26. Pikachu
[Usando Kigurumis].
La horrorosa obsesión con las orejas de gatos había pasado de Francis a Lovino en una semana. El italiano se maldecía a veces por ser como era y no poder dejar de obsesionarse con tantas cosas.
Ese día aprovechó que Francis llegaría tarde por una proyecto que tenía de la escuela y fue directo a su armario, sacó el kigurumi de Pikachu que había comprado dos días antes por internet y lo estrenó sentándose a ver una de esas películas de drama que tanto le gustaban —placer culposo—, disfrutando de un bote entero de helado para él solito mientras su cobija de la suerte le hacía compañía.
Estaba tan a gusto que no se dio cuenta cuando Francis entró por al departamento con bolsas llenas de materiales para maqueta en una mano y pizza en la otra.
—¿Lovino?
—¿Francis? ¿Qué haces aquí, stupido? —preguntó nervioso y se envolvió más en la cobija.
—Yo vivo aquí —dejó la pizza sobre la mesa y las bolsas en una silla, acercándose a su pareja.
—No te acerques, quédate ahí y date la vuelta o vete —comenzó a quitarse el kigurumi bajo la manta.
Mala idea.
—¿Qué ocultas, mon amour?
Francis pareció haber oído lo contrario y se acercó extrañado al más bajo completamente extrañado por su actitud. Lovino palideció cuando el francés retiró la cobija y lo dejó solo en ropa interior, el resto... ustedes ya saben qué pasó.
12 de mayo, 3:15 p.m. El golpe que me dejó Lovino se pondrá morado mañana.
