Capitulo 25
Killer miraba a su capitán desde atrás.
Había pasado un año y no lo había superado.
Kid era fuerte, él no lloraba por las esquinas o se quejaba de lo mucho que la echaba de menos. No, él no era tan debilucho en ese aspecto.
Pero se le podía ver cuando miraba al mar tan distraído que únicamente pensaba en ella.
Ellos dos jamás hablaban sobre eso, el rubio no quería enfadarlo, pero a veces le gustaría que su capitán se desahogara con él sobre esas cosas.
Igualmente sabía que la pelirrosa tarde o temprano aparecería de nuevo.
A veces se acordaba de cuando ella estaba en el barco y de todo lo que pasaron juntos.
Siempre se acordará de la primera vez que comprobaron sus habilidades culinarias.
El mayor error de su vida.
Literalmente se le quemó hasta un batido de plátano. . .PLÁTANO.
¿Eso era si quiera físicamente posible? Killer lo dudaba, pero ella le demostró que los milagros eran posibles.
Era increíble, cosa que caía en sus manos, cosa que quemaba. Pero quemaba en plan fogata de acampada, no que se pusiera marroncito.
Optaron por prohibirle entrar a la cocina por seguridad de la tripulación.
Sin embargo sí que había algo que sabía cocinar bien, bastante a decir verdad, los rollos de col, ¿por qué? Nadie lo sabía.
"- ¡¿Pero cómo demonios puede una mujer ser tan pésimas en la cocina?! ¿Estás segura de que no eres usuaria de la Mera Mera no mi?– decía Kid entre risas
-¡A…A callar imbécil! – contestaba ella sonrojándose – tampoco es que lo necesite – siempre ponía pucheros.
-¡Menos mal que sabes luchar! ¡Si te hubiera tocado una vida de ama de casa te habrías muerto soltera! Jajaja
-¡Ni que necesitara a un hombre para poder sobrevivir! ¡Puedo patearte el trasero fácilmente cuando me de la gana y lo sabes! – Kid sabía que lo decía enserio, pero era muy difícil tomarla enserio después de verla hacer semejante desastre.
-No lo dudo señorita, pero tú seguirás siendo un mechero en la cocina jajaja"
Después de esto, la conversación solía terminar con ella estampando la cabeza de Kid contra sus mutantes cocinados e inmediatamente salir de la habitación sonrojada.
"Espero que sepamos pronto sobre ella, no sé si Kid aguantará más así" pensó preocupado.
Kota se dio la vuelta al despertarse en su cama. Le dolía mucho la cabeza y se sentía muy mareada todavía
"Mierda, me he pasado de nuevo" pensó mientras intentaba estabilizarse.
Escuchó a su lado un ligero suspiro.
El sonido correspondía a la mujer sin ropa que estaba acostada a su lado, la cual aún estaba con los ojos cerrados.
El joven salió de la cama con cuidado de no despertar a la mujer rubia de su lado, se vistió e intentó salir sin hacer el menos ruido
"Bueno, ya tengo todo lo que quería, no tengo por qué quedarme más"
A su otro lado de espaldas, la antigua integrante del CP9 Kalifa miraba tristemente a la pared fingiendo que dormía.
"Ni siquiera se digna a despedirse de mi" pensó resignada.
Estaba ya acostumbrada a su comportamiento, era un hombre frío, al igual que su hermano. Ninguno de los dos hermanos jamás había tenido ni un solo detalle con ella.
Lo cierto es que ella amó siempre al menor. Kota era menos frío que su hermano (y eso era mucho decir), tenía empatía por el resto y su cerebro nunca estuvo del todo comido por el Gobierno mientras aun iban juntos en los entrenamientos de CP. Recuerda a Hide con cariño, él también era su amigo. Hide se burlaba de ella por ser incapaz de declararse al moreno:
"-¡Venga ya Kalifa! ¡Si no lo haces tú él jamás moverá un dedo! Ya sabes lo estúpido que es, igual que su hermano
-¡No te metas Hide! ¡No me gusta!
- Si se nota muchísimo jajaja Ahora enserio, cuentas con mi apoyo"
A pesar de lo mucho que ella siempre lo negó, era más que evidente.
Ella lo pasó muy mal cuando lo encerraron en Impel Down, e incluso intentó defenderlo en su juicio militar aunque al final no consiguiera nada.
Sin duda, cuando peor lo pasó fue cando tuvo que presenciar su fusilamiento, aquello la dejó destrozada, ver como mataban a la persona que amaba y no poder hacer nada al respecto era desolador.
Intentó odiar a Lucci por eso, pero acabó en su mismo grupo e incluso empezó a desarrollar sentimientos hacia él a pesar de la indiferencia del hombre. Lucci la trataba fatal, pero ella seguía a su lado, porque al fin y al cabo era su remplazo de Kota.
Años después, cuando se filtró que Kota seguía con vida, Kalifa casi llora enfrente de sus compañeros, no le importaba que fuera un traidor, sólo le importaba que estuviera vivo.
Y cuando años después, finalmente pudo encontrarlo, él lo único que hizo fue utilizarla para conseguir información del Gobierno.
Justo lo que acababa de hacer ahora también.
Se aprovechaba de ser consciente de los sentimientos de la rubia y utilizaba eso para recaudar información. Luego se iba sin decir nada, ni siquiera un adiós.
Como ahora.
Pero a ella no le importaba. Con tal de tenerlo cerca de ella no le importaba ser una traidora. A pesar de saber que era sólo un juguete para él ella se dejaba hacer.
¿Estaba loca? Ella era consciente de que eso no estaba bien, ¿por qué amaba a un hombre que sólo se aprovechaba de ella y luego se largaba durante meses sin decir nada?
La respuesta era simple.
Porque era tonta.
Y porque lo amaba.
-¡Oi! ¡Deja de hacer el imbécil-yoi! ¡Nos acabarán encontrando por tu culpa!
-¡Siempre tan aguafiestas Marco-Kun! ¡Deberías relajarte un poco y beber conmigo!
-No me llames Marco-kun-yoi
-Marco-chan – canturreó borracho
-Imbécil
El chico del pelo largo se rió y continuó bebiendo mientras su amigo giraba los ojos "enfadado"
Lo cierto es que llevaban ya un tiempo juntos y comenzaba a sentir verdadero aprecio hacia el músico. O revolucionario, lo que demonios fuera.
Jamás pensaría que volvería a encontrar a un verdadero amigo después de Thatch o Ace, pero ahí estaba, junto aquel revolucionario borracho que cantaba al son de otros borrachos en aquel bar de mala muerte.
Pensar en lo rápido que los había sustituido le hacía sentirse una pésima persona, pero se decía así mismo que tenía que pasar página y dejar de lamentarse por los errores del pasado y superar la muerte de sus nakamas.
Y vengarla.
Tenía que volverse más fuerte y vengar a todos: A Thatch, Ace… al viejo…
Debía matar a Barbanegra.
Hacerle sufrir por todo
Hacerle ver mientras le desped…
-¡Oi! ¿Ya empezamos con los pensamientos macabros? Jajaja – preguntó riéndose el revolucionario.
-Cállate-yoi, no es verdad
-Tío, a mi no me engañas
-¿Y qué si lo hago?
-¿Debería pasar algo? – dijo extrañado
-Pensaba que me ibas a soltar un sermón sobre lo malo que es la venganza y blabla-yoi
-¿Por qué debería hacer eso? – seguía preguntando extrañado
-¡Oi! ¡Actúa más normal! – contestó cabreado
El revolucionario se rió.
El antiguo comandante suspiró, no entendía a este chico.
-Todos sentimos deseos de venganza hacia alguien. Yo el personal considero que es incluso hasta sano
-¿Cómo demonios va ser sano-yoi? – preguntó con una gota de sudor detrás de su cabeza.
-Simplemente no dejes que tus deseos de venganza de amaguen la vida, ¡disfruta del camino hasta ella!
A pesar de que lo dijo feliz, era muy sombría la intención. Marco no sonrió pero dejó al peligris reírse sin decir nada.
Así era él, reía mucho y sonreía sin parar, pero de manera sombría. Era tenebroso, esa risa era tan sólo una forma de enmascarar todo el odio y rencor que sentía en su interior.
Conocía a grandes rasgos su pasado, el joven no tuvo demasiados reparos a la hora de abrirse al rubio. Marco estaba confundido al respecto: ¿A quién odiaba más en realidad? ¿Al Gobierno que asesinó a todo su pueblo? ¿O al hombre que se ganó su confianza y después lo traicionó?
Kaito era imposible de leer siempre. Nunca estaban del todo claras sus intenciones, pero Marco no le iba a buscar las pegas al único hombre que consiguió animarlo en, probablemente, el peor momento de su inacabable vida.
Admiraba su enorme destreza como francotirador y su labor en el Ejército Revolucionario, por no hablar de su talento con la guitarra.
La primera vez que lo escuchó tocar se sintió maravillado e incluso embriagado por la melodía, tenía muchísimo talento e incluso podía asegurar que lo veía realmente feliz cuando tocaba música. Una vez incluso le llegó a confesar que si conseguía su propósito de derrocar al Gobierno sin morir en el proceso, se dedicaría a la música.
Un sueño imposible desde el punto de vista del fénix.
En su enorme cantidad de años viviendo en aquel mundo, jamás nadie que haya intentado atentar contra el Gobierno había conseguido sobrevivir. Kaito y la Armada Revolucionaria no iban a ser la excepción, de eso estaba más que seguro.
Mina comía tranquilamente un bocadillo desde el tejado de un edificio mientras observaba el paisaje que estaba debajo de sus pies.
De pronto, un pitido comenzó a sonar detrás de ella junto al sonido de una voz que le era demasiado conocida.
-OBJETIVO NO IDENTIFICADO. PROCEDER A ELIMINACI…
Una explosión destrozó al Pacifista justo después de ser cortado por la mitad por un tajo limpio.
La joven continuó comiendo sin la menor preocupación.
"Menudo insulto intentar imitarlo con algo tan débil" pensaba terriblemente enfadada.
Eso sucedía cada vez que veía un pacifista.
Los odiaba con toda su alma. Ver aquella patética imitación de su maestro la cabreaba magistralmente.
La historia que tenía con el Shichibukai era mucho más compleja de lo que nadie podía comprender.
Nadie en su sano juicio pensaría que un hombre como Kuma acabaría siendo un gran maestro para nadie, pero así acabaron las cosas.
Actualmente, desde hacía ya dos años, Mina era la que había ocupado el puesto de Kuma como General de la Armada, pero echaba de menos a su anterior superior, fue prácticamente su padre durante sus primeros años en la Armada.
Sin duda alguna vengaría a su maestro por todo lo que el Gobierno le hizo.
Rompió la botella de cristal de la que estaba bebiendo y prosiguó con su camino para reunirse con su compañero.
En el próximo capítulo contaré los inicios de los tres generales en la Armada, no nombraré a Sabo porque ya se ha mostrado en el anime, así que no hace falta repetir los mismo.
