XXVI

"Ha estado a punto de matarse por este cacharro" – dijo de pronto Kate – "algo totalmente estúpido, porque es una antigualla que seguramente no vale para nada..."

"Oh, creo que tengo una idea de por qué lo ha cogido..." – dijo Cassiopeia dejándose caer en una silla. Kate, que permanecía de pie, la miraba expectante, igual que Arabella Figg, que no se había atrevido a moverse del quicio de la puerta.

"... los mensajes de los secuaces de Grindelwald posiblemente se cifren con una de esas máquinas..."

Kate la miró con asombro.

" ¿Teniendo la posibilidad de ... usar un método tan... tan... tan ...?"

"Poco esotérico, como diría Devon. Precisamente. Sería lo último que se nos ocurriría probar..." – Cassiopeia suspiró y se llevó una mano a la sien. "Estoy agotada. Me vendría bien una poción revigorizante, pero supongo que no tienes una de esas aquí.." – dijo dirigiéndose a Arabella, que negó con la cabeza.

Kate le puso delante la bandeja de las pastas.

"Come una."

"No, gracias, no me apetece mucho"

"Insisto. Necesitas azúcar."

Con poco entusiasmo, cogió una pasta y le dio un mordisco pequeño. Al cabo de un rato, sin mucha conversación, se habían comido casi toda la bandeja y Arabella corrió a la cocina para preparar más te y desmoldar un bizcocho que había hecho la tarde anterior.

"Tenías razón, me encuentro mejor..." – dijo Cassiopeia

"Seguramente tu poción revigorizante lleva una buena cantidad de azucar..."

Cassiopeia sonrió. "Pues ahora que lo dices, lleva un buen chorro de sirope de caramelo...Volviendo a lo que estábamos..." – se interrumpió un momento para beber un largo sorbo de te. "El Ministerio de Magia se ha hecho con unos discos para cifrar que posiblemente encajen en una de esas máquinas."

" ¿ Ministerio de Magia? "

Cassiopeia abrió la boca para contestar – "Déjalo, ahora no es importante" – le interrumpió Kate. – "El caso es que tenéis los discos y ahora aquí tienes una máquina. Basta con montarlos y ver si funciona..."

"Oh, no es tan sencillo. Para empezar, tenemos cuatro discos, no tres. Y, en segundo lugar, esta máquina tiene un alfabeto convencional, mientras que los discos están en runas."

Ya nada de aquello sorprendía demasiado a Kate. Empezaba a acostumbrarse a oír hablar de las cosas más peregrinas con total normalidad. Se levantó para mirar más de cerca la máquina.

"Podemos desmontarla y estudiar cómo alterarla para que entren cuatro discos."

" ¿Podemos?"

"Creo que yo podría. Con un buen juego de herramientas, claro. Pero primero necesitaría ver los discos."

"Posiblemente Marius los tenga."

"Pero está profundamente dormido, y no creo que debamos despertarle."

Cassiopeia valoró la situación durante unos momentos. "Puedo traerte ahora una copia de los discos" – dijo al fin.

"¿De veras? "

"Sí. Si me esperas aquí."

"De acuerdo."

Cassiopeia se levantó. Arabella Figg le tendió su capa y le abrió la puerta. Salió a la oscuridad. Esta vez, Kate no tuvo ninguna duda de que había oído claramente un ruido como "pop".

Instantes después, Masqueline entraba en el salón.

"Creo que me he cruzado con la señorita Black..." – le estaba diciendo a Arabella – "Espero que los muggles de la zona no se hayan sobresaltado con el ruido... Ah, señorita Jones, veo que sigue por aquí..."

"Buenas noches...¿ trae noticias?"

"Si. Desgraciadamente ha habido víctimas en Plymouth"

"Lo lamento."

"Si, gracias, en nombre de los nuestros, quiero decir. ¿Cómo se encuentra Black? "

" No ha hecho un solo ruido desde que se durmió. Seguramente ni se ha movido" – contestó Arabella. El kneazel se ha quedado en su cuarto."

"Interesantes criaturas, los kneazels. A veces parece que piensan más que los humanos. Bueno, es tarde, si me disculpan..."

Masqueline se volvió a cruzar con Cassiopeia en la puerta de la señora Figg. El "pop" ya empezaba a ser un sonido habitual.

"Estos son los discos" – Cassipeia, sin quitarse la capa, los colocó sobre la mesa – "Os rogaría que no hicierais comentarios a cerca de esto a nadie..."

"Trabajo para la Inteligencia británica. Estoy acostumbrada al secreto." – dijo Kate resueltamente.

"Yo soy una tumba. Además ¿qué mago confiaría en el testimonio de una squib?"

Kate tomó los discos. "Necesitaría herramientas ..."

"Solamente tengo un pequeño destornillador... " – dijo Arabella.

"Pues me temo que no servirá..."

"¿Dónde se pueden encontrar?"

"En ferreterías. Tendremos que esperar hasta mañana."

"No lo creo." – Cassiopeia introdujo la mano en un bolsillo interior de su capa y sacó su varita.

"¿Vas a hacer aparecer herramientas?" – Kate preguntó.

"Difícilmente. No se lo que son, así que no puedo transfigurar nada en ellas."

"Entonces ¿ Qué vas a hacer ? "

"Iremos a una de esas ferreterías a buscarlas"

"Están cerradas a esta hora."

Cassiopeia alzó la varita e hizo un gesto que, obviamente, significaba que eso no iba a ser un gran problema.

"No hay ninguna en Stoney. La gente del pueblo se acerca a Milton"

"Pues iremos a Milton. Kate, necesito que vengas conmigo" – añadió – "No sabría qué elegir." – a la vez, rebuscaba en otro de los bolsillos de su capa. "Aha. Sabía que lo había puesto por aquí." – dijo alzando la mano. Sostenía un diminuto colgante por las tiras de cuero que hacían las veces de cadena. Se lo tendió a Kate.

"Es una escoba"

"Exactamente. Sostenla en alto, por favor." – Apuntó con su varita – "Engorgio"

En la mano de Kate había ahora una escoba de tamaño normal.

"¿ Es una escoba voladora?"

"En efecto. Te aseguraré bien detrás de mi y te llevaré a Milton".

Hija de un mecánico de la RAF, había visto volar aviones desde que podía recordar, y siempre soñó con montar en uno. Pero aquello, aquello era mucho más de lo que nadie hubiera podido imaginar. Aunque Cassiopeia Black estaba muy centrada en lo que tenían que hacer, no pudo dejar de sorprenderse. Cualquier otro muggle hubiera gritado de pavor y se habría aferrado a ella por miedo a caerse. Sin embargo, la mujer que había conquistado el corazón de su hermano estaba disfrutando el vuelo como cualquier niño mago con su primera escoba.

Descendieron a las afueras de Milton Keynes. Cassiopeia redujo la escoba y la guardó en el bolsillo, y resueltamente encaminaron sus pasos a la calle principal. Kate señaló un letrero verde que decía "Johnson & son. Ironmongers' "

"Alohomora" – la puerta del establecimiento se abrió dócilmente.

"Habrá que encender la luz".

"Lumos"

"Estupendo"

Kate seleccionó una serie de objetos. Diez minutos después, volaban de regreso a Stony Stradtford.

"Por cierto" – dijo Kate desde la parte de atrás de la escoba – "no hemos pagado".

Cassiopeia se permitió una carcajada.