¡Hola, mis amores! La extrañaba mucho, en serio. Esta vez no vengo con excusa, simplemente no podía escribir por alguna razón, así que leí y leí, hasta que los libros me ayudaron con mi bloqueo.

Estoy súper nostálgica porque cada vez estamos más cerca del final, y esta historia ha significado mucho para mí, así que… Ya imaginarán lo que se siente saber que tu bebé crece y debes dejarlo ir.

Bueno, sin más qué hablar, las dejo con el capítulo, que lo disfruten:

Cuando menos lo esperaba

Corría y saltaba desenfrenadamente, acercándome hacia mi contrincante quien mantenía el control de la pelota en ese momento. Me posicioné tras ella intentando bloquearla y de ese modo, en caso de que planeara hacer un pase, tener la oportunidad de recuperar el balón y correr hacia la canasta de mi equipo. La chica a quien atacaba saltó y ladeó su cuerpo visiblemente para hacer un pase largo. La imité pero lamentablemente mi intento fue fallido; la pelota llegó una vez más a manos de uno de los miembros del equipo contrario. Resoplé con frustración mientras apoyaba mis manos sobre las caderas recuperando el aliento.

Sentía el repiqueteo de mi corazón tan rápido como el de un colibrí y exhalé lentamente por mi boca, repitiendo el ejercicio una y otra vez. Mi cuello estaba sudoroso causando que mis cabellos se adhirieran en la parte trasera, de manera que busqué algo con qué atarlo y devolverle a mi piel algo de aire fresco. Volví al juego tratando de ser de ayuda en algo, y cuando por fin había logrado tener el control del balón, perdí el valioso último minuto del juego en un lanzamiento que francamente dio vergüenza.

Oí algunas carcajadas provenientes de las gradas y al observar hacia aquél lugar, me encontré con Ámber y su séquito riendo estruendosamente y señalando en mi dirección. No fue hasta que el sonido del silbato sonó que fui consciente de que todo mi equipo me miraba.

―El juego terminó―anunció el entrenador Boris―. El equipo de los Tornados ha ganado, felicitaciones.

Un grito de júbilo estalló en medio del gimnasio y me crucé de brazos un poco indignada por el resultado obtenido. Sabía que era infantil actuar de ese modo, pero de alguna manera todas esas miradas sugerían que era mi culpa y odiaba cargar con aquella responsabilidad.

Iris fue la primera que se acercó a mí, y Melody me indicó con una sonrisa que había quedado expiada de mis culpas deportivas.

―Fue divertido aún así―comentó la pelirroja con su afable semblante característico. Casi había olvidado el aura tranquila y positiva que tenía esta chica a su alrededor.

―Gracias por no decirme que apesto―le sonreí con afecto. Sentía que miles de años habían pasado desde la última vez que hablé con Iris.

―Quizá ella no lo haga―una morena imponente y con un físico envidiable apareció de pronto interrumpiendo la respuesta de la pelirroja―. Pero yo sí lo haré: de verdad apestas, Kim, y para tener un nombre tan absolutamente increíble, eso no es correcto.

Iris soltó una risita y observó a la chica durante una fracción de segundo antes de dirigirse a mí de nuevo.

―Kim y Kim... Empezaré a llamarlas Kim número uno―me señaló―, y Kim número dos― ahora su dedo apuntó a la morena.

―No puedes llamarle Kim hasta que aprenda a hacer un buen lanzamiento―bromeó la chica acomodando casualmente su boina.

―Oh, eso suena como toda una proeza―respondí de buen humor. De repente la ínfima molestia que experimenté gracias al juego había desaparecido.

―Si están buscando como llamar a esta...―Ámber dejó en el aire sus palabras sopesando el adjetivo o sustantivo que iba a darme a continuación―, cosa...―decidió finalmente―. Podría sugerirte algunas palabras.

Kim enarcó una oscura ceja y acomodó uno de sus brazos sobre su cadera, dándole un aspecto arrebatadoramente imponente.

― ¿Cómo cuál?―inquirió y antes de que yo pudiera replicar ella dijo: ―. Cabeza hueca, Barbie estúpida, descerebrada, tonta, llorica, ridícula e inmadura ya los tienes todos para ti―le sonrió con altivez a la rubia que parecía ponerse más y más furiosa cada segundo que pasaba―. Y para mi tocaya había pensado en... "Necesito-seriamente-una-brújula-antes-de-lanzar"―hizo las comillas con sus dedos y todas nos echamos a reír.

Ámber se marchó a paso rápido apretando sus puños a ambos costados de su cuerpo y giró para ver a Li y Charlotte que aún permanecían junto a nuestro grupo.

― ¡¿Van a quedarse ahí toda la vida o qué?!―exclamó con rabia y ambas chicas parecieron salir de su estupor y caminaron tras Ámber, no sin antes murmurar palabras desagradables hacia mi persona.

― ¡Eso fue estupendo, Kim!―vociferó Iris.

―Sí, gracias, creo que ya sé a quién recurriré cuando quiera sacarme a Ámber de encima―comenté con una sonrisa.

―Eres una Kim, pequeña, sólo déjalo fluir―fue lo último que dijo mientras se alejaba despidiéndose al estilo militar―. Las veo luego.

Nos despedimos de la morena y vi como un muchacho rubio se acercaba.

―Oh, no, es Dake...―Iris habló tan rápido que me costó un poco entenderle―. Será mejor que lo cortemos pronto, ha estado ligándose a todas las chicas del instituto. Te lo juro, todo lo que se mueva y sea del sexo opuesto lo atraerá, así que no...―no logró terminar lo que estaba diciendo porque el joven se había situado justo a nuestro lado.

―Veo que mi estancia aquí se pone cada vez más interesante...

―Nos alegra saberlo―habló Iris apresuradamente―. Es una pena que tengamos que irnos justo ahora.

Observé al muchacho y por su actitud me recordó a un depredador abordando a su próxima presa, y aquel pensamiento por alguna razón me llevó, además, a Castiel. No quería que se enojara por culpa de un chico, y no precisamente por alguien como... ¿Jake? ¿Drake? como sea que se llamara...

―Oh, espera, a ti no te había visto―me tomó de la mano y depositó un suave beso en ella. Iris y yo nos estremecimos―. Soy Dake, y estoy...―se inclinó un poco hacia mí.

―Yo te diré como estarás, rubio idiota. Estarás bien muerto si sigues tocándola...―amenazó una voz familiar, demasiado familiar.

Cerré mis párpados y elevé mi cabeza a lo alto, maldiciendo internamente por mi mala suerte. Giré mi rostro viendo a Castiel allí, caminando a paso rápido hacia nosotros.

―Uhh, calma, amigo, no sabía que era tu chica―Dake levantó las manos como si Castiel le estuviera apuntando con un arma.

―Ahora lo sabes―siseó el pelirrojo situándose justo a mi lado. Parecía más un león protegiendo su territorio que un novio común y corriente.

Iris levantó sus cejas y se llevó una mano a la boca en señal de completo asombro. Claramente era la primera vez que Castiel afirmaba que era su novia delante de alguien más que Nathaniel.

―Castiel, basta―me llevé una mano al rostro y apreté el puente de mi nariz. De verdad estaba cansada de que recalcara aquello como si le perteneciera.

― ¿Pero tú si estás disponible, muñeca?―Dake pareció notar a Iris finalmente y ella simplemente sonrió; no fue una sonrisa amable en lo absoluto, extrañamente logró que ese gesto luciera distante y frío.

―Gracias, pero no me interesas.

Castiel sonrió, pasando del enojo a la burla en un santiamén. Mi chico voluble... pensé con cariño y mi rostro se relajó de inmediato.

― ¡Eso es a lo que yo llamo hacer el ridículo!―exclamó Castiel animadamente viendo al rubio con mofa.

Dake frunció sus labios convirtiéndolos en una fina línea y le dedicó al pelirrojo una mirada que pudo haber sido responsable de un incendio forestal. El músico ni mínimamente le prestó atención, sólo continuó disfrutando del rechazo que sufrió el joven.

―Bien, en cualquier caso...―el chico mostró sus blancos y relucientes dientes dignos de un comercial de pasta dental―. Ustedes se lo pierden―y caminó hacia la salida del gimnasio a paso decidido, intentando recuperar la poca dignidad que le quedaba.

Iris soltó una carcajada que se unió a la de Castiel, y de repente estaba rodeada de risas que causaron desatar la mía también.

―Es un imbécil―murmuró el guitarrista recuperando la compostura―. Te veré en la azotea en el receso.

―Eso suena como una orden.

―Qué perspicaz―curvó sus labios hacia un costado dedicándome esas sonrisas sarcásticas suyas que tanto me gustaban, y acto seguido salió del gimnasio.

Iris de inmediato me tomó del brazo con una expresión en su rostro que anunciaba "tienes que contármelo todo ahora" y yo suspiré, preparándome para ponerla al día, no sólo de mi extraña e inesperada relación con Castiel, sino también del asunto que concernía a Alanis.

Un rato después, estábamos sentadas en los vestidores, evitando la clase de Ética que al parecer, y a juzgar por lo que hacíamos, no nos parecía nada trascendental.

―Odié no estar contigo durante todo lo que sucedió, pero sentía que estabas demasiado cerrada conmigo en cuanto a ese tema...―explicó y sus palabras parecían sinceras―. No quería obligarte a que me dijeras algo. Si no lo hacías tenías tus razones e intenté respetarlas. Pero siempre le preguntaba a Melody por ti, ella siempre me contaba algo respecto al caso de Alanis, que ella misma sabía por Nathaniel.

Levanté la mirada de los azulejos y la observé recordando como el día anterior Melody había dicho que alguien me había extrañado. Hasta el momento no había pensado en eso, pero lo cierto es que ahora me resultaba obvio. Era Iris ¿cómo pude haberlo olvidado?

―Lo lamento... Fueron los meses más difíciles de mi vida. Tenía mucho miedo de salir de casa, estaba paranoica. Castiel... Ya te lo dije, fue quien más estuvo allí cuidándome, incluso cuando yo lo ignoraba.

―Eso fue muy dulce, supongo que a raíz de aquello te diste cuenta de que te gustaba ¿verdad?―cuestionó con amabilidad―. Porque para serte completamente honesta, no creí que nadie fuera capaz de sacarte de la cabeza a Nathaniel.

―Fue un largo proceso poder "despertar"―moví mis dedos enfatizando el término―. A veces no se puede evitar crear un mundo en el que todo es como lo deseas. Sobre todo cuando el corazón está piloteando tu cuerpo; en ése momento tu parte racional está ligeramente dormida y sabes que está allí, hablándote en voz baja, pero te niegas a escucharla. Creo que eso fue lo que me pasó...

―Se escucha muy... Profundo.

―Tal vez ahora se escuche de ese modo, pero cuando estás ahogándote en sentimientos, no quieres un salvavidas, al menos no uno que no sea el que tú deseas. Te ciegas, te vuelves dependiente de los espejismos de tu corazón, es... Complicado.

―Me ocurre con Armin, pero ya hablaremos de eso, ahora quiero que me cuentes cómo fue que Castiel te pidió salir. Debió haber sido una propuesta interesante viniendo de alguien como él.

Parpadeé y acto seguido negué con la cabeza dándome cuenta en aquel momento que mi relación había crecido con tanta libertad como la hiedra, pero que nunca había tenido un inicio concreto u oficial.

―Nosotros nunca… Castiel nunca...

― ¿No? ¿No te lo pidió? ¿Se lo pediste tú a él?

―No, no, él no me dijo nada, sólo sucedió...

―Oh, Kim, ¡entonces deberían hacerlo oficial! ¡Dile que haga algo para que puedan celebrarlo! Los aniversarios son importantes, ya sabes―me guiñó un ojo con complicidad―. Y siempre es lindo que tengan una fecha a recordar, lo hace especial.

― ¿Tú crees?―cuestioné y en mi imaginación danzaba la imagen de Castiel y yo celebrando nuestro primer aniversario. Claro, desde luego nada muy romántico ni común; después de todo, de Castiel se podría esperar cualquier otra cosa excepto que te sorprendiera con flores y chocolates en una fecha especial...―arrugué la nariz―. ¿Crees que él recordaría la fecha de nuestro...? Ya sabes...

―Bueno, quien sabe, más vale que lo haga―rió encogiéndose de hombros―. Quizá incluso te sorprenda con un regalo peculiar, no sé, podría llevarte a que escojas tu primer tatuaje o tal vez te escriba una canción que hable sobre sacrificios...―cerró la boca al ver mi expresión horrorizada y soltó una ligera carcajada―. Un sacrificio de amor, es lo que iba a decir.

Asentí imaginando aquello y sonreí. Definitivamente con Castiel me esperaban muchas sorpresas y aquello me agradaba.

― ¿Crees que estuvo bien saltarnos la clase de Ética?―murmuró Iris como si de pronto los muros pudieran escucharla.

―Definitivamente no, pero el profesor seguro ni lo habrá notado... ―Comenté con remordimiento―. Después de todo él... Bueno, ya sabes, no hace demasiado excepto hacernos dibujar cosas con respecto a los valores que considera más importantes.

Iris parecía divertida y suspiré con notable alivio. No era mi estilo saltarme las clases, pero por tanto tiempo había estado sin ella, que sentía la necesidad de aferrarme a la única amistad femenina verdadera que tenía en el Instituto.

― ¿Armin y tú?―cuestioné con interés.

Ella suspiró, se echó hacia atrás y se apoyó en sus manos.

―He aprendido sobre un montón de juegos que había ignorado la mitad de mi existencia―su mirada había perdido el brillo, ella definitivamente no se encontraba bien―. A veces creo que se interesa y luego todo parece una ilusión...

Entendía perfectamente el sentimiento; creo que lograba identificarme tanto que podía recordar todo el cúmulo de emociones que experimenté por Nathaniel. El amor no correspondido era tan doloroso como una daga atravesando tu corazón, y aún así continuabas dándole el poder para que siguiera haciéndote daño.

Tomé su mano; era cálida y pequeña, no más grande que la mía y la sostuve por largo tiempo hasta que las palabras brotaron como el agua de un manantial.

―No tienes que cambiar quien eres por agradarle, ni obligarte a que te gusten las mismas cosas que a él. Lo que él debe ver es tu alma desnuda y la bondad en tu corazón, si él no es capaz de ver eso, entonces no es para ti...―la atraje hacia mí, no con lástima si no con profundo afecto, queriendo protegerla de las emociones que tan bien sabía que lastimaban tanto.

―Supongo que tienes razón, debería dejar de gastar energía...

―No soy quién para decirte lo que debes dejar o lo que no, sólo lo digo para que tengas en cuenta el consejo de alguien que pasó por lo mismo que tú. No deseo que sigas hiriéndote, pero la decisión al final la tienes tú.

―Gracias Kimmy―levantó la cabeza y me sonrió con nostalgia. Sabía que estaba tratando de no llorar y el saberlo causó que mi corazón doliera.

―Iré a los vestidores y me daré un baño, ya casi termina la clase, y deberías hacer lo mismo también.

―Tienes razón―Iris se levantó con energía y me extendió una mano que tomé sin dudarlo.


~Castiel

El lápiz entre mis dedos repiqueteaba constantemente sobre la mesa en un movimiento de vaivén que no lograba calmar mis ansias porque la clase terminara. Había venido hasta aquí, creyendo que Kim no tardaría y me equivoqué rotundamente; ahora, tenía que enfrentar una clase que no tenía nada de Ética salvo, tal vez, el nombre.

El maestro frustrado –O eso creía yo- por no haber podido estudiar en la Facultad de Artes Plásticas, creía que la mejor forma de retener lo más importante de los valores y otras cosas que nos obligaba a estudiar, era dibujándolo. Era un vejestorio terriblemente patético que, por alguna razón, logró encontrar un empleo aquí para ganarse la vida.

Moví mi pierna frenéticamente en un vano intento por distraerme con alguna actividad, y recorrí con la mirada el aula llena de alumnos completamente fastidiados igual que yo. En la mesa junto a mí estaba Armin jugando sin reparo alguno en su PSP y sin premeditación alguna sonreí; este chico definitivamente sabía cómo aprovechar el tiempo. Me acerqué a él queriendo llamar su atención y cuando lo logré, Lysandro me sujetó el hombro, incliné mi cabeza hacia él y lo observé.

―Siempre me he preguntado esto―comentó casualmente Armin mientras sus dedos bailaban constantemente sobre los botones de su consola―. ¿Por qué no han creado todavía alguna escuela en la que te enseñen la historia de los videojuegos, trucos, combinaciones, combos o algo como eso que sí valga la pena?

―Créala tú mismo y ya está―dije sin hacer contacto visual, aún mantenía la mirada fija en Lysandro.

―Tengo que irme―comentó mi mejor amigo―. El Club de Música me necesita.

― ¡Tú sí que sabes animar a alguien, Castiel!―exclamó Armin interrumpiendo mi respuesta. Por el rabillo del ojo vi que aún estaba jugando con su aparato y no me importó mucho si fue sarcástico o no.

― ¿Club de Música? ¿Desde cuándo tú…?

―Desde el día en el que planeaste todo para recuperar la cinta de video junto con Nathaniel―respondió ecuánime―. Prometí que les ayudaría a que la directora volviera a tomarlos en cuenta y creo que funcionará.

―Qué buen samaritano…―murmuré sin rastro alguno de ironía, era verdad que a Lysandro se le daba bien ayudar a las personas, aunque muchas de ellas pensaran que él era algo… Peculiar.

Se levantó de su asiento y comentando su situación con el viejo maestro, desapareció del aula sin mirar atrás. Me quedé allí arrojando el lápiz al aire y atrapándolo nuevamente, sólo por hacer algo mientras esperaba que el timbre anunciara el receso.

Estaba impaciente por ver a Kim, quería aprovechar el tiempo en algo más ventajoso ya que, sin dudas, esta clase había hecho de mi humor un torbellino negro de impaciencia y disgusto. Necesitaba aclarar mi mente y divertirme.

Finalmente la maldita señal del descanso sonó y me levanté tan rápido que el maestro me dirigió una mirada reprobatoria. Me encogí de hombros señalando la entrada del aula y salí de allí sin esperar nada más. Dejé ambas manos descansar dentro de mis bolsillos y caminé por los corredores cada vez más aglomerados de estudiantes. Finalmente llegué a la escalera que conducía a la azotea y antes de poner un pie sobre el escalón, alguien me tomó del brazo. Incliné el rostro para ver de quien se trataba y me encontré con dos grandes ojos verdes.

―Castiel, dime que no es cierto lo que le pasó a Alanis, dime que sólo es un invento.

Su semblante era serio y fresco, pero pude notar algo de pánico en su expresión.

― ¿Importa?―respondí imperturbable, preguntándome porqué hasta ahora Ámber decidía preocuparse por su "amiga".

― ¡Por supuesto que sí, todos piensan que Kimberly está contando esa historia sólo por adquirir popularidad, y si esa es su estrategia debo proteger a mis admiradores de información falsa!

―Todo es cierto―corroboré sin pizca de amabilidad alguna―. Escucha, mi novia no está tratando de buscar popularidad, así que deja de inventar rollos tan patéticos como esos, ¿está claro?―hice una pausa―. Tienes suerte de no haberte puesto del lado de Alanis, o de lo contrario ahora mismo estarías en una celda junto a ella. Así que te pido que no intentes convertir lo que resta del año en un infierno para Kimberly, si no quieres que termine odiándote más que a tu hermano.

Se congeló en su lugar y pude notar como su cuerpo se tensaba.

― ¿No-Novia? ¿E-ella?

Resoplé con impaciencia.

―No, de repente le llamé "novia" a Lysandro―extraje las manos de mis bolsillos y golpeé mis muslos con las palmas―. En serio… ¿Los de tu familia en dónde demonios tienen el cerebro?

Ella frunció el ceño y puso los brazos en jarra, intentando parecer imponente e indignada. Un segundo después su mirada se apagó, como una flama que va perdiendo fuerza.

― ¿Tanto me odias?―cuestionó con nostalgia y sus amigas voltearon a verla preocupadas.

―No, no te odio, sólo no me caes bien ¿algo más? ―pregunté con tosquedad―. Tu rostro me hace recordar a tu hermano y me está irritando bastante.

Ella me miró dolida, giró sobre sus talones y se marchó a paso rápido perdiéndose entre el montón de gente que llenaba los pasillos. Continué subiendo y cuando finalmente hube llegado a la azotea escuché pasos tras de mí. No miré hacia atrás, continué caminando hacia el barandal con el viento rozándome las mejillas y el sol brillando como si fuera lo último que quedara de sus rayos y quisiera usar toda la energía que le quedaba.

Sentí unas manos que me envolvieron por detrás, y al mirar hacia abajo sonreí.

―Pareces feliz de verme―dije con fingida sorpresa.

―Y tú parece que me hubieras extrañado―pude notar su sonrisa en su tono de voz y tomándola de las manos, me liberé de su agarre. Entrelacé mis dedos entre los suyos y una ola de tranquilidad me invadió, como si sin saberlo me hubiera estado quemando y ella fuera el aire que aliviaba el dolor. Sé que suena estúpido, pero justamente así me sentía: aliviado.

―Tal vez sí, tal vez no, ¿por qué no tratas de averiguarlo?―la reté.

Ella retiró sus manos de las mías y caminó hacia el barandal, se apoyó en él y giró su rostro contemplándome desde allí.

―Quiero hablarte de algo―su semblante era serio y por un momento creí que me daría noticias sobre Alanis o algún miembro de su familia. ¿Paranoia quizás?

Fruncí el ceño y reduje la distancia que nos separaba.

― ¿Estás embarazada?―solté como una posible opción a esa mirada inescrutable que me daba.

Kim sacudió la cabeza enérgicamente y soltó una risa socarrona.

― ¡No! Es sobre… Nosotros.

La estudié con la mirada y una oleada de pánico me invadió. Me resultó difícil controlar la mueca que se vería en mi rostro, pero hice mi mayor esfuerzo por conseguirlo.

― ¡Déjate de rodeos y dime de qué rayos se trata de una buena vez!

―Bien, bien―levantó los brazos en señal de rendición y aquello sólo aumentó mi impaciencia―. Estuve hablando con Iris y me di cuenta que… Nosotros no… Quiero decir, nosotros no somos… Ya sabes, novios oficialmente…

―No me digas…―me crucé de brazos y parte de mi seguridad regresó―. ¿Entonces todo lo que hemos hecho no te basta para que lo seamos?

Ella rehuyó de mi escrutinio y contempló el cielo, mordiéndose el labio. Noté como sus mejillas adoptaban ese color carmesí y su dubitación me causó molestia.

―Me basta, es sólo que… Las cosas entre nosotros sólo se dieron, no es como que tengamos una fecha a recordar y me gustaría que la tuviéramos.

― ¿Así que eso es lo que quieres? ¿Una fecha para recordar y anotar en un diario tonto con un corazón?

Kimberly levantó la mirada y pude ver enojo y dolor en ella.

― ¿Sabes qué? Olvídalo, es claro que no queremos las mismas cosas.

― ¡Te cuidé por meses, prácticamente te salvé la vida! ¿Y tú me dices ahora que no somos nada en absoluto porque no tenemos una fecha para recordar? ¿Qué no queremos las mismas cosas?―grité encolerizado―. ¿Nada de lo que he hecho te llena lo suficiente? ¿Sólo quieres un día para anotar en un calendario y luego enseñárselo a tu amiguita?

― ¡No dije que no fuéramos nada en absoluto!

― ¿Ah no? ―me acerqué a ella, todo mi cuerpo ardiendo por la rabia―. ¿Crees que soy idiota? ¿Qué no sé leer entre líneas? "No somos novios oficialmente" ¿Entonces qué somos, eh? ¡Dímelo!―la tomé por los brazos sacudiéndola levemente, esperando que de esa forma reaccionara o me dijera algo inteligente, pero claramente estaba equivocado.

Ella dio un paso hacia atrás y yo solté mi agarre.

― ¡Sólo quería algo que tienen todas las parejas normales: Un día para celebrar y recordar con el tiempo! ¡No te pedí que te quitaras un brazo sólo para tenerlo en mi sala de estar como un trofeo!

―Si estabas esperando que me arrodillara ante ti, te besara los pies y recitara poemas de Mozzart, estás muy equivocada. Tómame como soy, por las cosas que siento por ti y que sería capaz de hacer por ti, de lo contrario, te sugiero que busques al idiota de Kentin o peor aún, al retrasado de Nathaniel para que hagan todas las cosas cursis que quieres.

Me alejé y caminé a paso rápido de allí, con la cabeza palpitándome por la rabia y los puños apretados tan fuerte que podía sentir como mis uñas estaban desgarrando la piel de mis palmas.

―Mozzart no escribió poesía…

Fue lo último que escuché antes de marcharme.


~Nathaniel:

Había regresado la calma y con ella todas mis responsabilidades como delegado. Ahora mismo me encontraba llenando algunas planillas de alumnos que se estaban retirando de la institución ya que la noticia del soborno del señor Jones hacia la directora y todo lo que ocurrió con su hija se había dispersado tan rápido como juegos artificiales. Es por ello que muchos padres, al saber lo que se produjo dentro de la institución, decidieron que la mejor forma de proteger a sus hijos era hacerles abandonar la escuela.

Esta mañana el diario de la ciudad anunció el encarcelamiento del señor Jones y su hija. El diario no relataba los hechos con mucho detalle, sólo incluía una versión resumida de la primicia que no incluía los nombres propios de los implicados. Imagino que el detective y la madre de Kim habrán impedido que la noticia fuera demasiado pública, por lo menos en lo que respecta a la identidad de los aludidos.

Suspiré con nostalgia mientras rellenaba otra casilla con los datos de alguien que también había decidido alejarse de nuestro instituto. Era difícil ver como tanta gente partía, no obstante, pensaba que ése era el pequeño precio a pagar por la equivocación de la directora. No era un asunto que me llenara de regocijo, todo lo contrario, me resultaba melancólico ya que a pesar de los intereses monetarios que tenía la anciana, su intención nunca fue ésta.

La puerta de la sala se abrió y Melody me ofreció una mirada cargada de preocupación.

― ¿Estás bien?―se acercó y tomó asiento a mi lado―. Te ves… Contrariado.

―Son varios los alumnos que van a retirarse, la noticia ha afectado al instituto más de lo que me había esperado.

―Lo sé…―me frotó el brazo cariñosamente y yo le sonreí, sé que intentaba confortarme―. Esperemos que no continúen desertando, de lo contrario todos nosotros nos quedaremos sin un lugar en el qué estudiar.

―Eso no serían buenas noticias… No es culpa de los profesores, ni de los alumnos. Sé que la culpa recae en la directora, pero aún así… Nadie sabía que esto ocurriría.

―Ella sabía a lo que estaba accediendo cuando aceptó el soborno, Nath―sus manos acariciaban mi cabello y la parte posterior de mi cuello con un ritmo tranquilizante.

―Lo único bueno de esto es que Alanis ya no podrá hacerle daño a Kim ni a ningún alumno.

Ella sonrió y sus ojos azules se llenaron de brillo.

―Protegiste la escuela, hiciste algo bueno; sin embargo la lucha no ha terminado, cariño, ahora más que nunca la institución te necesita para no derrumbarse. No dejaremos que todo termine así, no dejaremos que la mala fama acabe con nosotros―con su mano libre tomó la mía y le dio un apretón―. Estoy segura que todo saldrá bien al final.

No pude negar que su entusiasmo me contagió por completo, tanto que logró que mis labios esbozaran una sonrisa.

―Así será―acaricié con mi pulgar la pequeña extremidad de Melody y me reconforté a mí mismo a través de ella.

Estuve a punto de inclinarme un poco para poder besarla, pero los altavoces resonaron con la voz de la directora emergiendo de ellos.

―Profesores, alumnos, delegados, su presencia es requerida en el gimnasio ahora mismo, tengo un par de anuncios importantes que dar.

―Creo que nos necesitan―Melody depositó un casto beso sobre mis labios y se levantó aún sin soltar mi mano.

La imité y nos dirigimos hacia el gimnasio en medio de varios estudiantes que se dirigían a la misma dirección. Una vez allí, pude visualizar un pequeño estrado que debió haber sido puesto allí hace pocos minutos. La directora se encontraba en ese lugar junto al señor Farrés y otros maestros.

― ¿Ya se encuentran todos aquí?―preguntó observando la cantidad de alumnos que habían acudido a su llamado. Con dos golpecitos en el micrófono probó que el sonido funcionara correctamente y luego dio un paso al frente cuando estuvo segura de que la multitud le prestaba atención―. Hace más de diez años he sido la cabeza de este Instituto, y en estos años he sido bendecida al ver crecer a tantos de ustedes. No podría ni por un minuto pensar en elegir otra profesión, porque esta me ha dado victorias, sueños y sobre todo un enorme sentimiento de gratificación. Son ustedes, los que están ahí viéndome ahora, los que me han hecho sentir orgullosa, y los que me han dado tanto qué aprender. Hoy, apreciados alumnos, me voy de la institución sintiéndolo en el alma y en el corazón.

Una ola de murmullos y exclamaciones se hicieron presentes en el gimnasio. Apreté sin pensarlo la mano de mi novia y continué escuchando, sintiendo por un momento que todo se estaba viniendo abajo.

―Sé que esta noticia puede parecerles precipitada, o sorprendente, pero a raíz de lo que ha sucedido, he tomado esta decisión. El Sweet Amoris no me tendrá, pero estoy segura de que estará en muy buenas manos a partir de ahora. Estoy absolutamente convencida de que él regirá la escuela con mano dura y humildad―hizo una pausa y observó el suelo durante un momento―. Tal vez la humildad que a mí me faltó, y que sé que a él le sobra. Reciban por favor a su nuevo director, el señor Stephen Farrés, quien se encargará de cuidarlos, protegerlos y formarlos.

El señor Farrés hizo una mueca sorprendida y con dedos temblorosos acomodó sus gafas sobre el puente de su nariz. Era obvio que no se esperaba nada de esto.

Un momento después se levantó de su asiento acomodándose cerca a la directora, como ella misma se lo indicó.

―No puedo irme sin antes anunciarles que los fondos que se recogieron en el baile, que iban a ser destinados para la preservación de las aulas, ahora se emplearán para un regalo que quiero brindarles a todos ustedes que aún continúan aquí en el Instituto: He hablado con una ruta que los llevará a Playa Del Sol, que como saben, es una de las más visitadas por los turistas por su gran belleza. Es mi manera de agradecer el que aún continúen aquí, y reconocer con mucho afecto todos estos años en los que me han dado tantas alegrías, y… Corajes. Los dejo con su nuevo director, hasta pronto, chicos.

La directora le dio el micrófono al Señor Farrés, quien después de un largo abrazo, se dirigió a nosotros.

―Es un regalo inmenso el que acaba de hacerme la directora… C-creo que aún no acabo de asimilarlo. En fin, quiero hacer algo para inaugurar este momento y eso tiene que ver con el Club de Música. Nuestro representante Lysandro Tyler, me ha comentado de la propuesta en la que han estado trabajando para que se les tenga en cuenta, y hoy quiero ofrecerles mi más cordial bienvenida como Club Oficial.

Vitoreos, aplausos y risas resonaban a través del gimnasio rompiendo la quietud que hasta el momento se vivía. Un momento después Lysandro subió al estrado y declaró en nombre de su grupo unas palabras de agradecimiento.

―Muy bien, y en cuanto a lo que tiene que ver con la sorpresa de la directora…―se detuvo en la palabra y dirigió una mirada llena de gratitud hacia ella―. Se les enviará una notificación a sus padres informándolos del paseo que se realizará en un par de días. No hay necesidad de que se preocupen por el costo que tendrá, la señora ex directora se encargará de eso. De manera que sólo tendrán que hacer firmar el permiso.

Todos los alumnos estaban eufóricos, la noticia les había alegrado tanto que al terminar la reunión en el gimnasio, se armaron grupos para que nadie faltara a las clases que restaban en el día, y de esa forma mostrar agradecimiento hacia el regalo que nos habían ofrecido.

En cuanto a mí… Estaba seriamente conmocionado. Nunca imaginé que la directora cediera su lugar, y que daría un discurso tan emotivo. Espero que de esa manera, más personas lleguen a la escuela y se mantenga como estaba, por nuestro propio bien y por supuesto, el de la legítima dueña del Sweet Amoris.


~Kim

Sí, todo el asunto de la playa era increíblemente emocionante. Pero la verdad es que después de lo que sucedió con Castiel, no podía disfrutarlo de igual manera. Él no había entrado a clase conmigo, de hecho su asiento estaba vacío y eso sólo hacía que mi corazón se encogiera aún más. Iris no había dejado de hablar en todo momento, emocionada por las cosas que haríamos una vez estuviéramos en la playa. Fue así hasta que el profesor de Lengua hizo acto de presencia y ella se concentró en su clase inmediatamente. La verdad es que mi mente estaba en otro lugar y le agradecí al maestro que hubiera llegado.

Apoyé mi brazo en la mesa y dejé mi rostro descansar sobre mi mano mientras mi mirada se perdía en algún punto de la habitación. ¿Había estado muy mal el pedirle que oficializáramos las cosas? Nunca pensé que lo tomaría tan mal o que se sentiría terriblemente ofendido porque creyera que yo no tomaba en serio nuestra relación.

"Si estabas esperando que me arrodillara ante ti, te besara los pies y recitara poemas de Mozzart, estás muy equivocada. Tómame como soy, por las cosas que siento por ti y que sería capaz de hacer por ti, de lo contrario, te sugiero que busques al idiota de Kentin o peor aún, al retrasado de Nathaniel para que hagan todas las cosas cursis que quieres."

Aquellas palabras hacían eco en mi mente, repitiéndose una y otra vez como un disco que se ha estropeado y no deja de decir lo mismo constantemente. Estaba aterrada de que ya no quisiera hablarme, pero al mismo tiempo estaba enojada con él, tanto como no lo había estado nunca. Su malinterpretación de todo lo que dije me tenía al límite y no quería nada más que viniera hasta aquí y pidiera disculpas, pero parte de mí sabía que él no lo haría, que quizá no sería fácil que cediera y que tal vez nuestra discusión terminara prolongándose.

No pensé que me gritaría de esa manera, no llegué ni a imaginarme que terminaría diciéndome que buscara a Nathaniel o a Kentin… Simplemente todo se salió de control, y mentalmente me maldecía por haber abierto la boca y provocar todo esto.

Un avioncito de papel aterrizó en mi mesa sacándome momentáneamente de mi ensoñación. Observé la pequeña hoja y luego di un vistazo a mi alrededor, queriendo distinguir el autor de aquella nota. Kentin levantó su mano discretamente y señaló con su barbilla el pequeño papel que tenía entre mis dedos. Lo abrí rápidamente y leí lo que él había escrito:

"¿Qué te ocurre? Sé que no estás bien"

Rápidamente garabateé una respuesta:

"Castiel y yo discutimos…"

Doblé la hoja y la arrojé con cuidado en su dirección, asegurándome que el profesor no lo hubiera notado. Un momento después el papel volvió a mis manos.

"¿Debo suponer que por eso no vino a clases?"

Inconscientemente mi mirada viajó hasta el asiento vacío de Castiel. Suspiré.

"Más o menos. Cuando estamos bien tampoco viene a clases, así que no es un factor decisivo; sin embargo creo que esta vez está relacionado"

"Odio verte así, sea lo que sea que haya pasado, debes saber que todo se arreglará, y si no lo hace, siempre estoy yo para comprarte galletas, o el helado de frutos rojos que tanto te gusta, y así verte sonreír.

Te quiero, ¿lo sabes, verdad?

K."

Continuará…


Notas finales:

¡Mil y mil gracias a las chicas que siempre me comentan, que me leen y me agregan a sus alertas, son unos soles!

Por otro lado, debo decir que éste es el penúltimo capítulo de la historia, eso quiere decir que el próximo será el final definitivo, más el epílogo que pienso hacer, así que… Prepárense.

Yo por mi parte me encuentro súper nostálgica con la idea de terminar Princesa de Papel, pero, al mismo tiempo, estoy muy contenta, porque tengo una idea rondándome la cabeza y me tiene realmente ilusionada, así que si todo sale bien, la estaré compartiendo con ustedes.

De momento, responderé a las chicas que me han dejado sus hermosos reviews:

Mademoiselle le Chat: Lo sé, yo también me sentí muy mal por Kentin, pobrecito. Pero siento que es un grande porque dejarla en libertad es un sacrificio enorme en el nombre del amor, y que además, demuestra lo noble que es.

Hahaha, claro, los mejores amigos tienen ese sexto sentido para saber cuando ya se ha dejado de ser inocente hahaha.

Debo decir que los libros no puedo dejarlos, eso sería como dejar de respirar y… Bueno, aún debo ocuparme de varios asuntos antes de dejar de hacerlo, como por ejemplo: Raptar y casarme con Matt Bomer.

Me alegra que lo entiendas, yo digo que sí, una vez pasa toda la niebla de amor que los rodeaba, y puedes verlos como realmente son, sin que te cause dolor, debe ser un sentimiento bien lindo.

Gracias, qué considerada por decirle a tu hermana que me avise, pero la verdad es que tienes prohibido morir.

¿La saga completa de Cazadores de sombras? Owww, la amo. *se deja llevar por la estupidez* Sólo por eso perdono al escultor ese que me hizo mal la nariz. *abraza sus libros*

Aww, a mí me encanta charlar contigo aunque sea por comentario aquí, me haces siempre muy feliz. ¡Un besote gigante!

Tsukihime-chan Yoru Ni: ¡Hola, linda, bienvenida a la historia! Gracias por comentar los capítulos, me ha hecho el día leer que te han emocionado algunas partes de mi escrito.

Y sí, lo hicieron en su casa con todo y sus padres cerca, porque ya sabes lo que dicen: Es más excitante si está el riesgo de ser descubiertos… Ok, no fue así en realidad, sólo bromeo, Hahahaha. Pero sí, ya ves que la madre de Castiel estuvo allí ordenando y por ende se enteró de su noche de pasión hahaha ¡Qué vergüenza!

Sí, efectivamente para la madre de Kim fue un shock total, y la madre de Castiel es toda una loquilla hahaha.

Me da mucho gusto que te encante la relación de Kim con su madre. Es muy lindo saberlo, de verdad.

Muchas gracias por comentarme tus impresiones, linda, de verdad me ha hecho mucha ilusión.

¡Un besote grande!


¡Gracias a todos y todas los que me leen y han seguido mi historia a lo largo del tiempo!

¡Nos vemos pronto!