El rubio jugueteo un par de veces con el licor de colores ferrosos, mientras la voz de Kyo, algo apagada, llenaba cada rincón de la barra. Su atención vario entre la aceptación, el enojo, la consternación y finalmente una profunda sorpresa.

La muerte de Saisyu era algo que nunca habría imaginado escuchar de boca de Kyo. Que los asesinatos hubiesen tocado la cabeza del mismísimo clan Kusanagi era algo impensable. Pero había algo más que le inquietaba. Las palabras que Kyo se guardaba ante aquella alianza que había establecido con Yagami. En medio de su relato Kyo había evitado cruzar la mirada con Nikaido en varias ocasiones. Evadiendo ahondar en detalles justo en todos los espacios relacionados directamente a Iori.

Benimaru siempre había sido alguien agudo, leer a las personas cercanas se le había vuelto un acto sencillo, y al comprender que algo mas se acunaba bajo el relato de Kyo, guardó silencio realmente consternado. Supuso, sin lograr articular palabra, lo inconcebible. Kyo y Yagami en algo mas que una enemistad, algo mas allá que una posible amistad por conveniencia. Algo que no quería pensar, pero que tampoco lograba descartar.

Kyo observaba su reflejo deformado en la madera caoba de la barra, completamente abstraído. Su postura estaba tranquila y decaída. Parecía cargar en la mirada ausente, un peso descomunal.

– Siento mucho lo de tu padre... – respondió Benimaru no encontrando mejores palabras. Intentando apartar de su cabeza la extraña imagen de Kyo y Yagami, tomados de la mano en la habitación de invitados, aquella noche en su departamento. Como tampoco sabiendo que hacer con aquella sensación de vacío que le generó saber de la muerte de Saisyu.

Kyo repondió con un gesto de aceptación y bebió el ultimo trago amargo del cóctel herbal que le había obsequiado Benimaru. La eterna ausencia de su padre era un sentimiento que posiblemente jamas se borraría.

El deslizamiento lento de una goma amortiguada sobre el piso de madera llamó su atención. Benimaru resoplo con suavidad y susurro una leve disculpa a Kyo, el cual lo observó sin comprender. De la parte lateral a la pared plagada de licores, cruzando la barra, una figura femenina pulcramente organizada desfilo con lentitud frente a ellos.

– Siempre es grato verte en mi bar Kyo Kusanagi. –habló King, revelando un largo yeso que le cubría hasta la rodilla. Avanzando con cierto aire orgulloso a pesar de la silla de ruedas.

Kyo no pudo evitar una punzada de incomodidad al ver acercarse a King en ese estado, mientras el pedía a Benimaru que le ayudase a encontrar al perpetrador de aquella herida.

– No me mires así cariño, ciertamente no estas mejor que yo– sonrió King con gesto irónico y se ubicó en una mesa cercana a ellos–. Como tampoco parece estarlo tu nuevo amigo Yagami. – puntualizo. Kyo mantuvo un silencio diplomático, no tenía intención alguna de reñir con ella cuando tenía todo el derecho a opinar mordazmente en contra de Iori.

– Deberías tomar unas vacaciones my queen. Si continuas esforzando esa pierna, terminaras con un bastón un poco antes de tiempo. – espeto Benimaru a King, algo agradecido por la interrupción.

– "Un poco" es lo que faltara para hacerte usar uno a ti si sigues haciendo chistes acerca de mi edad Nikaido. – respondió King con una sonrisa peligrosa–. Mejor tráenos un Sauvignon de la cava. Necesitamos algo mas agradable que esta conversación. Y tu Kyo. Acompaña a esta desvalida damisela en la mesa. –acoto sarcástica. Benimaru accedió con un sobreactuado gesto de mayordomo y se retiro de la barra. Kyo se levanto de mala gana y tomo asiento en la mesa donde le esperaba King.

Kyo desvió la mirada hacia el ventanal, esbozando una pequeña sonrisa tensa.

– Siento haber escuchado tu relato a hurtadillas, pero supuse que no serias tan honesto conmigo en medio. – acoto King. El castaño ensancho la sonrisa algo irritado.

– Esta bien. No es que lo estuviese ocultando. – respondió airado. King acercó un poco mas la silla de ruedas a Kyo, deslizando el brazo sobre la mesa.

– Debes saber que nada de esto ha pasado desapercibido Kyo. Los rumores se extienden con facilidad e incluso los medios han cubierto algunos de los enfrentamientos entre sus clanes. Hay gran tensión entre todos los que conocemos a Orochi, sabemos que en cualquier momento puede desatarse algún suceso desastroso.

– Nada de esto los afectara directamente, así que no importa. Yo me encargare de que todo sea solucionado. – respondió Kyo algo seco. King lo observó con un dejo de tristeza, extendió la mano y retiró con delicadeza los cabellos desordenados que caían sobre el vendaje del ojo izquierdo del castaño.

– Nos preocupas Kyo.–dijo ella, rozando con levedad la tela sintética–. Nunca, en tantos años de conocernos, te vi tan mal herido...– Kyo alejó el rostro, incomodo ante la caricia de la mujer.

–...ciertamente el psicópata de Yagami no cuenta con nuestra simpatía.–acotó King, posando su mano sobre la de Kyo–. Pero tú nos importas. Por ende quiero que veas en mi a una buena aliada. Te ayudare en lo que pueda. – dijo, dando un leve apretón al castaño.

Kyo comprendió que era natural la aversión hacia Iori, pero no lograba evitar sentir enojo ante aquellas palabras.

– No es necesario...– hablo mientras alejaba la mano del contacto, pero King lo interrumpió.

– Si crees que no puedo comprender el por que ayudas a Yagami, estas equivocado. Esto es lo que he hecho toda mi vida. Entender a las personas con problemas Kyo. –habló con la mirada aguda y directa–. Se del grave peligro que corres y la particular disposición que tienes a arriesgarte por "nuestro psico preferido"– entono haciendo una imitación regular de Benimaru y sonrió ante la irritación que no pudo ocultar la expresión del castaño.

– Gracias por la intención King, pero no espero tu aceptación ni la de nadie en esto, como tampoco necesito ayuda. Estaré bien por mi cuenta y no quiero a mas personas involucradas. Y mucho menos si...– pero se detuvo y guardó silencio tras dar una breve mirada a la pierna enyesada de la mujer. King rió con fuerza.

– Eres un maldito chico engreído, siempre lo has sido. Tú no decides que puedo o no hacer por ti Kyo querido. No soy solo una barman con un negocio exitoso que asiste a torneos de combate. Tantos años en este negocio me han permitido aprender mucho de las personas que vienen a mi por un momento de tranquilidad. Puedo darte información Kyo Kusanagi, y posiblemente sea lo mas valioso que puedas obtener en este momento de diplomacias rotas. – habló con dulzura cantarina. La mirada comprensiva de King se acentuó en el silencio expectante de Kyo.

– Ariadne es una magnifica dama de compañía para los hombres de cuello blanco. Hace algún tiempo le permití ofrecer sus encantos en algunos de mis bares mas reconocidos. Digamos que es una buena amiga que ahora suele frecuentar mi barra como cliente.– hizo una pausa donde discurrió su cabello rubio tras la oreja ante la expresión reticente de Kyo.– Hace relativamente poco vino a mi bar y estuvo conversando con su acompañante de turno sobre algo relacionado a una familia de apellido Yagami. Ya que no era algo que entrara entre mis intereses directos, me centre en otras actividades, pero recuerdo que menciono en su charla al gobierno interno y dijo un par de nombres específicos como el de Chizuru Kagura. –Kyo se tenso sin atreverse a exigirle a King que le explicara mas a fondo a que se refería–. Me encargare de preguntarle debidamente que sabe y te informare de ello. – puntualizo King con una sonrisa coqueta.

– Se que hay algo grande detrás de estos sucesos aislados y terribles Kyo y aunque no me compete, se que puedo ayudarte mas de lo que imaginas. –apretó su mano una vez mas– Solo debes cumplir para mi dos exigencias. – Puntualizo con amabilidad.

Kyo entorno las cejas a modo de respuesta. Indagando silenciosamente.

– Primero cariño deja ese semblante sombrío y regálame una sonrisa. Necesitas toda la voluntad que puedas tener para esa ardua tarea que te espera.–habló con dulzura tras lo cual hizo una pausa acercándose al rostro de Kyo– Segundo. Se consciente de todo lo que pondrás en juego al ayudar a Iori Yagami. Piensa en todo lo que puedes perder por su causa–. Su voz sonó preocupada y su mano aún apretaba con fuerza la de Kyo.

– Lo sé. –respondió Kyo decidido y sonrió con triste encanto a King–. Lo se muy bien.

– Deberías darle un vistazo a esa cava tuya King. Es un maldito desorden. No pudiste haberte antojado de uno en la primera fila? –llego la voz de Nikaido quien se acercaba con un Sauvignon oscuro y varias copas–. ¿Me perdí de algo?

– Regularmente. Ven ofrecenos un par de bebidas. Se que a Kyo le sentara bien una. – habló King retirando la mano del contacto con Kyo.

– No. Debo irme ya. Tengo un par de perros rastreadores afuera, no quiero dar razones extra para que se intensifique mi vigilancia. –espeto Kyo levantándose de la mesa–. Beni cuento contigo y mantente lejos de cualquier problema con los Yagami, no quiero tener que ir a buscarte a ti también.

– No necesito que me rescates, por que se cuidarme bien. La damisela en apuros es otro y debe estar siendo un dolor en el culo para sus captores. –habló con malicia Nikaido y comenzó a llenar dos de las copas sobre la mesa–. Averiguare todo lo que pueda y me daré un paseo por el sitio. Tu tranquilo, ve y comanda los tuyos que yo tendré este lado controlado. –puntualizo haciendo un movimiento desinteresado con la mano. Kyo suspiro cansino y tras un gesto casual de despedida hacia King, se retiró.

– Un gracias no le vendría mal a ese mocoso. –espeto King algo molesta ante la actitud reticente de Kyo–. De todas maneras mantente cerca suyo, siento que nada bueno saldrá de esto.

– Dímelo a mi. Llevo semanas con esa amarga sensación en la garganta. – respondió Benimaru pensativo.


Kyo regresó a la casona. Ausentarse mucho tiempo sin justificación podría levantar sospechas en su madre y era algo con lo que no quería lidiar. Había algo que le inquietaba ya desde hace varias horas. Su cuerpo en vez de sentirse resentido por el estado comatoso de recuperación milagrosa, estaba mas ligero, estable. Algo dentro de él revoloteaba con mayor intensidad.

Al cruzar el jardín se detuvo un momento bajo el sol de la tarde dejando que sus perros guardianes abandonasen su compañía. Evoco sus flamas. El proceso fue violento y rápido. Sintió fluir el poder como si fuese adrenalina. En vez de proyectar una flama sencilla en su palma, de su mano se alzo una llamarada de un naranja escarlata. El fuego le cubrió casi hasta el codo y Kyo separo su cuerpo de la manifestación, ya que esta, aunque no le lastimo, quemo parte de la chaqueta que llevaba puesta.

– Mierda.– maldijo por lo bajo controlando la conflagración a un ulular leve. Algo había cambiado. Nunca antes había sentido el fluctuar del fuego de esa manera tan llena de violenta intensidad. Un fuego agresivo que aunque no heria, gruñía contra su mismo dueño.

Quince días o menos no era tiempo suficiente para recuperarse de las heridas que había recibido y el medico se había mostrado reservado cuando le preguntó al respecto.

Gruño algo molesto. Desde su despertar se irritaba con facilidad. Sabia bien quien conocía lo sucedido y camino con la intención de ir al encuentro de aquella persona.

Shizuka Kusanagi hablaba con dos de los guardias del lugar. Disperso un par de ordenes rápidas y se cruzó en el pasillo con él.

– Hijo, me tranquiliza verte de regreso. – saludo con amabilidad. Kyo sonrió levemente en respuesta.

– Quienes cuidaron de mi cuando estaba mal herido. Luego del hospital...– pregunto sin mas preámbulos, siempre le molestaba no ir directo al grano en cuestiones importantes. Shizuka titubeo por un momento, pensativa.

– Los monjes Kusanagi ayudaron a curar tus heridas. – habló lento, mesurando las palabras.

– ¿Donde están?

– En el templo del jardín interno. Deben estar en medio de su meditación. No deberías interrumpirlos... – respondió Shizuka reservada.

– Entiendo que no quieras decirme ciertas cosas. Pero ahora soy el líder del clan madre. Yo designare que deben callar y cuando. –su respuesta fue rápida, molesta–. Necesito organizar un grupo de búsqueda, reúne a los mejores rastreadores que tengamos en la sala principal. Hablare con ellos tras terminar con los monjes. – Espeto con sequedad. No quería tratar con frialdad a su madre, pero aun no lograba perdonarle lo sucedido. Si ella lo único que deseaba era un líder capaz, lo iba a tener.

– ¿Piensas usar a nuestra familia para buscar a un Yagami? – corto Shizuka sin miramientos, con un tono gélido y reprochante. Kyo contuvo una punzada de rabia que le hacia desear responder, que si por él fuera, tendría a todo el maldito personal buscándolo. Pero sabía que no debía dejarse llevar, esa rabia que tenía no era propia de él y no estaba enfocada hacia ella. Pertenecía a la perdida de su padre y a la desaparición de Iori. Debía evitar respuestas precipitadas.

– Si asumiste que voy a liderar todo este caos familiar en el que estamos, supongo que es por que me crees lo suficientemente capaz de tomar decisiones. –respondió Kyo con severidad–. Ordenales que me esperen en el salón principal. Tengo varios Kagura que buscar cuando termine de hablar con los monjes. –puntualizo y camino por el pasillo que daba al jardín interior. Shizuka lo miro alejarse apretando la tela del obi oscuro. En lo profundo algo en ella culpaba a Kyo injustamente y aunque deseaba no sentir eso hacia su propio hijo, no sabia como regresar a un punto anterior entre ellos dos.


El ambiente dentro del pequeño templo era cálido. Ráfagas de viento daban cierta frescura y danzaban con los humos de colores posados en los costados del espacio. Los ventanales amaderados poseían largas sanjas con formas grabadas, proyectando extensas sombras animales que reposaban sobre los 3 hombres silenciosos que meditaban sobre el suelo.

Uno de ellos rompió su estado de quietud y se incorporo frente a Kyo.

– Señor Kyo Kusanagi. Que desea de nosotros. – hablo el monje con palabras lentas. Kyo no emitió palabra, en vez de ello, su respuesta fue una intensa llamarada de tintes escarlata que subió casi hasta el hombro, consumiendo bajo su toque, la tela del brazo.

– Me comentaron que ustedes son los responsables de que este con vida, y supongo que también de esto. – espeto menguando las llamas a un naranja dorado, que nuevamente se habían proyectado con violencia en tonos rojos.

– Nos alegramos de sobremanera sobre su bienestar señor Kusanagi. –hablo el monje haciendo un leve gesto con la mano para que Kyo tomara asiento frente a ellos–. Ahora que se encuentra mejor debemos informarle de algunos cambios que padecerá temporalmente. – Kyo tomo asiento algo tenso. Si había algo que sabía bien, era que todo tenía un precio.

Los otros monjes abrieron los ojos al instante que este se posiciono.

– Usted fue victima de un ritual de desgarramiento espiritual. Este ritual buscaba robarle a usted el derecho a portar la reliquia Kusanagi. Pero por alguna razón, aunque tiene usted la puerta abierta, no lograron tomar la reliquia. –habló el monje que lo recibió.

– Que quiere decir con que tengo la puerta abierta.

– Es una forma de referirse a un acceso espiritual ya previamente logrado y que tomara un tiempo establecido sellarse de nuevo. En palabras mas claras, es usted vulnerable a nuevos ataques para arrebatarle la reliquia mientras esa entrada este abierta. – respondió el anciano de la izquierda. Kyo sintió un frío descender por la espina. "Vulnerable a otro intento"

– Aparte de ello, su espíritu y el de la reliquia quedaron expuestos en el proceso de aquel ritual, la falta de sincronía entre su alma y el legado debilito en gran manera su plano físico, llevándolo casi hasta la muerte. – habló el monje de la derecha.

– Nosotros ayudamos a generar una armonía entre la reliquia y su alma. Le ayudamos a su cuerpo a adaptarse a las bondades del poder Kusanagi y esto le ayudo a curar. Pero la brecha que dejo el ritual en usted es profunda y nos fue imposible sellarla líder Kusanagi. Debe usted tener cuidado y evitar estar a merced de otro acceso a su alma. – puntualizo el monje del centro. Kyo apretó los dientes comprendiendo el riesgo.

– ¿Por que el fuego es diferente? ¿Por que no puedo controlarlo bien? – preguntó Kyo con tono autoritario.

– La sincronía se ha potenciado temporalmente gracias a la ayuda de nuestras artes milenarias. Así como su fuego sera mas poderoso en este tiempo, también sera mas difícil de controlar. La fisura en su alma funciona como un escape a la energía de la reliquia. Mientras no este sellada, el fuego Kusanagi sera salvaje al no verse del todo contenido. – habló una vez mas el monje de la derecha.

– Debe tener cuidado señor Kusanagi. Aunque su capacidad de curación sera mayor durante este tiempo, debe medir mesuradamente la emanación de poder o este podría volverse incontrolable, hiriendo a sus aliados e incluso a usted mismo. – habló el monje de la izquierda.

– Lo último que podemos decirle líder Kusanagi.–habló el primer monje–. Es que el exceso equivalente a la energía gastada, repercutirá sobre su vida.

Kyo lo miro con ceño, algo confuso.

– Debe usted evitar usar grandes emanaciones de poder. El uso explosivo y desmedido del mismo podría reducir considerablemente sus años de vida. Debe evitarlo hasta que la brecha se halla cerrado. El fuego divino del sol imbuido por Amaterasu, es demasiado para un cuerpo mortal. Si abusa de su capacidad podría verse reducido a cenizas o a una vida mas corta. –puntualizo el mismo monje.

– El tiempo de recuperación es relativo a la menor utilización del poder. Entre mas energía use, mas tiempo demorara en sellarse la ruptura.

El castaño asintió consciente de lo que significaba aquella brecha en el alma.


Kyo ingreso al salón a paso rápido. En este yacía arrodillado solo un hombre mayor de pocos cabellos entrecanos. Shizuka se acercó por un costado.

– Es uno de los consejeros principales del clan Kyo. Aun no estas en poder oficial del liderazgo, así que cualquier decisión que tomes debe ser dialogada previamente.

– Entiendo. – espeto Kyo con calma.

– La ceremonia se llevara a cabo en una semana. Puedo ayudarte a organizar lo que necesites mientras llega el momento. – hablo Shizuka con amabilidad.

– No. Puedo manejar esto sin problemas. Puedes irte tranquila madre, no voy a hacer arder al clan sin tu consentimiento. – espeto Kyo con media sonrisa, entre divertida y resentida.

La mujer acato la petición algo contrariada y dejo a su hijo en lo que sería, su primer comando al grupo Kusanagi.

Kyo avanzo hasta el centro del salón al encuentro con el hombre que sería su consejero. Tener una buena relación con el anciano le ahorraría problemas con el clan, pensó.

– Buenas tardes señor Kusanagi. Soy Toru, uno de los consejeros de la familia. Me temo que nos hemos visto poco en los años en que serví a su padre. –hizo una pausa haciendo una reverencia ante Kyo–. La señora Kusanagi me ha comentado que designara a nuestro personal en una búsqueda.

– Necesito movilizar varios grupos en las diferentes prefecturas. Deseo que localicen todos los Kagura que ejerzan en este momento su rol en el clan. –se detuvo y sacó de la chaqueta un pergamino enrollado, similar al usado por Chizuru en la carta oculta. Lo extendió hasta el consejero–. Requiero que varios de nuestros agentes lleven una carta firmada por el nuevo líder del clan. Kyo Kusanagi. En ella anunciare a los Kagura sobre nuestras preocupaciones acerca de su participación en los asesinatos que han recaído sobre nuestro clan. – acoto. El consejero lo miro algo anonadado por la resolución con que Kyo dictaminaba su primera orden y titubeo ante el papel enrollado.

– Requiero que me entreguen un informe completo de los asentamientos Kagura y sus miembros activos junto con la respuesta respectiva que estos den. – puntualizo. Usar palabras mas formales para impartir ordenes lo hacia sentirse enajenado. Sentía el control y el poder que podía ejercer sobre los suyos, pero eso no le daba seguridad alguna, solo le dejaba una sensación tensa e incomoda.

– Pero...señor. Entiende usted que la situación diplomática es difícil en este momento. Acusar directamente a los Kagura podría volcarse en una enemistad. Seria mas sensato abordar el tema de otra manera, sin anunciar complicidad en los asesinatos. – hablo el consejero con el papel intacto entre las manos. Sin atreverse a escribir palabra alguna.

– Es un hecho que hay complicidad. Ellos ayudaron a asesinar a mi padre y yo soy testigo. No abordaremos el tema de otra manera. – habló Kyo altanero.

– Señor Kusanagi. Usted despertó hace muy poco y aun no esta enterado de algunos aspectos dialogados en el consejo. Creemos que todo el conflicto y las desapariciones fueron solo un ardid para distraer nuestra atención y movilizar nuevos miembros para proteger a las cabezas del clan. Es muy posible que los infiltrados estuviesen esperando justamente que fuesen convocados para acceder de manera segura al núcleo de la familia. Estamos tomando en cuenta que varios de nuestros propios miembros de influencia tenían nexos con los Yagami y fueron participes del complot. –acoto el consejero dando una mirada al pergamino vacío entre sus manos–. Aunque su líder podría estar involucrada, no todos los Kagura deben conocer lo sucedido, los culpables de tan terribles sucesos, al igual que los nuestros, pueden ser solo relegados que pactaron con los Yagami. Anunciar abiertamente una acusación de complicidad a todo el clan podría acarrearnos mas problemas que respuestas. – Habló el consejero temiendo no argumentar lo suficientemente rápido ante el ímpetu de Kyo.

– Mi señor. Hemos analizado las capacidades de los monjes Kagura que colaboraron con el secuestro de sus padres. No hemos logrado determinar la naturaleza de sus capacidades. Nunca en la historia de los clanes del sello, ellos habían demostrado una habilidad de anulación del fuego Kusanagi. Sospechamos que la líder poseedora del espejo Yata pudo haber hecho algún pacto con poderes desconocidos.

Kyo meditó por un instante las palabras del consejero. Lo que lo movía a buscar a los Kagura no era culparlos de complicidad. Necesitaba que reaccionaran, necesitaba entender que respuesta daría el clan. Que King hubiese mencionado a Chizuru en una posible reunión con el gobierno interno, al igual que en aquellas fotografías que Iori le había mostrado de Takeshi Yagami y Hotaru Kusanagi reunidos...era solo una especulación sin pruebas, solo un rumor que parecía encajar de alguna manera. Pero tenía una fuerte corazonada al recordar las palabras de Chizuru. Ella sabía algo y no había querido ser participe y por ello la mataron.

– Yo conocí muy bien a Chizuru y se que ella jamas habría ayudado en algo así...– habló Kyo pensativo. Los Yagami estaban vigilando aquella noche cuando Iori y él llegaron al templo Kagura, estaban buscando algo en el lugar. Y en el ritual en el que murió Saisyu, no parecían tampoco muy enterados de lo que estaba haciendo Hotaru.

– ¿Insinúa que los Kagura traicionaron a su líder y confabularon con los Yagami para robarle el espejo Yata? – pregunto el consejero preocupado.

Kyo reflexiono silenciosamente. En todos los años de conocer las practicas de Chizuru y su familia, jamas había visto algo parecido a esos Bikshu sin rostro. Considero que podrían ser una rama oculta y poderosa del clan, pero la imagen de Chizuru enfrentando sola todo problema acaecido sobre los clanes, le daba una mala sensación.

– Tengo muchas dudas sobre los Kagura. Necesito respuestas. Redacte la maldita carta como le entre en gana, pero quiero toda la información relacionada a esos monjes. Quiero saber que Kaguras están enterados de todo esto. – Ordeno Kyo urgido. Habían muchas cuestiones que tenía que averiguar, pero su prioridad era Iori. Si podía llegar a el por medio de los Kagura, enemigos o no, lo haría. El consejero poso el papel sobre la mesa e inicio con escritura elegante, la primer orden de Kyo Kusanagi como líder.

Una hora después, una oleada de sombras Kusanagi se dispersaron tras el rastro de los Kagura.


Pasaron tres días, largos, eternos para Kyo. Benimaru le había anunciado que los Yagami estaban en un hermetismo infranqueable y que no tuvo éxito investigando en el ultimo lugar donde Iori fue visto. Los ninjas no daban señal alguna sobre la búsqueda de los Kagura. Los reportes que llegaban eran todos negativos en las ubicaciones investigadas. La familia Kagura parecían haber desaparecido del mapa, aunque los informes aun no cubrían la totalidad de los lugares.

Incluso Kyo incursiono al tercer día en un enfrentamiento que se había desatado con algunos espías Yagami. Tenía la esperanza de mantener vivo a alguno para interrogarle personalmente acerca del paradero de Iori. Pero eso tampoco dio resultado, salvo un estallido furioso del líder Kusanagi al ver como el ninja Yagami al verse acorralado, a punto de ser capturado vivo, termino suicidándose.

Kyo estaba desesperado. Su humor había menguado al punto de tornarse irascible. Cada día transcurrido, era un día en el que Iori podía morir, era un día tan aciago como aquellos cuando torturaban a su padre y él estaba allí sin poder hacer nada.

En la tarde del tercer día, tras el suicidio del ninja atrapado, termino ordenando en un arranque de frustración, entrar en territorio Yagami, pero le fue denegado por los consejeros. A diferencia del personal, que se denotaban comprensivos ante el arranque de Kyo, seguros que era su sed de venganza por la muerte se Saisyu, Shizuka sabía bien que aunque en parte era cierto, toda su urgencia radicaba en las mínimas probabilidades de supervivencia que tenía Iori Yagami a manos de su clan.

Le consternaba profundamente la preocupación de Kyo por Iori Yagami pero evitaba molestarlo por ello.

Aquella noche, tras la tensión generada por el estado del líder, la casa había entrado en una calma cautelosa. Kyo yacía en el jardín externo, apreciando la noche desnuda y fría. Pensaba en lo estúpido que había sido al reaccionar de tal manera y poner en tensión a todos.

Tras varios minutos de soledad y el sencillo ulular del viento le llegaron recuerdos que lo calmaban. Recuerdos de sus charlas con Yuki y sus amigos cuando nada importaba, recuerdos de sus combates victoriosos en los torneos de KOF cuando su emoción mas grande estaba ligada a la derrota de sus enemigos, a enfrentarlo a él. Sonrió ante el recuerdo de Iori amenazándolo en cada torneo y luego protegiéndolo en aquel templo. Suspiro cansino pensando en todo lo que había perdido en tan poco tiempo.

Dio una mirada rápida al interior la casa de madera, donde el viento cruzaba con suavidad. La habitación entreabierta tras él era donde Yuki dormía plácida y tranquila bajo su menguada apariencia. En los últimos días se había vuelto un habito para Kyo hablar con la chica inconsciente. Decirle cosas que no podría decirle a nadie mas. Sus preocupaciones, sus miedos, sus deseos. Se había vuelto un sencillo método de equilibrio, que le permitía mantener el temple afuera con su clan.

Pensar en que aquel cuerpo vacío no podía escuchar realmente confesiones tan vergonzosas y miedos tan básicos, le daba cierta tranquilidad, pero a su vez deseaba, al no escuchar respuesta alguna, que Yuki se levantara y lo maldijera por todo lo sucedido. Aveces sentía que estaba enloqueciendo al no verse capaz de asimilar toda la situación.

La única compañía que parecía reaccionar a su presencia eran las cigarras ocultas, que daban un chirriante concierto nocturno. Unos pasos resonaron suaves en la madera y un hombre se acercó desde el corredor externo.

– Señor Kusanagi. Uno de los jefes de escuadrón tiene información para usted. –habló el hombre con una leve reverencia. Kyo se giró con lentitud, molesto ante la incursión– Uno de los ninjas que esta en la prefectura de Oita ha descubierto algo. – acoto el hombre.

Kyo avanzo rápido dando un agradecimiento leve. Oita era una de las prefecturas mas lejanas con asentamiento Kagura, si le estaban comunicando algo a estas horas y de manera directa sería por alguna razón significante, pensó. Entró al salón central y discurrió la puerta tras él. Camino hasta posicionarse frente al ninja arrodillado.

– ¿Que han descubierto?

– Señor nuestros hombres han localizado un templo Kagura con uno de sus sacerdotes activos. Es un hombre muy viejo y con grandes conocimientos sobre los clanes del sello. –

– Entiendo. Ahora dime que información tiene al respecto de la carta. –

– El desconocía gran parte de sucedido hasta ahora. Al parecer se vio apesadumbrado al enterarse de la muerte de Chizuru Kagura. No sabia mucho mas aparte de los rumores de desapariciones en su familia desde hace varias semanas. Señor. – El ninja hizo una pausa leve–. El sacerdote Kagura asegura por su vida y honor que no hay ningún miembro que sea parte de los Bihksu. Que sus conocimientos en las artes de la familia y la reliquia Yata nunca habían desarrollado capacidades para anular el poder potencial de las otras reliquias del sello. – habló el ninja. Kyo no pronuncio palabra alguna.

– El anciano sacerdote desconoce la existencia de los monjes Bihksu dentro del clan Kagura. Y nos ha pedido comunicarle ugente este mensaje. El hombre dijo que hace unos meses la señorita Chizuru fue convocada por una mujer que deseaba establecer conexiones entre el clan y el gobierno interno. Desconoce que pudo haber sucedido tras aquel encuentro con la diputada, dado que el concejo Kagura aceptó la petición de la líder Chizuru para establecer colaboraciones con estos. Aun esperaban la información de aquel nexo cuando empezaron las desapariciones. El hombre también ha perdido contacto con gran parte de los sacerdotes Kagura y es el único que se ha negado a abandonar su puesto en el templo por buscar seguridad. Nuestros hombres aguardaran por la carta con la información detallada de mano del sacerdote y la traerán ante usted y el consejo señor. – puntualizo el ninja.

– Entiendo. Gracias por la información, puede retirarse. – ordenó al hombre, que salió tras una reverencia. Que los monjes bajo el simbolo Kagura fuesen infiltrados que confabularon los volvía un enemigo invisible y desconocido, pensó Kyo consternado.

Medito toda la madrugada sin informar a los consejeros para evitar deliberar sin la carta del sacerdote. Tanto Iori como el anciano Kagura habían mencionado al gobierno e incluso King había cotilleado algo similar. Si el mismo gobierno interno de Japón estaba involucrado en lo que sea que estuviesen planeando los Yagami, aquello era mas delicado de lo que pudieron haber imaginado. Todo era una cuestión confusa, agotadora, y lo peor era que nada de ello le ayudaba a encontrar a Iori.


Llevaba varios días sin ver la luz del sol. No tenía consciencia del tiempo y a ratos perdía concepción del espacio entre la influencia del disturbio. Ya no había una cama cómoda, ni comida regulada. Ya no habían cuidados esporádicos de sus heridas. Ahora solo había oscuridad y humedad bajo la piedra. Una celda arcaica con un váter improvisado, agua y un poco de comida que le lanzaban como a un animal. Temerosos y llenos de odio.

Había herido a uno de los malditos monjes tras la pelea perdida contra Takeshi. Se había resistido con una fiereza implacable, incluso asesinando algunos ninjas en el proceso, pero aún así sus heridas le habían hecho ceder ante la presión de varios contrincantes y la incapacidad de evocar el fuego. Desconocía que había pasado con la chica al no lograr matar al maldito monstruo de Takeshi. Lo último que escucho de ella fueron sus gritos y suplicas. Rogaba bajo ecos ahogados que chocaban en los pasillos lejanos por donde le arrastraban sus enemigos, que por favor no lastimaran a una pequeña niña.

Se sentía sucio y el odio parecía carcomer sus entrañas, robandole por lapsos la cordura. Olvidando aveces quien era, entre las voces de los antepasados que arraigaba la sangre de Orochi. El único recuerdo que lo anclaba a la realidad en esos momentos, era Kyo, que parecía ser la única luz en aquella oscuridad. El único pensamiento claro que no mutaba a algo corrupto y se mantenía inamovible en su memoria.

El lugar era reducido y oscuro, la única fuente de luz y aire era una pequeña ventana sobre la puerta, que daba al interior de algún pasillo desde donde se filtraban visos dorados de electricidad. Estaba descalzo con sus ropas rasgadas, sus heridas ya habían curado parcialmente bajo la sangre seca y aunque le era imposible proyectar las llamas, lo intentaba incesantemente.

Las inscripciones que bordeaban los muros brillaron. Iori se tenso aguardando la oleada de dolor que eso traía consigo, incapacitandole el movimiento. Había sucedido previamente cuando le llevaban algo de comer y agua que beber. Pero en esta ocasión la presión fue superior y el dolor desmedido le hizo desplomarse con facilidad sobre la piedra fría.

– Levantenlo, llévenlo arriba y limpienlo bien. Debemos trasladarlo pronto. –sonó la voz grave de un hombre–. Y preparen las cadenas antes de que este animal asesine uno mas. –puntualizó. Iori fue arrastrado fuera de la celda, la presión de los rezos que lo limitaban y la intensidad bullente del disturbio que no lograba manifestarse, le embotaba la mente.

Entre lapsos de consciencia percibió como limpiaban su cuerpo y lo sumergían en agua caliente. Sintió también como encadenaban sus muñecas y cruzaban comentarios sobre un lugar donde se llevaría a cabo el ritual. Aunque intento resistirse constantemente, el cuerpo le fallo incontables veces.

Finalmente tras un largo y tortuoso baño, siendo inmovilizado con grilletes y mantenido bajo el influjo de las inscripciones, un hombre de pocos cabellos, ojos rojos, rostro curtido y una cicatriz de quemadura en el cuello le susurró.

– Por fin nos desharemos de ti y tu rebeldía para nuestro clan. Por fin seras útil a una causa mayor que todos. Por fin nos darás el reconocimiento y el poder que merecemos los Yagami desde hace mucho tiempo. – Iori lo observó con intensidad mientras dentro de si las voces rugían y sus manos tensas por las cadenas no alcanzaban al hombre. El Yagami se alejó y ordenó a los demás movilizar a Iori tras él.


Cuando se levantó el día Kyo yacía organizado, aguardando al consejero principal. Pero la primer persona que llego a él avanzada la mañana, fue un sirviente anunciando que un hombre que decía ser su amigo y se nombraba a si mismo Benimaru Nikaido le esperaba en la sala del recibidor. Kyo fue a su encuentro sin mediar mas palabras con el sirviente.

– Benimaru.– hablo Kyo a modo de saludo.

– Hola Kyo. Te vez terrible. Esto de ser líder no te esta sentando nada bien. – respondió el rubio acercándose al castaño para abrazarlo.

– Gracias.– espeto Kyo con una sonrisa cansina, rodeando a su amigo con los brazos. No era un saludo común entre ellos, pero no le molestaba en absoluto en ese instante.

Cuando sus cuerpos se juntaron por un instante, Benimaru susurro con suavidad cerca al oído.

– Necesitas salir de aquí y perder la vigilancia Kyo. Alguien desea verte. Alguien que sabe donde esta Yagami. – Kyo se tensó ante el comentario rápido del rubio. Benimaru se alejó del castaño y tomo asiento.

– Y como va todo amigo mio. Espero este mucho mejor ya que estas aquí. – sonrió Nikaido. Kyo titubeo, el corazón había acelerado su ritmo y no quería mantener una charla falsa después de escuchar lo que mas había deseado en los últimos días. Alguien sabia del paradero de Iori.

– Bien...bien. Mucho mejor...intentando aprender de que va todo esto. – puntualizo Kyo mas seguro, controlando la ansiedad.

Ambos establecieron una conversación corta de cosas irrelevantes y preguntas sin novedades, cruzando miradas cómplices. Finalmente Benimaru convido a Kyo en voz un poco mas alta de lo normal, a beber algo afuera.

Kyo se irguió tosco y determinado. Anuncio que saldría un rato. Varios hombres se acercaron a su encuentro pero él los rechazó cortante.

– No necesito gente detrás mio para ir a tomar algo con un amigo. – puntualizo irritado con autoridad. Los hombres retrocedieron dos pasos hasta que uno de los consejeros refuto el riesgo que podría correr sin escolta. Kyo hizo un ademan quitando importancia al hecho.

– Regresare en poco tiempo. Tengan preparado al consejo cuando lleguen los ninjas de Oita. – puntualizo cortante y fue por la motocicleta.

– Jeje veo que se te facilita andar impartiendo ordenes. Siempre supe que eras un mandón. – habló Benimaru divertido.

– Y tu sigues sin saber cuando callarte. – espeto Kyo con una sonrisa irritada y lanzó el segundo casco al rubio. Ambos hombres salieron a gran velocidad en la motocicleta.

Tras 20 minutos de recorrido, ya bastante lejos de la morada Kusanagi, en una zona mas concurrida de la ciudad, se detuvieron en un semáforo.

– Ahora si dime quien es el que sabe donde esta Yagami ¿Te dio la ubicación?. – pregunto Kyo ansioso.

– No, solo parecía interesado en informartelo a ti. Pero primero debemos perder a tus vigilantes. Con seguridad nos están siguiendo.

– Lo sé. ¿Algún plan?

– Oh si. Frena en la siguiente tienda grande con estacionamiento. Entraremos por "unas bebidas". – habló algo emocionado Benimaru.

Estacionaron la moto a las afueras de un mercado mediano de entrada traslúcida y vidrio opaco. Ingresaron al lugar charlando de manera casual sin retirar los cascos por petición del rubio.

Dentro de la tienda Nikaido solicito una bebida escarchada y preguntó por la ubicación de los baños. El joven encargado les indico hacia la parte trasera y Benimaru empujo a Kyo en la dirección indicada.

– Muy bien Kyo pon atención. –habló Benimaru quitándose el casco y la camisa–. El hombre que quiere verte es en extremo sospechoso. Llego a mi maldito apartamento sin previo aviso, solicitándome contactarte. No confió para nada en ese maldito infeliz, pero sabe cosas, muchas cosas acerca de lo que han estado haciendo ustedes este último mes y me dijo que conocía la ubicación de Yagami, como también me insistió de que era urgente. – frenó desabrochándose el pantalón.

– ¿No te dijo quien era? ¿Como sabia de Iori? ¿Por que mierda te estas quitando la ropa? – pregunto Kyo acelerado e irritado por no entender bien de que iba todo.

– Ahh odio que seas tan lento aveces. Que estas esperando para quitarte la tuya maldición. –urgió Benimaru sacándose los zapatos y el pantalón–. Agradece que tenemos complexiones similares. Vas a usar mi ropa y saldrás por el lado donde meten los suministros a este lugar, evita armar escándalo y se rápido no se cuanto tiempo pueda engañar a tus vigilantes. – puntualizo mirando con paranoia hacia el corredor.

– ¿Donde demonios me veré con aquel hombre? ¿Como sabre quien es? – preguntó nuevamente Kyo intercambiando prendas con el rubio.

– Te esperara hasta la caída de la tarde en el único mirador de la carretera Este, rumbo a la casa de un tal Alexander. No se donde queda ese lugar, pero dijo que tu sabrías como llegar y que él se acercará a ti cuando estes allí. –informó Benimaru abrochando sobre si las prendas de Kyo, notando que le quedaban un poco anchas–. No me da buena espina ese hombre, pero sabe demasiado y no parecen haber muchas mas pistas sobre el paradero de Yagami. No se que tan seguro sea, pero no podre acompañarte si quiero distraer a tus sabuesos. Dime que tendrás cuidado Kyo. Confío en que te sabes cuidar bien. –

– Estaré bien. Y gracias Beni.

– Si, si. todo sea por nuestro psico favorito.

Kyo soltó una risa corta al escuchar la frase, recordando como King lo había imitado días atrás y notando que no lo había hecho nada mal.

– Ten cuidado y avísame si hay algún problema. – agrego Nikaido poniéndose el casco de Kyo y sosteniendo el suyo a un lado.

Kyo hizo un gesto afirmativo con la cabeza y ambos hombres se separaron en el pasillo.

Benimaru tomo la bebida diciendo al encargado que su amigo al parecer tenía problemas estomacales y podría demorar, tras lo cual compro medicamentos para la dolencia. Se demoro unos minutos con el joven mientras cancelaba la cuenta. Salió vestido con la ropa de Kyo y con la cabeza cubierta por el casco de este, una bebida en un brazo y el segundo casco en el otro. Tomo asiento en la moto bajo el sol intenso de casi el medio día y esperó a que el engaño funcionara el tiempo suficiente.


Kyo indico al taxista la dirección en la que debía manejar y al cruzar la carretera cerca a la montaña se inclino por la ventana para visualizar en el recorrido algún mirador que ciertamente desconocía. Tras varios minutos de avance diviso una platea de piedra que sobresalía del bosque e indico al taxista dejarlo en una zona cercana.

El lugar no parecía ser concurrido, el camino entre los arboles que llevaba al mirador estaba en estado casi de abandono, pero finalmente cumplía su cometido y le guiaba a la platea amplia con hierbajos entre los surcos de piedra. Kyo caminó casi hasta el extremo del balcón y miro a su alrededor. Después de unos segundos lo vio allí sentado en una banca, una que estaba vacía hacía un instante. Era un hombre mayor de cabellos canos y semblante rígido que le miraba con expresión impoluta.

– ¿Es usted el que sabe donde esta Yagami? – habló Kyo cortante, rápido. Pensaba abordar con tranquilidad al hombre y escuchar todo lo que pudiese decir, pero la urgencia de tener tan cerca el paradero de Iori, le superó.

– Buenos días joven Kusanagi. –saludo el anciano con amabilidad ignorando parcialmente la pregunta de Kyo–. Mi nombre es Saito y antes de responder cualquiera de sus preguntas, quisiera saber primero por que desea usted encontrar al joven Iori Yagami. – habló tranquilo mientras se levantaba del asiento. Kyo titubeo molesto.

– Mis asuntos con Iori no son de su incumbencia. Pero no voy a matarlo si eso es lo que piensa. – espeto Kyo manteniendo el temple.

– La familia Yagami y la familia Kusanagi han sido enemigas durante siglos, así que disculpe si desconfío de las intenciones del líder del clan opositor. No fue una decisión fácil acceder a usted joven Kusanagi, pero en tiempos de necesidad las alianzas son de carácter muy relativo. –hizo una pausa en la que se acercó a una distancia prudencial de Kyo–. Cuenteme Joven líder del clan Kusanagi. ¿Desea usted ayudar a nuestro señor? – preguntó. Kyo lo miró algo sorprendido. ¿Era un Yagami quien buscaba ayuda para Iori?

– Si. Dígame que sabe. Dígame donde esta. ¿Como esta? – insto Kyo. Ya empezaba a irritarse por los rodeos.

– La situación del señor Yagami es complicada y me temo que no contamos con mucho tiempo. El fue tomado la noche de la quema del templo Kusanagi y le mantuvieron bajo vigilancia infranqueable durante casi dos semanas. Desconocemos su estado, pero sabemos que esta vivo. Hace unos días hubo un altercado y desconocíamos su paradero...–

– ¿Sabían donde estuvo todo este tiempo y apenas ahora buscan contactar conmigo? – espeto Kyo con rabia, interrumpiendo a Saito.

– Como le dije joven Kusanagi, su situación cambio radicalmente. Debatimos durante varios días hasta que tomamos la decisión. Nuestras posibilidades son limitadas y lo que menos deseábamos era trabajar con el clan enemigo. – respondió calmo Saito.

– Bueno me importa una mierda y deje ya los rodeos. ¿Donde esta Yagami? – pregunto Kyo impaciente.

– Como le estaba diciendo, hace unos días perdimos su rastro, hasta hoy pasado el alba. Fue movilizado fuera del lugar donde se encontraba. Le llevaron a las afueras de la prefectura a un templo budista. Sospechamos que todo este tiempo que lo mantuvieron custodiado se debe a que lo necesitaban vivo. Pero ahora, creemos que dieron con un modo de realizar lo que buscaban con él. – explicó el hombre. Kyo se acercó de manera peligrosa.

– ¿Donde esta Yagami? – pregunto soez y directo.

– Le guiaremos hacia el lugar, esta misma tarde. El territorio es una zona privada del gobierno, un terreno extenso con un templo sin registro. – hizo una pausa recobrando la distancia del amenazante Kusanagi–. Reúna un buen grupo señor Kusanagi, la vigilancia en el terreno es poca ya que están seguros de que nadie tiene conocimiento de su ubicación. Pero la cantidad de personal Yagami en las partes aledañas al templo es numerosa. Si va solo, nuestra reunión habrá sido completamente insustancial. – puntualizo el hombre. Kyo sonrió resentido.

– Con que eso buscaban. Un grupo que haga el trabajo sucio por ustedes. Alcanzar su objetivo con la sangre de otros. –bufó Kyo con cinismo–. Esta bien. Llevenme a Iori y yo me encargare del resto.

– Después de guiarlo al sitio, cuando usted y sus hombres tomen el lugar, nos aseguraremos de que el señor Iori Yagami abandone el templo de manera segura. Podemos confiar en que usted no tiene intenciones de agredirle, pero no puede asegurarnos de que su clan no lo haga. De todas maneras esto solo tendra lugar si actuamos con prontitud. – puntualizo el hombre inmutable. Kyo hizo un movimiento afirmativo con la cabeza. A pesar de la rabia que se arremolinaba dentro de él, una suave tranquilidad balsámica le aseguraba que Iori seguía con vida.

– Mis hombres y yo aguardaremos por su llegada en el oeste fuera de la prefectura por la salida norte. Enviare al movil de Benimaru Nikaido la ubicación en el mapa. –habló haciendo una leve inclinación ante Kyo–. Tenga un buen día líder Kusanagi, espero verlo pronto, antes de la caída de la tarde. – se alejó perdiendo su forma entre los arboles.

Kyo empuño las manos al borde del mirador sopesando un instante la situación y el como iba a lograr movilizar sin negativas a los ninjas Kusanagi. Miró el cielo claro de sol intenso y nubes densas cubriendo con su manto cálido la ciudad. En algún lugar no muy lejano, bajo ese mismo cielo, se encontraba Yagami aún con vida.

– Aguanta Iori. Voy por ti. – susurro, tras lo cual abandono la amplia platea de piedra olvidada.


Iori arrastró los pasos bajo custodia. Las cadenas eran pesadas y estaban plagadas de inscripciones. Una sonrisa amarga se dibujó en su rostro al ver la tensión de sus opresores. Cuanto me temen, pensó.

El templo era una construcción imponente de techos amplios y pocas ventanas. Su estructura firme generaba una sensación de pequeñez. El lugar estaba plagado de pasillos amplios, ostentosos y pulcramente cuidados. Sus columnas cargaban grabados en oro y sus piedras eran marmoladas. La opulencia era absoluta.

Lo llevaron al centro donde el techo tenía un espacio rectangular, abierto al cielo y el sol caía inclinado sobre un amplio bosque en bonzai. El salón era colosal y decenas de ninjas estaban posicionados a los costados como estatuas oscuras. En el centro estaba Takeshi Yagami rodeado por los monjes Bihksu y acompañado de la joven chica de ojos rojos. Esta se denotaba algo amedrentada a pesar de manejar cierto temple. Un oscuro cardenal cruzaba desde su mejilla hasta el ojo derecho y su vista no parecía querer apartarse del suelo.

Iori consideró que la chica debía ser importante por alguna razón dado que aun la mantenían con vida. Avanzó como un reo bajo seguridad máxima y fue detenido frente a la congregación del centro. Takeshi Yagami lo miró de frente dando un par de ordenes sobre su ubicación mientras preparaban todo. Su rostro, parcialmente desfigurado con la quemadura, le daba un aire intimidante.

– Tu dios no parece ser muy benevolente con las heridas. – espeto Iori con la voz ronca y el caminar pesado a causa de las cadenas y las heridas. Sus ojos se cruzaron en matices carmesí, pero Takeshi no tuvo reacción alguna, salvo un leve ademan con que exigió a sus hombres quitarle aquel problema resuelto de la vista.

La seguridad en su semblante asustaba a Iori. Si el maldito había encontrado una manera de arrancarle el Magatama, estaba perdido. No era mucho lo que podía hacer, salvo intentar venderle el alma a Orochi para matarlos a todos. Pero claro, estaba el pequeño detalle de que su alma ya había sido vendida siglos atrás por sus antepasados. Sonrió cansino mientras lo encadenaban al piso de un salón vacío, sin ventanas ni luz.

Los sonidos externos llegaban arrastrados y estridentes. Las voces susurrantes de los rezos, las telas que discurrían, el caer del agua y las cadenas que tintineaban, llegaban con esfuerzo menguado al salón, acompañado de un olor amargo.

El momento se acercaba y no tenía como salvaguardarse. Estaba él, sólo, con las voces gruñendo salvajes ante la reclusión en las sombras.