Pinta tus pinturas
Las primeras dos semanas de escuela parecieron pasar volando. Los cuatro amigos eran inseparables y pronto tenían una rutina.
Remus era siempre el primero en despertarse, y estaba demasiado contento en las mañanas para los demás chicos. Él y Sirius habían llegado a un acuerdo, Remus no lo despertaría antes de las siete de la mañana y Sirius no dormiría toda la mañana los sábados y domingos.
Regularmente visitaban a Hagrid, y ocasionalmente Firenze pasaba a saludarlos. Las cosas en el campamento de centauros eran bastante precarias, y él seguía estando muy lejos de volverse el nuevo líder. Remus se preocupaba por su amigo, pero no pensaba mucho en sus problemas, en la escuela pasaban muchas cosas a las que les tenía que prestar atención.
Remus descubrió que siempre tenía un lugar junto a Sirius en las clases que compartían. Pasar notas y hablar en clases les habían conseguido más de un castigo, pero a él no le molestaba. Cuando la profesora McGonagall los mandó a limpiar los trofeos de la escuela, llegó al castigo con una sonrisa en la cara y se quedó silbando animadamente, aunque sin afinar para nada, toda la tarde.
-¿Castigado de nuevo? –Preguntó Romulus, apareciendo en la puerta del aula de McGonagall.-
Remus levantó la vista de las jaulas de ratones que estaba limpiando y levantó los hombros tímidamente.-
-¿Cuántos castigos vas? ¿Una docena?
-Cuatro, -le contestó contento.- Todavía me faltan bastantes para alcanzarte.
-Por cómo vas, tendrás más para Navidad que yo en cinco años.
-No me molesta.
-Se supone que es un castigo por hacer cosas mal. Estás actuando como si esto fuera una parte esencial de estar en la escuela.
-¿Viniste solamente para quejarte? –Preguntó Remus, frunciendo molesto.-
-No, quería ver cómo estabas. No esperaba que te castigaran de nuevo tan pronto.
-Bueno, me va muy bien, -le contestó, pasando de una jaula a la siguiente.-
-En un par de noches es la luna llena.
-No me olvidé.
-Te han molestado los otros chicos por… ¿cómo es que le dicen tus amigos? ¿Tu problemita peludo?
-Nada que no pueda manejar, -aseguró.- Han habido algunos comentarios y muchas miradas, pero la mayoría me deja tranquilo. Seguramente sea de ayuda que los maestros me vigilen tan de cerca; no se atreverían a hacer nada en frente de ellos.
-Qué alivio.
-No tanto, quiere decir que no puedo hacer ninguna broma.
-Repito, qué alivio.
Remus se rió y se sentó en uno de los escritorios.
-No dejo de esperar que te golpeen los Slytherins o algo, -admitió Romulus.-
-La única Slytherin que me ha hablado fue Rita Skeeter, y quería una entrevista para el diario de la escuela.
-No aceptaste, ¿o sí?
-En realidad no tuve opción. Por lo menos así sé lo que escribe.
Romulus no contestó, solamente le sonrió.
-¿Qué? –Le preguntó. La mirada de su hermano lo estaba comenzando a incomodar.-
-Sólo pensaba.
-¿En qué?
-En ti, -sonrió.- No puedo recordar la última vez que te vi tan feliz.
Remus miró a sus pies, que se balanceaban cerca del suelo.- ¿Creerías que soy muy egoísta si te digo que soy feliz? –Preguntó en voz baja.-
-¿Por qué iba a pensar eso?
-Porque tengo lo que siempre quise, ir a Hogwarts, pero tú… tú estás… -dejó de hablar, haciendo una seña hacia su hermano.-
-No eres egoísta, -le dijo Romulus seriamente.- Yo elegí, y no me arrepiento de nada.
-Pero…
-No, -volvió a callar sus protestas.- Yo elegí, -repitió.- Y ahora puedo verte en la escuela, haciendo lo que has querido desde hace tanto… ¿cómo me podría arrepentir?
Remus siguió mirando a sus pies hasta que la cabeza de Sirius apareció en la puerta.- ¿Ya terminaste? –Le preguntó.-
-Sí, todos los roedores están limpios. Sólo espero que la profesora venga y vea que lo hice.
-Puede tardar, -advirtió Sirius, entrando en el aula y sentándose.- James y Peter transfiguraron las dos armaduras de la escalera de las mazmorras en cocodrilos. McGonagall fue a arreglarlas y buscar a los culpables. Como van, quedarán castigados hasta que lleguen los TIMOS.
Remus dio una carcajada.-
-¿Están compitiendo para ver quién tiene más castigos o algo así? –Preguntó Romulus, desesperado.-
-No, -sonrió Sirius.- Estamos apostando cual puede hacer más bromas sin que lo atrapen.
-A ninguno le va muy bien, -comentó Romulus.-
-Voy ganando, -presumió Remus.-
-Eso me preocupa más.
-Tiene una ventaja injusta, -le dijo Sirius, refiriéndose al Mapa de Moony, que Remus había usado varias veces para escapar de los profesores después de hacer sus bromas.
Remus solamente sonrió y le dio una palmadita al bolsillo de su túnica donde estaba escondido el mapa.- ¡El mejor regalo de cumpleaños del mundo! –Romulus giró los ojos y negó con la cabeza, pero no dijo nada más.
Fue sorprendentemente fácil persuadir a la profesora McGonagall de que dejara que Sirius acompañara a Remus la noche de la luna llena. Sirius sospechaba que Dumbledore le había dicho algo antes que ellos.
Llegaron a Cabeza de Puerco, donde se encontraron con Aberforth, que los llevó hasta la casa de Remus.
-Y no se vayan antes de la mañana, -advirtió, dejándolos en la puerta.-
-No lo harán, -prometió Romulus.- Remus, sótano.
-Voy yendo, -contestó Remus, obedientemente bajando las escaleras.-
-Dejando alumnos salir de noche, -murmuró Aberforth, mirando a Sirius.- Mi hermano se ha vuelto loco, si me lo preguntan.
-El profesor Dumbledore sabe que también estoy aquí, -dijo Romulus.- También sabe que, si no le da su permiso, Sirius de todas formas vendrá. De esta forma puede controlar la situación.
-Sigo creyendo que debe estar en el castillo y no aquí con ustedes, -lo contradijo Aberforth, dando la vuelta para volver.
A Sirius no le interesaba que Aberforth creyera que no debía estar ahí. Dumbledore le había dado permiso y eso era todo lo que importaba. Rápidamente bajó las escaleras para ver a Remus.
-Han limpiado un poco, -comentó, mirando alrededor del sótano.-
-Dumbledore hizo que unos elfos domésticos de la escuela le dieran una capa de pintura, -contestó Remus, sentándose y esperando que se escondiera el sol.-
-Sigue un poco vacío, -comentó Sirius, mirando las paredes.- Deberían haber pintado un bosque o algo para alegrar al lugar.
Remus se rió y apuntó a la pared en su lado de la habitación.- Siéntete libre de tratar si quieres.
-¿Tienes pintura?
-Hay un poco en el ático, de cuando nos mudamos.
-¿De qué color?
-El que te guste, es pintura mágica y cambia al color que quieras con un hechizo.
-La buscaré después, -le dijo.- Ayudará a pasar el tiempo.
-Deberías buscarla ahora si vas a hacerlo, -aconsejó Romulus desde la mitad de las escaleras.
-Pero Remus cambiará en cualquier momento.
-Exacto. Moony estuvo mucho más tranquilo cuando estuviste aquí con él. Ve a buscar la pintura ahora, por si llega a pensar que lo dejaste de nuevo.
-¿A qué te refieres? –Preguntó, mirando de Romulus a Remus.-
-No es nada, -aseguró Remus, dándole a Romulus una mirada venenosa que fue ignorada.-
-El mes pasado fue malo, -le dijo.- El primer mes en vez de correr por el bosque se quedó quieto, con sólo un fantasma como compañía. Moony te extrañó, y no creo que hubiéramos sabido lo mucho que lo afectaría.
Sirius miró a Remus asesinamente.- ¿Por qué no me dijiste?
-Porque ya te estabas preocupando, -le contestó, levantando los hombros.- Igualmente no hubieras podido venir para la luna llena ni nada.
-Podría haberlo hecho, si me lo hubieras pedido.
-Sabes que tus padres no te hubieran dejado.
-No tiene nada que ver. Debiste decírmelo.
Romulus bajó completamente al sótano y se metió entre ellos.- ¿Qué tal si buscas la pintura, Sirius? Pueden hablar de esto en la mañana.
Sirius asintió y subió hasta el ático.
El fantasma de la bruja en el ático lo saludó con un gruñido, pero Sirius la ignoró y buscó la pintura. Levitó tantas latas como pudo, tomó un par de pinceles y volvió abajo. Supo que había tardado demasiado cuando llegó a la planta baja y escuchó aullidos; la transformación estaba completa una vez más.
-Entonces, ¿qué planeas pintar? –Preguntó Romulus después de que Moony, contento porque Sirius se quedaba esa noche, se había acomodado para ver.-
-Un bosque, supongo, -contestó, leyendo las instrucciones en la lata de pintura.- Soy mejor copiando cosas, así que seguramente no salga tan bien.
-Hay un par de libros arriba con fotos de bosques y animales y eso.
-¿Crees que pueda irme un minuto a buscarlos?
-Por ahora parece tranquilo.
-Dejaré mi túnica aquí, debería entender eso, ¿no?
Romulus levantó los hombros. Sirius se sacó la túnica, de todas formas no la quería manchar, y la puso cerca de donde Moony estaba tirado. El lobo se levantó y gruñó un poco, pero se volvió a acomodar en un momento. Sirius fue hasta las escaleras, repitiendo lo que acababa de hacer.
Tomó los libros más cercanos que encontró con fotos de bosques y volvió a bajar las escaleras.
Moony observó en silencio a Sirius trabajar.
-Tienes talento, -comentó Romulus un par de horas después, mientras Sirius le daba los últimos detalles a un gran ciervo que estaba parado entre los árboles medio pintados.
-Sólo cuando copio algo, -le contestó.- No puedo dibujar de memoria sin hacerlo todo mal.
-Yo no pudo dibujar para nada, así que haces más de lo que yo o Rem podremos llegar a hacer.
-¿Puedo preguntarte algo? –Pidió, alejándose un poco para ver su trabajo.-
-Depende de lo que sea.
-¿Por qué le dices Rem a Remus?
-Es sólo un apodo, -contestó Romulus, frunciendo confundido.-
-Sí, pero en realidad no es corto de Remus, ¿o sí?
-No.
-¿Entonces de dónde salió?
-Promete no burlarte de Remus si te digo, -pidió después de pensarlo.
Sirius le sonrió y miró a Moony divertido.- Lo prometo, ahora dime.
-Bueno, supongo que debo admitir que no siempre fui un buen hermano mayor para Remus, solía burlarme un poco de él. –Sirius levantó una ceja.- Bueno, mucho. Y una de las cosas de las que me burlaba era de cómo escribía. No podía escribir mi nombre, sin importar cuanto lo intentara. Se rindió después de tres cartas y empezó a escribir Rom. Me molestó que acortara mi nombre, así que hice lo mismo con el suyo y lo dejé con tres letras.
-Y así quedó Rem, -concluyó con una risa.-
-Sí. Para cuando Remus aprendió a escribir, ya nos habíamos quedado con los apodos. Volvía loca a nuestra madre. Me acostumbré a Rom, pero ella detestaba los apodos. Lo que, por supuesto, nos dio una excusa para seguir usándolos por más tiempo.
Sirius se rió y negó con la cabeza.-
-Rem puede no ser apodo para Remus, pero así le digo yo. De la misma forma que él me dice Rom.
-Es un lazo entre ustedes, -comentó en voz baja, sentándose a su lado en las escaleras.-
-No, es sólo una parte del que tenemos, -le contestó Romulus.- Entonces, ¿qué vas a pintar ahora? ¿O vas a terminar el ciervo?
-Creo que voy a descansar, o quizás hacer algo pequeño, aquí en las escaleras.
Romulus miró dudosamente donde señalaba Sirius.- Tendría que ser algo muy pequeño para entrar.
-Puede ser un ratón o algo, corriendo por las escaleras en distintas poses.
-Entonces te dejo, -le dijo, alejándose y entrando a la jaula de Moony. Sirius se movió y siguió pintando.
-Ya casi sale el sol, -comentó Sirius, viendo cómo Moony se ponía más inquieto mientras más se acercaba el amanecer.-
-¿Ya? –Preguntó Romulus.- Mierda.
-¿Qué? Creí que estarías contento de que casi termine la luna llena.
-Lo estoy, pero…
-¿Pero qué?
-Había algo de lo que quería hablarte sin que Remus escuchara. No me di cuenta de que se había pasado tan rápido.
-Sigue habiendo tiempo, -le dijo.-
-Tienes razón, -suspiró Romulus.- No me gustaría dejarlo para el mes que viene, mientras más tiempo dure peor será.
-¿Qué cosa?
Romulus miró a Moony, que caminaba por su jaula.- Quiero que le digas a Remus que ya no puede dormir en tu cama, -dijo finalmente, sin mirar a Sirius.
-¿Qué? ¿Por qué? –Frunció ligeramente al entender las palabras.- No le hace molesta a nadie.
-A Remus sí, -contestó en voz baja.- Se está volviendo demasiado dependiente en ti. El año pasado era distinto, estuvo enfermo por mucho tiempo, después estaba escondiéndose y tenía miedo, y no pude decir nada, no cuando te necesitaba tanto. Pero ahora es diferente. Está a salvo, pero sigue necesitándote para dormir por la noche.
-No me molesta.
-No es eso. ¿Qué vas a hacer en un par de años, cuando terminen la escuela? ¿Qué pasa cuando consigas novia y te cases?
Sirius levantó los hombros, en realidad no había pensado tanto en el futuro. O mejor, había tratado de no hacerlo porque le hacía pensar en el casi beso que habían tenido, y en cómo sería pasar el resto de su vida con él. Le sorprendía que Remus no lo hubiera mencionado, y seguía esperando que hiciera, que le preguntara por qué lo había hecho, o incluso si lo había imaginado. Pero hasta entonces no había dicho nada.
Suponía que podía hablar él primero, pero su valentía Gryffindor lo abandonaba cuando lo intentaba. Así que había dejado las cosas seguir su camino lo más posible, y si, en las horas más oscuras de la noche, soñaba con una vida en la que Remus Lupin era completamente suyo, lo olvidaba todo con la salida del sol.
-Remus no puede depender así de ti, -continuó Romulus.- No es bueno para él. Puede parecer poco importante, pero a futuro es mejor que se termine ahora.
-No me importa que dependa de mí. Eso es lo que hacen los amigos.
-No digo que no sean amigos; no les haría eso. Puedo ver cuánto se quieren. Pero Remus tiene que aprender a manejarse solo. Tiene que aprender a poder dormir sin que estés a su lado.
Sirius se mordió el labio, no queriendo decir que a él también le costaba dormir sin Remus. Había tenido muchas noches sin descanso en el verano, igual que Remus.- Hablaré con él, -decidió de mala gana, sentándose en las escaleras, con cuidado para no mancharse de pintura.
Remus miró alrededor del sótano mientras se ponía los pantalones. Sirius había tenido una noche ocupada.-
-En realidad todavía no empecé el fondo, -explicó Sirius.- Me estaba concentrando en los animales. Por ahora sólo tengo los bordes, los pintaré el mes que viene.
-El ciervo se ve genial, -le dijo.- ¿Pero para qué pintaste el Grim?
-No es el Grim, es un perro, -le contestó Sirius, girando los ojos.- Se suponía que fuera otro lobo para acompañarte, pero salió un poco mal, así que lo convertí en perro. Aunque es un poco grande.
-Bueno, definitivamente se ve mejor. Espero que no estuvieras dibujando esa rata en vida, -señaló a las escaleras.-
-Se supone que es un ratón, -murmuró.-
-Es demasiado grande para ser ratón, tiene que ser una rata.
-Bueno, bueno, -resopló.- Es una rata y el perro es el Grim.
-Sólo bromeo, -le dijo con una risa.- Se ve genial. Y el Grim definitivamente es mi favorito.
-¿En serio?
-En serio.
-Creí que el ciervo había salido mejor, -comentó Sirius mientras volvían a subir las escaleras.
-Lo es, es perfecto. Pero me sigue gustando más el perro.
Sirius se rió.- Vamos, salgamos de aquí. Curaré tus rasguños y volveremos a la escuela para el desayuno.
El estómago de Remus gruñó ante la mención del desayuno y pronto se estaban riendo a carcajadas mientras pensaban en el montón de comida que tendrían en poco tiempo.
Llegaron a la escuela para encontrarse con que Rita Skeeter había entregado la última edición del diario escolar esa misma mañana. Remus y su llegada a Hogwarts ocupaba toda la primera plana.
-Mierda, -murmuró Sirius, tomando una copia del diario que había sido dejado de lado por algún alumno de Gryffindor en la mesa.
-¿Qué puso? –Preguntó James, pasándole a Remus el jugo de calabaza.-
-¿Todavía no lo lees? –Preguntó Sirius sorprendido.
-Sólo miré las noticias de Quidditch. Hufflepuff tiene un nuevo golpeador y Ravenclaw dos cazadores y un buscador. Slytherin no tiene cambios, pero han estado practicando como locos su primera semana; son más fuertes que el año pasado.
Esperó a que James contara todas las noticias de Quidditch antes de continuar.- No sólo entrevistó a Remus, que no debería haber aceptado, sino a cada alumno que tiene un problema con que haya venido.
-¿Son muchos? –Preguntó Peter.- No hay problemas para Remus, ¿o sí?
-Déjame ver, -pidió Remus en voz baja, suavemente quitándole el diario de las manos y extendiéndolo en la mesa. Lo leyó en silencio, murmurando ocasionalmente cuando algo le llamaba la atención.- Peligro para otros alumnos… quitando lugar a otros alumnos en la escuela… catorce alumnos dejaron la escuela este verano…
-No todos se fueron por ti, -le dijo James.- Guy se fue porque su padre murió y su madre ya no podía pagar las cuotas.
-¿En serio?
James asintió.- Era el buscador de Ravenclaw el año pasado. Me dijo después del último partido que no volvería este año. Estaba contento de que Ravenclaw ganara la copa antes de que se fuera.
-Pero otros trece… y hubieran sido catorce si la madre de Sirius hubiera podido.
-Ya te dije que mi madre ha estado buscando excusas para quitarme de Hogwarts desde que terminé en Gryffindor.
-Pero…
-¡Pero nada! –Le contestó Sirius.- Tienes derecho de estar aquí. –Miró alrededor venenosamente cuando se dio cuenta de que varios alumnos los miraban.- ¿Algún problema? –Le gruñó a un Slytherin que quedaba.- ¿Viendo cuántos niños mordió anoche? ¡Suerte encontrando alguno!
-Sirius, cálmate, -susurró Remus, mientras el alumno caminaba rápidamente hacia las puertas.- Sólo esperaba a su amigo. –Apuntó al amigo en cuestión, que volvía a la mesa a buscar su mochila.-
-Tienes derecho de estar aquí, -repitió Sirius en un fuerte susurro.
-Siempre supimos que no todos pensarían lo mismo, -le dijo.- Siempre habrán otros que me juzgarán por lo que soy y no por quién soy.
-Te lo estás tomando mejor que yo lo haría, -comentó Peter.-
-O de lo que se lo toma Sirius, -agregó James.-
Pero Sirius ya no lo estaba escuchando, había visto a Rita llegar al comedor, con varios admiradores detrás.-
-¡Remus! –Exclamó animadamente, acercándose rápido a su mesa.- ¿Has visto la entrevista?
Remus gruñó mientras daba vuelta la página para ver cómo lo habían citado, o citado mal, en realidad.- No dije nada de un juicio ante el Ministerio, -le dijo.- Y no traté de morder al profesor Spion, eso es pura basura.
-Pero lo vuelve mucho más interesante, ¿no? –Rita miró a los que la seguían, y ellos asintieron su aprobación.
-Nunca traté de morder a nadie, -insistió Remus.- Ahora los alumnos que no me tenían miedo también creen que soy peligroso.
-Pero eres un hombro lobo, -le dijo Rita, con los ojos enormes por la confusión.- Claro que eres peligroso.
-Sólo la noche de la luna llena, y me aseguro de estar encerrado para no morder a nadie.
Rita se veía un poco derrotada, pero pronto sonrió y levantó los hombros.- Detalles, detalles, -comentó, haciendo una seña con la mano.- La nota es muy popular. Todos se morían por saber más de ti.
Sirius frunció y Rita se paró. La miró desde arriba venenosamente. Cualquier otra persona hubiera retrocedido un par de pasos por la mirada Black, pero Rita era mucho más fuerte que la mayoría y le devolvió la mirada, con los admiradores apoyándola.-
-Vamos, -dijo Remus, parándose y tomando sus libros y el diario.- Llegaremos tarde a clase.
Sirius dejó que lo alejara de Rita y salieron hacia la clase de Cuidado de las Criaturas Mágicas, cerca del bosque.-
-No deberías dejar que te moleste, -le dijo Remus.
-No puedes decirme que la mierda que escribió no te molesta.
-Claro que me molesta, pero es sólo un diario escolar. Será olvidado en una semana o dos y la gente tendrá algo más de qué hablar. Ya lo sabes, ¿entonces por qué dejas que te moleste tanto?
-No dijiste eso cuando lo leíste.
-Aunque algunas cosas pueden ser verdad, -contestó Remus después de unos minutos de silencio.- Siobhan de Ravenclaw le dijo a Rita que su mejor amiga había sido transferida a Beauxbatons porque sus padres no la querían en la misma escuela que un hombre lobo.
-Dice Siobhan. O mejor, eso es lo que Rita dice que dice Siobhan. No sabes si es verdad.
-Le voy a preguntar.
-¿Para qué?
-Para saber si es verdad o no.
-¿Y si es verdad?
Remus levantó los hombros.- Sólo me gustaría saber. –Sacó el diario y lo volvió a revisar.- Voy a averiguar exactamente qué es verdad y qué no.
-¿Vas a verlos a todos? -Preguntó Sirius, quedándose quieto.
-A cada uno, -le dijo Remus.- James ya nos dijo lo que pasó con Guy. Voy a hablar con Siobhan antes de Pociones, y después sigo con el resto.
-No lo hagas.
-¿Por qué no?
-Porque podrías descubrir que la mayoría es verdad, -respondió Sirius.- ¿No preferirías no estar seguro?
-Y vivir en un mundo de fantasía donde todo es perfecto. –Remus se rió y negó con la cabeza.- Me gustaría saber la verdad, sin importar lo horrible que sea. Preferiría saber la fea verdad que creer un montón de mentiras bonitas.
Sirius negó con la cabeza, sabiendo que no tendría sentido seguir discutiendo con Remus. Su amigo estaba decidido a descubrir cuanta verdad había en la nota de Rita, y sabía que nada de lo que dijera lo haría cambiar de opinión. Sólo esperaba que Rita hubiera exagerado y mentido más que lo usual. Pero viendo cómo los demás alumnos se alejaban de Remus al llegar al borde del bosque, sospechó que había más que un poquito de verdad en la nota.
