Scorpius llegó del museo bastante cansado para el poco trabajo que había hecho. Las relaciones con el equipo en la exploración arqueológica en Egipto se habían complicado debido a que uno de los arqueólogos se había enfermado y necesitaba un traslado urgente a Reino Unido.

El rubio suspiró mientras depositaba sobre el suelo su maletín. Se quitó el abrigo y estiró los brazos para relajar los músculos de la espalda. La única solución que el consejo de inversores del Louvre había propuesto era que, debido a la inminente dimisión de una de las piezas esenciales del equipo, él tendría que ser quien se trasladara allí.

Scorpius suspiró. Era una oportunidad increíble pero que no estaba en sus planes a medio plazo. El rubio se había sentido agradecido por las palabras que le habían dedicado pero en aquel momento, no pudo evitar pensar en cierta pelirroja con la que compartía tanto días como noches.

No quería pensar en contárselo a Rose puesto que para cuando su traslado se hiciera efectivo, ella ya no estaría en París. O al menos, quería imaginarse que la pelirroja ya no estaría. De ese modo, todo sería más fácil. O de eso llevaba queriendo autoconvencerse desde hacía unos días. Tan solo con pensar en el momento en el que tendría que despedirse de ella, un nudo se formaba en su garganta. Si para ese entonces él estaba en Egipto, todo sería más fácil. Scorpius no dejaba de repetirlo para sí mismo, como si sirviera para algo.

Scorpius se miró en el espejo de la entrada. Se veía realmente cansado. Escuchó una para nada melodiosa voz proveniente de la biblioteca. El chico no pudo evitar sonreír. El tiempo que compartían juntos podría tener las horas contadas pero disfrutaría al máximo de estar con Rose mientras pudiera.

Mientras subía las escaleras se encontró con Nyx durmiendo en uno de los escalones. Scorpius alargó su zancada para evitar despertar al animal, no quería ganarse un arañazo en sus tobillos tan gratuitamente. La gata, después de todo el tiempo que había pasado, parecía no querer congeniar con él.

La voz de Rose se escuchaba cada vez más atronadora según sus pasos se acercaban a la puerta que estaba entreabierta. Scorpius la abrió del todo para deleitarse con la imagen de la chica bailando arrítmicamente sin mover su trasero de la silla.

Scorpius se quedó un rato mirándola sin decir nada. Le gustaba observar a la chica en la biblioteca. Era como un viaje al pasado cuando mientras él se escondía de Rose, ella andaba perdida por las estanterías buscando un libro cualquiera.

Rose le había confesado recientemente, Scorpius no recordaba si una mañana mientras se duchaban juntos o en la noche antes de dormirse, que las veces que ella andaba por la biblioteca era para comprobar que a pesar de la broma que les hubieran gastado, ellos estaban bien.

Scorpius inclinó la cabeza para fijarse en la figura de la chica, quien llevaba una camiseta floja de color negro como si fuera un vestido. Desconocía cuando Rose se había colado en su armario y se había apropiado de su ropa, pero poco le importaba.

Se acercó más a ella, acariciando uno de los mechones que se habían escapado del moño de la chica. Rose pegó un bote, quitándose los cascos inmediatamente.

—¡Scorpius, por favor! ¡Que susto me has dado! No sé como consigues ser tan sigiloso.

—Es parte del encanto Malfoy, nos gusta observar las cosas bonitas sin que se sepan observadas. Además, también me ha ayudado que llevases cascos.

Scorpius pudo percibir como las mejillas de Rose se teñían de un leve tono rojizo. Sonrió para sí mismo.

—Tu tía Daphne ha estado antes aquí. Me ha traído una caja de ese vino tan rico que bebimos cuando comimos juntos en Trocadero. ¿Lo recuerdas?

Scorpius sonrió, esta vez para que Rose lo notara. No todos los días veía a su tía tan animada, menos aún teniendo en cuenta que había sido el día que ambas se habían conocido. Nunca hubiera pensado que su tía Daphne se llevaría tan bien con la que le había robado horas de sueño cuando era adolescente.

—Claro que me acuerdo. ¿Te llevas muy bien con mi tía, verdad?

Scorpius se sentó en la mesa de madera oscura observando por encima los papeles que la chica tenía esparcidos sobre la misma sin ningún orden ni concierto. Rose era un auténtico desastre. Scorpius aún no entendía como había conseguido engañar a toda su familia con lo de ser una loca del orden.

—Bastante bien, a decir verdad. Lo cual me sorprende un montón.

Rose le sonrió mirándole con aquellos grandes ojos azules casi tan claros como el cielo en un día de verano. Scorpius se dio cuenta de la cursilería que acababa de pensar y le devolvió la sonrisa. Sin duda Rose conseguía sacar una faceta que Scorpius desconocía poseer. Acercó su mano a la mejilla de la chica acariciando levemente. Se inclinó hacia ella y la besó. Un beso lento pero demandante.

—Mmmm...Scorpius...

—Creo que te he echado demasiado de menos hoy en el museo. Y me temo que será así hasta que entregues las memorias, ¿verdad?

A Rose aquel beso le había pillado desprevenida, pero volvió pronto a la realidad. ¿Cuándo se había vuelto Scorpius tan espontáneamente cariñoso? Una voz dentro de su cabeza le contestó que el rubio siempre había sido así, solo que hacía bastantes días que no habían tenido un momento a solas sin que alguno de los dos tuviera prisa.

—Ajá. Pero bueno, siempre podrás encontrarme aquí.

—O metida en mi cama, como esta mañana.

Rose bajó la mirada. Scorpius estaba consiguiendo ponerla nerviosa aunque no sabía por qué. Se movió inquieta en la silla, observando cómo Scorpius leía por encima las notas que aún no sabía

—¿Cuándo tienes la próxima entrega?

—Este viernes. Aún tengo tiempo.

—Sí, podríamos preparar una cena juntos y pasar la noche revisando tus notas. Quiero ser un buen jefe.

Scorpius le guiñó un ojo y Rose se sintió aún más extraña.

—Tengo que ir a la cena que Baltasar nos ha preparado.

—Una lástima que no te puedas quedar, ¿no crees?

De nuevo esa faceta seductora de Scorpius que Rose aún no había conocido. Aunque no le molestaba, Scorpius se veía con aún más confianza en sí mismo.

—Scorpius, ¿qué te pasa esta noche? ¡Estás rarísimo!

—Cuando estoy cansado no puedo ocultar a la parte más Malfoy de mi mismo. Siento si resulta molesto, pero más molesto resultan estas ganas de volver a besarte que tengo.

Scorpius miró a Rose con una leve sonrisa bailoteando en sus labios. Rose respiró profundo ante la declaración de intenciones no satisfechas del rubio. Y no solo de él, ella también quería besarle.

—Pues entonces, bésame.

—Creía que nunca ibas a decírmelo.

Scorpius se lanzó a los labios de Rose una vez más, inclinándose sobre el escritorio en una postura que no le resultaba cómoda pero, sinceramente, le daba lo mismo. Los labios de Rose se movían rítmicamente sobre los suyos, en un baile que habían perfeccionado en las últimas semanas. Scorpius continuó besando la oreja de Rose descendiendo suavemente por el cuello de la pelirroja. Cada vez que los labios de Scorpius abandonaban su piel, Rose sentía un cosquilleo reclamando de nuevo el contacto del rubio.

Rose sintió como las manos del rubio la elevaban hasta ponerla de pie entre sus piernas. Rose sintió como el calor aumentaba exponencialmente, sobretodo cuando Scorpius jugueteaba con el lóbulo de su oreja. Rose colocó sus manos sobre el pecho del chico, intentando mantener el equilibrio. Las manos de Scorpius bajaron por todo su cuerpo trazando la silueta que la camiseta que había tomado prestada no dejaba ver.

El beso de Scorpius se volvió más salvaje y Rose no pudo evitar gemir al sentir como el rubio atrapaba su labio inferior de manera cariñosa entre sus dientes. Se inclinó más sobre él, quedando casi tumbados sobre la mesa de la biblioteca.

Scorpius miró a Rose, que estaba casi a horcajadas sobre él. Una mala idea cruzó su mente y decidió llevarla acabo. Se irguió apartando los papeles de la chica para tumbar a Rose sobre la mesa, sin dejar de besarla. Rose rió, dándose cuenta de las intenciones del rubio.

—¿Pretendes que lo hagamos sobre la mesa de la biblioteca?

Scorpius rió contra su cuello, su aliento provocándole escalofríos por todo su cuerpo.

—Bueno, siempre tiene que haber una primera vez para todo, ¿no crees? ¿Cuándo has quedado con Lily para ir a casa de Baltasar?

—Como en dos horas, más o menos.

—Tenemos tiempo de sobra entonces.

Scorpius volvió a besarla. Sus manos se colaron por debajo de la camiseta, jugando con el borde de la ropa interior de Rose. La pelirroja subió una de sus piernas, acercándole aún más a ella. Era él al que le había dado por experimentar aquella noche. Si Draco Malfoy se hiciera una idea de lo que había pasado en esa biblioteca que él había disfrutado tanto decorando.

Pero Rose no pudo pensar en nada más cuando sintió como Scorpius se deshacía de su ropa interior y comenzaba a jugar con ella utilizando su lengua. Rose suspiró intensamente, fuera lo fuese lo que le pasaba hoy a Scorpius, no sería ella quien se quejase de la situación.


Baltasar estaba terminando de colocar la mesa cuando el timbre sonó retumbando en todas las paredes del estudio. Sus manos estaban sudorosas, casi como si con ese timbre su sentencia de muerte quedara firmada.

El chico respiró antes de dirigirse a la puerta. Nada más abrirla se encontró con dos sonrientes pelirrojas. La tensión en su estómago se relajó brevemente. A ambas, tanto a Lily como Rose aunque esta hubiera llegado más tarde, las consideraba parte de su círculo de mejores amigos.

Baltasar sabía que ellas le escucharían pero no hasta que punto serían capaz de entenderle. Ni siquiera él mismo entendía porqué había actuado así.

—Vendría bien que nos invitaras a entrar. Rose ha traído vino blanco de la bodega personal de Daphne. ¿No te da la sensación de que alguien se ha convertido en el ojito derecho de su futura tía postiza?

Lily movió mucho las cejas guiñándole un ojo descaradamente lo que consiguió que el moreno sonriera. Rose simplemente se cruzó de brazos rodando los ojos.

—De verdad, Lily. La primera vez tuvo su gracia pero ya estoy cansándome. Ni Scorpius ni yo tenemos algo serio, no demasiado serio al menos.

—Aunque os paséis los días juntos dándoos mimos y siendo una de esas parejas tan empalagosas que tú tanto odias.

—¡Scorpius y yo no somos así! Por Dios Lily, haces una montaña de un grano de arena. Además, el tema importante de esta noche no somos ni Scorpius ni yo. Es este señorito de aquí en frente.

—Está bien, está bien. De verdad, no dejáis que una se divierta a vuestra costa. Pero que quede entre tú y yo Baltasar, si vieras como le brillaba la cara al salir de casa. Irradiaba felicidad.

Rose bufó sonoramente y Baltasar no pudo evitar sonreír. Aunque a la rizosa le molestase, el moreno tenía que darle la razón a Lily. Desde que esos dos andaban metidos dentro de esa relación extraña, a ambos se les veía aún más felices.

Otro rubio se cruzó por su mente. ¿Por qué las cosas no podían ser más fáciles para él? ¿Por qué había tenido que comportarse así con el chico?

El movimiento dentro de la cocina le sacó de sus pensamientos. Las dos pelirrojas se habían adentrado en el apartamento sin que se diera cuenta.

—Baltasar, ¿dónde tienes guardado el sacacorchos? No lo encuentro en ninguno de los cajones.

—Lo tengo guardado en el tercer cajón, pero de la cajonera que está a la derecha, Rose.

La chica sonrió al encontrarlo allí donde él había dicho. Una vez más, Lily tenía razón. Rose parecía deslumbrar, irradiaba una luz especial que resultaba atrayente y a la vez intimidatoria. ¿Conseguiría él sentirse así alguna vez en su vida? ¿Podría alguna vez él llegar a parecer ser tan feliz?

Se fijó en Lily, quien estaba sentada en uno de los taburetes altos esperando a que la otra pelirroja le sirviera una copa de vino. Ella también estaba radiante, casi más aún que el anillo que adornaba su dedo índice.

Baltasar despejó esos pensamiento de la mente. No se hacía ningún bien si volvía a encerrarse en sí mismo, más teniendo en cuenta que sus dos amigas estaban allí para ayudarle.

—Baltasar, creo que ambas estamos demasiado nerviosas como para cenar. ¿Qué te parece si tomamos la botella de vino y nos sentamos los tres a hablar de temas de la vida?

—Concretamente de ese que te vuelvo loco desde la boda de Vic. A ver, empecemos de nuevo por lo que tantas veces hemos hablado. ¿Qué recuerdas de esa noche?

Rose se tumbó grácilmente en el sofá de piel negro que resultaba ser la pieza principal del salón junto con un par de cuadros abstractos que estaban colgados en la pared. Lily se acercó entregándole una copa antes de sentarse. El olor afrutado llegó a sus fosas nasales.

Pensó en que mucho tenía que apreciar Daphne a Rose para regalarle su vino favorito. La que era su segunda pelirroja favorita se estaba ganando un hueco en la familia Malfoy sin darse cuenta. Se alegraba por Scorpius, se merecía esa segunda oportunidad después de lo que había pasado con Lucille.

—Tierra llamando a Baltasar. Tierra llamando a Baltasar. ¿Estás con nosotras?

—Sí, perdonad chicas. Últimamente pienso demasiado y creo que no me está haciendo ningún bien.

—Llevas casi un mes así, Baltasar. El hecho de que hayas querido hablarlo con nosotras para mí ya significa mucho.

—Gracias Lils. Creo que vosotras me entenderéis mejor que Theo o Scorpius. Más que nada porque conocéis al otro implicado.

—Scorpius está preocupado por ti, solo que prefiere dejarte espacio hasta que tú estés preparado. Y estoy bastante segura de que Theo se encuentra en una situación similar. Son tus mejores amigos y están viendo como no eres tú.

—Lo sé, Rose. No estoy diciendo que ellos pasen del tema, pero sé que vosotras podréis ayudarme mejor.

—Anda ven, siéntate con nosotras. No te quedes ahí de pie y relájate.

Baltasar se sentó entre Lily y Rose. Suspiró una vez más mirando el líquido que llenaba su copa y comenzó a hablar.

—Lo que me pasa es que no estoy seguro de querer olvidarle. Creía que quería, pero ahora ya no estoy seguro.

—Cuéntanos algo que no sepamos. ¿Qué ha ocurrido ahora que te ha vuelto a agitar?

—Me ha enviado las fotos que me hizo aquella mañana, las que me hizo antes de que saliera con el rabo entre las piernas.

Tanto Rose como Lily rompieron a reír. Baltasar puso los ojos en blanco, había veces que esas dos parecían de nuevo dos niñas pequeñas.

—¡Chicas, por favor! ¡Que esto es importante!

Rose dejó de reír para mirar a su amigo. La mirada de Baltasar había dejado de tener ese brillo tan característico y el chico se había vuelto bastante arisco, algo que tanto Lily como los demás le habían asegurado que nunca había pasado.

Rose creía saber por lo que estaba pasando Baltasar. Estaba segura de que se trataba de ese miedo a explorar una parte de sí mismo que, al igual que había hecho ella, el moreno había enterrado en lo más profundo.

Se incorporó, colocando su barbilla en el hombro de Baltasar, que volvía a estar ausente.

—Yo he estado en ese mismo espacio mental en el que tú te encuentras, Baltasar. Aunque no lo creas posible, cuando me enteré que Scorpius iba a ser mi jefe, creí que era una broma pesada. ¡Y cuando me fui a vivir con él, creo que fue aún peor!

Rose sintió cómo de repente se había convertido en el centro de atención de la velada. Sonrió al pensar en lo que había ocurrido apenas dos horas atrás y en cómo se sentía al principio en presencia de Scorpius.

No quería recomendarle aquella estrategia a Baltasar, pero haber caído en la tentación había servido para solucionar la tensión rara entre los dos. Además, la pelirroja sabía de buena mano que Lorcan también se sentía así por el chico con ojos de león.

Cuando había ido a la galería para recoger unas fotos de la boda, Lorcan se lo había dejado claro. Rose había intentado dejarle algunas pistas a Baltasar, pero el chico estaba demasiado ciego como para ver más allá de sus propias manos.

—A mí me pasó lo mismo con Theo. Lo único que te puedo aconsejar es dejar el miedo atrás. Ambos habéis crecido. Y no es como si no os hubierais acostado nunca, así lo deberías tener más fácil.

—Yo no tengo miedo. Es...mi historia es distinta a la vuestra…

—¿En qué es diferente, Baltasar? Además, Lorcan ha mostrado interés en saber de nuevo de ti. Asume que es el miedo lo que te echa para atrás. Date esa oportunidad, no sabes lo que puede pasar.

—Yo no puedo darme ese privilegio de lanzarme a la aventura. Menos aún tratándose de Lorcan...a saber que quiere hacerme esta vez. No me gusta que jueguen conmigo, Rose.

—¿Prefieres vivir escondiéndote? Yo no soy aquí la mejor abanderada de la valentía, pero a veces merece la pena salir de los límites que nos hemos impuesto. No sabes lo que te puedes encontrar, ni a quién.

—Incluso puede que descubras cosas de ti que desconocías si le das una oportunidad a Lorcan. Ni Rose ni yo te estamos diciendo que te enamores de él, un café o una llamada de skype. Eso puede que os ayude a ambos a avanzar sin esa carga extra.

—En el fondo sé que tenéis razón, chicas. Pero es que…

—¿Es que qué, Baltasar?

—No me reconozco cuando estoy cerca de él. Todo es tan primario...casi como si fuéramos animales.

—Pero...osea, no entiendo. ¿Os habéis vuelto a ver?

—No pude evitarlo, volé el fin de semana pasado a Londres. No me gusta sentirme así, no me gusta que Lorcan siga teniendo ese poder sobre mí.

—¿Por qué no nos lo dijiste antes, Baltasar? No me quiero imaginar como te has tenido que sentir. Ven, que te quiero abrazar.

Baltasar sintió los delgados brazos de Lily alrededor de sus hombros. Miró a Rose, quien estaba tomando un sorbo de su copa. Sus ojos azules parecían querer leerle la mente sin éxito.

—Porque el hecho de contaros lo ocurrido sí que me daba miedo. Soy un estúpido.

—Cariño, si es por el hecho de caer en brazos del enemigo de la infancia, aquí estúpidos somos los tres. ¿Más vino antes de seguir?

No hizo falta que nadie dijera nada, las copas se volvieron a llenar hasta casi llegar el amanecer.


N/A

Hola de nuevo!

Sí, se que hace como una eternidad que no actualizo esta historia. Pero la inspiración se fue por mi ventana y no quiso volver hasta hace apenas unos días.

Espero que este capítulo os haya gustado, hemos podido saber un poquito más sobre Baltasar. ¡Que al pobre lo tengo abandonado con tanta pareja y él no se lo merece! ¿Qué opináis de su manera de pensar? Él pobre anda bastante perdido. Y un poco de Scorpius y Rose, para compensar la espera.

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Besos,

Emma.