CAPÍTULO 26
Esa fue la primera de una serie de noches difíciles para mí. Dormíamos juntos en su casa y alguna vez en mi departamento, pero Caroline no se sentía preparada para que hiciéramos el amor. Yo no quería presionarla pero era una tortura sentirla durmiendo a mi lado con su diminuta pijama. Mi erección pugnaba por escapar dentro de mi pijama cada vez que Caroline inocentemente se restregaba dormida contra ella.
- Y cómo llevas la abstinencia? – se burlaba Stefan ese viernes cuando salíamos de casa de mis padres.
Yo debía pasar a recoger a Caroline a la cafetería, iríamos a cenar y la llevaría a casa.
- Búrlate – gruñí – No me importa lo que deba hacer para recuperar a Caroline completamente, lo haré. Y si eso significa que mis partes íntimas estén a punto de explotar, pues deberán aprender a vivir con ello.
- Creo que Caroline lo hace para burlarse de ti. Algo así como una venganza
- Es probable. Ya lo he pensado – admití – Pero si eso es todo, lo soportaré. Sé que me lo merezco; eso y mucho más.
X0X0X
- He pensado que tal vez podríamos tomarnos unos días de vacaciones – propuse a Caroline mientras esperábamos nos trajeran los postres que habíamos pedido.
- Vacaciones?
- Tengo la semana próxima libre, y aunque sé que tú tienes que trabajar, pensé que tal vez podrías conseguir uno o dos días libres, eso más el fin de semana… Me gustaría que pasáramos unos días en los Hamptons.
- Tienes casa en los Hamptons? – preguntó curiosa
- Bueno, en realidad es de mi familia pero no hay problema en que vayamos.
- Qué crees que dirían tus padres?
- No creo que tengan nada que decir. He ido cientos de veces allí sin ellos
- Pero seguramente nunca con una chica como yo – bajó su mirada mientras hundía su cuchara en su SUNDAE de chocolate.
- Y cómo es una chica como tú?
- Ya lo sabes…
- Sé que eres deliciosa, dulce, hermosa, talentosa, cariñosa. Estoy seguro que mis padres aceptarán una chica así.
- No soy de tu clase – dijo aún sin mirarme
- Es verdad. Yo soy un hombre malcriado, un idiota egoísta y arrogante; pero estoy seguro que mis padres no pondrán objeciones a que esté con una chica increíble a quién sin dudas no merezco.
- No dices más que tonterías – se quejó
- Ángel, - dije acariciando la mano que apoyaba en la mesa – Yo te amo, y sé que no me he comportado contigo como debería, pero te amo, y haré todo lo que esté en mi mano para que me perdones y volvamos a estar juntos como antes.
- Ya te he perdonado – dijo en un susurro
- Y no imaginas lo feliz que eso me hace, pequeña. No viviré un día sin demostrarte que no te has equivocado al hacerlo. Te amo, Caroline, y quiero vivir contigo el resto de mi vida. Quiero que te cases conmigo, quiero que tengamos hijos juntos. Quiero nuestra propia familia, con una casa y un perro. Te amo, pequeña – confesé enredando mis dedos con los suyos.
- De verdad eso es lo que quieres? – preguntó mirándome con los ojos llenos de lágrimas
- Desde luego que sí, ángel. No quiero agobiarte pero quiero que sepas que esos son mis planes, y estoy seguro que los llevaremos a cabo juntos.
- Gracias, Nik. Es muy bonito todo lo que me dices – sonrió
- Te amo, ángel.
.
Cuando cerré la puerta del departamento tras de mí, atraje a Caroline a mis brazos para continuar el beso que habíamos comenzado en el ascensor. Mis manos ascendían por su espalda colándose bajo su camiseta, generando descargas eléctricas que estallaban directamente en mi erección.
La necesitaba. La necesitaba tanto. La deseaba como nunca jamás había deseado a nadie. Desabroché su sujetador y llevé mis manos a sus pechos para acariciarlos y masajearlos. Sentía sus pezones endurecerse entre mis dedos y no podía dejar de apretar mi pelvis contra ella.
Caroline se tensó por un momento y se separó de mí temblorosa. La cogí por la cintura para que no huyera y la apreté contra mí mientras intentaba calmar mi respiración.
- Espera, amor, no te vayas – rogué susurrando
- Lo siento, Klaus, vamos demasiado deprisa para mí – dijo sonrojada bajando la mirada
- Lo siento, ángel, no quería apresurarte – mentí – No tenemos por qué hacer nada. Sólo déjame abrazarte para calmarnos, sí?
Nos quedamos un momento abrazados mientras nuestras agitadas respiraciones volvían a la normalidad.
- Quieres beber algo? – ofrecí dirigiéndome a la cocina
- Agua, por favor – me pidió mientras se adentraba en el salón
Volví al salón y le entregué su botellín mientras me acercaba al equipo de sonido para poner música. Caroline miraba las fotos que había sobre la mesita del teléfono.
- Tienes un mensaje – comentó.
Me giré viendo la pequeña luz roja titilante en el contestador. A la vez que sacaba un CD de su estuche para ponerlo en el reproductor le pedí que conectara el contestador.
- Mira de quién es
Tras la mecánica voz del aparato anunciándome que tenía un mensaje nuevo, me paralicé
"Hola, cariño. Soy yo, Amara. Sólo quería que supieras que me han confirmado que estaré dos meses más en París, pero espero estar de regreso para Navidades. Continúa echándome de menos. Au revoir"
Me giré lentamente para quedar de frente a Caroline. Estaba pálida mirando el contestador con desconcierto.
- Caroline, cariño, no es lo que tú piensas – dije atropelladamente acercándome a ella.
Levantó la vista para mirarme inexpresiva a la vez que dos tímidas lágrimas rodaban por sus mejillas. La abracé con fuerza contra mí.
- Pequeña, por favor, no llores.
- Por qué, Klaus? – susurró entre lágrimas – Por qué has vuelto a hacerlo?
- No, ángel, no es lo que tú estás pensando.
- Suéltame – dijo removiéndose entre mis brazos – déjame, quiero irme a casa.
- No, Caroline, esta vez no voy a dejar que te marches.
- Déjame. Ya lo he entendido.
- No has entendido nada.
- Claro que sí. Estás conmigo esperando que tu novia vuelva de Europa.
- Ángel, por favor. Desde luego que no.
- Basta de mentiras, por favor… - suplicó entre el llanto
- Basta, Caroline, esta vez vas a escucharme – sentencié llevándola conmigo hasta el sofá. – Ángel, es verdad que Amara está en Europa y hace meses que se ha marchado. Pero yo lo dejé con ella antes de que viajara. Simplemente ella se niega a aceptarlo. No he sabido de ella hasta hace unas dos semanas que me llamó diciendo que estaría allí un par de meses aún. Pero no es que a mí me importe si se queda un mes, dos o veinte. No me interesa saber nada de ella, ya sea que está aquí en Nueva York o en la China. Ella y yo rompimos y nada va a cambiarlo. Yo quiero estar contigo y es lo que voy a hacer. Sólo necesito que confíes en mí.
Caroline me miraba recelosa.
- No me atrevo a volver a confiar en ti – confesó
- Por favor, pequeña, no dejes que esto vuelva a separarnos. Te amo, Caroline, no sé qué hacer para que me creas, pero te amo, cariño. – la atraje hacia mí y la besé con ternura.
Caroline se apretó contra mí escondiendo su rostro lloroso en mi pecho.
- No puedo hacerlo, Klaus – confesó
- Claro que puedes – sentencié – No te perderé otra vez, Caroline. Y no te perderé por un simple malentendido, porque eso es lo que es. Te juré que Amara y yo terminamos y es porque hemos terminado. Nada va a separarme de ti nunca más.
Levanté su rostro para mirarla mientras secaba sus lágrimas.
- Basta ya de llanto, pequeña. Este momento es nuestro y el resto de mi vida te pertenece. No vamos a separarnos más.
La acuné en mi regazo durante bastante tiempo hasta que escuché su respiración calmarse. Cargándola en mis brazos la llevé a la habitación y la desvestí, esforzándome por no lanzarme sobre ella y poseerla. Luego de dejarla bajo las mantas me desnudé y me recosté a su lado, abrazándola hasta conciliar un sueño tranquilo.
Después de desayunar el sábado a la mañana, Caroline estaba más tranquila aunque demasiado silenciosa. Sabía que el día anterior nos había hecho retroceder un poco en nuestra relación, pero esperaba que no fuera tanto y pudiese recuperar fácilmente el terreno perdido. Nuestras vacaciones en los Hamptons seguían en pie así que esperaba que entonces todo se solucionara por fin.
Cuando aparqué frente a su jardín, la puerta de la casa se abrió antes de que nosotros llegáramos a entrar.
- Caroline! – gritó Hayley viniendo hacia nosotros – Llevo intentando localizarte toda la mañana…
- Lo siento, Hayls, mi móvil se ha quedado sin batería. Qué sucede?
- Oh, Caroline, Tyler ha llamado a casa. Él también intentaba comunicarse contigo
- Qué sucede, Hayley? – preguntó Caroline más preocupada
- Oh, Caroline, lo siento. – respondió acongojada – Es tu padre. Ha sufrido un infarto…
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