Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer,la historia es de mi propiedad y queda absolutamente prohibida su adaptación o traducción, ya sea parcial o total. CONTENIDO SEXUAL +18.
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Importante: Recomiendo reproducir la canción "Falling Slowly" cuando aparezca esto: *** . Este es el link: (quita espacios) www . youtube watch ? v= R8bXKE-V2Qc
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Capítulo 25
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¿Qué era lo que estaba sintiendo, maldita sea?
Escuché una palabra de Jane que me dejó dando vueltas: "Ya solo falta un mes y me iré para allá. Te extraño mucho".
—No quiero que te apresures, Jane. Ve con tu padre todo el tiempo que necesites —aconsejó con una voz bastante melosa. Sentía una pequeña punzada en todo mi pecho, esa voz la había escuchado un par de veces.
—Quiero verte. Te extraño, Edward —le dijo ella con tristeza en su tono—. ¿Por qué no vienes a Italia y te quedas unos días aquí…?
No me preocupé en escuchar la respuesta de Edward, por lo que salí de la cocina, topándome casi al instante con Tanya.
Llevaba un vestido entallado de color azul, con moños abstractos en la parte de la cintura y las piernas. Llegaba hasta la mitad del muslo. Justo en el diafragma, piedras y mostacillas daban un bonito realce a sus ojos claros. El escote en "V" mostraba inconscientemente unos pechos envidiables.
—Qué linda te ves, prima. ¿Cómo están tus náuseas? —inquirió con malicia, moviendo levemente su pequeña cola de caballo. Sus pestañas se movían a un ritmo constante.
Apreté levemente mis dientes, con rabia. Las náuseas… ¡Maldita sea, que ni se quitaban! Y para más remate ella me lo iba a recordar cada vez que quería.
—Bien. Aprendí a manejarlas —dije lacónica—. ¿Con qué cara te apareces por aquí?
Ladeó un poco su cabeza, sin entender a qué me refería. Luego abrió sus ojos desmesuradamente.
—Es la casa de mis tíos. Ellos me invitaron y toda mi familia vino. —Se acomodó en la pared, apoyándose con su costado, mientras se revisaba las perfectas uñas largas y pintadas de azul.
—¿Tu tía Renée sabe de tus encuentros con Edward? No te lo perdonaría.
Sus ojos pasaron de ironía a furia extrema.
Se abalanzó casi contra mí, pero mantuvo un pequeño espacio entre nosotras. Luego sonrió.
—¡Tú cállate! No eres quién para decirme eso. Seguro tu madre aceptaría lo que haces. Porque estoy segura que no tiene idea de a cuanto tipejo te has metido entre las piernas —aseguró.
Mis ojos se llenaron de lágrimas por la ira y la tristeza que me daba por aquellas cosas. No me arrepentía de todos esos hombres, pero sí me hacía sentir muchas veces una sucia. No habían sido hombres en cantidades elevadas, pero sí habían sido muchos. Y en muy poco tiempo.
—No eres quién para decirme eso, Tanya. —Me sorprendió la tranquilidad con la que me salió aquella oración—. ¿Crees que me agrada recordar a muchos de aquellos hombres que pasaron por mí? Te puedo asegurar que muchos de ellos no fueron de mi agrado.
Tanya bajó levemente la guardia, yo sabía perfectamente que ella no siempre decía las cosas con el ánimo de herir a las personas. O quizá no las decía con verdadera malicia.
—¡No te entrometas con Edward! Lo digo por tu bien —demandó, con sus manos hechas un puño.
—Tanya, sé muy bien que estás celosa, pero si quieres hacer escenas como estás, pues hazlas con Jane. —Pasé por su lado para no seguir con el tema, pero me agarró del brazo y me dio la vuelta.
—No me vengas con mentiras, Bella. Edward ya no te mira como blanco de deseo, ha cambiado contigo y eso se nota. ¿Crees que soy tonta? ¡Pues no lo soy! Yo sí me doy cuenta de mi alrededor, de aquellas miradas que se han dado últimamente, no hace falta percibir que su… relación ha cambiado mucho. ¡No me quedaré callada en tanto tiempo! Quiero que lo dejes o abriré la boca —amenazó—. Sabes que quién peor saldrá de esto serás tú.
—No me interesa lo que digan de mí, sabes que las palabras me resbalan.
Sonrió enormemente en cuanto le dije eso.
—Te importa demasiado lo que digan de él, ¿no? Wow, creo que ya dejó de ser indiferente para ti.
Perra.
Sí, ella tenía razón, pero, ¿iba a reconocerlo frente a ella? ¿Justo ahora que veía a Edward tan feliz con esa maldita rubia de mierda? No. ¡NO!
—¡Tanya! Viniste.
No me di la vuelta para verlo, no quería demostrarle interés. Menos ahora.
—Claro, Edward. No iba a perderme tu cumpleaños —le dijo ella con una vocecita bastante infantil.
—¿Viniste junto a tu familia? —preguntó él, riéndose levemente por algo que estuviese ocurriendo.
Miré de soslayo, encontrándome con un amigable abrazo entre ellos dos.
Bien, no sé por qué me siento así, pero no aguantaré esto, pensé.
—Bella, ¿podrías decirle a Alice que ando en su búsqueda? Jane quiere saludarla por su cumpleaños —pidió Edward, acercándose a mí.
La rabia se acumuló dentro de mí. ¡Que busque a Alice para hablar con Jane! ¿Estaba loco? No iba a hacerlo por ningún motivo, y se lo iba a hacer saber.
—Vete a la mierda —le dije.
Caminé hacia la sala principal, en donde todos se encontraban, con un ritmo frenético y con los golpeteos de mis tacos fuertemente. No veía ninguna cara conocida, lo que me produjo una sensación de soledad. Y la ira seguía aumentando.
¡Cómo se atrevía! Él sabía que no me llevaba con Jane, ¿y pretendía que yo le hiciera ese favor? ¿Estaba loco? Maldito hijo de puta. Mierda, Esme no era una puta. ¡Qué rabia sentía en ese momento!
Y ni siquiera Rosalie se aparecía por ahí. ¿Qué estaba haciendo mal como para que ninguno de mis amigos se dignara a aparecerse en este momento?
Llamé a James, pero no me contestó. Lo hice otra vez, y tampoco. El mundo conspiraba contra mí o yo era la loca que creía que todos me odiaban en este momento. Pues, si era así, yo los odiaba a todos.
—¡Rosalie! —grité algo alegre de ver una cara conocida por ahí. A cambio, solo recibí un leve saludo—. ¿Qué sucede? —inquirí sin saber en realidad por qué estaba así conmigo. Que yo recordaba, no había hecho nada malo.
—Ahora te acuerdas de mí —susurró.
Bien. Era una de sus crisis continuas. Nadie me quiere, tú no me quieres, no eres mi amiga…
Rodé los ojos, luego suspiré. Se venía pesadamente.
—Nunca me he olvidado de ti. ¿Qué te causa tanta inseguridad?
Se sentó de golpe en el sofá, y yo tuve que imitarla. En estos momentos lo que menos podía hacer era incrustarle mis demandas, iba a hacer lo que ella quería.
—¿Por qué tienes que estar hablando constantemente con Alice? ¡Ella no me gusta! —comenzó a decir atolondradamente.
—Rose, tú no la conoces como para decir eso. Todo lo que haya sucedido en el pasado es cosa mía. —Intenté no elevar mi voz con ella, me molestaba mucho cuando alguien me daba estas escenas.
—¡Ese es el problema! Sí, son cosas tuyas, pero nadie lo sabe, no dejas que nadie te ayude o te guíe. Te amargas la vida sola.
Me sentí un tanto ofendida. Yo no tenía la culpa de este miedo irracional a contarlo todo.
—No pienses estupideces, ¿quieres? No tengo… no tengo ganas de seguir discutiendo esto. —Suspiré. Rose me imitó.
—Bien. ¿Cómo me veo? —Me sorprendía su capacidad de cambiar de humor cuando ella quería.
Se paró del sofá para mostrarme su vestido rojo, largo y de caída suave. Tenía un pequeño escote entre sus pechos y en la punta de éste un dije. Su cabello caía en sus hombros con elegancia y majestuosidad, y su figura se veía bastante liviana. Solo que ya no parecía la Rosalie de antes.
—El vestido está bastante bonito, solo que no es de tu estilo. Pensé que vendrías con algo más descarado —dije con sinceridad.
Su rostro se desfiguró.
—Muchas gracias, Bella, eres tan aduladora. —Se giró y se fue.
¿La había cagado?
Dios, ahora yo era la mala en la historia. ¡Solo había sido sincera!
Caí en el sofá, cansada de esta horrible noche. Y para más remate, Edward no estaba ni cerca.
Miré el reloj antiguo que había en la pared, faltaba tan solo una hora para el "cumpleaños" de Edward. Ya ni ganas tenía de estar en este festejo, me sentía ignorada por todos. En especial por él.
Me paré y me largué hacia el garaje. Tomé la llave del auto de mi padre —que tampoco había visto por ahí—, y me dispuse a irme. Caminé hacia el estacionamiento y en cuanto apagué la alarma, unas manos se apegaron a mi cuerpo.
—¡Ah! —grité.
Me di la vuelta con rapidez, asustada por la repentina noticia de que no estaba sola.
—Edward —suspiré entrecortadamente cuando noté que era él. Me había llevado incluso la mano al pecho.
—Te asusté —dijo divertido.
Iba a sonreírle, pero de inmediato recordé lo sucedido hace un rato.
Me di la vuelta para alejarme de él y meterme al coche. Pero volvió a retenerme a su lado.
—¿A dónde ibas? —Tenía el ceño fruncido.
—A mi departamento —dije quedamente.
—¿Por qué?
—¿Te importa?
—Sí.
—No se nota. —Hice un mohín.
Soltó mi brazo con lentitud, mientras sus ojos seguían fijamente contra los míos.
—Tu padre te busca, no creo que él quiera saber que te fuiste sin siquiera haberlo saludado —afirmó.
Me quedé pensando unos segundos. Tenía razón.
—Ok. Iré a verlo un rato, luego me iré.
Me di la vuelta y caminé rápidamente hacia la entrada de la mansión. Una puerta pequeña de roble y cristales a su alrededor.
Cuando entré a la sala, nuevamente estaba lleno de gente, ahora parecía haber muchas más. Se me acercaban personas que en mi vida había conocido y otros que había visto una sola vez.
—¿Y esa carita, miele? —inquirió, tomándome por sorpresa, mi abuela.
Me giré para no darle la espalda y saludarla de un beso en la mejilla.
—¿Qué cara?
Me miró mal, como si supiera todo lo que me estaba sucediendo.
—Traes un rostro muy enojado. ¿Te ha sucedido algo con tu madre? —Me miró apenada, ella siempre había sido testigo de mis peleas con Renée. Lástima que ahora no era el caso.
—No estoy enojada, abuela. Tranquila —mentí—. ¿En dónde están el abuelo y mi padre? —pregunté para cambiar de tema.
—Estaban preguntando por ti en la habitación, ¿Edward te lo dijo?
Asentí levemente.
Toqué levemente la puerta, recibí un "entra" de su parte. Cuando estuve dentro me encontré con mi abuelo sentado sobre la cama.
—Hola, abuelo —saludé—. ¿Y papá?
—Aquí —dijo detrás de mí.
Cuando me di la vuelta casi grito de alegría. ¡Estaba en pie! No lo podía creer, al fin estaba fuerte como antes.
—Tengo que usar esto. —Me señaló un pequeño bastón de madera y diseños extraños.
Oh…
—¡Pero estás de pie! —Me abalancé sobre él y lo abracé con todas mis fuerzas.
—Bueno, los dejaré solos un momento. Deben apresurarse que pronto tendremos que estar en el cumpleaños —nos recordó mi abuelo.
Cuando se escuchó el cerrar de la puerta, papá me quedó mirando orgullosamente.
—Estás muy grande, ¿lo sabías?
—Sí. Pero sigo siendo la misma de antes —le dije.
Suspiró pesadamente, lo que me preocupó. Pero no era producto de su enfermedad, más bien era una preocupación lo que cruzaba por él.
—¿Qué sucede, papá?
—Nada, es solo que estuve rememorando todo lo que había pasado hace diez años.
Me tensé cuando dijo eso. No era grato recordar esos momentos.
—Papá, yo…
—Shh… No quiero que te mortifiques con esas cosas. Yo ya soy viejo y…
—¡Papá, tú no eres viejo! —le interrumpí—. Tienes 52 años, eso no es ser viejo. Te queda mucho por vivir. —No me imaginaba a mi padre decaído, él era fuerte siempre.
—La única razón por la que me mantengo vivo eres tú. Por favor, Bella, grábate esto en la cabeza. El día que yo no pueda defenderte, por favor, ve con Edward. —¿Con Edward? —. Sé muy bien que es una petición muy extraña de mi parte, pero es lo que yo te pido. Tú le importas mucho.
—Papá, no quiero hablar de esto. No quiero hablar de Edward. No ahora —dije sinceramente.
Él iba a decirme algo, pero mi abuelo nos interrumpió con un pequeño toquecito en la puerta y entrometiéndose en la habitación, avisándonos que nos necesitaban abajo.
Me quedé pensando un buen rato en lo que dijo. ¿Qué monos pintaba Edward ahora? Dios, no quería estar enojada con él, pero… ¿por qué dolía tanto el verlo con ella? Quizá porque anteriormente me había dicho que terminaría con ella. ¡¿Pero en qué mierda me influía a mí?! ¡En nada!
Carmen se acercó a mí en cuanto me vio. Poseía una mirada bastante fría y calculadora, regularmente lograba caerme bien. Su esposo, Eleazar, estaba parado junto a ella, con una mirada diferente; cálida, dulce y abrazadora.
Debía decir que mi tía Carmen poseía una envidiable figura, con sus cabellos negros y sus ojos azules como de cristal. Siempre había tenido rivalidades con mi madre, pero con el paso de los años habían solucionado sus problemas. O eso era lo que yo creía.
Me emocioné al ver a Irina parada junto a un hombre y un bebé en sus brazos. Tenía una sonrisilla entretenida en su rostro, de esas llenas de diversión.
Me abrazó con un brazo, mientras que el sostenía a su hijo. Luego saludé al que supuse era su novio.
—Dios, Bella, no te veía hace mucho tiempo. —Me depositó un delicado beso en la mejilla.
La observé atentamente, estaba muy cambiada. No sé si era mi idea o qué, pero parecía más alta de lo normal. Yo solo medía un metro sesenta y pico, en cambio Irina me sobrepasaba varios centímetros, quizá al único que no podría sobrepasar era a Edward.
Usaba un vestido de terciopelo color vino, largo y estrecho. Su cabello llegaba hasta los hombros en débiles ondas rubias. Sus ojos marrones me enviaban sensaciones de paz, como ella solo podía hacerlo.
Me fijé en el bebé, tendría un año y algo. Poseía unos ojos vivos y alumbrados, de un verde tan impactante que solo Edward vino a mi cabeza. Solo que aquellos ojos del bebé no eran tan brillantes y tan intimidantes a la vez.
—¿Cuánto tiene? —inquirí. Se parecía mucho a ella.
—Un año y dos meses —dijo—. Se llama Martin.
Miré al novio de Irina, él tenía los ojos verdes e inocentes, como su hijo. Me saludó también con una alegría contagiosa.
—Y él es David, mi novio —comentó Irina.
—Mucho gusto —dijo él, con un acento australiano inconfundible.
—Mucho gusto —le imité.
Esme apareció con su vestido largo y de escote en la espalda y en el pecho. Era de color canela.
Nos avisó a todos que debíamos estar en el patio de la casa, que quedaba muy poco para que fuesen las 12.
Había una orquesta tocando música clásica cerca de la pileta. Era una música muy bonita. Y a su lado la terraza con escalera, ambientada única y exclusivamente para bailar. A su alrededor tenía luces y el techo había sido adornado con cintas de terciopelo color crema. Era una pista de baile clásico.
Cuando llegué al patio, me encontré con quienes más deseaba. James, Jacob y Alice. Alice se veía estupenda, parecía una muñequita pequeña de manos regordetas y piernecitas cortas, con su vestido rosa pálido y rosa fuerte.
—¡Bella! —Los tres se acercaron a mí con entusiasmo, lo que realmente me hizo sentir importante en esta noche.
—¿Y qué tal mi vestido? —inquirió bastante impaciente la pequeña Alice.
—Muy bien, Alice. Elegiste bien —dije sinceramente.
Me dio una sonrisa contentísima, bien sabía que ella me deseaba mucho en su cumpleaños.
James llevaba un smoking blanco impecable, mientras que el smoking de Jacob era celeste pálido. A toda costa querían parecer dos gais. Ambos estaban muy cerca, lo que me dio una leve tristeza, qué ganas tenían los dos de mostrarse frente a todos como novios. Por el momento eso sería imposible.
—¡Jacob! Pensé que no vendrías, ni siquiera me contestabas el teléfono —gritó Edward detrás de mí. Me alejé un poco cuando pasó por mi lado, no quería recibir un roce suyo.
Ambos se abrazaron y se golpearon la espalda con cariño, se veía que eran muy buenos amigos. James también saludó a Edward, pero menos efusivamente. A James no terminaba por caerle extremadamente bien Edward.
Los dos mellizos se abrazaron como los dos buenos hermanos que eran, luego Esme y Renée llamaron a acercarse a donde se encontraba la terraza. Adornado de globos estaban los dos techos y había mesas y sillas en todo lo largo. A la izquierda, junto a dos hombres vestidos de blanco, estaba el buffet.
Un mesero caminaba por el patio con una bandeja llena de copas con champagne. Agarré una y me la bebí un poco más lento que la anterior, no iba a emborracharme por ahora.
Me senté en una pequeña silla, viendo como todos compartían felices y nadie se dignaba a preguntarme cómo estaba. Era como si yo no existiera. Y eso me molestaba en demasía.
—¿Qué te pasa? —me preguntó James, luego de haber estado compartiendo anímicamente con Tanya.
—Nada.
—Ay, por favor, Bella, se nota que estás molesta por algo. No puedes ocultarlo. Todos andan preguntando por qué no vas a compartir con todos.
—Vete con Tanya. Yo estoy bien, amigo —refunfuñé.
—Bien. Te dejaré sola con tu mal humor —dijo James, también enojado.
Fui al buffet y saqué un pedazo de jamón con algo picante, comer me distraería un momento.
—¿No vas a decirme el porqué de tanta evasiva? —preguntó Edward, con sus labios muy cerca de mi oreja.
—Deja de aparecerte así como así —gruñí, con la ira a flor de piel.
Rodó los ojos, suspiró y luego volvió a hablar:
—No me has respondido la pregunta —me recordó.
—¿Es una obligación respondértela? —contraataqué.
Se quedó pensando un momento, luego sonrió.
—Sí.
—Pues estás equivocado.
—Bella, ¿qué hice mal ahora? Intento entenderte pero es imposible…
—¡Nadie te pidió que me entiendas, Edward! —exclamé—. Eres tú el que intenta acercarse a mí, pero a la vez lo hace con todas las que puedes.
Como quería decirle que detestaba que se acercara a Tanya y a Jane, pero yo no era nadie para inculcarle eso. ¿Y por qué me importaba? Al demonio.
—Ah… ya veo —susurró—. ¿Por qué dices eso?
Bufé con ganas esta vez. ¿Por qué hacía preguntas tan difíciles? Ni yo sabía la respuesta.
—¿Lo dices por Tanya? ¿O Jane? —Sin poder evitarlo, le di una mala mirada cuando dijo aquellos nombres—. Ah, con que eso es. —Rio.
—Déjame en paz —demandé, no quería hacer un escándalo frente a todos.
—¿Estás celosa? —me susurró.
—¡No hables estupideces! ¡NO ESTOY CELOSA! —vociferé, llamando la atención de unas pocas personas. Me ruboricé de inmediato.
Edward se mordió el labio inferior, muy divertido. ¿Por qué siempre le divertían estas cosas? ¿Yo era su chiste? ¿Conmigo se entretenía cada vez que podía?
—¿Qué quieres que te diga, Bella? ¡Terminaré con ella! Si hablé hoy por Skype fue solo por cortesía. Ella dejó de importarme, ahora… ¡Demonios! ¿Qué hace él aquí? —De un momento a otro interrumpió el que iba a ser su discurso, por algo que lo irritó. Y estaba justo detrás de mí.
Me giré a ver a quién miraba con tanto odio. Cameron.
—No puede ser —dije.
Justo a su lado, venía Mike junto a su esposa, Jessica.
—¡Sal de aquí, maldita sea! —gritó Edward, acercándose peligrosamente a Cameron, y luego mirando con odio a Mike —. ¿Qué haces tú aquí, hijo de puta?
—Edward, no… —Corrí hacia él y atajé sus manos para que no fuese a golpear a ninguno de los dos.
Su respiración estaba elevada, se notaba su rabia. No entendía esa falta de control cuando estaban ellos dos.
—Bella, no te metas —me susurró, agarrando a Mike desde el cuello de su camisa.
Jessica se fue hacia atrás, incapaz de hacer algo por su esposo. Parecía asustada, al igual que yo.
—Por favor, Edward, no hagas eso… Hazlo por tu hermana —le pedí asustada, todos se estaban reuniendo a ver lo que estaba sucediendo.
—Ella los invitó, sabía perfectamente que esto sucedía. Al igual que mi madre. Sabían que yo los detesto, que los aborrezco —comenzó a decir atolondradamente, mirando a Cameron con odio y con las manos bien sujetas en la camisa de Mike.
—Entonces hazlo por mí —le dije—. A la mierda todo esto, solo déjalos. Por mí.
Acaricié levemente su hombro, para que dejase a Mike y no se ensuciara las manos. No tenía idea que Edward podría llegar a hacer un escándalo porque ellos dos estaban cerca.
Me sorprendí en demasía cuando Edward lo soltó y, con un movimiento rápido, me agarró la muñeca y prácticamente me arrastró dentro de la casa. Me metió a la habitación de Emmett, y cuando se aseguró de que estaba todo cerrado, me plantó un beso que casi me dejó sin respiración.
Parecía frenético, como si quisiera sacar de mí todo. Yo no entendía el porqué de esto, pero lo disfruté. Extrañaba un beso de él.
—No te acerques a ellos dos, por favor —suplicó, en cuando dejó de besarme.
Yo lo quedé mirando un buen rato, ¿por qué pedía eso?
—No te entiendo…
—¡Promételo! —exclamó.
Asentí rápidamente, realmente no me interesaba acercarme más a ellos. Solo que Cameron… Cameron me daba una especie de curiosidad.
—Odio cuando te enojas conmigo, nunca escuchas razones —dijo, ahora más calmado.
—Tú eres el que me haces enojar cada vez que puedes. Y, lo siento, pero no soy muy fácil de entender.
—Lo sé. Y en realidad no me importa —rio—. Y ahora que lo recuerdo… Iba a decirte algo. Bueno… —Parecía nervioso—. No he podido decirle a Jane que ya no quiero estar con ella, y en verdad ya no me interesa lo que piense.
—¿E igualmente reías con ella como dos novios felices? —No pude evitar preguntárselo, esperaba que no pareciese muy personal.
—Shh… Bella, yo no puedo llegar y decirle las cosas por estos medios. No sería digno ni para ella ni para mí. Por favor, entiéndeme.
Intenté sopesar las ganas de salir corriendo, ¿qué tenía que entender yo? Era su vida, no la mía. Todo lo que hacían ellos dos no me importaba, pero… ¡sí, si me importaba!, y eso me daba miedo, porque nunca había sentido eso.
—Lo que hagas con ella es asunto tuyo —le dije.
—De igual manera quiero que lo sepas, no quiero el papel de infiel en mi vida. Y prefiero dejarla a ella antes que a ti. —Acercó una mano a mi mejilla, la cual acarició con sus suaves dedos.
Yo le importaba, maldita sea, LE IMPORTABA. No sabía si reír o llorar.
Amarré mis brazos a su cuello y lo besé, sabiendo que estaba haciendo mal. Pero no quería pensar con pesimismo, solo quería disfrutar.
—Límpiate —le dije suavemente en el oído, ya que de nuevo estaba cubierto de rojo.
Cuando nos aseguramos de que estábamos listos para que nos vieran, salimos hacia el jardín y así por fin estar tranquilamente.
Me di cuenta que éramos los únicos que faltaban para cantar cumpleaños feliz, pero el ambiente estaba tenso. Miraban de soslayo a Cameron y a Mike, luego a Edward cuando nos aparecimos. Muchos parecían extrañados de que nosotros dos faltásemos, solo nosotros. Aunque quizá era una persecución mía.
—¿Todo bien? —preguntó mi madre, mirándonos algo preocupada. Ambos asentimos—. Gracias, Bella, por alejarlo y hacer que no iniciase una pelea. Y Edward, gracias por escuchar a Bella. Y estoy muy feliz de que ustedes se lleven tan bien ahora. —Era la primera vez que veía a mi madre tan agradecida conmigo.
Noté a Emmett justo detrás de ella, tenía un rostro de cuatro metros. Ha de saber por qué será.
—Bueno, quería dar las gracias por haber venido hoy día. Como todos saben, hoy es el cumpleaños de mis dos tesoros, Edward Anthony Cullen y Marie Alice Cullen… —comenzó a decir Esme, con Carlisle a su lado.
—¡No me digas Marie, mamá! —le gritó Alice con diversión y falsa molestia. En cambio Esme le dio una mirada enojada.
Todos los presentes rieron, incluyéndome.
—Todos saben que son mis únicos hijos, y que mucho sufrí al tenerlos a los dos dentro de mí. Cuando los vi por primera vez creí que iba a desmayarme, eran los bebés más hermosos que había visto en mi vida…
—No, por Dios, qué vergüenza —susurró Edward.
Yo me reí de él, realmente era vergonzoso lo que Esme decía, pero a la vez demostraba cuánto los quería a los dos. A pesar de que a veces era algo dura. Y sarcástica.
Su discurso fue bastante bonito, lo cual emocionó a muchos presentes, sobre todo a mi mamá. Carlisle tenía una mano bien puesta en el hombro de su esposa, y Charlie amarraba su mano en la cintura de Renée. Era una escena muy linda.
Saludé desde lejos a Jasper, que parecía estar muy cerca de Alice. Emmett y Rose estaban abrazados, como unos felices novios. Me sentí un tanto extraña, todos estaban en pareja. ¿Qué hubiese pasado si Jane no hubiese viajado?
Miré a Edward, éste me devolvió la dirección de sus ojos, luego me sonrió. Me hubiese gustado ser abrazada en ese momento por él. Maldita sea, todos estos sentimientos que estaban creciendo dentro de mí, me quemaban, me estaba desesperando por correrlos, por no tenerlos dentro de mí.
Un hombre vestido de blanco y de gorro alto, el cual supuse era el chef, trajo una torta gigante de chocolate y dos pisos. Tenía velas por montones en el último pilar.
Alice y Edward se acercaron a la torta, junto a sus padres a cada lado. El chef encendió las velas y todos comenzaron a cantar cumpleaños feliz, como en automático. Yo no me sentía cómoda cantándolo, así que no lo hice, solo me limité a sonreír.
Cuando el canto acabó, Esme les recordó que debían pedir tres deseos. Alice cerró los ojos fuertemente y comenzó a gesticular unas cosas que no entendí, en cambio Edward me miró un segundo que me pareció interminable, y luego sopló con todas sus fuerzas, seguido por su hermana. Me quedé en una pieza, sin saber qué pensar. Otra vez.
Todos aplaudimos, yo lo hice por inercia, todavía seguía pensando en la mirada tan comprometedora de Edward.
Una orquesta comenzó a tocar una melodía electrizando, melosa, incluso triste. Edward se acercó a mí, me tendió su mano y me invitó a bailar con sus ojos. Miré a mí alrededor, pero todos parecían querer bailar también. Alice y Jasper danzaban en aquella pista de baile, junto a Rose y Emmett, mis padres, los padres de Edward y muchas otras parejas.
Subí la escalera con Edward a mí lado, mientras la canción terminaba. Nos posicionamos uno al frente del otro y en un rápido segundo, otra canción comenzó a sonar***.
Edward puso una mano en la mía y la en mi cintura. Me apegó a su cuerpo, causando un leve choque entre nuestros cuerpos, con sus labios muy cerca de mi frente. Puse la mano desocupada en su hombro, luego lo acaricié sobre el saco.
—Yo no sé bailar estas cosas —le hice saber.
—Yo te enseño —dijo.
Nos movimos de lado a lado, en una sincronía que yo consideré perfecta, él me llevaba a sus movimientos. Me dio un giro sobre mi eje, para nuevamente hacerme chocar contra él. Nos desplazamos en un movimiento único, saludando al que estaba a nuestro lado. Cuando alguno de nuestros padres se aparecía, intentábamos despegarnos lo que más podíamos. Y eso me era difícil.
—¿Aprendiste? —me susurró tiernamente.
—Eso estoy intentando hacer —le sonreí divertida.
Su mano bajó un poco por mi coxis, causándome una sensación única y poderosa. Dios, quería besarlo… Vi que nuestros padres se habían ido al banquete, y la pista se comenzaba a llenar de gente que no conocía. Por esa razón me atreví a depositar mi cabeza en su pecho, mientras buscaba su aroma único y masculino.
Edward buscó mi rostro con el suyo, para besarme con toda la ternura que podía brindarme. Estaba feliz. Y con él.
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VESTIDO DE ROSALIE: imageshack . us/a/img841/2558/vestidorosalie . jpg
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MANSIÓN "SWAN" POR FUERA: imageshack . us/a/img195/5264/mansindelosswan . jpg
SALA DE ESTAR PRIVADA DE LA MANSIÓN "SWAN": imageshack . us/a/img42/4836/mansionestranquilitytah . jpg
JARDÍN DE LA MANSIÓN "SWAN": imageshack . us/a/img194/1226/patiodelosswan . jpg
¡Hola! Un capítulo más para las ansiosas lectoras :) El próximo capítulo estará pronto así que no esperarán tanto. Un beso.
GRACIAS A TODAS POR SUS REVIEWS
