Capítulo 26

En tus ojos

Todo fue inútil. Ni un rastro, como si el atacante de Thetis estuviese hecho de aire.

Más intrigante aún resultaba el hecho de que nadie hubiese detectado la presencia del intruso. ¿Cómo había podido alguien entrar al Santuario sin ser visto ni sentido? Quizás, pensó Marin, era mejor que no lo hubiesen hallado en ese momento, pues seguramente no hubieran podido hacer gran cosa contra alguien tan hábil. Ahora sólo le quedaba esperar para recibir noticias sobre la salud de Thetis.

Mil y un ideas pasaban por su mente. Quizás había sido una mala separarse del grupo para venir a Grecia, quizás debían haberse quedado en Tokio, quizás el ataque habría tenido lugar se hallasen donde se hallasen, quizás debía de haberle dicho a Athena que no...

En medio de sus reflexiones, se detuvo al hallarse frente a su cabañita. Al entrar a ella, el pasado se le vino encima y los ojos se le arrasaron por la abrumadora carga de imágenes que la acometieron. Imágenes¿de quién si no? De Seiya.

Podía verlo sentado, comiendo en la pequeña mesita. Podía verle dormir en la cama, exhausto, con esa expresión de serenidad que rara vez se le veía cuando estaba despierto. Podía recordarle mientras la miraba con esa mezcla de respeto y admiración cuando ella le explicaba cada una de las técnicas que le enseñó. Se sentó junto a la ventana mirando el cielo perfectamente claro y despejado. En dos días más sería luna llena, y sin saber por qué eso la llenó de más nostalgia aún.

Pocas veces Marin se había sentido tan sola como aquella noche.

Y es que había fantaseado por largo tiempo con la idea de que Seiya era en realidad su hermanito. Mientras existió la posibilidad soñó una y otra vez con que Seiya llegaba a sentarse junto a ella, permanecía a su lado por un buen rato, sin decir ni una palabra, la tomaba de la mano y le decía "¿Eres tu verdad? Has sido tú todo este tiempo", y después se daban un largo, largo abrazo. Él lloraba entonces, muy quedito, de felicidad, mojando su mejilla y sus cabellos rojos. Pero ese sueño estaba muerto. Volvía a ser una huérfana, mejor dicho, jamás había dejado de serlo: era alguien que no contaba ni siquiera con una persona en todo el mundo que compartiera su sangre y su carne.

Cuando halló a Seika ni siquiera tuvo tiempo de sentirse decepcionada o triste, pero ahora todo ese caudal de emociones contenidas se le venía de golpe. Justo en ese momento en el que las circunstancias eran tan terribles. Porque perder a Seiya como hermano era una cosa, pero perderlo del todo era algo completamente distinto. A fin de cuentas él jamás dejaría de ser su discípulo, de ser alguien que estaba muy dentro de su corazón, pero si él fallecía...

No podía imaginar la vida sin su risa, sin sus ojos chispeantes, sin su cabello rebelde, sin su inagotable alegría. Y no había noticias de que tuviera mejoría alguna.

La otra persona más próxima a su corazón, en cambio, ya había despertado.

Miró a su alrededor, y después de asegurarse de que no había nadie cerca, se quitó la máscara, permitiendo que el aire nocturno acariciara su rostro. Miró hacia el cielo, dirigiendo enseguida la vista hacia la constelación de Leo que brillaba plena y majestuosa, y dos lágrimas rodaron por su rostro. Tatsumi se comunicaba a diario a Japón para pedir informes, y durante la hora del desayuno les daba el reporte. Fue así que ella se había enterado que él ya había reaccionado. ¡Cómo le hubiera gustado estar a su lado justo en el momento en el que abría los ojos, sus hermosísimos ojos azules¡Cómo le hubiera gustado ser ella la que le diera la maravillosa e increíble noticia de que su hermano había vuelto a la vida! Le alegraba en el alma saber que él daba pasos agigantados en su recuperación, y hubiera dado lo que fuera por poder estar a su lado, y no sólo porque estaba locamente enamorada de él, si no por que él era con toda seguridad, él único que podía comprender el dolor que le provocaba la salud de Seiya. Y es que el una vez pequeño niño japonés había sido, en gran medida, el cupido que les había unido. Eran muy jóvenes ambos, y sin embargo, podía decirse sin lugar a dudas que habían jugado el rol de las figuras paternales del futuro Caballero Pegaso. Lo habían apoyado, lo habían regañado, lo habían visto crecer, se habían sentido orgullosos de ver lo lejos que había llegado. Saberle tan malherido clavaba un dolor agudo y constante en su pecho, y él debía de sentir lo mismo. Si estuvieran juntos, él la entendería y la consolaría sin palabra alguna.

Pero él no estaba ahí, y a ella no le quedaba nada a qué aferrarse.

El momento de quedarse a solas por fin había llegado, pues Shyriu, que había permanecido unos minutos más con ellos comentando que le habían dado de alta ese día y los cuidados y recomendaciones que le había dado el doctor, se había retirado.

El ambiente se hubiera podido cortar con un cuchillo. Algunas miradas se cruzaban, pero no se mantenían. Milo miraba con desprecio a Afrodita, Afrodita miraba a Saga tratando de buscar al menos un poco de apoyo, ya que alguna vez habían estado del mismo lado; Saga miraba a Dokho y a Mu tratando de descifrarlos, Aioria, lleno de dudas y de preguntas miraba a Shura y Shura sentía los más profundos deseos de arrojarse por la ventana, pues no iba a poder mirar al piso toda la vida.

Después de cinco minutos, ya habían hecho todo lo posible para evitar cruzar miradas y palabras. Ya se habían reacomodado en su silla, o en la cama, habían vigilado sus vías intravenosas, sus yesos, habían acomodado la sábana, sus ropas, y ya no había más qué hacer que seguir en medio del más incómodo de los silencios. Aioria, sintiéndose abrumado, se levantó de su silla de ruedas alejándola de sí con evidente rechazo y caminó hacia la puerta con decisión

- ¿Adónde vas? - preguntó Dokho

- Voy a ver a Seiya

- Preferiría que te quedaras.

- Tengo que verlo ahora - dijo el León abriendo la puerta

- Nuestro destino es este, el de estar juntos. No podemos evitarnos eternamente.

- No pretendo hacerlo, pero en este momento mi prioridad es...

- Mi prioridad es que arreglemos de una vez por todas este asunto entre nosotros. Entiendo que quieras verlo, pero te pido que te quedes ahora. Creo que hay muchas cosas que debemos de hablar por nuestro propio bien – dijo Dokho con voz acariciante pero muy determinada.

- De acuerdo - dijo Aioria con desafío mientras cerraba la puerta tras de sí- Bien, muy bien Maestro. Si eso es lo que quiere, hablaremos, aunque con todo respeto le digo que me parece muy ingenuo de su parte, porque los que estamos en esta habitación nos hemos enfrentado más de una vez en lugar de combatir contra los verdaderos enemigos y realmente nos hemos hecho daño de muchas formas. ¡¡Nos hemos asesinado más de una vez!! Siendo espíritus fue que finalmente todos estuvimos en el mismo bando, y entonces peleamos, ganamos y ahora estamos todos de regreso, vivos. Obviamente, eso es muy "extraño"¡incluso para nosotros! Pero me parece que usted cree que hablando vamos a desaparecer los sentimientos negativos que sentimos los unos por los otros¿no?

- Creo que sería un comienzo.

- Usted es el sabio y antiguo Caballero de Libra, Maestro – dijo Aioria con cierta ironía e incluso algo de violencia, mostrando un lado de su personalidad que muy pocas veces salía a flote – supongo que sabe de lo que habla. Entonces... ¿Qué es lo que vamos a hacer?... ¿Vamos a hablar? Como si fuera... ¿terapia de grupo? De acuerdo, perfecto. Si es lo que hay que hacer para salir de esta habitación, vamos a hablar entonces... – Volvió a tomar su lugar en su silla de rueda, bastante alterado -¿Qué pasa? - dijo él recorriendo las miradas confusas de todos, excepto claro está, la de el Caballero de Capricornio - ¿No tienen ganas de hablar¡Perfecto! Entonces yo lo haré... Me siento lleno de odio y de alegría, y de desesperación, todo a la vez... No puedo creer que estoy vivo, no puedo creer que estén ustedes vivos. Pero sobre todo, aún no puedo creer que Aioros esté vivo... A veces siento que eso es lo único que debería de importarme, que debería dedicarme a tratar de ser feliz, pero me carcome la impaciencia porque estoy esperando a que mi hermano mayor, que aún luce como un chico y que murió hace dieciséis años, despierte… Uno de mis mejores amigos murió hace mucho, y ahora está de vuelta, justo aquí, frente a mis ojos. Pero no me habla. Ni siquiera me mira. No sé qué puedo decirle y tampoco sé qué es lo que siento por él en realidad, porque él… él mató a mi hermano, lo sé... pero no dejo de pensar que me encantaría darle un abrazo y decirle lo mucho que lo he extrañado todo este tiempo… Y cuando te miro - dijo enfrentando directamente al Caballero de Géminis con los ojos enrojecidos por el llanto y la ira que no podían ser contenidos - no puedo dejar de pensar que si tu no... que si no hubieras hecho todo lo que hiciste, las cosas serían muy diferentes para mí¡que mi vida habría sido muy distinta!... Así que sí, tengo que reconocerlo, estoy un poco fuera de mi mismo, y lamento si a alguno de ustedes le incomoda mi hostilidad¡pero no puedo evitarlo! –Aioros, en un gesto salvaje, se llevo las manos al rostro y se secó con fuerza las lágrimas - ¿Qué¿Nadie tiene nada qué decir¿¡Nadie quiere participar!?... Bueno, entonces, si me disculpan, voy a ir a ver a Seiya, que seguramente está malherido por hacer el trabajo que nos correspondía a nosotros.

Aioria salió azotando la puerta, tan enérgico y vigoroso como sólo la rabia podía ponerlo. Tan furioso que ni siquiera Milo se atrevió a seguirle.

El ahora rejuvenecido Maestro de Libra movió la cabeza en un gesto de profunda tristeza.

- Lo lamento. Esto no era lo que yo quería que sucediera.

- Traten de entender. Son demasiadas cosas a la vez. – dijo Mü con gravedad – Estoy seguro de que él no…

- ¿Qué él no quiso decir lo que dijo? – intervino Afrodita, aunque sin reproche en su voz – a mí me dio la impresión de que sabía y sentía perfectamente cada palabra

- No tienen que disculparse por él, y creo que ninguno de nosotros está en posición de reclamarle nada, es perfectamente comprensible que sienta todo eso. Simplemente fue honesto, y eso se lo agradezco, así puedo saber exactamente qué esperar de él… ¿Qué debemos esperar de ustedes? – preguntó Saga, mirando directamente a Mü y a Dokho y tratando de ocultar un ligero temblor en su voz.

- Yo creo que superaremos esto, y que volveremos a vivir en una armonía de trabajo y espíritu – dijo Mü después de meditarlo unos cuantos segundos.

- ¿Volveremos? - replicó Afrodita

- Ya lo experimentamos una vez, frente al Muro de los Lamentos... Sé que volveremos a hacerlo. Y aunque tenemos que trabajar mucho para lograrlo, no es imposible, porque lo sentí. Lo sentí y lo vi, en los ojos de todos y cada uno de ustedes, de nosotros... Desde que conocí a Shyriu y a sus amigos, sentí... no hallo otra mejor palabra para decirlo... sentí envidia de la unión que hay entre ellos, de ese sentido de trabajo en equipo, de esa capacidad de pertenecer el uno al otro, de ese momento en el que uno sabe exactamente cuál es su lugar y por qué... Junto al Muro vivimos esa unión que siempre soñé. Fuimos uno ese día, y no sólo porque deseábamos con toda intensidad lo mismo, fue porque nos acoplamos como estaba destinado a suceder desde el día que nacimos... ¿O van a decirme que no sintieron lo mismo?

- Lo sentí – dijo Dokho con una sonrisa ligera en sus labios

- Yo lo sentí también - dijo Afrodita con sus preciosos ojos azules llenos de lágrimas - y fue asombroso... Pero oyeron a Aioria. No creo que ni él ni… ni muchos otros puedan perdonarnos…

- No le den tan poco crédito a mi amigo - dijo Milo interviniendo por fin – Él… perdió un poco el control, pero… creo que es quizás quién ha llevado una de las peores partes de esta historia. Perdió a su hermano y le hicieron creer que lo mataron por ser un traidor, y por ello fue objeto de burlas, de escarnio y de desprecio durante años. Murió uno de sus mejores amigos, supo que le habían mentido toda la vida, y ahora, después de una batalla infernal todo vuelve a él de un golpe: Aioros, Shura... ¿Qué sentirían si estuvieran en su lugar? Yo ya habría hecho cosas muchos peores que decir lo que dijo… Pero él no es como yo… Tiene un gran corazón, sólo denle tiempo. Él hallará la forma de perdonar los fallos que todos hemos tenido.

- Tienes mucha razón Milo. Aioria ha sufrido de manera muy personal esta guerra entre nosotros – dijo Dokho asintiendo - Entiendo que para él, que perdió tanto, no será fácil hallar el olvido y el perdón. Pero es una buena persona, así que no tengo duda de que lo logrará, al igual que los demás, tarde o temprano, porque me niego a creer que sólo podemos estar juntos en medio de una batalla, peleando... Hay algo entre nosotros, una conexión que sentimos ese día. Nos complementamos... Tenemos que aprovechar este momento maravilloso: Aioros volvió, ustedes volvieron. Incluso ahora tenemos a dos hombres poderosos y dignos de usar la armadura de Géminis. Por fin estamos completos.

Las lágrimas que nacían en los ojos azules de Saga hicieron que estos refulgieran como estrellas al escuchar las palabras del pelirrojo.

- ¿Realmente piensas eso?

- Si no fuesen dignos, la armadura no hubiese podido ser portada por ninguno de los dos. Tu hermano no se separó ni un minuto de Athena desde que acabó la batalla contra Poseidón. Lo soportó todo, fue humilde y luchó como un gran caballero, frente a ti, frente a los espectros, y sobre todo contra Radhamantys. Y tú lo arriesgaste todo con tal de ayudarla, tu propia alma, con tal de que ella ganara la batalla. Ambos se ganaron mi respeto y mi admiración.

- Gracias.

Saga dejó correr las lágrimas por sus mejillas, incapaz de decir nada más. Sí, había cometido muchos y graves pecados, mismos que habían causado dolor y desgracia por doquier. Pero parecía que al fin, al fin, había comenzado a resarcirse.

- ¿Y tú, qué piensas Milo? – preguntó Mü

- ¿Yo?.. Estoy muy enojado… - el ambiente se tensó al oírle decir esas palabras - pero después de oír a Aioria, no me parecen tan fuertes mis motivos… - Milo carraspeó, tratando de no sucumbir ante los sentimientos. Esas demostraciones no se las permitía a sí mismo - Admito que cuando supe que habías asesinado al Patriarca y tomado su lugar, me puse furioso – dijo mirando directo a Saga – Odio la idea de haber sido manipulado. Pero la verdad es que… disfruté intensamente muchas cosas poco correctas que hice bajo tus órdenes. Amaba sentirme superior al resto de los mortales. Abusé y cometí…. cosas de las que ahora me arrepiento, pero el único culpable de eso soy yo… Cuando pensé que habían matado a Shaka, me sentí tan indignado, tan lleno de ira… pero ahora que he tenido tiempo de pensarlo, me doy cuenta de que fue una batalla muy extraña… y fue más extraño el papel que les tocó jugar a ustedes… Volver a enfrentarnos, recorrer las doce casas como si no fuesen suyas, morir… Todos hicimos lo que teníamos que hacer para ayudarla. No voy a mentir – dijo retomando su actitud de frialdad pues las confesiones no eran de su agrado, en especial cuando sus personas de mayor confianza no estaban ahí - todavía tengo algunas cosas que resolver con ustedes, y conmigo mismo, pero… se trata más que nada de mi orgullo herido. Y eso tiene solución.

- No espero que con una plática resolvamos todo – explicó Dokho - Lo único que pido de ustedes es la promesa de que todos pondremos de nuestra parte para solucionar esto y que trataremos de convivir en paz y armonía el mayor tiempo posible. Quizás no suceda tan pronto como me gustaría, y habrá veces en que quizás no sea fácil, o quizás a veces será imposible, me queda claro, y agradezco también que sean honestos y abiertos al respecto, pero aquí ya somos todos adultos, y quisiera que nos comportáramos como tales… ¿Qué dicen?

- Si ustedes están dispuestos a darnos esa oportunidad… por supuesto… – dijo Afrodita con verdadero arrepentimiento. Saga asintió en silencio, al igual que Milo y Mü. Sólo faltaba Shura, que continuaba sin decir ni una palabra. Las miradas se posaron sobre él y él lo percibió.

- ¿Necesitan que lo diga? Claro que trataré… - Capricornio sonrió amargamente – Aunque me parece que las palabras no serán suficientes…. Yo no tengo nada que perdonar y todo por ser perdonado, y haré lo que sea para tratar de conseguir ese perdón – Shura se puso de pie en silencio – aunque saben bien que no es de ninguno de ustedes de quién lo necesito.

Y sin agregar ni una palabra más, salió de la habitación.

Después de preguntar a varias personas, dio con él. Su búsqueda lo había llevado hasta una puerta cerrada en una habitación con persianas también cerradas. Entró y a pesar de la penumbra, pudo darse cuenta de que la amplia habitación estaba atestada de aparatos en funcionamiento, todos concentrados a ambos lados de la cama. En ella, Aioria podía distinguir la menuda silueta de Seiya, y los cables y tubos que entraban y salían de él. Se fue acercando muy poco a poco, arrastrando los pies como si estuviesen llenos de plomo. Se negaba a creer que la persona que estaba frente a él fuera el niño al que había conocido nueve años atrás.

Su último recuerdo de Seiya era el de un joven hombre completamente sano y en un momento cúspide de su poder y de su fuerza, como cuando junto con sus amigos desvió la enorme bola de energía que se generó al chocar las dos Exclamaciones de Athena en el Templo de Virgo. Le había visto vigoroso, con la piel un poco más morena que de costumbre, portando con gran orgullo su armadura de Pegaso, con la cabellera revuelta y los ojos llenos de fuego, de pasión, de determinación y sobre todo, de vida.

Afuera, hacía una tarde hermosa y el sol brillaba con gran intensidad, como si el mundo no hubiese estado a punto de acabar hacía tan poco. Pero en aquella habitación no había ventanas hacia el mundo exterior. La poca iluminación artificial existente solo resaltaba el lamentable estado en el que Seiya se hallaba. Se acercó al lado derecho de su cama, y lo miró detenidamente.

Sólo le había visto muy enfermo una vez, hacía mucho tiempo ya, tanto, que parecía un sueño y no un recuerdo. Seiya, de diez años, había recolectado algunos hongos en uno de los puntos más lejanos del Santuario, y los había comido sin saber que eran venenosos. Para el anochecer había comenzado a sufrir de intensos dolores y los escalofríos le recorrían el cuerpo, y Marin, preocupada como Aioria nunca le había visto, había acudido a él en busca de ayuda. Juntos habían descubierto que Seiya había ingerido los hongos, y él había acudido por un médico hasta Rodorio para que lo atendiera. Ni la toxicidad de los hongos ni su cantidad eran suficientes para poner en verdadero riesgo la vida del pequeño japonés, pero fue suficiente para que pasara dos días terribles. Dos días que le habían dado la inusitada oportunidad de estar junto a Marin prácticamente todo el tiempo, cuidando de él, jugando a ser sus padres, preocupándose como si lo fuesen, queriéndolo aunque él, a fin de cuentas, no fuese nada suyo.

La primera noche había sido la peor. Seiya tenía una fiebre muy alta y severos dolores. Marin y él pasaron esa noche alternándose, para que siempre alguno de los dos estuviera sentado en la cama con él, pasando un lienzo húmedo sobre su frente, sosteniéndole el cuerpo cuando necesitaba vomitar, dándole la medicina y viéndole dormir. A Marin le había vencido el sueño cuando el amanecer estaba ya muy próximo. Su mano izquierda, apoyada en la mesa, sostenía su cabeza. La indescriptible obscuridad que es vencida por el amanecer se filtraba ya por la ventana, creando un momento mágico e irreal. Marin estaba hecha ya toda una mujer, su cuerpo era fuerte pero muy femenino y su piel blanquísima resaltaba con su hermosa cabellera roja. En esos momentos, al verla dormir, Aioria se habría cortado los dos brazos con tal de poder observar su rostro, y ahí supo con toda certeza que Marin le removía los adentros. Y segundos después, Seiya, con su voz aún de niño, lo sacó de sus pensamientos.

¿Aioria?... ¿Qué haces aquí?

Cuidándote. Nos diste un buen susto Seiya

Me duele…

Lo sé, pero las medicinas te van a ayudar

¿Me voy a morir?

Claro que no Seiya – dijo él tomando su mano derecha y apretándola - No vas a morirte mientras Marin y yo te estemos cuidando.

¿Dónde está?

Ahí – dijo él ayudándole a levantar la cabeza para que pudiera verla – se quedó dormida. Ha estado cuidándote todo este tiempo. ¿Qué te parece si la dejamos dormir?

Seiya asintió con suavidad. Aioria acarició sus cabellos mientras le hablaba con voz queda

¿Te he dicho que me recuerdas a mi hermano?

No. No sabía que tenías un hermano.

Él…. No está aquí….

¿Te separaron de él?

Sí… Podría decirse que sí.

Debes de extrañarlo. Yo extraño mucho a Seika

Si – sus ojos se llenaron de lágrimas

No llores Aioria. Volveré a verla y sé que tú también vas a volver a ver a tu hermano.

En eso también te pareces a él. El era… es… muy optimista… Si te pareces a él… Bueno, tus cabellos son más obscuros, es cierto, pero sus cabellos eran más obscuros que los míos. Sus ojos no eran cafés como los tuyos, si no azules, aunque de un azul distinto al de los míos. La nariz no se parece, la de él era más larga y afilada. Tu eres definitivamente más moreno que él, pero… la verdad no lo sé… – dijo riéndose - no sé qué es lo que tienes que me lo recuerda tanto… será que tu tienes esa capacidad de alegrarme como lo hacía él… además claro, tu también eres un Sagitario…

Seiya se había quedado dormido de nuevo en su regazo, con una sonrisa en los labios. Aioria continuó acariciando los cabellos del pequeño. Contempló la habitación, desnuda de objetos pero llena de calidez, y en ese momento se dio cuenta de que ahí se sentía realmente cómodo, que se sentía completo en medio de esas dos personas. Quizás, pensó, había perdido a Aioros, pero a pesar de todo, Athena no lo había abandonado. Le había enviado una nueva familia.

Sí. Ese adolescente de cabellos castaños era parte de su familia. Por eso le dolía tanto verle así. Esta vez no podía cuidarlo en su regazo, pero sí podía tomar su mano. ¡Cómo le costaba ahora reconocerle! Estaba muy delgado, tanto que incluso en su rostro se marcaban ya los pómulos. Su piel, que dos meses antes había lucido morena y chispeante, ahora se veía ceniza y estaba reseca. Sus labios tenían un matiz azulado, y todo su cuerpo, en especial sus manos, eran incapaces de mantener una temperatura normal. El León podía sentir su mano fría, muy fría, así que se aferró a ella tratando de infundirle calor mientras le hablaba

Hola Seiya. Soy yo, Aioria. Lamento mucho venir a verte hasta ahora, pero es que… yo tampoco salí muy bien librado de todo esto. Mi hombro izquierdo se rompió y se salió de su lugar, y tengo que confesarte que me duele bastante… Me he estado acordando de esa vez en que comiste hongos venenosos¿te acuerdas? Ese día estuviste muy enfermo, y me preguntaste si ibas a morir. Yo te dije que no, que no morirías mientras Marin y yo te cuidáramos… Ella no está aquí, tuvo que ir a Grecia. Pero yo estoy aquí, y voy a estar cuidándote hasta que Marin vuelva… No vas a morir¿me oyes?... Yo tenía razón… Ese día te dije que pensaba que te parecías mucho a Aioros, y es cierto, te pareces a él. No sé si alguien te lo ha dicho, pero él está aquí, en este hospital también, vivo. Lo he visto, y ahora que te veo a ti me doy cuenta de que sí se parecen, sobre todo ahora que se ven casi de la misma edad… Tienes que poner todo tu empeño en mejorarte, porque Aioros va a despertar en cualquier momento y estoy seguro de que va a querer conocerte. El ya no estaba con nosotros cuando tú llegaste, y sin embargo siempre ha cuidado de ti, ha confiado en ti y te ha confiado su armadura más de una vez… ¿Te imaginas lo que van a sentir cuando se vean por primera vez frente a frente?

Las lágrimas corrían por su rostro, pero el Caballero de Leo no quería soltar la mano de Seiya, así que frotó su mejilla contra su hombro derecho, tratando de secar un poco su húmedo rostro.

Yo también estoy deseando que Marin vuelva pronto… Se siente raro estar aquí, solo nosotros, sin ella¿no crees? Pero va a volver pronto, lo sé. Estoy seguro de que…

Con permiso – dijo Oyuki entrando en la habitación y prendiendo todas las luces – es hora de su… - se interrumpió al ver que la persona que acompañaba a Seiya era un hombre rubio y de ojos azules que había despertado hacía muy poco. Oyuki tuvo que esforzarse en recordar para qué había entrado en la habitación, pues el hombre que estaba frente a ella era tan bien parecido que la había dejado perpleja

Disculpe, no la oí. ¿De qué es hora? –dijo él tratando de recuperar el control de sus emociones

Su baño. Es hora de bañarlo y de curar sus heridas.

Claro… No puedo quedarme¿verdad?

No. Lo lamento.

Está bien… Seiya, escucha – dijo dirigiéndose al adolescente - tengo que salir mientras te curan, pero voy a estar aquí afuera, esperando a que me permitan volver a entrar. Sé bueno…

Con mucho cariño despeinó ligeramente sus cabellos, se puso de pie y se acercó a la puerta, pero permaneció ahí, sintiéndose incapaz de abandonar la habitación. Oyuki tomó los signos vitales de Seiya, y comenzó a quitarle las vendas y las gasas. Dos personas más entraron, y sostuvieron el cuerpo de Seiya para retirar el gran vendaje que cubría su torso.

Aioria sintió que lo golpeaban a la velocidad de la luz justo en el estómago cuando se dio cuenta de cómo manipulaban el cuerpo exánime de Seiya. La maniobra era complicada, y se requería de tres personas para hacerlo, no por su tamaño ni por su peso (Aldebarán, por ejemplo, apenas y cabía en la cama y mover su cuerpo inerte era una tarea titánica para los enfermeros), si no porque debía de realizarse con muchísimo cuidado, pues su vida dependía del funcionamiento de los aparatos a los que estaba conectado, en particular la máquina corazón-pulmón. Los tubos en su garganta, la enorme herida en su torso, que prácticamente lo había partido en dos, los cables por los que le pasaban suero, sangre y medicamentos, los sensores que lo ligaban a la máquina que registraba sus signos vitales, todo debía de permanecer en su lugar, así que debían de proceder con todo cuidado mientras lavaban sus cabellos castaños, su torso, su espalda que temían también estuviera lastimada, y sus piernas, que aún conservaban algo de la fuerza y la musculatura que lo habían llevado a recorrer un Santuario en Grecia, el fondo del mar, enormes y desolados parajes nevados y el propio Infierno.

Georgia y Gustav, dos de los nuevos integrados al equipo que se hacía cargo de los caballeros, (se habían integrado al mismo tiempo que un ruso al que todos llamaban cariñosamente Slava, una japonesa de nombre Kiyomi y Ariadna, que se había colado entre ellos) lo sostuvieron con gentileza en el aire para que Oyuki pudiera pasar una esponja suave por su espalda.

¿Va a ponerse bien?

Oyuki, Georgia y Gustav se miraron entre sí. A Oyuki en particular le apenaba enormemente presenciar las reacciones de tristeza que se suscitaban cada vez que los "chicos Kido" se visitaban unos a otros.

Es muy difícil decir… - dijo ella titubeando

Necesito saber la verdad. ¿Ustedes creen que tiene oportunidad de salvarse?

No – contestó Gustav con marcado acento francés.

Oyuki enseguida le lanzó una mirada de reproche. Él llevaba pocos días cuidándolos, no los conocía y por ende no les tenía mucho aprecio aún.

Aunque Aioria quisiera desesperadamente ser optimista, aunque tratara de pensar muy positivamente, aunque quisiera cerrar los ojos y fingir que no se hallaba tan grave, la verdad se presentaba despiadada e indiscutible. Una luz murió en sus ojos azules, y salió sintiendo que las piernas en cualquier momento dejarían de sostenerlo.

En cuanto él se marchó, Oyuki se volvió hacia Gustav y le reclamó con gran molestia

¿Por qué le dijiste eso?

¿Por qué le dije qué?

¿Por qué le dijiste que se va a morir?

Tenemos la obligación de ser honestos con los familiares de un paciente.

Tú no sabes todo lo que ha sobrevivido este chico.

El que haya aguantado hasta ahora no quiere decir que va a recuperarse

Cálmense los dos – dijo Georgia interviniendo - Vamos a hacer todo lo que vinimos a hacer y después, allá afuera, pueden discutir todo lo que quieran si eso les satisface.

Tienes razón Georgia.

Oyuki tomó la esponja y comenzó a tallar el cuerpo de Seiya. Al llegar hacia la cintura, se detuvo en su labor, con expresión de desconcierto en el rostro.

¿Qué sucede?

Tiene una llaga grande a media espalda.

Continuaron su labor en un triste silencio. Durante sus años de preparación, habían aprendido que era normal en pacientes que por una u otra circunstancia tenían que permanecer durante largo tiempo en cama, con una movilidad nula, que tarde o temprano comenzaran a desarrollar llagas y lastimaduras, así como a padecer serios problemas de circulación y a correr el riesgo de que su cuerpo formara coágulos que podrían ser mortales. El adolescente al que atendían no era, sin embargo, un paciente típico. No era mayor de edad, pero su corazón era débil como el de un hombre de más de sesenta años. Su cuerpo aún conservaba algo de su belleza y de su notable fuerza, pero sus pulmones eran débiles como si hubiese fumado por más de una década. La aparición de sus llagas, sus venas debilitándose y rompiéndose y la creciente dificultad que pasaban doctores y enfermeras para encontrar nuevos lugares para instalar vías intravenosas, eran síntomas de la decadencia lógica de un paciente sumergido en un estado profundo de coma, pero que al mismo tiempo era inconcebible en un joven de dieciséis años.

Aquí hay otra – agregó Gustav – en el coxis.

Habrá que avisarle al doctor Sato

Afuera, Aioria había buscado la silla más próxima para sentarse. Permanecía con los ojos cerrados y la cabeza recargada en la pared, dejando que el llanto fluyera libremente por su rostro. Una mano se posó sobre su hombro, y él enseguida supo quién era la persona que lo tocaba.

Por favor, Shura, no ahora. No puedo…

Aioria se recargó sobre su hombro derecho, dándole la espalda a Shura. Ese gesto le dolió en el alma al Caballero de Capricornio, pero no lo amedrentó.

- Está bien si no quieres verme, sólo te pido que... sólo escúchame. Si no había dicho nada hasta ahora, no es que porque no me importes, lo que pasa es que no puedo mirarte a la cara. No me atrevo. No tengo derecho… Tu sabes lo orgulloso que estuve siempre de haber sido yo quien detuvo los "planes malvados" de tu hermano - dijo haciendo evidente el sarcasmo -y al mismo tiempo lo mucho que me dolió pensarlo un traidor. No sabíamos... no sabía lo equivocado que estaba… Cuando lo vi frente al Muro de los Lamentos no podía creerlo, su alma estaba llena de un fulgor tan especial... Todo fue demasiado rápido, pero cuando llegó el momento de poner mi poder en su flecha, el me miró directo a los ojos... y me sonrió... ¡Me sonrió como si no hubiese sido yo el que le hirió de muerte¡Como si no hubiera sido yo el que no creyó en él, el que le juzgó tan estúpida y absurdamente! Me miró como si le diera gusto verme - dijo Shura derrumbándose ante sus intensas emociones - A mí no me bastarían todas las palabras del Mundo para poder convencerlo de que me otorgue su perdón, y él con una sola mirada sacudió todo mi ser. ¡Ojalá Athena no me hubiera traído de regreso! - dijo él recargándose en la pared y golpeando su cabeza contra ella - ¡Me había alegrado tanto de morir peleando contra Shyriu! Él abrió los ojos a la mentira que fue mi vida... Después de saber lo que en realidad había hecho, sentí que con mi muerte al menos recibía mi merecido. Que me pagaban con la misma moneda... El rostro de Aioros fue lo primero que vi cuando abrí los ojos hace unos días, y desde ese momento no hago otra cosa más que esperar a que tu hermano despierte. Ansío y temo ese momento como no tienes idea... Estoy en deuda con ustedes dos… Les debo mi vida... Les debo todas las disculpas. Les debo dieciséis años...

Aioria sollozó quedamente mientras escuchó el discurso de Shura. Se volteó para ver el rostro de su compañero y amigo y con la voz enronquecida le dijo

- Yo también quiero pedirle perdón

- ¿Tú? - le preguntó Shura, aún eludiendo sus ojos azules - Nada de lo que sucedió fue tu culpa

- Dudé. Llegué a despreciarlo. Llegué a desear que nadie mencionara jamás su nombre...

- Te mintieron, te hicieron creer cosas falsas sobre él.

- Mi corazón me decía que no era cierto, pero dejé que me convencieran

- Eras un niño... todos éramos unos niños... aunque tu hermano peleó y murió como todo un hombre.

- Todos hablaban mal de mí, me veían con recelo, o con desprecio, excepto Milo... y tú. Tú no cambiaste tu actitud hacia mí, a pesar de todo lo que pasó. Y aunque siempre te enorgullecías de ser el más fiel Caballero, el que había salvado de aquel "ataque" a nuestra Diosa, frente a mí jamás hablaste mal de él... como si en el fondo aún no estuvieras convencido de que fuera culpable de todo.

- Era mi mejor amigo y sin embargo no lo oí cuando debí de haberlo hecho...

- Todos tenemos nuestro pedacito de culpa en esta historia… Yo habría matado a Seiya con mis propias manos de no haber sido porque Casios se interpuso entre él y yo... - Aioria se llevó la mano derecha a la cabeza en un gesto que Shura reconoció muy bien

- ¿Te duele la cabeza?

- Sí... ¿Shura?

- ¿Sí?

- Lo que dije es cierto. Aún estoy muy confundido... pero sé que el sentimiento que ha predominado en mí durante... durante "tu muerte"... fue el del vacío por tu ausencia...

Shura por fin mantuvo su rostro en alto, dejando ver con orgullo sus hermosos ojos negros circundados de rojo, mismo color que tenía su nariz, y sus mejillas húmedas.

- Nunca te había visto llorar – dijo Aioria

- Solo lloro cuando la ocasión en verdad lo requiere – dijo el español con una tímida sonrisa - Y la verdad es... que desde que yo... desde hace más de una década él es la única y perenne razón de mis lágrimas

Aioria miró los profundos ojos negros de su amigo, recordando todos los momentos importantes que habían vivido juntos, y lo mucho que lo quería, y después miró hacia el techo.

- Seiya está muy grave… me dijeron que no va a recuperarse.

- Lamento mucho escuchar eso.

- Me siento muy mal… tengo demasiados sentimientos dentro de mí… ¡¡No puedo estar al pendiente de Aioros, preocupándome por Seiya y odiándote al mismo tiempo que extrañándote!!… Creo que necesito tiempo para… para asimilarlo todo… su vuelta, tu vuelta, estar todos juntos… se me ocurre que... si tu estás esperándolo... y yo estoy también esperándolo... ¿No crees que... podríamos... esperarlo juntos?

- Me encantaría...

- ¡En verdad no sabes cómo te he extrañado!

Ambos se dieron un fuerte pero torpe abrazo, debido a los yesos y vendajes que constreñían sus cuerpos.

Aioria, yo sé que….

Shh, déjalo así. Vamos a tomarlo poco a poco¿te parece?

Me parece tío.

Aioria sonrió con complicidad. Hacía años que no escuchaba esa expresión y le hizo bien oírla. Pasaron varios minutos sin hacer otra cosa que disfrutar del estar juntos, hombro a hombro, en silencio. Después de ese tiempo, Shura se puso de pie y miró a su alrededor.

Creo que deberíamos volver a la habitación. Dokho debe de estar pensando que…

Quiero estar con Seiya un rato más. Voy a esperar a que terminen de curar sus heridas para volver a su habitación.

Athena trajo a Aioros de vuelta… yo creo que ella va a ayudarlo a él también… Bien… yo… voy a irme antes de que cambies de idea y decidas arrojarme por una ventana.

Aioria sonrió débilmente, lo vio alejarse solo un poco, y lo vio regresar.

Gracias Aioria.

Shura se marchó y el rubio se quedó ahí, mirando hacia la habitación de Seiya, extrañando a Marin más que nunca.

Shaina no había cesado de buscar al Dr. Sato a lo largo y el ancho de todo el hospital. Su última opción era hallarlo en la Unidad de Cuidados Intensivos, pero a penas y había dado unos pasos cuando se encontró con el Caballero Dorado de Leo, que se hallaba sentado en una de las sillas de la entrada, cabizbajo y con aire taciturno.

Aioria… - la amazona se sentó a su lado dejando escapar un suspiro - ¿Ya lo viste?

Sí… Debiste de haberme dicho antes Shaina – dijo él con voz ausente.

Lo lamento. Nunca fue mi intención ocultártelo, es solo que… me pareció que necesitarías un poco de tiempo. Lo primero que tenías que saber era que Aioros está aquí… Una noticia impactante a la vez¿no te parece?

Supongo que tienes razón… Un enfermero me dijo que él no…

¡Hey! No lo conocen, no saben de lo que es capaz.

Sí, no saben de lo que es capaz… -respondió él, pensando en lo orgulloso que estaba de los logros de Seiya, mientras recargaba su adolorida espalda en el respaldo de su asiento - Me siento tan mal. Ni siquiera había pensado en él en estos días… Asumí que estaba bien… O por lo menos no imaginé que estuviera tan mal…

No te tortures – dijo ella poniendo su mano sobre la de él y haciéndole una leve caricia, en un gesto que no habría tenido quizás con nadie más. Y es que él había estado con ella en sus momentos más vulnerables: él la conocía dulce, suave, femenina, enamorada… Ante él no tenía nada que ocultar – has tenido un par de días muy difíciles.

…No puedo creer que Marin no esté aquí, con él…

Si no fuera porque la propia Athena se lo pidió, aquí estaría.

Aioros se está recuperando – dijo el rubio en voz baja - Lentamente, pero se está recuperando. Y sin embargo me siento desesperado porque aún no recobra la conciencia… No quiero ni imaginarme lo que debe de sentir Marin en estos momentos, cuando su hermano está tan grave y ella tiene que estar lejos.

¿Qué…? No lo sabes todavía – dijo Shaina hablándose a sí misma – Aioria, Seiya y Marin no son hermanos.

¿¡Qué estás diciendo¿¿No lo son??

Marin halló a la verdadera hermana de Seiya: Seika. Ella está aquí, con nosotros.

Yo pensé que ellos dos eran…

Todos lo llegamos a pensar en algún momento… Estábamos equivocados.

¡No puedo creerlo!... No se me ocurre un momento peor para reencontrarse que este, justo ahora que Seiya está tan malherido. Pobre Seika, debe de estar tan preocupada… Y Marin también debe de sentirse muy mal, el golpe debe de haber sido muy duro para ella.

Supongo que tienes razón. No hablé mucho con ella antes de que se fuera – dijo ella mintiendo, pues ambas habían sostenido una larguísima charla antes de que Marin se marchara, y en el transcurso de la misma ambas habían sido totalmente honestas acerca de sus sentimientos por Seiya y Aioria respectivamente. Pero ella no iba a traicionar la confianza que la pelirroja le había tenido - ¿Quieres que te acompañe de regreso a la habitación?

Preferiría quedarme aquí un rato más

Aioria, no puedes estar aquí para siempre

Ya lo sé. Es que… tuvimos una discusión y yo…

¿Explotaste?

Algo así…

¿Dijiste algo de lo que te arrepientes?

Eso es lo más extraño…. Que no me arrepiento de nada de lo que dije… pero en este momento en serio no tengo ganas de volver

No te van a dejar quedarte mucho tiempo aquí – dijo ella como advertencia – la jefa de enfermeras de este lugar es una mujer de carácter muy difícil

Ella no puede ser peor que tú – dijo él bromista

Aioria sonrió al mirar la mano de Shaina sobre la suya, y con un suave y elegante gesto, él cambió la posición de su mano y acarició la de ella

¿Y tú¿Cómo estás tú?

¿Yo?

Shaina...

Cada día se me hace más largo y más difícil de sobrellevar. Y él…

El dejó de respirar. Simplemente dejó de respirar. Los aparatos que estaban conectados a su cuerpo dieron la señal de alarma, y de inmediato Georgia salió de la habitación mientras que Gustav y Oyuki comenzaban a tratar de hacer que sus pulmones reaccionaran.

Shaina dejó de hablar justo en el momento en el que escuchó a Georgia, que llamaba al personal propio de la Unidad de Cuidados Intensivos para que les auxiliaran. Ella y Aioria se levantaron de un salto y se acercaron hasta la puerta abierta de la habitación, desde donde lo observaron todo tomándose de la mano, llenos de miedo. Vieron como un gran número de personas se arremolinaba alrededor de él y comenzaban a manipular aparatos, substancias y material en un intento desesperado por ayudarlo.

Lo más insólito de todo no fue que Seiya dejara súbitamente de respirar, si no que, de manera espontánea, antes de que cualquier medida médica importante pudiera ser implementada, volvió a respirar por sí mismo. El personal presente en la habitación contemplaba al castaño con gran perplejidad, mientras se aseguraban de que sus signos vitales se reestablecieran por completo, bueno, todo lo que podían reestablecerse tomando en cuenta que él seguía en coma.

Oyuki se acercó hacia ellos y les habló

No se angustien. Debe de haber sido algún problema en el funcionamiento de los aparatos, pero vamos a revisarlo todo en este momento, y le van a hacer análisis para asegurarse que no se trate de un coágulo en los pulmones.

La enfermera cerró la puerta tras de sí, dejándolos a la deriva.

Shaina, que alguien me explique lo que está pasando. No entiendo cómo… cómo… cómo es posible que en este hospital haya caballeros como mi hermano que murieron hace años, que nosotros estemos aquí vivos y recuperándonos, quizás no rápidamente, pero lo estamos haciendo, mientras que Seiya está… hecho pedazos.

Yo me pregunto exactamente lo mismo Aioria.

Y no se trata sólo de él¿verdad?… Shyriu nos dijo que Shun está en Psiquiatría. ¿Tu crees que…¿Shaina, qué te pasa?

La amazona había palidecido cuando escuchó el nombre de Shun

Aioria… hay algo que no le he dicho a nadie… bueno, sólo a Marin.

¿Qué?... Shaina, no me asustes.

Yo estaba con Seiya cuando Shun fue a verlo. Hubieras visto la expresión en su rostro… comenzó a llorar y dijo que él lo había matado.

¿Qué?

Esas fueron sus palabras exactas. "Yo lo maté"… Aioria, tú lo dijiste: todos se están recuperando menos ellos. Shun no habla con nadie, ni siquiera con Ikki que ha sido lo más importante de su mundo siempre, y Seiya se está muriendo… Yo sé que Shun sería incapaz de hacerle daño a nadie, y mucho menos a uno de sus mejores amigos… Pero no sería la primera vez en que alguien hiciera algo terrible contra su propia voluntad en medio de la batalla y tú lo sabes… ¿Tú crees que sea cierto… que haya sido él quién le hizo… lo que sea que hace que Seiya esté tan mal?

Espero que no Shaina… En verdad espero que no porque eso lo haría todo aún peor…

En ese momento la amazona vio de reojo al doctor Sato, que pasaba a toda prisa por el pasillo del fondo

Tengo que ir a hablar con el doctor Sato para que autorice los traslados Aioria, pero…

Ve, yo me quedaré aquí. No voy a dejar a Seiya solo…

Shaina se marchó con la cabeza dándole vueltas, pero no tenía tiempo para sentirse mal. Tenían que tomarse medidas antes de que la noche cayera en Tokio y ella tenía que marcharse y cumplir con su parte. Aunque su corazón, como siempre, se quedaba con él.

Mientras atendían a Seiya, el doctor Hayakawa arribó a la sala de espera con expresión muy seria. En ella sólo se hallaban Flher, Shunrei y Seika, pues después de la noticia del ataque que Thetis había sufrido todos los demás se habían marchado por una u otra razón. Y, a decir verdad, ante el alboroto que produjo la noticia del ataque al Santuario, podríamos decir que por poco y olvidaban que Ikki se había desvanecido un par de horas antes.

- Doctor Hayakawa – dijo Fhler

- Tenemos que hablar sobre Ikki.

- ¿Cómo está? – preguntó Seika acercándose al doctor que se dirigía hacia ellas

- Me temo que no está bien. Una severa infección está afectando varias de sus heridas, eso le ha provocado fiebres muy altas que lo han hecho delirar, perder el conocimiento e incluso convulsionar. Le practicamos una pequeña intervención para retirar el tejido en descomposición.

- ¿Pero ya está bien?

- La fiebre ha bajado pero no como quisiéramos, eso es un indicador de que la infección aún es fuerte. Lo trasladamos a Terapia Intensiva. Vamos a vigilar muy de cerca su temperatura y esperaremos a que los antibióticos hagan efecto

- Pero no es algo serio¿o sí? - preguntó Shunrei con aprehensión

- Por el momento él está estable, pero una infección siempre debe tratarse con seriedad. Si llegara al sistema sanguíneo podría afectar a cualquiera de los órganos importantes, y ocasionar problemas muy serios… Pero no quiero que se alarmen, vamos a estar todo el tiempo monitoreándolo. Pueden entrar a verlo si desean

- ¿Por qué no vas tú Seika? – sugirió Fhler – él te conoce. Nosotras nos quedaremos aquí y les avisaremos a los demás.

- Claro – dijo Seika marchándose con el Doctor. Fhler y Shunrei caminaron en silencio por la habitación ahora vacía.

- Pensé que las cosas iban mejorando – dijo Shunrei – hoy dieron de alta a Shyriu… pensé que pronto todos saldrían y que…. y ahora… es como volver al principio¿no te parece?

- Esperemos que nada de esto sea grave, ni lo de Ikki ni lo de Thetis. Vamos a confiar en que todo saldrá bien.

- Tienes razón Fhler. Hay que confiar en que todo va a resultar bien. Ellos no se merecen otra cosa.

Nada cubría su cuerpo de la sal, el viento y el aire recio que anunciaba una tempestad. Pero sobre todo, nada le protegía del dolor.

Nada ni nadie le había protegido jamás del dolor.

Su camiseta se había adherido a la piel en carne viva. Su cuerpo se estremecía por los escalofríos, y cuando sus heridas hacían contacto con el piso sentía mucho ardor.

Estaba solo. Quizás moriría ahí, sin haber tenido la oportunidad de despedirse de la persona a la que tanto amaba; la única persona a la que él amaba en el mundo. Moriría sin que nadie le hubiese prodigado jamás una caricia. Al menos alguien a quien él pudiese recordar.

En medio de la obscuridad y del dolor, trató de concentrarse, de hacer un viaje hacia lo más hondo de su mente y de sus recuerdos, en busca de un pedacito, aunque fuese mínimo, de recuerdo. Un recuerdo feliz, un recuerdo de seguridad, de cariño, de ternura. Un recuerdo de su madre, o quizás¿por qué no? de su padre.

Sin embargo, durante aquellas horas que le parecieron siglos a su espalda destrozada por los latigazos, no pudo hallar ni el más ínfimo recuerdo feliz. Toda su vida se había dedicado a cuidar y a proteger a su hermano, pero nadie le había cuidado ni protegido a él. Ahora que les habían separado y que a él lo habían arrojado en un barco hacia el peor lugar sobre la faz de la tierra, se sintió desesperadamente necesitado de algo que nadie le iba a dar, de algo que nadie le había dado jamás.

Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas. Tenía ganas de sollozar, de gritar, pero el orgullo era lo único que poseía. Así que derramó un par de lágrimas silenciosas y trató de controlar sus exaltadas emociones mientras se mordía los labios muy fuerte. Tan fuerte, que de ellos comenzó a escurrir sangre.

Todo eso estaba en la mente de Ikki que, en medio del delirio que le producía la fiebre, viajaba a través de sus recuerdos. Desafortunadamente para él, la mayoría de sus recuerdos no eran precisamente felices. Una parte de su conciencia le decía que estaba enfermo, y eso lo llevó a recordar una vez en la que también se sintió muy mal y muy solo, mientras se hallaba tirado en la cubierta desolada de un barco lleno de marineros rudos y descuidados que lo llevaban hacia la Isla de la Reina Muerte.

Ahora era un hombre, y estaba desesperadamente necesitado de afecto y de muchísimos cuidados, aunque estando consciente jamás lo hubiera reconocido. Su cuerpo y su alma estaban destrozados otra vez, y se le había hecho costumbre derramar muy pocas lágrimas y morderse los labios para ahogar los gritos de dolor. Pero sus circunstancias ya no eran las mismas de su niñez. Porque ahora que estaba tan ávido de un poco de ternura, de un poco de amor, había mucha gente a su alrededor dispuesta a dárselo.

Una de esas personas se sentó justo a su lado y acarició sus cabellos empapados.

Tienes que resistir Ikki. Estoy segura de que has pasado por cosas mucho peores que una pequeña y tonta infección¿verdad? Yo sé que sí… yo sé que sí…

Ikki sentía sus párpados demasiado pesados para abrirlos, pero podía escuchar su voz. Sonrío. Porque estaba equivocado. No estaba solo. Esmeralda estaba con él…

¿Por qué dejó de respirar Seiya? Nadie podía saberlo en ese momento, claro, pero la respuesta en realidad era simple. Un beso le había robado –literalmente- el aliento.

¿Cómo llegó ese beso? Bueno, todo comenzó (o más bien continuó) en la mazmorra en la que Seiya había pasado ya más de un mes.

Cuando Seiya mencionó el nombre de la Diosa, las reacciones de ambos fueron totalmente distintas. Perséfone sintió que se venían abajo todos sus planes. No tenía forma de probarle que estaba equivocado acerca de sus intenciones sin delatarse a si misma, y cuando supiera quién era ella (porque era seguro que él tarde o temprano lo sabría), no le perdonaría el daño, por involuntario que fuera, que ella le había causado.

Seiya, por su parte, no hizo un solo movimiento. Solo se quedó sentado en el piso, totalmente abatido.

Perséfone estaba aguardando la reacción de Seiya, esperando hallar milagrosamente algo qué decir que la ayudara a salir del callejón sin salida en el que se creía. Pero cuando pasaron los minutos sin que él dijese absolutamente nada, ella le miró tratando de adivinar sus pensamientos. Para su sorpresa, él lloraba mirando hacia la pequeñísima ventana.

Seiya¿por qué lloras?

Pensé que había terminado…

¿De qué hablas?

Pensé que no habría más batallas. Pensé que mis amigos podrían llevar una vida llena de paz… Tengo que avisarles. Tengo que hallar la manera de que Saori sepa que corre peligro.

¡Ella, ella, siempre ella¡¡Estoy harta de ella¡¡No puedo creerlo!!

¿Qué? – dijo Seiya muy desconcertado

¡No puedo creer que acabes de enterarte de que… de que alguien te está haciendo algo horrible y lo único en lo que puedas pensar es en ella¿Cuándo vas a dejar de pensar en ella y vas a comenzar a pensar en ti¡Maldita sea!

No digas eso

Seiya, tus recuerdos de todas tus vidas son siempre iguales. Siempre has hecho lo mejor para ella, has luchado por ella, has sido herido por ella, has muerto una y otra vez ¡por ella¿Puedes acordarte de alguna vez en la que hayas cumplido veinticinco años¿Cuándo has sido libre para disfrutar de una vida normal? Una vida en la que sólo tengas que preocuparte por tu propio bien… Incluso ahora. ¡Estás muerto, estás sufriendo, y lo único en lo que piensas es en ella!

Perséfone estaba perdiendo el control por completo. En esos momentos lo único que debería de haberle importado era que él estaba a punto de descubrir todas las mentiras que le habían dicho, pero oír la mención del nombre de ella la enloquecía de celos.

Diana, estás confundiendo las cosas. Mi destino es el de protegerla

¡No es cierto¡¡Ese no es tu destino!! Tu destino… Tu destino es el de amarme – estuvo a punto de gritar, pero se contuvo –tu destino no puede ser este…. No soporto verte sufrir… No te lo mereces…

La rubia se soltó a llorar desconsoladamente, mientras él trataba de poner orden a sus ideas. Miró sus dedos manchados de sangre y con ellos rozó su abdomen, sintiendo algo indescriptible.

… Sabía que lo que me está sucediendo no es normal. Estoy siendo castigado por lo que hice

¿Qué dices?

Matamos a un Dios… no porque lo quisiéramos, pero lo hicimos… No sabía que él… que Hades tenía a alguien que lo amaba. Nunca pensamos en ella.

¿En ella?

En Perséfone. Destruimos a la persona a la que amaba. No la culpo.

La Diosa dejó de llorar, y lo miró directamente a los ojos, sintiendo que su corazón volvía a acelerar sus latidos.

¿Quieres decir que… que no la odias por lo que te está haciendo?

No. Creo que la entiendo… Yo no quería matarlo, pero hice lo que tenía que hacer, y no me arrepiento… Y no creo merecer este castigo... pero no la odio. No puedo odiarla.

¿Cómo….¿Cómo puedes pensar así¿Cómo puedes decir que no odias a una mujer que está haciéndote daño¿Cómo puedes decir que no odias a una mujer que quiere vengarse de ti? - dijo ella sintiendo que sus esperanzas no estaban muertas del todo, y sintiendo que lo admiraba aún más

¿Cómo se puede odiar a alguien que no conoces?.. No sé cómo es su voz, ni su rostro. Y si uno se pone en sus zapatos… quizás ella lo amaba mucho, y es ese dolor de haberlo perdido lo que la ha vuelto en mi contra. Perder a alguien a quien amas es terrible.

Perséfone no pudo evitar una amarga risa que Seiya confundió con un sollozo. Porque él tenía razón. La rabia de haber perdido al que había sido su compañero de vida la había llevado a ordenar que su alma fuese traída a una mazmorra. Pero el amor… ¿dónde estaba ahora su amor por Hades¿A quién amaba ahora?

En su alma no había dudas. El amor estaba con él, con la persona primera a quién había amado. Con la misma persona de la que había querido tomar venganza.

No llores Diana

Estuvo a punto de desmayarse cuando lo oyó mencionar ese nombre que no era suyo, y que sin embargo entrañaba tanto, y se lanzó a sus brazos llorando.

No llores Diana. Se me parte el corazón de verte llorar.

Seiya, no entiendes….

Vamos a estar bien Diana. Vamos a irnos de aquí

¿Qué?

Entiendo que ella tenga todo el derecho de querer vengarse de mí, pero eso no quiere decir que yo voy a quedarme aquí cruzado de brazos esperando a que acabe conmigo. No sé cómo, pero voy a encontrar la manera de salir de aquí y de marcharnos.

¿Marcharnos?

Sí, tú y yo. Ya te dije que no me voy a ir sin ti…

Perséfone no pudo resistirlo más. Todo podría acabar en cualquier momento, y ella no iba a perder la única oportunidad que le quedaba. Miró su apuesto rostro, lo tomó entre sus manos y posó sus labios contra los de él, rozándolos suave y cadenciosamente, robándole el aliento, mientras ambos sentían que el tiempo, que la vida, que el Universo entero se detenía a su alrededor.

Ella se separó de él, y mientras él permanecía con los ojos cerrados, incrédulo y maravillado, ella acarició con su pulgar sus cálidos labios.

El abrió los ojos. Se miraron, y él estuvo a punto de decir algo, pero ella puso su mano sobre su boca, deteniéndolo.

Sshh, no digas nada. Sólo… sólo déjame recordar que pude besar tus labios una vez…

Perséfone corrió hacia la puerta, pero los reflejos de él eran más rápidos que los de ella. Él se adelantó, se recargó contra la puerta y la tomó por los hombros.

- ¡No¡No puedes dejarme así! No vas a marcharme sin darme la oportunidad de hablar


¡¡HOOOLAAA!!

Queridos lectores míos, no tengo palabras para agradecerles que después de lo chorera y lo poco constante que soy, sigan aquí, leyendo mis loqueras, jajaja. Quiero aprovechar para decirles que mi compromiso con esta historia es enorme, y que si a veces los capítulos tardan tanto es porque soy super detallista y a veces me tardó bastante para inspirarme y dejar las cosas en el orden en el que las publico. Y a veces reviso tantas y tantas veces algunas partes que luego por ahí se me van agunas faltas de ortografía, o cambio nombres o cosas así, y lo lamento muchísimo.

Y le agradezco también muchísimo a aquellos de ustedes que se toparon con esta historia ya avanzadita y que han tenido el valor, el coraje, el interés y los ojos para echarse tantos capítulos y ponerse al día, jajaja. Mil gracias. Estoy conciente de que a mucha gente le da flojera cuando ve que son capis tan largos , así que otras mil gracias.

Aioria de Leo, te cuento que no puedo ver la dirección de tu mail y por eso no te he agregado a mi messenger. Y bueno, les cuento que ya tengo grandes avances del capi que sigue, pero como regalito a su paciencia les cuento que vamos a adentrarnos un poco en los recuerdos de Ikki, que una guerra entre dioses podría desatarse, que Athena va a enfrentar a su padre, que por fin van a saber más sobre la salud de Thetis, que un caballero más va a despertar y que... bueno, ya no les cuento más o no lo van a leer, jajaja.

Un enorme abrazote y montones de besos.

Atte. Fuego.

P. D. Yo también soy de México, del D.F. para ser exacta.