Hola ¿Cómo están? Disculpen por la larga espera, pero la situación de mi país, más la universidad que nos tiene a trote, más los tipos que andan pendiente de armar un rollo en la facultad por una paleta (Nos dejaron encerrados a todos una vez y no nos querían dejar salir a los que ya estábamos dentro, ni entrar a los que venían llegando, así que tuvimos que salir y confrontarlos y obligarlos a abrir las puertas) Entre muchos otros rollos o problemas más que me han mantenido sumamente ocupado y de muy mal humor todos estos días... Pero ahí seguimos echándole ganas a pesar de todo.
Pero en fin, ya estoy aquí con la continuación de esta pequeña historia y eso es lo que cuenta. Espero les guste.
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Capítulo XXV: Guerra. Parte II.
Día tras día El Clan de las Bestias y los seres humanos continuaban luchando los unos contra los otros en esta interminable guerra, que con el paso del tiempo no solo iba cobrando una gran cantidad de vidas en ambos bandos, sino que también iba deteriorando poco a poco el territorio de las dos razas, ya que los no combatientes al verse obligados a trabajar arduamente y sin descanso para proporcionarles a sus respectivos ejércitos los suministros y el armamento necesario, además de nuevos reclutas como refuerzo, para sus respectivos ejércitos. Estaban forzando a la tierra, ahuyentado a los animales ordinarios, reduciendo su ganado, disminuyendo sus cosechas y, no menos importante, estaban perdiendo cada vez más mano de obra con los constantes procesos de reclutamiento y con el apresurado e insuficiente entrenamiento que estos nuevos reclutas recibían, los cuales terminaban marchando al campo de batalla con escasos conocimientos, inexistente experiencia y con un gran temor en sus corazones; todo un compendio de malas decisiones que arrojaba como resultado la muerte de más de la mitad de aquellos soldados sin experiencia y con poca disciplina.
Aún así los generales de ambos bandos buscaban de hacer la mejor evaluación posible de la situación en cada uno de los distintos frentes de batalla que se encontraban a lo largo de todo el continente, en la frontera que separaba los dominios de ambas razas. Sin embargo la paciencia del principal auspiciador de todo este trágico conflicto, estaba llegando ya a su límite al no ver pronta la llegada de una conclusión favorable a pesar de la minuciosa selección que había hecho a la hora de armar a su poderos ejercito ¿Y todo por qué? Porque de alguna manera esos dos cachorros estúpidos, que en el pasado habían tenido la osadía de desafiarlo y de arrebatarle a dos de sus presas, ahora se encontraban libres por el mundo y totalmente fuera de su control por culpa de sus incompetentes subordinados y de la traición del bastardo de Matsuda, que aparentemente aún conservaba algo de ese inútil e innecesario apego a los humanos que había demostrado tener en su juventud. Tres poderosos guerreros que sin duda habrían inclinado la balanza a su favor sin que hubiera tenido que hacer algo al respecto.
Ahora, con la fuga de la mujer Shaman y con la muerte de la mujer asesina, ya no tenía nada con que amenazar ni a los jóvenes lobos ni al hibrido, al menos no tenía nada lo suficientemente fuerte o significativo para ellos como para obligarlos a volver a su lado. Afortunadamente solo Matsuda parecía haber tenido la brillante idea de oponérsele en esta ocasión, lo cual era un problema que fácilmente podía solucionar una vez estuviera en el campo de batalla y terminara de hacer añicos a la patética vanguardia del ejercito humano.
— Mi señor —Dijo repentinamente uno de sus mensajeros alados, llegando a su lado desde las alturas mientras él se encaminaba a toda velocidad hacia el campo de batalla en su forma lobuna— Le traigo noticias del frente de batalla, mi señor.
— Habla —Dijo sin dignarse a ver al enorme y agotado Gavilán que a duras penas tenía la fuerza para volar a su lado, manteniendo su ritmo.
— Hemos confirmado la presencia de varios destacados guerreros humanos, entre los que se encuentran los conocidos demonios de la guerra anterior: Ran Mouri, Aoko Nakamori y Miwako Sato —Dijo pesadamente el mensajero tratando de no perder el aliento en presencia de su despiadado señor— Además hace doce horas exactamente, la maga y curandera Akemi Miyano se unió a ellos junto con dos de sus subordinados y…
— Suficiente —Gruño sintiendo como poco a poco la emoción y la furia lo embargaban— Regresaras al campamento con nuevas ordenes ¿Quedó claro? —El aterrado mensajero tan solo asintió en silencio, consciente de lo que podría ocurrirle si se le ocurría negarse o si se mostraba incapaz de cumplir esta nueva orden— Cesar todo ataque hasta mi llegada. Mandaran constantemente a una espía a monitorear los movimientos del enemigo, cualquier información que pueda ser usada en su contra es útil. Quiero que vigilen a la curandera y que busquen la manera de incitar un conflicto entre la mujer caballero y Matsuda, aprovéchense de la tensión entre ellos para lograrlo y por ultimo asegúrense de mantener a los humanos lo más confundidos que puedan con respecto a nuestra situación y a nuestras intensiones. Quiero que crean que estamos considerando plantear de una tregua temporal, invéntense algún buen motivo y esperen a nuevas órdenes.
— A la orden, mi señor— Asintió la enorme ave, elevándose nuevamente hacia las alturas y emprendiendo nuevamente el largo camino de regreso hacia el frente de batalla.
— Tal parece ha llegado el momento de poner fin a nuestra larga disputa ¿No es así Akemi? —Se dijo a si mismo incapaz de contener las imperantes ganas de reír que tenía en ese momento, dejando escapar un potente y aterrador aullido antes de apresurar el paso motivado por la emoción que se había apoderado de él ante el tan esperado encuentro con la única mujer a la que alguna vez quiso— Me pregunto cual de los dos saldrá vivo de esta.
— Campo de batalla / Vanguardia —
Mientras Gin corría frenéticamente para llegar al campo de batalla, en la tienda principal del campamento del ejercito humano se encontraban reunidos Ran, Aoko, Sonoko, Matsuda y la recién llegada Akemi junto a sus dos subordinados, a los cuales presentó como: Akai Shuichi, un hombre alto vestido de la cabeza a los pies de negro, con el atuendo propio de un marinero junto con aquel peculiar gorro negro que identificaba a los viejos lobos de mar, el cual seriamente escuchaba el informe sobre la situación actual a la vez que se fumaba un cigarro que él mismo había fabricado, y Sera Musumi la hermana menor de este y los ojos y oídos de Akemi en el mundo, una alegre y hermosa mujer que no dejaba de sonreír ante la sorpresa que adornaba el rostro de Ran desde que la había visto llegar, a pesar de que ya se le había explicado más de una vez que la picara tigresa era en efecto una aliada.
— Si esto sigue así, es cuestión de tiempo para que todos seamos asesinado —Dijo francamente Akai sin molestarse en ser condescendiente. Haciendo enfurecer a Sonoko.
— Estoy de acuerdo —Intervino Matsuda antes de que la asesina pudiera decir cualquier cosa— Y el hecho de que hasta ahora no hayamos tenido que enfrentarnos a ninguno de los pesos pesados del clan es prueba más que suficiente de ello ¿No lo crees Sonoko?
— Bueno, si —Tuvo que admitir a regañadientes— Pero tampoco podemos ser tan pesimistas, esta podría ser una buena oportunidad para darle un buen golpe a las fuerzas de Gin, ya que sin sus tropas de avanzada podríamos abrirnos camino hacia el interior de su territorio y…
— Y así malgastar inútilmente tiempo, esfuerzo y la vida de una buena cantidad de hombres —La interrumpió bruscamente Sera dibujando en el mapa un círculo con su dedo alrededor del territorio de Gin— Solo tú y Matsuda conocen este terreno lo suficientemente bien para poder desplazarse sin problemas y para asegurar su supervivencia antes de llegar a ser notados por el enemigo, pero es distinto para el resto de nosotros ya que aunque algunos seamos capaces de adaptarnos a las circunstancias ya sea fácil o no desplazarse o inclusive se trate de campo abierto o de lugares estrechos; el resto de seguro morirá o destacara lo suficiente para que seamos descubiertos antes de poder siquiera hacer algo.
— Y todos esos factores influyen drásticamente en nuestras posibilidades de supervivencia —Coincidió Ran entrecerrando los ojos pensativa— Además el tiempo también es un factor importante, ya sea día o noche, frio o calor, este despejado, lluvioso o nublado; e inclusive como afecta la estación en la que nos encontramos a las condiciones del terreno. Son dos factores muy importantes a tener en cuenta.
El heterogéneo grupo guardo silencio por un momento, sopesando cuidadosamente todas las posibles opciones que tenían en ese momento, a la vez que buscaban la manera de anticiparse al enemigo ante cada posible acción que ellos decidieran tomar de ahora en adelante.
— Se nos acaba el tiempo —Dijo Akemi quebrantando el silencio que reina en la gran tienda de campaña en ese momento, llamando la atención de todos hacía ella— Gin viene en camino. Lo presiento.
La sola mención de aquel nombre hizo que todos se tensaran por un breve instante, permitiendo que a sus serias expresiones se les sumara un matiz de rabia que no tardó mucho en desaparecer del semblante de todos, ya que estaban conscientes de que no era el momento para dejarse llevar por sus emociones.
— Entonces, tenemos que prepararnos para cuando llegue —Comentó Aoko volviendo la atención de todos hacia ella— no me extrañaría que a esta alturas del partido ya sepa de la llegada de ustedes cuatro al campamento y que ya haya tomado las medidas necesarias, y si aún no lo sabe, no queda mucho tiempo para que se entere.
— Debemos ser mucho más discretos de ahora en adelante y evitar cualquier posible fuga de información, solo así podremos mantenerlos confundidos y siempre a la expectativa de nuestros movimientos— Sato hizo abrupta pausa al darse cuenta de algo importante que quizás podría servir en un futuro, no pudo evitar sonreír al imaginar las posibles consecuencias de su pequeña y oportuna idea— Es más, dejemos que se filtre tanta información como queramos.
— Brillante —Pensó en voz alta Matsuda ignorando la mirada de asombro de su proclamada rival— Les dejaremos saber solo lo que nosotros queramos que ellos conozcan difundiremos trozos de falsas estrategias para incitarlos a moverse, a adoptar alguna formación o inclusive los incitaremos a atacar cuando nos convenga hacerlo… Vaya, ahora veo porque me diste tantos problemas en el pasado.
— Si, solo espero que sus rencillas del pasado hayan quedado en el pasado —Se apresuró a intervenir Akemi, observando fijamente a Sato y Matsuda— Es tiempo de vivir el presente y de dejar atrás las cargas innecesarias.
Ambos asintieron seriamente, sin entender del todo a lo que Akemi se refería, pues a pesar de la sencillez de sus palabras, en ellas se ocultaba un mensaje que cada uno entendería a su manera. Después de esto todos siguieron debatiendo fervientemente distintas estrategias, algunas más sencillas que otras y otras tantas eran tan enrevesadas que a duras penas los demás eran capaces de seguirlas o de visualizarlas del todo bien; aun así siguieron discutiendo hasta altas horas de la noche, cuando finalmente lograron llegar a un acuerdo.
Al terminar, se decidió que Akai, Sera y Matsuda se encargarían de inspeccionar el perímetro del campamento en busca de posibles espías y también de posibles trampas que estos hubieran podido colocar para ellos amparados en el oscuro manto de la noche, aprovechándose de la escasa capacidad que poseían los seres humanos para ver en la oscuridad. Todos los soldados contemplo al peculiar trio con miedo y desconfianza cuando Akai y Sera adoptaron su forma bestial como si nada frente al hibrido, el cual les colocó a ambos en el cuello un collar de cuero imbuidos con la magia de Akemi, los cuales tenían la capacidad de emitir un leve y casi imperceptible resplandor que solo aparecería cuando ellos y Matsuda los usaran, lo cual los distinguiría a los ojos de los soldados de sus adversarios.
— ¡Wow! Nunca había visto en mi vida a un tigre azul —Dijo uno de los soldados incapaz de ocultar su asombro al ver al enorme e impresionante tigre en el que Akai se había transformado, siendo más alto y de contextura un poco más robusta que su hermana menor.
— Se le conoce como "Tigre Maltés" o "Tigre Azul" —Dijo suavemente Aoko detrás del soldado, sobresaltándolo a él y a sus compañeros al verla tan cerca de ellos, ya que ninguno se había percatado de su presencia hasta que decidió hacerse notar. Aoko no pudo evitar sonreír levemente, divertida ante la actitud de sus compañeros— por eso su pelaje es de color gris oscuro con tonalidades azuladas en su pecho blanco. Créanme cuando les digo que lo que ven es algo único que los alquimistas han estudiado durante décadas o quizás más. Dicen que su pelaje es producto de una mutación genética.
— Sin duda es un ejemplar precioso y único en su tipo, ya que a causa de la guerra anterior y de otros conflictos, la gran mayoría de ellos han sido asesinados o murieron después de ser usados en crueles experimentos —Intervino Akemi uniéndose repentinamente a la conversación— Por eso él es tan reservado, pero sin duda alguna es confiable.
— Disculpe mi atrevimiento, oh gran curandera —Dijo con vehemencia uno de los soldados inclinando la cabeza respetuosamente frente a ella— Pero no yo no podría dormir tranquilo con esas bestias rondando tan campantemente por aquí, por más confiables que sean, como mínimo deberían colocarles una cadena o algo…
— Soldado —Lo interrumpió abruptamente Akemi endureciendo su semblante— Se bien que tanto esta como la anterior guerra han dejado profundas heridas y arraigados prejuicios hacia los clanes y sus miembros, pero tenga presente que todos y cada uno de esos seres que usted denomina como bestias, viven, sienten, piensan y sueñan al igual que lo hacemos nosotros y este conflicto también les afecta como a nosotros, pero siguen adelante porque si no lo hacen perderán sus vidas o, a sus seres queridos a manos del desalmado de Gin, al cual temen más que a nada en este mundo.
— Él usa el miedo para controlar a todos sus subordinados y, con constantes amenazas e intimidaciones, les recuerda que él es Alfa del Clan —Agregó Ran tras escuchar parte de la conversación mientras se dirigía hacia ellos buscando a su hermana— Aoko y yo hace poco logramos comprobarlo, Sonoko y Matsuda son prueba de ello.
— Al igual que Kaito, Shinichi y Kazuha —Finalizó Aoko suspirando pesadamente, sin darse cuenta que sus palabras habían producido una leve reacción en el rostro de Akemi; reacción que desapareció tan pronto como había aparecido.
Fingiendo que no habían escuchado absolutamente nada de lo que las tres mujeres habían dicho, Akai, Sera y Matsuda finalmente salieron a cumplir con su deber, inspeccionando minuciosamente todo el perímetro del campamento tan rápido como podían comunicándose entre ellos a través de distintos tipos de rugidos en clave, asegurándose de esta manera que solo entre ellos pudieran entenderse.
Sin embargo a pesar de sus esfuerzos ninguno de ellos fue capaz de evitar que dos extrañas figuras, sin presencia ni esencia, volvieran a adentrarse una vez más en el campamento, pasando entre soldados, objetos y animales al igual que una delicada brisa pasajera hasta llegara finalmente a su destino; los establos, donde en una pequeña mesa de madera improvisada se encontraban sentadas Ran y Aoko charlando animadamente como siempre solían hacerlo mientras daban de comer manzanas y zanahorias al imponente Magnus, que gustoso disfrutaba de este bocadillo nocturno y de la compañía de ambas cazadoras, jugando con ellas o demostrándoles su afecto en la forma en la que solo un equino sabía hacerlo.
Las extrañas figuras observaron con atención y genuino interés aquella escena, murmurando cosas de vez en cuando, siendo sus voces poco más que el siseo del aire entre las hojas de los árboles a los oídos de Ran y de Aoko, que continuaron su charla como si nada. Cuando terminaron de alimentar y de cepillarle con cuidado el cuerpo y las crines al caballo, las dos mujeres se despidieron de él y se dispusieron a ir a descansar un poco para reponer fuerzas para la próxima batalla.
El cansancio era evidente en todos y cada uno de sus prolongados bostezos, sin embargo este desapareció por completo en el momento en el que entraron a su habitación y la imagen de dos hombres curioseando sus cosas, las hizo parpadear un par de veces mientras levantaban sus guardias, listas para defenderse si era necesario. Sin embargo las dos figuras ni se inmutaron por su presencia, tan solo las observaron y con una sonrisa burlona dibujada en sus rostros se sentaron en su cama como si nada, Ran y Aoko estuvieron a punto de dar la alarma, pero algo en la mirada de aquellos dos extraños hombres las disuadió de hacerlo.
— Sabia decisión —Dijo uno de ellos bostezando perezosamente mientras se rascaba el mentón. Se trataba de un hombre mayor de corto cabello de color marrón oscuro, gracioso bigote del mismo color y de expresión fuerte, cuya potente voz significo un duro golpe a los oídos de las hermanas— Después de todo nadie puede vernos ni escucharnos, salvo ustedes claro.
— Así es —Asintió el otro hombre mientras tocaba distraídamente con la punta de sus dedos, la cicatriz que cruzaba su ojo derecho, por debajo del gran parche de cuero negro que lo cubría— No queremos que nadie pueda vernos, salvo ustedes.
— ¿Por qué nosotras? —Se aventuró a preguntar Ran sosteniéndole la mirada a ambos hombres con fuerza y firmeza.
— Porque son las únicas que estarían dispuestas a escuchar lo que tenemos que decirles —Respondió el hombre con el ojo parchado, de corto cabello negro y curioso bigote negro partido a la mitad. A lo que ellas tan solo se limitaron a intercambiar una fugaz mirada, para luego volverse hacia ellos nuevamente asintiendo seriamente— Alguien las vigila dentro del campamento, dos seres muy cuidadosos que procuran pasar siempre desapercibidos. Sus intensiones no son claras todavía y por eso les conviene cuidarse mucho más a partir de ahora y tener aún más cuidado con lo que dicen de ahora en adelante.
— Entendido —Asintió Ran seriamente— Ahora ¿Quiénes son ustedes y por qué nos dicen todo esto? Y ¿Qué ganan con ello?
— Solo somos dos sombras que hace mucho tiempo perdieron todo cuanto tenían y amaban —Dijo el otro hombre levantándose de la cama, para luego atravesarla por el medio como si no estuviera ahí— El lobo gris Gin y la guerra nos convirtieron en esto, seguimos siendo parte de este mundo, pero ya no como antes. Es por eso que decidimos venir a hablar con ustedes, para evitar que les suceda lo mismo que a nosotros.
Incrédulas Ran y Aoko asintieron sin dejar de observar fijamente a las extrañas sombras, ya que bien podrían estar diciéndoles la verdad y en estos momentos hubiera un par de espías de los cuales tendrían que encargarse cuanto antes para asegurar las vidas de sus hombres o al menos de la mayor cantidad de ellos para la próxima batalla; sin embargo también cabía la posibilidad de que los dos seres incorpóreos que se encontraban frente a ellas en ese momento fueran los verdaderos espías (lo cual era lo más probable) y simplemente estuvieran fingiendo estar de su lado para hacerlas bajar la guardia y ganarse su confianza, para luego manipularlas o traicionarlas conduciéndolas hacia una trampa que podría significar su muerte o poner en riesgo la integridad de sus hombres y de sus compañeros.
Todo era posible, ya que en tiempos de guerra absolutamente todo se vale, pero ellas no eran unas niñas a las cuales fácilmente se les podía influenciar ni mucho menos controlar, ellas eran cazadoras y ante todo guerreras consumadas y templadas en el fuego de más de mil sanguinarias batallas, eran supervivientes natas y ante todo eran maestras en el arte de la guerra y en consecuencia maestras del engaño, porque la guerra en si misma se basa en el engaño:
"Por lo tanto cuando se es capaz de atacar, hay que aparentar incapacidad; cuando las tropas se mueven, se debe aparentar inactividad. Si se está cerca del enemigo, hay que hacerle creer que se está lejos; si está lejos, aparentar que se está cerca."
Y ¿Por qué no? Aparentar confianza, cuando en realidad exista la desconfianza. Eso es lo que Ran y Aoko habían decidido hacer ante los sospechosos seres, les harían pensar que ellas creían en sus palabras y gradualmente los harían bajar la guardia al hacerlos creer que tenían el control de la situación, mientras poco a poco se encargaban de descubrir sus intenciones. Todo esto mientras buscaban a los otros dos supuestos espías, ya que a pesar de todo no podían a arriesgarse a pasar por alto esta información y que al final resultara ser cierta.
— Muy bien, digamos que les creemos —Dijo Aoko llevándose una mano al mentón pensativa— Si lo que dicen es verdad, hay que hacer algo cuanto antes, pero sin levantar sospechas para evitar un resultado desfavorable.
— Es complicado ver sus rostros ya que siempre se ocultan en lugares oscuros —Dijo el hombre del parche— Y además usan una extraña mascara que solo deja visibles sus ojos.
— Pistas —Lo interrumpió Ran sin sutileza alguna, sonriendo divertida— hábitos, mañas, gestos, conductas, etc. Con eso nos basta y sobra. Lo demás es "coser y cantar" como dicen por ahí.
— Excelente, volveremos a verlas cuando tengamos algo —Asintió el hombre de severa mirada— Mi nombre es Ginza y el de mi compañero es Koga, colaboraremos con ustedes a partir de hoy.
— Seh —Bufo Koga sonriendo con sorna— Solo hágannos un favor y no desperdicien nuestro tiempo y nuestros esfuerzos muriendo tontamente, niñas.
— Lo mismo digo, viejo —Refuto Aoko sonriendo burlonamente— No nos hagan perder en vano nuestro tiempo y tráigannos algo que valga la pena sin romperse la espalda par de ancianos.
Ambos hombres sonrieron divertidos ante la respuesta de aquellas dos chicas, que sin duda distaban mucho de ser unas simples niñas a pesar de su edad; se despidieron de ellas con una respetuosa y un tanto exagerada reverencia, para luego marcharse de la tienda atravesando la lona como si nada, dispuesto a iniciar sus labores de vigilancia cuanto para no quedar mal ante ellas después de haber alardeado tanto al final.
Por su parte Aoko y Ran, una vez sus peculiares visitantes se marcharon de su tienda, se dejaron caer sobre la cama, suspirando pesadamente con la cara hundida en el colchón de paja.
— Me preocupa mucho el hecho de que ya este tipo de cosas no nos sorprendan Ran —Se quejó Aoko girando hacia su hermana y abrazándola por la espalda.
— Quizás signifique que ya hemos madurado —Respondió Ran suavemente, girándose hasta quedar de frente a su hermana y correspondiendo su abrazo— O quizás signifique que hemos visto suficientes cosas extrañas en nuestra vida como para que ya nada lo sea.
— Todo es culpa de ellos —Siguió Aoko apoyándose en el hombro de Ran, usándolo como almohada.
— ¿Tú también los extrañas? —Aoko bajo la mirada y tras unos interminables segundos, asintió lentamente avergonzada— Ya veo, me alegra no ser la única —Agregó suspirando apesadumbrada— Entonces, con más razón tenemos que apresurarnos a poner fin a todo esto, solo así tanto ellos como nosotros estaremos en paz y seremos libres para buscarlos y… Y…
— Aclarar las cosas —La ayudó Aoko haciéndola bajar la mirada para ver la dulce sonrisa de su hermana, que siempre estaría dispuesta a ayudarla.
— Así es. Los buscaremos y aclararemos todo de una vez por todas —Asintió devolviéndole la sonrisa a Aoko— Podemos hacerlo. No… Tenemos que hacerlo.
Sin duda aquellas eran lindas palabras que las confortaban y las ayudaban a animarse aunque fuera un poco en aquel momento, a pesar de que ellas bien sabían que mañana podría ser el último día de sus vidas o el siguiente o el día siguiente después de ese. Todo era posible porque al fin y al cabo estaban en tiempos de guerra, cuyos feroces vientos de muerte amenazaban constantemente con apegar la débil llama que representaban sus vidas así como la de todos sus compañeros e inclusive de aquellos contra los que se enfrentaban en ese momento.
Todo era posible y ellas lo sabían, hoy podrían estar vivas, pero mañana quizás no… Esa era una de las tantas realidades de la guerra y les guste o no, no tenían más opción aceptarlo y seguir adelante.
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Por cierto, antes de irme tengo que aclarar que la frase que se encuentra centrada y entre comillas sobre la guerra, es una cita al libro "El Arte de la Guerra" de Sun Tzu, el cual es un libro que siempre me ha gustado desde que lo leí por primera vez y que de cierta manera se adapta a esta historia y a ciertas cosas que ocurrirán más adelante, así como a otras tantas que ya han ocurrido.
En fin, sin más que agregar me despido, nos vemos en una próxima ocasión entonces, cuídense mucho.
Chao.
