Michiru volvió, con un capítulo rompe corazones y corta venas les aviso que hemos llegado como a climax del fic donde este y los capítulos siguientes serán problemas, lamento la espera y ya saben los personajes no me pertenecen sólo los puse en circunstancias diferentes
Ya saben, los pensamientos están en itálicas
Capítulo 25: ¿Confianza?
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De: Kagami-kun
Asunto: (Vacío)
Mensaje: Tenemos que hablar, te veo en mi apartamento a las 4
Daba vueltas en su habitación, leyendo una y otra vez el mensaje, simplemente no podía evitarlo, un "Tenemos que hablar" siempre era presagio de que algo malo estaba pasando. Si podía ser honesto consigo mismo, se estaba cansando un poco de aquella situación, de tener miedo siempre de que "eso" que había entre ellos terminaría de un momento a otro.
Tenía miedo de que cada beso al final del día se convirtiera en una despedida, en el final de algo que en realidad nunca comenzó.
Voltea a ver el reloj, faltaban unos minutos para las dos de la tarde y él le pidió verse a las cuatro por lo que su estrés iba en aumento. Se tumba en su cama dejando colgar la cabeza por el borde del colchón, al poco de ello sintió algo recargarse sobre su estómago, subió la cabeza y se encontró con un par de ojos azules, ahora que lo veía con más atención, ese cachorro de verdad tenía cierto parecido con el mismo. Comenzaba a entender por qué de los dos cachorros, Furihata le había llevado precisamente a ese. El animalito pegó la nariz con la suya de forma que le hizo gracia, apenas tenía un par de horas con el cachorro de husky pero al parecer ya podían entenderse entre ellos.
– Tranquilo, ya me calmé – le dijo acariciando su cabeza, era bueno tener compañía, si ese mensaje le hubiera llegado estando solo, posiblemente ya habría saltado del techo, o bueno, no tan extremista, pero estaría fuera de sí mismo preguntándose ¿Qué diablos hacer? O tal vez saldría corriendo para la casa de Kagami sin importarle la hora pactada.
Las horas le pasaron lentas hasta que por fin llegó unos pocos minutos antes. Tocó el timbre varias veces pero no hubo respuesta, dio un par de golpes en la puerta pero no pasó nada – tal vez salió a la tienda o algo – pensó mientras se sentaba en las escaleras algo preocupado, un pequeño chillido salió de su mochila sobresaltándolo, había olvidado que Nigou se encontraba en su morral.
Sacó al can para que desentumeciera sus patitas mientras esperaban. Pasaron veinte minutos, treinta y Kagami aún no aparecía, intentó llamarle pero su llamada era de inmediato desviada al buzón de voz, dándole a entender que el celular estaba apagado – tal vez tuvo algo que hacer y aún no regresa, si está en el tren su teléfono no tendrá señal – se dijo enviándole un mensaje para que en cuanto viera el celular, Kagami estuviera enterado de su llegada. Intentó timbrar de nuevo ya solo por si acaso ya que en los días que había pasado ahí se dio cuenta de que mientras uno estaba en balcón de la última habitación o si se estaba tomando una ducha, no era posible escuchar el timbre, sin embargo seguía sin respuesta y para este momento la duda lo estaba consumiendo. Repetía las mismas acciones cada veinte minutos, sin obtener ningún resultado diferente.
Tenía bastante tiempo ya en ese lugar. Nigou ya había vuelto a la bolsa a tomar una siesta, como todo bebé, dormiría mucho por un tiempo aun.
Kuroko con la decepción en el corazón e incluso algunas lágrimas que sus ojos se negaban a dejar salir, se levantó de su asiento en la escalera. La frustración estaba pudiendo con su calma ¿para qué citarlo si no iba a estar ahí? ¿Era eso una cruel forma de decirle que ya no quería verle? No lo entendía y le dolía pensar en todo aquello.
Antes de bajar las escaleras, pues no quería tomar el elevador ya que sentía que se ahogaba y el espacio tan estrecho no le ayudaría, volvió a tocar el timbre, faltaban unos pocos minutos para las seis de la tarde.
Con pesar tomó la mochila donde su perrito dormía y se decidió a partir, aunque el ruido del seguro de la puerta siendo removido lo detuvo. La puerta de pronto se abrió dejando ver al pelirrojo desgarbado como jamás lo había visto, tenía ropa de calle pero era un desastre de arrugas y lo que tampoco le pasó desapercibido fue el tremendo olor a alcohol que desprendía eso y que tenía unas ojeras muy marcadas.
– Kuroko – Lo llamó – ¿Qué hora es?
– Son cerca de las seis de la tarde
– ¿Apenas llegaste?
– Sí – Mintió como si nada – acabo de llegar, intenté avisarte pero no contestabas el celular – una total mentira pero bastante vergüenza era saber el mismo que lo esperó afuera de su casa durante dos horas
– Pasa – El pelirrojo indicó con una voz que diferente, eso lo puso alerta
Las cosas no estaban bien pero no imaginaba que tan mal podían llegar a ponerse.
La sala de estar se encontraba tan impecable como todo lo demás en ese lugar. Kuroko dejó su mochila despacio en el suelo, con mucho cuidado de no despertar a su pequeño amigo ya que no tenía idea de lo que iba a pasar, tomó asiento en una orilla del sofá.
Kagami tomó asiento pero no junto a él, como normalmente lo hacía, no hubo beso o abrazo como solía haber cada vez que se veían y el peli celeste se encontraba en un estado tal, que tenía miedo de acercarse a tocarlo.
Hubo un prolongado silencio entre ellos, un terrible y estremecedor silencio cargado de tensión que le hizo pensar que aquella primera caminata a casa parecía un momento dulce y agradable.
– Yo... – empezó nervioso Kuroko ya sin poder soportar más el ambiente tan cargado – creo que... será mejor... que me vaya – concluyó poniéndose de pie.
Kagami guardó silencio, sin embargo, al poco se puso de pie bloqueándole el paso, impidiéndole tomar su mochila.
Con temor el más bajo alzó la mirada encontrándose con de color rojo, era profunda e indescifrable, parecía que podía ver su interior, como si analizara su alma o cada uno de sus pensamientos.
"Y si todo este tiempo juntos ha sido una mentira suya, un mero pasatiempo"
De un momento a otro Kagami lo besó de manera brusca, lo abrazó con fuerza y sin pudor comenzó a recorrerle entero con sus manos.
Unos segundos por sobre la ropa, después con fuerza lo volteo a modo de que le daba la espalda a Kagami pero quedaba de frente al sofá, las grandes manos del pelirrojo se abrieron paso debajo de su pantalón comenzando a masturbarlo bajo la ropa interior, de un momento a otro se encontró con el pantalón y el bóxer hasta las rodillas y fue empujado hacia adelante. Detuvo lo que habrían sido una fea caída apoyándose con sus manos, sin embargo, su cuerpo había quedado inclinado, no pudo ni hacer el intento de erguirse cuando sintió los dedos del más alto dentro suyo, lo estaba preparando pero eso parecía más un encuentro ocasional que otra cosa. Le dolía físicamente aunque lo peor era el dolor emocional, sentía que estaba siendo utilizado, y eso era lo peor; sentirse usado por la persona de quien estaba enamorado.
A pesar de todo lo que estaba sintiendo no dijo nada, no lo haría, guardó silencio todo el tiempo y se entregó a él con la idea de que sería la última vez, de que haría el amor sin importar que el pelirrojo ya no le quisiera y se iría de su vida. Le penetró pronto y el acto en si no duró demasiado, eyaculó en manos de ese chico, al que desconocía por completo, sin embargo no sintió el éxtasis, el tan ansiado orgasmo no lo había sido, Kagami le había manchado las piernas y la espalda con su semen pues no había usado preservativo aunque no le dio importancia en ese momento. Su cuerpo cayó de rodillas frente al sofá. Kagami una vez subiendo su pantalón se volvió a sentar en el sillón individual, viendo hacia el chico que justo ahora comenzaba a vestirse y se preguntaba si alguien podía fingir a tal grado, seguía dudando de lo que le había dicho Momoi pero aun así a ella la conocía desde hacía más tiempo que al peli celeste.
Kuroko por fin se levantó y con todo su valor lo miró a los ojos, no pidió ninguna explicación, nunca creyó merecerla, simplemente con algo de incomodidad y toda su fuerza de voluntad tomó asiento. Esperaría a que le dijera lo que le tenía que decir o a escuchar un simple "Lárgate" y en ese momento tomaría sus cosas y desaparecería de su vida para siempre, tal vez aceptaría la oferta de Akashi de regresar a Kioto, iba trazando en su mente el plan que tomaría a partir de ese momento, jamás las palabras que le fueron dichas.
– Anoche vino Momoi – Comenzó Taiga y eso le cayó como un balde de agua fría
"Me usaste... después de revolcarte con ella"
– Ah, si – fue su escueta respuesta
– Estuvimos tomando hasta muy tarde y... hablamos – continuó
"Claro, hablaron y yo soy idiota, cuál de todos los dedos me chupo"
– Ok – su rostro permaneció impasible
– Ella me contó lo que pasó...
– ¿Lo que pasó? – Ahora no entendía nada
– Lo que pasó... en la fiesta de Kise... Lo que ustedes...– No pudo seguir, apretó los puños tratando ce conservar la calma, se sentía idiota por haberse creído todo lo que Kuroko le decía
– Kagami–kun, no entiendo de que hablas – No entendía para nada la actitud del más alto, su mente se había separado por completo del incidente que acababa de pasar y se estaba enfocando de lleno en la conversación que estaban teniendo
– Me dijo lo que hicieron... ustedes dos
– Kagami-kun, sigo sin entender a qué te refieres– Le contestó sin comprender nada
– Ella me contó que en la casa de Kise la besaste – Reclamó exasperado de que el otro se hiciera el ingenuo, ¿cuánto tiempo más pensaba verle la cara de ese modo? ¿Cuánto más iba a jugar con su amiga? ¿Y con él?
Esa fue la gota que derramó el vaso, el impasible Kuroko perdió la paciencia con eso – ¿Que yo hice qué? –Toda su inseguridad fue remplazada en ese momento por enojo, y alzó la voz por primera vez desde lo que había pasado con Sakurai – ¿Estas tan imbécil como para creer eso? – Gritó furico
– Claro que le creo a mi amiga ¿Por qué habría de mentirme? Ella no tiene motivos, tú en cambio... –
Un recuerdo vino a la mente del peli celeste
Me gustas Tetsu-kun
Creo que has bebido demasiado Momoi-san
– Eso no...
– Me niegas que se besaron
– Ella me besó y se me declaró pero la rechacé
– Eso no fue lo que ella me dijo anoche
– ¡Ah sí! ¿Y qué demonios te dijo? – no tenía control de sí mismo
– Tu deberías saberlo
– No lo sé porque lo que te digo es lo que pasó, maldito idiota
– ¿Por qué te niegas a decirme la verdad?... ese... ese día te dije que te quería maldita sea ¿Por qué no me dijiste la verdad en ese momento
– Ese día te dije que también te quiero
– Eso es lo que más me molesta, si no lo sentías ¿Por qué lo dijiste?¿Fue solo para complacerme porque ya me iba?¿Por qué te dejaría el camino libre para estar con quien quisieras?¿Para ver qué cara ponía mientras por dentro te reías de mí?
– ¿Que te hace pensar que no lo sentía?
– Te acababas de besuquear con mi amiga, es más que obvio que no lo sentías y dudo de que sientas algo por mí
– Ya te dije que fue ella quien me besó
– Aun así ¿por qué demonios no me dijiste nada?
– En primera tomé demasiado ese día y ella también, no hablaré jamás de una chica haciendo locuras mientras está ebria. En segunda esa estupidez significó tanto para mí que lo olvidé por completo en cuanto pasó, sobre todo cuando... – dejó la oración a la mitad
– ¿Cuándo qué?
– Cuando me dijiste que me querías estúpido, cuando me dijiste eso yo... fui la persona más feliz del mundo, cuando lo hiciste, cuando pude acurrucarme en tu pecho, cuando estuve entre tus brazos, todo dejó de existir para mí – listo, lo había dicho, se dejó caer en el sofá sin saber en qué momento se había puesto de pie y dejó por fin correr las lágrimas por sus mejillas sin más, ya se había callado por demasiado tiempo.
Verlo llorar rompió por completo el corazón de Kagami, pero eso no era lo peor, sino que era su culpa y eso lo mataba por dentro. Su cuerpo se movió más por instinto tomando al más bajo entre sus brazos con fuerza, quería protegerlo y seguir con él no haría más que causarle daño por lo cual, esperaba que esas palabras fueran suficientes.
– Kuroko ¿comprendes que yo ya no podré confiar en ti, verdad?
– Lo sé, y no tienes idea de cuánto odio estoy sintiendo en este momento, porque nada de esto tiene sentido
– Es que yo... no sé a quién puedo creerle
– Este bien, si ya no me amas, está bien, solo tienes que decirlo, dime que ya no me quieres a tu lado y me alejaré de ti
– Yo, no puedo decirte que no te amo, no puedo mentir así, pero si no puedo confiar en ti, ya no hay nada que se pueda rescatar de esto
– Dime que ya no me quieres a tu lado – le pidió suplicante – Dilo, necesito escucharlo de ti o no podré alejarme, no me importa si no tengo tu confianza, si me amas par a mi seré suficiente, pero no me alejaré de ti a menos de que tú me lo pidas
– Yo... yo...
"Dilo, con un demonio"
– Yo... te amo
– Entonces que así sea
– No lo hagas, no quiero hacerte más daño
– Me quedaré contigo – dijo Kuroko posando la mano en la mejilla del pelirrojo, sus lágrimas aun brotaban pero no bajó la mirada en ningún momento – aun si no confías en mí, tal vez algún día pueda demostrarte lo equivocado que estas
– Kuroko yo no creo que... – sus palabras fueron cortadas por un beso que sabía salado y dulce a la vez, dejaba una extraña sensación amarga. No quería hacerlo de nuevo, no quería hacerlo llorar otra vez. Pero no pudo terminar aquello. Un chillido lo distrajo, sintiendo al poco algo a sus pies, cuando volteó a ver que era aquello que lo había tocado subió los pies al sofá de inmediato sin poder entender muy bien qué diablos hacía un perro en su apartamento.
– Lo siento, estoy seguro que Nigou no quería asustarte – se disculpó el peli celeste
– ¿Nigou?
– Es su nombre, Furihata–kun se lo puso por que dijo que se parece a mí
– ¿Qué tiene que ver Furi en todo esto? – Preguntó Kagami pasando del temor a la molestia
– Él me lo regaló, ya que su papá no le permitió conservar a los cachorros de su mascota – el peli celeste hablaba mientras acariciaba al cachorro en el piso.
Los celos de Kagami terminaron de estallar en ese momento ¿Será que también ese enano anda detrás de su chico? ¿A Kuroko le interesaba Furihata? ¿Cuándo había pasado? ¿Por qué darle un perro? ¿Por qué lo llevó ahí? Su pánico hacia los perros por su irracional ataque de celos y tomó a Kuroko llevándoselo sobre el hombro cual costal de papas, se lo llevó hacia la habitación cerrando la puerta para dejar al perro afuera y que no pudiera acercársele.
Esta vez Kagami fue más gentil, sin embargo se encargó de marcar bien su territorio, si él no iba a ser el único en la vida y la cama del peli celeste se encargaría de dejarle al que interviniera, que tampoco era el único.
Lo hicieron tres veces más, evitando terminar en el interior del más bajo ya que la desesperación hacía que iniciara una ronda tras otra sin colocarse el preservativo. Entre sesión y sesión, más y más marcas rojizas quedaban en la pálida piel del de ojos celestes. Se entregaron mutuamente como antes, a pesar de que algo se había roto entre los dos, tal vez no se dieron cuenta, o tal vez decidieron ignorarlo sin pensar en los problemas que apenas estaban comenzando.
Era bastante tarde cuando Tetsuya se fue a su casa llevándose a lo que él consideraba un demonio de ojos azules cubierto de pelo. Se puso a buscar su móvil ya que no lo había revisado en todo el día, la noche anterior estuvieron escuchando música en ese aparato hasta que la batería se había consumida y desde entonces no lo había revisado. Lo conectó a la luz y tras unos momentos pudo encenderlo, tenía muchas llamadas y mensajes, la gran mayoría de su padre, que le avisó cuando llegó a América, y regañándolo después de varios mensajes por que lo conocía tan bien que sabía que su celular posiblemente se había descargado, uno de los mensajes que encontró entre todo el listado fue el que llamó su atención 3:58 pm
De: Kuroko
Asunto: (Vacío)
Mensaje: Ya llegué, no sé si saliste o algo, te espero las escaleras
Solo una palabra cruzó por su cabeza al recordar la respuesta del más bajo cuando le preguntó si había llegado hacía mucho
"Mentiroso"
Cuando Tetsuya llegó por fin a su casa era algo tarde, sin embargo, su madre aun no regresaba, subió a su alcoba con Nigou para poder descansar pero apenas tocó la cama, lágrimas de rabia comenzaron a brotar de sus ojos. Jamás a pesar de lo que le hicieran había odiado a nadie en su vida, ni siquiera a Makoto Hanamiya, por que reconocía la parte de su propia culpa, pero ahora era distinto, le odiaba, a sus ojos ya no era un se humano, ella se había convertido en un monstruo que quería arrebatarle lo más preciado y hermoso que le había pasado en la vida.
Ahora el hecho de que se hubiera revolcado con Kagami le parecía una mejor opción que lo que le había hecho – ¿Por qué? – Se preguntaba una y otra vez sin entender el motivo para querer separarlo de Kagami. Seguían juntos por mera suerte, pero ya no había esperanza de nada, quería creer en Kagami, pero así como el más alto le había retirado su confianza, el mismo Kuroko ya no podía creer que sus sentimientos estuvieran a salvo con una persona que no confiaría en él, si seguía ahí era por el amor que le tiene al pelirrojo y que no dejaría perder así de fácil. No le daría el gusto a esa tipa. Con esa determinación en la cabeza y tras un mar de lágrimas por fin el sueño se abrió paso, aunque fue un sueño sin descanso.
En otra parte de la ciudad...
Midorima yacía profundamente dormido en la habitación sin darse cuenta de que hacía unos minutos, su pareja había salido al patio trasero con un encendedor y una cajetilla en mano, removió algunas de las cosas que había en el rincón encontrando lo que buscaba casi al instante, era una pequeña caja de metal con su tapa, al remover la tal se podía ver el interior de la caja pintado de negro, las marcas que el fuego dejaba en ese material.
Tomó de su bolsillo el sobre que el mensajero le había entregado esa misma tarde cuando su novio estaba en el consultorio trabajando, destapó el sobre amarillo sacando de él, un único papel, era un cheque cuya exorbitante cantidad se expresada con una infinidad de ceros.
Colocó un cigarrillo entre sus labios, él ya había dejado de fumar desde que inició su relación con Shintaro pero en días como ese su organismo le rogaba por la nicotina, encendió el cigarrillo con una calada que liberó sin despegar el cilindro de sus labios, mientras con la llama del encendedor aún viva, prendió fuego al rectángulo de papel entre sus dedos, que fue prendiendo lentamente a causa del grosor y la tinta utilizada en ese tipo de impresiones.
Una vez la llama estuvo en su apogeo, guardó el encendedor en el bolsillo del short que usaba a modo de pijama y sacó el celular del mismo lugar.
Tomó una fotografía del papel ardiendo, antes de dejarlo en la caja de metal y poner también el sobre para que todo se consumiera e hizo el envío por email ya que no tenía otro modo de hacerlo.
Llegaba a su casa del trabajo, después de dos turnos seguidos, el área de neurología siempre era complicada y las emergencias podían llegar en cualquier momento.
Se quitó saco y corbata y encendió la laptop de su despacho, lo primero que hacía cuando llegaba a casa era revisar sus correos, uno de tantos fue el que había llamado su atención, pues lo había visto por tercera vez en ese mes y unas quince veces en el último año.
Reconoció en la imagen el cheque con su firma, soltó una risilla, algo que sólo se le veía hacer a solas, cuando leyó las palabras al pie de la foto
"Mi respuesta es y será la misma"
Takao Kazunarí parecía más difícil de convencer de lo que creyó, pero tal vez era porque hasta ahora no le había pegado en el lugar correcto.
En unas horas volvería a la escuela, no había tenido ni un minuto de descanso en todas la vacaciones, nada de tiempo libre para ver a su novio, apenas y podía detenerse a respirar tras todo lo que su padre le había impuesto durante el verano tras haberse fugado por tres días a Akita.
No había tenido mensaje de Atsushi en todo ese tiempo y no le sorprendía mucho, generalmente lo que tenía de él eran respuestas ya que siempre, cualquier conversación llámese mensajes, llamada o chat, tenía que ser iniciada por él, y no le había dado ni tiempo de ello, o mejor dicho, no se había dado el tiempo de hacerlo. Gracioso porque había alguien que le mandaba mensaje cada dos o tres días y siempre justo antes de dormir se daba unos minutos para responder
De: Akashi–san
Asunto: Respuesta
Mensaje: Si, ha sido cansado, jamás pensé que me diera tanto gusto volver a mis clases, me alegra saber que el cachorro está en buenas manos y sí, si en el próximo mes no has encontrado dueño para Chew, iré por él, pero si encuentras un buen dueño antes, no hay problema.
De: Furihata
Asunto: Re: Respuesta
Mensaje: Muy bien, que descanses Akashi–san
– Mañana inician las clases, deberías volver a tu habitación
– Quiero quedarme un poco más con Muro–chin
– Atsu... no es bueno que te quedes – dijo cariñoso el azabache mientras acariciaba la cabellera violeta
– ¿Muro–chin también quiere que me vaya? – Pregunta con una mirada indiferente aunque Himuro sabe que está más afectado de lo que quiere admitir. Eso de que su hermana se casara y nadie se hubiera molestado en avisarle o invitarlo fue un golpe fuerte para el más alto.
– No es eso, pero no tienes el uniforme y cuando duermes en mi cama no te quieres levantar y mañana debemos llegar temprano por qué harán cambio de aulas
– Prometo levantarme, y Muro/chin tiene aquí mi uniforme porque lo dejé antes de salir de vacaciones, recuerda que el último día de clases jugamos con la consola y comimos dulces – Atsushi concluyó acomodándose en el regazo del azabache sin su consentimiento.
El mayor suspira pesado, las últimas veces que el menor pasaba la noche en su dormitorio, no había podido dormir nada, el nerviosismo le ganaba y terminaba contemplando su rostro durante la mayor parte de la noche.
– Atsushi, si no me dejas acostarme ¿Cómo voy a dormir? – El más alto le soltó sabiéndose ganador de aquella disputa y le permitió acomodarse.
Tatsuya se abrazó a su cuerpo recargando la cabeza sobre su pecho ya que la cama no se suponía que fuera para dos personas y menos contando con el tamaño del de cabello violeta. No le molestaba a ninguno, para el de mayor estatura era reconfortarte esa calidez junto a su cuerpo, y para el de mayor edad ese era el mejor lugar para descansar, lo único doloroso era tenerlo tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Los latidos de su corazón funcionan como un arrullo en esta ocasión, le hace preguntarse si algún día ese corazón podría latir por él, si pudiera ser él quien acelerara esos latido – Buenas noches Atsushi
– Buenas noches Muro–chin – susurra ya más dormido que despierto, dejándole un beso sobre la frente que le hace arder la piel y enrojecer las mejillas poco antes de seguirle al país de los sueños, esperando la noche sea larga y pueda estar con él más tiempo ates de que los alcance la mañana.
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"Tan cerca y tan lejos al mismo tiempo
no puedo evitar la envidia que siento
por aquel que de tu corazón es dueño
pero al menos soy yo quien vela tu sueño"
– Megane Michiru-chan –
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Disculpen la demora, mi inspiración me había abandonado por completo para éste fic, sabía lo que quería escribir pero no encontraba las palabras, una disculpa si sufrieron con el rumbo de la historía pero desde el principio planee las cosas así aunque no pensé tardar tantos capítulos en llegar hasta este punto
Hay dos parejas de las que no hice mención en este cap pero que ahí siguen por lo que no se preocupen, próximamente seguián leyendo de ellos si es que aun les interesa la historia, esta o cualquiera de las que estoy escribiendo, que creanme que estoy trabajando en las actualizaciones.
Por último, no se cuanto me tarde en actuaizar el siguente capitulo pero es seguro que el fic seguirá hasta que lo termine, si leyeron todo esto se los agradezco y espero leerlos pronto,
XOXO
