*El fic original pertenece a HeartxOfxGold, yo solo lo traduzco con su permiso, obviamente.*


Única Excepción - Capítulo 26


Elsa dio un profundo suspiro mientras observaba el vasto cuerpo de agua frente a ella. Hoy era el día. Hoy era el día que lo cambiaría todo. Respiró profundo y suspiró, sabiendo también que este sería el último día que estaría allí. El último día en el que podría caminar por la ciudad en la que había nacido. El último día en el que vería y podría pasar el rato con Kristoff. El último día de ver aquél hermoso rostro redondeado y de ojos verdes azulados. El último día de acariciar aquellos cabellos rubio-cereza y de escuchar esa risa angelical que siempre adoraba escuchar.

En la distancia, una puerta metálica se escuchó abrirse y cerrarse. Los ojos azul hielo de Elsa aún estaban mirando hacia el frente, directo al cuerpo de agua. Sus ojos eran de un azul hielo débil, como si no sintiese nada en ese momento exacto.

Una mano se posó en el hombro de Elsa y supo exactamente de quién se trataba, pero no reaccionó a ello. Solo se quedó en su lugar sin moverse, su rostro en blanco y su mirada opaca.

"¿Último día y aún haciendo nada?" Rió Olaf, pero no hubo respuesta de parte de Elsa. Lo único que podía hacer era mantener la mirada hacia el frente.

Olaf frunció levemente el ceño y se sentó al lado de Elsa. Él examinó los detalles del rostro de su mejor amiga y lo único que podía ver era una fachada, una máscara. Él sabía que ella estaba ocultando sus sentimientos; todas sus emociones de él y el mundo, pero Olaf sabía que en el fondo, Elsa estaba cayéndose a pedazos.

Olaf se inclinó para tomar la mano de Elsa, y sonrió levemente cuando la vio volver a la realidad. Rió bajito mientras veía a su amiga rodar sus ojos a él. Entonces, Elsa apoyó su cabeza sobre el hombro de Olaf, sintiendo cómo él cedía un poco, para que la chica estuviese cómoda.

"No estoy lista." Fue todo lo que dijo, y lo único que se necesitó para que Olaf sonriera con tristeza. Rozó sus labios con la frente ajena y la vio cerrar levemente sus ojos. Olaf rió levemente y sintió a Elsa inclinar su cabeza sobre su hombro otra vez. Olaf apoyó su cabeza en la de la rubia; un desastre de cabellos cafés oscuro y rubio platinado entrelazándose.

"Nadie puede estar realmente listo para la vida. Lo único que puedes hacer el enfrentarla." Rió Olaf. Elsa suspiró y frunció levemente el ceño. Se sentaron en silencio, viendo llamaradas de amarillo y naranjo destellando a través del frío y azulado cielo. El lago brilló mientras el amarillo y el naranjo destellaban con más intensidad a cada segundo que pasaba.

"Será lo mejor para todos." Murmuró Elsa.

"No será lo mejor para nadie." Contestó Olaf, haciendo que Elsa se estremeciera levemente.

"Si amas algo, debes dejarlo ir." Dijo Elsa.

"Y si amas algo, debes luchar por ello." Contraatacó Olaf.

"El amor apesta." Finalizó Elsa, haciendo que Olaf riese. Por el resto de la mañana, lo único que hicieron fue sentarse en ese mismo lugar, mirando al horizonte y preparándose a lo que se avecinaba.

Era cerca de la hora de almuerzo y Elsa estaba en la zona de restaurantes. Olaf y Kristoff habían ido a buscar comida al otro lado del lugar mientras Elsa se quedó sentada a la mesa, esperando a la llegada de Anna. Ella inspeccionó el sector para ver familias, amigos y parejas todos comiendo los grasosos alimentos de sus platos. Las parejas disfrutaban del momento, dándose de comer los unos a los otros y acurrucándose en sus mesas. Sus ojos azul hielo se desviaron hacia su mesa, sus labios se curvaron levemente hacia abajo, y sus ojos comenzaron a humedecerse.

De pronto, sintió unas pequeñas manos cubriendo sus ojos, impidiéndole ver. Sintió un cálido aliento contra su oreja sabiendo en ese mismo instante de quién se trataba.

"¿Adivina quién?" el cálido aliento susurró en su oído, haciendo que Elsa se estremeciera un poco.

"Hmmm… No lo sé, ¿Podría ser aquella pelirroja de mi clase de Cálculo?" Jugueteó Elsa, y entonces sintió otro cálido susurro en su oído.

"¿Y su nombre es?" le soltó la voz, haciendo que Elsa riese y pusiera un dedo en su mentón.

"¿Ariel?" Elsa fue liberada de la oscuridad, y sintió a alguien golpeando su hombro de manera jocosa.

"Ha-ha. Qué graciosa." Dijo la pelirroja mientras se sentaba al lado de Elsa. Esta sonrió y se encogió de hombros.

"De verdad creí que podía tratarse de Ariel." Anna simplemente rodó sus ojos ante la afirmación de su novia y besó su mejilla.

"¿Dónde están Olaf y el gigante?" Preguntó Anna, haciendo reír a Elsa.

"¿Te refieres a Kristoff?" Anna rodó sus ojos ante la falta de sentido común de su novia.

"No, el gigante. Ha estado literalmente en mi casa todos los días después de clases, y lo único que hace es comer. ¡Mi madre disfruta su compañía porque come todo lo que ella le da! Por ejemplo, ¿qué pasa si yo también tengo hambre? Se lo come todo." Dijo Anna, poniendo énfasis en 'todo'. Elsa rió y besó su mejilla.

"¿Y ahora tienes hambre?" Preguntó Elsa, haciendo que Anna asintiera de manera vigorosa.

"Estoy muriendo de hambre."

Elsa se levantó de su asiento y estiró su mano, sonriendo cuando Anna puso su mano sobre la de ella y entrelazó sus dedos. La sensación de sus suaves manos y aquel pequeño golpe de energía jamás pasarán de moda. Anna inclinó su cuerpo sobre el de Elsa mientras caminaban hacia los restaurantes. Los ojos azulverdoso de Anna escrutaron todos los restaurantes, tirando de Elsa a donde fuera que ella se dirigiera. Elsa sonrió mientras veía a Anna arrastrarla a un local de hamburguesas.

"Encontré a esos gordos idiotas." Dijo Anna, haciendo reír levemente a Elsa. Antes de que Anna fuese capaz de abrirse camino hacia Olaf y Kristoff, Elsa apretó levemente su mano.

"¿No quieres ordenar algo?" Preguntó Elsa. Los ojos de Anna se ensancharon mientras su boca formaba una 'o'.

"¡Oh, claro! Vale, ordenemos algo." Entonces Anna arrastró a Elsa hasta la fila, haciendo reír a la rubia.

"Sabes que siempre te amaré. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida." Dijo Elsa parándose frente a Anna, su voz estaba llena de pasión. Sus ojos azul hielo observaron las facciones de Anna, y la rubia sonrió al ver a la pelirroja asentir con su cabeza mientras mordía levemente su labio inferior, el sonrojo se apoderaba lentamente de sus mejillas. Elsa tomó un mechón de cabello cobrizo y lo acomodó detrás de su oreja. Anna sonrió y alzó la mirada, dándole un suave apretón a su mano.

"Ella es lo mejor que te ha ocurrido en la vida después de mi, claro." Dijo Olaf apareciendo tras ellas haciendo que Anna diera un respingo. Elsa rodó sus ojos sabiendo lo que venía ahora.

"Pero todos sabemos quién es lo mejor que le ha ocurrido a Elsa en toda su vida, ¿No?" Rió Kristoff. Elsa simplemente cerró sus ojos y negó con su cabeza, con una pequeña sonrisa en sus labios. Miró a Anna para verla rodar sus ojos por el comportamiento grupal y sonreír por ello también.

Esto era la perfección. Esta era la sensación de tener una vida increíble, sin preocupaciones a futuro. Esto era lo que Elsa deseaba para su vida, día tras día. Pero en realidad, ella sabía que lo que ocurriría en la noche no estaría ni remotamente cerca a esta sensación de perfección.

"Te veré en casa, ¿vale?" Dijo Olaf, mirando por la ventana de su auto. La persona a la que estaba hablando solo se encogió de hombros.

"Ya veremos… Por favor no envíes una tropa de búsqueda y rescate si desaparezco." Dijo Elsa, sus ojos azul hielo estaban llenos de miedo.

"Por favor no hagas nada estúpido." Rogó Olaf, pasando una de sus manos por su húmedo y pardo cabello.

"Lo que tengo en mente ya es lo suficientemente estúpido." Se mofó Elsa, dándole la espalda al vehículo en el que estaba Olaf.

"Iré a casa y seguiré con mi rutina nocturna. Pero te ruego… por favor no hagas alguna mierda estúpida… eso es todo." Dijo Olaf. Elsa simplemente asintió y comenzó a caminar hacia la entrada de una casa blanca. Olaf suspiró, dándole un último vistazo a su amigo antes de irse.

Se quedó mirando aquella puerta blanca como la nieve por lo que pareció un siglo. Podía sentir un cuchillo perforando su corazón y un objeto pesado golpeando su cabeza. Miró al pasado, recordó sus inicios. Los labios de Elsa se curvaron hacia arriba por aquél recuerdo, desde el inicio hasta el final. Ha sido una gran aventura, pero el viaje estaba por acabar. Esa sensación de adrenalina iba a desaparecer, y todo cambiaría. Sus ojos se cerraron y con un profundo suspiro puso su mano sobre la perilla y giró su muñeca. Sabía exactamente quién estaba del otro lado de la puerta, pero no sabía qué hacer o qué decir. Su visión estaba llena de oscuridad y su nariz estaba llena de esa esencia a paraíso. Sintió escalofríos en su cuerpo.

Sabía que Anna estaba en frente, mirándola con sus grandes y verdosos ojos, tan confundida como preocupada. Elsa rió secamente, sabiendo de las habilidades de Anna. Anna sabía cuando algo le pasaba a Elsa con solo una mirada. No importaba lo mucho que Elsa intentara ocultarlo, Anna siempre lo sabía, y era una de esas cosas que Elsa amaba tanto como odiaba de Anna.

"Elsa…" Comenzó la pelirroja, dubitativa, y Elsa frunció levemente el ceño. Nubes oscuras comenzaban a desplazarse sobre el cielo, como si anticipasen una tormenta.

"Anna, tenemos que hablar." Y eso bastó para que el semblante preocupado de Anna cambiase a uno de pánico, miedo. Sus labios se curvaron de inmediato hacia abajo, y sus cejas se alzaron. Anna asintió y abrió la puerta lo suficiente como para que Elsa pudiese entrar.

"Mis padres estarán fuera de casa por unas horas, así que puedes entrar." Dijo Anna. Elsa simplemente asintió y le sonrió con tristeza, antes de entrar a su casa.

Los aulladores vientos soplaron fuertemente en el exterior de la casa, al punto de que se podía oír a los árboles meciéndose y algunas ramas cayendo por aquí y por allá. Llovía a cántaros, y de vez en cuando se podía escuchar un trueno, quizás uno cada hora o algo así. Ambas estaban de pie en la sala de estar de la blanca casa de Anna. Elsa llegó a una conclusión sobre toda esta experiencia.

El amor apesta.

"Elsa... ¡Por favor!" Lloró Anna. Sus pies estaban firmes sobre el piso y sus lágrimas corrían por sus mejillas. ¿Cuántas veces había llorado Anna en estos últimos dos años a causa de Elsa Parker?

"Dije que no Anna… Es mejor de esta manera." Dijo Elsa con su estoica fachada. Daba lo mejor de sí misma para no mostrar debilidad y derrota. Estaba dando su mejor esfuerzo para no moverse ni derramar una sola lágrima. Necesitaba ser fuerte… por ambas.

"Pensé… pensé que me amabas?" Los ojos de Anna se empañaron más con lágrimas mientras se acercaba lentamente a Elsa. Elsa no se movió de su lugar, se quedó plantada allí y vio a su amada moviéndose hacia ella.

"Lo hago, Anna. No me arrepiento de los momentos duros ni de los momentos increíbles por los que pasamos juntas. Aún te amo Anna." Dijo Elsa, mirando a su amada destrozada.

"¿Entonces por qué te vas? ¡¿Por qué te rindes tan fácil?!" Gritó Anna, su voz se rompió y sus manos estaban empuñadas.

"¡Porque esto está mal, Anna!" Gritó Elsa, y algunas lágrimas comenzaron finalmente a acumularse en sus ojos. Anna se apresuró de inmediato frente a Elsa, quien seguía plantada sobre el piso, quien seguía dando lo mejor de sí misma para ser lo suficientemente fuerte para ambas. Anna tomó la mano derecha de Elsa y la puso sobre su pecho, justo sobre su corazón.

"Luchamos por esto durante dos años, Elsa. ¡¿Esto se siente mal para ti?!" Gritó Anna, su voz haciendo eco en la casa vacía. Elsa fijó la vista en la mirada destrozada de la pelirroja, y sus propias lágrimas comenzaron a fluir por sus mejillas.

"Esto es para mejor Anna. Esto está mal. Todo esto está mal-" Anna la interrumpió, su voz seguía temblando, pero era fuerte en volumen.

"¡Nada de esto está mal! Elsa, ¡Te amo! ¡Nos amamos la una a la otra y podemos luchar contra esto! ¡Olvídate de nuestros padres porque estaremos fuera de su supervisión en un mes! No te rindas con lo nuestro Elsa… por favor." Elsa apartó su mano y negó con su cabeza.

"Dije que no, Anna. Todo esto ha acabado. Lo siento." Murmuró Elsa y vio a Anna sacudir su cabeza, cerrando sus ojos con fuerza mientras sus lágrimas caían sobre la blanca alfombra del piso.

"¿Qué hice mal Elsa? Dime." Los ojos de Anna seguían cerrados cuando Elsa tomó el rostro de la pelirroja con sus manos alzando su rostro. Anna abrió sus ojos para ver los opuestos azul hielo. Esos ojos azul hielo que recordaba. Los que recordaba de la fiesta de fin de año de segundo, del primer día de escuela, de las fiestas de los deportistas, del baile de tercero, de todos los partidos de fútbol, de la casa del lago en el baile de último año. Ahora se encontraban llenos de lágrimas y pasión. Anna sintió el pulgar de Elsa limpiando sus lágrimas.

"Nunca hiciste nada mal Anna." Dijo Elsa suavemente.

"¿¡Entonces por qué no podemos estar juntas, Elsa!?" Le gritó Anna y Elsa suspiró, su corazón se rompía.

"Porque… te quiero, Anna. Me preocupo por ti, te quiero, y necesito dejarte ir. Necesitas a tus padres; necesitas su apoyo y su ayuda, y su amor. Estoy tirando por la borda mi felicidad por ti Anna." Lloró Elsa, su voz era débil. Algo que Anna nunca antes había visto. Elsa nunca era débil; ella siempre era la fuerte en la relación. Y ahora, ahí estaban. Anna se quedó allí, mirando esos afligidos ojos azules. No.

"Elsa, podemos salir de esto. Podemos dar pelea y podemos tener nuestro final feliz, por favor. ¿Recuerdas lo que dijiste? Lucha por algo que quieras y estimes profundamente, pelea y nunca te rindas." Dijo Anna con un nudo en la garganta y vio como Elsa negó con su cabeza.

"No Anna. No podemos. No seré una carga para ti. No voy a retenerte ni evitaré que vayas a la universidad y al trabajo de tus sueños Anna. No voy a interferir con el mejor futuro que podrías tener." Murmuró Elsa y Anna negó con su cabeza. Tomó firmemente las manos de Elsa que aún se encontraban acunando su rostro.

"Mi futuro no estaría completo sin ti Elsa. Tú eres mi futuro y eso es todo lo que necesito."

"No Anna… Se acabó. Perdón. Me iré a la universidad la próxima semana y tú tendrás el momento más importante de tu vida, ¿Vale? Vas a disfrutar el resto de este último año sin mi e irás a la graduación con esa triste sonrisa en tu rostro. Mirarás a tu alrededor y te darás cuenta de que pasaste por cuatro años de infierno con ellos, pero aún así la pasaste increíble. Estarás mejor sin mí, Anna." La voz de Elsa era un suave y quebrado susurro, y Anna seguía sacudiendo su cabeza, negándose a creer todo esto. Solo hace unos meses atrás vivían en éxtasis. Eran felices juntas y nada las detenía.

"¡No me rendiré contigo Elsa!" Gritó Anna.

"Quizás si perteneciéramos a diferentes familias esto habría funcionado. Quizás si yo no fuese Elsa Parker y tu no fueras Anna Arendelle todo esto habría salido bien… Pero somos quienes somos Anna." Elsa soltó lentamente el rostro de Anna, y la atrajo en un abrazo. Besó la frente de la pelirroja de manera lenta y cariñosa, como si fuese la última vez que compartirían un beso juntas.

La rubia se apartó de una Anna paralizada y le dio una sonrisa destrozada antes de voltearse sobre sus talones y comenzar a caminar hacia la puerta. Cuando Elsa había abandonado la habitación fue cuando Anna salió de su trance.

No. No pasó por una batalla de dos años solo para perder a Elsa otra vez. No podía perderla. Elsa era su vida, Elsa era su roca, y perfectamente podía ser su sangre también.

Era divertido como hasta hace unos años atrás Anna no tenía ni idea de quién era Elsa. Era hilarante que hace unos años atrás Anna era una niñata malcriada que estaba viviendo el momento de su vida. Y ahora allí estaba ella, perdiendo la única cosa por la que había peleado con todas sus fuerzas. Perdiendo a la única persona a la que había amado con todo su corazón.

La pelirroja esprintó fuera de la habitación. Corrió por dos pares de escaleras y corrió por la puerta de su casa. Pasó de sus padres, quienes habían llegado recién a casa. Llovía a mares, enormes pozas de agua se amontonaban por todo el piso, pero a Anna no le importaba. Podía oír a sus padres llamándole, diciéndole que regresara a casa y que saliera de la lluvia, pero no les hizo caso.

Anna corrió; corrió tras la chica que amaba. Podía oírla en la distancia; escuchaba los suaves golpeteos sobre el agua más adelante. Eso solo la motivó a correr más rápido, sabiendo que estaba cerca. No se iba a rendir. Jamás se rendiría con Elsa.

Y así, Anna corrió a toda velocidad. Corrió tan rápido como pudo con su cabello rubio fresa suelto y mojado, pegándose a su frente y a su piel. Corrió y corrió hasta que fue capaz de ver la figura de Elsa entre el grosor de la lluvia. Una zancada más, sólo una zancada más.

Anna tomó el brazo de Elsa y la hizo voltear, juntando sus labios bajo la inclemente lluvia. Anna pasó sus brazos alrededor de la cintura de Elsa y sintió que ella puso sus brazos a los costados de su cuello mientras compartían ese último beso. Su última caricia y su último todo juntas. Elsa rompió el beso y juntó sus frentes, tratando de recobrar el aliento.

"Elsa, por favor. Sé que he sido egoísta y testaruda, y una completa perra durante esos años que pasaron, pero te necesito en mi vida. Por favor." Elsa sacudió su cabeza y se apartó de Anna, quien tenía sus ojos cerrados.

"Tenemos que olvidarnos la una de la otra, Anna. Tenemos que olvidarnos porque es lo mejor para nosotras… Para ti. Sé que estaré bien sin mis padres porque he estado sin ellos por años. Pero tú necesitas a los tuyos, necesitas su ayuda y asistencia para la universidad. No puedo darte eso Anna. Quizás cuando todo esto acabe y nuestros padres se superen de una maldita vez… quizás entonces podamos juntarnos algún día en el futuro y podamos tener nuestro final feliz." Anna gimoteó con las palabras de Elsa. La rubia simplemente suspiró y acarició las mejillas de Anna. "Te amo, Anna. Y siempre lo haré. Nadie puede reemplazarte, ni Belle, ni Olaf, ni siquiera la persona más guapa del mundo. Eres mi "por siempre" y jamás dejaré de amarte, pero necesitas estar feliz y segura, por lo que debo dejarte ir."

"También te amo Elsa. Nadie podrá reemplazarte, y te prometo… Cuando la universidad acabe y después de que encuentre un trabajo, te buscaré. Incluso si toma cientos de años, incluso si me toma una eternidad. Te encontraré y no me rendiré." Susurró la pelirroja, ganándose una sonrisa triste de parte de Elsa.

"Esa es mi chica. Hasta que nos volvamos a encontrar." Murmuró Elsa en su oído y lentamente dejó ir a Anna. Se volteó sobre sus talones y se alejó en la lluvia.

Anna se quedó allí, su cuerpo completo estaba adormecido y sus cálidas lágrimas caían por sus mejillas. Se mantuvo en su lugar y dejó que la lluvia la consumiera.

"Hasta que nos volvamos a encontrar, mi amor." Susurró Anna entre los ruidosos chapoteos de la lluvia cayendo al piso. Elsa se había ido hace rato, y Anna sabía que su amor por la rubia jamás moriría. La iba a encontrar otra vez y vivirían su merecido final feliz.

"Así que… ¿De verdad te irás?" Dijo Kristoff, su rostro cayó fijando su mirada en el piso.

"Si, me voy." Dijo Elsa, decidiendo no profundizar ni decir más porque sabía que se rompería frente a su amigo. Se suponía que pasaría su graduación aquí con todos los demás. Se suponía que la pasaría con Kristoff, Anna y Olaf, pero debía irse antes a la universidad.

"Sigo sin entender el por qué no puedo ir contigo." Kristoff frunció el entrecejo y Elsa cerró su maleta. Ella se volteó y finalmente miró a su mejor amigo, e intentó capturar el cómo se veía, sabiendo que esta podía ser la última vez que lo volvería a ver.

Su cabello era realmente un desastre, podía considerarse incluso enmarañado. Su cabello rubio era más bien un rubio oscuro. Sus músculos estaban contorneados y apretados dentro de su camiseta negra, y sus jeans azules encajaban perfecto con su tenida. Sus ojos cafés miraban al piso y su expresión era devastada. Sus ojos brillaban con tristeza y sus labios se curvaron hacia abajo en una mueca.

Elsa caminó hacia su mejor amigo y envolvió sus brazos en el cuello del chico, atrapándolo en un abrazo. Kristoff dio un suspiro y le devolvió el abrazo, sus brazos se envolvieron alrededor de la pequeña cintura de Elsa. Se inclinó y apoyó su mentón sobre el hombro ajeno. Se quedaron así en un silencio reconfortante que pudo haber durado una eternidad, y entonces, Elsa habló en un tono muy suave.

"Debes quedarte aquí para cuidar de Anna. Ustedes también son amigos después de todo, y Olaf también se irá. Te quiero aquí para que te asegures de que Anna estará bien lo que queda de año, quiero que estés a su lado y te asegures de que disfrute este tiempo, y que se olvide de mi. Asegúrate de que su futuro está completo y de que persiga sus sueños. Quiero que te cerciores de que siga adelante y que encuentre a alguien digno de su amor. Encuéntrale a alguien que la ame tanto como ella, alguien que complete su vida, que la haga feliz a tal punto de que se olvide de mi." Dijo Elsa con suavidad. Kristoff solo asintió con su cabeza sobre su hombro y ambos se mantuvieron en esa posición por varios instantes. Un golpeteo se escuchó en la puerta abierta de Elsa. Ambos, Kristoff y Elsa se apartaron y alzaron la vista para ver allí a Olaf. Sus jeans estaban ligeramente desajustados y su cabello café oscuro estaba desaliñado, como si hubiese despertado recién. Su camiseta blanca finalizaba su vestimenta y acentuaba su blanca piel también. Se inclinó sobre el marco de la puerta y miró a sus dos mejores amigos, sus ojos color moca estaban ligeramente húmedos.

"Bueno… ya es la hora." Dijo Olaf con suavidad y Kristoff extendió sus brazos. Olaf caminó hacia ellos y los tres compartieron un abrazo grupal.

"Manténgase en contacto, tienen que textearme cada noche y hablarme por Skype de vez en cuando. Llámenme cada mañana para que pueda levantarme y sentir que ustedes siguen de cierto modo en mi vida. Y no encuentren otro bobo enorme para reemplazarme porque eso es imposible." Enlistó Kristoff y Olaf rió con tristeza.

"Lo siento, pero ni Elsa ni yo firmamos el contrato de una relación contigo." Todo lo que Kristoff pudo hacer soltar una triste risotada.

"No estamos comprometidos de forma plena en una relación así que no puedo prometer constancia sobre eso, pero puedo prometeme a mi misma el intentar hacer esas cosas…?" Sonrió cabizbaja Elsa, haciendo que Kristoff asintiera.

"Es mejor que nada. Sólo manténganse en contacto, por favor." Dijo Kristoff. Elsa y Olaf le sonrieron tristemente a su amigo. Los tres mosqueteros estaban a punto de acabar su larga carrera juntos los unos con los otros. El rubio miró la hora y vio que la escuela iba a comenzar, y que el avión ya debería llegar dentro de poco. Con eso, él les hizo un gesto a sus amigos para que partieran, sabiendo que el verlos irse le partiría el corazón. Olaf captó el mensaje y tomó su equipaje y el de Elsa, dejando para siempre la habitación.

Elsa le sonrió destrozada a su mejor amigo de la infancia y se acercó a él, envolviéndolo en un último abrazo el cual él aceptó con avaricia. Elsa se apartó y dirigió su mirada a los ojos opuestos, sonriendo y secando una solitaria lágrima que corría por la mejilla del chico.

"Será mejor que esos ojos café-estiércol no vayan a ninguna parte." Rió Elsa, notando cómo solía llamar a los ojos de Kristoff como un color las heces desde que eran pequeños. Kristoff simplemente rió y habló.

"Y será aún mejor que ese cabello color granizado de banana aguado no vaya a ninguna parte tampoco." Y lo único que Elsa pudo hacer fue sonreírle. Lo miró fijamente y le dijo.

"Por favor prométeme que darás tu mejor esfuerzo intentando ayudarla a avanzar y superar esto." Y Kristoff supo que Elsa la amaba de manera genuina, y solo deseaba su felicidad. El rubio asintió y sonrió.

"Lo prometo."

"Bien."

Con eso, Kristoff cerró sus ojos y se quedó allí, y Elsa supo que ese era su momento de irse. Miró a su triste amigo una última vez, sabiendo que él no podría soportar el verlos partir. Se volteó sobre sus talones y puso su mano en el umbral de la puerta de la habitación que compartían los tres. Ahora era la habitación de él, y eventualmente, la habitación de nadie.

Elsa miró a su amigo una última vez antes de dejar la habitación y dirigirse a las escaleras. El taxi ya estaba frente a su casa, y Olaf recién había acabado de ayudarle al taxista a subir las maletas.

"¿Nos vamos, mi lady?" Él le ofreció su brazo y Elsa lo tomó agradecida, sus labios se curvaron levemente hacia arriba.

"¿Hacia una nueva a ventura?"

"Hacia una nueva aventura."


Epílogo


La habitación estaba a penas iluminada con las cortinas cerradas. Lo único que estaba realmente iluminado era un mural de corcho, en una de las blancas paredes.

Anna se sentó en una silla de cuero negro y miró el mural que tenía en sí el mapa de Estados Unidos. Sus ojos verdes azulados escanearon el mapa de derecha a izquierda, poniendo atención en los pequeños post-it que estaban desparramados por ciertas áreas, haciendo compañía a las pequeñas x sobre ciertas ciudades. Nunca comprendió el por qué las personas siempre se mantenían en movimiento y nunca se asentaban. Estaba bien el mudarse por negocios y eso, pero la gente debería tener algún tipo de hogar fijo al cual llegar, ¿No es así?

Sus pequeños dedos golpetearon en su muslo mientras ponía su otra mano en su mentón. Alzó sus cejas mientras analizaba la situación en sus manos. Si sus cálculos eran correctos y los planetas estaban alineados a su favor, hoy sería su día de suerte. Oyó un ligero crujido y se volteó de inmediato. Un gran hombre apareció con su cabello pardo peinado hacia atrás con la ayuda del gel. Su tenida era bastante formal. Ella observó al hombre abrir la puerta y accionar el interruptor de la luz hasta el fondo. Anna se encogió por la repentina luminosidad de la habitación, y el hombre rió por su reacción.

"Ser una celebridad de seguro hace que tus expresiones faciales sean de lo mejor." El hombre carcajeó mientras se abría paso hacia las cortinas para abrirlas. Anna bufó y rodó sus ojos.

"Kristoff, ¿Por qué estás despierto y vestido como si fueras a ir a una fiesta tan temprano?"

Kristoff caminó hacia donde Anna estaba sentada y puso una mano en su propia mejilla, mirando el mapa que ella había construido y mutilado. Hizo un movimiento con su cabeza apuntando al mapa.

"Sigo sin entender exactamente qué es esto."

"No es nada de tu incumbencia, eso es." Y Kristoff rodó sus ojos por su descaro.

"Bueno… para responder a tu pregunta Srta. Reina DelDrama… no es temprano. Ya es casi media tarde, y estoy vestido así porque como tu manager, tenemos que dirigirnos a un par de entrevistas que estaban calendarizadas para hoy, así que vístete." Le ordenó Kristoff. Anna suspiró con dramatismo y miró el mapa.

"¿No podríamos simplemente… cancelar?" Preguntó Anna dubitativa. Kristoff tomó la silla en la que ella estaba sentada y la hizo girar para encararla, provocando que la pelirroja emitiera un agudo chillido.

"Nope, tú escogiste esta vida así que vístete. Tienes diez minutos."

"Bleh, eres de lo peor." Anna hizo un puchero y Kristoff rió. Desordenó cariñosamente el cabello de Anna y le sonrió a su mejor amiga.

"Al menos te estoy ayudando."

"Y te aprecio por eso." Anna le sonrió a su amigo. Su expresión facial cambió de inmediato y su sonrisa se debilitó. Sus labios formaron una línea recta y sus ojos azulados se opacaron. "Ahora vete y deja que me vista." Kristoff asintió y le hizo un gesto con la mano para que hiciera lo suyo antes de retirarse de la habitación, cerrando la puerta a sus espaldas.

Anna miró el mapa y volteó completamente sobre su silla. Tomó una foto enmarcada que estaba en su mesita de noche al lado de su cama, y la observó con cariño. Cerró sus ojos y soltó una pequeña y triste risa antes de dejarla nuevamente en su lugar. Se levantó y decidió que debía encargarse de ese tema más tarde, sabiendo que su carrera la estaba llamando en ese preciso instante. Anna miró nuevamente la foto antes de alejarse y prepararse para su entrevista.

"Vas a pasarla increíble." Olaf miró el espejo de cuerpo completo en el que la rubia se estaba reflejando. El semblante de la chica se opacó levemente, mientras jugueteaba con el borde inferior de su camiseta, dudando de sí misma.

"Por qué no podemos simplemente quedarnos aquí y ver una película juntos? Digo, nos iremos mañana de todos modos así que bien podríamos quedarnos en casa y descansar un poco." Los ojos azul hielo de la chica se encontraron con los de Olaf a través del espejo. El chico negó con su cabeza y puso sus manos en su nuca.

"Porque no has salido de fiesta ni has disfrutado nada en mucho tiempo. Lo único que has hecho desde que dejamos la universidad ha sido trabajar y estudiar. Hemos estado viajando por temas de negocios y lo único que hacemos es quedarnos en el hotel y ver películas. En realidad, nunca hemos salido..." Olaf rió y la mujer se encogió de hombros.

"¿Hay algo malo con sólo trabajar?" Olaf caminó hacia la mujer y puso su mano en su hombro.

"Elsa, disfruta y diviértete sólo por esta noche." La chica suspiró y miró otra vez el espejo. Llevaba puesta una camiseta negra y unos jeans ajustados. Su tenida era simple y cómoda. Olaf tenía puestos una camiseta blanca y unos jeans azul oscuro como contraste. Ella miró su reflejo enfocándose en sus propios ojos y sacudió su cabeza.

"Sabes exactamente el porqué no puedo divertirme, Olaf." Elsa soltó una risa seca y cerró levemente sus ojos. Olaf sonrió con simpatía y pasó una mano por su cabello.

"Lo sé, pero ya no tenemos contacto ni con Kristoff ni con ella. Ni siquiera sabemos qué han hecho con sus vidas, y si de algún modo estuviésemos destinados a encontrarnos nuevamente..."

"Entonces eso ya habría pasado… lo sé." Elsa se entristeció y abrió sus ojos, notando cómo ese azul hielo comenzaba a humedecerse. Olaf sonrió con tristeza a su desolada amiga y tomó su mano.

"Solo salgamos esta noche y disfrutemos el rato, ¿okay? Antes de que tengamos que volver a viajar debido a nuestros hostigantes empleos." Elsa asintió con un movimiento de cabeza y dio un profundo suspiro, mirando el espejo una última vez. Olaf volteó sobre sus talones y salió de la habitación y del hotel, pensando que era mejor verificar que el taxi estuviese ahí. Elsa miró la esquina superior derecha del espejo para ver una foto pegada allí. Pasó sus dedos con suavidad sobre ella antes de retractarse y quitarla como si se tratase de veneno en su piel. Suspiró y giró sobre sus talones para salir también de aquel lugar.

"No quiero ir." Demandó Anna, cruzando sus brazos como una niña y manteniendo su postura. Kristoff gruñó y masajeó sus sienes; realmente era como discutir con un niño.

"Anna…" Comenzó, pero ella lo cortó.

"¡No me vengas con eso! ¡Hoy es un día que no puedo desperdiciar! ¡Ya he perdido la mitad de mi día en esa estúpida entrevista Kristoff! Si, voy a salir, ¡Pero no iré a un club nocturno contigo solo para que mi imagen se vea favorecida! ¡No me importa lo que la prensa piense sobre mi vida social, o sobre cualquier cosa! Podemos salir cualquier otro día, pero no hoy." Anna gruñó como respuesta, y miró a su atónito amigo. Kristoff sacudió su cabeza y le gruñó de vuelta.

"¿Otra vez con el tema de Elsa?" Y lo único que Anna pudo hacer fue encogerse sobre si misma por su respuesta. Esa simple pregunta había hecho que su mirada se volviese diez veces más oscura. Sus manos se empuñaron y sus dientes rechinaron levemente.

"¿Por qué siempre tratas a Elsa y a Olaf como si fuesen cualquier cosa estúpida? ¿Cómo si se tratasen de cosas que debiesen ser ignoradas? ¿Cómo algo sin importancia?" Anna vio a su amigo encogerse de hombros de manera muy casual, lo cual la enfureció más.

"Siento que necesitas seguir adelante con tu vida." Dijo Kristoff de forma relajada. Anna tuvo suficiente. Sin embargo, se contuvo y en cambio, se volteó y le dio un puñetazo a la pared con todas sus fuerzas, dejando una pequeña marca en el muro mientras sus nudillos se teñían de color rojizo. Kristoff la miró lleno de dudas.

"¿Seguir con mi vida? ¡He intentado rastrearla a ella y a Olaf desde que salimos de la universidad! ¡He intentado con todas mis fuerzas saber el por qué se está moviendo tanto de un lugar a otro, y he intentado con todo lo que tengo para saber cuál es su próxima parada! Amo a Elsa, Kristoff. ¡¿Por qué no puedes entender que no puedo continuar con mi vida porque mi vida sigue allá afuera?!" Gritó Anna, y eso fue suficiente para Kristoff. Ya tenía suficiente de esa actitud testaruda y de esas decisiones sin sentido. Era dulce y todo, pero Kristoff hizo una promesa que sabía no podía romper.

Tenía que ponerse firme ahora.

"¿Sabes por qué he intentado hacer que continúes con tu vida? ¿Sabes exactamente el por qué hago que interactúes con otras celebridades, y el por qué salté de alegría cuando te convertiste en una? ¡Porque sabía que esas cosas te ayudarían a continuar con tu vida, Anna! Le hice una promesa a Elsa antes de que se fuera a la universidad, ¿Y sabes qué es exactamente lo que me pidió? ¿Sabes cuan duro lo he intentado porque sé que es la única cosa que ella quería y que la haría feliz? Ella y yo hicimos una promesa entre nosotros antes de que ella partiera, y se trataba de ti, Anna. No te estoy haciendo continuar con tu vida porque quiera hacerlo, ¡Sino porque me dijeron que lo haga! ¿Sabes cuál era esa promesa, Anna?" Kristoff apretó sus dientes y vio el semblante de su amiga cambiar de ira a miedo.

"Ella me dijo que lo único que quería en la vida era que fueras feliz. Me dijo, en estas exactas palabras, que quería que yo estuviese a tu lado para que me asegurase de que tu futuro estuviese completo. Ella quería que me asegurase de que continuaras avanzando por tus sueños, y también quería que me asegurase de que encontraras a alguien digno de tu amor, alguien más que te amase tanto como te lo mereces. Ella me dijo que quería que te olvidaras de ella, y que vivieses tu vida. ¿Entiendes lo duro que ha sido para mí el mantener esa promesa con ella? ¿Entiendes por qué te digo que sigas con tu vida? No es porque yo quiera que la olvides, ¡Sino porque ella quiere que la olvides! ¡Solo intento mantener esa única promesa, ese único favor que me pidió durante todos esos años!" Gritó Kristoff y lo único que Anna pudo hacer fue quedarse de pie allí.

La chica que alguna vez estuvo llena de confianza y respuestas atrevidas ahora se encontraba aterrada. Sus ojos se humedecieron y lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas, como si se tratase de una cañería defectuosa. Se encontraba aturdida, un estado de tristeza que Kristoff sabía que tendría que enfrentar con el tiempo. Él suspiró y vio a su amiga ahí, con sus nudillos sangrando de manera profusa hacia el suelo.

Kristoff se volteó y caminó hacia el closet donde tenían las cosas de primeros auxilios. Tomó los vendajes y al girarse vio a su amiga en el suelo, sus ojos estaban cerrados pero las lágrimas caían con rapidez. Cambió su postura y caminó hacia ella, tomó sus nudillos y limpió los cortes antes de envolverlos con los vendajes. Durante todo ese tiempo, lo único que pudo oír y sentir fue el llanto reprimido y las saladas lágrimas de la chica cayendo sobre sus manos.

La tomó por el mentón y la obligó a mirarlo. Sus ojos se abrieron y su mirada se encontró con la suya. Sonrió con tristeza a su mejor amiga.

"Podemos quedarnos en casa y ver un películas, si quieres." Sugirió Kristoff pero Anna negó con su cabeza. Ella se levantó, las lágrimas aún corrían por sus mejillas mientras se abría paso hasta las escaleras.

"Prepárate. Iremos al club, saldremos en cinco."

Kristoff vio a su amiga subir las escaleras y supo que tramaba algo, probablemente se trataba de algo ridículo y estúpido.

"¿Qué tramas?" Preguntó Kristoff, mirando a Anna con curiosidad. Ella llevaba su cabello suelto hacia el frente, y un vestido negro y corto finalizaba su simple y sencillo atuendo. La chica solo se encogió de hombros como si nada hubiese pasado en la última hora. Entraron al club y dentro todo eran luces destellantes y brillantes. Kristoff suspiró y supo que no obtendría una respuesta de ella.

"¿Vas a bailar o…?" Preguntó el rubio, pero Anna negó con su cabeza y apuntó hacia el bar.

"Nope, voy a pasar la noche entera en el bar." Y Kristoff vio como Anna se contorneaba mientras se abría paso hacia el bar, y supo exactamente lo que haría esa noche. Iba a ahogar sus penas con un poco de apoyo y motivación de aquellas bebidas ponzoñosas.

Anna se sentó en un taburete al lado de un extraño al cual no le dio importancia ni siquiera para mirarle. Llamó al barman y pidió el trago más caro de todos, él asintió y cumplió sus deseos. Ella oyó una suave risa proveniente de la persona que estaba a su lado y rodó sus ojos, solo viendo desde el rabillo de su ojo que el individuo llevaba puesta una chaqueta de cuero negra.

"¿Bebedora exigente?" Anna supo que era una voz femenina pero no supo exactamente de quién se trataba. Sonaba vagamente familiar pero no pudo descifrar quién era. El barman volvió con el trago y ella le agradeció antes de empinárselo y azotar el pequeño vaso vacío sobre la mesa. Escuchó aquella risa otra vez mientras Anna pedía un vaso más grande.

"Asumo que estás bebiendo porque algo desafortunado te ha ocurrido, ¿No es así?" dijo la voz y Anna asintió. El barman regresó con un vaso de bourbon y Anna lo manipuló con cuidado.

"Si." Fue lo único que ella dijo, sin deseos de mirar a la extraña. Quizás podría tener una conversación a ciegas.

La extraña era Elsa. Estaba sentada allí, pero no miró a la chica que estaba a su lado. En cambio, sus ojos estaban entretenidos mirando hacia el frente, viendo a quienes estaban bailando. A la rubia no le interesaba quien estaba a su lado, así que no se molestó en mirarle. Sin embargo, si disfrutó charlar con esta extraña sin tener que mirarle.

"Y, ¿por qué estás aquí?" Le preguntó Anna a la extraña. No estaba del todo mal seguirle el hilo de la conversación.

"Algo similar a lo tuyo."

"¿Qué te pasó?" Preguntó Anna, bebiendose el bourbon y pidiendo otro.

"Amor." Dijo la rubia secamente.

"Igual." Dijo Anna mientras ninguna de las dos se miraba.

"¿Cuál es tu situación?" Preguntó Elsa, y Anna rió levemente. Jugueteó con el bourbon en su vaso y decidió '¿por qué no?', pero primero, quería intentar algo arriesgado. Anna tomó un trozo de papel y anotó su número antes de deslizárselo a la extraña que estaba a su lado.

"Aquí está mi número, antes de que me emborrache por completo y olvide todo sobre esta conversación. Me gusta hablar contigo." Dijo Anna y vio por el rabillo de su ojo que la extraña se rió y tomó el número, guardándolo en el bolsillo trasero de sus jeans.

"Ya veremos." Elsa rió nuevamente. "Así que, ¿qué pasó?"

"Ya sabes, la típica historia de amor a lo Romeo y Julieta pero sin el final feliz. Familias que se odian y amores que se separan. No mueren juntos por amor, sino que se separan por amor. He estado tratando de encontrar a mi Romeo por años pero no he tenido suerte. Mi manager y mejor amigo acaba de decirme que mi Romeo básicamente quería que le olvidase, y ahora estoy aquí, bebiendo mis penas como una idiota." Anna rió, dando un sorbo a su bebida. La extraña la acompañó con una risa y asintió.

"Eso si que debe apestar para ti."

"Sep… de todas las personas de las que me pude enamorar, me enamoré de ella. Me hizo abrir los ojos y cambiar para mejor… Ella me hizo ser mejor. Esta es una tragedia viviente." Anna bebió otra vez de su trago. "¿Qué hay de ti? ¿Qué te trae a beber tus penas?"

"Básicamente la misma historia que tú." Elsa rió, y mantuvo su decisión de no mirar a su acompañante. "Amé a una chica en esta pequeña ciudad, ella estaba muy fuera de mi liga. Nuestra relación no funcionó. Quise lo mejor para ella y la dejé ir." Elsa finalmente tomó un sorbo de su bebida alcohólica. "Pero estoy bastante segura de que ya lo ha superado y ha encontrado a alguien más." La rubia rió secamente y Anna solo asintió.

"Igual."

"Mi amigo hizo muchos intentos para que yo continuase con mi vida, sabiendo que el amor de mi vida está probablemente casada y con hijos. Me preparó muchas citas a ciegas." Anna asintió con su cabeza y continuó escuchando la historia de la extraña. "Esas citas a ciegas, a pesar de que algunas eran las personas más dulces posibles, simplemente no eran la persona correcta para mi…"

"Bueno, eso debe joder." Anna finalizó su vaso y pidió otro más.

"Lo hace. Nunca pude enamorarme de alguien más. Cada vez que iba a una cita, lo único en lo que podía pensar era en ella. Con el tiempo me di por vencida y solo me mantuve ocupada con el trabajo." El barman regresó con otro trago par Anna y esta le agradeció otra vez.

"Continúa." Anna insistió y la extraña rió levemente.

"Sé que jamás podré continuar con mi vida porque ella siempre estará en algún lugar de mi corazón, pero mientras ella sea feliz en este mundo, con quien sea que esté, yo también seré feliz. Solo deseo que quizás algún día pueda verla una vez más para obtener un cierre, ya sabes. Solo quiero asegurarme de que es feliz con su vida, con su pareja, y con sus hijos, si se encuentra en esa situación."

"¿No te gustaría que, en caso de encontrarla, ella estuviera soltera?" Preguntó Anna, mirando su vaso. Elsa rió y bajó su mirada a la mesa.

"Honestamente… eso solo sería un bonus. Lo que realmente deseo es que si la veo otra vez, me gustaría que fuese feliz con su vida. No quiero solo verla conforme, sino genuinamente feliz. Me gustaría verla viviendo el momento de su vida y siendo realmente feliz. Solo quiero un cierre por su felicidad… Si está soltera entonces intentaré ganarme otra vez su amor, pero si es feliz con otra persona, pues mientras ella sea feliz, puedo vivir con ello."

"Entonces, ¿Te enamorarías de alguien más si ella estuviese con otra persona?" Anna ojeó las bebidas del bar, pero escuchó con interés la respuesta de la extraña. No tenía deseos de mirarle, y la extraña tampoco. En ningún momento hicieron contacto visual, y estuvieron así durante la noche. Ninguna de las dos se miró, en cambio, solo hablaron a ciegas. E incluso después de irse cada una por su lado, en ningún momento se miraron.

"Probablemente no… Quizás solo seguiría trabajando y trabajando. Nadie capta mi atención porque ella la tiene. Nadie puede tomar mi corazón porque le pertenece a ella, y puede tenerlo todo el tiempo que ella quiera. Debí superarla y enamorarme de alguien más, pero no lo hice. Supongo que podríamos decir que ella es y siempre será mi única excepción." Elsa rió y Anna se empapó en aquellas palabras antes de repetirlas, comprendiendo su significado.

"Huh… La única excepción."