El sol caía lentamente en el horizonte, dibujando suaves líneas de luz naranja y rojiza en el cielo, dando una sensación más cálida, idónea para afrontar la brisa gélida del bosque. Sus pasos eran cansinos y sentía como el peso de la batalla se mantenía en su cuerpo como lastre, robando su energía, provocándole unos enormes deseos por dejarse caer en una cama lo más pronto posible.

Percibió sin dificultad el sutil chakra de los jutsus que envolvían el perímetro de la base, sus cuerpos atravesaron aquella barrera invisible sin problemas, haciéndolos sentir un aire más ligero del otro lado. Continuaron por un tramo más de bosque, hasta que poco a poco el panorama resguardado por tupidas arboleadas fue despejándose, dejando entrever finalmente la base de Akatsuki.

Sakura se sintió completamente asombrada por la emoción y tranquilidad que la embargó cuando puso un pie en la edificación, su cuerpo le decía con un alivio inesperado y sincero, que había llegado a casa.

Tras adentrarse unos pasos más en el primer salón, se encontraron con la imponente e inalterable presencia de Pein. Los examino a los tres ninjas por unos silenciosos instantes, y una fría sonrisa curvo sus labios al detener sus ojos en Sakura.

-Me han reportado que no solo cumpliste con tu misión satisfactoriamente, sino que también lograste limpiar la escena de testigos.- Dijo el líder con un tono sinceramente satisfecho.

La pelirrosa miro a Konan una fracción de segundo por el robadillo del ojo, antes de asentir a Pein, siguiéndole el hilo de la historia. Lo que sea que la mujer de cabello azul le haya dicho, debía ser beneficioso para ella.

-La ceremonia se celebrara dentro de dos horas.- Se dirigió a Konan.- Asegúrense de tener todo preparado, y escóltala a la sala de reunión.-

-Si Pein.- asintió la mujer con una leve reverencia de cabeza.

El hombre de cabello naranja los examino rápidamente con la mirada una vez más antes de darse la vuelta y marcharse del sitio. Los tres permanecieron en silencio durante un rato, hasta que finalmente Kisame carraspeo.

-Las veré luego, tengo algunas cosas que hacer…- Y sin esperar respuesta se largo por el mismo camino que lo había hecho su líder.

Konan soltó un largo suspiro cansado, y Sakura la observó curiosa. Su rostro se mostraba pensativo y agotado, mientras observaba como el shinobi de tez azul desaparecía frente a sus ojos. Algo extraño pasaba por la mente de Kisame y la Akatsuki parecía sospechar la razón. La pelirrosa no comprendía el cambio repentino en la actitud de ambos, pero con sus propios cambios teniendo lugar dentro de su mente, honestamente no le daba mucha importancia.

-Bien Sakura, creo que es hora de que tomes una ducha y descanses un poco.- Le dijo su superior, manejando dibujar una de esas cálidas sonrisas despreocupadas que lucían sus labios siempre al hablarle.

-¿Qué me dices de ti? Caminamos el mismo tramo, si no estás exhausta, al menos es normal que te encuentres algo cansada.- Respondió la pelirrosa con educación.

-¡Tonterías! Ya estoy acostumbrada a misiones incluso mucho más largas y apresuradas. Además, aun tengo muchas cosas por hacer.- La mujer se apresuro a añadir antes de que Sakura pudiera replicar.- COSAS en las que no puedes ayudarme.-

La Haruno sentía un alegato bailoteando ávidamente en la punta de su lengua, pero decidió tragarse sus palabras y asentir, la verdad era, que no sentía realmente ánimos de ayudar. Al final le siguió el juego a Konan, y se dirigió a la habitación de esta, como ella le indico después, para tomar algo de ropa y ducharse.

Sabía que tenía que regresar al cuarto de Itachi para recuperar unos medicamentos que había utilizado en el pelinegro, necesitaba curar sus nuevas heridas y dar un toque de cuidado a las viejas de la batalla de Sasori. Sin embargo, postergo este paso. La idea de regresar a esa habitación vacía le causaba un nudo incomodo en el vientre. Además, la habitación del Akatsuki fallecido se encontraba en el mismo pasillo, y aquello no le resultaba más reconfortante.

Al adentrarse en la recamara de la peliazul, tuvo una extraña sensación de déja vù. Era extraño, la última vez que puso un pie en ese lugar se sentía confundida y se enfrasco en una discusión exhaustiva con Konan. Una sonrisa de medio lado se dibujo en su rostro al darse cuenta de la larga etapa que se desarrollo en esa relación creada entre ambas. Resultaba hilarante aceptar el hecho de que no solo era parte de Akatsuki, sino que además contaba una buena amiga dentro de aquellas paredes.

Cogió unas prendas limpias de la cajonera del fondo a la izquierda donde en tantas ocasiones Konan manejaba encontrar algo de su talla. Sakura se dio cuenta que lo único que quedaba en ellas era un pantalón a la rodilla negro y una blusa de red de manga larga. La chica suspiro resignada y agarro la ropa para después adentrarse al cuarto de baño.

No quiso mirarse en el espejo, no tenía idea de cómo había amanecido el aspecto de sus golpes, y tampoco deseaba averiguarlo. Se metió en la ducha helada, pues no tenía intención de durar mucho tiempo de pie o sentada en el agua, solo le apetecía recostarse finalmente en una cama.

Al vestirse, comprobó que en efecto, el pantalón le quedaba sumamente ajustado, y el sujetador negro de encaje (la única prenda que pertenecía a Sakura y se encontraba limpia), se veía fácilmente a través de la blusa interior de red que le quedaba algo holgada.

"¡Ya que más da! Me han visto en cosas igual, o incluso más reveladoras" Pensó con pereza antes de echarse finalmente en el mullido colchón de la cama de Konan.

Cerro lo ojos y se dejo llevar a la inconsciencia.

-Sakura, despierta.- La llamó una suave voz, mientras sentía como sacudían con cuidado su hombro.

La chica gimió perezosamente y se giro en dirección contraria de su visitante. No inmuto su sueño en absoluto.

-Vamos Sakura, despierta.- Siguió la voz con más insistencia.

La chica terminó cediendo, y abrió los ojos con lentitud, se giro hacia quien la llamaba. Sin embargo, no pudo evitar dar una exclamación de sorpresa al ver a Deidara de pie frente a su mirada, a un costado de la cama.

-¿Qué estás haciendo aquí?- Preguntó a la defensiva la chica, sentándose con rapidez en el colchón.

Deidara iba responder, pero se quedo callado viendo más abajo del rostro de la chica. Sakura siguió su mirada y notó el encaje negro reclamando atención con tenacidad a través de la transparencia de la blusa. La joven se llevo las manos al pecho y se abrazo el torso, no se avergonzaba, pero no le agrada la idea de repetir el encuentro que habían tenido en otra ocasión en esa misma habitación.

-¿¡Que haces aquí!- Volvió a exclamar, ahora notoriamente más molesta.

Deidara se sonrojo un poco ante la sorpresa que lo aguardaba inintencionadamente, pero aclaro su garganta dramáticamente, intentando disimular sus emociones.

-Vengo para llevarte a la iniciación.- Le dijo, evitando encontrarse con su mirada.

La pelirrosa lo observo con el ceño fruncido, al parecer había dormido más de la cuenta. Sentía una ligera jaqueca por el levantamiento repentino y seguía estando agotada. Eso unido al hecho de que odiaba ser despertada, y peor aún, despertada en aquellas circunstancias, no aligeraba su humor.

-Se suponía que Konan debía escoltarme….- Comenzó a alegar la chica pasándose una mano por el cabello, utilizando un tono prepotente.

Sakura de repente se congeló por unos segundos. ¿Qué clase de actitud era esa? Se quedo observando su mano unos instantes, hasta que la respuesta de Deidara lleno sus oídos, haciéndola sentir algo culpable.

-La verdad es que yo le pedí que me dejara escoltarte. Quería asegurarme de cómo te encontrabas antes de este evento.- Deidara le dedico una sonrisa condescendiente y honesta.

La chica lo observó y suspiro cansada. Era verdad, no solo Itachi y Konan se preocupaban por ella, ya en varias ocasiones el rubio había demostrado tener una clase de complicidad incondicional, que lindaba con una protección que ella no acababa por comprender. Sakura sabía que él había entrado en Akatsuki a la fuerza, igual que ella, y por lo tanto, era natural que él mismo fuera quien le ofreciera algo de apoyo en esta situación.

Pero más allá de remordimiento, un hastió desbordante era lo que la invadía. A decir verdad, solo quería acabar con todo ese teatro de una buena vez por todas.

-Estoy bien Deidara, gracias.- Le respondió con una voz más suavizada, y manejando finalmente una sonrisa pacifica.

El semblante de Deidara se animo al instante, en cuanto obtuvo una reacción positiva de la joven.

-De acuerdo. Si deseas, ve y lávate la cara para despertar completamente, mientras yo recojo algo en mi habitación.- Su sugerencia distaba mucho de un tono autoritario.

Sakura asintió educadamente, pero no pudo enarcar unas cejas sin comprender, mientras lo observaba abandonar la habitación a paso veloz. Obedeció con desgana sus indicaciones, y se lavo el rostro en el agua fría del lavamanos. La verdad era que si la ayudo a recobrar su energía y a avivarla un poco.

Sakura salió del cuarto de baño en el momento justo en que un apurado Deidara entraba a la habitación. Le extendió una prenda de color gris oscuro, mientras le sonreía.

-Puedes ponerte esto, la sala de reunión es algo fría en esta época del año, así que te sentara bien.-

La Kunoichi cogió la prenda y la extendió frente a ella. Era un suéter holgado. Sonrió de medio lado y le dio las gracias al rubio mientras se sacaba la blusa de red y colocaba la nueva adquisición. La ropa le quedaba larga del talle, de las mangas y el cuello, el cual le resbala por debajo de uno de los hombros, pero se sentía infinitamente más cómoda en aquel enorme suéter.

Nunca había notado que Deidara, a pesar de ser el Akatsuki más cercano a su edad, era mucho más alto que ella, y al parecer más fornido de lo que su ropa mostraba. Debía admitir que se sorprendió ante la enorme diferencia entre sus tallas.

-Bien, entonces si ya estas lista, andando.- Le indico el shinobi sonriendo animado.

Salieron de la habitación y caminaron por los largos y laberinticos pasillos de la base. Ahora Sakura ponía atención en cada paso que daba; consideraba que si aquel era su nuevo hogar, necesitaba aprender un plano mental de la base, era demasiado patético perderse o pedir indicaciones después de tanto tiempo.

Después de unos minutos pararon ante la enorme puerta doble de roble que la había intimidado tanto la primera vez que la atravesó. Recordaba aun el nudo en su garganta ante la incertidumbre de lo que pasaría, y como su aliento se volvió pesado en su estomago al escuchar la propuesta de Pein para unirse a Akatsuki.

A decir verdad, la situación no era tan distinta, aun un nervio sutil recorría su cuerpo, algo de ansiedad ante lo que sería el final de un tomo de su vida. Pero al mismo tiempo, esa ansia tenía un deje de emoción, un pulso intenso palpitaba en sus venas al pasar por debajo de aquel umbral custodiado por indescifrables códigos grabados en madera antigua, todo un deja vu, un bosquejo de un sueño lejano.

A diferencia de la primera ocasión, no se adentraron más allá de la caverna oscura. La sala a la que llevaba la puerta de cristal opaco se encontraba cerrada. Sakura sintió como la serie de ojos de Akatsuki la observaban con atención, mientras sostenían antorchas en sus manos. Todos rodeaban una pequeña mesa circular de madera que no llegaría a una mayor altura que su cadera, y un cofre ornamentado en plata se cernía en el centro del mueble.

Pein quedaba justo al otro lado del cuarto, con su imagen seria y llena de poder ante las llamas que le rodeaban. La mirada plateada del rinnegan la observaba en silenciosa orden, dejando claro que se acercara. Más no se atrevió a moverse de su sitio hasta que Deidara la dejara y se colocara en su respectiva posición.

El crujir del fuego fue el único sonido que inundaba la caverna.

La chica observo como la luz anaranjada alargaba la sombra a espaldas de sus compañeros, otorgándoles una imagen tétrica, aquello parecía un aquelarre. Aunque después de considerarlo, tal vez eso era después de todo: un grupo de muertos que se movían sigilosos entre los vivos, pero sin derecho a la vida propia. Y ahora ella entregaba su alma para formar parte de sus filas.

Este pensamiento dibujo, sin que lo notara, una sonrisa irónica en su rostro. Finalmente aceptaba lo que venía, mientras daba los pasos que la colocaron al margen de la mesa. Al detenerse, la voz de Pein automáticamente lleno sus oídos.

-Esta noche, esta organización llevara a cabo una ceremonia sin precedente alguno, pues hasta hoy, ninguna prueba de rigor se había establecido de manera tan solemne como en esta ocasión.-

Todos permanecían en silencio, observando al líder, expectantes.

-Haruno Sakura, Kunoichi proveniente de la hoja, estas personas han sido testigos de tu potencial como miembro útil en esta organización, afrontando con éxito no solo una, sino las dos pruebas asignadas en los pasados días, en el tiempo requerido, y con mejores resultados de lo esperado. Primero: asesinando al shinobi Akasuna no Sasori con técnicas que demostraron tus habilidades medicas; segunda: asesinando a un escuadrón completo de Konoha, con dos testigos de esta organización como avales de tu veracidad.-

Sakura no pudo evitar lanzar una mirada furtiva hacia Konan y Kisame, que se encontraba cada uno al costado de Pein.

-Konan.- Murmuro Pein a su segunda al mando.

Konan asintió y se apresuro con movimientos solemnes y gráciles a abrir el cofre que se encontraba entre Pein y la pelirrosa. Al abrirlo, Sakura contuvo el aliento: dentro se encontraban los objetos capaces de hacerle recobrar el pesado nudo de inquietudes en el vientre.

Pein tomo el primer objeto y con un gesto, le ordeno a Sakura que extendiera su mano.

-Gyokunyo "La virgen"- Indico el líder, mientras deslizaba el anillo morado por el pulgar izquierdo de Sakura.- Este anillo representa el lugar que has abierto en Akatsuki, y tu pertenencia en este mientras seas su portadora.-

Sakura observo su mano, el morado y la plata acentuaban la palidez de su piel. El anillo era grueso, pero no muy pesado, y había sido claramente ajustado para ella. Sin embargo la Kunoichi lo percibía enorme, casi insoportable: era el recuerdo del peso de una vida haciendo eco en sus delgados dedos.

-El siguiente es estigma de tu pasado. Representa lo que has dejado atrás y la lealtad a la que has renunciado para ser completamente fiel a los estándares y objetivos de Akatsuki.-.

La chica observo como Pein sacaba del cofre, un kunai y su banda protectora con el sello de Konoha. Un nudo en la garganta se le formo cuando el líder se los extendió.

-Haz los honores.-Fue su orden.

Las manos de Sakura se mantuvieron firmes en todo momento, desde que tomo los objetos, hasta el mismo instante que con su fuerza extraordinaria, logro realizar aquel profundo y limpio corte en la insignia de metal. Al ver su imagen taconeada, un pensamiento le vino a la mente:

Ahora su protector era igual al de Itachi.

Miro a su alrededor por un instante y sus dedos se cerraron con tensión al percatarse por fin de lo que no había contemplado.

Después de todo, el Uchiha no había llegado, y extrañamente no supo cómo reaccionar ante la situación. Como leyendo su comprensión, el poseedor del rinnegan continuo.

-Ahora, lo último que queda es asignarte un compañero. Uchiha Itachi había solicitado serlo, pero las reglas declaran firmemente que él tiene que estar presente en la ceremonia para acceder a tal petición. Como eso no ha sucedido, tu compañero será aquel que formaba parte del equipo de Sasori.-

Pein hecho un rápido vistazo a Deidara, quien con gesto serio asintió obediente.

-Escuchen bien todos, desde el día de hoy, Haruno Sakura es una igual y forma parte de Akatsuki.-

Un asentimiento general lleno los oídos de Sakura, y ella asintió con humildad. Pein respondió el gesto con soberbia, y salió de la habitación seguido por Konan.

Uno a uno, los miembros fueron estrechándole la mano como signo de bienvenida, al tiempo que abandonaban el sitio. Un largo intercambio de miradas se dio entre ella y Hidan, y su sonrisa socarrona le presumía de algo de lo que ella no tenía idea. El ultimo en retirarse fue Deidara, que le dedico una humilde sonrisa y un asentimiento, antes de llevarse el ultimo atisbo de luz consigo.

Sin las antorchas alumbrando la caverna, la chica se quedo en silencio, devorada en soledad por las tinieblas de la base. Sentía que su alma ya había sido vendida al diablo, y aquel vestigio de su ser permanecería adentrándose cada vez más en aquellos gélidos antros de la tierra.

No tenía idea de cuánto tiempo habría pasado, pero se percato de la calidez de la sangre resbalándole entre los dedos de su mano derecha. En esa mano descansaban su protector y el Kunai que Pein le había proporcionado, y la presión de su toque había ocasionado un profundo corte en su palma.

Arrojo el Kunai al suelo y salió de aquel sitio. Ni siquiera se molesto en echarle un vistazo a la herida. Un entumecimiento la poseía de pies a cabeza. Se sentía lejana del dolor, de la tristeza o de la dicha. Era algo diferente a cuando asesino a Sasori, ninguna culpa la atormentaba, al contrario, ese sentimiento de desapego que la inundo cuando acabo con la vida de Ibiki Morino era nada a comparación del presente.

Mientras andaba por los desiertos pasillos, se ató su protector a la muñeca izquierda. El peso de su brazo se sintió el doble de imponente ahora.

Nubarrones de pensamientos bloqueaban sus acciones mientras se movía. A cada paso que andaba, un viejo recuerdo, una antigua sonrisa de su hogar se borraba por completo de su memoria, una limpia espiritual, como si esa vida pasada en la hoja jamás hubiera ocurrido. Ni sus maestros, ni Naruto, Ni Sasuke habían existido nunca, eran una ficción destinada al olvido.

No se sorprendió al encontrarse a sí misma de pie ante la puerta del cuarto de Itachi. Su mano sangrante mancho el picaporte al abrirse paso hacia la recamara. Una vez adentro, la silueta de un hombre se presento de frente a su mirada, inmóvil e irreconocible. Por un segundo, no sabía de quien se trataba.

Luego un cosquilleo invadió sus extremidades, y sutilmente, aquellas sombras en su mente se fueron despejando poco a poco. De nuevo era consciente de sus movimientos, y la identidad de aquellos ojos negros dejo de ser un misterio.

Podía percibir el lamento de su mirada, la pena, la angustia de saber que le había fallado. Sin embargo nada de eso le importo; sin siquiera dejar pasar un segundo, la chica camino a paso apresurado hasta el otro lado de la habitación y dio una fuerte bofetada a aquel intruso.

La sangre escarlata de Sakura manchaba la piel morena de su rostro, y la imagen letal de su aura se hacía más amenazante. Siempre el color rojo en él representaba alguna clase de amenaza, aun cuando él no tuviera esa intención. Su rostro regreso a la posición original, observándola penetrante, su semblante no se inmuto ni un ápice. Al final aquel gesto no importaba, ya estaba acostumbrado: él era rojo, él era traición, él era sangre.

-Lo siento.- Murmuro con su voz distante, que la intrigaba y cautivaba en cada ocasión.

-No estuviste ahí.- Respondió Sakura con sequedad.

Y ambos sabían que no hablaba solo de la ceremonia. La había dejado por su cuenta con Sasori, la había dejado luchar por su vida sola, la había abandonado sin brindarle el conocimiento de que su vida podría correr un nuevo peligro en la misión de Morino.

La confianza que con tanto esmero había cultivado en ella fue traicionada.

-Me era imposible…- Comenzó de nuevo con su voz neutral, pero detuvo su discurso al parar un nuevo golpe que se acercaba a su rostro.

Al instante, la otra mano de Sakura voló como puño hacia él, pero el ninja la paro sin esfuerzo. La chica no intento forcejear, solo se quedo observando, un abrazante fuego de traición y furia refulgiendo en el jade de sus pupilas.

El shinobi soltó una de sus muñecas y observo el cuello de la chica. Sus dedos pasearon dudosos por los hematomas a su alrededor. Ella sintió un escalofrió involuntario al sentir el toque de su piel. Él en cambio despertó un enojo en sus orbes azabaches.

-¿Qué sucedió?- Pregunto él.

Sakura se soltó de su agarre y lo empujo lejos.

-¿Tantas ganas tienes de saberlo?- Le soltó con sarcasmo.

Sin pensarlo dos veces, controlada por su furia, se arranco el suéter gris del cuerpo, y el resto de su ropa a igual velocidad. Itachi se tenso ante la imagen de su piel blanca inundada en aquellas moradas marcas de cadenas, aquellas cicatrices de cortes mal tratados y raspones.

-¿Deseas verlo más de cerca?- Le incito con voz déspota la chica, acercándose a él hasta pegar su cuerpo completamente al del hombre. El aliento de Itachi comenzó a hacerse pesado en su pecho, no sabía cómo reaccionar ante los movimientos suntuosos de la iracunda joven.

Ella lo empujo hacia la cama que se encontraba a espaldas del hombre, quien cayó con facilidad en las mullidas sabanas, vulnerable ante la situación, observando como una Sakura desconocida para él, fría y seductora, comenzaba a arrancarse el resto de las prendas.

-¿Qué estás haciendo?- Pregunto con su respiración acelerada, mientras sentía el peso de ella colocándose sobre su cadera.

-Sabes algo Itachi, puedes irte y volver cuando quieras sin explicaciones ni promesas, yo nunca te las pedí en primer lugar.- Sakura le hablaba con voz aterciopelada y viperina.- Pero te diré que me gusta serme fiel a mí misma, y mientras estés aquí, cumpliré una promesa que me hice antes de que desaparecieras.-

El pulso del Uchiha se acelero, y un estremecimiento recorrió su cuerpo al sentir la lengua de Sakura acariciando con su húmeda calidez la piel descubierta de su cuello.

-¿Qué vendría siendo eso?- Cuestiono con voz entrecortada en deseo.

La chica lo miro por un instante y una sonrisa de medio lado socarrona se le dibujo en los carnosos labios, al tiempo que lo tomaba del cuello de su camisa y la rompía con sus manos, dejando su pecho al descubierto.

Acaricio su abdomen con las manos, antes de dejar caer su cuerpo con suavidad tentadora sobre él. Sakura podía sentir como los músculos del hombre bajo ella se tensaban. Acerco sus labios al oído de Itachi y susurro seductora:

-Jure que si sobrevivía a la prueba de Sasori, no te dejaría abandonar esta cama por los próximos tres días.- Su mano derecha comenzó a recorrer su cuerpo hasta llegar a adentrarse como reptil dentro del pantalón del ninja. Itachi solto un gemido ronco al sentir como la chica lo acariciaba provocadora en su miembro.

-Y como fueron dos pruebas en vez de una…- continuo.- Serás mío por lo menos el doble de eso.-

Sakura lo acaricio con más fuerza, y el instinto animal de Itachi afloro al instante. El joven la tomo de la cintura y la volteo en la cama, dejándola ahora entre él y el colchón. Itachi comenzó a devorar con un hambre voraz la piel de la joven, probando cada rincón de su piel, de sus senos, su cuello, sus muslos, mordiéndola y besándola con desespero.

Bajo hasta la intimidad de la joven, y comenzó a probar con su lengua cada rincón de su parte erógena. El aroma, el sabor, todo en ello hacia crecer con exigencia la excitación en su vientre.

-Ahh.- Gimió con su voz rasposa la chica, sintiendo como aquella lengua húmeda lubricaba sus paredes.

-Eres tan deliciosa, eres una droga.- Le dijo él, estremeciéndola con el roce de su aliento sobre la suave piel de sus labios.

Al igual que la pelirrosa, el Uchiha se deshizo de su ropa en segundos, y sin pensarlo dos veces, separo su rostro de ella, abrió los muslo de Sakura, y se adentro con una potente estocada en su cavidad.

La chica gimió de deseo, y se apretó de su cuello con fuerza mientras él la sacudía sin piedad, en un compas frenético y salvaje. Sakura podía sentir como su temperatura ardía bajo la piel, y al instante el sudor de ambos los bañaba, mojando las sabanas de seda negra de la cama del Uchiha.

-ITACHI…- gritaba una y otra vez la joven con voz entrecortada, dejándose llevar por las duras estocadas crudas del hombre.

El no podía dejarla. Itachi la deseaba. La deseaba más que cualquier otra cosa. No le interesaba la humillación de la bofetada, o la incertidumbre que le causo el chico Uzumaki, al final del día él solo quería poseerla, comprobar que era suya.

Escuchar sus seductores labios gritando su nombre con lujuria en su oído, sentir las uñas enterradas en la carne de su espalda mientras su acalorada piel tersa hacia lo imposible por pegarse más a él. La locura lo invadía cada vez que sentía el estrecho y ardiente interior de la Kunoichi, y en cuanto se abría paso en ella, ya nada más importaba.

-¡AAAH ITACHI AGH!- La chica gemía y se contorsionaba bajo él, mientras el Akatsuki sentía como se iba humedeciendo más y más en olas de placer internas.

-¡SAKURA! ¡AGH!- No podía contenerse más.

Finalmente, el frenesí dio paso al clímax, y mientras Sakura estrechaba sus suaves muros en éxtasis, el término en ella. El ninja se quedo ahí encima, recostando su mejilla sobre el vientre plano de su chica, sintiendo como su respiración volvía poco a poco a la calma, igual que la suya.

-Lo hice.- Se escucho con suavidad después de unos minutos.

Itachi alzo su cabeza de la piel de la Haruno, y coloco su rostro a la altura del de ella. Sus brazos balanceando su cuerpo para no aplastarla.

-Sabia que lo harías.- Le dijo él, sonriéndole con ese gesto simpático que solo ella conocía.

Una de las manos de Itachi acaricio sus rosados cabellos, y la tomo del mentón para besarla, pero a medio camino ella lo detuvo.

-Ni siquiera hemos empezado.- Le dijo ella con una mirada picara en su rostro.

Sakura le estrecho el torso entre sus piernas, y con fuerza logro dejarlo a él bajo su cuerpo en la cama. La joven bajo por la piel de su abdomen rozándolo con sus labios y su lengua. EL Uchiha estremecía ante cada centímetro recorrido por su piel, y antes de que pudiera advertirlo, los carnosos y suaves labios de Sakura se cerraron en la punta de su sexo, acrecentando su erección.

-Sa-kura…- Un carraspeo de sorpresa y placer salió ahogado de los labios del ninja.

La chica, con lentitud y una paciencia letal, comenzó a rozar su punta, humedeciéndola con la lengua en una danza exótica y desquiciante. El hombre sintió como tras unos minutos de tentación casi eternos, la joven lo devoraba por completo.

-Agh.- Gimió él, sintiendo como aquella calidez lo encendía más.

-¿Te gusta?- Le pregunto ella con su voz aterciopelada, provocándolo.

La única respuesta que fue capaz de hacer el Uchiha fue acariciar su cabellera rosada, pidiéndole más.

-Sakura…- Susurraba ahora él, mientras aquel compas de su boca se cernía exuberante, bombeando cada vez más aprisa.

Cuando el joven sintió que ya no podía más, se sentó sobre la cama y le tomo la cara entre sus manos, alzándola.

-Te… quie…ro… a… ti-. Le dijo con voz entrecortada y aliento acelerado.

La pelirrosa le sonrió y lo beso por fin, en un demandante, pasional y cálido beso al tiempo que se montaba sobre él, moviendo sus caderas al compas de una danza erótica y seductora. Itachi la penetro, pero era ahora ella quien tenía el control de la situación.

Bajo la lenta y tortuosa pauta de Sakura, Itachi se dejo llevar, embelesado ante los movimientos gráciles de aquel cuerpo blanco y terso cubierto en gotas de sudor. Sus manos recorrieron con lentitud la figura de la chica, saboreando con su tacto cada una de sus curvas, deteniéndose en sus senos, apretándolos, acariciando los pezones con los pulgares.

-Oh Sakura…- Gimió Itachi, llevando sus manos por su espalda, hasta sujetarla de los hombros, ejerciendo más presión hacia abajo.

-AAh.- Gimió ella ante la acción.

Mientras aceleraban el ritmo, el pelinegro comenzó a besar sus senos, su cuello, hasta por fin pegarse a la boca de aquella diosa que se encontraba sobre él. Sus lenguas se encontraron en una batalla erótica, mientras las estocadas se volvían cada vez más potentes, y las ganas de gritar de ambos se veían ahogadas en los labios del otro. Se separaron y sus alientos chocaron cuando por fin Sakura dio un aullido de placer ante el orgasmo, pero el pelinegro no se detuvo.

-No te libraras tan fácil…- Le dijo con voz profunda y rasposa al oído.

La volteo en la cama, y continuo embistiéndola, mientras la Kunoichi no dejaba de gemir y gritar, aferrándose de las sabanas, sintiendo temblar hasta su alma bajo la piel.

-¡AAAH ITA…AAAH!- La chica no podía articular palabras.

Le costaba respirar, sus pies, sus manos, toda ella a excepción de su vientre se encontraban fríos y las gotas de sudor se sentían gélidas resbalando por su rostro. Al sentir el segundo orgasmo, la joven ya no tenía aliento para gritar.

Itachi jadeante, finalmente llego al clímax, y tras terminar se hecho por un lado de ella en la cama.

Ambos respiraban con dificultad, la pelirrosa sentía que todo su cuerpo estaba entumido, pero aun así era consciente de las palpitaciones de colibrí que se daban en su pecho. Después de unos minutos de mirar al techo, tras recobrar su aliento, la chica giro su cabeza hacia su costado, donde su hombre se encontraba.

-Itachi…- susurro la joven dudosa.

-No puedo decirte a donde me enviaron.- Le respondió al instante con voz neutral, sin ser cortante.

-De acuerdo, supongo que aun ahora habrá misiones de las que no podrás contarme. O viceversa…- dijo esto mientras observaba los objetos en su mano izquierda.

-Hey- Itachi la tomo de la mano y la acerco a su pecho.- Sabes que te diré cuanto pueda siempre.

-Si, lo sé.- Dijo ella acurrucándose entre los brazo del pelinegro.

-Después de todo, para mi eres lo único botón de cerezo.- Le dijo él, mientras acariciaba su espalda desnuda, absorbiendo el suave perfume de cereza en su cabellera.

Sakura se alzo de repente, sorprendiendo un poco al hombre (sin que ella lo notara), un brillo extraño en sus ojos y una amplia sonrisa en sus labios rosas.

-Está bien.- Se acerco a su rostro y lo beso con calidez. Ese gesto tan necesario para ambos que no habían llevado a cabo, les devolvió la vida que había sido robada durante los últimos días.- Ahora pruébame eso. Tu descanso se ha terminado.-

-Grrr.- Le gruño él alzando una ceja y con sus sonrisa de medio lado, al tiempo que la dejaba de nuevo entre su cuerpo y la cama.

-Que sexy Uchiha.- Se burló Sakura juguetona.

-Oh, no tienes idea Haruno.- Le dijo él con mirada socarrona.

Y mientras se entregaban de nuevo el uno al otro, ambos sintieron renacer ese amor idéntico al de la primera noche. Comprendieron que se necesitaban más que nada el uno al otro, y que aun tras las dudas, los secretos y los celos, siempre terminarían rindiéndose ante el corazón.

Sakura se estaba volviendo el todo en la vida de Itachi, y se había preocupado tremendamente al encontrarse con esa mordaz mirada asesina cuando entro en la habitación. Por un instante una sensación de pesadez en el estomago lo inundo cuando reconoció un poco de sí mismo en esos ojos verdes.

Pero ahora, verla sonreír, bromear, provocarlo… todo aquello la convertía de nuevo en el juguetón botón de cerezo por el que había caído enamorado. Tal vez la chica dijera que él seria suyo por casi una semana en esa cama, pero mientras pudiera sentirla y hacerle el amor, podría vivir entre sabanas una vida, sin esfuerzo alguno.

-Me encantas Sakura.- Susurro en el oído de la joven mientras por tercera vez, con dulzura se adentraba en ella.

(A la mañana siguiente)

Konan caminaba hacia la cocina en busca de algo lo suficientemente vigorizante para despertarla. Había tenido una noche larga, y no precisamente por culpa de Pein. No se sorprendió al encontrarse a Kakuzu, Hidan y Kisame sentados en la mesa con tazas de café.

Los hombre se veían desvelados, sus rostros llenos de fatiga y hastió no develaban un buen panorama para ese día.

-Por favor díganme que hay más de eso.- Dijo la pelizul apuntando a la taza de Kakuzu.

-Sírvete, es la tercera ronda que hacemos.- Respondió Kisame, apuntándole con la mano hacia la cafetera.

-Entonces ¿tu también lo oíste?- Le pregunto Kakuzu entre fastidiado y sorprendido.

-Se podía escuchar por toda la base.- Dijo ella rechinando los dientes.

-¡SEIS JODIDAS HORAS! ¡¿CÓMO CARAJO ESA NIÑATA PUEDE TENER SUS PULMONES FUNCIONANDO A TAL VOLUMEN POR SEIS PUTAS HORAS?- Grito Hidan colérico.

-¡Cierra tu maldita boca! Tengo migraña.- Le espeto Kisame.

-Como todos.- Asintió la cansada peliazul.- Pein estaba a punto de ir a callarlos cuando de repente cesaron los ruidos.-

-Pero para entonces el jodido sol de mierda ya empezaba a salir.- Respondió de nuevo el Jashinista.

Todos suspiraron cansados y dieron un sorbo a su café. En ese instante, Deidara con cara de agotamiento entro a la cocina.

-¿Café?- Ofreció Konan.

-Tapones para los oídos es lo que quiero.- Le dijo mientras se sentaba al lado de Kisame.- Aquellos ya despertaron.-

Todos se quedaron en silencio incrédulos por unos momentos ante las palabras del rubio, hasta que escucharon el gemir de Sakura ahogado por la distancia de los pasillos.

- En serio, lo juro por Jashin-Sama: tengo que follarme a esa niñata, aunque sea lo último que haga.- Declaro Hidan decidido.

-¡Te follas tu solo!- Le solto Konan, al tiempo que le arrojo la cuchara con la que había agregado azúcar a su café.

-No estés jodiendo perra.- Le gruño el peligris esquivando con facilidad el cubierto.

-¿No les basta con el escándalo de ese par? ¿Tiene que estar ustedes también gritando? Con un demonio.- Gruño el hombre de Tez azul llevándose las manos a la sienes.

-Pues te diré que prefiero oír las estupideces de este idiota...- Respondió Kakuzu señalando con un movimiento de cabeza a Hidan.-…que escuchando el nombre del Uchiha en ese tono.-

De repente los ruidos que habían retomado en la habitación de Itachi cesaron abruptamente. Todos se miraron curiosos pensando en alguna explicación.

-Tal vez a la comadreja le exploto por fin la cabeza después de tanta presión…- Comentó Hidan entre broma y enserio.

Konan estuvo a punto de revirarle el comentario, cuando escucharon unos pasos acercándose por el pasillo, todos esperaron en silencio, creyendo que tal vez se tratara del líder.

Fue entonces cuando un ojeroso Itachi en pantalón y sin camisa entro a la cocina. Se les quedo viendo a sus compañeros, antes de asentir de buena manera.

-Buen día.- Dijo en tono cordial mientras se acercaba a la cafetera.

-Maldito, yo te daré tu buen día.- Gruño Kisame observándolo con desdén.

Itachi solo arqueo la ceja sin comprender realmente, y sin darle más importancia comenzó a servir un par de tazas de café. Los Akatsuki lo miraban en silencio, sin dar crédito al cinismo del Uchiha.

-Que coraje tienes al venir sin dar una disculpa tras la larga noche que nos hiciste pasar.- Dijo finalmente Kakuzu, rompiendo la tensión con las palabras que todos querían pronunciar.

-¿A qué te refieres?- Cuestiono Itachi tranquilamente.

-¡Vamos! ¿No pensaras realmente que en verdad fueron muy sutiles anoche?- Continuo el ninja, en su forma sutil.

-Kakuzu en verdad no tengo ni una remota idea de lo que estas habland…-

-¡SEIS JODIDAS HORAS HIJO DE PUTA! ¡SEIS!- Interrumpió rabioso Hidan, al tiempo que golpeaba la mesa con un puño y miraba a Itachi.

-Hidan, tranquilízate.- Le dijo Konan suspirando, en vano.

-AL CARAJO CON ESO. ¡DEBERIAS ENSEÑARLE A ESA PERRA QUE NO GIMA TAN FUERTE CUANDO TE LA ESTAS FOLLANDO! Con un demonio…- Ahora, el jashinista se llevo las manos a las sienes, en el mismo gesto cansado que Kisame.

Para sorpresa de todos, el perplejo Uchiha dibujo una sonrisa de medio lado satisfactoria.

-¿Celoso?- Lo provoco el pelinegro, con voz burlona.

-Jodete comadreja.- Dijo en tono serio enfurruñado.

-Eso pensé.- Finalizo Itachi con una sonrisa más amplia, dando un sorbo a una de las tazas.

-¿Y se puede saber a qué has venido? No creo que hayas parado tu maratón sexual para venir a restregárselo en la cara a Hidan.- Le pregunto Kisame menos alterado. Ver a la gente siendo molestada siempre le subía un poco el ánimo.

-En realidad buscaba a Deidara.- Dijo Itachi apuntando al rubio.

-No sé que puedas pensar Itachi realmente de mi Itachi, pero yo no hago tríos…- Respondió al instante Deidara consternado.

-No seas imbécil. Creo haberte dejado claro que si osas poner un dedo en Sakura te matare, y si respiras cerca de mí ni se diga.- La voz del pelinegro era seca y cortante.

-¿Entonces?- Pregunto el otro tragando saliva. Recuerdos no muy gratos legaron a su mente en ese momento.

-El líder quiere que lleves a Sakura al pueblo cercano. Quiere que la lleves a comprar provisiones medicas, comida, armas, y también algo de…- Todos se quedaron observando a Itachi en silencio, un poco de amenaza brillaba en sus ojos.-…algo de ropa.-

-A mi no me haces tonta, esa última orden es tuya.- Le contesto Konan disimulando una risilla.- Uchiha receloso.-

-Como si importara.- Dijo Itachi fingiendo inocencia.- Sakura estará lista en media hora. Espérala en la salida.-

Y sin añadir más, el pelinegro cogió sus dos tazas de café y se retiro a su habitación. Él ni sospechaba de las marcas de rasguños en su espalda, que notaron todos sin decirle nada.

-Pensé que su cara de imbécil satisfecho le restaría algo a su aura amanzánate, pero en realidad creo que Haruno lo vuelve un poco más feroz.- Comento Deidara algo sorprendido.

-Me sorprende que Pein haya tenido tanto tacto para callarlos. Pensé que volaría la puerta en añicos al decirles que se callaran.- Comento Konan, bebiendo indiferente otra taza de café.

-¡Carajo!, ¿no me digas que así serán todas las jodidas mañanas de mierda?- Se quejo Hidan.

-Espero más que nunca, que realmente te equivoques.- Dijo Kakuzu.

-¡Vaya sarta de fenómenos que son los Akatsuki! Tenemos una tía psicótica, un jodido hermafrodita, un zombi con habilidades de costura, un sushi con temperamento de coña, un líder cabeza de cerillo sin iris en sus ojos (Por mi puta madre ¡SIN IRIS! No color ni de coña en esos condenados agujeros vacios del demonio), una comadreja tan temperamental que me hace dudar si sufre de síndrome premenstrual, un tipola hostia de atractivo y devoto a Jashin, y la que se veía más normal a resultado ser una ninfómana con la jodida fuerza de mil tipos.-

-Cierra la boca Hidan…- Lo calló Konan, girando los ojos harta.

-…Aunque con lo de ninfómana no tengo quejas. Mierda, el solo pensar en sus jodidos alaridos y sus uñas enterradas en mi carne me provoca pegarme una puñe…-

-¡CIERRA LA BOCA HIDAN!- Lo callaron todos a la vez.

-Mejor iré a prepararme para partir.- Se excuso Deidara, levantándose de la mesa.

-Si, huye mientras aun puedas.- Le aconsejo Kisame.

Y así, comenzó un nuevo día en la base de Akatsuki.


Espero hayan disfrutado este capitulo.

Ahora, normalmente no suelo dar explicaciones de mis atrasos tan largos en los avances de mis fanfics, pero después de recibir sus comentarios en forma de preguntas, quejas, preocupaciones y buenos deseos, creo que lo menos que puedo hacer es compartirles un poco de mi vida personal para intentar darles una razón.

Actualmente soy estudiante de universidad, y curso dos carreras en dos universidades distintas (en una por las mañanas y otra por las tardes), por lo cual durante el día apenas si tengo tiempo para hacer mis deberes. También publico para una revista local mensual historias, y actualmente me encuentro trabajando en la colaboración de un guion para unos amigos que realizan un corto (suena muy glamoroso, pero es lo más humilde del mundo). Para terminar, los fines de semana trabajo en una escuela de idiomas.

Cuando comencé a escribir estos fanfics estaba en preparatoria (high school, bachillerato, liceo o como lo conozcan en su país). Mi tiempo me pertenecía solo a mi, y aunque suene como una excusa típica, tengo que ordenar mis prioridades dentro de mi agenda.

No digo que ustedes y este fanfic no sean una prioridad, sin embargo, escribir para ustedes es una escape que me deja relajarme del ajetreo diario, y me niego a presionarme y renunciar a esta válvula de escape.

ESTE FANFIC SEGUIRÁ HASTA EL FINAL, NO PIENSO DEJARLO INCOMPLETO. Pero no puedo prometer un determinado tiempo para concluirlo.

Así como ustedes se distraen con esta historia al leerla, yo hago lo mismo al escribirla, y créanme que a veces me resulta frustrante saber el poco avance que he logrado mostrarles, cuando desde la concepción de esta historia ya tenia definida toda la trama. (Aunque va variando siempre en detalles conforme logro plasmarla en la PC).

En fin, espero que esta explicación logre excusarme un poco de las largas tardanzas, y pido su comprensión con humildad.

Nos leemos pronto!