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Prisioneros de la Mafia
Por Ladygon
Capítulo 26: La cita de San Valentín.
Caminaron hasta el departamento. Castiel no dijo nada del chocolate que Dean tenía en la mano, solo caminó a su lado en silencio hasta que entraron. Dean dudó en darle algo para beber, porque eso no había resultado muy bien con Lisa.
Castiel quedó parado al medio de la habitación. Dean dejaba el chocolate de Lisa encima de la mesa donde estaba estudiando, lo que hizo darle la espalda a su novio por unos momentos.
—Vienes porque es San Valentín, ¿no? —dice Dean de espaldas a él.
El tono de su voz sonaba triste.
—En parte —le responde Cas.
Entonces lo enfrenta.
—¡Ya! ¡Dámelo! —exige Dean.
Camina hasta él con paso seguro y de forma muy agresiva. Castiel ladea la cabeza en actitud de confusión.
—No te hagas. Sé que lo tienes por ahí.
—¿Qué cosa?
Dean lo rodea y empieza a registrarlo. Abre su chaqueta con brusquedad y lo toquetea.
—¿Qué haces? —pregunta Castiel.
—Sé que lo tienes por ahí. Ya dámelo de una buena vez —exige otra vez el chico.
—Si me dices…
Castiel estaba, sumamente confundido con esa actitud y se dejaba hurguetear con los brazos abiertos.
—… qué nece…
—¡El chocolate! —grita Dean, dejando de trajinar a Cas—. Sé que lo tienes guardado ¡Dámelo! —vuelve a exigir, pero ahora con la mano estirada.
El ángel lo quedó mirando con insistencia, luego bajó la vista en modo explicación.
—No tengo chocolates —confesó con desazón Castiel.
—¿Qué? —dijo extrañado.
—Pensé que no te gustaban, por eso no te traje ninguno, pero si quieres puedo traerte u…
—¿En serio? —interrumpió Dean con una sonrisa de alegría.
—Por supuesto, iré a comprarte uno ahora mismo —respondió, haciendo el ademán de irse.
—¡No!
Corrió e interrumpió su paso. Cas a cada rato estaba más confundido con el actuar de Dean.
—No, no es necesario. De verdad, me alegra que no me hayas traído ningún mugroso chocolate de San Valentín.
Castiel no sabía qué pensar. Dean comenzó a arreglarle el traje que lo tenía todo desarmado por su culpa.
—¿Por qué no te gusta el chocolate? —Fue la pregunta directa.
—No es eso Cas. El chocolate como tal, me gusta, pero los de San Valentín en especial, no me gustan.
En vez de aclararle el cuento, se lo hacía complicado a cada instante. Castiel arrugó el ceño, mientras Dean le arreglaba la corbata azul del smoking.
—¿Por qué? —pregunta Castiel, confundido.
—Porque así se hacen ricos los de la industria del chocolate.
—¡Oh! No lo había pensado —reflexionó Castiel asombrado.
Dean se sintió un tanto incómodo, porque le había creído, pero de igual forma creía en eso, aunque no era la razón principal de su odio. Ya saben, el temido Día Blanco.
Sin embargo, Castiel quedó con más curiosidad, porque si bien no recibía chocolates en San Valentín, ¿qué hacía ese chocolate encima de la mesa? No solo uno, sino dos. Dean adivinó los pensamientos de Castiel cuando fijó su vista insistente sobre los envoltorios. No supo cómo explicar, por eso decidió decir la verdad.
—Bueno, Cas, esos chocolates… verás… uno me lo dio mi hermano. Él insistió en dármelo, yo no lo quería.
—Entiendo —dijo.
—Lamentablemente, el hecho que esté en contra de este día, no quiere decir que los demás lo estén.
—Es cierto —aseguró Castiel.
Dean no explicó el otro chocolate. No tenía por qué hacerlo, según él. Hubo un momento de silencio del cual Castiel se dignó a hablar.
—Te espero —le dijo con suavidad.
—¿Eh?
El chico no sabía a qué se refería Castiel.
—A que te arregles si quieres, aunque así estás muy bien también —le dijo.
—Disculpa, pero arreglarme para qué —preguntó el chico.
—Pues para salir, naturalmente.
—¿Salir? ¿Hoy?
Eso no era posible. Había decidido quedarse en casa. No podía salir con Castiel.
—Sí, estuviste de acuerdo en tener una cita hoy.
Ahora Castiel estaba teniendo visiones o algo, porque jamás dijo eso.
—¿Sí? ¿Y cuándo estuve de acuerdo con eso?
—Pues ayer, antes de quedarnos dormidos, te pedí salir y aceptaste.
—¡Oh!
Estaba en problemas.
—Esteee, yo, espera… Cas no recuerdo eso, quizás lo soñaste.
—No, lo escuché anoche de ti, en la cama, antes de dormir —especificó.
—¡Vaya!
Dean se llevó la mano a la boca. Anoche estaba muy cansado después de la maratón de sexo que tuvo con Castiel y no recordaba nada después, porque quedó dormido como tronco.
—Cas, ¿en serio dije eso?
—Lo dijiste.
—Ummh.
¿Y ahora qué hacía? Castiel podría enojarse con él por rechazar una cita, pero no quería salir de casa, aunque eso no evitó que le trajeran un chocolate aquí mismo. Eso no lo esperó nunca, mejor se hubiera escondido en otro lugar, podría aparecer alguien más en su puerta con un chocolate.
—¿Y adónde iríamos? —preguntó Dean como tanteando el camino.
—Hay una pastelería cerca de aquí donde venden unos postres exquisitos.
Dean abrió los ojos. En realidad, no conocía mucho del vecindario, si se podía llamar así a vivir en el centro de la ciudad. No lo conocía, porque no caminaba por los alrededores, generalmente, transitaba de la escuela a la casa y de la casa al trabajo en el vehículo de Inias. Además, hacía bastante frío como para caminar por las calles en invierno, aunque se estaba acercando la primavera.
—Es una especie de cafetería —siguió explicando Castiel.
Imaginó todos esos pasteles, esperando por él y se le hizo agua la boca. Tampoco comió mucho en el almuerzo, un sándwich si lo recuerda bien, así que le vendría fantástico un pastelito. Además, estaba cerca y podría volver luego. Sonrió de improviso.
—Ok, voy por mi chaqueta —dijo Dean.
Fueron caminando hasta el local. Dean vio un mundo nuevo con las tiendas tan exclusivas del lugar, definitivamente, era un barrio muy elegante. Él iba vestido como un chico normal con chaqueta de cuero, fue lo único que se puso que fuera elegante, lo demás eran unos vaqueros y zapatillas. No se veía mal, sino al contrario, pero Castiel vestía un elegante traje de corbata con un abrigo largo y grueso de color beige ceñido a su cintura y una bufanda larga con flequillos alrededor de su cuello que caía con distinción.
—No sabía de tantas tiendas —dijo Dean alucinado.
—Es un barrio comercial. Las boutiques de por aquí son muy buenas. También hay una tienda donde venden té importados. Yo suelo comprar mi té aquí.
—¿Vienes por acá y no pasas por mi casa?
Castiel lo miró con una sonrisa.
—No lo compro personalmente. Inias lo compra para o mí o alguno de los chicos.
—¡Ah!
Claro qué tonto de su parte, por supuesto que otra persona se encargaba de esas cosas por él.
A la vuelta de la esquina estaba la pastelería. Era un lugar pequeño, pero muy elegante con sus mesitas y sillas de maderas labradas como también, hermosamente barnizadas, sillas acojinadas, muy cómodas. El lugar estaba completo, pero Castiel dio su nombre al mesero que lo recibió. Este los guio hasta una mesita con dos sillas al lado de la pared, cerca del mostrador de los pasteles.
El mesero recibió el abrigo y bufanda de Castiel, los cuales colgó en un elegante perchero de madera a su lado. Dean también pasó su chaqueta que acompañó al abrigo en ese perchero. Luego les pasaron las cartas. Con esto Dean se sintió perdido, ya que muchos postres tenían nombres en francés. Se sintió tan perdido, que quiso un pay de limón y listo.
—Dean, mira el mostrador, ¿cuál de esos te gusta? —le dijo Castiel.
—El segundo de la fila de al medio.
—¿Nos podría explicar ese postre? —pidió Castiel al mozo.
—Por supuesto, ese es una tarta mousse de chocolate y corazón de trufa.
Curioso, Dean eligió un pastel de chocolate. También quiso un capuchino, Castiel por su parte, pidió un pastel de crema de fresas y un chocolate caliente. Mientras traían el pedido, Dean observó el lugar, el cual estaba atendido solo por hombres jóvenes y guapos en hermosos trajes negros, camisa blanca con fino corbatín hilado. El mesón de los pasteles llegaba hasta la pared de la calle, en donde existía un aparador especial para la venta de los pasteles, a quienes no querían entrar al negocio, y era atendido por uno de esos mozos, el cual entregaba el pastel en una cajita muy mona.
—Este lugar es agradable —dijo Dean sorprendido.
—Me alegra que te guste. Podemos venir otro día si quieres también.
—No parece mala idea.
Después la conversación siguió el orden sobre el estudio.
—Tu examen, el de mañana, ¿de qué es? —preguntó Castiel.
—Historia. Ya me fue mal en el último y no puedo fallar otra vez.
—Tú podrás con eso, Dean, la historia no es difícil, solo debes verlo como lo que es.
—¿Cómo? ¿A qué te refieres?
—Lee la historia como si leyeras un cuento.
—¿Cómo si leyera un cuento?
—¿Has leído alguna vez un cuento de niños?
—Claro que he leído uno. Se los leía a Sam cuando niño.
—Entonces, sabes cómo tratarla, como un cuento que fue real. Esa es la historia.
Dean quedó asombrado, he iba a decir algo cuando apareció el mesero con el rico mandado. El chocolate de Castiel olía de las mil maravillas y aprovechó de atacar el pastelito de chocolate. Una explosión de sabores sintió en su boca. Cerró los ojos de puro gusto, ya que nunca había sentido un sabor igual.
—Con el café tiene otro gusto —le sugiere Castiel.
Dean se vio interesado y probó el café con la cucharita y con el trozo de tarta fue al cielo. Castiel estaba fascinado viendo al chico, aprovechaba de tomar un poco de su chocolate caliente, el cual estaba exquisito.
—¡Esto está como los dioses! —dijo Dean.
Castiel le sonrió.
—Supongo que eso quiere decir que te gusta.
—¡Pues claro! —contestó con la boca llena de tarta—. Está exquisito.
Castiel se sintió muy orgullosos de su idea. Ver a Dean tan feliz y relajado en un día domingo sin el peso de las obligaciones para con él, no tenía precio. Tomó otro sorbo de su exquisito chocolate y lo combinó con un trozo de pastel de fresa, el cual también estaba rico, pero no sabía normal, sino que el sabor se intensificó con agrado. Miró a Dean y supo lo que sucedía, el estar con ese chico aumentaba los sabores deliciosos. Ese conocimiento lo hizo feliz también.
Estuvieron conversando sobre los entrenamientos de Dean y los entrenamientos favoritos de Castiel. Este adoraba el kenjutsu, el arte de la espada japonesa. Dean recordó a Castiel, vistiendo al estilo samurái como sacado de un drama histórico. Se le hizo agua la boca de solo pensarlo. En esa novela, él se veía como su fiel amigo que lo acompañaba a las batallas épicas y le resguardaba la espalda mientras destajan a todo el mundo.
—Dean.
Cayó en la cuenta que estaba fantaseando despierto como una adolescente enamorada. Eso no le había pasado nunca, salvo la vez que soñó que era multimillonario y Sam pasaba regañándolo por ser avaro.
—Estaba pensando, cómo estaba tu pastel —explicó Dean para sacarse la interrogación.
—¿Quieres probar?
—¿Me darías un poco?
—Por supuesto.
—¡Fabuloso!
Dean iba a sacar un trozo con su tenedor, pero Castiel se le adelantó y le ofreció un trozo con su propio tenedor. Lo miró asustado, ya que vio alrededor mientras el otro insistía en que comiera de su tenedor.
—Yo puedo…
Castiel se adelantó y le metió el tenedor de postre en la boca junto con el trozo. Dean no pudo más que comerlo. Estaba tan rico que solo hizo un "mmmmh" por lo sabroso.
—Este está muy rico también —dijo con alegría sin importarle si lo veían o no.
—Te lo dije —aseguró Castiel.
Dean rio de buena gana con la comida en la boca. Castiel sonrió y así pasaron los pasteles hasta cuando el chico terminó de improviso.
—¿Quieres otro? —preguntó Castiel.
—Me gustaría ese que comes tú. Está muy rico.
Castiel no se hizo de rogar y pidió al mozo otra orden de pastel de fresa con una taza de chocolate caliente. También pidió otra taza de chocolate para él, solo para acompañar a Dean. Castiel se sentía tan bien, viendo feliz a Dean, este le comentaba sobre Sam y su "Fiesta de Chocolate" mientras esperaban el segundo pedido.
—Parece una idea entretenida —dice Castiel.
—¡Qué bah!, es lo más tonto que se le ha ocurrido. Una vez —continuó contando—, se le ocurrió plantar un billete a ver si crecía un árbol de dinero. Después se dio cuenta que no resultó, porque el dinero era falso. Era uno de esos billetes de juguete…
Apareció el garzón y puso el pedido en la mesa. Los chicos le hicieron el espacio. Dean siguió hablando mientras daba las gracias al mozo.
—… Cuando se dio cuenta de eso, fue y me pidió un billete a mí, pero yo no tenía ninguno que darle, pero le dije que debía crecer el árbol con billetes de juguete primero, porque, sino estábamos seguro que funcionaría, perderíamos el dinero. Sam encontró buena idea y esperó durante días una planta. Todos los días con las rodillas en la tierra esperaba a la pequeña planta, pero esta no aparecía y él se puso muy triste…
—Entonces, tú no pudiste verlo así y plantaste un brote para que Sam lo creyera —concluyó Castiel.
—¿Cómo lo supiste? —dijo sorprendido.
—Es lo que harías tú.
—Bueno sí, lo hice, pero Sam me pilló. Es que puse una de esas plantas de interiores y Sam es muy observador… el punto —dijo tomando aire—. Es que a Sam le gustan ese tipo de ideas.
—Entiendo, no son malas.
Dean quedó mirándolo extrañado.
—Al contrario, ese es el punto Cas.
—¿Por qué?
Las explicaciones iban y venían mientras terminaban su delicioso chocolate caliente, pues el trozo de pastel de fresa no duró nada en manos de Dean. Solo quedó el chocolate, porque estaba demasiado caliente como para tomarlo de un solo sorbo.
Castiel le ofreció otro pastel, pero Dean prefirió que no, porque debía ir a estudiar, así que pidieron la cuenta, la cual pagó el ángel.
—La próxima invito yo —dijo Dean.
Ambos sonrieron como bobos. Solo los sacó de ese momento el mesero, quien venía con el recibo y algo extra.
—Esto es una atención de la casa —dijo el mesero.
Era un pastelito bombón de chocolate, es decir, una bola con suave crema de trufa sobre un esponjoso bizcocho cubierto con una capa de chocolate. Esto no lo sabían los chicos, pero a todas luces era un chocolate. Se veía artesanal, pero exquisito, además estaba envuelto en un fino papel transparente rojo con una cinta roja, la cual tenía una hermosa etiqueta brillante, dorada con el nombre de la pastelería y un gran "¡Feliz San Valentín!".
Dean quedó un buen rato mirando esa cosa como si no fuera real.
—Feliz día de San Valentín, Dean —deseó Castiel a su novio con una hermosa sonrisa.
Castiel debió cruzar los dedos bajo la mesa, porque había hartas posibilidades de que un chocolate volador, impactara en su cara.
Fin capítulo 26
Esperemos que Dean se comporte xd. Gracias por los reviews y por seguir este fic.
