CAP 26.

Criaturas en el bosque.

La habitación se encontraba en completo silencio, Ginny despertó pero no quería abrir aún los ojos, la noche le había parecido demasiado corta entre los brazos de Harry y sus caricias, pero eso solo acrecentaba su sentimiento de soledad, pues él se había marchado mucho antes del amanecer para pasar unos instantes por las tumbas de sus padres y padrino, de camino al Ministerio, para dar los exámenes de Auror. Hoy sería un día muy especial, tenía buenos prospectos, al final del día quizás Harry ya se habría convertido oficialmente en Auror, el mas joven de la historia del mundo de la magia, y si todo salía bien, como mas de las tres cuartas partes del colegio también esperaba, Griffindor levantaría nuevamente la copa de las Casas en el campeonato de Quidditch, convirtiéndose así en la casa con más victorias seguidas en 100 años de juego. La pelirroja estaba a punto de abrir los ojos cuando recordó repentinamente que había dejado sus guantes favoritos, regalo de Harry, en los camarines del primer piso del castillo, su frente se arrugó en desaprobación, no solo debido al olvido, sino mas bien porque aquello le recordaba que Harry no la acompañaría en este importante partido, como fuese, lo primero ahora era darse una reconfortante ducha y luego hacer memoria y uso de todos los pasadizos secretos que muchas veces había utilizado en románticos momentos con su novio para llegar sin ser vista al jardín central del colegio, pues si todo seguía siendo como de costumbre, los corredores estarían repletos de gente con pancartas, sombreros de cabeza de león sobre las propias cabezas de los alumnos y vítores o abucheos para los equipos, y si bien ella estaba confiada de ganar, no quería tener que cargar con el stress de la presión de los fanáticos en los minutos previos al partido, pues éste igual requería de un buen esfuerzo.

La ducha no fue todo lo extensa que ha ella le hubiese gustado, ya que el reloj de la mesita de noche parecía estar embrujado, iba demasiado rápido, mas de lo normal, una vez lista quiso recuperar los guantes lo antes posible, un tanto a modo de cábala, de hecho quería hacerlo antes de encontrarse con el resto de los Griffindor en el comedor para desayunar, como era la costumbre.

Al salir de su habitación notó lo primero extraño de aquel día, los pasillos se encontraban vacíos, si bien era temprano no era la tónica de los años anteriores, lo que no dejaba de ser agradable en ese momento, aún así decidió cortar camino por uno de los pasadizos secretos, para no tentar a su suerte, dobló justo bajo una gran cortina marrón desvaída que tenía un gran trébol de 4 hojas, la misma donde Harry y Ron la habían descubierto con Dean Thomas hacía un par de años atrás, provocando los celos del primero y la ira del segundo, instintivamente rió para sus adentros. Prosiguiendo su camino con una suave sonrisa en sus labios llegó sin mayor novedad a los jardines, notó algo nuevamente extraño, una niebla fría y poco común para esa época del año se extendía y cubría los jardines del colegio moviéndose lentamente, Ginny no podía ver mas allá de 10 metros a su alrededor, el aspecto era tétrico y tenía un mal presentimiento, una extraña tristeza la embargó, un escalofrío recorrió la parte posterior de su cuello, erizando los vellos de su nuca, una inseguridad que no la hacía presa desde su primer año en Hogwarts la embargó con desespero, un sentimiento desagradable, temor, soledad, malos recuerdos, era como si algo le apretara el pecho y la garganta, y se estuviese llevando toda su energía y alegría de vivir, momentos fatales y tristes de su vida se posaron en su mente casi de forma adictiva, el rostro de Fred, inerte, frío; el cuerpo de Harry en brazos de Hagrid, pareciendo muerto; alumnos heridos en aquel mismo jardín hace menos de un año atrás; el recuerdo de un chico un año menor que ella, del cual a penas conocía su nombre, pálido y delgado, herido en batalla, entre sus brazos, sobre aquel mismo césped, dando su último suspiro antes de morir; gritos, fuego… temor. Un escalofrío le volvió a recorrer la nuca de solo pensar que debía cruzar los desiertos jardines del castillo en esas condiciones para llegar a los camarines que estaban cerca del campo de juego, pero haciendo uso de su característico valor Griffindor, y recordando en su mente que valor no significa no tener miedo, sino enfrentar dicho miedo, emprendió la marcha.
A poco andar, y medio de memoria, con solo niebla a su alrededor sintió un crujir justo detrás de ella, lo cual la hizo girarse en el acto agitando violentamente su larga melena color rojo fuego, y a la vez sacando su varita y apuntando al origen del ruido. Con suerte solo sería el estúpido de Draco Malfoy con una de sus bromitas tontas, esta vez no se la perdonaría -pensó.
- No me apuntes, vengo en son de paz , en tu ayuda. –no era la voz del rubio, era una voz masculina y grave, pero agradable, le hablaba desde la niebla.
- ¿A Ayudarme? ¿en que? ¡Porque!, ¿se trata de Harry? ¿Porqué no se muestra? ¡Muéstrese! – gritó Ginny con el corazón zumbándole en los oídos pero intentando mantener el control de su voz para no demostrar temor, y a la vez estar lista para defenderse efectivamente si era necesario.
- Porque no se como reaccionarás ante mi apariencia… -dijo la voz como meditando y entre divertido, mas para él mismo que para la chica.
- Qué, ¿acaso tienes cuatro ojos o dos cabeza? –habló Ginny echando mano al humor para así intentar recuperar la calma en su sobresaltado corazón.
- No, -respondió amigablemente esta vez la voz- pero sí cuatro patas y un cencerro, -dijo la criatura avanzando y disipando la niebla, apareciendo justo en frente de la pelirroja.
Ginny ni siquiera quiso pestañar, temía que si lo hacía la imagen pudiese desvanecerse.
- Woow!! Dijo con una expresión y un tono mas bien típica de los gemelos Weasley, mientras además ponía sus manos en su cintura en gesto amistoso, eres… eres… espera un segundo, ¿eres una de la cabras de Aberforth verdad? ¡casi me matas del susto!
- Ejem, bueno, digamos que tenemos un gran trato, pero no soy de su propiedad, si, soy una cabra parlante, amiga de Aberforth Dumbledore.
- Ya sabía yo que ese viejo loco tenía algo que ver en un asunto de cabras pero… pero jamás imaginé de qué se trataba el asunto! A propósito, bonito cencerro!
- Gracias, pero lamento decirte que soy portador de malas noticias, muy malas noticias. Mi nombre es Phantom, mucho gusto –dijo la cabra levantando y extendiendo una pata hacia la chica a modo de saludo.
- Pues mucho gusto Phantom –respondió la joven sonriendo sutilmente, dándole la mano, bueno, mas bien tomándole la pata- ¿que es lo que sucede? ¿se encuentra bien Aberforth? ¿Esta niebla la haz traído tu para ocultarte?
- Oh, no, Merlín me libre de algo así.
- ¿Aberforth vino contigo?.
- No, pero él está al tanto de todo esto, fue uno de tus hermanos el que me envió hasta tí, tuve suerte de que bajaras hasta el jardín, me ahorraste una larga caminata escaleras arriba, por mucho que tenga cuatro patas.

- Uno de mis hermanos? ¿Cuál de todos ellos? ¿Ron?

- No, Fred.

El cerebro de Ginny se negó a lo que escuchaba, decidiendo optar por pensar de forma razonable, queriendo convencerse de que en lo que había escuchado había un error, una equivocación de parte de Phantom o de Aberforth.

Oh no! Debes querer decir de George. –respondió la chica con una sonrisa medio nerviosa en sus labios, algo en su fuero interno le mantenía alerta sugiriéndole de que no existía tal error.

No -insistió la cabra- la advertencia fue de Fred, de hecho él me indicó el camino hasta aquí, tiene un mensaje para ti, dice… "lo hiciste bien garbanzo!", - la cabra se turbó al transmitir el extraño mensaje, pero se volvió a relajar al ver la sonrisa que se esbozaba en el rostro de la pelirroja, aún cuando sus ojos se humedecían-, "siempre has sido la mas fuerte de los Weasley, recuerda siempre que eres la primera mujer Weasley en siglos, recuérdalo en especial hoy, te amo hermanita, ni la muerte puede alejar el cariño que siento por ti, y la respuesta a lo que preguntaste es "Si", dos primero, una después."

Los ojos de Ginny terminaron por derramar las lágrimas que dificultosamente habían contenido sus ojos, aún no sabía si creerle a la cabra, después de todo era una cabra parlante! Pero lo último del mensaje no le dejaba mucho lugar a dudas, nadie mas que ella sabía de que se trataba, aún estaba perpleja, sumida en sus pensamientos cuando una brisa tibia y un suave olor a anís la envolvió, instintivamente susurró a modo de pregunta.

¿Fred?

Si, está justo a tu lado. –respondió la cabra de forma serena. Si hubiese tenido labios se podría haber pensado que le sonreía a Ginny de forma compasiva.

Ginny cerró sus ojos, no podía ver a su hermano, pero lo sentía, sabía que se encontraba junto a ella, sentía su protección, y por sobre todo… su amor.

Ven, date prisa, se nos hace tarde, debemos buscar un lugar seguro dentro del bosque. –dijo la cabra avanzando apresuradamente hacia un costado de donde se encontraban- tu hermano dice que lo sigamos, su permiso de estar aquí es limitado, dice que debemos darnos prisa.
- Espera –dijo Ginny intentando no perder el paso tras de él- ¿un lugar seguro? ¿Consideras el bosque un lugar seguro?
- Por ahora si, ya lo entenderás, tu hermano dice que siempre has hecho demasiadas preguntas, Ginny sonrió, porque lo recordó.

Ginny pronto pudo ver que la niebla no alcanzaba el bosque, al entrar en él sintió una tibieza que no solo reconfortó su cuerpo sino también su alma, parecía que el ánimo regresaba a su corazón, como un aliento de vida y esperanza.
- ¿Ya te sientes mejor?

Si, es solo que nunca pensé volver a tener junto a mi a F…

No me refiero a eso, me refiero a si los malos pensamientos ya se fueron y recuperaste tus fuerzas físicas. –preguntó la cabra con premura.
- ¿Cómo sabes que no me sentía bien?
- Por la niebla, ella lo hace, a nosotros los animales no nos afecta, porque somos animales, es por eso que estamos aquí.
- Pero que… -un sonar de cascos crepitó en lo profundo del bosque, Ginny agudizó la vista y se sorprendió con lo que vio, una manada entera de centauros armados con brillantes corazas de plata la miraban adustos, con seriedad pero amablemente. Uno de ellos inclinó su cabeza a modo de señorial saludo, debía ser el líder.
- Saludos, hembra de Harry Potter. Dijo el más alto de los Centauros, llamado Coel.

- Ho… hola, -respondió Ginny un tanto contrariada ante la calificación del líder centauro, sintiendo como su rostro se comenzaba a sonrojar, ¡Nadie se puede sentir totalmente cómoda con un apelativo como aquel! pensó- ¿alguien me puede explicar que sucede aquí?
Una débil brisa removió el cabello de la joven, haciéndole callar.
- Los árboles nos traen noticias, dicen que tenemos poco tiempo –dijo el centauro a la cabra parlante, de modo calmo pero denotando preocupación.
- Lo sé –Ginny Weasley ¿en cuanto tiempo crees poder reunir al ejército de Dumbledore?
- ¿Al ejército de Dumbledore? Alguien me puede hablar claro de una vez?!!
- Bueno, es justo, todo comenzó hace un par de horas, tu hermano Fred se presentó ante mi ya que nosotros los animales somos los únicos que, al revés de los seres humanos, podemos ver el mundo de los espíritus, él necesitaba decirle a alguien cercano al colegio que éste se encontraba en peligro, un gran mal ha sido desatado sobre él y sobre sus habitantes, una fuerza extremadamente poderosa, no pueden pedir ayuda, si salen del colegio morirán, y si alguien intenta entrar también lo hará.

Los ojos de Ginny se agrandaron como platos.

La niebla que vez es producto de una fuerza maligna, diabólica, –prosiguió relatando otro de los centauros avanzando un poco hacia ella para hablarle- futura señora Potter, una fuerza maligna del pasado, de las tinieblas mas oscuras, renegadas a las profundidades del abismo de la tierra por miles de eras gracias a los antiguos magos griegos, han regresado, espectros que en su revancha quieren cobrarse vidas de inocentes en este día. Por una parte está "la niebla", la cual absorbe gran parte de la energía mágica de magos y brujas, dejándolos débiles y sin fuerzas para actuar, matándolos si se atreven a cruzar su perímetro, si, la niebla cerca al colegio en un radio de varios kilómetros-dijo respondiendo a la cara de interrogación que asaltaba a la pelirroja- así que debes aconsejar a los demás de que no intenten cruzarla, sería una muerte por demás dolorosa, pero además están los espectros de los que te hablé, las criaturas mas peligrosas que han existido sobre la faz de la tierra, las cuales vigilan el perímetro y se preparan para la batalla, -el centauro, de aspecto sabio, pareciendo incluso mayor que el resto de los vigorosos centauros pareció perderse unos segundos en sus recuerdos, o relatos, difundidos de generación en generación desde los centauros mas antiguos, los primeros en existencia, los que habitaban la Grecia antigua, sin pretenderlo, y con voz pausada, y extremo dolor en sus ojos, aunque con la mirada perdida, sus pensamientos alcanzaron su voz, comenzando a relatar en voz apenas audible la mas triste historia de su pueblo. Detalladamente cada padre la había relatado devotamente de generación en generación, de cómo los valientes centauros habían luchado junto a los magos y los humanos para hacer retroceder a todas las criaturas tenebrosas que amenazaban a la existencia humana y animal en aquel entonces, borrándola luego de la memoria de la humanidad, intentando así evitar el trauma de las generaciones posteriores. Cada padre había relatado lo sangrienta de la batalla a sus hijos, habían hecho cuenta de sus mártires y detallado cada una de sus experiencias, todo de forma oral, a modo de cánticos, en especial la que tenía estricta relación con los "necrhades", los muertos del Hades devoradores de almas, que bebían sangre. La historia cuenta de un joven mago y un joven centauro, y una linda amistad,- comenzó a relatar- juntos recorrían las colinas de la antigua Grecia, entrenando para batallas imaginarias en que ambos eran los héroes y salían siempre victoriosos, y compartiendo historias, jugando a pillar el patronus del primero, una chistosa liebre regordeta, la cual jugaba a saltar sobre el lomo del centauro una y otra vez, pero la alegría no duró demasiado, ninguno de los dos vio venir los rumores de guerra hasta que estaban inmersos en ella, luchando por sobrevivir codo a codo, la historia cuenta de que el pueblo donde centauros, magos y humanos vivían en armonía estaba siendo diezmado rápidamente por una especie de criaturas invisibles, lo cual los dejaba en desventaja en la lucha, o incluso en la evacuación del pueblo, ya que estas criaturas los cercaban y se daban un verdadero festín. El joven centauro, al ver que el joven mago estaba siendo atacado por alguna de aquellas criaturas corrió hacia él, los signos eran indistinguibles en el cuerpo de su amigo, éste se estremecía entre violentas contorciones, una de sus piernas parecía quebrada en varias partes, amoratada, caía en un ángulo extraño, y el mago gritaba de dolor de forma desgarradora, el centauro lloraba de desesperación y golpeaba el viento sobre el cuerpo de su joven amigo, para apartar de él lo que le atacaba y pronto le succionaría la sangre, pero todo esfuerzo era en vano, con horror veía como la chispa de vida se escapaba de los ojos de su amigo, no me dejes, le gritó el centauro, pero el mago, en un último esfuerzo levantó su varita prometiéndole en una breve pausa de sufrimiento, o quizás demasiado superado por el dolor, que la luz de su amistad le acompañaría por siempre, apuntando en un último esfuerzo su varita hacia su amigo una débil luz plateada salió de ella, el centauro la conocía bien, era su patronus, pero no logrando aparecer en forma corpórea, debido a lo débil que se encontraba el mago, prontamente se desvaneció, fue breve, pero inundó la cara del centauro, y fue lo suficiente como para que aquello que había atacado a su mejor amigo se materializara, aquella materialización repentina lanzó lejos al centauro, pero éste al fin pudo ver a qué se enfrentaban, era una criatura por demás repulsiva, su cuerpo andrógeno parecía casi humano, pero parecía que llevara una capa andrajosa y maloliente sobre toda la piel, pero esa era su piel, medio negrusca, medio verdosa, era así incluso en el lugar donde deberían ir los ojos, su boca parecía tener varias corridas de filosos dientes, la criatura se movía de forma extraña, con movimientos rápidos pero desplazamiento lento, aunque no tenía pies, ahora el espectro ocupaba un espacio real, y no interdimensional, el centauro comprendió que la luz había sido suficiente para hacerle aparecer, pero ahora la mano del joven mago yacía casi inerte sobre el césped, mientras la figura por demás asquerosa y repugnante del espectro se acercaba nuevamente al cuerpo agónico del mago, listo para darle la estocada final. Fue en ese preciso instante en que el centauro supo qué debía hacer, y lo hizo, de un salto atravesó el tramo al cual había sido lanzado con fuerza por el espacio ocupado por la criatura, al materializarse, y tomando la varita de manos de su amigo la dirigió al espectro, repitiendo las palabras que tantas veces había escuchado a su amigo pronunciar, una energía pareció salir de él, una fuerte luz lo cejó, un gran patronus en forma de centauro salió de la varita, atravesando el pecho de la desagradable criatura, la cual con un desgarrador grito estalló en mil pedazos. Fue lo último que vio el joven centauro antes de desmayarse junto a su amigo a raíz del esfuerzo. Luego se enteró que otros magos imitaron su actuar, y así vencieron en la gran batalla por la sobrevivencia de la humanidad. Mas tarde, el consejo de magos mas ancianos decidió que era muy peligroso que los centauros desarrolláramos algún tipo de poder mágico, decidiendo hechizar, sin consentimiento previo a nuestros ancestros, para que nunca jamás pudiesen volver a hacer magia, pero la historia del joven mago y el joven centauro permanece viva entre nosotros, es por eso que a los centauros no nos gusta tratar con los magos viejos, pero si mantenemos una mejor relación con los jóvenes o niños, y creemos en ellos. Esa es la historia de mi pueblo, y la que tu pueblo ha intentado ocultar. Fue esta guerra también la que marcó el hecho de que los humanos perdieran la conciencia de lo mágico, fue un hechizo a gran escala, los magos viejos dijeron que era para protegerlos.
Ginny se encontraba atónita, a penas podía articular palabra, el relato del centauro le había logrado helar la sangre.

- Pero… ¿pero de donde han salido estos? ¿no los mataron a todos?
- No, los magos ancianos decidieron conservar a algunos en una prisión echa de patronus eternos, y asi mantenerlos como en estado de congelamiento, demasiado debilitados incluso para moverse, dichos patronus fueron concebidos con la mismísima chispa divina, de vida. Los ocultaron para tratar de entender su naturaleza, algo propio de la naturaleza en parte humana de los magos, y por supuesto de su vanidad, que siempre los lleva a error, y ya vez, alguien, un mago tenebroso al cual desconocemos, los ha despertado, no resultan ser mas de 30, hasta hace poco estaban condenados a un sueño eterno bajo el hielo primigenio de la creación del mundo, pero han sido despertados por aquella fuerza diabólica, y este día atacarán Hogwarts, para poder defenderse de ellos es necesario conjurar un buen patronus, ya lo habrás entendido en la historia.
- pero, ¡pero porqué no han avisado al ministerio!, estamos aquí perdiendo el tiempo mientras… -toda la calma y autocontrol de Ginny se había quedado en los jardines del castillo, no podía creer lo que oía, y recién comenzaba el día, ginny no sabía a todo lo demás que se iba a tener que enfrentar.

No es tan fácil muchacha -le respondió la cabra nuevamente- ya te explicamos lo que sucedería si alguien siquiera se acercase al perímetro de la niebla, pero así como nadie puede salir de ella tampoco nadie puede entrar, esa fue la razón por la cual tu hermano me avisó a mi de este caos, porque yo y los animales somos los único que no nos debilitamos ante la barrera de niebla, podemos ver a Fred, y a los espectros también, y además en mi caso, el único que podía transmitir el mensaje, Aberforth ya está al tanto de todo y mandó un mensaje al ministerio, a estas horas todo un ejército de Aurores ya deben estar llegando, pero acá dentro solo tú puedes organizar al ejército de Dumbledore.

La cabeza de Ginny daba vueltas, había despertado con la sencilla misión de ganar la copa de las casas, la creía ganada, pero sabía que aún así debía poner esfuerzo en ello, pero esto… esto si que requería un esfuerzo de verdad, y verdaderamente no creía tener las fuerzas para ello, imaginó a niños, niños pequeños peleando nuevamente en los jardines que ya una vez habían sido testigos de tal tragedia, y algo se le anudó en la garganta. Trató de recordar las palabras de Fred, pero el hielo de miedo que las palabras del centauro habían depositado en su corazón la hacían temblar, casi paralizar, sin darse cuenta cayó sobre sus rodillas, incrustándosele algo en una de ellas, a lo cual no prestó demasiada atención, el dolor del miedo era mucho mas intenso que el físico en esos momentos.

Tu hermano dice que puedes hacerlo. –zanjó la cabra con discreción.

Ginny respiró profundo, no era momento de desmoronarse, era momento de actuar.

- Pero a esas cosas… se les puede matar… -dijo la pelirroja para si misma en voz alta, intentando así convencerse y tranquilizarse- se les puede matar. –se repitió con mas convicción.

- Si, se puede, pero no es sencilla, como te dije solo son visibles hasta que les das de lleno con un patronus, un patronus normal basta para ello, pero para matarlos debe ser uno poderoso, y debe por supuesto darle de lleno, es por eso que nosotros estamos acá.
- No entiendo…
- Los centauros, por intervención de Abe –acotó la cabra parlante- han accedido a ayudar, ellos, yo, como toda criatura animal del bosque, además de los árboles, podemos verles, pues el velo entre el mundo de los espíritus y el material no está velado para nosotros, convivimos y coexistimos en perfecta armonía, y estas criaturas pertenecen al mundo intermedio entre los dos, por eso los humanos no los pueden ver. Entonces el plan es el siguiente, nosotros los animales nos pondremos junto a ellos en batalla, ustedes dispararán sus patronus hacia nosotros, para hacer visibles a las criaturas, en ese momento los centauros los atacarán con flechas de plata para debilitarlos y así ustedes, luego, les dispararán los patronus mas poderosos justo en el pecho, solo trabajar en equipo nos salvará, deben luchar solo los mejores, para que puedan soportar la influencia de la niebla, los Trestals ayudarán intentando disiparla un poco con sus poderosas alas. Mas de treinta Trestals aparecieron ante los ojos de Ginny en ese mismo momento de entre los más frondosos árboles.
- ¡¡Debo llamar a Harry!! dijo Ginny medio histérica, perdiendo nuevamente un poco el control.
- Eso es imposible –volvió a argumentar el centauro mas alto con calma- esta niebla corta todas las comunicaciones mágicas, y está alrededor de todo el castillo y también la aldea, tus hechizos no sirven de nada para pedir ayuda, además deben concentrar toda su energía para los patronus, ya Aberforth se encarga de aquello.

Pero Ginny sabía que esto no era tan cierto, solo había una persona que se podía comunicar a distancia con Harry, y era ella, pero no podía revelar el secreto.
- Muy bien Ginny Weasley ¿Crees que puedas organizar las cosas acá para aguantar hasta que los aurores resuelvan la forma de traspasar esta niebla sin morir en el intento?
- Yo…
- Ella es la hembra de Harry Potter ¿Qué pregunta es esa? Las hembras por millones y millones de eras siempre han sido fuertes, ¡Cuánto más la hembra de Harry Potter! claro que podrá hacerlo. –alentó un joven e impetuoso centauro a modo de arenga, aunque apenas lo hubo dicho recayó sobre él la mirada desaprobatoria de sus líderes ante lo que ellos consideraban una impertinencia de su parte.
Ginny sintió el peso de las palabras del joven centauro pero no se amedrentó, en breves segundos reflexionó y adivinó que esa misma presión, y aún más, era la que Harry había sufrido por demasiados años, comprendió que las batallas no habían terminado con la muerte de Voldemort, comprendió porqué Harry se empeñaba en entrar al departamento de Aurores con tanta pasión, motivo por el cual no se encontraba con ella en esos precisos instantes, respiró profundo, y levantó la frente, respirando profunda y lentamente, buscando con su mirada la luz del sol más allá de las copas de los árboles que se extendían a su alrededor, como enfrentando su destino, hoy se iba a desarrollar el partido mas importante de su vida, estaban en juego cosas demasiado grandes, sus expectativas de vida, la posibilidad de lograr sobrevivir, tener un futuro, "dos primero, una después" había dicho su hermano, ella lucharía por un futuro.

Y yo que pensé que hoy el partido iba a ser lo mas duro del día- dijo la chica riendo entre dientes de forma triste y casi sarcástica.

Ginny sonrió, e imaginó que su hermano a su lado también hacía la misma mueca.

Se puso en pies, sobándose la rodilla izquierda, algo le había dejado una marca rojiza, dos marcas en realidad, ella quedó mirando el suelo, unas piedrecillas, dos, de un negro azabache brillaban profusamente desde el suelo, sería redundante mencionar lo mágicas que parecían, pero así era, la voz de Phantom la sacó abruptamente de su ensimismamiento.

- Ginny Weasley ¿Tienes alguna forma de convocar rápidamente a los jóvenes magos del castillo en algún lugar? Ginny se llevó la mano al pecho y sacó de dentro de su camiseta una dorada cadena con una moneda en su extremo, era la moneda del Ejército de Dumbledore.