Habían pasado dos días después del baile de máscaras del GTU. Varios de sus participantes sufrieron heridas y lesiones tales como ojos amoratados, golpes, escoriaciones, torceduras, pérdida de piezas dentales y, en algunos casos, el mismo orgullo ardía peor que cuando se quema la piel.

Gracias a ciertas argucias legales, Lynn Kyle dejó la cárcel después de pagar una cuantiosa multa luego de permanecer preso. Al salir, tenía una idea fija en su mente: venganza. ¡Ya me las pagarán una por una esos perros! La fractura que le causara Miriya por defender a su pareja tardaría varias semanas en sanar. En cuanto a Max Sterling, sus rápidos reflejos evitaron que la caída pudiera ser peor y resultó con unos cuantos raspones y magulladuras.

La cantante Minmei permaneció unos días más en el hospital central de Nueva Macross debido a una severa hinchazón en su rostro debido a los múltiples golpes, rasguños y cortadas en cejas, nariz, boca, mejillas y ojos, además de varios mechones faltantes en su cabellera durante su sinigual pelea con Lisa Hayes.

El encierro del capitán Antonio Arce dejó sumamente inquieta a la teniente Nicté Andrade por lo que llamó a la prisión militar, tan pronto se despertó, para obtener permiso de visitarlo, el cual le fue negado porque al prisionero se le confinó en el área de aislamiento. Ni bien terminó la llamada cuando sonó el teléfono.

—Andrade.

—Buenos días, mi ángel. Espero no haberte despertado.

—Rick, mi amor, ¿cómo amaneciste? Descuida, lo de Tony me tiene muy preocupada, Dormí a ratos. ¿Vienes para acá?

—Lo siento, no podré acompañarte a verlo. Me acaban de avisar que están por instalar las cámaras en los varitech del Bermellón. Estoy por llegar a la base.

—Ésa es una buena noticia en medio de este caos. Tampoco podremos ver a Tony, está en aislamiento hasta nuevo aviso.

—¿Aislamiento? Se me hace exagerado ese castigo.

—Entendería que esté encarcelado por haberle partido la cara a Kyle, pero no. Tenía que ser por robarle un beso a Lisa Hayes. ¡Diablos!

—Todo saldrá bien. Tony es un tipo rudo.

—Lo sé. Gracias por tu apoyo.

—Te veo en cuanto llegues para ir a ver a Lisa. Bye, te amo.

—Yo también te amo. Chau.

Horas más tarde. Oficina de la capitana Hayes

—En serio te luciste, Lisa. No te conocía esa faceta de luchadora.

—Tú tampoco te quedas atrás, Claudia. De no ser por ti, creo que habría quedado mucho peor. Le diste a la "Señorita" Macross en medio de la nariz.

—El Canario ya me debías muchas. Que sufriste por la indecisión de Rick.

—Sacar la frustración que tenía con ella me salió bastante caro. Ahora tendré que costearle las curaciones y pagar el vestido que le rompí. ¡Ashhh! Me aplicaron una sanción administrativa y otra económica. Y todo por la teniente Andrade.

—No eres la única. Todos lo que participamos en algún combate tenemos las mismas sanciones. ¿Qué tienes contra ella? Dices eso porque jamás viste cómo empezó todo.

—La detesto, Claudia, mil veces la detesto. ¿Quieres saber por qué? Su falta de disciplina para festejar su ascenso, afecta al escuadrón Skull con su particular forma de defensa personal, tiene una moral dudosa y me quita a Rick.

—¡Otra vez con Rick! —se tocó la frente en señal de hastío—. ¿Y el experimento que te dejó los dedos machucados? Pensé que estabas saliendo adelante. ¿O ya te olvidaste del Caballero Negro?

—Creo que Rick es el Caballero Negro.

—¿De dónde sacaste esa locura?

—Solamente él es único que me ha visto como una mujer.

Antes de que llegaras al museo, bailé con Rick y aproveché para preguntarle sobre los regalos que he recibido. Negó haberlos mandado. Le pedí que lo intentáramos de nuevo y me salió con que tiene un noviazgo con la teniente Andrade y que sería injusto dejarla porque la quiere mucho. Ella está jugando con él y con el capitán Arce. Y todavía me dice que abra bien lo ojos. ¡Si será imbécil!

—Estoy completamente de acuerdo con Rick. En lugar de mirar al pasado, ¿por qué no ves tu presente? Por ejemplo, el capitán Arce.

—¡Ni me recuerdes ese nombre! De sólo pensarlo, se me revuelve el estómago!

—Creo que el capitán Arce es simpático, buen bailarín y todo un caballero.

—Un patán, es lo que es.

—¿Por robarte un beso? Lisa, por favor, ¿no estás exagerando enviándolo a prisión y en aislamiento? Por si no te has dado cuenta, Tony impidió que Kyle le lastimara.

—Yo puedo cuidarme sola —titubeó bajando la vista—. No necesito… a ningún hombre para que me defienda.

Claudia se acercó a tomarla del hombro.

—Cariño, está bien. Te gustó que te besara.

—Me siento extraña cuando estoy con él. Las cosas que me dice, ese calor que me invade cuando recuerdo su voz y su cuerpo, sus ojos profundos que parece que vieran a través mío, no me cuestiona. Claudia, nunca me habían robado un beso.

Y el Caballero Negro me hace sentir especial.

—Porque él te ve tal cual eres. No a la capitana Hayes, la Reina del Hielo.

—No sé que hacer.

—Piensa en lo que me acabas decir. Me voy, tengo bastante trabajo con lo de las sanciones. ¡Ah, por cierto! Le dimos tu recado a Rick y Nicté de venir a verte. Nos vemos, Rudísima Reina del Hielo Hayes.

Lisa esbozó una sonrisa ante esa broma de Claudia. Siempre sabía como hacerla reír. Se sentó frente a su ventana, sumiéndose en muchas cavilaciones. ¿Tony Arce? ¿El Caballero Negro? ¿Cuál de los dos?

De pronto, los toques a la puerta la sacaron de sus pensamientos.

—Adelante.

—Capitana Hayes. Están aquí el capitán Hunter y la teniente Andrade.

—Que pasen, Vanessa.

Nicté pasó en primer lugar, seguida de Rick. Vanessa los dejó solos y se pegó lo más posible a la puerta para escuchar, pero fue inútil.

—Capitán Hunter y teniente Andrade reportándose, capitana Hayes —Rick habló en nombre de ambos. Estaban en posición de firmes.

La ira, la vergüenza y los celos recorrían cada célula de Lisa y apretó con fuerza el descansabrazos de su mullido sillón.

—¿Para qué nos quería ver, mi capitana?

El sillón empezó a girar lentamente hasta que Lisa quedó de frente a sus subalternos causándoles una gran conmoción por su aspecto físico.

—¡Lisa! pero ¿qué te pasó?

—¡Capitana Hayes!

Si Roy Focker los había impresionado, Lisa Hayes lo superó. Los dos ojos morados, vendoletes en la ceja izquierda, una gasa en la mejilla derecha, la frente vendada, una bandita en la nariz y múltiples moretones en sus manos.

—¿Minmei te hizo todo eso? —preguntó Rick con incredulidad.

—¡SILENCIO! ¿Se puede saber dónde estuvieron desde el baile?

Ninguno de los dos habló. Permanecieron firmes e impasibles.

¡Madre santa! Con tanto vendaje, la capitana parece una momia.

—¡Es inaudito! —Lisa salió detrás de su escritorio y caminó agitadamente alrededor de los dos oficiales—. ¡Dos pilotos militares de la RDF! ¡USTEDES iniciaron este alboroto!

—El responsable fue Lynn Kyle, mi capitana. Él comenzó a agredirnos verbalmente.

—¿Y no pudieron alejarse al darse cuenta que estaba ebrio?

—Intentó golpear a la teniente Andrade. No podía desentenderme, Lisa. Tenía que protegerla. Es mi pareja.

—Como siempre, tan caballeroso, Hunter. Te batiste a duelo por tu damisela. Y usted, Andrade, me parece que disfruta mucho armando conflictos. Un buen correctivo es lo que necesita.

—Mi capitana, está usted malinterpretando todo. El civil Lynn Kyle levantó su mano contra mí y el capitán Hunter lo único que hizo fue detener el golpe con su cuerpo. En ningún momento respondió con otro ataque físico.

—¿Cómo? —Lisa pareció no entender.

—De no ser porque la teniente Andrade me detuvo y el capitán Arce le pidió a Lynn Kyle que se fuera, le habría roto la cara, Lisa. Las cosas fueron como narró la teniente Andrade.

—Permiso para hablar con libertad, mi capitana.

—¿Qué tiene que decir, Andrade?

—Considero que enviar al capitán Antonio Arce a prisión fue excesivo. El baile se llevó a cabo en un lugar ajeno completamente a la base y las instalaciones de la RDF. Estábamos en nuestro tiempo libre.

—¿Y usted quién se cree para cuestionar mis órdenes?

—Teniente Andrade, le exijo que guarde silencio —Rick estaba preocupado. ¡Dios mío! ¿Por qué quieres que vea otra vez a dos mujeres tan importantes en mi vida peleándose?

—Me disculpo de antemano, capitán Hunter. Es sumamente importante lo que tengo que decirle a la capitana Hayes. No puedo demorarlo más.

Tranquila, Nicté. Respira. Sería muy fácil insultarla. Le estaría dando gusto de mandarme a la cárcel también.

Gracias al capitán Antonio Arce usted está bien, capitana Hayes. Él pudo evitar que Lynn Kyle la golpeara. Y en vez de agradecérselo, lo manda a la cárcel confinándolo en aislamiento como si fuera un criminal peligroso.

Yo sé que el capitán Arce cometió la falta grave al golpear a un civil. Sin embargo ese mismo civil es experto en artes marciales chinas. El cuerpo de un individuo con entrenamiento en lucha, boxeo o cualquier arte marcial es considerado un arma punzocortante, según las legislaciones penales, tanto civil como militar.

¿Usted no habría hecho lo mismo por la comandante Grant o las tenientes Young, Leeds y Porter si fueran agredidas en las mismas circunstancias? Tengo entendido que entre ustedes cinco hay lazos muy fuertes.

Mi hermano el capitán Antonio Arce Martínez no se merece un trato tan injusto.

—¿Hermano? ¡Es imposible! El capitán Arce mencionó que su familia murió en Nueva York durante la Lluvia de la Muerte. En su expediente, teniente, usted no se mencionan ni hermanos ni hermanas.

Nicté le contó a Lisa la historia de como ella y Tony se hicieron hermanos de sangre tras la batalla de Marte donde murió su amigo Kenji Watanabe.

—El capitán Arce y yo hemos mantenido nuestra relación de hermandad como algo privado que solamente gente muy cercana y de confianza conoce.

Lisa no podía creerlo. La teniente Andrade nunca engañó a Rick con Tony como sus celos le hicieron creer.

—Por eso te dije que abrieras bien los ojos, Lisa. Ellos fueron más allá de la simple amistad al hacerse familia uniendo su sangre de una manera fuera de lo común.

—Si con todo lo que le acabo de decir y como se lo dije, merezco un castigo, estoy dispuesta cumplirlo al lado de mi hermano.

Claudia le aventó su zapatilla a Minmei para evitar que me rompiera ese florero en la cabeza. Se arriesgó por mí. Y ahora esta chica hace lo mismo por el capitán Arce. Por eso Rick está con ella. Por su valor. Ella expuso su vida para salvarlo trayéndolo sano y salvo a la base. Mis celos me cegaron. Me avergüenzo por mis errores.

Yo no pude decirle a Rick que lo amaba hasta que supe que el almirante decidió encomendarme una misión. Saber que estaría lejos de él fue lo que me decidió. Nada más con saber que estaríamos separados, Rick también me lo confesó. Y luego esa imagen de Minmei gritando por no ser la ganadora del corazón de Rick, me resulta patética. Las dos buscamos a Rick cuando nos sabíamos sin él para decirle te amo.

La capitana Hayes suavizó su semblante sin perder su mirada firme.

—Les ofrezco disculpas, oficiales. Pensé que ustedes originaron este hecho tan penoso. A pesar de no participar directamente en la pelea, se les descontarán tres días de su sueldo. En cuanto al capitán Arce, ordenaré que lo liberen y retiraré los cargos. Su expediente quedará limpio por el motivo que lo llevó a prisión. Se le descontarán cinco días de su sueldo. Pueden irse. Los estaré vigilando.

Los dos oficiales hicieron el saludo y salieron uno junto al otro sin dirigirse la palabra ni verse. Al dar vuelta a la esquina para tomar las escaleras, Rick Hunter tomó fuertemente la mano de Nicté acariciando su dorso con el pulgar. Regresaron al hangar del Bermellón. Max se había quedado a cargo en lo que volvían de su reunión. Tanto él como Miriya los esperaban ansiosos.

—Jefe, Ángel, ¿cómo les fue?

—¿Qué les dijo Lisa?

Rick se dejó caer en la silla de su oficina y exhaló profundo tomándose la cabeza con las manos. Nicté comenzó a reírse discretamente hasta estallar en carcajadas. Los Sterling no entendieron su reacción.

—¿Alguno de ustedes me quiere explicar qué sucedió con la capitana Hayes? —pidió Max, traía una mano vendada.

—¡Lisa Hayes parece una momia con tanto vendaje! ¡Lo siento, pero se veía tan graciosa!

—¿Momia? —Miriya se le quedó viendo a Nicté tratando de entender.

—¡Jefe, habla! ¿Tan mal estuvo la reunión?

—Tranquilo, Max —Nicté se secó las lágrimas tras recuperarse—. Nada más nos descontarán tres días de sueldo.

—Vamos a la cafetería, ¿quieren algo? —Miriya les avisó y las dos pilotos salieron.

—Ya se fueron jefe. Puedes hablar. ¿Para qué los requirió la capitana Hayes?

—Lisa estaba segura que tanto Nicté como yo armamos el zafarrancho. Le contamos lo que pasó realmente. Creo que pensaba que Nicté provocó a Kyle deliberadamente.

—De sobra sabemos que cada que Kyle escucha, ve o huele algo relacionado con la milicia pierde los estribos.

—Te juro, Max, ver a Nicté desafiando a Lisa sobre el asunto de Tony, me quitó el aliento.

—¿Que hizo qué? —Max se sentó sorprendido—. ¿La mandó a corte marcial?

—Nada de eso, pero a mí casi me da un infarto. Ver golpearse a Minmei y a Lisa fue más que suficiente. Nicté reconoció ante Lisa que Tony cometió una falta y aun así, salió a defenderlo. Consiguió que Lisa retirara los cargos y el expediente de Tony quede limpio

—¡Fiuuu! De verás que Ángel quiere mucho a Tony para arriesgarse de esa manera.

—Por eso la amo, Max. Por su entrega y por su valor.

—Hazla feliz, jefe. Se ve que es muy especial. Cambiando de tema, ¿dónde estuvieron después del baile? Jamás respondiste a mis mensajes.

—Mi querido, Max —se le iluminó la mirada—. ¿Me creerías si te lo contara?

En cafetería

—Y hubieras visto a la comandante Grant dándole a Minmei en la cara. Se fue de espaldas y levantó las piernas —Sammy estaba emocionada relatando ese pasaje del baile.

—¡Me sorprendes, Claudia! Tú tan ecuánime y resulta que eres experta en box. ¿Roy ya lo sabe? —comentó Nicté.

—Están exagerando, chicas. Simplemente defendí a Lisa y —apoyó la barbilla en su manos sonriendo con inocencia— tuve buena puntería. Es todo.

—Eso le enseñará al Canario a saber con quien meterse —celebró Kim.

—Pues yo conozco a alguien que también la dejó KO, el Ángel de Acero —señaló Miriya.

—En cuanto Minmei se le echó encima a Rick, pensamos lo peor. Nicté ni ruido hizo al acercarse —relató Claudia a las Conejitas. A Nicté—. Yo te vi hasta que ya estabas besando a Rick.

—Nuestra amiga no iba a permitir que el Canario se saliera con la suya —enfatizó Vanessa.

—En cuanto salí del sanitario, busqué a Rick por todas partes. Al ver la escena, me desagradó mucho que alguien que no soy yo le estuviera acariciando el rostro. No reconocí a Minmei, solamente supe que era la tipa del sombrero estrafalario y anteojos tipo mosca que se llevó el vestido que había escogido.

—No creí que fueras celosa —dijo Sammy.

—Si te refieres a celos tipo Otelo, no los soy. Tenía que marcar mi territorio. No iba a dejar que una sinvergüenza se le anduviera trepando a mi novio así como así. Las leonas no comparten la presa con las hienas.

—Una maldita zorra, dirás.

—¿Qué culpa tiene el pobre animalito, Kim? —todas se echaron reír a carcajadas.

—Ya que mencionas al capitán Hunter —las Conejitas pusieron cara de malicia y la rodearon—. ¿Dónde estuvieron tan escondidos que ni los mensajes contestaste?

—Como les dije, en mi casa. ¿Dónde más pude haber estado según ustedes?

—No lo niegues. El brillo en la mirada te delata.

—Ese mosquito sí que te hizo feliz.

—Ojalá haya sido de buen tamaño.

—¡Chicas! —Nicté levantó una ceja. En eso se acercaron Max y Rick que habían ido por algo para almorzar.

—¿También se le dice mosquito al miembro masculino microniano? Jamás me lo habría imaginado —comentó divertida Miriya.

Claudia las vio también con seriedad, ya que habían olvidado la orden cuando Lisa llegó como histérica al puente hablando de cosas muy privadas. Rick se detuvo en seco con el comentario de Miriya.

—Lo único que les diré que ese mosquito sabe hacer y muy bien su trabajo —Nicté celebró triunfante con una sonrisa de autosuficiencia. Se percató de la cercanía de Rick, por eso dijo tal cosa.

Claudia vio el reloj. Había terminado el descanso y regresaron a sus tareas.

Al caer la tarde, el escuadrón Bermellón se convirtió en el último agrupamiento en tener instalada la cámara fotográfica VT/f en sus varitech. A partir del siguiente día, sus reportes contarían con imágenes para complementarlos. La teniente Andrade les enseñó a sus compañeros a usar el mecanismo que para Rick, Max y Miriya no fue tan complejo. Se parecía mucho a la mira de disparo.

A las 1830, terminó el turno de los pilotos. Nicté salió con cierta prisa. Rick la esperaba en la entrada del hangar.

—La próxima vez que te quieras hacer la kamikaze, avísame por favor. Casi me muero del susto.

—¿Lo dices porque me enfrenté a la capitana Hayes o porque me contuve la risa por su aspecto?

—¿También hiciste eso? Me parece que eres una adicta a la adrenalina.

—No negarás que se veía bastante graciosa con tanta venda. ¿Cómo habrá quedado Minmei si ella a está así?

—Probablemente en las mismas condiciones. Francamente no observé a Lisa detenidamente. Me refiero a lo que le dijiste sobre Tony.

—No iba a permitirle que por sus loqueras mi hermano se pudra en una celda. Así me comporto cuando protejo a mis seres queridos. Eso también te incluye, Rick Hunter.

Rick la tomó de la mano como hiciera al salir de la oficina de Lisa Hayes. Se dirigieron a la salida.

—¿Vamos a cenar a mi barraca? Como nos descontaron de nuestra paga, puedo cocinar algo sencillo. Digamos pasta.

—Lo siento, mi capitán. Debo arreglar un asunto de vital importancia. ¿Por qué no en otra ocasión?

—Si es así, te acompaño.

—Tampoco me puedes acompañar. Después te cuento —al llegar a la cerca alambrada sur se besaron con ternura y luego con un poco de locura—. Rick, si me sigues besando así, voy a llegar tarde.

—Aprendí de ti. ¿En serio no puedo ir contigo?

—Está bien, solamente hasta la entrada del barrio militar. De verás que eres insistente.

—Es una de mis cualidades que me hace irresistible —usó el tono galán de Roy.

—¡Presumido! —se fueron abrazados.

Una vez que se despidieron y cada quien tomó su camino, Nicté recibió un SMS de Tony.

¿Dónde estás? Me acaban de liberar. Necesito hablar contigo para explicarte.

Ella le respondió inmediatamente:

Minutos después

Claudia se encontraba descansando de un día laborioso cuando tocaron a su puerta. No esperaba recibir visitar a esa hora. Roy llegaría más tarde.

—Un momento —al abrir la puerta—. ¡Oh, por Dios!

—Vengo hablar contigo —Claudia no reconoció inmediatamente a Nicté Andrade que estaba sumamente enojada—. ¿Puedo pasar?

—Adelante. ¿Quieres un té?

—Sí, gracias.

Claudia preparó té de jazmín, su sello personal, para las discusiones fuertes.

—Imagino porqué estás aquí.

—Te lo advertí, Claudia. Tony no merece que la amargada de Hayes lo trate de ese modo.

—Jamás pensé que las cosas pudieran llegar a esto. Acepto mi responsabilidad. Yo te metí en esto.

—Y yo a Tony. Viene para acá. Lo soltaron hace unos minutos.

—¡Aleluya! Lisa reaccionó.

—Sí, porque me le impuse a Hayes cuando fuimos a hablar con ella, si no el pobre de mi hermano todavía seguiría ahí.

—Quieres mucho a Tony, ¿verdad?

—Como quieres a la capitana Hayes y a la Conejitas. Tony y mis amigos del SDF-1 son mi única familia. Por lo que veo ya creció con Kim, Sammy, Vanessa, Hopkins, tú y Roy, los Sterling y Rick.

—Así es, las quiero mucho —sirviéndole la humeante bebida—. ¿Sabes? Funcionó nuestro plan.

—Gracias —tomando la taza—. ¿En serio? —sorprendida le dio un sorbo—. Está exquisito.

—No sé exactamente qué hizo Tony, pero Lisa está cambiando de curso.

Fue cuando tocaron el timbre y Claudia se levantó a abrir. Era Tony Arce.

—¡Qué chévere es estar libre!

Tony llevaba al hombro el saco blanco de su smoking. La camisa estaba rasgada y ensangrentada. Su ojo derecho estaba morado y completamente cerrado por la inflamación, la ceja derecha y en la comisura izquierda de la boca con vendoletes, así como sus manos vendadas.

—¡Tony, gracias a Dios! ¡Te dejaron peor que a Rocky! —Nicté se alzó de puntas para tocarle el rostro.

—Esto lo sufrirá mil veces y más por los que quiero, hermanita —le dio un beso en la frente y luego la abrazó—. Te eché mucho de menos.

Claudia Grant también se aproximó a darle un abrazo.

—Pirata de Vieques, eres un completo lunático. ¡Bienvenido de regreso!

—¿Tú eres la Tía Claudia? ¡Caramba, un gusto conocerla!

Claudia trajo otra taza y le sirvió té al recién llegado. Había mucho que platicar.

—¿Sabes por qué te apresaron? —inquirió Claudia Grant.

—La policía militar dijo que por faltar al código de conducta militar.

—En parte sí —afirmó Nicté—. La capitana Hayes te mandó a prisión por haberla besado.

—Esa pantera que es pura candela —Claudia no entendió—. Bien valió ese beso con tal de ver esos jades que tiene por ojos —la expresión soñadora de Tony lo decía todo.

—Significa que la capitana Hayes es puro fuego, Claus.

—Estoy como cabro de casta, completamente enchulao por Lisa Hayes.

—¿Cómo perdón?

—Enamorado, mi querida Claus. Tony Arce está enamorado hasta la médula de sus huesos.

Claudia y Nicté se echaron a reír de alegría.

—¡No puedo creerlo! Es mejor de lo que pensé. Tony, a Lisa le gustó que la besaras.

—¿De verdad, Claudia? —Tony necesitaba saber—. Dame detalles, por favor.

—Simplemente piensa en ti y en lo que la haces sentir cuando está contigo.

—¡Sabía que la serenata daría resultado! ¡Wowwww! —se levantó con mucho júbilo.

—¿Le llevaste serenata? Antonio Arce te lanzaste al abordaje y obtuviste un buen botín

—Bueno chicas, me voy. Nic, no tardes, necesito hablarte. Un gusto otra vez, Tía Claudia. No se levanten, preciosas, conozco la salida —y se fue.

—Cuando quieras, Pirata. ¡Felicidades por tu liberación—se despidió de él. En cuanto cerró la puerta, puso un tono de voz serio—. Sin embargo, hay un problema.

—¿Qué pasa, Claudia? Dijiste que el plan había funcionado —Nicté se sentía inquieta.

—Lisa sigue pensando en Rick. Cree que él es el Caballero Negro.

El alma se le fue a Nicté hasta el suelo.

—Me contó que cuando bailó con él antes de que llegáramos le preguntó por los regalos que le envío el Caballero Negro y le pidió que lo intentaran otra vez.

—Todavía que lo insulta y lo hace sentir menos, ahora le ruega. ¡Es el colmo—la chica apretó los puños con rabia. Por eso pensó mucho si debía tomar el riesgo de entablar un noviazgo con Rick Hunter, por su tormentosa relación con la capitana Lisa Hayes. Quiéralo o no, ambos se habían dejado mutuamente profundas huellas.

—¿Qué pasa? —se acercó a tomarle las manos.

—No me gusta eso que Lisa Hayes siga pensando en Rick. ¡Afectó mucho nuestra intimidad su manera de tratarlo!

—¿Sientes celos?

—Tú eres mi testigo, Claudia Grant. Si Elizabeth Hayes intenta pasarse de viva, se las tendrá que ver conmigo.

—¿Piensas que Rick pueda volver con Lisa?

—Solamente que sea un masoquista, idiota y ciego. Hay hombres así que les gusta la mala vida en pareja.

—¿Sabes qué le respondió Rick a las insinuaciones de Lisa? —la piloto del Bermellón negó con la cabeza—. Que como tiene un noviazgo contigo sería injusto dejarte porque te quiere.

A Nicté se le puso la mirada vidriosa y salieron unas cuantas lágrimas de sus ojos. Claudia la abrazó.

—¿Crees que Rick te dejaría después de lo que hiciste por él? Pocas mujeres hacen lo que tú.

—No me lo esperaba. Como Rick es tan atarantado, dudé él.

—Jamás había visto a Rick como anoche. Te adora, Nicté. Le diste justo en él corazón. No te preocupes, él jamás te dejará. Nada más ámense y sean felices.

—Gracias, Claudia. Eres una gran amiga.

—Y concuña —ambas rieron.

Se despidieron. Nicté fue con Tony que la esperaba cerca del buzón y caminaron hacia casa de Tony.

—¡Eres un perfecto desquiciado! ¡Solamente a ti se te pudo ocurrir semejante cosa! Me tenías preocupada.

—Lo sé. Cometí una verdadera estupidez. Me dejé llevar por la adrenalina. Te juro, Nicté, es como si hubiera tocado el cielo. ¿Qué tanto te contó, Claudia? Te tardaste bastante.

—Que tu querida pantera todavía sigue pensando en su ex.

—Así que sigue todavía pensando en el pana Rick.

—¿No te preocupa? Sigue apegada a él por costumbre, por capricho. No sé.

—Es más difícil lidiar con un muerto. Después de ver tus notas, también hice mi propia investigación para ayudarte. Encontré que Liz estuvo comprometida cuando era una adolescente de aproximadamente 17 años. Su padre, el almirante Hayes, jamás vio con buenos ojos esa relación debido a que su novio era alguien a quien le disgustaba la violencia. Su nombre era Riber, teniente Karl Riber.

—¿Karl Brian Riber? Un minuto —Nicté hizo memoria—. Fue alumno de Lang. Cuando le entregué el proyecto del VT/f, vi una fotografía de él junto con un joven de cabello castaño que tiene en su escritorio. Pensé que era su hijo. Con mucha tristeza, me contó que no lo era, sino un alumno de Cambridge al que quiso como tal. Dijo que era una lástima que un joven con tanto talento muriera. Añadió en voz muy baja que fue por culpa del almirante Hayes.

—Averigüé sobre Karl Riber. Hijo de un diplomático británico amigo de Hayes. Un prodigio en cuestiones de robotecnología a pesar de su edad. Estuvo asignado a la base Salla en Marte como observador científico y murió durante un ataque de fuerzas anti UN.

—Mientras te recuperabas después del ataque en Marte, te preguntamos exactamente lo que sucedió y mencionaste que la teniente Hayes había quedado atrapada luego de activar la autodestrucción de la base.

—Ese evento me llamó la atención. Del tiempo que nos avisaron que estaría en las instalaciones al momento que se le dio la orden para hacer explotar el complejo, pasó mucho tiempo como para que no pudiera salir.

—¿Piensas que se haya querido suicidar al encontrar algo relacionado con Riber?

—Es posible. Cuando hay pérdidas dolorosas, la mente nos hace sucias jugarretas. Lo que sí sabía era que al almirante Hayes era un perfecto hijo de la gran puta.

—Piensa esto. El "asno con uniforme" era un hombre que gustaba de tener el control en todo. Decían mis Águilas que se sentía la última Petit Cola del desierto. Nadie lo merecía. Al ser de clase alta y poseer un rancio legado militar, es posible que Karl Riber no llenara completamente sus expectativas y de alguna manera los separó.

Es más, padre e hija estaban distanciados por lo que me contó el almirante Gloval el día que me entrevisté con él.

—Algunos de los pilotos que estuvieron conmigo en el Skull durante la travesía de regreso a la Tierra llamaban a Liz Súper Chica, por su capacidad, liderazgo y excelentes notas de la Academia Militar. Me atrevería a decir que la muerte de Riber fue el detonante para que se convirtiera en la Reina del Hielo.

Al tratar a Rick, se enamoró de él, pero por algo no podía decírselo con palabras, sino con su reacción. ¿Sabes qué pienso? Le sigue guardando luto a Riber y con Rick se despabiló un poco, pero no tanto como para entregarse completamente.

—Solamente ella sabe qué onda con su corazón. Y te enamoraste de ella

—Así como tú de Hunter. ¿Y cómo va tu investigación?

—Encontré la pieza faltante del rompecabezas.

—¿El resultado fue?

—Maltrato sexual ocasionado por su ex Lisa Hayes. Se le ocurrió decirle que con el tamaño de su miembro no podía satisfacerla. Al día siguiente la tronó. Sin embargo al estar conmigo en ciertos momentos de pasión revivió ese momento.

Tony se asombró de esa conclusión. Justamente lo que le contara Rick Hunter en Kamchatka.

—¡Increíble! ¿Cómo llegaste a esa conclusión?

—Unos libros que me prestaron en Aladino y la información de una fuente a la que prometí guardar su identidad.

—A ver, espera—se detuvieron debajo de una farola—. Nicté Andrade, no perdiste el tiempo. Tus ojos lo dicen todo —la tomó de la mano para encaminarla.

—Tony, ¿adónde vamos?

—Deberías estar con Hunter repitiendo la dosis que le diste.

—¿Qué estás diciendo? Pero quiero prepararte algo de comer y curarte.

—Nada, nada, señorita. Ocúpate de tu hombre —llegaron a la barraca de Rick—. Nic, yo sé que quieres cuidarme, pero alguien te necesita más que yo esta noche —le tomó el rostro con las manos—. Chiquita, Rick te entregó su alma y tú la tuya. El brillo de tus ojos es radiante, superior al que tenías con… tú sabes —le besó la frente y tocó el timbre—. Buenas noches —y se echó a correr dejando a Nicté sin habla.

Rick Hunter se encontraba en esos momentos viendo la televisión, descansando de su agitada montaña rusa emocional. Extrañaba a Nicté. Cuando tocaron al timbre. Abrió la puerta para descubrirla.

—¿Me darías asilo político? —Nicté veía hacía abajo con nerviosismo.

Rick la tomó de las manos invitándola a entrar. El corazón de la chica estaba agitado.

—¡Qué forma tan original de decirme que quieres quedarte! Claro, pequeña —la abrazó acariciándole y besando el cabello—. Todas las noches que lo pidas. Te extrañé.

El joven piloto apagó la televisión antes de sentarse en el sillón. Ella volteó la mirada y Rick la tomó de la barbilla para girarla hacia él y la besó con ternura en los labios.

—Supongo que tu asunto se arregló. Me alegra que estés aquí. Quiero darte algo.

—Mejor de lo que crees. ¿Qué es?

Rick se levantó para sacar de un mueble de la sala un sobre blanco que lo puso en manos de su novia. Nicté Andrade lo abrió y se quedó atónita.

—¿Esto es?

—Sí, mi vida. La llave de mi barraca. Quiero que vengas aquí a verme cuando tú quieras.

—Rick… ¡No sé que decir! —una lágrima rodó por el rostro de la chica—. ¿Estás seguro?

—Completamente. Me gustaría dormir contigo y amanecer a tu lado.

Los labios de ambos se unieron en un beso profundo que se volvió juguetón. Las manos de Rick Hunter subieron a la nuca de Nicté para atraerla más hacia sí. Sus lenguas comenzaron un delicioso baile. Nicté se dejó llevar por el encanto mientras sus manos recorrían el torso de Rick por encima de su playera. Sus corazones latían al mismo compás que poco apoco cobró más fuerza. Ella se puso sobre él sin dejar de besar su cuello y esa manzana de Adán que tanto le gustaba. Rick hacía otro tanto, dando lamidas pequeñas alrededor de sus orejas, haciéndola gemir de placer y gozo. Se apartó para verla para dibujar con su índice aquellos rasgos que quería grabar detalladamente en su mente. Ella también pasó sus yemas para memorizar su textura de piel del piloto.

—Me parece que dejamos algo sin terminar la otra vez en este sofá —dijo Nicté en su susurro. Sus ojos despedían una luz sensual.

—Sí, lo sé, mi ángel. Hoy quiero hacerlo en mi cama para despertar en la mañana con tu aroma de cidra en la almohada y en mi piel —la tomó en brazos sin dejar de verla dirigiéndose a su habitación. Al cerrar la puerta de un ligero puntapié, se escucharon risas ahogadas por besos, suspiros y gemidos.

En otra parte de Nueva Macross, una llamada telefónica despertó a uno de sus habitantes.

—Está aquí ¡Prepárate! Llegó la hora.