Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer, yo sólo sueño con ellos.
Hola mis niñas, no sabéis cuanto lamento no haber podido contestar vuestros rr, pero la salud no me está acompañando, un virus ha acampado en mi casa y nos tiene a casi todos en cuarentena (carita triste, febril y ojerosa) pero quiero que sapáis que me alegra mucho que os gustara aunque os dejé el capi en lo mejor (movimiento de ceja) espero al menos resarcirme con este capi, para mí es muy especial.
Valita, quiero agradecerte publicamente que ayer me prestases tus ojos para ayudarme a editar el capítulo,ya que realmente no estaba en condiciones, de no haber sido por ti no hubiese podido seguir fiel a mi calendario de actualización, y para mí es muy importante. Gracias mi niña.
Ahora sí, os dejo con el capi, os advierto, es bastante largo.
¡Disfrutadlo!
Secreto de una traición
Capítulo XXVI
Pov Bella.
No pude evitar abrazarme a mí misma y pedirle en silencio que volviera a nosotras mientras lo veía alejarse. Trataba de parecer fuerte, me decía a mí misma que sólo era un viaje de negocios. Sabía que tarde o temprano él tendría que regresar, pero aunque trataba de mentalizarme a diario, desde el mismísimo día que volví a aceptarlo en mi vida, afrontar la realidad era mucho más doloroso.
Limpié las lágrimas que seguían empapando mis mejillas y sintiendo como el aire salía de mis pulmones entrecortadamente, ya que sentía un dolor implacable, me volví y entré definitivamente en la casa, cuando lo perdí de vista.
Por unos minutos me quedé apoyada en la puerta. Desde allí podía ver perfectamente la cocina y el salón, e inmediatamente la imagen de nosotros, riendo, jugando, me asaltó. De nuevo las lágrimas aparecieron en mis ojos al enfocar el sofá donde unas horas antes estuvimos abrazados, aún el ambiente seguía impregnado con su olor. Apreté con fuerza mis labios intentando evitar que el vacío que estaba sintiendo se reflejara en mi cara. Volverá, él volverá, me repetí varias veces tratando de convencerme a mí misma.
Tomando de nuevo una respiración profunda caminé, arrastrando tanto mi cuerpo, como el dolor que lo embargaba, hasta llegar a mi habitación.
La lluvia no tardó en aparecer, como si el cielo también llorase su marcha. En el tejado podían oírse las gotas de agua comenzar a impactar furiosamente sobre las tejas. Una vez más me abracé a mí misma al sentir como mi corazón se contraía mientras un vacío inmenso se iba apoderando de él, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo haciéndome estremecer.
Anduve hasta la habitación de mi niña y por unos minutos me quedé allí, observándola.
No pude evitar que una vez más mis ojos se humedecieran al verla, era tan parecida a él.
De pronto se removió, el sonido de un trueno la asustó y de su pecho brotó un suspiro entrecortado. Ella lo iba a echar mucho de menos, estaba completamente segura de que Sarah lo extrañaría mucho y no pude evitar cerrar los ojos y rezar para que él cumpliese su palabra de volver, jamás podría perdonarme a mí misma si él volviese a dejarnos provocando que mi pequeña sufriera.
Otro trueno sonó muy cerca lo que una vez más me estremeció, pero me alegré, ya que eso me daba la excusa perfecta para llevar a mi pequeña a mi cama.
Somnolienta, Sarah me miró y una mueca de tristeza se dibujó en su carita - Tranquila mi amor, mamá te protegerá - le susurré acunándola mientras caminaba hacia la cama.
Pero aunque esto siempre había servido para relajarme y tranquilizarme, era el calor de otros brazos el que añoraba. Aparté un mechón de ese precioso cabello cobrizo de los ojos de mi pequeña y mientras la abrazaba sobre mi pecho, la observé mientras dormía.
- Lo siento bebé, siento que tengas que pasar por esto, mi vida, pero él volverá, él te ama, al menos por ti volverá -susurré apretándola más contra mi pecho. Confiaba que al menos, el amor que sentía por su hija, lo hiciera regresar.
A la mañana siguiente una cálida caricia me despertó, pero el último pensamiento que había tenido antes de dejarme vencer al fin por Morfeo, me hizo recordar la realidad.
- Mami… mami… quelo el bibi - me pidió mi pequeña mientras me acariciaba tratando de despertarme.
- Hola mi amor - la saludé ofreciéndole mi mejor sonrisa, aunque estaba segura que tenía un aspecto deplorable.
- Mami...- de pronto vi que su rostro se entristecía - ¿Ya vene papi? - me preguntó llevando sus manos a mi cara para que la mirase.
- Pronto mi amor, él ha tendido que ir a su trabajo, pero pronto regresará.
- ¿Papi no quele, papi no quele a Chada? - preguntó con temor.
- Claro que te quiere mi vida, él está muy triste por no poder estar con nosotras - traté de explicarle, pero cómo hacerlo a una niña tan pequeña, ella sólo entendía si estaba o no estaba-. Qué te parece si vamos a por nuestros trajes; tenemos que prepararlo todo, pronto nos casaremos -le susurré con alegría atrayéndola hacia mí para comenzar a hacerle pedorretas en su barriguita. De pronto la burbujeante risa de mi pequeña me dio el ánimo suficiente para enfrentar ese primer día sin él.
Con Alice fuimos a Port Ángeles en busca de mi vestido de novia. Y aunque de nuevo sentí como el hueco en mi pecho se hacía mayor al contarle que Edward se tuvo que marchar de improviso, traté de mostrar entusiasmo, sobretodo por mi pequeña.
Y por un momento casi me olvidé de que él estaba lejos mientras corría por toda la tienda tratando de quitarle el vestido de damita a mi preciosa hija, que parecía verdaderamente una princesita con él. Edward se emocionaría al verla, estaba completamente segura, aunque mi confianza en él no estaba al cien por cien, no podía negar que amase a su hija.
Verdaderamente fui feliz cada vez que los veía juntos. Ver como él la miraba, había tanto amor y tanto orgullo en sus ojos que me desalmaba. Si, definitivamente Edward amaba a su hija, él no nos abandonaría de nuevo, traté de animarme una vez más.
- Oh Bella, ese vestido es precioso - susurró Alice mientras me miraba emocionada.
- Si, es hermoso, muy hermoso - contesté mirándome en el espejo enfundada en un precioso vestido de novia. Su corte se ajustaba completamente a mi figura, resaltando cada curva y dejando casi al descubierto la totalidad de mi espalda hasta llegar al punto exacto donde dejaba de serlo, con un hermoso encaje dibujando en ella.
- Es perfecto Bella, elige ese vestido - me pidió Alice dando saltitos de emoción.
Una vez más miré hacia el espejo. Por un momento imaginé como reaccionaría él al verme llegar al altar así, e inmediatamente la realidad me golpeó. Él no estaba aquí, ¿y si no volvía? ¿y si de nuevo el destino se empeñaba en separarnos? Una vez más volví a fijar los ojos en la imagen que tenia en frente y de pronto me vi sola, bajo un hermoso arco de flores donde se suponía que me casaría con él, pero al llegar él no estaba. Cerré los ojos al sentir una nueva punzada en el corazón. ¿Y si no llegaba? ¿y si me veía sola allí?
Inmediatamente me bajé de la tarima sobre la que estaba situada y con prisas me quité el vestido.
- Bella, Bella….¿qué ocurre? - me preguntó Alice preocupada al verme.
- No puedo hacerlo, no puedo comprarme el vestido Alice, ¿y si no vuelve?, no podría soportarlo.
- Bella…- su voz salió en un susurro entristecido. Di gracias a Dios porque mi pequeña se había quedado dormida en su sillita.
- No puedo Alice, tengo miedo, mucho miedo - le confesé y ella no tardó en llegar a mí para abrazarme.
-Tranquila Bella, él volverá, te aseguro que volverá, Edward te ama con locura - me susurró tomando mi rostro entre sus manos para que la mirase - volverá Bella, no dudes que lo hará.
Cerré de nuevo los ojos con fuerzas y asentí, intentando convencerme a mí misma de que así sería.
Sobre la una paramos para comer algo. Aproveché que Alice estaba pendiente de mi pequeña para entrar en el baño. Y justo me estaba terminando de lavar las manos cuando mi móvil sonó.
Al cogerlo vi que era una llamada de Edward e inmediatamente mi corazón se desbocó bajo mi pecho.
Con voz temblorosa recibí la llamada, aunque sólo sirvió para confirmar mi sospecha. Las cosas se habían complicado allí y él no volvería en unos días como había prometido.
Aunque al principio me entristecí, oír su voz totalmente rota me desarmó; él lo estaba pasando igual o peor que yo, por eso traté de animarle. De hecho le conté lo mucho que nos había costado sacarle el vestido a Sarah cuando me preguntó. Y aunque el motivo por el cuál no me había comprado aquel vestido era el temor a ser abandonada en el altar, intenté disimularlo, es más, le regañé por no haberme mandado ya las fotos de su apartamento.
Fue desgarrador oír como él trataba de disculparse, sentir como él sufría al estar lejos y mis ojos de nuevo se aguaron cuando le escuché decir que nos extrañaba y que me amaba.
Sí, claro que me amaba, no podía dejar que esta leve separación nos hiciera sufrir más de lo necesario. Obviamente nos dolía estar separados, pero pronto nos casaríamos, y ya no tendría ese temor.
A pesar de que no tuve el valor de comprarme aún el traje de novia, por mi pequeña y por Edward continué con los preparativos de la boda, aunque eso no impedía que un miedo atroz ensombreciese completamente mi corazón.
Durante el día intentaba mantenerme ocupada, cuando no trabajaba, ya que me ofrecí a estar en el restaurante hasta que la nueva camarera que me suplantaría se adaptara, me la pasaba guardando en cajas y maletas todo lo que me iba a llevar a Atlanta cuando nos casásemos.
Ya había hablado con la directora de la guardería de Sarah avisándole que en unas semanas, Sarah ya no seguiría allí. Y aunque se alegró por la noticia del matrimonio, no pudo evitar emocionarse al saber que dejaría de ver a mi pequeña, lo que me hizo también emocionarme a mí al ver lo mucho que la querían.
Jacob y Leah pasaban a diario a visitarnos, al principio Jake se mostró un tanto preocupado, aunque yo le aseguré que estaba todo bien, que entre Edward y yo no pasaba nada y que todos los planes seguían adelante. Eso sí, tuve que pelear con él cuando insistió en llamar personalmente a Edward para advertirle que no se le ocurriera faltar a su palabra una vez más o él mismo se encargaría de acabar con él.
Tenía que agradecerles a ellos que mi pequeña no sufriera tanto la ausencia de su papá; Jacob se desvivía por entretenerla, por jugar con ella; se la llevaba al parque, a la playa, incluso le dejaba poner la sirena y las luces del coche patrulla con tal de distraerla, aunque, cuando las dos nos quedábamos solas en casa, el rostro de mi pequeña se ensombrecía y de nuevo comenzaba a preguntar por su papá.
Cuando se lastimaba, cuando la regañaba por algo que hacia mal, o cuando estaba cansada, su llanto siempre le hacía preguntar por él. Y a mí me partía el alma.
Recordar la primera vez que hablaron por teléfono y a pesar de que yo le decía lo que debía preguntarle, ella solo quería saber si la quería, me destrozaba. Ella no merecía eso y aunque tanto Edward como yo intentábamos hacer la separación lo menos dolorosa posible para ella, no podía evitar derrumbarme cada noche en la soledad de mi cuarto.
Era ahí donde los fantasmas del pasado hacían acto de presencia, donde mis miedos y mis inseguridades ante él salían a flote, y aunque me decía a mí misma que Edward me amaba, que no volvería a abandonarme, no podía evitar que el corazón se me encogiese angustiosamente.
Lo añoraba demasiado, lo extrañaba demasiado, lo necesitaba demasiado; y la cama se sentía tan fría sin él, tan grande sin él, que me abrazaba a mí misma intentando mitigar el dolor y la rabia por lo injusta que era mi vida, por lo frustrante que era que una y otra vez el destino se empeñase en separarnos. ¿No habíamos sufrido demasiado ya? ¿Todos estos años de soledad y amargura no habían sido suficientes? ¿Cuándo podría ser verdaderamente feliz con él? ¿Cuándo podría sentime completamente segura con él?
¡Dios! Lo amaba tanto que dolía, y por eso me odiaba a mí misma. ¿Por qué, a pesar del todo el daño que me había hecho, mi corazón sólo latía por él? ¿Por qué era incapaz de sacarlo de mi cabeza, de mi corazón?
Si al menos lo pudiese odiar, si pudiera despreciarlo por como me trató; pero en cambio, lo amaba, lo amaba como no amaba a nadie en la vida; amaba su voz, amaba su forma de moverse, su sonrisa, la intensidad con la que me miraba, su forma de fruncir el ceño, como las aletas de su nariz se abrían cuando se alteraba o como se tensaba su mandíbula; amaba como me susurraba cosas al oído, mi piel se estremecía con solo sentir su presencia; amaba sus caricias, amaba su delicadeza al tocarme al mismo tiempo que amaba la manera pasional de poseerme, amaba su ojos, su cabello, su cuerpo, lo amaba todo de él, todo.. Era insoportable la manera en que lo amaba, era dolorosa la manera en que lo amaba… y yo sólo podía llorar su ausencia en la soledad de mi habitación, rogando a Dios cada noche porque me lo trajese de vuelta.
Los días se seguían sucediendo y el único momento que anhelaba a diario eran esos en los que hablábamos por teléfono. Aunque ahí también podía comprobar el estado de Edward, sabía que lo estaba pasando mal, que no sólo nos extrañaba, sino que, cada día que pasaba, se culpaba por no estar cumpliendo su palabra de volver.
Pero a pesar de todos mis miedos había algo que me motivaba para seguir pensando que todo merecía la pena. El me prometió que estaría para la cena de Acción de Gracias, esta era la primera vez que iba a celebrar ese día en familia desde que murió mi mamá y saber que al menos lo vería ahí, que él estaría ahí, me daba fuerzas par continuar con todo…
Hablar con mi padre también me daba cierta tranquilidad aunque me dolía saber lo mal que lo estaba pasando Edward, pero al menos me decía que él estaba trabajando duro para volver cuanto antes, que de verdad estaba ansioso porque llegara ese día y que él mismo se sentía feliz porque sería la primera vez que celebraría ese día con sus dos hijos y con su pequeño tesoro.
A dos días de mi esperado día de Acción de Gracias, me desperté con cierto malestar en el estomago. Los nervios acumulados en la última semana me estaba pasando factura y la ansiedad por saber que en dos días, al menos, volvería a sentir el calor de sus brazos rodeándome, no ayudaban en lo absoluto.
Inesperadamente una arcada me sobrevino y eso me obligó a salir de la cama para correr al baño. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan mal, por varios minutos estuve inclinada en el váter vaciando por completo el contenido de mi estomago, hasta que finalmente y con el cuerpo totalmente flácido me dejé caer en el suelo hasta lograr recuperarme.
Cuando conseguí las fuerzas necesarias me levanté y me eché agua por toda la cara, unas grandes ojeras se dibujaban bajo mis ojos, tenía desde luego una imagen nefasta. Me enjuagué la boca cepillándome con ahínco y me puse algo de maquillaje para disimular el estado deplorable que tenía mi rostro. No quería que mi pequeña me viese así.
Ya totalmente recuperada sonreí mirándome en el espejo - ¡Sólo quedan dos días! - no pude evitar gritar con entusiasmo. Dejando de lado mis nervios por lo pasado, hoy me sentía francamente contenta.
Salí en busca de mi pequeña a la que llené de besos mientras ella, risueña, me los devolvía…
-¡Sólo quedan dos días Sarah! ¡Papá estará aquí en dos días! - le gritaba con alegría mientras la tomaba en brazos y comenzaba a dar vueltas con ella.
- ¡Chiiii Chiiii, papi vene papi vene !- gritaba ella a la vez con esa burbujeante risa.
- Vamos preciosa, vamos a vestirte, hoy iremos con tía Alice a comprar todas las cosas para la cena de Acción de Gracias - dije entre risas mientras comenzaba a cambiarla.
Después de un divertido desayuno fuimos al restaurante para encontrarnos con Alice.
- A mí no me engañas, ¿has pasado mala noche? - fue su saludo nada más sentarme en unos de los taburetes frente a la barra mientras Sarah no dejaba de mirar el expositor de tartas - Por más que te maquilles no puedes disimular tus ojeras.
Yo hice una mueca pero después sonreí - No pasaré buenas noches hasta que de nuevo lo tenga a él al lado y lo sabes - le contesté, ella me sonrió - de todas formas supongo que estoy demasiado ansiosa, y tuve algo revuelto el estomago en la mañana, quizás sea eso.
- Bella, por favor, no te nos vayas a enfermar ahora, te perderías la celebración - dijo con un gesto exagerado.
- Eso ni en bromas Alice. ¡Tengo tantas ganas de verlo!- exclamé sumamente emocionada.
- Lo sé amiga, sólo hay que ver tus ojos para saber que tu ánimo está hoy por las nubes.
- Exacto, así que… saca tu trasero de la barra y vayamos a por todo lo que haga falta para la cena - le sugerí - Además necesito pasarme por la tienda de lencería - añadí con una sonrisa picarona-, pienso aprovechar el tiempo que esté con mi hombre.
- Wow, Bella, quién te ha visto y quién te ve - dijo riendo mientras tomaba su bolso-. Pero mira que estás preciosa, renacuaja - saludó a mi pequeña que seguía sin apartar los ojos de las tartas.
- Ali, quelo tadta, eta , a papi usta- dijo de pronto mi pequeña y por un momento mi corazón se encogió. Cuánto lo estaba echando de menos. Contaba los minutos que faltaba para que de nuevo Edward estuviese con nosotras. Me moría por verlos juntos de nuevo.
- Por supuesto preciosa, llevaremos una tarta como esta para tu papá - le contestó ella.
El resto de la mañana la pasamos en el centro comercial. Habíamos pasado a primera hora por el supermercado y allí encargamos todo lo que íbamos a necesitar para la cena, después paramos para almorzar algo suave y mientras mi pequeña se echaba su siesta aprovechamos para ir al departamento de lencería.
-¡Oh Bella, mira este!, creo que Jasper enloquecerá cuando me vea con él - me dijo mostrándome un fino camisón color violeta demasiado cortito, tanto, que sólo llegaba hasta la mitad del trasero dejando ver unas sexys braguitas del mismo color.
-De eso no me cabe duda, Alice - le contesté sonriente mientras me decidía entre un camisón negro de encaje, que dejaba muy poco a la imaginación y no más largo que el que tenía Alice en sus manos, o un pijamita de seda de culote y la parte superior con un sugerente escote en uve que haría muy apetecible mis pechos, de color azul.
- Yo me decantaría por el negro Bella - me susurró Alice de pronto sobresaltándome. Inmediatamente enrojecí y ella no pudo evitar una carcajada mientras negaba con la cabeza - Créeme Bella, Edward se volverá loco cuando te vea con eso puesto. Será un buen regalo de bienvenida - dijo moviendo las cejas sugerentemente lo que provocó que mis mejillas enrojecieran más si es que eso era posible.
- Calla Alice, me vergüenzas - le susurré mortificada.
- ¡Anda, no seas tonta!, ya va siendo hora que demuestres la mujer que eres, Bella. Seduce a tu hombre, hazle sentir el placer de ser completamente seducido por la mujer a la que ama.
-Alice…- pronuncié su nombre en tono de advertencia.
- Apuesto lo que sea que el único hombre con el que has estado es Edward, ¿me equivoco? - yo negué con la cabeza sin llegar a mirarla, realmente me sentía avergonzada hablando de estas cosas - Y apuesto que él siempre ha llevado el control de todo, ¿me equivoco? - Yo volví a negar. Aunque el recuerdo de cómo él me tomaba, como me hacía el amor, o como…¿por qué solo podía pronunciar esa palabra cuándo estaba con él? Me reproché.
- Cuando él me toca Alice -decidí abrirme aunque me moría de la vergüenza, pero al fin ella era mi amiga, y sabía que ella podría ayudarme-, yo me convierto en una marioneta en sus manos, me desinhibo completamente dejándome hacer, recibiendo y aprendiendo todo lo que él pretende enseñarme, pero… aunque a veces pienso en seducirlo, la vergüenza se apodera de mí Alice, me siento tan ridícula, él es tan poderoso, tiene tanta seguridad en cada gesto, en cada caricia que me da, que me veo ridícula pensando en ser yo la que lo lleve a ese estado.
- Eso es bueno Bella, es bueno saber que tu hombre es capaz de hacerte sentir así, al menos a mi me gusta, me gusta que sea Jasper el que lleve el control, aunque, eso no quita que yo lo induzca a él. No te imaginas lo que disfrutarás sabiendo que tienes ese poder sobre él Bella, y te aseguro que él lo disfrutará más. Se valiente, y ponte este para él, hazle saber que quieres que te ame, cuando tu lo decidas, no sólo cuando él lo decida, disfruta de ver como te devora, de ver como se impacienta por tocarte, de ver como se excita solo viéndote.
Yo me mordí el labio, había pensando muchas veces en esa situación, aunque luego nunca me atreviese, pero lo extrañaba tanto y lo necesitaba tanto, que quería que esa noche fuera especial- Está bien, me lo llevaré - dije mordiendo mi labio y subiendo las cejas.
- Y este lo estrenarás en tu luna de miel - dijo con los ojos brillantes. Yo volví a mirar el camisón y no pude evitar una triste sonrisa-. Ey, que ocurre, Bella, por qué esa cara - me preguntó de pronto.
- No creo que podamos tener una luna de miel como todas las parejas Alice, además, quizás…- me volví a morder el labio esta vez intentando disimular el nudo que se había formado en mi garganta.
- Bella, ¿qué pasa ? - susurró apretando mi brazo instándome a que me desahogase.
- Llevo dándole vueltas hace un par de días Alice, el…el asunto en la empresa parece grave, estoy segura que Edward tendrá que volver enseguida y… yo… he pensando en decirle en la cena que...
-Bella…¿qué tratas de decirme? - su voz sonó preocupada.
- Voy a pedirle a Edward que aplacemos la boda - solté al fin, cerrando los ojos para ni siquiera ver su cara de decepción.
- Aplazarla, pero...¿por qué?
- Piénsalo Alice, queda apenas una semana, es todo un caos, aunque ya sé que lo tienes todo controlado aquí, pero..pero…piensa en él Alice, estará bajo mucha más presión, y si las cosas se tuercen, y si el venir a la boda le obliga a elegir- dije desesperada sintiendo como mis ojos se humedecían.
- Bella…
- No Alice, no …tengo un presentimiento, no hago más que soñar que llego al altar y él no está ahí, no puedo hacerlo Alice, no puedo - dije ya rompiendo en un sollozo - no es que no vaya a casarme, sabes que es lo que más quiero en estos momentos, pero no es el más apropiado. Si hemos esperado tantos años, que mal nos hará esperar un mes más quizás dos meses más- le pregunté tratando de tranquilizarme.
- Pero… y si él no puede venir en ese tiempo Bella, otra vez os separaréis, Edward se desesperará. Tú misma enloquecerás por no tenerlo aquí y Sarah, ¿has pensado en ella, Bella? Sarah necesita a su padre - me reprochó.
- Ya lo sé Alice, ya lo sé - le contesté casi furiosa, ¿a caso pensaba que era una egoísta? - Por eso he pensando en irme con él…
-¡Cómo!- exclamó sorprendida.
- Si Alice, lo he estado pensando, yo lo quiero, lo necesito, necesito estar con él, y mi pequeña lo extraña tanto. Además no quiero a un novio totalmente estresado por llegar a escasas horas de nuestra boda - dije tratando de relajar el ambiente de la conversación.
- Eso sí, entre tú con tus miedos y él con sus preocupaciones seréis los novios más estresados del planeta - yo reí ante su comentario y la abracé.
- Gracias Alice, sabía que lo entenderías.
- Pero eso no quita de que te vaya a echar de menos, al menos contaba con tenerte una semana más - dijo fingiendo un puchero.
- Ainss Alice, yo también te voy a extrañar, mucho además - le contesté abrazándola con fuerza.
- Anda vamos, será mejor que paguemos esto, ¿y cuándo pretendes decírselo, durante o después de la cena? - indagó y yo, picarona, señalé el baby-doll haciéndole entender que pasaría antes…Ella se carcajeó-. Definitivamente lo vas a enloquecer, aunque se entristezca por lo de la boda, saber que se va con sus dos chicas lo hará sentir el hombre más feliz.
- Eso espero - contesté con una sonrisa.
Justo cuando llegamos al restaurante el móvil comenzó a sonarme. Tardé un poco en cogerlo porque iba cargada con bolsas pero al hacerlo, mi sonrisa se ensanchó. Era él, inmediatamente mi corazón dio un vuelco. Seguro me iba a decir en que vuelo llegaría lo que provocó que miles de ansiosas mariposas revoloteasen en mi estomago.
- Alice, cuida de Sarah, voy a tomar la llamada en tu despacho.
- Claro, ve tranquila - me contestó y ansiosa descolgué mientras llegaba al despacho que tenía en la trastienda y cerraba la puerta para tener más intimidad. Estaba tan contenta que no quería que todos me vieran la cara de tonta que seguro tenía.
- ¡Hola, mi amor! - contesté entusiasmada - no sabes las ganas que tenia de oírte - le dije con voz soñadora mientras apartaba las cortinas de la única ventana que había allí y contemplaba la belleza del bosque.
- Hola, pequeña ¿cómo están allá? - me preguntó y no pude evitar fruncir el ceño ante ese saludo, lo notaba apocado. Inmediatamente mi estado de alerta se activó mandando muy lejos el entusiasmo que tenía hasta el momento.
- Bien, extrañándote como siempre. ¿Edward, pasa algo? - pregunté con temor. Mi corazón comenzó a latir alarmantemente bajo mi pecho, más cuando el silencio al otro lado de la línea se hizo más duradero - Edward, ¿qué pasa?, me estás asustando - conseguí decir volteándome un poco ansiosa.
- Bella…- Un escalofrío me recorrió al oír la tristeza con la que me nombró-, cariño, lo …lo siento mucho, pero…
-No…- fue lo único que pude decir apenas con un hilo de voz, el nudo que se me estaba formando en la garganta me impedía decir nada.
- Bella, yo… no sabes cuánto lo lamento, yo…
- No vendrás - terminé por él la frase sintiendo como de pronto parecía que mi corazón ardía, ardía tanto que me costaba respirar, el nudo se hizo más grande, mi mano tembló mientras la llevaba a mi frente y apreté los labios tratando de impedir que estos comenzaran a temblar también, mientras sentía como mis ojos comenzaban a humedecerse.
No, no podía ser cierto, no podía estar diciéndome que no iba a estar aquí, me lo prometió, nos lo prometió a las dos, no… ¡no podía! Gritaba en mi mente mientras una neblina cubría mis ojos. Una vez más me volteé hacia la ventana pero ahora apenas eran unos borrones verdes lo que veía.
- Bella, mi amor, lo siento - oí de pronto; por un instante hasta me había olvidado que él seguía ahí, y sentí como mi cuerpo temblaba al escuchar su confirmación. Volvía a suceder, una vez más el destino impedía que estuviésemos juntos, esto era una señal, ¡era una maldita señal!
- Edward yo… creo que será mejor que aplacemos la boda - dije con apenas un hilo de voz cuando conseguí encajar la noticia.
-¡Qué! - me gritó sobresaltándome en el acto. Tenía que hacerlo, no podía seguir con esta locura, esto era una señal, él no llegaría , no lo haría. Una voz en mi cabeza no dejaba de decirme eso una y otra vez.
- Sólo digo que ni siquiera sabes si vas a estar aquí, Edward, yo… no quiero presionarte, para nada quiero hacerlo, mi amor, pero entiéndeme- él tenía que entender, tenía que hacerlo me dije a mi misma intentando animarme-, me siento mal, no tengo ánimos para comprar nada, para arreglar nada. Edward, ya van a ser casi dos semanas, ni siquiera puedes venir, como dijiste, a pasar Acción de Gracias con nosotras… yo….yo….- mi voz tembló, estaba a punto de derrumbarme ante él y no quería, no quería que me oyese así, pero el dolor en mi pecho cada vez era más aplastante y las lágrimas ya corrían por mi mejilla…
- Bella, por favor….- su voz era tan suplicante que tuve que cerrar los ojos y respirar profundamente intentando tranquilizarme. Pero no era yo la que fallaba una y otra vez, no era yo la que incumplía sus promesas, sabía que sucedería, lo sabía. De nuevo las voces aparecieron provocando que pasara de un estado de suma tristeza al de indignación. ¿Es que aún pretendía seguir adelante con esa locura?
- No puedes pedirme que te espere en el altar, Edward, no puedes pedirme eso- mi voz salió entrecortada, sollozante, me odié por ser tan débil pero tenía que hacerle entender, tenía que hacerlo…-. Puedo esperarte todo el tiempo que sea necesario, pero no soportaría seguir adelante con esta boda y que, por algún motivo que se escape de tus manos, no llegues…
- Bella, no… no me digas eso - me suplicó interrumpiéndome.
¡Qué no le dijese!, ¡qué esperaba de mí!, ¿acaso me culpaba?, ¿pretendía hacerme sentir la culpable? No era yo la que se iba prometiendo en volver, no era yo, siempre fue él . Soy una mujer de carne y hueso ¡joder!, lo necesitaba, lo necesité todos aquellos años en los que ni siquiera se acordó de mí.
Esas voces, esas malditas voces. Cerré los ojos con fuerza y respiré profundamente varias veces para tratar de tranquilizarme. Abrí de nuevo los ojos y enfoqué la inmensidad verde que había frente a mí.
- Es lo mejor, Edward, apenas queda una semana, ¿de verdad podrías asegurar que estarás aquí? - no pude evitar reprocharle, me sentía cansada. Había amanecido tan feliz, contaba los minutos y los segundos que faltaban para volver a vernos. Y ahora… ahora tendría que desilusionar a mi pequeña también. Me lamenté interiormente por haber bajado la guardia tan pronto.
- Está bien, si es eso lo que quieres, olvidemos la boda - La voz fría de Edward me sorprendió cortando en el acto el hilo de mis pensamientos. ¡Qué olvidemos la boda! ¿Estaba terminando conmigo? Pero la contestación me vino en forma de pitidos entrecortados, había cortado la llamada, me había dejado completamente. Edward había roto conmigo.
Por unos minutos me quedé allí, impactada, mirando el móvil pero sin llegar a verlo.
Ni siquiera me di cuenta que estaba sonando hasta que sentí su vibración en mi mano. Cuando lo enfoqué comenzaba a sonar de nuevo. Miré la pantalla y vi que era él, pero no podía reaccionar, solo corté la llamada cuando todo comenzó a darme vueltas…
Mi cuerpo comenzó a temblar, no, no podía ser, él no podía haber hecho eso. Dejé el móvil con manos temblorosas sobre la mesa de Alice y usé la puerta trasera para salir de allí.
Necesitaba aire, necesitaba respirar…
Caminé mientras sentía como algo se rompía en mi interior, salí al patio trasero del restaurante y me adentré en el bosque alejándome lo más que pude de allí.
Mientras caminaba oía una y otra vez su voz, esa fría y dura voz " Está bien, si es eso lo que quieres, olvidemos la boda" Yo no quería eso, yo no le dije eso, qué…
De mis ojos comenzaron a brotar lágrimas involuntariamente, mi cuerpo se estremeció por un frío gélido, la lluvia me estaba empapando y aún así seguí caminando ensimismada, no sabía porqué seguía andando sólo podía sentir un dolor inmenso en mi pecho.
Apresuré mi paso, parecía que estuviese huyendo del propio dolor, pero era inútil, éste cada vez era mayor. Corrí, corrí bajo la lluvia, golpeándome con las ramas, sintiendo como el aire helado entraba en mis pulmones haciendo el dolor más intenso aún, hasta que no pude mas y caí.
-¿POR QUÉEEEEEEE?- grité mientras me deshacía en lágrimas y me abrazaba a mí misma intentando mitigar ese dolor tan insoportable -¿Por qué? ¿Por qué? -repetía una y otra vez. Qué había hecho yo para merecer tanto dolor, ¿es que no se iba a acabar nunca? ¿Por qué ponerlo de nuevo en mi vida para una vez más arrebatármelo? ¿Por qué? ¿Por qué?
- ¡Bella! ¡Bella. ¿Dónde estás? - oí que gritaban a lo lejos.- Bella, Bella…
Yo no podía contestar, estaba temblando, estaba muriendo de dolor, ¿qué iba a hacer ahora? ¿Cómo iba a sobrevivir sin él? Me había dejado. No me amaba tanto como me decía, ¿y si no había tales problemas? ¿Y si estando allí se dio cuenta que no merecíamos la pena?
Que idiota había sido, no debí escucharlo , no debí dejar que de nuevo entrara en mi vida. ¿Qué había hecho? ¿Qué había hecho?
- ¡Bella, Bella!…¡Oh Dios mío, estás ahí! - escuché decir cerca de mí - Bella, por Dios, ¿qué ha pasado? estás empapada - la voz de Alice llegó a mí con más fuerza mientras sentía como me rodeaba con sus brazos.
- Me ha dejado… él …él….me ha dejado - conseguí balbucear aun cuando el llanto me estaba ahogando..
- ¡Cómo! No puede ser Bella, Edward te ama , no puede ser, dime que no puede ser…
- Qué voy…a hacer …ahora , qué voy… a decirle a mi.. niña - seguía diciendo mientras el cúmulo de saliva impedía que pronunciase correctamente y el llanto me hiciera temblar convulsivamente.
- Vamos Bella, ¡levántate! tienes que levantarte, vas a coger una pulmonía - oí que me decía Alice y trataba de levantarme.
De pronto todo comenzó a darme vueltas, mi estómago se revolvió y apartando a Alice de un empujó me apoyé de uno de los árboles donde de nuevo comencé a vaciar mi estómago.
- Bella, por Dios, ¿qué te está pasando? - preguntó llegando hasta mí y sujetando mi cabello.
- No podré soportarlo Alice, esta vez no podré - susurré mientras de nuevo me deshacía en lágrimas y me arrodillaba seguida de ella que me abrazó con fuerzas.
- Todo tiene que tener una explicación Bella, ¿qué pasó? ¿por qué discutieron?
- Llamó para decir que no vendría.
- Oh…- musitó entristecida - lo siento Bella, lo siento mucho - dijo abrazándome más fuerte.
- No debí ilusionarme tanto, siempre ha pasado igual con él, sabía que no podía confiar, el destino no nos quiere juntos Alice, esa es la realidad..- Mis lágrimas se confundía con la lluvia.
- No digas eso Bella, vosotros os amáis.
- Ya no estoy tan segura - contesté recordándolo: "Está bien, si es eso lo que quieres, olvidemos la boda" - Sólo le dije que sería mejor aplazar la boda, sólo aplazarla pero él decidió que lo mejor era olvidarnos de ella… No nos quiere Alice, eso es lo que pasa, seguro conoció a alguien allí, seguro se dio cuenta que yo soy poca cosa para él, que nosotras somos poca cosa para él -le dije sintiendo como mi corazón se partía en mil pedazos.
- Tú te estás oyendo Bella, de verdad te estás oyendo, sabes que ese hombre está completamente enamorado de ti, y que ama a su hija con locura. Debió ser muy duro para él tener que matar tus ilusiones Bella, vuestras ilusiones, y seguro ni te dejó decir que tú intención era ir para allá.
- Ahora me alegro de no haberlo hecho - dije entre sollozos casi agradeciendo no ser tan patética.
- Bella, Edward es muy impulsivo, seguro su estado emocional era incluso peor que el tuyo. Piénsalo Bella, tú estás aquí, estás con vuestra hija, él en cambio está solo, luchando contra, a saber Dios que cosa, y extrañándote a ti y a su hija… Ni siquiera puede cumplir con su palabra. Créeme Bella, él no quiso decirte eso, estoy segura que ahora mismo está arrepintiéndose.
- No Alice, ya estoy cansada, ¿es qué no lo ves?, es nuestro destino, ya no puedo más…ya no puedo…. -dije levantándome y comenzando a caminar mientras me abrazaba a mí misma tratando inútilmente de limpiar las lágrimas que fluían sin restricción alguna.
- Bella, ¿lo vas a tirar todo por la borda? - me reprochó con dureza mientras me seguía-. Sabes que él está sufriendo como tú, no puedes dejarte llevar por los fantasmas del pasado, él te ha demostrado que tú eres la mujer que quiere, ¡por el amor de Dios, Bella! ese hombre no ha parado durante dos años hasta encontrarte, y cuando lo hace, lucha contra ti misma para que lo vuelvas a aceptar, no tiene sentido que te deje ahora, sólo ha sido un arrebato, tienes que tratar de entenderlo.
-No..no…No…ya no quiero seguir luchando, ya no - dije apretando el paso hasta llegar finalmente al despacho de Alice.
- No puedo creer que dejes las cosas así Bella, te creí más luchadora, está claro que me equivoqué contigo..
- ¿Qué quieres de mí Alice?, ¿qué quieres que haga? - Le grité enfurecida cuando de pronto el móvil comenzó a sonar.
- Ahí lo tienes amiga, ahí tienes a tu hombre - Mi corazón comenzó a latir desenfrenado bajo mi pecho. Llevé una de mis manos hasta mi frente y comencé a masajeármela mientras andaba de un lado a otro sin dejar de mirar el móvil que no dejaba de sonar, hasta lo que supuse, saltaba el buzón de voz.
- ¿No piensas cogerlo?
Dejé de mirar el móvil para enfocar a mi amiga que me miraba con reproche, lo que me estaba desarmando.
- No tengo ánimos para hablar con él ahora Alice, no quiero hablar con él ahora-susurré derrotada. Ella me miró entristecida pero asintió y acortó la distancia para abrazarse a mí de nuevo.
- Todo se arreglará ya verás.
- ¿Dónde está Sarah? - pregunté sintiendo como de nuevo mis ojos se humedecían y mi estómago se contraía.
- Está con Jasper, tranquila. Ve a casa, date un baño de agua caliente y tómate tu tiempo para pensar. No querrás que Sarah te vea así, ¿no? Yo cuidaré de ella, te la llevaré luego.
Una vez más el móvil comenzó a sonar y una vez más estuvo sonando hasta que el buzón de voz saltó. Nuevas lágrimas surcaron mi rostro, tomé el móvil. Tenía como diez llamadas perdidas y todas de él. Pero no tenía fuerzas, mi cuerpo se estremecía de frío, estaba empapada y mi estómago no dejaba de dolerme. Sólo quería llegar a casa, llegar a casa y….Y qué...
Metí el móvil en el bolso y mirando con tristeza a Alice salí por la puerta de atrás, no quería que Sarah me viese así. Conduje con cuidado ya que mis ojos no dejaban de picar y en ocasiones una cortina de lágrimas me dificultaba la visión. Llegué a casa y corrí hasta llegar a mi cuarto. Tiré sobre la cama mi bolso y me fui desnudando para meterme bajo la ducha.
En el momento en el que los chorros calientes golpearon mi cuerpo, éste comenzó a relajarse y fue que el llanto me sorprendió. Lloré, lloré desconsolada, lloré mientras el agua caía sobre mí, lamentando haberlo dejado entrar de nuevo en mi vida… ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Cómo se lo iba a decir a Sarah? Ella tenía tantas ganas de estar con él, estaba tan feliz, cómo iba a encajar este golpe. Mi niña, mi pequeña Sarah.
Más de una hora me llevé metida en la ducha, descargando todas mis lágrimas intentado mitigar el dolor que me atormentaba, tenía que pensar en Sarah, ella no podía verme así, tenía que tomar de nuevo el control.
Terminé de secarme y fui a la habitación, abrí el clóset y de nuevo mi corazón se encogió al ver apenas unas prendas en las perchas, todo lo tenía embalado y dispuesto para irnos.
Una vez más el móvil sonó. Me debatí en cogerlo o no. Finalmente caminé hacía él, cerré los ojos con fuerzas y casi respiré aliviada al ver que era Alice.
- Alice …- dije su nombre apenas en un suspiro.
- ¿Cómo estás? - preguntó, se notaba preocupada.
- No lo sé Alice, mal, cómo quieres que esté - le contesté con sinceridad.
- ¿Quieres que Sarah se quede con nosotros esta noche? - me preguntó, por un momento lo pensé, pero no, necesitaba estar con mi pequeña. Aún no sabía que decirle pero no quería que nada cambiase y le hiciese notar algo.
- No Alice, gracias, necesito estar con ella.
- Está bien, en quince minuto estaremos allí…
- Gracias.
Permanecí con el móvil en la mano. Ahí estaban todas las llamadas perdidas. Una vez más mis ojos se humedecieron mientras apretaba el móvil antes de llevármelo a la oreja y escuchar el buzón de voz.
-"Bella, por favor, coge el teléfono..." Cerré los ojos con fuerzas cuando escuché su voz desesperada.
Pulsé el siguiente mensaje.
-"Bella, mi amor, perdóname, coge el teléfono por favor..." - Esta vez fueron mis manos las que aprisionaron las sábanas mientras de nuevo el pecho se me abría dolorosamente. Como dijo Alice, él se había arrepentido, estaba pidiendo perdón, a eso se limitaba nuestra relación, a estar continuamente pidiéndonos perdón. Las lágrimas corrían una vez más sin restricción alguna por mis mejillas.
Volví a pulsar al siguiente mensaje.
-"Bella, te amo, no me hagas esto, por favor, coge el teléfono..." - Me amaba, él me amaba. Me fui dejando deslizar por el borde de la cama hasta sentarme en el suelo y de nuevo rompí en llanto. Él estaba destrozado, su voz sonaba destrozada. Por qué la vida se empeñaba en hacernos sufrir tanto.
"Él siempre te promete nunca cumple", de nuevo esa voz que oía en mi cabeza, pero decía la verdad, él siempre me faltaba, él siempre desaparecía.
" Sabes que él está sufriendo como tú, no puedes dejarte llevar por los fantasmas del pasado" esta vez la voz de Alice salía en su defensa.
"Seis años, se olvidó de ti durante seis años" apreté la cabeza con fuerza - Sí, pero volvió -le contesté yo misma a esa voz.
"Por su madre no por ti" - ¡Calla, Calla Calla!- grité apretando aún más mi cabeza. Era tan grande la opresión en mi pecho que me costaba respirar.
"Él te ha demostrado que tú eres la mujer que quiere, ¡por el amor de Dios, Bella! ese hombre no ha parado durante dos años hasta encontrarte… sólo ha sido un arrebato, tienes que tratar de entenderlo" una vez más la voz de Alice me hizo ver una realidad. Era cierto, él me buscó, durante dos años me buscó, y nos encontró.
Había un mensaje de voz más, pulsé temblorosa y una vez más me dispuse a oírle.
-"Bella..."- Mi corazón se partió al oírlo totalmente roto hasta el punto de solo pronunciar mi nombre.
Él me amaba, él estaba sufriendo tanto como yo, él no tenía la culpa, nunca fue su culpa, siempre fueron las circunstancias las que nos habían separado. No era nuestra culpa, no teníamos la culpa, los dos éramos las victimas y ya no iba a dejarlo más.
Miré a mi alrededor, las maletas hechas, nuestras cosas recogidas, ¿qué estaba esperando? ¿qué demonios estaba esperando para ir con el hombre que amo, con el padre de mi hija que ahora me necesitaba más que nunca? Alice tenía razón, él nos necesita y ahí estaremos.
Me levanté y comencé a buscar el teléfono del aeropuerto, a partir de ahora lucharía por lo que quería, no me dejaría vencer tan fácilmente, y si al final volvía a ser una mentira, al menos me la tendría que decir a la cara. Ya no huiría más, afrontaría mis demonios frente a frente.
La puerta sonó, corrí al baño a enjuagar mi rostro y me puse colirio en los ojos para quitar la rojez.
Alice golpeaba ansiosa, seguramente preocupada, pero sabía que ella me ayudaría, ella estaría de acuerdo.
Corrí escaleras a bajo y abrí. Inmediatamente mi bebita se lanzó a mis brazos y yo la apresé con fuerzas.
- Nos vamos cielo, vamos con papá- le dije sin poder evitarlo.
- Bella…- oí la voz amortiguada de Alice.
- Si Alice, tienes razón, ya es hora que sea la dueña de mi vida, voy a ir dónde está y si nos quiere, ahí nos tendrá.
- Oh Bella, cuánto me alegro, pero…cuándo…
- He conseguido vuelo para mañana a las diez, si todo va bien, y contando las tres hora de diferencia, estaré allí sobre la siete .
- ¿Ya se lo has dicho?, ¿ te ha vuelto a llamar?
- No y si - contesté subiendo las escaleras para cambiar a mi pequeña que se notaba cansada.
- ¡No! - me gritó desde atrás. Una sonrisa perversa se pintó en mi cara antes de volverme hacia ella.
- Ese será su castigo por idiota - contesté y Alice se llevó la mano a la boca para acallar una risa.
- Eres perversa pero….¡me encanta! - exclamó con entusiasmo.
Esa noche la pasé con mi pequeña contándole todo lo que haríamos allí, y mil veces le conté como sería que volaríamos. Ella, entusiasmada, comenzaba a dar vueltas sobre la cama mientras reía con los brazos extendidos.
- Mia mami, achi olaba papi, mia, mia…- decía una y otra vez recordando las veces que Edward la hacía volar sobre su cabeza. Yo no podía dejar de sonreír. Había tomado la decisión correcta.
Despedirme de todos fue lo más doloroso. Sabía que volvería, pero no estaba segura cuando y realmente dejaba buenos amigos ahí. Jacob me prometió que iría a vernos y no pude evitar emocionarme cuando se despidió de mi pequeña. Lo mismo ocurrió con Leah y con Jasper, aunque con quien no pude evitar llorar de más fue abrazada a mi amiga.
- Haces lo correcto Bella, se feliz junto a tu familia, nos veremos pronto…-me animó.
- Gracias por todo Alice, nunca olvidaré todo lo que hicieron por mí.
Con mi pequeña bastante ansiosa crucé la puerta de embarque, eran la diez en punto, me santigüe abrazando a mi pequeña que al igual que yo se mostraba asustada cuando el avión despegó, estaba tan solo a siete horas de él.
Tuve que agradecer a las azafatas todo lo que hicieron para que mi pequeña se olvidase de que iba en un avión. Se la llevaron a la cabina, le daban colores, juguetes, le hacían carantoña y finalmente se quedó dormida. Ni siquiera se inmutó cuando una vez más le puse el cinturón ya que íbamos a aterrizar.
Nada más tomar tierra conecté el móvil - ¡Mierda! - exclamé al ver que tenía varias llamadas de mi padre perdidas, además de las de Edward. Con todo lo ocurrido se me había olvidado avisarle. Sólo esperaba que no fuera demasiado tarde.
- ¿Papá? - le llamé mientras iba a buscar las maletas.
- Bella, hija, ¿dónde te has metido? Llevo toda la mañana tratando de hablar contigo - me dijo algo alterado.
- Lo siento papá, pero tenía el teléfono desconectado.
- ¿Estás bien? - me preguntó con preocupación - Ya Edward me contó que finalmente no podrá…
- Lo sé papá, y si estoy bien, de hecho estoy aquí…- le dije y no pude evitar morder mi labio para reprimir la risa.
- Mami, mami, ¿es papi? - me preguntó mi pequeña.
- No mi amor, es el abuelo
- ¡Lelo!, io quelo lelo, ame, ame - decía mientras tiraba de mi brazo.
- No Sarah, espera.
- Bella, ¿qué ocurre?, ¿qué quieres decir con que estás aquí?
- Papá, estoy en Atlanta, acabo de desembarcar. Voy a buscar las maletas.
- Dios Bendito, Bella, yo también estoy en el aeropuerto, estoy entrando, pensaba volar… Espérame ahí, enseguida voy a tu encuentro.
Un cosquilleo se implantó en mi estomago. La tensión de las últimas semanas me estaban pasando factura, tendría que ir a visitar a un médico.
- ¡Bella, hija! - oí la voz de mi padre diez minutos después.
- Papá - susurré volteándome viendo como venía hacia mí con rapidez.
- ¡Lelo Lelo! -gritó mi pequeña al verlo.
- Dios, cuánto os he echado de menos - nos dijo abrazándonos fuertemente a las dos juntas.
- Y nosotras a ti, papá.
- Aún no me creo que estés aquí, hija, no sabes cuánto he deseado esto - me susurró acunando mi rostro entre sus manos y mirándome con tanto amor que hizo que mis ojos se humedecieran, antes de darme un cariñoso beso en mi frente.
- Lo sé papá, lo siento, siento haber tardado tanto en darme cuenta.
- ¿Edward sabe qué estás aquí?
- No, aún no, es una sorpresa.
- Pero…
- Estoy aquí papá, eso es lo importante, ¿cómo está él?
- Está destrozado Bella, no sé que pasó entre ustedes, pero Edward está como sin vida.
Mi corazón se encogió al escucharlo.
- ¿Puedes llevarme con él?
- En seguida hija, te aseguro que cuando os vea, Edward enloquecerá, ya era hora que mi hijo fuera feliz y solo vosotras lo hacéis feliz.
- Preferiría ir yo sola papá, si está alterado, o demasiado triste, no quiero que Sarah se asuste o lo vea así, prefiero que esté preparado.
- Si, estoy de acuerdo. Yo me la llevaré a mi despacho y esperaré a que me llames, yo mismo la subiré.
- Gracias papá.
Media hora más tarde dejaba a mi padre con mi hija en su despacho. Con el corazón a punto de salirme por la boca, subí a la última planta del edificio donde estaba el despacho del director general, mi estómago se contrajo cuando las puertas del ascensor se abrieron, me agarré el bolso intentando darme valor y caminé hasta llegar a la mesa de su secretaria que estaba afanada escribiendo algo en su ordenador.
- Buenas tarde, quisiera ver al Señor Cullen.
- Lo siento señorita , pero el Señor Cullen no pue….-comenzó a decirme levantando la vista de su escrito lo que provocó que su voz muriera - Oh Dios mío, usted es…es…
No sabía exactamente si se refería a mí pero no pude evitar que mi corazón tronase fuertemente bajo mi pecho.
- Soy Bella, Bella Swan.
- Si , lo sé , no sabes lo mucho que me alegra conocerte al fin - dijo emocionada levantándose de su silla.
- Supongo que tú eres Mandy - le contesté y ella asintió - Me alegro de conocerte también - le dediqué una sincera sonrisa - ¿Crees qué podría hablar con Edward? - pregunté un tanto insegura.
- Bella, él seguramente no quiera recibir a nadie, puedo intentarlo pero está intratable desde ayer… No te lo tomes a mal si grita - me advirtió preocupada, yo sólo asentí.
-Señor Cullen, siento molestarlo, pero tiene una visita - dijo Mandy pulsando su línea, pude notar nerviosismo en su voz.
- He dicho que no quiero visitas, emplázalo para otro día - rugió a través del aparato lo que nos hizo sobresaltarnos a las dos. Mandy me miró con pena, yo le hice señal para que insistiera.
- Pero Señor, no pue…
- ¡No me has oído! - De nuevo el grito nos hizo encogernos y una vez más Mandy me miró con preocupación.
- Lo siento - se disculpó.
- No te preocupes, ¿está solo? - pregunté, era una pregunta estúpida teniendo en cuenta que no quería visitas, pero quería estar segura.
Ella asintió. Miré el reloj de mi muñeca, eran pasada las siete y media. Miré a Mandy y ella sonrió con entendimiento.
- Supongo que querréis estar solos. Espero que el Señor Cullen no se moleste si me macho sin avisar.
- Tranquila Mandy, no lo hará y gracias -le contesté. Vi como ella recogía sus cosas con prisas.
- Espero que todo se solucione - dijo apretando mi brazo con cariño.
- Yo también lo espero -. Vi como se alejaba hasta llegar al ascensor. Me volví y fijé mis ojos en la puerta que me separaba de él. Tomé aire y me obligué a caminar hasta ella. Tímidamente golpeé la puerta y retuve el aire en los pulmones con los ojos cerrados esperando su respuesta.
- He dicho que no quiero visit… - rugió mientras abría la puerta hasta que sus ojos, rabiosamente enfurecidos, se clavaron en los míos, lo que lo hizo callar de inmediato y que su mirada se suavizara antes de que sus ojos comenzaran a cubrirse de lágrimas.
- Bella…- musitó apenas con un hilo de voz.
Mi ojos comenzaron a picar en el acto a la vez que un sollozo pugnaba por salir de mi garganta. No podía creer que lo tenía ahí en frente, totalmente derrotado; en un microsegundo todo el dolor y el sufrimiento que había soportando la noche anterior pasó por mi mente.
Levanté mi mano y casi sin pensármelo le di una fuerte cachetada que le hizo girar la cara - Jamás vuelvas a cortarme una llamada ¡me oyes!- le grité sintiendo como las lágrimas comenzaban a empapar mi rostro - Jamás lo vuelvas hacer - añadí antes de acortar la distancia y aún con mi rostro empapado en lágrimas estrellé mis labios en los suyos buscando ese consuelo…
Mi alma se partió cuando él comenzó a llorar sin apartar sus labios de los míos, sintiendo como sus manos se posaban primero tímidamente en mi cintura y después tiraba de ella hasta hacernos caer arrodillados, como si sus piernas hubiesen flaqueado.
- Perdóname Bella, perdóname …-me pedía entre sollozos sin llegar a dejar mis labios del todo. Podía sentir todo su cuerpo temblar por el llanto aferrándose a mi cintura como quien se aferra a la vida - perdóname, perdóname…- pedía una y otra vez.
- Ya todo pasó, mi amor, ya todo pasó -susurré tratando de tranquilizarlo bebiéndome tanto sus lágrimas como las mías; él apretó aún más su agarre como si no se lo creyera.
Había tomado la decisión correcta y aunque me desalmaba verlo tan desolado, en el fondo me sentía dichosa de estar de nuevo entre sus brazos - Te amo Edward, te amo…
Continuará…
N/A: Finalmente era nuestra Bella, ¿pero es que alguien llegó a dudarlo? Puede que haya tenido sus fantasmas, pero Bella ama con locura a ese loco impulsivo.
Espero que os haya gustado y que me excuséis por no poner la lista de agradecimiento pero ya la cabeza no me da para más.
Nos volvemos a ver el próximo miércoles. Hasta entonces preciosas.
Reques, espero estar algo mejor en la noche. Si no subo, que sepaís que os extraño.
Un beso a todas.
/(^_^)\saraes
