Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia le pertenece a AngstGoddess003. Y está siendo traducida por varias personas en el Blog de A.P.
Capítulo 25: Perfección Celestial de Avellana. PRIMERA PARTE
Traducido por: Ioreth y Lucía.
*Bella*
Alivio. Alivio abrumador, era lo que estaba sintiendo mientras me agarraba al cuello de Edward tan fuerte que pensé que iba a asfixiarlo hasta la muerte ahí mismo, en el mirador. Pude sentirlo sonreír en mi cuello, y eso hizo que entrara en la más completa euforia. Había vuelto a mí. Y no solo había vuelto, sino que lo hizo con una intensidad tal que casi me hizo llorar. No sabía qué había explotado dentro de él, o lo que había sucedido, pero su llama no se había apagado. Ni siquiera era tenue como solía ser. Era tan brillante que podía sentirla en su tacto.
Por una vez, fui yo quien tuvo que apartarse. Y cuando lo hice, él todavía sonreía, y sus ojos brillaban, rechazando en silencio apartarse de mi cintura, lo que hizo que me riera de él. Pero tenía que irme antes de que Alice notara que me había ido, así que le planté un último beso en sus labios hinchados, y aparté sus brazos de mí.
—Estaré arriba en cuanto pierda de vista a Alice —le prometí, sabiendo que iba a estar toda la noche con Jasper.
Yo ya había hablado con Jasper antes de que empezaran los fuegos artificiales, y le pedí que la mantuviera ocupada toda la noche, así no podría notar mi ausencia ni en el prado ni en casa. Que aceptara fácilmente, solidificó su puesto como mi segundo chico favorito.
Edward asintió, y a regañadientes se dio la vuelta, mirándome por última vez, y volvió a su casa. Después de que se fuera, me encaminé hacia la multitud para encontrar a Esme y crear una buena coartada. Fue fácil hacerle creer mi historia mientras estaba al lado del doctor Cullen, junto al río. Todo lo que tuve que hacer fue decirle que estaba cansada y que me iba a la cama. Nunca me vigilaba por las noches, así que no tenía que preocuparme una vez que me asegurara de que la puerta de mi habitación estuviera cerrada. Me había dado cuenta de que ella y el doctor Cullen habían pasado casi toda la noche juntos. Y antes de que Edward se abalanzara sobre mí, también me había dado cuenta de que se habían juntado para el beso de Año Nuevo. Estaba casi frustrada por no haberlos visto besándose para calcular lo romántico que había sido.
Vi a Jasper a través del prado y me dirigió una mirada mordaz. Entendió lo que pasaba, y asintió de una manera que no alertó a Alice, que estaba colgada de su espalda. Miré una vez más a los alrededores de la pradera para confirmar dónde estaba Emmett. Estaba sentado al lado de una Rosalie muy aburrida, mientras todavía tiraban los fuegos, parecía divertirse tanto con ellos como lo haría cualquier anciano de ochenta años. Así que caminé por el patio, escondiéndome a través de la oscuridad, hasta llegar a la puerta principal de la mansión Cullen con relativa facilidad.
Edward me dijo esta mañana que simplemente entrara, así que lo hice. La casa estaba iluminada y vacía, por lo que subí las escaleras volando hasta su habitación, donde sabía que estaría esperándome. Una vez que alcancé la puerta, ni siquiera me molesté en llamar. Agarré el pomo y la abrí.
Él estaba sentado en el medio de su cama, aún llevando la chaqueta de cuero, con su sonrisa torcida. Al verla, toda mi cara se iluminó. Había echado tanto de menos esa sonrisa, que no pude contenerme, cerré la puerta y me dirigí a la cama. Salté sobre ella sin cuidado, volando hasta Edward y lanzándome a sus brazos, rodeando su cuello de nuevo. La fuerza de mi entusiasmo hizo que se golpeara la espalda contra el cabecero, y tuve miedo de haberme saltado algún límite. Pero él se rio, y me abrazó por la cintura, enterrando su cara en mi cabello, respirando profundamente.
Besé su cuello con una desesperación temeraria, simplemente feliz de poder hacerlo. Feliz de que me abrazara de verdad, feliz de que me oliera de verdad, y sobretodo feliz de que quisiera tenerme allí con él.
Y en verdad lo estaba. Nos giró de lado, y subimos las cabezas hasta la almohada. En vez de poner mi cabeza en su pecho, descansó su frente en la mía, dejando escapar un profundo suspiro. Un suspiro de alivio. No sabía por qué se sentía aliviado, pero me alegraba, fuera por la razón que fuera. Me abrazó tan fuerte que pareció imposible estar más cerca de él, con sus dos brazos alrededor de mi cintura. Tenía miedo de que el brazo sobre el que estaba tumbada se entumeciera, pero a él parecía no importarle. Sonreí ampliamente ante su agarre mortal y me apreté más fuerte a su cuello.
—He sido un gran imbécil —susurró en mi cara con tristeza, mirándome a los ojos con arrepentimiento. Sacudí la cabeza, negando.
—Ya no importa —susurré con sinceridad mientras clavaba mi mirada en sus ojos, tratando de expresar todo el amor que todavía sentía por él. El resentimiento que se había formado dentro de mí se había disipado completamente con su nueva intensidad.
Me devolvió la sonrisa y movió la cabeza para darme un beso suave en los labios. Estaba sorprendida de que incluso me besara en la cama, sabiendo que en el pasado habíamos tenido una especie de norma silenciosa en contra de eso. Fue gentil y sensual. Completamente opuesto al beso del cenador. Pero todavía sentía su intensidad en su abrazo, y en la manera que acariciaba mi labio superior con ternura. Así que se lo regresé feliz y encantada, moviendo mi mano para acariciar el cabello alborotado de su nuca con suavidad.
No dormimos esa noche. Ni siquiera cambiamos de postura. Pasamos cinco horas continuando la sesión de besos lentos y suaves. No hubo lenguas en esos besos, lo cual era algo bueno, porque no teníamos que hacer parones para coger aire. La lujuria seguía ahí, y definitivamente podía sentirla en Edward, cuando me apretaba con fuerza hacia él, moviendo sus labios en los míos. No me importó para nada. De hecho, estaba un poco abrumada por mi lujuria y mi cuerpo tenía sus propias reacciones también. Pero había algo más que dirigía sus besos. No tenía ni idea de qué era, pero dejé que me invadiera. Haciéndome sonreír contra sus labios todo el rato.
A las cinco y media, sabía que tenía que irme. Así que a regañadientes volví mi cara hacia la de Edward. Abrió sus ojos verdes y frunció el ceño de una manera que me hizo reír en voz baja. No quería que me fuera. Pero tenía que hacerlo. Así que le planté un beso suave final en los labios y me levanté de la cama liberando así su pobre brazo.
No había traído conmigo mi bolsa o el pijama, pero todavía tenía su bolsa de galletas en el bolsillo de mi sudadera, por lo que se las dejé al lado del reloj. Estaban un poco aplastadas por sus abrazos, pero aún se podían comer. Le envié una gran sonrisa mientras seguía tumbado en la cama mirándome intensamente, y me volví casi haciendo un puchero por el hecho de que tenía que irme.
Estaba ya en la puerta cuando lo oí saltar de la cama y correr hacia mí. Me di la vuelta justo cuando se paró frente a mí, tomando mi cara entre sus manos y poniendo su boca sobre la mía, de nuevo. Aplastó la cara hacia mí con vigor y hundió su lengua en mi boca. Complacida por la reaparición de los besos más intensos, le devolví el beso con fiereza, cerrando mis manos en su chaqueta de cuero, que todavía no se había quitado, y moviendo la cabeza para profundizar el beso mientras lo atraía más cerca. Fue como el beso del cenador. Lentamente me apoyó contra la pared de al lado de la puerta de cristal, moviendo su lengua contra la mía de manera urgente y tirando de mi pelo para atraer mi cara. Gemí junto a su boca y mis manos se trasladaron de la chaqueta a su cabello, hundiéndose y estirando con tanta intensidad como Edward lo hacía en el mío. Me apretó con fuerza contra la pared detrás de mí, mostrándome su excitación empujando sus caderas entre las mías con un gemido ronco y gutural. Yo ya estaba jadeando en su boca, lamiendo su lengua con fervor, gimiendo sin aliento al sentirlo totalmente pegado a mí.
Arqueé mis caderas separándolas de la pared, moviéndolas contra su cuerpo, y luchando contra la necesidad de envolver mis piernas alrededor de su cintura para estar más cerca. Me rocé contra él con un gemido, deseando que estuviera tan dispuesto como yo a llevar las cosas más lejos. Gimió en mis labios y movió la mano de mi cabello para agarrar mi cadera con fuerza, tirando de ella para acercarse a la vez que su lengua acariciaba la mía febrilmente.
Contenta de que no se retirase, retorcí mis caderas bruscamente entre las suyas, jadeando, sintiendo cómo aumentaba la humedad entre mis piernas. Como si leyera mi mente, gruñó y deslizó la mano que le quedaba en mi cabello, para envolver los dedos alrededor de mi muslo y engancharlo por encima de su cadera. Lo agarró firmemente y empujó de nuevo sus caderas, aprisionándome contra la pared. El contacto con la nueva postura me hizo gemir y agitarme contra él de nuevo. Y pensé que si seguíamos así, bajaría por el entramado con auténtico cabello de sexo. Y muy contenta por ello.
Creo que seguramente él lo sabía, porque sacó su lengua de mi boca, manteniendo sus labios húmedos suavemente sobre los míos, y liberó lentamente el muslo de su mano.
Abrió los ojos verde intenso, llenos de lujuria y brillando con algo más, me miró intensamente mientras jadeaba intentando respirar.
—Joder, feliz año nuevo —susurró contra de mis labios. Sonreí contra sus labios y solté una carcajada.
—Si que lo es —respondí con honestidad.
*Edward*
Fue un día jodidamente fantástico. Me masturbé tres veces en la ducha después de que mi chica se fuera. No pude evitarlo. No es fácil tener una maldita erección palpitando durante cinco horas seguidas, especialmente cuando la causa de ella esta tumbada a tu lado y puñeteramente contenta por ello como para querer apartarte.
Ella actuaba como si quisiera que me la tirara. Y si se hubiera tratado de cualquier otra chica, allí en mi cuarto, besándome de esa manera (antes de Bella) le habría arrancado la ropa y me la habría cogido contra la pared. Pero no quería eso con mi chica. Se merecía mucho más que un puñetero polvo. Se merecía hacer el amor. Y la verdad, no tenía idea de si yo podría ser ese hijo de puta, pero la emoción extraña que sentía desde la noche anterior me daba la esperanza de que al final fuera posible. Joder, parecía casi un chiste que de los dos fuera yo quien no estuviese todavía preparado. Aunque, por supuesto, ella podía sentir su amor por mí sin ninguna duda.
Me pasé el resto del día, básicamente, esperando a que ella regresase. El tirón se había aliviado un poco, pero aún podía sentirlo. La imperiosa necesidad de tenerla a mi lado y tocarla. Quería quitarme el maldito anillo del cuello y llevarlo de la manera que tenía que ser cuando dos personas estaban enamoradas. Pero aún no podía. Estaba deseando que quien hubiera creado la maldita cosa hubiese inventado una forma de llevarlo que dijera: "Demasiado retrasado emocionalmente para sentirlo, pero deseándolo jodidamente". Esa frase habría sido la más vendida en la condenada industria de las tarjetas de felicitación.
Traté de pasar parte del día abajo para que el tiempo se fuera más rápido, pero Daddy C. tenía resaca. Estaba encerrado en su estudio y tratando de ocultarlo, sin embargo yo lo sabía. Siempre se escondía cuando tenía resaca. Quería darle algo del remedio para la resaca de mi chica, aunque imaginé que despertaría sus sospechas. Esquivé a Emmett que jugaba con un videojuego nuevo que le habían regalado por Navidad. Pasé un poco de tiempo con las tareas escolares ya que empezábamos las clases de nuevo al día siguiente. Me estremecí ante la idea de comenzar el Año Nuevo sin mi Volvo si mis notas bajaban.
Para cuando mi chica finalmente llegó a las diez, yo estaba cada vez más inquieto, y endemoniadamente cansado por no haber dormido la noche anterior. Le abrí la puerta y le sonreí. Al verla noté como la sensación de tirantez creció y disminuyó de forma simultánea. Sus grandes ojos castaños brillaban cuando se encontró con mi mirada, y tenía una gran sonrisa en su rostro. Cuando por fin desvié la mirada de su cara, me di cuenta de que los jodidos rizos brillantes habían hecho una apreciada reaparición.
La hice pasar en el interior, lejos del frío, impaciente, sin esperar siquiera a cerrar la puerta antes de atraerla hacia mí y tomar sus labios con los míos. Ella sonrió contra ellos y me devolvió el beso con alegría, nuestras lenguas finalmente reuniéndose. Aplasté su cuerpo contra mí con fuerza, hundiendo una mano en sus rizos brillantes y suspirando, notando como la sensación de tirantez se disipaba por completo y se sustituía con un aumento de la nueva emoción.
Terminé el beso antes de que pudiera derivar en otras dolorosas cinco horas jodidamente empalmado. Descargó la comida en la cama y caminó hacia el sofá, pero la agarré del brazo.
—¿Siéntate conmigo esta noche? —Le pedí, sabiendo que el tirón sería puñeteramente insoportable si tenía que verla en el sofá durante toda la noche. Su sonrisa se ensanchó y asintió con entusiasmo, haciendo que todos los rizos ondearan alrededor de su rostro y el cuello. Aliviado, me desplomé sobre la cama y comencé a abrir los platos mientras mi chica se quitaba la capucha. Llevaba un jersey oscuro que revelaba más o menos dos centímetros de su piel, cogió uno de sus libros de la estantería y se acercó a la cama.
Se sentó a mi lado mientras comía y me relató su día con Alice y Esme. Pasamos algún tiempo hablando de nuestras sospechas acerca de Carlisle y Esme. Bella pareció sorprendida cuando le conté lo de los viajes de negocios paralelos.
Se quedó boquiabierta mientras yo metía en mi boca un pedazo de jamón condenadamente delicioso.
—No creerás que... —se interrumpió con incredulidad.
Me reí y sacudí la cabeza por su ingenuidad. Era bastante gracioso para mí que nadie lo hubiese notado todavía. Pasó el resto de la cena tratando de convencerme de que Esme era perfecta para Carlisle. Vi como sus ojos marrones se iluminaban ante la idea. Yo no iba a protestar por el tema. Ella era mucho mejor que cualquiera de las enfermeras en el hospital que lo acosaban tanto que el pobre apenas podía respirar.
Después de haber terminado la cena, se la agradecí con un beso suave, acariciando los rizos brillantes de su cara mientras ponía su labio inferior entre los míos. Dejé que el aumento de la emoción se mezclara en el beso, mostrándole lo mío, aun regodeándome para el coño en la sensación. Cuando me separé, ella me sonreía ampliamente.
Ambos estábamos muy cansados, así que nos cambiamos para ir la cama rápidamente. Cuando apagué la luz, me di la vuelta y abracé a mi chica con fuerza, agrupé los rizos en lo alto de la cabeza y enterré mi cara en ellos con un suspiro. Le di un último beso suave en la cabeza y ella comenzó a tararear. Envolviéndola en mis brazos me dejé arrastrar por el sueño.
Cuando sonó el despertador, no quería retirarme. Nos giré a los dos con un gemido. Ella se puso encima de mí, acariciando mi pecho, con todos los rizos cubriendo mi cuello y la garganta mientras buscaba el reloj y apagaba la alarma.
Trató de mirarme mientras aún estaba en mi pecho, pero todos sus rizos le caían en la cara no dejándole ver nada. Me reí, soñoliento y levanté una mano de alrededor de la cintura para acariciar los rizos y apartárselos de la cara. Me miró a los ojos un momento antes de que una sonrisa iluminara su rostro. Le devolví la sonrisa con un encogimiento de hombros. Lo haría cada jodida mañana si esa sonrisa era lo primero que veía al despertarme.
Se movió para levantarse, y luego se quedó helada, mirándome con los ojos completamente abiertos. Cerré los ojos lentamente y moví la cabeza con pesar, deseando no haber elegido esa posición llevando solo los delgados pantalones del pijama. Jodida y estúpida erección matutina. Abrí los ojos y la miré con una mueca.
—No puedo evitarlo —refunfuñé con voz ronca adormilada, esperando que no creyera que era una especie de puñetero pervertido por despertarme con toda la equitación completa y preparada sin motivo aparente. Permaneció inmóvil por un momento, y me preocupé por si la había ofendido o algo así. Pero entonces, gracias al jodido Dios, me sonrió y se echó a reír, levantándose de la cama.
Puse los ojos en blanco y empecé a pasar mis dedos por el cabello mientras se dirigía al cuarto de baño riéndose de mí en voz baja. Cuando volvió a salir y comenzó a empaquetar todas sus cosas, salí de la cama. No solía hacerlo hasta que se iba, pero quería darle un beso para empezar el día. Así que esperé mientras ella dejaba mis galletas en la mesita de noche.
Cuando se dio vuelta y me vio en las puertas del balcón esperándola, pareció un poco sorprendida. Probablemente porque me costaba mucho funcionar en esas horas tan condenadamente intempestivas. Le sonreí y me apoyé contra la pared al lado de la puerta, ella caminó hacia mí con una sonrisa endemoniadamente grande. Cuando estaba lo suficientemente cerca, le agarré la cara y atraje sus labios a los míos. Entonces me acordé de cómo los besos en la mejilla de por la mañana solían hacerme sentir condenadamente horrible apenas unos días atrás. Sujete su rostro más firmemente y volqué toda la emoción nueva que sentía en el beso.
Cuando se alejó, sus ojos brillaban de felicidad de una manera que hizo crecer y aumentar de golpe esa emoción dentro de mí mientras le acariciaba las mejillas. Sin una palabra, abrí la puerta para ella y la vi salir, con todos los putos rizos enredados flotando en todas direcciones en la brisa lluviosa. Fruncí el ceño ante la idea de mi chica bajando la pared en la lluvia fría. Sin embargo, se subió encima de la barandilla y por el entramado tan rápidamente que ni siquiera tuve tiempo para expresar mi preocupación.
Fui a recoger a Jasper todavía con el subidón de Bella/emoción nueva. Cuando entró al auto con su aspecto desaliñado y todavía agotado de la fiesta de Año Nuevo, le di las gracias por la táctica de distracción con Brandon. Luché con la idea de decirle lo de la emoción nueva y todos los tirones, pero me preocupaba que eso nos llevara a organizar noches de pijamas, peinándonos el pelo el uno al otro mientras compartíamos nuestros sentimientos más íntimos. Qué se joda esa mierda.
En cuanto entré en la escuela esa mañana, me di cuenta de lo profundamente jodido que estaba. Vi a mi chica sola en el estacionamiento, mientras que Brandon saludaba a Jasper con un entusiasmo que casi me hizo vomitar. Y el tirón estaba allí en toda su gloria al verla sola en la lluvia, sabiendo que no podía acercarme a verla.
Era tan condenadamente extraño sentir esa ansiedad. Me preguntaba si esto ya era tan malo, ¿entonces qué se sentiría si fuera amor? ¿Y cómo coño podía Bella manejar algo tan fuerte? Hice un esfuerzo para cuadrar los hombros y caminar hasta mi primera clase, malditamente desanimado. Pasé mis primeras dos clases centrado en las materias, agradecido de que el tirón no fuera tan fuerte cuando no podía verla.
Luego, en el camino al tercer periodo, la vi en el pasillo. Estaba caminando hacia mí con su capucha arriba y la cabeza baja. Me sintió llegar como siempre, porque su cabeza se levantó un poco y se encontró con mi mirada al pasar, traté de evitar la sensación de tirantez y la forma en que mis dedos se contraían hacia ella. Pero justo cuando mis dedos se movieron hacia ella, sus dedos también se movieron hacia los míos. Y joder, nos tocamos. Allí mismo, en el centro del pasillo, delante de todos. Fue solo un roce. Pero fue completamente inconsciente. Para los dos. Me detuve y me di la vuelta para mirarla. No sé por qué lo hice. Estaba condenadamente sorprendido por mi reacción. Cuando me volví me encontré solo con su silueta alejándose.
Me quedé allí por un momento, pasando mis dedos por mi cabello y las cejas juntas, antes de dirigirme a clase. Pasé toda la clase de Lengua repasando la literatura que había leído describiendo el amor y otras emociones, tratando de saber lo cerca que mi emoción estaba del amor. Pero todo era jodidamente confuso. Leer sobre ello y sentirlo eran dos cosas completamente diferentes. Al final, me di por vencido. Pensé que si lo sentía y la hacía feliz, entonces no importaba cómo mierda se llamaba, o incluso lo cerca que estaba del amor. Solo por ser capaz de sentirlo, yo ya era feliz.
Cuando llegó la comida, había decidido dejar de obsesionarme con el tema y simplemente disfrutar de ello. Me acerqué a mi mesa en la cafetería y me dejé caer en mi asiento. Un vistazo a la mesa de mi chica me dijo que no había llegado todavía, así que saqué mi bolsa de galletas Perfección Celestial de Avellana y empecé a comer mientras esperaba. No podía sentarme con ella, pero podía mirarla.
Me sorprendió cuando Jazz entró en la habitación. Y aún más me sorprendió cuando llegó para sentarse conmigo. Se dejó caer en su asiento frente a mí, y sacó la bolsa de galletas que Bella había hecho para él. Y por alguna jodida razón, tuve una irracional llamarada de algo muy parecido a los celos al verlo con una bolsa de galletas de mi chica. Pero me tragué esa mierda. Puñeteramente irracional. Arqueé una ceja cuando él abrió su bolsa.
—¿No hay restregones en el ropero hoy? —Le pregunté con curiosidad, extrañado por qué no estuviese con Brandon. Se metió una galleta en la boca.
—Alice quería sentarse con Bella. —Se encogió de hombros y masticó al mismo tiempo. Puse cara de asco al ver todas las migas que salían volando de su boca cuando lo hizo.
Sacudí la cabeza y seguí comiendo, condenadamente contento de que Brandon no estuviese obligando a mi chica a compartir la mesa con ese jodido guarro.
Mantuve la mirada en la puerta, esperando a que entraran, mientras comía en silencio. Brandon entró en primer lugar, mirando con anhelo Jazz, sentándose en la mesa con Rose y Emmett. Me preguntaba si había visto al cabrón comer. Era repugnante. Peor que Em. A ver cuánto tiempo iba a llevarle enseñarle modales.
Entonces, entró mi chica. Con la maldita capucha puesta y apartándose de la gente a su alrededor con una mueca. Yo la miraba intensamente sintiendo como la sensación de tirantez en el pecho crecía y crecía y me hacía querer olvidar todo lo que me impedía reunirme con ella.
Tomó asiento junto a Brandon y con una inclinación de cabeza general saludó a toda la mesa. Al agacharse para coger su libro y las galletas de su bolsa, hice lo de la otra noche. Mirarla intensamente en la parte superior de la capucha mientras buscaba en su bolso y bloqueaba todo lo demás en la cafetería.
Finalmente nuestras miradas se cruzaron. Miró hacia mí desde su silla, y pude ver sus ojos iluminarse cuando se encontraron con los míos. Eran grandes y de color marrón y jodidamente llenos con todo su amor. La intensa mirada disparó de nuevo esa sensación dentro de mí, hinchándome el pecho como un globo. Tuve que sujetar mis pies en el suelo para no levantarme de golpe. Pero sabía que no podía ir con ella. Así que hice lo único que podía, la miré intentando enseñarle todo lo que tenía dentro en ese momento.
Y como si supiera exactamente lo que quería que viera, me sonrió y luego desvió la mirada para abrir su libro. Cerré los ojos un par de veces, notando que la cafetería se había llenado del todo mientras estábamos mirándonos el uno al otro. Lancé un profundo suspiro y, finalmente, separé la mirada de ella, fijándola en Jazz.
Estaba sentado delante de mí con los ojos muy abiertos por alguna razón de mierda, con la boca abierta y con la galleta en la mano. Arqueé una ceja, preguntándole qué era tan malditamente interesante. Pero en vez de contestarme, volvió lentamente la cabeza para mirar a la mesa de Brandon. Seguí su mirada por la habitación, y lo encontré mirando a mi chica.
Por último, su cabeza se volvió hacia mí. Arqueé la misma ceja de nuevo, pero él volvió a mirar a Bella y luego a mí. Y después sonrió para el coño. Fruncí la frente, preguntándole si Brandon le había hecho alguna seña, o le había enseñado una teta o una mierda así. No me iba a sorprender en lo más mínimo. Se rio y sacudió la cabeza, haciendo que le cayera parte de su cabello rubio a los ojos. Luego dijo una frase que casi me provocó un jodido derrame cerebral.
—¿No es el amor genial? —Sonrió confiado.
Me quedé boquiabierto, preguntándome cómo demonios había llegado a la conclusión de que estaba enamorado.
—¿Qué coño estás diciendo? —Le pregunté en tono frustrado. Era jodidamente desconsiderado que lo mencionara, cuando yo estaba tratando desesperadamente sentirlo.
Se rio, una vez más, haciéndome desear estamparle la cabeza en la mesa.
—¿De verdad que no tienes ni puta idea? —Me preguntó con condescendencia.
Resoplé y levanté las cejas. Sí, pero estaría bien que no me lo restregaras en la cara, jodido pendejo.
Sacudió su cabeza a mi mirada asesina.
—La amas —me dijo simplemente. Como si fuera algo condenadamente obvio. Intenté controlar la esperanza que iba unida a la amargura que me quedaba por el tema.
—¿Y cómo coño has llegado a esa conclusión? —Le pregunté con los dientes apretados, mi frustración creció.
Bajó la galleta, sacudiendo las migas en la mesa frente a él, y se inclinó hacia delante con los antebrazos sobre la mesa.
—¿Cuánto hace que te conozco? —Me preguntó enigmáticamente.
Responder preguntas con preguntas. Era tan jodidamente... Jazz.
—Casi cinco años —respondí con impaciencia, clavando mis ojos en él.
Él asintió con la cabeza hacia mí.
—Y ¿cuántas veces he sentado mi culo delante de ti en el comedor? —Interrogó, otra pregunta jodidamente estúpida. Puse los ojos en blanco, esa pregunta en particular era totalmente retórica. Asintió con la cabeza otra vez mientras sus labios temblaban—. ¿Cuántas veces has mirado a alguien como acabas de mirarla a ella? —Indagó sabiendo de sobra la respuesta. Parecía tan condenadamente seguro, pero yo no veía la conexión. Estaba más unido a Bella que a nadie. Claro que la miraba de otra manera.
Resopló y se sentó en la silla cuando vio que no lo entendía.
—La mirada, Edward —dijo exasperado, lanzando las manos al cielo. Lo miré. ¿Qué pasaba con la mirada?—. Jodido Dios —murmuró sacudiendo la cabeza. Fruncí las cejas, apenas conteniendo el impulso de lanzarme sobre la maldita mesa y estrangularlo por ser tan puñeteramente condescendiente. Se frotó las manos sobre su rostro y respiró hondo antes de recostarse sobre la mesa. Me miró con una expresión grave—. ¿Esa mirada que le has dado? —Dijo con las cejas arqueadas. Yo asentí—. Reconocería esa mirada en cualquier parte —murmuró. Como si realmente lo supiera todo sobre estas cosas—. Es la misma forma en que ella te mira —continuó con una ceja levantada y una sonrisa en su rostro. Miré a mi chica sentada en su mesa leyendo su libro. Trataba de asimilar que la miraba de la misma forma que ella me miraba a mí—. Con amor —concluyó, recostado en su asiento y volviendo a morder la galleta.
Yo seguía mirándole pensativo mientras comía sus galletas. Preguntándome si era posible que esa emoción nueva fuera en realidad amor después de todo. La probé.
Amo a Bella.
Jazz resopló desde su asiento.
—Sí, pendejo. Es lo que acabo de decir. —Rio. Dirigí mi mirada hacia él desconcertado, ni siquiera me había dado cuenta de que había dicho las palabras en voz alta. Pero lo hice. Y no sonaba falso, o como una mentira, o incluso mal o incómodo. Era solo la jodida… verdad.
La realidad de ello me golpeó tan puñeteramente fuerte que quería reír y llorar a la vez y correr a abrazar a mi chica y besarla de nuevo. Porque realmente lo sentía. Joder, realmente amaba a Bella. Jazz me observaba, divertido cuando mi maldita cara estalló en una sonrisa. La nueva emoción finalmente tenía un nombre. Había estado mostrándole a mi chica todo mi amor los dos últimos días.
Intenté controlar la risa, para que Jazz no se burlara completamente de mi ignorancia emocional. Entonces me di cuenta de lo mejor de todo. No podía esperar a ver a mi chica para decírselo. Solo quería correr hasta allí en medio en el comedor y contárselo todo, y finalmente, ver su cara cuando me oyera. Pero, como estaba enamorado, sintiéndome malditamente cursi y sentimental con la confirmación, necesitaba que fuera algo más privado y especial. Así que me aguanté y me comí el resto de mis galletas con una sonrisa de mierda pegada en la cara. Jazz seguía riéndose de mí y moviendo la cabeza, claramente divertido por mi euforia. Pero incluso él siendo un pendejo no podía arruinar mi estado de ánimo.
Caminé a la clase de Biología diez pasos detrás de mi chica, mirando a todos los que pasaban lo suficiente cerca para tocarla. Pude sentir la sensación de tirantez y la emoción... no... el amor que sentía por ella sacudiéndome en oleadas cuando me senté a su lado.
Era una clase con película. Una película malditamente aburrida sobre algún parásito que realmente no me importa una mierda. Tan pronto como el señor Banner apagó las luces y comenzó la película, deslicé mi mano al lado de mi chica en la mesa de laboratorio, cogí la suya, llevándola por debajo de la mesa y se la acaricié con el pulgar. Casi pude sentir su sonrisa en la oscuridad cuando agarró mi mano con fuerza. Pasamos toda la hora rozándonos y acariciándonos. Hubo varias ocasiones en que casi cedí y le dije todo en ese momento. Todo lo que tenía que hacer era inclinarme sobre la mesa entre nosotros y susurrárselo en el oído. Pero me mantuve firme, pensando en que sería mejor si estábamos solos, y podía demostrárselo, ella no tendría que esconder su sonrisa, y yo podría besarla hasta dejarla sin jodido sentido después.
Cuando la película terminó, no quería soltarle la mano, pero tuve que hacerlo cuando se encendieron las luces. Los dos deslizamos las manos lejos del otro lentamente y vacilantes. Sonó la campana, recogimos nuestras cosas y se levantó para irse. Caminé diez pasos detrás de ella de nuevo, todavía mirando a cualquier hijo de puta que se le acercara, hasta que tuve que alejarme para ir a mi última clase del día.
Me pasé toda la hora imaginando distintas maneras de decírselo, quería que el momento fuera jodidamente perfecto y que finalmente llegara a ver esa mirada en su cara que me había muerto de ganas de ver desde la mañana de Navidad. Podía decírselo después de un beso, o incluso llevarla hasta el cenador para decírselo allí. El cenador parecía perfecto. Era el jodido lugar donde por primera vez se lo había mostrado, aunque no sabía en ese momento que era amor lo que sentía. Me preguntaba si los tíos le hacían un regalo o alguna mierda así a las chicas cuando les decían ese tipo de cosas por primera vez. Estaba tan malditamente perdido en el tema. Probablemente podría hacer que una chica se corriera y gritara mi nombre, de veinte formas distintas, pero cuando se trataba de decir te amo, no tenía ni puta idea.
Al final de la hora, decidí que solo era Bella. Mi chica. Probablemente no le importaría una mierda cómo se lo dijera sino que lo hiciera. Y definitivamente iba a hacerlo.
Fui el primer hijo de puta en el estacionamiento al final de la clase. Jodidamente ansioso de que el día pasara más rápido para poder hablar con mi chica. Decidido a echarle una última mirada antes de las diez, me apoyé en la puerta de mi coche y me quedé mirando la puerta del gimnasio esperando a que saliera.
Curiosamente, en lugar de que la gente saliera del gimnasio, el profesorado entraba en él. Vi al señor Banner entrar y a la señora Cope, y después la señora Presley la enfermera. Pero nadie salía. Calculando que tal vez había un partido de baloncesto más largo, me quedé en mi puerta y esperé mientras todos los demás llegaban a coger los coches para volver a casa.
Esperé hasta que el aparcamiento se quedó vacío, pero nadie salía. Fruncí el ceño y me pasé los dedos por mi cabello, preguntándome si tal vez habían salido más temprano. Eso explicaría los profesores. Y justo cuando estaba a punto de renunciar y marcharme, alguien salió. Jazz.
Estaba tan jodidamente concentrado en esperar a mi chica que ni siquiera había notado que él no estaba en el coche. Se quedó a las puertas del gimnasio pasándose los dedos por el cabello antes de encontrar mi mirada. La expresión de su rostro me impresionó. Pánico.
Me separé de la puerta del coche, cuando Jazz empezó a correr. Mientras corría hacia mí en el estacionamiento, un millón de diferentes escenarios fueron pasando por mi cabeza. Ántrax, tiroteo en la escuela, derrumbamiento del techo, aunque eso me parecía correcto...
Llegó delante de mí, se encorvó jadeando, apoyando sus manos sobre las rodillas. Me miró con una expresión desesperada.
—Es Bella —jadeó.
Mis ojos se abrieron de par en par y su pánico se convirtió en el mío.
—¿Qué? —Le pregunté frenéticamente, luchando contra la tentación de simplemente correr hacia el gimnasio para verlo yo mismo si él no hablaba más rápido.
Se quedó sin aliento y sacudió la cabeza, todavía con las manos en sus rodillas.
—Algún jodido imbécil le dio un codazo en el gimnasio por accidente mientras jugaban a baloncesto. —Se incorporó mientras yo intentaba asimilar sus palabras. Antes de que pudiera preguntarle nada más, Jasper desvió la mirada detrás de mi espalda. Lo seguí para ver el coche de Esme entrando a toda velocidad en el estacionamiento. Ni siquiera se molestó en aparcar el coche, salió disparada fuera de él y empezó a correr hacia el gimnasio, el pelo volando detrás de ella. Me volví a Jazz, con una expresión de urgencia en la cara. Joder, escúpelo todo de una vez.
Cruzó los brazos sobre el pecho, dejó escapar el aire a toda prisa y habló.
—El codazo ha sido muy fuerte, hombre. Y ella entró en una jodida crisis. No deja que nadie la toque, ni siquiera Alice. —Jadeó y tomó otra bocanada de aire—. Está sangrando y...
Ni siquiera esperé a que terminara. Volé a través del estacionamiento al gimnasio, corriendo como si mi maldita vida dependiera de ello. Y rezando para que mi chica estuviese bien. La lluvia fría me dio una bofetada en la cara cuando atravesé la hierba y el concreto. Tenía el brazo extendido hacia la puerta antes de que la hubiera alcanzado. Y tan pronto como la abrí, me sentí como si me hubieran golpeado en el pecho con un jodido martillo.
Gritos. Jodidos gritos horribles y sollozos que resonaban en todo el gimnasio. Y reconocería esos sollozos y los gritos de mierda en cualquier lugar. Mi chica.
Cuando entré en el gimnasio, lo vi. Una maldita multitud de gente en el centro del suelo del gimnasio. Algunos eran estudiantes, todavía vestidos con sus uniformes de gimnasia, y algunos profesores histéricos con los sonidos de la agonía de Bella y sus gritos y sollozos. Todos estaban agolpados alrededor de ella.
Me estremecí y temblé con cada sonido, avancé por el suelo del gimnasio, a punto de resbalar cuando mis botas entraron en contacto con la madera húmeda y brillante. Pero no paré para la mierda, seguí caminando hasta llegar a la multitud. No podía ver más allá de ellos. Así que empecé a empujar a todos fuera de mi camino furioso, desesperado por verla. La señora Cope me agarró la chaqueta de cuero al pasar delante de ella, gritándome, pero no escuchaba nada más que esos gritos que me helaban la sangre, así que la empujé hacia un lado enfadado. Podía notar en su voz que llevaba gritando mucho rato. Me preguntaba cuánto tiempo hacia que toda esta mierda había empezado cuando aparté a Stanley a un lado con más fuerza de la estrictamente necesaria para hacerlo. Y con un último empujón al señor Berty, finalmente pude verla.
La vista casi me hizo caer de rodillas. Estaba tirada en el suelo de madera en posición fetal, con las rodillas dobladas y apoyadas en la frente, todavía con su uniforme de gimnasia puesto y su sudadera. Estaba puñeteramente temblando y estremeciéndose y sacudiéndose espasmódicamente y haciendo vibrar toda la habitación con los roncos gritos que se escapaban de su pecho. Esto no era una de sus crisis emocionales aleatorias. Esto era jodidamente caótico y violento, estaba totalmente fuera de sí.
Esme estaba de pie sobre ella con la expresión más conmovedora e impotente en su cara manchada de lágrimas. Llevó a una mano temblorosa hacia abajo para acariciar su cabeza envuelta en la capucha. No debería haberlo hecho. Hizo que los gritos y los temblores y los sollozos fueran peores. Esme quitó la mano y la mirada de desesperanza creció en su rostro aterrado. Metió la mano en su bolso buscando algo y sacó un teléfono móvil. Se puso a hablar con alguien. Pero yo no podía oír una mierda a mí alrededor, excepto a mi chica y toda su miseria y agonía. La pobre Brandon estaba inclinada a su lado, llorando junto a ella, y luciendo tan desesperada como su madre. Jazz salió de entre la multitud y se acercó a ella.
Pero mi atención estaba en la silueta temblorosa frente a mí. Y aún más importante, en la sangre oscura que cubría el suelo de madera alrededor de su cabeza. Estaba buscando desesperadamente donde tenía la hemorragia, pero la cara estaba cubierta por su cabello, y su cabeza estaba tapada por la jodida capucha.
Empecé a respirar profundamente, tratando de pensar con claridad entre los gritos que me estaban haciendo encogerme y temblar a mí también. Casi me hicieron sollozar mientras me agarraba mi puto cabello y apretaba los ojos cerrados. Sabía lo que tenía que hacer para el coño. No permitía a su tía o su prima tocarla. Pero estaba seguro que yo podría hacerlo. A la mierda los secretos. Habría dado mi maldita vida en ese momento para sacarla de la pesadilla que la consumía.
Abrí los ojos y miré a Jazz, que estaba mirando hacia mí con una cara que decía que lo sabía, que sabía lo que iba a hacer. Cogió a Brandon y la sostuvo contra su pecho, apartándola de Bella. Por una vez estuve puñeteramente agradecido de que lo supiera todo. Porque iba a encontrarme con mucha más resistencia.
Con un suspiro de determinación, comencé a abrirme paso hacia el centro del círculo. A medida que avanzaba, el Señor Berty me agarró por la parte posterior de mi cazadora y tiró de ella hacia atrás. Le aparté de mí jodidamente cabreado. Nadie iba a impedir que llegase hasta mi chica. Me abrí paso mientras la multitud empezaba a gritar que me detuviera. No les hice ni caso. Ninguno de ellos me importaba una puta mierda. Comencé a avanzar con más cautela a medida que me acercaba a ella, preocupado por si Alice se abalanzaba sobre mí. Lancé otra mirada a Jazz, quien mantenía la cara de Alice contra su pecho. Joder, gracias a Dios.
Sin embargo, muy a mi pesar, no estaba preparado para Esme. Estaba de pie junto a Bella con el teléfono pegado a la oreja, mirándome y gritando algo que yo no escuchaba para la mierda. Me acerqué un poco más a mi chica y todos sus jodidos gritos, la sangre y los sollozos me estaban desgarrando por dentro. Cuando me acerqué un poco más a su tembloroso y encogido cuerpo, Esme adoptó una postura protectora sobre Bella, colocándose frente ella con su cabello color caramelo cayéndole por los hombros, vestida con su traje claro. Alcé mi mirada para encontrarme con la suya.
Y ella estaba jodidamente hermosa.
Un brillante infierno iluminando sus ojos transformándola en un glorioso ángel de furia. Una madre protegiendo a su cría. El crudo instinto maternal y la ira contra todo aquel que quisiese dañar a sus hijos, la hizo parecer majestuosa, de manera tal, que demandaba una absoluta aceptación. Verla en toda su magnificencia hizo que me faltara el aire. Así es como se ve una verdadera madre.
Estaba asustado. Y estaba sobrecogido por ella y por todo su esplendor según se alzaba radiantemente sobre mi chica. Pero, maldita sea, yo también la amaba. Así que proseguí. Nada iba a detenerme. Ni siquiera Esme y toda su gloria maternal. Cuanto más me acercaba, más furiosa y gloriosa se tornaba mientras me sostenía la mirada. Y la intensificación de su furia y de su belleza, me hacían querer adorarla aún más con cada paso que daba.
Afortunadamente, cuanto más me acercaba a mi chica, más podía ella sentirme. Se calmó mínimamente por mi proximidad. No todo el mundo podía apreciar el cambio en el tono de sus gritos. Pero yo sí podía. Y también Esme. Su vínculo maternal la conectaba con Bella de igual modo que lo estaba yo. El brillante infierno permaneció en su mirada mientras que yo me agachaba, sin apartar mis ojos de los suyos.
Bella volvió a calmarse un poco más cuando estaba a tan solo tres metros de distancia de su tembloroso cuerpo. Esme lo notó de nuevo, pero se resistió a moverse de su posición protectora sobre su cría. Así que seguí adelante, posando las palmas de mis manos en el suelo y gateando lentamente hasta mi chica. En ningún momento aparté mi mirada de Esme. Estaba tan jodidamente cautivado por su postura desafiante, que casi hizo que me echara atrás.
Pero tenía que demostrarle por qué estaba haciendo esto. Hacerla ver de una jodida vez que yo era la solución. Estaba intentando demostrarle con mis ojos que yo podía manejar esta mierda.
Alcé una mano y la estiré hacia la pierna de Bella. Llevaba puestos unos pantalones cortos de gimnasia y yo necesitaba el contacto con su piel para conseguir el efecto más rápido posible para que Esme no me matase antes de poder tener una oportunidad. Los ojos de Esme se tornaron aún más furiosos con mis movimientos. Sabía que tenía que hacerlo con rapidez para que funcionase. Así que, joder, me abalancé sobre mi chica y agarré con fuerza su pierna con ambas manos.
Esme hizo el amago de apartarme de ella agarrando mi cazadora de cuero, pero se detuvo de inmediato cuando Bella comenzó a calmarse. Con mis manos temblorosas, froté su pierna para calmarla, acercándome a pesar de que Esme me tenía sujeto. La sangre formaba un charco alrededor de su rostro y de su cabello, pero no podía ver su cara. Seguía temblando y sollozando sonoramente, aunque mi roce había calmado todo significativamente. Finalmente, Esme soltó mi cazadora, haciendo que casi cayera sobre mi chica mientras me ponía de cuclillas sobre ella.
Una vez que recuperé el equilibrio, me apoyé en mis talones y coloqué los brazos bajo su cuerpo para alzarla y colocarla en mi regazo. Cuando tuve todo su peso en mis brazos, doblé las piernas al estilo indio frente a mí y la deposité en mis piernas. Ella seguía llorando y temblando, pero yo sabía que Bella podría superar esta crisis nerviosa. Así que me concentré en el aspecto más urgente por lo que comencé a apartarle el pelo de la cara con una mano, mientras que con la otra mecía la parte trasera de su cabeza. Estaba húmeda del jodido sudor, de las lágrimas y de la sangre. Una vez que aparté todo su pelo de la cara, pude verlo. Su ojo estaba hinchado y amoratado. Y toda la sangre emanaba de su nariz, que probablemente estaba rota. No me importaba una mierda si había sido un accidente. Quería encontrar al cabrón responsable y estampar su jodida cabeza contra el suelo del gimnasio.
Acaricié con delicadeza sus mejillas, esperando a que abriese los ojos, ya que los tenía completamente cerrados. Se calmó aún más con mi... amorosa... caricia, y finalmente abrió los ojos. Estaban nublados por las lágrimas mientras que su mandíbula temblaba con los sollozos, pero pudo verme. Así que la miré a los ojos con todo el puñetero amor que podía sentir por ella, deseando calmarla aún más. Y joder, lo hizo. Y como no conocía muchas formas de expresar ese amor que sentía, me incliné y suavemente besé su frente sudorosa con mis labios.
Dejó escapar una profunda respiración, aún débil porque le faltaba el jodido aire, pero era capaz de respirar pese a todo. Me miró a los ojos mientras me sentaba de nuevo y acariciaba su mejilla. Pude ver cómo salía de ese estado más y más con cada segundo que yo la abrazaba y la acariciaba y le mostraba por fin todo mi amor. No sabía lo que estaba pasando a mi alrededor, o quién coño estaba cerca, porque mantuve mi vista fija en sus ojos, forzándola a regresar a mí y a alejarse de sus flashes, sus visiones y de sus terribles putos recuerdos.
Minutos más tarde lo hizo. Alzó los brazos con dificultad y rodeó mi cuello, elevando su cuerpo y abrazándose a mi cuello con toda la fuerza que le quedaba. Que no era mucha. Seguía jadeando mientras descansaba con cuidado su mejilla en mi hombro. Acaricié su espalda de arriba a abajo despacio y aliviándola, meciéndola levemente de atrás a delante, tal y como lo hice la última vez que experimentó una cosa de estas. Pareció relajarse un poco más, hasta que por fin, se quedó condenadamente inerte en mis brazos.
Sujeté su cintura con fuerza y la levanté conmigo del maldito suelo del gimnasio. Ella pendía de mí, demasiado cansada como para agarrarse. Así que la sujeté con fuerza y me giré.
Todo el maldito mundo que estaba en el gimnasio me estaba mirando como si acabase de sacrificar a una virgen o alguna mierda parecida. Todos salvo cuatro personas. Esme y Brandon parecían aliviadas, atemorizadas y algo confusas. Jasper sonreía confiado, de pie al lado de Brandon. Siempre lo sabía jodidamente todo. Pendejo.
Me sorprendí al ver a Daddy C. al margen de la multitud junto a Esme. Fue entonces cuando me di cuenta de que ella le había llamado. Él era con quien estaba hablando por teléfono. Me alegré porque mi chica definitivamente iba a necesitar algún tipo de atención médica. Carlisle parecía un poco confuso y aliviado al mismo tiempo. Pero había otra emoción en sus ojos que estuvo a punto de hacer que quisiera sonreír a pesar de lo jodido de la situación. Orgullo.
Muchas gracias por los reviews y alertas. Creo que me quedaron unos cinco reviews por contestar, me disculpo por ellos, los leí e iba a dar el preview, pero decidí mejor subir el capítulo.
Muchas gracias a Ioreth y Lucía por traducir este capítulo.
Este capítulo… Dios santo! A que están a punto de saltar en su asiento.
Cuando yo lo leí… ¡Cuando yo lo leí! Recuerdo la emoción, el horror, la fascinación, el asombro, el amor… cuando él se da cuenta que la ama! Ame a Jasper allí, tan sabelotodo hermoso! y Después! La escena cuando Esme se interpone y él sujeta a Bella… ¡Dios bendito, ya todos lo saben! ¡Ahhh cómo me emocionó este capítulo chicas! ¡Lo adoré! Yo creo que ustedes también deben de amarlo. Sé por un hecho que Ioreth lo amó, jejeje.
Awww, El siguiente es la segunda parte, como tiene cosas nuevas no coloqué tres esta semana, solo son primera y segunda parte porque todo ocurre el mismo día.
Nos leemos en el siguiente (El Viernes). Si les gustó o no, dejen reviews. El adelanto lo enviaré en los reply de reviews.
