llegó a la casa de campo de su alteza la reina de Inglaterra, Samuel Harrison apareció en la puerta, de hecho ya lo había visto venir, Samuel lo condujo a la sala que se encontraba al lado de su oficina y después de salir, entró Samuel.

¡Hola Terrence! ¿Cómo has estado? – le preguntó amablemente con un saludo informal.

Este…bien Samuel, vengo a pedirte algo – le dijo Terrence rápidamente, no había tiempo que perder.

¿Qué cosa Terrence? – le cuestionó al verlo agitado.

Sé que te va a sonar raro, pero quiero un permiso en el parlamento por un mes más o menos – le pidió sin nada más que agregar.

No puedo Terrence es mucho, sólo te podríamos dar ese permiso si te casaras – le soltó la información. No es posible, debe ser una broma – dijo Samuel sin poder creerlo, no había soltado una risa burlona ni nada de eso.

No lo es – habló muy seriamente.

Te casas Terrence, ¿con quién? Con ¿Georgie? – cuestionó al fin ya que Terrence nunca había hablado de matrimonio tan en serio.

No con ella no, creo que no la conoces – sonrió aliviado.

¡Ah sí! ¿Con quién? Aquí no hay ninguna chica a tu altura – refirió el hombre.

Piensa

Déjame ver, Charlotte está comprometida, Tiffanny ya se casó, las demás son muy pequeñas, Elisa se comprometió, sólo queda Candice Andley – meditó un poco hasta que encontró a la indicada.

Efectivamente – dijo dándole a entender que era ella la elegida.

No lo puedo creer, te advierto que no podrás renunciar, tengo entendido que ella se irá a América en mayo – le dijo a sabiendas de lo que él ya sabía.

Sí, pero te propongo algo – sugirió él.

Te escucho, dame un mes de permiso nupcial como está estipulado, mi abogado se hará cargo de mi puesto y yo lo dirigiré desde América, vendré por asuntos importantes, trabajaré los cuatro meses doble jornada para cubrir la mayor parte de mi trabajo, ¿qué me dices? – propuso él vehementemente.

Terrence ¿estás seguro? ¡No vas a rendir tanto! – exclamó preocupado pero feliz porque el soltero más codiciado del parlamento se casaba, por fin.

Lo sé, espero no volverme loco antes – dijo él sonriendo.

Está bien, espérame un minuto, tengo que consultarlo con los reyes, mañana te mando la respuesta a la villa – le dijo Samuel cerrando su agenda.

No, tiene que ser ahorita – le exigió Terrence.

¿Por qué tanta prisa? – exigió saber Samuel.

Porque me he enamorado perdidamente de Candy y si no me caso con ella hoy en la noche, ella pospondrá la boda por casi seis meses, no podré soportarlo, por favor Samuel habla con la reina, por favor – suplicaba con actos y ojos.

Terrence lo que pides es imposible – se negó él ya que la reina estaba ahí descansando.

¿Qué es imposible lord Harrison? – cuestionó la reina.

Madame – ambos hombres la saludaron con una venia y bastante nerviosos.

Le estoy preguntando – insistió la reina.

Madame Lord Grandchester requiere un permiso matrimonial y un receso en sus obligaciones con el parlamento – informó Samuel.

No es cosa del otro mundo Lord Harrison, se lo daremos – ordenó ella apaciblemente.

Pero… - iba a protestar Samuel cuando tomaba su agenda nuevamente.

¿Hay algún problema lord Harrison? – cuestionó ella sin ninguna emotividad.

Si, lo quiere para hoy en la tarde, madame – dijo él apenas en un suspiro al no saber que reacción tendría la reina.

Se puede saber porque con tanta premura Lord Grandchester – refirió dado el tiempo.

Mi esposa es dada a poner a prueba mi amor y mi paciencia su alteza, en un arranque de impotencia ante un acto reprobable, le he propuesto que se case conmigo hoy en la mañana y ha aceptado – le contó los hechos de muy buen ánimo.

¡Felicidades! Continúe – le pidió amablemente.

Gracias su alteza, pero sé que si no consigo ese permiso no podría trabajar y mi rendimiento recaería su alteza, por lo que le pido que me conceda el permiso por favor – pidió con una sonrisa.

Ah ya veo y la señorita se llama…- lo vio al saber que su nombre no lo conocía.

Candice White Andley Claude, su alteza – refirió el castaño.

Pero cómo, la señorita Andley se casa y es de Escocia, no debería de pedir el permiso allá – indicó la reina.

Lo sé su alteza, pero el novio es inglés, así que me di a la tarea de buscar a su alteza para que me diera el permiso, usted es la que me rige señora – susurró él con respeto.

Sí claro, con que una Andley – sonrió y soltando un suspiro.

Sí – asintió Terry.

Bueno Harrison, dale a lord Grandchester lo que te pide y tráeme el cofre de incrustaciones de rubíes por favor – le ordenó a Samuel.

Sí señora – hizo una venia y salió de su despacho.

Ahora dígame ¿cómo la conoció? Tengo entendido que ella es menor que usted no es así – lo reprendió con la mirada lo cual al ver su reacción le produjo una sonrisa.

Sí señora por ocho años, ya que no cumple aún los veintiuno – comenzó a contarle con lujo de detalles lo que había sido su novia para él.

La reina platicó con Terrence entradas las tres de la tarde, era bueno hablar con una señora respetuosa de la condición humana, que debido al protocolo daba la apariencia de ser dura e implacable y además inalcanzable. Después de ese tiempo Harrison ya tenía los papeles y se preparaba para ir con Terry, pero la reina lo detuvo.

Bueno lord Grandchester, espero que sean muy felices – le dio la mano y se despidió.

Si su alteza, así lo espero yo – eso fue lo que dijo antes de que ella saliera.

Lord Harrison, espere, deje que él se retire primero, aún tengo que encargarle algunas cosas. Lord Harrison llegará justo antes de la boda, aunque tengo que informarle que debe saber que los papeles que firmarán son el acuerdo nupcial con la corona y el enlace civil – le informó antes de retirarse.

¿Qué quiere decir madame? – cuestionó Terrence.

Lo que quiero decir es que usted pertenece a una de las familias que emparentan con la corona, por lo que se le darán los escudos de armas de su fallecido padre y las tierras en Londres, cerca de Avon, me entiende ahora – ella le había dado una cucharada de su orgulloso padre y como no podría negarse terminó aceptando.

Si usted así lo ordena – se resignó el castaño a ese regalo.

Bueno lord Grandchester enhorabuena. Si me disculpa me retiro, lord Harrison venga conmigo, dígale al oficial que lo conduzca a la salida. ¡Ah! Dele mis felicitaciones a la señorita Andley – dijo esto último despidiéndose.

De su parte su alteza – por fin salió que le daba un vuelco a su corazón.

Terrence no podría creerlo, era magnifico, había conversado con la reina, era increíble que un simple lord de su cámara estuviese ahí con ella. A pesar de que no le gustó lo de las tierras, puesto que ya tenía muchas o por lo menos las suficientes para mantener a cinco generaciones.

¡Hola Albert! El permiso ya está – le informó a Albert.

De acuerdo Terry, te esperamos aquí, llega a la comida por favor – le pidió el rubio.

Si estaré ahí en una hora – quedó con él.

Albert colgó el teléfono y fue a ver cómo iba lo del vestido.

Cuando Candy le pidió a su padre que le llamara a Henriette, eso fue lo que hizo, pero personalmente.

¡Hola Henriette! – saludó Albert.

¡Hola William! ¿Cómo estás? – susurró ella a su oído mientras le daba un abrazo de bienvenida.

¡Pues feliz! - respondió él.

¡Ah sí! y eso, ¿por qué? - cuestionó

Sencillo, mi niña se casa – le informó el.

¿Cuándo? – cuestionó Henriette.

Hoy – respondió pausadamente.

¿Con quién? – preguntó de golpe.

Con Terrence Grandchester – respondió cuidadosamente.

¡No es posible! – saltó de alegría como niña pequeña.

Si, por eso vengo por ti – le pidió.

Espera, voy a empacar y vuelvo enseguida – decía esto mientras iba corriendo hacia su habitación para empacar.

Por supuesto, te espero – se dio la vuelta mirando el hermoso sol que apenas se asomaba sobre el manto blanco.

Pero dime, que me toca poner – lo interrumpió en ese pensamiento cuando regresaba para preguntarle lo que iba a regalarle a Candy.

Las joyas de su madre, ¿aún las tienes? – dijo él con cuidado.

Por supuesto, se las iba a dar cuando cumpliera veintiuno, pero esta celebración lo merece – propuso ella muy alegre.

Si Henriette, se lo merece, anda te espero. Bueno, Eleonor, ¿cómo vas con el vestido? – cuestionó él curioso.

Eleonor tuvo que subir al desván de la Villa Grandchester y comenzó a buscar su baúl de viaje ya que no encontró su vestido por ningún lado, que haría, lo único que se le ocurrió fue sentarse en una caja que primero tuvo que desempolvar, se quedó observando dónde es que se había sentado, esa caja era de madera forrada de flores de seda, donde la había visto, se dio la vuelta para sentarse en el piso y comenzar a abrirla, dándose cuenta de que ahí se encontraba el vestido, lo sacó de una bolsa de encaje de Bruselas donde su madre lo había puesto hacia ya veintinueve años atrás. Regresaron a ella uno y mil recuerdos, como extrañaba a su esposo, Richard Grandchester no era cariñoso delante de todos pero si en privado, con ella, era tan dulce y amoroso hasta sobrepasar los sentidos, soltó una lágrima traicionera al pensar en él y a la vez en Albert, una noche antes había vuelto a nacer, era el amor de mujer el que renacía, Albert era lo que hacía unos años representaba Richard, pero mejor, la amaba y había sido un flechazo a primera vista.

Albert era más joven que ella, pero la amaba, no cabía de felicidad y había cometido locuras en tan sólo unas semanas, ya no podía negarlo, lo amaba más que nada, había disfrutado el placer de amarlo y por ello se sentía plena y feliz. Sacó el vestido de la bolsa y comenzó a desempolvarle, después lo mando a la tintorería en el centro del pueblo y se lo regresaron en una hora, a cualquier precio, después lo llevó a la Villa Andley, para cuando entraba a esta se llevó una gran sorpresa.

Albert ya llegué, no sabes cuánto me costó encontrarlo – le informó hastiada.

Sí lo sé, ya viste ¡cómo estás! – le señaló su vestido que tenía manchas.

Un poco desarreglada. Lo sé, pero estaba en el lugar más recóndito del desván – se defendió.

Bueno, apresurémonos, aún faltan los arreglos del vestido, la modista ya llegó – la mandó a la habitación de huéspedes donde estaba Henriette.

De acuerdo, subiré a la habitación – salió corriendo porque faltaban cosas importantes aun.

Por supuesto, Eleonor – sonrió dando vuelta y dirigiéndose a la capilla de la villa.

Bueno, Archie como van con el equipaje, en el aeropuerto los espera un avión del Consorcio, los traerán en aproximadamente una hora, así que todos están ya contigo – preguntó ansiosamente.

Sí tío, los chicos y los Leagan estamos en camino, te avisaremos cuando hayamos llegado – le contestó el castaño.

Bueno Archie, luego te veo – se despidió y después salió rápidamente de ahí.

Algo en lo que podamos ayudarte – gritó Archie antes de que colgara.

Pues de hecho sí, pásame a Annie – pidió el rubio.

Mi amor, te habla Albert – le pasó el teléfono y la miraba atentamente.

Gracias corazón, si Albert…ajá, bueno sí, yo me encargo y le aviso a los demás, si es todo verdad – cuestionó ella por último.

Si Annie, los veo en una hora – asintió y colgó.

Por supuesto, bueno veamos – Annie también colgó y comenzó a organizar todo en su cabeza.

¿Qué pasa Annie? – preguntó Archie.

Espera, Patty pasaremos por ustedes en diez minutos, puedes poner el altavoz para que Stear nos oiga – Annie llamó a Patty.

Por supuesto, adelante – indicó la castaña.

Patty necesitamos un favor, llama a todos los amigos de Candice e invítalos a la boda. Stear llegarás a la Villa para poner un enlace multimedia, Archie te ayudará, Albert quiere que se transmita la boda en el consorcio – indicó a cada uno lo que tenían que hacer.

Si Annie y tú que harás – preguntó Patty al ver la actitud de líder que había tomado su cuñada.

Encargarme del evento, ya encargué la comida, el servicio y sólo falta la decoración de la capilla, ya que Eleonor ya hizo la del salón y la Villa – comunicó Annie atareada.

Bueno veo que todo está cubierto – dijo Patty.

No todo, sólo falta el vestido – declaró ella.

Eleonor prestará el suyo y Terry ya fue a solicitar el permiso – informó Archie rápidamente.

Bueno ahora si estará todo – suspiro aliviado Stear.

Todo había sido planeado oportunamente y había sido un trabajo en equipo.

Entonces se pusieron de acuerdo – mencionó Candy pensando la revolución que había en su casa, pero que ella no había escuchado nada.

Sí por primera vez todos cooperaron, pero te ves radiante, como una princesa – mencionó Terry.

Tú también te ves muy buen mozo – se le sonrojaron las mejillas y escondió el rostro en su abrazo.

Lo sé, pero no era necesario que me lo dijeras – sonrió él robándole un beso cuando se agachó para verla cuán roja se había puesto.

¡Vanidoso! – le golpeó el brazo.

Un poco amor, te imaginas, lo que será nuestra noche de bodas, no puedo esperar tanto – le dijo mientras pasaba la mano por su trasero.

¡Terry, compórtate! – le pegó en la mano.

¡Oh mi hermosa esposa! – le sonrió mientras la tomaba de la cintura, dejándola muy sensible.

¡Oh mi príncipe arrogante! – le dijo ella indefensa.

¡No soy arrogante! – levantó la voz.

No quién dice – se burló ella.

Por cierto, a dónde vamos a pasar nuestra luna de miel – preguntó pues eso era lo único que no habían planeado.

Pues en la casa, nuestra habitación es la que está al lado de la señora Elroy – le dijo ella lo más seria posible.

¿No estarás hablando en serio? – su rostro había cambiado en instantes.

Jajaja qué cara pones, es broma. La pasaremos en la cabaña de los Andley – comenzó a reírse de su esposo.

Pero está muy fría – se quejó él.

Ya no, mientras tú te divertías con Samuel, yo me encargué de eso, no la vas a reconocer – había metido la pata.

¿De verdad? – cuestionó asombrado.

Sí, ya lo verás, ahora vamos a la foto – lo jaló para organizar la foto familiar.

Bueno, pero me tienes que contar – pidió el.

Mejor te lo muestro todo – respondió con voz sensual.

Terry no pudo resistirse y comenzó a besarla pausadamente para luego profundizar el beso, haciéndola temblar hasta los huesos, hasta que ya no sintió el piso, se había casado con el mejor chico de Londres, uno que la amaría incondicionalmente y que la haría la mujer más feliz a partir de ese día.

Continuará…

¡Ah pero que pensaban! Que se pondría candente la cosa… pues no, muajaja, todavía falta, quiéranme mucho. Hay una sorpresa para la noche romántica, ¡yuhu!