¡Mi gente linda! La historia ha llegado a su fin :D Un especial agradecimiento a AutenticaaLocuraa que me brindó información sobre la tercera generación (porque no tengo mucha idea de eso xD). Muchísimas gracias a todos los que me han acompañado en este tiempo, espero de corazón que la hayan disfrutado y que cumpla sus espectativas este epílogo y final. Los quiero mucho y me han hecho muy feliz con su apoyo y compañía. Besotes, feliz año nuevo y... ¡Nos leeremos pronto! :D
Epílogo: Varios años después (sólo ellos saben cuantos)
-¡Espera! ¡No tan rápido! –imploraba entre jadeos, intentando alcanzar a su hermano.
-¡No podemos parar Lily, sabes muy bien que si no llegamos antes de las nueve, mamá nos matará! –respondió el moreno, también fatigado.
-¡Vamos Lily! Y yo que pensaba que el único lento era Albus –bromeó el mayor, llevándoles mucha ventaja.
-¡Ey! –protestaron ambos, especialmente el chico, aunque ya estaba acostumbrado a las burlas de James.
-¿Dónde están los gemelos? –preguntó su prima, cuando se detuvieron finalmente.
-Lorcan venía detrás de mí –afirmó Louis cuando se unió a ellos -, pero ahora no lo veo… Ni tampoco a Lysander.
-¿Se habrán perdido? –preguntó atemorizada Rose, observando a su alrededor.
-¿Lysander no tenía que ir al faro? –cuestionó James, resoplando. Sabía que los gemelos raramente se separaban pero aún así, lo había intentado aunque, como siempre, había resultado en vano.
-Sí pero sabes como son –le recordó Rose –, uno de nosotros tendría que haberse quedado con el resto para igualar la cantidad.
-Bueno, eso ya no importa –interrumpió Albus, alarmado –lo importante es que encontremos a los gemelos antes de que sea tarde porque mamá…
-¡No seas tan bebé! –lo regañó James.
-¡No soy un bebé! –reprochó, enrojeciendo por el enojo.
-¡Cállense! –ordenó Rose, bajando la voz luego para agregar -. Escuché unos ruidos…
-¿Ruidos? –curioseó Louis antes de que se oyera una especie de aullido. Todos enmudecieron y se miraron unos a otros, intentando mantener la calma.
-¿Qué fue eso? –inquirió Lily, con voz ahogada.
-Parece… un lobo… -opinó Albus atemorizado.
-¡Aquí no hay lobos! –se burló nuevamente su hermano mayor.
-¡Tío Fred dijo que había y que tuviéramos cuidado con ellos! –soltó Lily, defendiendo a su hermano.
-¿Cuándo dijo eso? –curioseó Rose.
-Cuando nos dio las instrucciones para hallar el tesoro –respondió Albus.
-Hay algo que no entiendo… Si tío Fred les dio las pistas para encontrar el tesoro, ¿no se supone que tendrían que haberlo hallado ellos ya? –opinó Rose con desconfianza, sobresaltándose cuando se volvió a escuchar el aullido.
-No se ustedes pero yo me largo de aquí –expresó decidido James, comenzando el camino de regreso.
-Sí… Será mejor que nos va… ¡el arbusto se mueve, el arbusto se mueve! –soltó Louis con nerviosismo.
-Debe ser el viento –opinó Rose, aparentando tranquilidad, aunque aquello comenzaba a asustarla también.
-No hay viento… Debe ser el lobo –afirmó Louis con temor.
-¡Les digo que no hay lobos! –expuso James, comenzando a fastidiarse.
-Bueno, si estás tan seguro, ¿por qué no vas y lo compruebas? –lo desafió Louis, con un brillo de picardía en los ojos. El resto espero en silencio a lo que fuera a hacer el mayor de ellos, que parecía estar dispuesto a demostrar que tenía razón ya que le respondió a su primo con una sonrisa de suficiencia, mientras caminaba hacia el seto:
-Por supuesto… Soy el mayor y el más valien… ¡Ahhhh! –gritó escandalizado, cuando algo se lanzó sobre él.
Todos gritaron con él, a excepción de Louis y los gemelos, causantes de aquel susto, que comenzaron a reír a carcajadas.
-¡Te dije que saldría bien! –expuso Lorcan entre risas a Louis.
-Si, no puedo creer que hayan caído –repuso Lysander doblándose de la risa.
-Cuando se lo cuente a Dominique…
-¡No te atrevas! –interrumpió James a Louis. Vivía peleando con su prima y aquello sería darle un motivo para que se burle de él por días… hasta tal vez meses, o años…
-¿Ustedes no cambian más eh? –los regañó Rose, intentando esconder una sonrisa.
-Bueno, ahora vamos porque mamá… -comenzó a exigir Albus hasta que fue interrumpido por un grito que los paralizó.
-¡James Sirius, Albus Severus y Lily Luna Potter! ¡Si no vienen en este preciso momento, estarán castigados una semana entera! –rugió Ginny, observándolos con los brazos cruzados.
-Eso niños eh… Háganle caso a su madre –expuso Harry, haciendo una graciosa mueca de miedo que hizo reír a los niños pero que causó la mirada de reproche de su esposa. Automáticamente cambió su gesto a uno serio y agregó -. Será mejor que todos vengan porque sus padres están preocupados también.
Todos juntos emprendieron el camino de regreso sin poder evitar el sentimiento de frustración por no haber podido hallar el famoso tesoro. Ginny notó aquello, por lo que preguntó:
-¿Por qué esas caras?
-No es nada, es que… nosotros tampoco hemos podido hallarlo… -respondió Lily, desilusionada.
-¿Hallar qué? –curioseó Harry, aunque ya imaginaba que sería.
-Nada, no estábamos buscando nada –contestó rápidamente James, adelantándose a Lily y los demás. Harry y Ginny se observaron mutuamente con una mueca de fastidio… Sabían quien era el culpable de aquello.
...
-¿Se puede saber en dónde estabas jovencita? –regañaba una enfadada madre a su adolescente hija.
-¡Ya te dije mamá, estaba con Roxane! –repitió con cansancio.
-No te creo… ¿Estabas con ese chico raro, verdad? ¡Te dije que vigilaras a tus hermanos y sin embargo te fuiste a besuquear con ese niño!
-¡No es un niño ni tampoco es raro! –saltó, poniéndose en evidencia.
-¡Ajá! ¿Así que confiesas que estabas con él? –expuso, con una sonrisa de victoria.
-Ya Fleur, no seas tan dura con ella… es una adolescente, merece disfrutar de su juventud –le pidió su marido al oído, aunque Victorie pudo escucharlo y sonrió.
-Pero… ¡Se tiñe el cabello de azul! No quiero que mi hija ande con un muchacho con el cabello azul –intentó defenderse.
-Yo no quiero que mi niña esté con ningún muchacho, es duro para mi… pero Teddy es un buen chico, sin importar lo que haga en su cabello… ¿Tu te casaste con un mecánico, no? –le recordó, abrazándose a ella.
-Pero me casé con el mecánico más sexy y bello de todos –puntualizó, acercándose para besarlo.
-Puaj, búsquense una habitación –comentó la joven, haciendo cara de asco.
-¡Ey! –la regañaron ambos al mismo tiempo.
...
Era una cálida y estrellada noche de verano en la isla de Wight. Aquél, como cada sábado desde hacía muchos años atrás, sería aprovechado por la pandilla para encontrarse y disfrutar de una noche juntos, a pesar de que el tiempo había pasado y las cosas habían cambiado para todos. Ron y Hermione se acercaban en ese momento a una recién llegada Rose, pero antes de que pudieran decirle nada, Ginny se adelantó.
-Fue Fred…
-¿Fred? ¿Y de dónde sacó eso? –cuestionó Hermione, confusa.
-No ese Fred –repuso, observando al niño que en ese momento hablaba en secreto con James -, sino el grandote idiota de mi hermano –puntualizó, ceñuda, señalando al pelirrojo que se acercaba junto a Lavender.
-¿Y ahora qué hice? –se atajó el gemelo cuando llegó junto a sus amigos que lo miraban con reproche y los brazos cruzados.
-¿Le has dicho lo del tesoro, verdad? –cuestionó Lavender con el ceño fruncido, aunque se notaba que trataba de no reírse.
-¡No creí que lo tomarían en serio! –intentó defenderse, aunque nadie le creyó.
-¡Hola muchachos! –saludó una sonriente Luna -. Parece que los niños han tenido la misma suerte que nosotros…
-¿Tú les dijiste lo del tesoro? –cuestionó Ron asombrado.
-¡¿Vieron que no fui yo? ¡Mejor que se disculpen conmigo! –exigió Fred, mostrando enfado.
-Tío Fred, hemos buscado exactamente por donde nos indicaste pero no encontramos nada en el faro… Aunque tampoco tuvieron éxito en el bosque –expuso Molly, mientras Lucy asentía a su lado, ignorando completamente el gesto del pelirrojo en su intento por que no dijeran nada.
-¿Así que quieres que nos disculpemos, eh? –ironizó Ron, observándolo con la ceja levantada.
-Bueno… ¡Pero ella también lo dijo! –se excusó, señalando a Luna.
-Claro que lo hice, esperaba que tuvieran más éxito que nosotros… Yo continué buscando siempre, hasta que mi Rolf partió de este mundo y decidí dedicarme enteramente a los gemelos –aseguró la rubia, mirando hacia el cielo como si su difunto esposo la oyera.
-Pero Luna… ¡Ese tesoro no existe! –determinó Ron, impasible.
-No seas insensible –lo regañó su esposa.
-Pero es que… Bueno, como quieras –refunfuñó como niño, lo que hizo que Hermione le sonriera con ternura.
-Ya, dejemos esto para otro momento… Ya llegaron Cho y Cedric y Katie está intentando enseñarle a Fleur las posiciones del yoga… Será mejor que vayamos antes de que tengamos que desanudar el cuerpo de nuestra amiga –añadió riendo, al ver a la rubia intentar apoyar una pierna sobre su hombro.
Los amigos se sentaron en círculo en la playa como cada sábado, y pasaron juntos el momento entre conversaciones y risas, mientras los niños jugaban cerca de ellos. Pero aquella noche era por demás especial porque estaban junto a ellos Cedric y Cho, que luego del nacimiento de Victorie, se habían mudado a Londres, ya que el castaño no quería abandonar el buffet donde se desempeñaba como abogado y Cho extrañaba a sus padres y deseaba tenerlos más cerca. La oriental llevaba seis meses de embarazo y estaba radiante, junto a su futuro esposo. Habían venido a la isla para casarse allí, por lo que planeaban una gran fiesta a la que asistirían todos sus amigos, incluyendo a los Weasley. Percy y su familia también habían sido invitados por lo que estarían todos, a excepción de Charlie que se encontraba en ese momento en una investigación muy seria y que no podía interrumpir. George y Angelina llegaron en ese momento y se unieron al resto, preguntando por su hija Roxane, la cual no veían junto al resto de los niños.
-Victorie me dijo que estaba con ella –repuso Fleur.
-¿Roxane es un muchacho de cabello azul? Porque si no es así, te ha engañado –bromeó Angelina, señalando a la joven rubia que en ese momento se abrazaba acaramelada junto al joven.
-Debe estar con mi mamá en la casa, Rose me dijo que Hugo estaba con ella –comentó Ron.
-¿Quieres que vayamos a fijarnos? –se ofreció Hermione.
-No, está bien, Roxane es una chica responsable y seguro que está bien –confió George.
-¡Se ha movido, se ha movido! –exclamó una emocionada Lavender, que tenía la mano sobre el abultado vientre de Cho.
-Ah si, siempre lo hace por la noche… A veces no me deja dormir –respondió sonriente.
-¡Que hermoso debe ser eso! –opinó la rubia, suspirando.
-Oye… ¿No estarás por cambiar de opinión con eso de "no quiero niños"? –bromeó Fleur.
-Bueno, eh… ¿Se lo decimos? –preguntó a su novio, con una sonrisa pícara.
-¡¿Es lo que creo? –preguntó Ron, entusiasmado.
-Sí hermanito… Lavender y yo vamos a tener un bebé –confirmó Fred sonriente, mientras su gemelo le palmeaba la espalda, orgulloso.
-¡¿En serio? ¿Quién lo hubiera pensado? –opinó Luna, radiante.
-La gente puede cambiar Luna, nunca lo dudes –dijo una masculina voz a sus espaldas.
Se dio vuelta con curiosidad y abrió los ojos sorprendida cuando notó que se trataba de Draco. El rubio parecía todo un hombre maduro, llevaba el cabello más largo que de costumbre y su barbilla estaba poblada de pelos platinados como su cabello, que le daban un aire de adulto que le sentaba muy bien. Los amigos se levantaron para abrazarlo, aunque sabían que Draco vendría para la boda, no dejaban de sorprenderse ante su llegada.
-¿Cuándo llegaste? –preguntó Harry, exaltado.
-Hace unas horas. Vi a los niños cuando venía para aquí, dejé a Scorpius con ellos. Es un tanto tímido y no tiene muchos amigos así que confío que encontrará unos cuantos aquí –contó, sentándose junto a Luna.
-Entonces espero que vengas más seguido porque si no, los extrañará… Se lo que te digo –expuso Hermione, apoyando su cabeza en el hombro de su marido.
-En realidad, es bastante terco… dudo que reconozca que extrañe a alguien… no se a quién habrá salido –bromeó. De todas maneras… Creo que voy a quedarme definitivamente –informó, con una tímida sonrisa.
-¿De veras? ¿Y que hay de Astoria? –inquirió Cho y notó que Luna prestaba especial atención a la respuesta del rubio.
-Ella… se quedará en Londres –todos enmudecieron por lo que el rubio, con una sonrisa de lado, agregó –. Nos hemos separado.
-¿Así que tu eres el hijo de Draco? –preguntó James, observando al niño con los ojos entornados, como examinándolo.
-Sí… Mi mamá tiene un nuevo novio así que vinimos a quedarnos aquí por un tiempo… Creo que por un largo tiempo…
-¿Tu mamá tiene un novio que no es tu papá? –preguntó Lily con los ojos muy abiertos -¿Y eso no te enfada?
-Un poco –respondió el pequeño platinado, encogiéndose de hombros -. De todas maneras, mamá y papá peleaban mucho… Creo que ahora estarán más tranquilos –expuso, aparentando indiferencia, hasta que sintió una mano posarse sobre la suya.
-Qué triste… Pero no te preocupes, te divertirás con nosotros –aseguró Rose, retirando la mano avergonzada cuando notó que las mejillas del rubio enrojecían.
-Oigan… ¿No creen que Roxane y Hugo están tardando demasiado? –se preocupó Lucy.
-Sí… Será mejor que vayamos a buscarlos… Oigan, ¡Ahí vienen!
-¿Y dejarás todo lo que has logrado en Londres? Me sorprendes Draco, estás muy cambiado –opinó Ginny.
-Sí, hablaré con el director del colegio para ver si puedo volver a enseñar allí. Extraño aquellos tiempos.
-Seguramente te darán el empleo –aseguró Neville, mientras el resto de los profesores asentían con la cabeza –la profesora de historia que tenemos ahora está muy anciana ya… y le faltan varios tornillos.
-Sí, es cierto… Con una chiflada sola alcanza –bromeó Luna, señalándose a sí misma mientras todos reían.
-¿Y que fue lo que te hizo tomar esa decisión? –curioseó Hermione.
-Bueno… Astoria es una mujer muy refinada, con los pies sobre la tierra y seria… en otras palabras, es aburrida –bromeó -. No es la mujer que quiero para mí… Cometí muchos errores pero creo que siempre hay tiempo para revertirlos… Y eso es lo que pretendo hacer. Quiero que mi hijo crezca aquí, este es un buen lugar para hacer amigos y encontrar la felicidad. Quedé en buenos términos con mi ex así que podría venir a visitarlo o Scor podría viajar allí para pasar un tiempo con ella cada tanto… si es que a la nueva pareja de Astoria no le molesta –concluyó, riendo.
-¿Y él está bien? –indagó Fleur, preocupada.
-Ya lo estará… Es un niño fuerte y decidido. Creo que le gustará estar aquí –aseguró, girándose hacia Luna.
-Así será –concluyó la rubia, tomando la mano de su amigo. Ambos se sostuvieron la mirada por un instante, hasta que el grito de los niños, los hizo girar hacia donde estaban.
-¡Roxane y Hugo lo hallaron!
-¿Qué cosa encontraron? –cuestionó Bill, mirándolos extrañados.
-¡Encontraron el anillo de Carlos! ¡El anillo que hace invisible a la gente! –exclamaron Lily y Albus con emoción.
-Niños, esas son tonterías… No existe tal cosa –expuso Ron, con una mueca de escepticismo.
-¡Ron, no seas así! –lo regañó la castaña.
-¡Pero si es cierto! No quiero que crean en cosas que los puede desilusionar más adelante –se defendió, causando ternura en su esposa.
-Eres muy dulce cariño, pero debes ser más… sutil para esas cosas –comentó, besando su mejilla con ternura.
-A ver ese anillo –pidió Lavender -. Pero… ¡Si es un anillo de diamantes! –exclamó, sorprendida.
-¡Se los dijimos! –reprochó James -¡Es el anillo de Carlos I!
-Se le debe haber perdido a alguien… -opinó Cedric.
-¿Un anillo de diamantes que parece ser del siglo… XVII? –inquirió Luna, mostrándole la joya a Draco para que la observara.
-Sí, Luna tiene razón… Esta joya es muy antigua.
Todos se observaron en silencio por un momento, hasta que Neville expresó.
-No puedo creer que siquiera estemos pensando en esto… ¡Ese tesoro es un cuento para niños!
-Sí, pero… Es muy extraño, ¿no? –opinó Lavender.
-Bueno, en tal caso, faltaría el medallón para que esté completo –ironizó Ron, haciendo una mueca graciosa a su esposa para que no lo regañara nuevamente, cosa que sabía que siempre funcionaba en ella.
-Eres terrible, ¿sabes? –soltó la castaña, besando a su marido.
-Bueno, sin ese medallón no es nada –concluyó Harry, intentando no herir a los niños ni mentirles.
-¿Te refieres a… este medallón? –expuso Victorie, mostrando un viejo y gastado medallón que colgaba de su mano en lo alto.
-¿Pero qué… cómo… dónde hallaron eso? –preguntó Ginny, completamente asombrada.
Todos comenzaron a debatir y dar conjeturas sobre los objetos hallados. Niños y adultos, unidos en una misma cuestión: Un tesoro finalmente encontrado. Los niños saltaban emocionados por el increíble hallazgo y los adultos se rascaban la cabeza, intentando encontrarle una respuesta sensata a aquel asunto.
Alejados de aquel tumulto e intentando contener la risa, Fleur y Fred conversaban por lo bajo:
-Esto nos saldrá muy caro… No debí haberte prestado las antiguas reliquias de mi familia… Cuando se enteren, ¡nos matarán!
-Puede ser –dijo Fred, riendo cada vez más –pero sí que habrá valido la pena… ¡Esta es la obra maestra de las bromas!
-Si pero… Oh no… Ahora que recuerdo, el medallón está grabado con los nombres de mis a…
-¡FLEUR DELACOUR! –Se escuchó el grito de la castaña a lo lejos.
-¡Fred también fue! –se defendió la rubia, comenzando a correr cuando vio que todos los reunidos se levantaban para perseguirlos a ambos.
Y la noche llegaría a su fin, con varios adultos inmaduros y muchos niños maduros –ya que reían sin parar mientras perseguían a los bromistas, demostrando que habían tomado muy bien aquella burla- correteando por la playa y por la orilla del océano como si todo fuera un juego y ellos los protagonistas que disfrutaban, felices, aquel tesoro que les había dado la vida. Una amistad verdadera y pura y el amor que los acompañaría por siempre.
